XIV Pánico
PDV John
Había algo en el comportamiento de Sherlock. Estuvo actuando de manera extraña desde que nos fuimos del parque, sobre todo después del encuentro del callejón, ¡No es que me quejara acerca de eso! Sin embargo esto era muy distinto.
A medida que nos marchábamos con Mycrof, solo el cielo sabe dónde y ellos (porque nadie me dice nunca nada), sentí como su cuerpo a mi lado se tensó de repente. Miré hacia el sitio donde estaba mirando a través de la ventana trasera del auto, su rostro tenía una expresión endurecida. Me giré en sentido contrario para poder observar que es lo que le había afectado de ese modo tan drástico, pero inmediatamente me sujeto de los hombros para detener mi movimiento, fijando su vista en mí con esa extraña expresión que estaba sobre su rostro.
—¿Qué es?— le pregunté, de que se trataba. —¿Qué te sucede, Sherlock?
No me dijo nada, solo me miraba, sus ojos recorrían todo mi rostro como si estuviera intentando memorizarlo, de lo cual estoy seguro ya lo ha hecho en un instante. Entonces sin previo aviso me atrajo hacia él, para darme un abrazo torpe deslizando sus manos dentro de mi abrigo y rodeando mi cuerpo.
Solté una exclamación de sorpresa, antes de que intentara alejarlo; un callejón desierto era una cosa, pero un auto en movimiento con su hermano sentado frente a nosotros estaba fuera de mi zona de confort. Me soltó sin darme una explicación y se colocó correctamente en su asiento, alejando su cuerpo de mí, sin disculpas ni nada, no que realmente esperara alguna de Sherlock.
—¿Ha sucedido algo?— lo presioné, mirando a Mycroft, cuando Sherlock no me respondió.
Por un momento pensé que la súbita partida podría ser por cuestiones familiares. —¿Tu madre está bien?— le pregunté, siendo incapaz de usar la palabra mamá, la cual no utilizó desde que tenía siete años.
Mycroft me sonrió con benevolencia. —Mamá está muy bien, gracias, John— inclinando su cabeza hacia mí. —Sherlock solo esta limitándose a ayudarme con un problema bastante delicado.
Lo miré dudoso. —Eso no suena como a él—. Le señalé.
Ambos nos giramos para mirar a Sherlock, quien estaba mirando firmemente a través de la ventana, la tensión era evidente en cada parte de su cuerpo. Algo estaba definitivamente mal. Decidí entonces ser el "hombre" al mando y superar mi vergüenza por estar en un espacio cerrado con mi amante gay y su hermano mayor.
—Discúlpanos— murmuré aMycroft y el asintió, sonriéndome en aprobación, antes de poner su atención en la ventana opuesta por lo cual nos mostraba la parte posterior de su cabeza.
Me moví de mi lugar hasta que mi muslo presionaba el de Sherlock, y coloqué mi mano sobre su hombro, sintiendo el temblor que recorrió su cuerpo ante mi contacto.
—Sherlock— le dije suavemente. No me respondió. Puse mi mano en su cuello y se estremeció. Use mi otra mano para sujetar su mandíbula y giré su rostro para que pudiera verlo apropiadamente. Su mirada era salvaje, sus ojos estaban oscuros y su quijada con los dientes apretados. No podía imaginar que había pasado para provocarle una reacción así, pero estaba increíblemente tenso y angustiado a simple vista.
Puse ambos manos en su rostro e intenté tranquilizarlo, acariciando sus mejillas con mis pulgares y pasando suavemente las yemas de mis dedos sobre sus cejas y frente. Después de un par de minutos coloqué su cabello detrás de su oreja con mi mano izquierda y con la derecha recorrí ligeramente el largo de su mandíbula, llevando mi pulgar a delinear sus labios. Percibí que comenzaba a relajarse un poco, ya que estaba sintiendo como apoyaba su cabeza en mi mano izquierda, donde mi dedos estaban haciendo pequeños movimientos circulares en su cabello.
Después de un poco de tiempo, la tensión en su mandíbula comenzó a disminuir, sus labios se abrieron ligeramente. Puse la punta de mi dedo índice en su boca y de reojo vi el brillo de ojos de Mycroft , el que aparentemente estaba de espaldas a nosotros, Sherlock tocó con la punta de su lengua mi dedo en una clara invitación. Feliz por distraerlo, lo deslicé dentro de su boca un poco y comenzó a succionar, pasando su lengua por debajo de él o sacándola para tocar la unión entre mis dedos, lo que se sentía tan obscenamente bien. Realmente, llegar a tener un novio con una fijación oral nunca podría ser algo malo; ni siquiera lo rechacé en mi mente.
Contuve un gemido, al recordar donde estábamos y con quien, y me concentré en Sherlock, el cual gradualmente parecía recobrarse. Lentamente retire mi dedo y tomándolo por su mandíbula me incliné hacia él para besarlo varias veces. Besos suaves y castos sin intervención de lenguas, solo nuestros labios uniéndose gentilmente para mostrar cariño.
Me retiré un poco y lo miré cuidadosamente, aun tenía su rostros entre mis manos. Sus enormes ojos contrastaron contra su piel pálida, haciéndolo verse tan extrañamente delicado y etéreo. Me estoy enamorando de este hombre, pensé y la idea no me causo ningún conflicto.
Le sonreí —¿Estás bien?— le pregunté.
El asintió con su cabeza. —Lo siento John— murmuró.
Lo mire con curiosidad, era tan raro que se disculpara por nada y ahora ni siquiera sabía si realmente se estaba disculpando por algo.
—Gracias— añadió; otra rara ocurrencia, aunque no era el tiempo para platicar sobre el tema.
—Parece ser que es lo que un buen novio debe hacer— intentando hacerlo sonreír. Había pasado la última semana diciéndome "un buen novio hace esto" o "un buen novio nunca hace eso". Recordé en particular el día que estaba tratando de deshacerme de él para que pudiera vomitar en paz. Se me ocurrió que quizás estuviese obteniendo sus tips sobre relaciones de un sitio de internet dedicado a chicas adolescentes; Google tenía mucho que responder.
Solté su rostro y lo tome de la mano, me volví a acomodar en mi asiento y entrelace nuestros dedos fuertemente, dedicándole una pequeña sonrisa. Cuando me giré para ver los alrededores que íbamos pasando, Mycroft estaba escribiendo un mensaje de texto para instantes después enviarlo; entonces observó su teléfono con una expresión de irritación.
—¿De todas formas a dónde vamos?— le pregunté a Sherlock, tranquilamente, asumiendo que al menos él tenía alguna idea de lo que estaba pasando.
Solo se encogió de hombros. —Un trabajo para Mycroft— dijo. —Aun no se los detalles.
Me pareció muy extraño que Sherlock hubiese aceptado tomar un caso de Mycroft, sin conocer exactamente todos los detalles, de hecho era muy extraño que el estuviese dispuesto a ayudar a su hermano en su pedido, ya que había visto muchas ocasiones como se ha negado. Realmente este día se estaba volviendo más peculiar a cada minuto.
Mycroft exhaló fuertemente, a continuación tocó el vidrio de separación entre nosotros y el chofer el cual bajó rápidamente. —221 de Baker Street— dijo para pulsar el botón que subía el vidrio. —Les pido disculpas caballeros—, se giró hacia nosotros. —Parece que mi problema se ha resuelto por sí mismo, por lo tanto creo que les he hecho perder su tiempo innecesariamente.
Sherlock alzó sus cejas hasta que casi tocaron su cabello, inclinándose hacia delante en actitud agresiva. —¿A qué estás jugando, Mycroft?— le exigió fuertemente.
Mycroft solo le dio su mirada habitual de cortesía.
Sherlock sacudió su cabeza, como si así pudiera aclararse, —¿Sabías…, — se calló abruptamente y me dio una mirada, luego estudió un poco más Mycroft. —¡Por qué viniste!— exclamó en voz baja. No fue una pregunta, su voz sonaba lastimera y casi desesperada. Dejó caer su cabeza en el respaldo y aumentó su fuerza sobre mi mano aun más.
Miré interrogante a Mycroft, pero es solo me dio su expresión amable, dedicándome una sonrisa ligera.
—Mis disculpas, mi querido John—, dijo, y por un momento pensé que había una dejó de verdadero pesar en su voz. —Aquí estamos— dijo unos minutos más tarde cuando nos detuvimos frente al piso. —Deben regresar al negocio ¿eh?—. Levantó su mano despreocupadamente a modo de despedida cuando se alejaba en su auto. Sherlock ni siquiera lo miró.
Al momento que arribamos, Sherlock parecía que se había congelado otra vez. Lo obligué a sentarse en el sofá y fui a la cocina a hacer un poco de té, además de encontrar algunos panecillos también. Tuve que prácticamente colocarlos en su mano, al menos bebió el té, aunque los bocados que le daba a los bicuits parecía que casi lo ahogaban.
Coloque mi taza de café en la mesa y lo enfrenté. —Sherlock, ¿Qué sucede?—. Le pregunté suplicante. —¡Tienes que decirme que te sucede!
El solo me dio nuevamente una mirada y negó con su cabeza. —No puedo decírtelo John— me respondió. —Yo solo…— se tensó nuevamente y se puso de pie, tomando su taza y colocándola en el dintel de la ventana.
Comenzó a caminar por toda la habitación, como lo hace cuando un caso está realmente enredado y su cerebro está funcionando a cien kilómetros por hora, murmurando para sí mismo y moviendo sus brazos de un lado a otro. Después de unos minutos, se paró en medio de la habitación y colocó sus manos en su cabello para jalarlo sin piedad.
Me puse de pie para ir hacia él, pero antes que pudiese dar un paso levantó su rostro y fijó su mirada penetrante en mí, la cual me congeló en mi sitio. Nos quedamos así unos instantes, solo viéndonos fijamente el uno al otro, hasta que dio un grito de frustración y se arrojó hacia mí, su ímpetu nos llevo hasta la pared, donde fui aprisionado.
Sus manos sujetaron ambos lados de mi cabeza para mantenerla quieta, entonces la suya la abalanzó para besarme con cruel intensidad que lastimaba. Mi dio una mordida desesperada en su proceder, lo que me hizo sentir incomodo, aun así no podía negar a donde nos estábamos dirigiendo de manera alarmante. Colocó una mano en mi hombro y luego la deslizó hacia abajo para sujetarme firmemente, apretándome, mientras succionaba mi lengua. Me quedé sin aliento y de repente me quitó de la pared y colocó sus manos en mis hombros y me empujó para ponerme de rodillas. La posición no era nada nueva, pero era a la vez diferente por la fuerza y exigencia con que me la pedía, me di cuenta que me gustaba. Ok, quizás solo un poco, ¡Esto estaba poniéndose tan caliente como el infierno!
Jaló mi suéter quitándomelo, entonces también pensé lo mismo, pero quitó mis manos, cayendo de rodillas también y jalándome contra él una vez más. Me besaba nuevamente, una de sus manos estaba colocada en mi nuca y otra envolviéndome por mi torso, abrazándome con tanta fuerza que me era difícil respirar. Peleé por poder inhalar un poco de aire y aflojó un poco su agarre, luego bajo su brazo hasta mi cadera para apoyarse y comenzó a empujarme hacia el piso, agarrando un cojín del sofá y poniéndolo en bajo mi cabeza en el último momento.
Su cuerpo me siguió hacia abajo, hasta que estaba completamente apoyando su pecho contra el mío y sus manos las colocó en mi rostro.
—John— dijo suavemente, besándome dulcemente por un instante, antes de volverlo nuevamente intenso. —John— dijo otra vez moviendo su boca a lo largo de mi mandíbula y luego mi cuello, justo donde sabía que era particularmente sensible.
Pude sentir sus dedos desabrochando los botones de mi camisa, y luego abrirla, besando la línea de mi clavícula hasta la marca en mi hombro, entonces bajo por mi pecho haciendo una pausa para lamer y chupar mis pezones. Me retorcía bajo de él para ese instante, mis manos acariciaban y apretaban cualquier parte de él que podía alcanzar a medida que bajaba.
Sus manos volaron hacia mis jeans y rápidamente terminó de desnudarme, entonces se sentó y jaló su ropa en un movimiento descoordinado. Vio mi cuerpo de manera hambrienta por un momento, entonces agarró una manta que estaba en el sillón y la extendió en el suelo, esperando que me moviera hasta ahí, antes de colocarse arriba de mi.
La sensación fue absolutamente increíble. A pesar de que dormíamos abrazados todas las noches, esto era algo muy diferente a eso. Sherlock parecía tan desesperado de mi, sus manos moviéndolas de arriba abajo acariciando mis costados, me besó de nuevo, luego con su rodilla abrió mis piernas para que pudiera acomodarse entre ellas, moviendo sus caderas de manera que se frotaran contra las mías, fue maravilloso.
En una parte de mi mente, estaba consciente de que algo le estaba preocupando, no era el mismo de siempre, pero si eso era lo que necesitaba, no se lo iba a negar. Tiré mi cabeza hacia atrás, arqueándome involuntariamente, avergonzado por el ruido que estaba haciendo.
Se alzó un poco apoyándose sobre uno de sus codos, y deslizó su otra mano hacia debajo de mi cuerpo, jalando mi rodilla hasta que mi pie estuviera plantado en el piso, antes de acariciar la parte interna de mi muslo.
—John— habló con urgencia, su voz era más ronca y profunda de lo usual. —John—, esperó hasta que lo miré, sus dedos me preguntaban para poder iniciar su exploración. —John, quiero…— sus ojos estaban encendidos. —Quiero…— sus dedos presionaron dentro de mí, un poco, por los que sus intenciones eran más que obvias.
Considerando todo el tiempo y la energía que pase preocupándome por esto, ahora el momento había llegado, por lo que se supone debía sentirme más nervioso, pero honestamente nunca se me ocurrió dudar.
—Si— le dije, jadeando en cada palabra que daba. —Si, Sherlock lo que desees—. Jadeaba más para ese momento, ya que su dedo era más insistente. —Cualquier cosa— le prometí. Solo tenía que hacer una cosa más.
Levanté mis brazos, tomando su rostro entre mis manos y lo jalé hacia mí, levanté mi cabeza para besarlo gentilmente. —Te amo— le dije y lo besé otra vez. —Te amo, Sherlock—. Me soltó y caí de espaldas contra el cojín.
Sus ojos se abrieron ampliamente y sus manos se separaron abruptamente. Una serie de expresiones pasaron por su rostro, muy rápido para que pudiera identificarlas, entonces dejó caer su cara en el hueco de mi cuello, apretando su rostro con fuerza contra mí y sentí que su cuerpo se estremeció.
—¿Sherlock?— inquirí. —Sherlock, lo siento, ¿No era eso lo que querías?—. En ese momento me sentí inseguro y un poco avergonzado.
—John— murmuró contra mi cuello. —No te disculpes, por favor nunca te disculpes—, levantó su cabeza y su rostro se veía torturado. Me besó de nuevo pero algo estaba mal, su boca estaba torcida.
Puse mis manos sobre sus hombros y lo empujé hacia atrás un poco, no se resistió.
—Sherlock, ¿Qué pasa?— Insistí en ese momento; rodamos uno al lado del otro. —Mira, no tenemos que hacer esto ahora— le dije, acariciando su rostro gentilmente, la preocupación parecía haberse llevado su excitación de todas formas. —Tenemos todo el tiempo del mundo.
Hizo un sonido de agonía, que solo acabo por aumentar mi frustración. —¡Tienes que decirme que es lo que te está molestando tanto!—. Estaba prácticamente escrito en su rostro. —¡No te entiendo! ¡No se que está mal! ¡Quiero ayudarte, pero no se qué hacer!
Nunca había visto su rostro tan tenso y eso me estaba preocupando demasiado. En un movimiento de improviso y muy rápido, me abrazo de nuevo y me mantuvo así por unos instantes, luego pareció tomar una decisión.
—Tengo que salir—, me anunció y se empezó a colocar su ropa.
—¡¿Qué?— exclamé. —¿Sherlock qué es lo que está ocurriendo?—. Lo sujeté del brazo. —¡Dime!
Se giró hacia mí, mientras yo me sentaba, y me sujetó por mis antebrazos, mirándome fijamente. —Lo siento, John— dijo. —No puedo explicarte. Es algo que tengo que hacer. —Hizo una pausa. —Intentaré hacer—, corrigió.
—¿Puedo ayudarte?— le pregunté, no me gustó como sonó eso.
Me sonrió forzadamente y acarició mi cara. —No con esto— me dijo, entonces se colocó de pie, cogiendo su ropa de nuevo al azar.
Jalé la manta para colocarla alrededor de mí, haciéndome autoconsciente, si soy honesto que estaba siendo rechazado.
Estaba colocándose su bufanda para ese momento, pero cuando giró para mirarme y me vio ahí sentado, atravesó la habitación hasta llegar a mí para darme un beso apasionado en mi boca.
—John, yo…— se detuvo. —No salgas, ¿Quieres?— me pidió.
—¿Qué quieres decir?— le pregunté, pero el solo movió su cabeza.
—No estoy seguro de cuánto tiempo estaré afuera, pero por favor quédate aquí—. Me insistió. —Quiero regresar a casa contigo. Por favor, John, ¿Me prometes que te quedarás aquí?
Me encogí de hombros. —¿Dónde más podría ir?— le pregunté. —¿Vas a decirme de que va todo esto?
Cerró sus ojos brevemente. —Espero que no tenga importancia— respondió enigmáticamente. Presionó sus labios contra mi frente en un beso, luego se giró y el corrió prácticamente fuera del apartamento. Escuché como bajo las escaleras y finalmente el portazo que dio tras salir.
Bueno, esto ciertamente no es como yo imaginé que sería la primera vez.
Me sentí desanimado en más de un sentido, así como un poco tonto, ahí sentado, desnudo sobre la alfombra de la sala a las cinco de la tarde, me vestí de nuevo, entonces me hice un sándwich ya que no había comido nada desde el almuerzo.
Estaba preocupado por Sherlock. Había mostrado más emociones el día de hoy, que todo el tiempo que llevo de conocerlo, y no estaba seguro de que hacer con él. Fue como una contradicción; por un lado el era muy consciente de ser un genio y podía llegar a ser el hombre más arrogante que he conocido jamás. Por otro lado, me sorprendió su inseguridad, ya que estaba convencido que en cualquier momento un enjambre de mujeres descendería sobre mí y me alejarían de él, incluso aun desde que lo hicimos "público", estaba constantemente sujetándome de la mano, o tomándome del brazo. Para alguien de su intelecto y ahora puedo sentirme libre de admitirlo, de su apariencia tan soberbia, era sorprendente; aunque parecía que yo era el único que persistía en ignorar toda la evidencia.
Me sentí inquieto, pensé en ir a un bar, pero recordé la insistencia de Sherlock en que me quedara ahí. Bien. Miré alrededor mío y me percaté del desorden armado, decidí acomodar un poco. Cogí el cojín del sofá que había hecho la función temporal de almohada y lo volví a colocar en su lugar, entonces me di cuenta de que algo brillaba entre las hendiduras del sillón; era una moneda de una libra. Eso me hizo preguntarme qué otras cosas estarían ahí, así que tiré todos los cojines e hice una inspección profunda. Encontré siete monedas más de varias denominaciones, tres canicas, un silbato y lo que parecía ser un grupo completo de huesos metatarsianos.
Había algo que estaba más profundamente enterrado del lado del reposabrazos, en el que Sherlock había estado sentado antes, pero no podía sacarlo. Rechazando la idea a darme por vencido, fui a la cocina por una cuchara de palo. Eso hice y pude realizar una palanca al objeto lo más que alcancé con la cuchara, hasta que pude tomarlo con mis dedos; y lo saqué triunfante… era mi teléfono. Fue muy raro; claramente recuerdo haber puesto mi teléfono en mi bolsillo cuando salí esta mañana, porque estaba esperando una llamada de Harry; así que, ¿Cómo se había ido a parar a ese lado del sofá, y apagado para empezar?
Negué con mi cabeza, realmente este día había sido de lo más extraño. Encendí de nuevo mi teléfono y comenzó a sonar de inmediato; ¡Había siete mensajes de texto y tres correos de voz! Por un momento me sentí inusualmente popular, pero entonces me di cuenta que probablemente eran todos para Sherlock, el cual a menudo tomaba mis cosas y mucha gente que lo buscaba, entonces recurría a mí, cuando el no respondía el suyo. Miré la lista de mensajes de texto y entonces me di cuenta que todos eran de Sally Donovan, con excepción de uno de Harry, pidiéndome que la llamara para ponernos de acuerdo para un almuerzo si es que estaba libre el siguiente jueves.
Los de Sally no estaba seguro de deber leerlos, pero al final decidí que lo haría; si es que ella buscaba a Sherlock, podría al menos decirle que no regresaría hasta más tarde. Como resultado, al parecer todos me estaban dirigidos, en todos me pedía que la llamara, cada uno con más urgencia. Escuché sus correos de voz y eran más de lo mismo, era realmente muy insistente.
Me debatí entre simplemente ignorarla. No me agradaba mucho Sally y seguramente Lestrade me llamaría directamente si surgía algo importante, pero estaba aburrido de poner orden y no tenía nada planeado hasta que Sherlock regresara. Suspiré y me dejé caer en el sofá, presioné los botones correspondientes. Después de todo, ¿Qué daño podría hacer?
Continuará…
A continuación nota de la autora (háganle caso otra vez)
Nota de Verity: Lamento dejarlo ahí, (ja, si me sorprendieron, eso fue una mentira total), el siguiente capítulo que forma parte de esta historia es en realidad el primero que escribí y el que inspiró toda la historia… así que ya saben pueden colgarme o no hacerme nada…
Nota de la traductora… jejeje, que les puedo decir, Verity agradece sus amables palabras en sus comentarios, ya que ella misma decidió pasarse por esta página y mediante el traductor de google (Dios la ampare) leerlos. Por cierto vaya que hizo calor en este capítulo. ¡Oh! Yo y mi vena pervertida.
Arima chan…
