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Intercambio de rehenes
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Ui fue conducida a su antigua escuela. Todo lo miraba con expresión soñadora recordando sus felices tiempos en la preparatoria Sakuakao: cuando se enteró que fue aceptada, la visita al club de su Onee-chan, la primera presentación que vio de su Onee-chan, etc. Estaba muy emocionada. Por su parte los rebeldes estaban sorprendidos con cuánta facilidad las Hirasawa se metían en su pequeño mundo. Finalmente la dejaron en su ex clase, ahora convertida en una especie de prisión de emergencia. Tenía dos guardias en la puerta y le pusieron barrotes en la ventana; pero en sí seguía siendo la clase de su último año. Se puso a curiosear.

—¿Cuánto tiempo estaré aquí? —le preguntó a su carcelero una vez se aburrió.

—Pues hasta media noche. Le traeremos algo de comer.

—Arigato.

Como no le habían quitado su mochila, tomó uno de sus libros y se puso a estudiar; después de todo tenía examen en dos días.

Le trajeron unas galletas y un poco de leche. Ella se los agradeció con su amabilidad de siempre y siguió estudiando. Al poco tiempo llegaron Rio y Satoshi, listos para el interrogatorio. Ui levantó la vista y les sonrió para saludarlos.

—¿Sabes por qué estás aquí, Ui-chan?

—¿Para hablar de Onee-chan?

—Hái.

—Pues ella es muy dulce y linda; algo perezosa pero siempre logra lo que quiere porque se esfuerza al máximo. Para mí es la mejor guitarrista del mundo, he querido seguir sus pasos pero no podré tocar con tanta pasión como ella. Aún así doy mi mejor esfuerzo. También es muy linda cuando come golosinas, trato de cuidar su salud pero es muy difícil decirle que no; y como come casi todo el tiempo no es raro verla con un poco de crema o salsa o algo en la comisura de la boca y… ah! También puede sacar muy buenas notas cuando quiere. Pero como dije que es algo perezosa, no siempre lo hace. Y bueno… ella es muy buena conmigo, siempre me ayuda en lo que puede, pero no entiende que para mí es suficiente con que me sonría y me abrace. A veces hasta me preocupa, porque queriendo hacerme sonreír se mete en problemas. Por ejemplo, una navidad quiso darme una blanca navidad y desgarró un almohadón para llenar de "nieve" la entrada. Nuestros papás se enojaron mucho, pero la perdonaron cuando supieron que lo hizo por mí. En fin, es la mejor hermana del mundo y la quiero mucho. ¿Algo más?

Ni Rio ni Satoshi tenían palabras ante aquel discursito, así que sólo se miraron y mejor se levantaron y se fueron a otro lado. La verdad tenían preparado un interrogatorio para ver si lograban averiguar algo sobre la vida de la dueña y señora; pero no estaban preparados para este tipo de información. Además era obvio que su interrogatorio no estaba hecho para una forma de pensar tan especial como la de las Hirasawa.

—¿Y ahora qué?

—Pues tendremos que contentarnos con lo que diga Kotobuki acerca de esa cárcel. Tal vez podamos conseguir aliados nuevos ahí.

—Ojalá sea algo de utilidad.

—Seguramente, seguramente. Lo único que espero es que esas Nyans se hayan equivocado y no hayan logrado quebrara a Kotobuki.

—Ella es fuerte, seguro resiste.

—Esperemos.


Los rebeldes llegaron puntuales a la hora de la cita en el puente, pero Yui y compañía no daban señales de vida. Decidieron esperar cinco minutos. Diez minutos. Quince. La comitiva llegó a los veinticinco minutos, liderada por Yui y (para sorpresa de Satoshi) Jun; inmediatamente después iban Mugi y Sokabe; y detrás de ellas iba una furgoneta militar rodeada de Nyans que marchaban a los lados custodiándola. Y el desfile era cerrado por una banda de músicos que tocaba la marcha imperial de la guerra de las galaxias. A varios rebeldes se les escapó una carcajada. Satoshi iba a callarlos, pero él mismo tuvo que reírse; no esperaba menos de Yui. La única que no reía era Akane Miura; no sabía qué clase de mensaje quería mandarles Yui, pero no podía ser nada bueno.
A una señal de Sokabe, las Nyans abrieron la furgoneta, de la que bajaron a Emina y luego la esposaron. Obligada a ir al frente, la media hermana de Yui se miraba rara. No sólo mostraba los síntomas de demacración que sufren los que son prisioneros por un buen rato; sino se miraba perdida y desorientada; por su parte parecía que algo molestaba mucho a Mugi, que caminaba detrás de su Onee-sama apuntándole en compañía de Sokabe; mientras Jun y Yui caminaban a los lados, la primera muy ansiosa y la otra dando saltitos y caminando alegremente. "¿Cómo se las arregla para cambiar de personalidad tan rápido?" pensaba Jun recordando que durante todo el trayecto estuvo con ese rostro inexpresivo y tenebroso que la acompañaría durante todas sus pesadillas.

—Perdón el retraso —dijo Yui haciendo una exageradísima reverencia.

Satoshi levantó una ceja extrañado.

—Yui-san, usted es la dueña del mundo, no tiene que inclinarse ante nadie.

—Ehehehehe… —rió inocente Yui. —Bueno, pero ya estamos aquí.

—¿Qué tiene en la boca? —preguntó Yui pasándole un pañuelo.

—¿Todavía tengo crema en el labio? Bueno; como sea, lo que pasa es que pasamos por una heladería y no me aguanté el antojo.

Mugi y Sokabe no dijeron nada, pero la rubia se apresuró a quitarse los restos de helado de la boca causando otro ataque de risa general por parte de los rebeldes, los que habían mandado a más de la mitad de sus soldados. Satoshi trató de no reírse, debía recordar que él era el líder y tenía que mostrar cierto nivel de disciplina; era el contrario a Yui, que tranquilamente sacó una bolsa de golosinas, le ofreció una a Satoshi y a su séquito y comenzó a devorar.

—Mhm. Dennos a Kotobuki.

Yui no dijo nada porque tenía la boca llena, pero chasqueó los dedos y Mugi y Sokabe avanzaron un poco, pero se detuvieron a medio camino.

—Ui-chan.

Satoshi les hizo una señal a los suyos y Kyoko y Akane avanzaron mientras apuntaban a Ui, la que parecía estar muy feliz al ver a su hermana.

—Onee-chan!

—Ui!

Las hermanas iban a abrazarse, pero sonido de un arma al recargarse retuvo a Ui. Yui levantó la mirada y por un segundo, los soldados de la Resistencia se estremecieron al ver aquellos ojos llenos de maldad, pero cuando parpadearon, se encontraron con la mirada confundida de una chica con la personalidad de una niña pequeña.

—Kotobuki.

Yui asintió y a su señal, Mugi y Sokabe empujaban para adelante a Emina mientras Kyoko y Akane hacían otro tanto con Ui. Las Hirasawa se abrazaron tiernamente mientras dos rebeldes ayudaban a reanimar a Emina, la que parecía estar a punto de desfallecer.

—Bueno, Matta ne, Tainaka-kun.

—Alto ahí.

Se voltearon. Todos, menos los que ayudaban a Emina, les apuntaban con sus armas.

—¿Cómo se les ocurre venir aquí sin protección? Estamos a punto de acabar con su maldito mundo yuri.

Yui les dedicó la mejor de sus sonrisas. Era una especie de hechizo. Todos estaban congelados mirando aquella sonrisa, seguía siendo la misma chica que los miraba con su misma cara de boba, pero había algo diferente. Era una especie de hechizo que les impedía moverse. Al final Yui pasó su mirada por las filas de los soldados de la Resistencia y éstos bajaban las armas cada vez que sentía que su mirada se posaba en ellos. La respiración de Satoshi estaba cada vez más agitada y más rápida; la maldad se sentía en el aire. Yui rió, una risa inocente y dulce, pero cargada de esa extraña sensación que hacía que todos quedaran rápidamente a su merced.
Ui tembló horrorizada, ¿cuánto tiempo no quiso mantener dormido ese lado de su hermana mediante cuidados y mimos exagerados? Desde la primera vez que la vio así se dio a la tarea de mantenerla a raya, quería hacer lo posible para que el lado oscuro de su hermana no saliera a flote nunca más; pero el día que se enteró que había logrado dominar el mundo supo que con tanto tiempo de andar dormido, ese lado oscuro sólo se había hecho más fuerte. Y aquí estaba Yui, con todo un regimiento de rebeldes a sus pies.

—Pero Tainaka-kun, yo creía que tú sabías jugar bien. Ahora resulta que quieres hacer trampa. Y yo que te había dejado llegar hasta aquí sólo porque era muy divertido jugar este juego contigo.

—¿Juego?

—Hái! ¿O será que tú no sabías que jugabas conmigo? Bueno! Ahora ya lo sabes. —el ambiente parecía volver a la normalidad. —Así que para la próxima te encargo mucho que juegues limpio, ¿sí? —dijo dándoles la espalda y alejándose tranquilamente. Se había olvidado la bolsa de bocadillos en el suelo, pero todos estaban demasiado sorprendidos (y atemorizados) para verla. —Ah! Y casi me olvida, Tainaka-kun; por consejo de Sokabe-sempai le dimos un poco de té y pastelitos muy especiales antes de venir aquí y bueno… a Mugi-chan no le gustó, dice que el té es sagrado.

—Yui-sama, al grano.

—Gomen, gomen. Y lo que quería decir es que no le queda mucho tiempo. ¿Lo dije bien Sokabe-sempai? —la comandante asintió. —Todavía tengo el celular que me regalaste Tainaka-kun, así que te llamaré cuando todos estemos a salvo en casita y te diré dónde está su medicina.

—Antídoto, Yui-sama.

—Arigatou. El antídoto. Hasta otra!

Los soldados las vieron alejarse sin poder hacer nada. El enemigo finalmente les mostraba su verdadera fuerza.


Al día siguiente, los Nakano tenían concierto junto al resto de su banda de jazz. La música era un consuelo que les ayudaba a escapar de la culpa. Mientras tocaban, no pensaban en nada más que en tocar y eso les ayudaba a no pensar en que sus mentes cerradas y conservadoras fueron la causa que el mundo cayera en las garras de una niña dulce pero muy malvada. Ellos no formaban parte de la resistencia, temían por la seguridad de Azusa, pero sí eran ponían de su parte escondiendo a Rio Akiyama en su hogar. La mujer no quería ser molestia, pero a los Nakano no les importaba. Primero, e insistían en ese punto en secreto, el mundo estaba así por causa suya; y segundo, eran muy amigos de la mujer desde que se conocieron por cuestiones de la banda de sus hijas. En cierto punto se entendían muy bien y era una convivencia agradable. Rio hacía lo posible para ayudar a sus anfitriones tratando de cuidar la casa lo mejor que podía y desde luego; asegurarse todas las noches de no ser seguida para no comprometerlos.

Aquel día no regresó a casa. Fue asignada al equipo de búsqueda del antídoto del poderoso veneno que había ingerido Kotobuki. Resultó estar en la bolsa de golosinas que Yui olvidó en el puente "por accidente" la noche anterior.

Mientras, era aproximadamente medio día, la pareja de músicos volvió a su casa a descansar y tal vez ensayar un poco. Tenían un concierto al día siguiente y tenían que estar listos. Encontraron la puerta abierta.

—¿Rio?

—Tú sabes que ella es muy cuidadosa.

—No, digo que tal vez le pasó algo.

Ambos se pusieron pálidos y entraron corriendo a la casa. Encontraron a su pitbull jugando alegremente con una jovencita de cabello castaño y ojos color chocolate. Ambos se pusieron pálidos.

—Yui-sama.

—Yui-chan. Después de todo casi somos familia —les sonrió.

—¿Y… a qué debemos tu visita, Yui-chan?

—Hái, kore!

Les pasó un sobre blanco bordeado en dorado con varios diseños muy elegantes. Lo abrieron. Dentro había una invitación hecha a mano (se notaba que no repararon en gastos) con grandes letras doradas:

Estimadísimos señor y señora Nakano:

Por este medio se les informa que están cordialmente invitados a la boda de la señorita Azusa Nakano y Yui Hirasawa; nuestra dueña y señora.

Los esperamos este 14 de abril en el palacio de Yui-sama a las 10:00 AM

Los padres de Azusa leyeron y releyeron la invitación tratando de convencerse que todo era real, que su pequeña iba a contraer matrimonio con otra chica; pero no cualquier chica, sino la demente que logró poner al mundo a sus pies. Yui les sonrió y se dirigió a la salida.

—Mándenle mis saludos a Akiyama-san. Nos vemos!


Bueno, ¿qué tal? Espero les haya gustado; espero que el cap de la boda esté listo para la fecha que anuncié en la invitación. Ustedes también están cordialmente invitados. Sin más que decir, chao; nos leemos!