Desclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es enteramente mía.
Cap.14
El Adiós.
—Bella, no puedes estar hablando en serio— me recriminó Alice por milésima vez, pero qué más podía hacer.
—Alice, es obvio que no quiere saber nada más de mí, no puedo obligarlo a que me perdone, sé que cometí un error y no puedo culparlo, yo en su lugar estaría haciendo lo mismo— le expliqué a mi amiga, de nuevo, lo que estaba haciendo me costaba mucho, internamente había un anhelo en mí de que mi boda con Jake sería perfecta y ahora todo estaba acabado.
Tomé la caja donde había recuerdos y tarjetas de agradecimiento, también habían algunos regalos que me habían mandado los amigos y familiares de Jake y debía devolverlos, se suponía que mañana iba a ser el día más feliz de mi vida y en lugar de eso me sentía miserable.
—Ya guardé las que me diste— me anunció Rose, quien también me ayudaba a guardar todo en mi auto e ir a la pequeña casa de Jacob en el centro.
—Bien, lleva estas también, Alice ayuda con esta que no pesa tanto— les dije mientras les tendía dos cajas más a mis amigas y las veía salir de nuestra habitación hacía la cochera.
Fui a mi armario y tomé de ahí lo más importante y lo que más me dolía, mi vestido, lo había elegido junto con mi madre y la madre de Jake y me sentía en la responsabilidad de devolvérselo, al final de cuentas él había pagado por todo.
Lo saqué de su bolsa que lo protegía del polvo y la humedad y lo tendí sobre mi cama, era precioso sin duda, con una falda que se ceñía a mi cintura y terminaba en una cola extendida, la cintura que era pegada el fino encaje que cubría mi pecho y mis brazos, de un inmaculado y brillante blanco, las lágrimas a las que me había estado acostumbrando volvieron a aparecer.
—Oh, Bells— llegó Rose, quien me abrazó por la espalda, Alice llegó igualmente y me abrazó por el frente, quedando yo en una especie de sándwich.
Me reconfortaba saber que no importa lo que pasará, mis amigas siempre estarían ahí para mí, mi teléfono sonó con el tono de un mensaje.
— ¿Podrían llevarlo al auto por favor? — les pedí a mis amigas refiriéndome al vestido, sólo asintieron, yo busqué mi celular, era por increíble que pareciera, un mensaje de Jacob, en él se leía:
"Bella, no podemos dejar las cosas así, por favor ve al restaurant de la 5ª. Avenida a las siete, te estaré esperando"
—Chicas— llamé a mis amigas una vez que regresaron y les mostré el mensaje, ellas me miraban preocupadas.
— ¿Iras? — me preguntó desconcertada Rose.
—Por supuesto que ira, hablaran y arreglaran las cosas, y para mañana tendremos que hacer milagros con eses ojeras Belly— contestó emocionada Al, aunque yo no guardaba tantas esperanzas, no pensaba que las cosas fueran así de simples.
—Tengo dos horas, tardaríamos mucho en bajar todas las cosas de mi auto, ¿algunas de las dos me podría llevar? Me citó en el restaurant de la 5ª. Avenida— les pedí, quería arreglarme y refrescarme un poco, no tenía tanto tiempo.
—Quedé con Emmett de verme en una hora, lo siento Bells— me dijo Rose, apenada.
—Descuida Rose, te he alejado por completo de Emm en estos dos días— le dije para que no se sintiera mal, la que debía sentirse así era yo.
—Yo te llevaré, me queda cerca, veré a James en un lugar de por ahí— dijo Ali, con una sonrisa un tanto tímida que trataba de ocultar.
—Al, he sido una desconsiderada, hace tiempo que sales con este chico y yo no te he prestado la menor atención— le dije a mi amiga, no sólo había estado mal por Jake, también por mi amigas.
—No te mortifiques, ha sido un tiempo difícil para ti calabacita, además no es nada serio, pero realmente me ha inspirado para el manual— me recordó ella, Claro, el manual, con todo lo que había estado pasando, desde mi compromiso hasta el trágico momento, no había pensado en ese manual.
—Bueno léelas— la apremió Rose, mientras nos acomodamos en la cama de Alice porque en la mía continuaba mi vestido, ahora en su bolsa de nuevo. Ali regresó con el cuaderno rosa, se aclaró la garganta y comenzó a leer.
—Regla número veintiuno: el hombre perfecto debe ser comprensivo y deber saber escuchar, a una mujer siempre le gusta cuando su pareja está abierto a saber sus más profundos pensamientos— sonreí por ello, pero inmediatamente mis pensamientos me llevaron hacía Jake, él era así.
—Continua— le pidió Rose cuando notó mi rostro.
—Regla número veintidós: el hombre perfecto debe saber cuándo darle su espacio a una mujer, ninguna mujer quiere a un hombre demasiado hostigoso y asfixiante, todas necesitamos un tiempo a solas en algún momento— me imaginé a una Alice desesperada por deshacerse de James y me dio bastante gracia, supuse que Rose también lo imaginó.
—Ya sé qué se estarán imaginando y simplemente no ahondaré en ello— bufó Alice lo que confirmó las sospechas de Rose y mías y por ende nos hizo reír más— Regla número veintitrés: el hombre perfecto debe tener la aprobación de tu madre, padre, hermanas y hermanos, si no tiene la aprobación de estos es porque posiblemente no sea alguien que realmente valga la pena— dijo sonriente.
— ¿James lo tiene? — preguntó escéptica Rose.
—No se lo he presentado a nadie, ni siquiera a ustedes, así que aun estoy esperando— dijo encogiéndose de hombros.
— ¿Por qué no nos incluiste en las personas que deben tener la aprobación? — le pregunté un poco decepcionada.
—Porque, tontita, ustedes dos son como mis hermanas— dijo sonriente mi amiga, le sonreí de vuelta porque eso era muy dulce de su parte.
—Regla número veinticuatro: — dijo viendo exclusivamente a Rose— El hombre perfecto no puede ser dramático ni exagerado, ese es el trabajo de las mujeres— dijo riendo, Rose bufó, no entendía, era como si hubiera estado en un mundo paralelo ahogada en mis penas sin enterarme de nada.
—No entiendo, ¿tanto ha pasado? — pregunté con la voz quebrada.
—Bells, estabas muy presionada, con los preparativos y todo eso, después con lo que ocurrió, eran banalidades que no queríamos cargarte— me explicó dulcemente Rose.
—Es cierto calabacita, te estábamos cuidado y esperando a que estuvieras menos abrumada, jamás quisimos dejarte fuera de nada— la apoyó Alice, yo asentí a sus palabras, pero igual me sentía mal.
—Bien esta es la última, regla número veinticinco: el hombre perfecto debe ser compasivo y comprensivo con los problemas, debe saber que las cosas a veces no podemos controlarlas y los errores se comenten— dijo solemne mi amiga, esa era especial para mí y apreciaba su apoyo pero yo sabía lo que había hecho y sabía que la culpa no era de Jake.
—Gracias Al, pero sé que yo fui la culpable de lo que me está pasando, igual eres muy dulce— dije tomando su mano y la de Rose— Las dos lo son, no podría estar haciendo esto sin ustedes— me sonrieron las dos, pero inmediatamente Alice saltó y comenzó a apresurarnos.
—Vamos, deben arreglarse, se está haciendo tarde para todas, Belly tú iras primero porque debo arreglar esas ojeras que tienes, anda, anda— me empujó al baño de mi habitación, Rose se fue a su cuarto en la planta de arriba y prometió bajar a despedirse antes de marcharse con Emmett, quien no tardaría en llegar.
Me bañé lo más rápido que pude, al salir Alice ya tenía lista mi ropa y la suya, era toda una experta, combino un vestido para mí color crema hasta la rodilla que llevaba un cinturón muy delgado en la cintura y sin mangas con unos tacones cafés y un abrigo corto color camel, precioso.
—En seguida salgo, vístete y te arreglaré en un momento— asentí y salió corriendo hacía el baño, entré a mi cambiador y me puse el conjunto justo como lo había dejado Alice, aunque esperé para el último los tacones, mientras seguiría con mis pantuflas.
Ondulé un poco mi cabello, ya vería después si Alice lo dejaba suelto o lo sujetaba, salió en cinco minutos del baño y corrió a su cambiador, saliendo en otros cinco con un vestido arriba de la rodilla color vino y unos tacones blancos, en su mano llevaba lo su supuse era un abrigo color gris Oxford.
—Bien Belly, sujetaré tu cabello y arreglaré un poco tus ojos— asentí y me deje hacer, con movimientos suaves cepillo mi cabello y lo amarró en una coleta alta, puso un poco de corrector debajo de mis ojos y pinto mis pestañas, realmente me dejó como nueva.
—Eres la mejor, ¿lo sabías? — dije sonriéndole.
—Sólo una o dos cosillas que sé hacer, la belleza es natural en ti calabacita— dijo pellizcando un poco mis mejillas para que se volvieran rojas y no tener que usar rubor.
Ella comenzó a peinar su corta cabellera, sí, antes de regresar de su descanso en casa de sus padres Alice había cortado su larga cabellera más arriba de los hombros, se le veía bien, lo peinaba con las puntas hacía varias direcciones haciendo que se viera encantadora.
Tocaron a la puerta y abrí rápidamente, era Rose quien iba de la mano de Emmett.
—Señoritas, quiero decirles que se ven espectaculares, Bells si ese Jacob no se da cuenta de lo que está dejando ir será un completo idiota— sonreí por el comentario de Emm pero no lo sentía de verdad, Emmett me dio un fuerte abrazo, no sabía cuánto necesitaba de un abrazo así hasta que él me aplastó y no me dejo respirar.
—Gracias Emm, también te ves muy bien hoy— dije abrazándolo de nuevo pero con menor intensidad que antes, en realidad se veía para derretir a cualquiera, un traje gris, sin corbata, zapatos negros y camisa blanca, el cabello peinado perfectamente y el rostro limpio, muy atractivo.
—Pero que dices de mi amiga, de verdad que eres suertudo Oso— dijo Alice, ahora ya maquillada, contemplando a nuestra amiga, y era cierto, Rose llevaba un vestido un poco más corto que el de Alice azul marino, con unos tacones muy altos negros y con puntas plateadas, el cabello rubio y ondulado le caía en cascada por los hombros y sus ojos azules le destellaban como unas gemas.
—Lo sé, ni la joya más hermosa de la corona se puede comparar con ella— dijo orgulloso el grandulón mientras la sujetaba por la cintura, Rose se sonrojó y nosotras reímos, era extraño ver así a mi amiga, pero sabía que sólo un tipo como Emmett podría lograr eso en alguien como Rosalie Hale.
—Bien chicas, debemos irnos, mucha suerte Bells, cualquier cosa me llamas y yo estaré ahí en seguida, ¿de acuerdo? — se despidió Rosalie, asentí aunque seguramente no lo haría.
—Estaré bien Rose, diviértanse y cuídala mucho Emm— él asintió y me volvió a abrazar.
—Con mi vida Bells, con mi vida— fue lo que me respondió y le creía totalmente, se despidieron de Alice, con algunas bromas y apodos graciosos y se fueron.
—Me alegra tanto que Rose haya encontrado a alguien como Emmett, son el uno para el otro— le dije a Alice, con felicidad por mi amiga pero con cierta melancolía.
—Sí, es una pena que no lleguen a nada más que un bonito noviazgo— dijo Al, eso me descolocó un poco.
— ¿De qué hablas Al, no crees que lleguen a estar siempre juntos? — Alice nunca pensaba así.
—No cumple muchas de las reglas del manual, y recuerda, el hombre perfecto debe cumplir con todas y cada una de ellas— dijo seria mi amiga, ¿Estaba hablando en serio?
—Al, ¿De verdad lo crees así? — pregunté acercándome a ella y viéndola directo a los ojos.
—Bella, tú quizás lo veas como un juego porque Jake cumple todos los puntos y más, y aun así mira la situación en la que están, Emmett no cumple los requisitos, como tampoco los cumplió…Jasper— sus ojos se volvieron cristalinos pero no derramó ninguna lagrima, esa era la razón, siempre sería esa la razón, Jasper Whitlock había dejado una marca indeleble en el pequeño corazón de mi amiga, le había roto el corazón y ahora Alice sólo buscaba no volver a pasar por la misma situación.
—Daría todo porque no hubieras pasado por eso Al— le dije abrazándola.
—Tengo que superarlo Bella, él no es el hombre perfecto y no puedo dejar que me afecte de esta manera— dijo decidida, pero con la voz quebrada, había derramado un poco de lagrimas pero las limpio antes de que corrieran su maquillaje.
—Lo harás, lo superaras, como yo lo haré, Jake no era el hombre para mí después de todo— dije contagiada por el sentimiento de desazón.
—Todo puede pasar Belly, pero ahora debemos irnos, o se nos hará tarde— dijo volviendo a pintar una sonrisa en sus labios, pero yo que la conocía tan bien aun podía ver ese sentimiento semi-escondido de tristeza en los ojos de mi amiga.
Me puse mis tacones y el abrigo, Alice se colocó también su abrigo, tomé un pequeño bolso donde llevaba mi teléfono, mi cartera y mis llaves.
Salimos y nos subimos en el auto de Al, aceleró y pronto estuvimos en el lugar, sentía el estomago con un nudo y las piernas de gelatina.
—Todo estará Bien calabacita, eres fuerte, y con una llamada estaré aquí— dijo dándome un abrazo de ánimos, lo agradecía mucho, bajé del auto, me planté firme sobre mis pies y obligué a mis nervios a mantenerse a raya.
Entré al restaurant, era bonito, elegante pero con aire demasiado distante para sentirse del todo cómodo.
—Buenas noches señorita, ¿en qué puedo ayudarle? — me preguntó un hombre de unos cuarenta años, muy amable pero con modales demasiado ensayados.
—Tengo una reservación, Jacob Black me espera— le informé, él buscó en una pequeña libreta y encontró el nombre.
—Desde luego, el señor Black llegó hace unos momentos, por favor acompáñeme— lo seguí hasta donde se encontraban los privados, agradecí que Jake hiciera eso, tenía el mismo aire impersonal del resto del lugar pero igual era mucho más adecuado.
Él estaba ahí, con un traje negro, todo de negro, camisa, saco, corbata, todo, su mirada estaba fría y tenía las mismas ojeras que yo, sólo que sin esconder.
—Hola— fue lo único que pude pronunciar, mi garganta estaba seca y con un enorme nudo que no podía deshacer.
—Isabella— no me agradó que me llamara así, se sentía tan lejano a mí y también me recordaba… a Edward, pero igual no dije nada, se levantó y me ayudó a sentarme. — Estás preciosa— su mirada triste pero llena de sinceridad me desarmo, quería decirle tantas cosas, pero al mismo tiempo, no podía.
—Jake— susurré, era todo lo que podía decir, quería soltarme a llorar ahí y que él me rodeara con sus brazos y me dijera que todo estaba bien.
—No Bella, he estado pensando, el nombre de Edward ha estado rondando mi cabeza todo el tiempo, pensando, preguntándome, ¿Qué es lo que él te dio para alejarte de mí, qué hizo mejor, qué te falto? Entonces entendí que yo fallé— comencé a negar frenéticamente, la que había fallado era yo.
—Sí Bella, yo fallé, yo te amo, pero no logré que me amaras, no del todo, sé que me quieres, por eso aceptaste casarte conmigo, estar conmigo por siempre, pero eso no era todo lo que querías, por eso tu instinto respondió ante él— las lagrimas corrían por mis mejillas, ¿sería cierto lo que me decía? ¿Sería cierto que su amor, el amor de mi hombre perfecto no era todo lo que quería? "No puede hacerte feliz, ni darte lo que tú quieres" "No sabes lo que quieres" Las palabras de Edward me llegaron a la mente, como ráfagas que iluminaban, ¿Podría ser?
—Jake, nunca quise lastimarte, yo te quiero tanto— le dije, mientras tomaba su mano, él tomó la mía y las entrelazo.
—Yo lo sé, pero nuestro amor no es tan fuerte como para estar juntos toda la vida, nuestros caminos se juntaron por un momento Bella, pensé que teníamos la posibilidad de que permanecieran así por siempre, pero ya veo que no— dijo sonriéndome tristemente, le respondí igual.
Solté su mano y me quité de mi dedo el anillo que portaba desde hace unos meses, lo puse en su mano y la cerré en torno a él.
—Sabes, este anillo era de mi tatarabuela, fue la segunda esposa de mi tatarabuelo y vivieron setenta años juntos, yo esperaba que su historia se repitiera con nosotros, pero ya veo que no es así— dijo mirando fijamente el anillo.
—Jake, eres el hombre perfecto, para cualquiera, incluso para mí, pero probablemente tienes razón, quizás no sé lo que quiero— le dije, me sentía más perdida que antes.
—Espero que encuentres aquello que quieres Bella, siempre, recuérdalo, siempre te voy a querer, y siempre me tendrás a tu lado— dijo sonriéndome ahora más animado.
—Gracias Jake, también tú tendrás un lugar en mi corazón siempre, te lo aseguro, lamento que estos últimos días hayan sido tan amargos para ti, eso es lo único que me duele, haberte lastimado tanto— tomó mi mano nuevamente en señal de apoyo.
—No te preocupes por mí Bella, cariño, sólo haz lo que tengas que hacer y sigue tu corazón, él te guiará a esa felicidad— me dijo con cariño, asentí.
—Eres sin duda el hombre perfecto Jacob Black—dije, y yo era una tonta por no verlo.
—No creo en la perfección, pero sí creo en la sinceridad de tus palabras— me respondió.
—Siempre confía en que todas morirían por estar contigo— le dije de todo corazón, sonrió tan abiertamente y tan pagado de sí mismo como cuando lo conocí hace meses.
—Pura calidad, cariño— dijo haciendo un movimiento de énfasis en su persona riendo, yo reí con él, como cuando éramos novios, prometidos y ahora simplemente amigos, habíamos hecho las cosas un poco al revés pero así era como se suponía que termináramos, como buenos amigos, aunque aun tenía una reserva de aprensión hacia toda esta situación acerca de nosotros.
—Vamos, te llevaré a tu edificio— me ofreció una vez que terminamos la cena, salimos del restaurant después de haber tenido una buena platica y me llevó a mi campus.
—Jake, ¿qué pasa con todas las cosas? — le dije recordando todas las cajas en mi auto.
—Mandaré a alguien para recogerlas y después regresaré los regalos— dijo despreocupadamente encogiéndose de hombros.
—Jake, ¿Todos ya lo saben? — de eso era de lo último que me había encargado de preguntar.
—No invitamos a muchas personas, llamé a todos los que yo conozco, mi madre se encargó del resto, también…llamo a tus padres— dijo haciendo una mueca, bueno eso era obvio, debían enterarse en algún momento, sólo que no sabía por qué aun no me llamaban o algo parecido, asentí y no pregunte ya nada más.
—Esto estuvo…bien— dije no sabiendo muy bien como denominar lo que había ocurrido.
—Sí, llámame cuando quieras Bella, ahora estaré fuera de Londres, iré de viaje un poco, por París, Venecia, Roma, no lo sé, pero no dudes en llamarme si lo necesitas— dijo mientras nos despedíamos y me abrazaba, era el fin, el adiós a "Isabella Black".
—Tú igual Jake, si me necesitas, ahí estaré— dije devolviéndole el abrazo.
Me bajé de su auto y entré a mi edificio, llegué a mi cuarto cansada por todo pero aliviada al mismo tiempo, eso no iba a durar por mucho.
—Isabella Marie Swan— al abrir la puerta me encontré con quien menos los esperaba, claro que sabía que no me libraría de su discurso, pero jamás pensé que llegaría a venir hasta acá.
— ¿Papá? — Bien, las cosas aun no terminaban del todo. — ¿Qué haces aquí? — pregunté tratando de sonar no tan asombrada.
—Vengo para llevarte Bella, tu comportamiento ya no es aceptable, así que te irás a vivir conmigo— Rayos, no terminaba una y ya estaba entrando en otra, si de alguien podía temer en esta vida era sin duda del señor Charlie Swan.
Hola mis amadas lectoras, quiero agradecerles mucho su apoyo y que vayamos tan bien en cuanto a la aceptación, des afortunadamente los reviews no llegaron a los 85 pero los recibidos han sido maravillosos, aceptaron muy bien el capítulo anterior y espero que con este queden satisfechas, no aparecerá mucho Edward por un tiempito, pero es importante, ya verán que todo irá bien, sólo denle tiempo, y ya saben, si los reviews suben yo publico antes y ustedes se enteran antes de lo que va a pasar en esta historia, sin mucho más que decir me despido de ustedes, besos, An.
