Esta vez, no tengo ninguna excusa salvo que estoy pasando por un periodo de extremo cansancio e inexistente motivación. Espero que me comprendan.
Ojalá les guste este capítulo, me costó mucho trabajo escribirlo porque no hay romance per sé, digamos que era una parte necesaria para desarrollar la historia pero no algo que me diera especial gusto escribir. Sin embargo, era necesario porque de aquí se dispara casi todo lo demás. De hecho es un capítulo bastante corto.
Aun así, se agradece cualquier muestra de apoyo a mi trabajo :) realmente necesito ánimo estos días.
Advertencia: Interacción sexual no consentida, implícita y ligeramente explícita.
Disc. RotG no me pertenece
Before it's too late
Capítulo 14: La sentencia
Desde el momento en que entraron al vehículo, después claro de las órdenes gritadas y los insultos, lo único que hubo fue un profundo silencio. Jack, sentado en el rincón más alejado que pudo encontrar, no despegaba la mirada de sus pies y trataba de mantener su mente en blanco. Se encontraba en un punto donde, incluso si lo hubiera intentado, no se encontraba capaz de llorar. Debieron pasar al menos dos horas.
-¿Alguien tiene hambre?- preguntó Toothiana de un momento a otro, rompiendo el silencio pesado, y sacó de entre sus ropas unas cuantas barras energéticas. Le dio una North, otra a Sanderson y apartó una para ella antes de extender la última hacia Jack. Él levantó la vista.
No quería ser grosero. No quería hacer sentir mal a Toothiana, la quería con todo su corazón, pero no podía evitar sentir una rabia insana contra esos tres ahora.
Ellos tres lo sabían todo. Quizás lo sabían todo desde un principio y ninguno tuvo la decencia de decirle la verdad. De hacerle ver que aunque no hubiera querido, estaba inmerso en este asunto desde el comienzo.
Sabían lo de Aster. Sabían lo de sus padres. Y se habían prestado a toda esta comedia desde un principio.
Jack estaba sentado en el rincón, abrazando sus rodillas. Cada vez que el vehículo saltaba por las irregularidades del camino, Jack saltaba un poco también y hundía un poco más la cabeza entre sus hombros. Miró la barra de galleta que Tooth le ofrecía y luego levantó la mirada hacia ella.
-¿No deberías guardar eso para cuando lo necesites?- preguntó, un poco más fríamente de lo que planeaba. Toothiana lo miró como si se hubiera esperado esa respuesta, y bajó un poco el brazo antes de que North tomara el pequeño empaque de sus manos, lo levantara y lo lanzara hacia Jack. El pequeño envoltorio cayó en su regazo.
-Nos registrarán cuando lleguemos a nuestro destino y nos quitarán todo lo que nos dé la más mínima ventaja- explicó con algo de severidad en la voz-, ahora, cómetelo, te ahorrará algunos problemas por un par de horas.
Jack no se encontró con fuerzas para protestar y comenzó a comer haciendo el mínimo ruido posible. Después, cerró los ojos y cruzó los brazos, dispuesto a intentar dormir.
-…y qué hay de Bunny?
-No te preocupes por él, estará bien…
En su mente nublada por el sueño, Jack aún podía escuchar las voces apagadas de los otros. Estaban hablando de Aster.
Pero en ese momento realmente no le importaba.
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Cuando los sacaron del vehículo, no le dieron tiempo de pensar en nada.
Miró, asustado, cómo los separaban. Estiró un brazo hacia Sanderson, que era el que estaba cerca de él, y este no pudo hacer más que estirar su brazo para intentar alcanzarlo sin éxito alguno.
Compartió miradas de desesperación con Toothiana y North. No era tonto como para ponerse a gritar pero su corazón se desgarraba.
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Las imágenes en su mente se hicieron confusas en ese instante. Lo arrojaron a una habitación donde le arrancaron la ropa y lo inspeccionaron por todos lados antes de meterlo en un baño desinfectante con el agua más fría que su piel hubiera tocado alguna vez. El desinfectante era tan fuerte que apenas tocó su cuerpo sintió una irritación desesperante. Cuando lo sacaron, su piel estaba roja y maltratada. Le hicieron ponerse un traje de pantalón y camisa azul claro, casi blancos, tanto que se confundían con el blanco de su piel irritada.
A estas alturas se sentía tan asustado y tan invadido que no era capaz de gritar, ni protestar, ni siquiera de quejarse cuando era jaloneado de una habitación a otra.
El cansancio acumulado de varias horas de angustia pudo con él. Se dijo que hiciera lo que hiciera en este punto no cambiaría gran cosa. Tenía que guardar lo poco de energía que le quedaba para resistir.
¿Iría a la Gran Fábrica?
¿Lo matarían?
Cualquiera de las respuestas parecía igualmente horrible a estas alturas.
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La última habitación en que fue dejado era pequeña y oscura. Pudo distinguir dos figuras dentro y no tardó en reconocer de quien se trataba. Estaban sentados en el suelo, recargando sus espaldas contra las blancas paredes. En circunstancias diferentes, Jack se hubiera reído de la diferencia de tamaño que tenían pero estaba tan…. drenado, en toda manera posible, que ni siquiera se le pasó por la cabeza.
Se sentó frente a ellos en la pared contraria. Dos pares de ojos, azules y miel, lo observaron.
-¿En dónde está Tooth?
Sanderson se removió, intranquilo, mientras North soltaba un suspiro sin levantar la mirada.
-La llevaron a otra habitación. Es mujer, no la pueden dejar con nosotros.
Jack no hizo ningún sonido que sirviera para hacer notar que había escuchado a North. Simplemente se encogió de hombros y asintió en la oscuridad aún sin estar seguro de que ellos lo veían.
-¿Dónde está Aster?- murmuró apenas, de pronto, su subconsciente traicionándolo de todas las formas posibles. No quería hacer esa pregunta. Pero se había deslizado de sus labios como si nada.
No hubo respuesta esta vez. Ni siquiera un movimiento.
Aún molesto por su debilidad, Jack insistió sin saber por qué lo hacía.
-¿Dónde está Aster?- preguntó con voz fuerte, demandante.
No tenía una verdadera razón por la cual querer saber esto. North intercambió una mirada de resignación con Sanderson antes de contestar.
-No sabemos, Jack. Escapó. Tuvo su oportunidad y la aprovechó. No sabemos más.
Jack dio una respiración profunda y se quedó sentado donde estaba, quieto, sin dar muestra alguna de lo mucho que aquella respuesta le afectaba.
Porque en el momento de la captura, lo pensó. Pero ahora, la idea se encontraba más que clara en su mente.
La idea de que simplemente Aster lo había abandonado. De que todas sus promesas y sus sueños, y sus besos y sus caricias, sus palabras llenas de "amor", habían estado completamente vacías.
Si realmente lo hubiera amado como tanto decía, ¿por qué dejarlo atrás?
¿Por qué abandonarlo en una situación como ésta?
El silencio prevaleció, pesado, molesto. Jack se figuró que realmente no tenía mucho qué hacer al respecto; se había terminado. Era todo. Los sentimientos que tuviera en ese momento, fueran los que fueran, por Aster, debían desaparecer, debía olvidarlos, debía dar por hecho que no eran verdaderos, nunca lo fueron y no los volvería a sentir.
Y a él nunca lo volvería a ver. ¿Qué persona en su sano juicio se dejaría atrapar después de haber escapado por tan poco? Aster era hábil, inteligente, fuerte. Jack sabía que de quererlo seguramente ya estaría a punto de atravesar la Barrera Oceánica para llegar a Oriental End.
No valía la pena seguir pensando en él. No valía la pena seguir queriéndolo. Seguir amándolo.
Jack abrió los ojos por la sorpresa que se provocó a sí mismo.
Había amado a Aster.
Y nunca se lo había dicho porque no lo podía admitir.
Pero ahora, eso realmente no importaba.
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Jack nunca antes había estado en un juicio. Nadie que él conociera, de hecho, había estado alguna vez en uno como para que le explicara de qué se trataba el asunto.
A pesar de que pensó en todas las maneras que se le ocurrían qué palabras podía decir para ser perdonado o cuando menos para evitar ser víctima de una sentencia cruel, estas no salieron de su boca una vez que estuvo en la Sala del Juicio.
Para empezar, no se la hubiera podido imaginar si alguien se lo hubiera propuesto, y de haberlo intentado, quizás hubiera venido a su mente una de esas grandes y elegantes salas que se veían en los programas de televisión, con un estrado, asientos para un público, un espacio reservado para el jurado y lugares específicos para la parte acusadora y la parte defensora. Se hubiera preguntado incluso si tendría la ventaja de ser defendido por alguien durante el juicio.
Pero esto no vino a su mente, y jamás hubiera venido, cuando al entrar a la Sala del Juicio lo único que se encontró fue un cuarto oscuro, en medio del cual una lámpara de cegadora luz blanca que caía obre una silla metálica.
Desde las sombras, una mano lo empujó a la silla.
-Siéntese-, ordenó una voz de hombre, a la cual le fue imposible asignar una edad, estatura o aspecto físico. Jack obedeció y esperó.
No podía distinguir nada de lo que había alrededor de él. Simplemente, la habitación completa estaba a oscuras. A pesar de esto, no podía evitar la inquietante sensación; estaba seguro de que estaba siendo observado, por todos los ángulos, sin posibilidad alguna de esconderse. Este pensamiento lo hizo sentirse aún más intranquilo de lo que hubiera esperado.
-Jackson Overland. Número de registro 10-52-011-, habló otra voz, con una firmeza y serenidad que a Jack le causó escalofríos-. Se le acusa de un vasto número de delitos, entre ellos Espionaje, Extracción y Filtración de información confidencial, Asociación Ilegal, Terrorismo, Alta Traición y finalmente una Relación Ilícita con el ex Comandante E. Aster Bunnymund. Se han encontrado pruebas irrevocables de los despreciables actos de la autodenominada "Resistencia" en los que usted tomó parte, además de la declaración de un recluta que afirma haberlo visto con el ex comandante en actitudes sospechosas dentro del cuartel de la Unidad GC.
Hubo un segundo de silencio. Jack no sabía si tenía oportunidad de hablar, nadie le dijo lo contrario pero daba la impresión de que lo que dijera no serviría de nada.
-Se procederá a hacerle una serie de análisis que determinarán la veracidad de la última acusación.
Apenas esto fue dicho, Jack sintió que lo sujetaban de ambos brazos y lo alejaban de la silla para finalmente sacarlo de aquella habitación.
Lo llevaron por un pasillo completamente blanco, iluminado con una luz igualmente blanca que resultaba inquietantemente enceguecedora. Trató de usar lo que le quedaba de fuerzas para resistirse pero fue completamente en vano, en esta situación cualquiera era mucho más fuerte que él.
A su mente volvieron esos incontables momentos en su infancia en los que era alejado de sus padres y llevado a los horribles laboratorios en los que quien sabe cuántas veces estuvo a punto de perder la vida. Ahora no era demasiado distinto.
La diferencia, única, radicaba en algo que sin embargo era extremadamente importante; ahora nadie lo iba a salvar, y nadie lo iba a confortar. Ahora, una vez que esto terminara, no iba a volver a casa a brazos de su madre, no iba a volver a acurrucarse a la protección de su padre. Una vez terminada la tortura no iba a correr con Aster, a esconderse en su cama, a refugiarse en sus besos, a dormir en su calor.
Esta vez, no iba a pasar ninguna de estas cosas.
Entraron en una habitación cuya iluminación resultaba tan enceguecedora como la del pasillo. Lo llevaron a una camilla y él observó a su alrededor, el escritorio, un estante lleno de frascos con diferentes sustancias en su interior, instrumentos y máquinas que no tenía idea de qué hacían o para qué servían.
Un ruido llamó su atención y volteó a ver al hombre que los recibió en la habitación. Usaba una bata de color azul cielo, tapabocas y un gorro, azul también, cubría su cabeza. Jack lo observó un momento. No le quedó opción más que sentarse en la camilla y esperar.
Los hombres que lo habían llevado intercambiaron algunas palabras con el sujeto que los había recibido, que Jack supuso debía ser un médico o algo así, y luego se retiraron. Cuando ambos hombres se fueron, Jack miró al otro, que ahora se ponía unos guantes blancos sin dirigirle una mirada o una palabra, de pie frente al escritorio. Jack lo observó dirigirse a uno de los estantes y tomar un frasco entre sus manos, y luego otra cosa de un cajón, que no alcanzó a ver. Fue entonces que decidió hablar.
-¿Qué va a hacerme?- preguntó, con un nudo en la garganta. Se sorprendió de lo patética que sonaba su voz entrecortada por el miedo. De pronto, se sintió de tres años otra vez. El hombre no le contestó.
Cuando se dio la vuelta, Jack observó que tenía una jeringa entre sus manos. No pudo moverse.
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La inyección le durmió el cuerpo pero no lo durmió a él. Jack estuvo consciente y sintió claramente todo lo que aquél sujeto le hizo, pero no pudo protestar ni resistirse simplemente porque su cuerpo no respondía.
Solo pudo llorar. Llorar en silencio, sintiendo las lágrimas bajando por sus mejillas sin poder secarlas de su rostro.
Cuando terminó todo, estaba desnudo en la camilla, boca abajo.
Se sentía como si hubiera sido violado. Se sentía impotente, humillado. Se sentía profundamente ofendido, profanado, contaminado.
Y a su mente solo volvió Aster. Aster, y todas las noches que había pasado con él.
Con él no se sentía así. Con él la humedad en su cuerpo y la fragilidad, la vulnerabilidad en que dejaba su piel, se sentía sublime.
Jack creyó comprender entonces lo que era estar en el infierno.
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Cuando lo llevaron de nuevo a aquella habitación, no se preocupó más por las miradas y las voces. A estas alturas, creía sinceramente que nada podía ser mucho peor que lo que ya le había pasado.
-Nos acaban de entregar los resultados de sus análisis. Se encontraron rastros de ADN dentro del cuerpo del acusado. Coincide con el del ex Comandante E. Aster Bunnymund. Los cargos por una Relación Ilícita quedan confirmados.
Jack apretó los labios mientras unas infinitas ganas de llorar lo asaltaban de pronto.
-Tomaremos la confirmación de su relación como prueba para el resto de los cargos de los que ha sido acusado. Por lo tanto, Jackson Overland, se le encuentra culpable de los delitos que han sido mencionados anteriormente.
Aquella voz volvió a enlistarlos, pero a estas alturas, para Jack daba exactamente lo mismo. Era un criminal. Probablemente había sellado su sentencia de muerte y ahora lo sabía.
Todo por dejarse llevar por él. Todo por haberlo amado.
No estaba seguro de que hubiera valido la pena.
-Se le condena a 10 años de trabajo en la Gran Fábrica. Después de su liberación, si se encuentra que persisten los comportamientos inapropiados, se le condenará de por vida.
Jack se quedó con la mirada agachada, observando sus manos estrujándose una a la otra con inquietud en su regazo.
¡10 años! 10 años de trabajo en ese horrible lugar, aún con el peligro y la probabilidad constante de morir en el intento. 10 años de tortura, a diario, 10 años de dolor, de cansancio, de soportar la idea de que su cuerpo fuera pudriéndose poco a poco en esa horrible prisión…
-Esperamos que estés consciente de lo afortunado que eres-, se escuchó una voz, ahora de mujer, y mucho más suave que las voces que se habían dirigido a él antes-. A pesar de la gravedad de tus faltas, se te ha dado la oportunidad de redimirte. Solo son 10 años, en los que, si demuestras gratitud a nuestro país, serás perdonado. Aprovecha esta oportunidad, no la desperdicies.
Las palabras de la mujer resonaron en los oídos cansados de Jack. Solo eran 10 años. Quizás… quizás podría soportar. Era joven. Era fuerte. 10 años… tendría 32 cuando saliera. Si lo conseguía, aún tendría oportunidad de rehacer su vida…
-Pasará dos días en la Prisión Preventiva antes de ser enviado a La Gran Fábrica. Llévenselo.
Después de esto, se escuchó un golpe. Unos hombres se acercaron, tomaron a Jack de los brazos y lo sacaron de allí. Jack no cooperó pero tampoco se resistió. No tenía energía para nada.
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Dos días en la prisión preventiva no parecían tan malos hasta que Jack se dio cuenta de lo que esto significaba. Básicamente, iba a estar encerrado en una habitación que más bien era una caja. Medía un metro de largo, un metro de ancho y un metro y medio de altura. No era que él fuera muy alto pero ni siquiera podía pararse derecho, así que tuvo que optar por sentarse en un rincón. No había ventanas y una vez cerrada la puerta, esta encajaba perfectamente con la pared así que era como estar encerrado entre cuatro paredes perfectamente lisas sin salida alguna.
Tenía mucha hambre, y tuvo que esperar varias horas – o por lo menos, eso le pareció a él- para que le llevaran algo de comer; una especie de masa grisácea que se le pegaba en el paladar, un pedazo de pan y medio vaso de agua.
El resto del tiempo se la pasó acurrucado contra la pared, sin saber si era de día o si era de noche, sin saber si tenía permitido dormir, sin saber si al más mínimo movimiento sería asesinado por sorpresa sin tener ni siquiera tiempo de elaborar un último pensamiento.
Cada vez sentía más como si las paredes se cerraran a su alrededor y era simplemente insoportable. Optó por cerrar los ojos. Más tarde que temprano, el sueño terminó por vencerlo. Unas horas después, el pequeño ciclo se repitió. Y otra vez. Y otra vez.
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Si realmente pasaron solo dos días, Jack se encontró a si mismo pensando que seguramente habían sido mil años. Se sentía débil, y desubicado. Se sentía como si una nube gris inundara su cabeza, sin dejarlo pensar claramente. Su cuerpo pesaba, sus párpados caían, su piel estaba irritada por la mezcla de frío y suciedad. Se sentía como se imaginaba que podría sentirse un muerto.
Cuando lo sacaron de ahí, lo llevaron con brusquedad de nuevo hacia la salida del lugar donde se encontraban. Finalmente, lo hicieron entrar en la parte posterior de otro vehículo. No esperaba ver a sus compañeros, pero aun así se sintió infinitamente solo cuando se encontró allí. En cierta forma, los extrañaba, aunque hubiera estado molesto con ellos. Estaba asustado. Necesitaba a alguien con quien hablar.
Por lo pronto, intentó descansar. El movimiento del vehículo lo hizo sentirse algo mareado, y finalmente, la debilidad y el hambre acumulados en sus huesos lo hicieron dormir.
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Cuando despertó, dejó salir un sonido de sorpresa que no sabía que era capaz de hacer. En seguida reconoció el lugar, ya había estado aquí antes. Miró a su alrededor solo para verificar y poco a poco en su mente la respuesta tomó forma.
Estaba en una de las celdas de la Gran Fábrica.
Cuándo lo habían dejado ahí, era un total misterio. Cuando levantó la vista, se encontró con que dentro de la celda donde él estaba había en total cinco hombres más. Todos ellos lucían extremadamente delgados, cansados y enfermos. Jack sabía que dentro de muy poco tiempo comenzaría a verse así.
Guardó silencio. Como nadie lo miraba, no miró a nadie.
En la ocasión en que había estado allí con Bunny no se había detenido a pensarlo, pero ahora era más que claro para él. En ese lugar sólo se permitía el silencio. Y la quietud.
De pronto, su celda se abrió.
-Prisioneros de la celda 30, 32, 34, 36, 38 y 40, comienza su turno.
Jack no comprendió exactamente de qué se trataba, pero cuando vio que los demás se ponían de pie, él también se puso de pie. Luego, siguió la fila de hombres hacia una puerta que se encontraba al costado del enorme lugar donde estaban las celdas, que era diferente al que él y Bunny habían usado aquella vez para salir.
Ésta puerta, comprendió un momento después, los llevaba directamente al área de la fábrica que realmente era una fábrica. Ante sus ojos se extendían interminables líneas de prisioneros trabajando ante las incontables líneas de producción. Las máquinas despedían un calor increíble, y quizás fue esto lo que sacó a Jack de su apreciación silenciosa; el calor estaba como para deshidratarse en poco tiempo.
Alguien lo empujó. Volteó y miró a uno de los guardias observarlo fijamente.
-¿Tú eres uno de los nuevos, no?
Jack asintió. En ese momento, se acordó de North, Toothiana y Sanderson. ¿Estarían allí también, en ese mismo momento?
El guardia no le dio tiempo de pensar en esto, cuando lo tomó firmemente del collar, que hasta ese momento Jack no se había dado cuenta que tenía puesto. Cuando cayó en cuenta, un miedo terrible lo invadió, seguido de una pequeña pisca de enojo que fue más que suficiente para que un hormigueo desagradable se abriera paso en todo su cuerpo.
Entonces recordó lo que Aster le había dicho. El enojo, descontento o falta de actividad hacían que el collar se activara y mandara electricidad por el cuerpo del ocupante como castigo. Jack no quería pasar por eso, así que trató de calmarse lo más que pudo hasta que llegó a un extremo de la fábrica que parecía una bodega.
-Tu trabajo es cargar esas cajas hasta la máquina que está allá- le señaló el guardia con voz firme y demandante-, cuando lleves una, debes dejar cuidadosamente el contenido en la primera banda transportadora, una pieza cada vez dejando aproximadamente veinte centímetros de distancia entre cada una. Cualquier error que cometas tendrá como consecuencia un castigo, ¿está entendido?
Jack asintió y contestó con la voz más fuerte que podía articular, que no era demasiado fuerte de todas formas.
Comenzó a hacer lo que se le había demandado, pero de una manera completamente mecanizada. Las cajas eran extremadamente pesadas, y cuando abrió la primera se dio cuenta de porqué; en el interior había pedazos de un mineral que parecía piedra sólida, pero era completamente de color negro. Jack comenzó a acomodarlo en la línea transportadora, que como comprobó, estaba siendo manejada por otros prisioneros como él que preparaban la materia prima cubriéndola con ciertas sustancias antes de que entrara en una especie de horno al rojo vivo.
Al principio el trabajo de Jack pareció fácil, pero después de unos minutos, con el incesante calor y recordando que llevaba varias horas si nada en el estómago, las cajas parecían cada vez más pesadas, más difíciles de cargar y de mover. Esto se sumaba al miedo de que si no se seguía moviendo el collar mandaría electricidad por todo su cuerpo y eso era lo último que hubiera deseado. No quería terminar inconsciente, o peor aún, muerto, por algo así.
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La cena consistía, una vez más, en una masa gris sin forma, un pedazo de pan y un vaso de agua. En cualquier otra situación Jack hubiera pasado categóricamente, pero ahora, dados el hambre y el cansancio, no pudo rechazar aquél dudoso alimento. Trató de no prestar atención al sabor, solo necesitaba algo que hiciera peso en su estómago y se sentiría un poco mejor. O al menos eso pensó.
Sus compañeros de celda comieron de forma ávida mientras él seguía con sus pensamientos dando vueltas en los acontecimientos recientes.
Se preguntó de pronto, porqué se sentiría tan tranquilo. Tan vacío.
Como si una parte de él ya estuviera completamente resignada a esta vida. Como si no esperara más.
Y realmente, no esperaba más.
¿10 años? Gran cosa. Nada importante cuando llevas toda una vida pensando que eres un fenómeno, un error. Un maldito desastre que no debería existir. Que no merece vivir.
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Después de la cuarta vez Jack renunció a llevar la cuenta. La rutina era la misma, lo arrojaban a la celda donde se esforzaba por dormir, lo sacaban, lo llevaban a seguir haciendo sus tareas y luego le daban de comer. Comía lo que su estómago podía soportar y esperaba al siguiente turno.
Estaba mecanizado. Su corazón estaba frío como un iceberg aunque su cuerpo ardía en esa maldita fábrica que más parecía uno de los círculos del infierno.
Su cerebro no estaba procesando realmente la situación. Y no quería hacerlo. No quería.
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No luchó cuando una mano cubrió su boca. Alguien lo arrastró de entre las líneas de producción y pronto se encontró siendo dirigido hacia una especie de grieta en la pared.
Apenas tuvo tiempo de procesar lo que estaba pasando cuando al fin fue soltado y se encontró frente a frente con North.
-Jack. Jack, ¿estás bien?
Jack miró a su alrededor. Aún estaba un poco desubicado acerca de lo que estaba pasando. Incluso su vista se encontraba algo borrosa, así que le costó algo de trabajo reconocer quién era el que le hablaba. North lanzó un suspiro y sacó de entre sus ropas una pastilla que le mostró a Jack.
-Tómate esto.
-¿Qué es?- preguntó Jack moviendo su cabeza hacia un lado, alarmando aún más a ex comandante por la ausencia que mostraban sus acciones.
-Es un biopurificador. Te tienen drogado. Es la comida, trata de no comerla toda cuando la lleven a la celda.
Jack cerró los ojos y trató de procesar las palabras que North le estaba diciendo. No comprendía. No le parecía importante.
Antes de que hiciera movimiento alguno, North lo sujetó de la cara, haciendo presión en sus mejillas hasta obligarlo a abrir la boca. Movió su cara de manera que quedara mirando hacia arriba y dejó caer la pastilla en su garganta. Luego le presionó la barbilla, haciendo que mantuviera la boca cerrada, esperando a que tragara la pastilla. Jack se removió con incomodidad cuando la amargura de la pastilla se esparció por su lengua.
Pasaron unos segundos.
De pronto, Jack cerró los ojos fuerte, y luego volvió a abrirlos, como si algo lo hubiera sorprendido o asustado.
-¡North!
-Shhh, no hagas ruido y relájate, ¿de acuerdo?- le pidió, cubriendo de nuevo su boca con su enorme mano. Jack lo observó. Lucía algo extraño con el traje gris. Estaba sucio, y lucía cansado, con unas enormes ojeras en su rostro. Sus ojos azules, normalmente amables y tranquilos, parecían apagados-, recuerda que traes puesto ese collar. Espera un segundo.
Jack observó, impresionado, cómo se agachaba y de una abertura en la suela de su bota extraía un pequeño alambre.
-Date la vuelta.
Jack obedeció. Escuchó un ruido, y sintió claramente la ligera vibración que producía en su cuello el pequeño alambre trabajando contra el collar.
Finalmente, North le dio una palmada en el hombro.
-Listo. Le hice una pequeña avería, eso reduce el peligro. De cualquier manera, debes mantenerte relajado o una emoción intensa puede disparar una descarga.
Aún sin comprender qué pasaba, Jack se dio la vuelta y miró a North. Apenas había suficiente espacio en la grieta para que ambos estuvieran ahí de pie, bueno, si contamos que North era realmente enorme.
-No te preocupes, este es el único punto ciego del lugar-, le aseguró al verlo intranquilo-. Aquí no llegan las cámaras ni los micrófonos, estamos seguros.
-¿Sí? ¿Tan seguros como en el cuartel?- preguntó Jack entonces con un dejo de desdén demasiado evidente en su voz, en su mirada, en toda su expresión.
Una vez liberado de la droga que consumía su cuerpo, regresó a él todo el dolor, toda la amargura. Todo este sentimiento que tenía guardado y bloqueado en su sistema volvió, junto con un pequeño hormigueo que por un momento lo dejó inmovilizado, tales eran la fuerza de sus sentimientos. La furia. El dolor. La traición. El asco. La pérdida de confianza.
Su corazón roto.
Nada lo hacía enojar más en ese instante que ese maldito corazón roto.
-Jack, relájate, por favor, puedes hacerte daño- le previno North al verlo detener su reclamo por culpa de la ligera corriente que recorría su cuerpo-. Por favor. Necesito que me escuches.
-¡No!-, Jack recordó la advertencia e hizo lo posible por calmarse, bajando la voz-, no, North, ya fue suficiente. Mira….gracias por ayudarme con esto- dijo, señalando el collar-, pero no quiero saber más. Si me mantengo alejado de ustedes, yo…
-Jack, aún hay una oportunidad-, lo detuvo North, sabiendo a dónde se dirigía ahora. Había un riesgo en lo que iba a decirle a continuación, y estaba dispuesto a correrlo-. Todos sabíamos que esto podía pasar. Teníamos un plan. Si todo sale bien, en una semana más Bunny vendrá y nos sacará de aquí, puedes estar seguro.
Por un momento, Jack se quedó callado. Retrocedió un paso, chocando contra el muro que estaba a sus espaldas. Luego comenzó a negar con la cabeza, primero lentamente, luego más y más fuerte hasta que se sintió mareado.
Las palabras de North habían sido como un fuerte golpe en toda su cabeza.
-No, no, no….no, ni siquiera te atrevas a mencionarlo, al menos no en mi presencia. ¡A él no le importó!-, dijo, cubriéndose el rostro con las manos-, no le importó en lo absoluto, tú mismo lo dijiste, tenía su oportunidad y la aprovechó, ¡se fue!, ¿crees que va a volver nada más porque sí, a sacarnos de aquí?
-¡Ese era el plan!
Jack se lo quedó viendo sin comprender. Una enorme sonrisa estaba posada en los labios del hombre, que ahora lo miraba como esperando una nueva reacción. Jack negó con la cabeza.
-Estás loco- dijo, haciendo amago de salir de ahí. North lo tomó del brazo y lo jaló de regreso antes de que saliera.
-No, no, Jack, esto es en serio. Olvida lo que dije en ese momento, estábamos siendo observados. EL plan desde un principio era este. Cuando me di cuenta de que iban rumbo al cuartel al encarcelarnos, solo había tiempo de salvar a uno. Yo sabía que Bunny podía salvarnos a todos si terminábamos aquí, por eso le insistí para que se fuera y preparara todo para nuestro escape.
Jack se quedó un momento sin saber qué contestar.
-Si hubiera sido yo, Toothiana o Sanderson…ninguno de nosotros hubiera tenido más oportunidad que él en salvar a los demás. Él es el mejor en este tipo de asuntos. Además, Bunny jamás te hubiera dejado, puedes estar seguro. Cuando le dije que tenía que irse se negó mil veces hasta que logré convencerlo de que te mantendría a salvo. Por favor, Jack. No te pido que confíes en lo que te estoy diciendo, te pido que confíes en Bunny.
Jack se quedó un momento en silencio antes de negar con la cabeza lentamente. Hizo todo lo que estaba en su poder para no ponerse a llorar.
North suspiró, y después de un momento miró hacia la salida de aquél agujero en la pared y volvió a voltear hacia Jack.
-Escucha, no tenemos mucho tiempo. Necesito saber si vas a colaborar con nosotros. Tenemos un plan pero no podemos dejar cabos sueltos.
-¡¿Cómo puedes estar seguro de que vendrá?! ¡Ya nos traicionó una vez, puede volver a hacerlo!
North volvió a cubrir los labios de Jack con su mano, pero en lugar de hablar tranquila y hasta animosamente como hasta el momento, lo miró a los ojos con el ceño fruncido y se encargó de que sus palabras quedaran claras en la mente del joven.
-Jack, no me puedes pedir que dude de él cuando prácticamente fui quien terminó de criarlo. Lo conozco desde que era un niño y te puedo jurar que él nunca nos traicionaría-. Soltó a Jack y soltó un suspiro antes de poder mirar de nuevo a la salida-. Tienes apenas un par de días para decidirte. Házmelo saber.
Con esto, salió del lugar, y Jack se quedó parado un momento antes de que de nuevo una ligera corriente se abriera paso por su cuerpo. Entonces, salió de allí e hizo todo lo posible por mezclarse con el resto de los prisioneros. North ya había desaparecido de su vista, y Jack se entregó al calor y al cansancio que sabía que tenía por delante.
Ahora que su mente estaba despejada, podía realmente hacerse una idea de todo el horror que había en ese lugar y que hasta el momento no se había permitido enfrentar. Sus ojos miraron a todo lo que ocurría a su alrededor; hombres, mujeres y niños caminando de un lado a otro como fantasmas en medio de las olas de calor, cocinándose en medio de ese infierno, quebrándose bajo las cajas llenas de piedras que para el gobierno probablemente valían más que cualquiera de sus vidas.
El peso del trabajo que le había sido confiado cayó más fuerte sobre él. Cuando lo cambiaban de puesto, ya sea a manejar una máquina, a romper las piedras con un martillo, o a mover carros de metal cargados de arena y otros materiales, podía sentir todo el cansancio y el dolor que en los días anteriores no había sentido.
La pastilla que le había dado North había anulado la droga que había en su organismo, pero no solo lo había hecho consciente del dolor, también lo había hecho consciente de las posibilidades que había frente a él.
Podía irse con ellos. Con Aster. Si es que no era realmente el traidor que lo había abandonado con tanta facilidad.
O podía soportar 10 años y luego intentar hacer una vida normal con lo que le quedara de voluntad, después de haber sobrevivido a este infierno.
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-Overland, de pie.
Jack abrió los ojos lentamente. No sabía cuánto tiempo había pasado ya. Su estómago hacía ruidos y movimientos que no podía controlar. Sentía una intensa pesadez en su cabeza y carecía por completo de voluntad para mover su cuerpo. Se sentía pesado, aunque sabía que en el tiempo que llevaba allí, acaso había perdido peso, no ganado.
Se puso de pie. Sus rodillas casi ceden bajo su cuerpo.
Se dio un momento para hacerse consciente de lo que estaba pasando con su organismo. Observó las quemaduras que tenía en los brazos. Sintió la irritación en sus piernas, y en general, en su piel. Sintió la capa de suciedad que lo cubría. Sintió sus ojos ligeramente hundidos.
Miró al guardia que lo llamaba. No puso demasiada atención a sus indicaciones, solo lo siguió.
Lo llevaron a un cubículo de desinfección. Una vez más, el agua excesivamente caliente y el agresivo desinfectante que usaron en él le lastimó la piel, pero se dijo que cualquier cosa era mejor que seguir teniendo esa molesta costra de mugre sobre él.
Le proporcionaron un uniforme limpio. Lo guiaron por un pasillo. No recordaba haber estado aquí antes.
Llegaron hasta una puerta y Jack realmente no tuvo una idea clara de lo que estaba pasando hasta que levantó la vista y leyó el letrero metálico que estaba pegado al lado de ésta.
-Director General-
El guardia que lo guiaba tocó un botón. Luego, se escuchó un *beep* y la puerta se abrió sin mayor ceremonia.
La oficina detrás de la puerta estaba a oscuras. El guardia empujó a Jack al interior y luego salió del lugar.
Jack se quedó así, de pie. Se sentía cansado pero no tenía la suficiente confianza de tomar una de las sillas y sentarse. Decidió esperar.
Al fondo de la oficina había otra puerta. Jack no se dio cuenta de esto hasta que la escuchó abrirse lentamente. De entre las sombras, escuchó unos pasos acercándose hacia donde él estaba.
-Buenas noches, Overland. ¿Por qué no te pones cómodo?
La voz hizo que algo se moviera en la cabeza de Jack. Lo conocía. Conocía esa voz.
-¿Q-quién…?
Jack tuvo que detenerse. Llevaba mucho tiempo sin hablar. Desde haber hablado con North, no había vuelto a hablar con nadie. ¿Cuánto tiempo había sido? ¿Unas horas? ¿Unos días?
Realmente no lo recordaba con claridad.
-Por favor, Jack, no rompas mi corazón- habló el hombre otra vez, con burlona ironía-, no me digas que no te acuerdas de mí.
Al acercarse un poco más, las pupilas amarillentas del sujeto brillaron entre la penumbra, y Jack retrocedió un paso, reviviendo una pesadilla que no quería volver a experimentar.
Él dio un paso más hacia él. Jack volvió a retroceder.
-…Pitch…- susurró Jack, apenas consciente de lo mucho que temblaba su voz cansada.
Un paso más y el rostro anguloso y cruel quedó al descubierto frente a él. Jack se quedó de pie sin poder hacer nada.
-Señor Black para ti, Overland.
-P…pero…se supone que tú habías sido degradado…tenía una orden de alejamiento…
-Sí, pero tu orden de alejamiento no funciona cuando eres un traidor, Jack. Ya no eres un ciudadano con todos los derechos y eso es algo que debes comprender. Y yo…bueno, digamos que sé abrirme paso. Por más que quisiera, tu adorado Bunnymund no pudo hacer mucho contra mi salvo intentar garantizar tu seguridad.
Jack se quedó en silencio. En lugar de acercarse más, Pitch se quedó de pie donde estaba. Jack lo observó sin respirar.
-Ah, es una lástima que todo esto haya terminado así para ti. Pero, claro, es lo que puedes esperar cuando te metes con el enemigo sin tomar precauciones.
Pitch se dirigió al escritorio que estaba a un lado de él y tomó una tableta electrónica. Su vista repasó algunas cosas antes de volver a mirar a Jack.
-Debo admitir que Bunnymund hizo bien su trabajo al esconder sus pistas. Si yo no hubiera tenido tantas ganas de vengarme, de él y de su estúpido grupo de subversivos, probablemente no hubiera habido alguien más que se interesara en investigarlos. Su relación contigo fue su único punto débil y como podrás ver lo aproveché bien.
Jack negó con la cabeza, sintiéndose un poco mareado ante estas palabras. Pitch sonrió sádicamente antes de volver a acercarse un paso más.
-Pero yo sé que quieres ser libre, Jack. Cualquiera en tu situación lo desearía. Por eso, te ofrezco un nuevo trato-, Jack apretó los ojos al sentir cómo él se aproximaba más, y su mano larga, delgada, fría y viscosa se aproximaba a su rostro, pasando ahora la yema de sus dedos por encima de su mejilla izquierda-, te ofrezco la posibilidad de ser libre si aportas toda la información que tengas sobre ellos y los planes que tenían. Si lo haces, te ayudaré a convencer a los altos mandos de que tú no tienes responsabilidad alguna en esto. Les diremos que Bunnymund te engañó y te sedujo para que le ayudaras.
Jack trató de dar un paso más hacia atrás pero estuvo a punto de tropezar. Le costó mantenerse sobre sus pies.
-N…no….¡No! ¡Claro que no! ¡Jamás haré tal cosa!
Pitch soltó una risa que hizo que Jack se estremeciera una vez más.
-Supuse que dirías algo así. Así que aquí está la segunda parte del trato.
Jack no pudo retroceder a tiempo. Pitch estiró su mano hacia él y lo tomó del cabello violentamente, jalándolo hacia él. Jack soltó un grito y tuvo que ceder. Pitch le dio un puntapié en una rodilla y luego en la otra, consiguiendo que colapsara, quedando de rodillas frente a él.
-Si no accedes, entonces tu otra opción…bueno, podrás darte cuenta de cuál es. Es una lástima que seas un juguete usado-, Jack se removió con desesperación ante estas palabras-, pero igual disfrutaré mucho de ti, puedes estar seguro.
Jack tomó la mano de Pitch que sostenía su cabello, tratando de hacer que lo soltara. Sin embargo, solo entonces se dio cuenta de lo débil que se sentía.
-Haces una preciosa vista, Jack. Ahora, sé buen niño y abre la boca-, dijo como pudo mientras liberaba el cinturón y el botón de su pantalón con su mano libre, mientras con la otra mantenía el cabello de Jack firmemente sujeto. Lo zarandeó un par de veces, urgiéndolo a obedecer mientras lo hacía acercar su rostro a su entrepierna de una manera desesperada.
Jack sintió una arcada solo de imaginarse lo que este asqueroso pervertido quería de él. En lugar de intentar que soltara su cabello, ahora luchaba por separarse de él, tratando de empujarlo. Pitch dejó de pelearse con el botón de sus pantalones y le dio un puñetazo en el rostro.
Jack sintió las lágrimas saltando por sus mejillas.
Cuando Pitch terminó de deshacerse del pantalón, Jack trató de apartar la vista, pero Pitch reforzó el agarre en su cabello y lo obligó a voltear hacia su erección. Sonrió, esperando ver el rostro de Jack cubierto de miedo o de angustia, pero en lugar de eso, Jack soltó un suspiro y levantó la mirada hasta que sus ojos se toparon con los de él, llenos de indiferencia.
-Vaya, justo como lo imaginé. La tienes muy pequeña.
Pitch lanzó un gruñido y volvió a zarandear a Jack. Jack apretó los ojos y cerró firmemente los labios, negándose a recibirlo.
-Chiquillo estúpido- dejó salir Pitch, presa de la frustración-, ¿por qué te resistes? Esto es lo que te gusta, no eres más que una pequeña puta, ¿no es cierto?
Jack lo miró desafiante y sonrió.
-Estoy acostumbrado a algo mucho mejor, gracias pero no gracias.
Pitch lo tomó ahora del cuello. Jack sonrió aún más ampliamente.
-Incluso si…intentaras violarme…- dijo sin dejar de mirarlo, aunque ahora le costaba trabajo hablar-, apuesto a que no sentiría nada.
Pitch gruñó aún más fuerte y Jack sintió el agarre en su cuello tensarse aún más.
-No, pequeño fenómeno, esto no va a ser tan fácil para ti.
Pitch llevó con él a Jack, hasta golpearlo contra una pared, golpeando su cabeza contra el muro con suficiente fuerza para que cuando lo soltara el muchacho cayera al suelo sin poder ponerse de pie. Luego, Pitch se acercó a su escritorio y regresó trayendo algo en su mano derecha. Fue la segunda vez que Jack vio una jeringa en ese lugar. Supo entonces qué era lo que iba a pasar.
-Ahora Jackie, esto no tiene por qué dolerte.
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Jack contuvo las ganas de llorar lo más que pudo. Cuando todo terminó, solo pudo pensar en escupir con todas sus fuerzas. Estuvo a punto de vomitar.
Pitch se acomodó los pantalones y sonrió mientras se daba la vuelta. Jack permaneció sentado en el suelo cubriéndose la boca con una de sus manos mientras con la otra se apoyaba para no colapsarse.
-No te preocupes pequeño, no te pienso romper hasta tener el público que estoy esperando.
Jack levantó la vista hacia él. Ahora, su mirada expresó apenas un destello del miedo que quería de él.
-En este momento, por lo menos cincuenta grupos del ejército están a la captura de tu amado Bunnymund. En cuanto lo encuentren y lo traigan aquí, lo primero que haré será someterlo a la peor tortura que podría vivir-, una sonrisa enferma cruzó por su rostro-, ver cómo alguien más posee a su adorado Snowflake.
Jack soltó la respiración sin saber que la había estado conteniendo.
-Ahora, te llevarán de regreso a tu celda- sonrió-, pero antes, te diré algo más que quizás quieras saber.
Pitch caminó de regreso hacia él. Aún no recuperaba el dominio de su cuerpo, sus piernas estaban dormidas al igual que sus brazos.
La inyección lo había inmovilizado completamente. Había sido un muñeco de trapo al servicio de ese asqueroso monstruo.
Al menos quería conservar su dignidad. No quiso llorar. No quiso mostrar debilidad alguna.
Pero lo que Pitch le dijo a continuación le cayó como un balde de agua fría.
-El recluta que nos dio la información que se necesitaba nos dijo que notó un cambio brusco en tu relación con Bunnymund hace tiempo, y que los vio especialmente cariñosos una noche en un pasillo oscuro-, relató con su entonación enervante y su sonrisa sádica-, me parece que se llamaba…Bennett. James Bennett. Jamie para los amigos, ¿no es verdad?
Jack negó con la cabeza y elevó sus manos para cubrirse el rostro. No podía más. Demonios, no más. ¡Basta! ¡Ha sido suficiente!
¡No más, por favor!
…
En ese momento, un grupo de guardias llegaron por él, y lo arrastraron de regreso a su celda.
Una vez que estuvo allí, Jack se hizo bolita en el piso y se echó a llorar.
Sus sollozos desesperados y sus arcadas al vomitar fueron los únicos sonidos que se escucharon en el lugar por las próximas horas.
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En Jack, los sentimientos se convirtieron en una oleada de contradicciones con las que se le estaba haciendo completamente imposible lidiar.
Aster. Su nombre se mezclaba con cada pensamiento, con cada recuerdo y con cada dolor.
Estaba furioso con él. Lo extrañaba. Si pudiera verlo en ese momento lo molería a golpes. Y luego se lo comería a besos. Se entregaría a él. Lo mataría.
Lo odiaba. Lo odiaba con todas las fuerzas de su corazón.
Pero Dios, lo amaba. Maldita sea, lo amaba tanto. Lo amaba tanto que su piel quemaba y sus latidos dolían. Lo amaba tanto que no podía dejar de llorar.
Porque lo necesitaba. Necesitaba su calor y sus besos. Necesitaba sus brazos protectores, su sonrisa, su mirada de adoración, sus labios sobre su piel, su cuerpo poderoso encima del suyo.
La suciedad que sentía en ese momento era insoportable. Lo estaba matando.
Se sentía un maldito traidor. Él solo le pertenecía a Aster, sólo a él, a nadie más. Si Pitch daba ese último paso, lo destruiría por completo. Jack no podría continuar. Simplemente no podría.
Aster. Aster. Lo amaba tanto. Lo odiaba. Lo amaba.
Lo amaba….
…lo amaba.
Si es que durmió, en su cerebro solo hubo sueños de él; sueños en donde Aster lo abrazaba y lo besaba, lo tomaba una y otra vez, lo cuidaba y lo protegía de todo y de todos. Como debió haber sido siempre. Como Jack se había negado a aceptar.
Si lo hubiera hecho, ¿estaría en este momento con él? ¿Dormido entre sus brazos?
No quería pensar en eso, no ahora. No ahora que eso era perfectamente imposible.
Quizás se estaba engañando. Quizás Aster se burló de él desde un principio. Pero Jack no quería verlo así, sabía que no era así. Su corazón le decía que no era verdad. Aster nunca lo traicionaría.
La mente es poderosa. Mucho. Y la mente de Jack, sumida en la más profunda de las miserias, lo hizo sentir al soñar esos brazos protegiéndolo y esos labios pegados a su nuca.
Jack hubiera deseado jamás despertar de ese sueño.
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Jack cayó de rodillas, no pudiendo soportar más el peso de un enorme carro de metal que tenía que arrastrar unos cien metros hasta el lugar donde sería utilizada la materia prima que transportaba.
Desde que North le había dado el biopurificador, la droga, que al parecer se encontraba en la comida, no hacía efecto alguno en Jack. Lo bueno era que le permitía seguir pensando y seguir sintiendo. Lo malo…era que le permitía seguir pensando y seguir sintiendo.
Solo habían pasado un par de días. ¿Cómo podría soportar diez años?
Y sin embargo, ahora Jack había terminado por tomar una decisión.
Olvidarse de Aster. Olvidar toda esta maldita comedia y olvidar lo que había sentido con él. Olvidar cualquier sueño de libertad, si es que aún le quedaba alguno.
En medio del silencio, Jack se esforzaba al límite de sus energías para concentrarse en lo que hacía y hacerse a la idea de esos diez años. Diez años que se convertirían en un instante eterno, al cabo de los cuales podría tener una vida normal si se esforzaba en ello.
Y Jack estaba más que dispuesto a esforzarse.
Porque ya no quería más. Estaba completamente harto.
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-¡No volveré a preguntártelo, mocoso de mierda!- Jack apretó los ojos cuando Pitch reforzó la fuerza de su mano contra su cabello-, ¿Qué es lo que sabes de Bunnymund? ¡Di ahora todo lo que sepas o te arrepentirás!
Jack negó con la cabeza varias veces antes de que Pitch lo lanzara contra la pared. Tenía sangre saliendo de su labio y comenzaba a sentir la hinchazón en uno de sus ojos.
-Tu asqueroso amante ni siquiera nació aquí- dijo Pitch de pronto, acercándose a él-, él vino de Oriental End. ¿Te suena de algo? Estoy seguro de que tú debes saber más. ¿Dónde se oculta el resto de la resistencia? ¿Cuál era su objetivo? ¿Qué fue lo que lograron?
Pitch dejó que su mano sujetara con fuerza el rostro de Jack. Sus dedos se le clavaron en la mejilla. Jack soltó un quejido molesto que lo hizo sentirse extremadamente impotente.
-¡No lo sigas protegiendo o te irá mal!
-¡Jamás te diré nada, bastardo!
Pitch volvió a arrojar a Jack contra la pared. Esta vez no lo dejó arrastrarse hacia el suelo.
En vez de eso, se restregó contra él y mordió su cuello. Lo invadió con sus manos. Le quitó la camisa a jalones mientras Jack trataba de defenderse infructuosamente.
Aster.
Una mano entró en sus pantalones y dio un apretón fuerte y molesto sobre su miembro, lastimándolo.
Aster….
Las mordidas sobre su piel eran cada vez más agresivas y las marcas que dejaba tras de sí eran rojas y sanguinolentas. Jack se movía desesperadamente para quitárselo de encima. Un frio cruel se apoderó de su piel.
Unas manos asquerosas. Una piel pegajosa y desagradable, sin color alguno. Cabello grasoso. Olor insoportable.
Un monstruo. Ese hombre era un maldito monstruo.
Aster…Aster, por favor….
Y como si Pitch hubiera leído su mente, sus asquerosos labios se acercaron a uno de sus oídos mientras su mano no dejaba de lastimarlo y profanarlo de la manera más dolorosa posible, al menos para Jack en esos momentos.
-Esta vez, ese salvaje malnacido no vendrá para salvarte, ¿Mmm? ¿O qué? ¿Te lo imaginas saliendo de la nada como la última vez, a golpearme? Y luego correrías a su cama, ¿no es cierto?...justo como el fenómeno barato que eres….
Jack le soltó una patada, quizás su único ataque certero en los dos días que llevaba la tortura, y dio en el blanco. Pitch soltó un grito de dolor, doblándose sobre sí mismo mientras Jack se deslizaba al suelo, para luego ponerse de pie y buscar a toda prisa una salida, como animal enjaulado. Fuera de sí por completo, Pitch se recuperó y corrió hacia él, tomándolo otra vez del cabello y sometiéndolo no sin bastante trabajo. En ese momento, una pantalla en su escritorio se encendió. Sin soltar a Jack, Pitch se dirigió hacia allí. Leyó el mensaje que había llegado, y otra de esas despreciables sonrisas se abrió paso en su rostro.
-Vaya, parece que esta espera ha valido la pena-, levantó a Jack por el cabello para que leyera lo que decía la pantalla. Jack no lo leyó, le dolía demasiado la cabeza y su mirada se sentía borrosa-, han capturado a tu amante. Ya lo traen para acá, así que probablemente llegue mañana por la mañana.
No….
Aster…
¡NO!
Mientras el cerebro de Jack gritaba de angustia, Pitch se relamía los labios con anticipación.
-Lamentablemente, parece que no tendré el placer de darle el espectáculo que estaba esperando-, continuó en un fingido tono pensativo, sabiendo que sus palabras perforarían el alma de Jack-, no tendrá juicio ni trabajará en la Gran Fábrica, una vez aquí, lo ejecutarán en cuanto haya oportunidad. Sus crímenes han sido demasiados, incluso más graves que los tuyos o los de St. North.
Pitch soltó a Jack y éste cayó al piso, sin fuerzas.
-Espero que haya oportunidad, quizás la encuentre después de todo. No quiero perderme la cara que pondrá cuando te escuche gimiendo y pidiendo por más.
Jack decidió que no le daría el gusto. Tragó la sangre que se había acumulado en su boca. Cerró los ojos para permitir que las lágrimas corrieran libres por sus mejillas. Frunció el ceño y una sonrisa altanera se abrió paso en su bello y lastimado rostro.
-Apuesto a que me quedaré dormido.
Pitch le soltó una patada en el estómago que lo hizo desplomarse una vez más. A pesar de la furia, mantuvo su pose burlonamente amable y se acercó de nuevo para sujetarlo del rostro y obligarlo a mirarlo a la cara.
-Ahora, te llevarán a tu celda. Piensa en las últimas palabras que le dirás a tu amante, te concederé solo eso.
Jack no contestó.
Cuando regresó a sus labores no podía decidir si le dolía más el cuerpo o el corazón.
Continuará…
Y pues…les agradezco por haber dejado sus reviews. Me gustaría contestarles pero en este momento no me siento particularmente bien. Ya saben que mi corazón siempre está agradecido con ustedes por leer y comentar, me hacen una mejor escritora cada vez y espero que sientan que están recibiendo algo valioso a cambio de su tiempo.
Besos!
Aoshika
