Feliz 2014! Espero que todas se la hayan pasado muy bien, espero que hayan cenado muy rico y pasado con todos sus seres queridos. Esté año está lleno de muchas cosas, muchos triunfos y yo a ustedes les deseo lo mejor. Y que mejor manera de comenzar el año, que con un excelente capítulo de Destino. La verdad estoy muy contenta porque les gusto el capítulo anterior, yo también me divertí haciéndolo… la verdad es que recibí un poquito de ayuda para escribirlo ya que me estaba costando… no encontraba la inspiración suficiente para poder describir el primer encuentro de Sesshomaru y Kagome.

Le doy las gracias a Kain Steel, un lector mío, sobre todo mi mejor lector xD porque obviamente es el novio de ésta escritora. TE QUIERO MUCHO MI CIELO. Gracias por ayudarme, chicas con gran orgullo xD digo él es mi novio, él me ayudo a escribir el lemon.

Y ya no les quito más tiempo dialogando y les dejo el siguiente capítulo de la historia.

Desclaimer:Los personajes y escenarios del universo de InuYasha, pertenecen únicamente a Rumiko Takahashi.


Capítulo XIII. Kanketsu - Hen. El Mausoleo del Monte Asuza.

Kikyo caminaba tranquilamente en el bosque, sabiendo que su labor de haber purificado al monje había terminado. Cogió su carcaj y flechas en silencio para después alejarse del grupo, sin embargo; no imaginó toparse con InuYasha en esos momentos.

—Kikyo.

—El miasma ha sido purificado. El monje necesitará descansar un poco más.

—¿Miroku está bien?

—Sí.

Fueron las únicas palabras que cruzaron, sin embargo; ambos sabían algo que era inocultable. Después de que la miko se alejará lentamente pocos momentos después salió corriendo tras de ella el pequeño Kohaku.

—Kohaku, ¿te vas con Kikyo?

—Sí, gracias por dejar quedarnos con ustedes.

El exterminador alcanzó a la sacerdotisa pero InuYasha les interceptó desde el mismo lugar, él en ningún momento se movió de su lugar.

—Kikyo, acerca de Kohaku…

—Lo sé—la sacerdotisa se viró a mirarle seriamente.

"Si puedo salvarlo, lo haré"

En otra parte del bosque cierta pareja se encontraba aun dormitando después de haber aceptado lo que ambos sentían. Kagome se encontraba recostada sobre el pecho de Sesshomaru, ambos, cubiertos por Moko-Moko.

A los pocos momentos después ella abrió lentamente sus ojos, se sonrojó al encontrarse con Sesshomaru. Después de todo no fue un sueño… le miró a la cara, se le veía tranquilo y sereno mientras dormía, aseguraba que si estaba durmiendo. Él la tenía prensada de la cintura con su único brazo.

—Kagome—llamó él, ella le prestó atención, le encantaba que el youkai utilizará su nombre.

—Dime, Sesshomaru—dijo la joven dulcemente al youkai.

—Tienes que irte—dijo seriamente, su cara siempre era fría pero había una tonalidad especial con la que Sesshomaru le hablaba a la chica.

—No quiero irme—anunció ella, haciendo un puchero.

—Debes de… tus amigos humanos se preocuparán por ti—Sesshomaru había sentido el aroma de InuYasha hace poco, supuso que seguramente el mitad bestia había presenciado todo aquel acto—Mañana nos uniremos de nuevo a ustedes.

El youkai se refería a Rin y Jaken. La miko no tuvo elección, besó nuevamente al demonio, él correspondió aquel beso dulce. Y luego de unos momentos la chica comenzó a vestirse para poder regresar al grupo… se sintió un poco culpable cuando recordó el estado en el que se encontraba Miroku.

—El monje está algo grave—le llamó el demonio—Puedo deducir que el miasma de Naraku se encuentra afectando su agujero negro, el miasma puede llegar al corazón de él y matarle.

—No puede ser—la joven horrorizada se cubrió la boca.

—Si sigue usando el agujero posiblemente muera por envenenamiento sanguíneo.

La joven no quiso seguir escuchando más aquellas palabras de Sesshomaru, pero era la realidad. Se encontraba triste por su amigo, también por Sango pues de antemano sabía que ellos dos se amaban.

—Es hora de regresar—dijo Kagome—¿Seguro que mañana se unirán a nosotros?—preguntó un poco insegura.

El demonio no le contestó pero dio una cabezada en señal de afirmación. Ella tuvo con eso, sonrió cálidamente al platino y besó nuevamente sus labios. De eso ella se fue corriendo en dirección al campamento dónde se encontraban sus amigos, Sesshomaru la vio alejarse y como hizo la joven también empezó a vestirse.

Cuando Kagome regresó al campamento pudo ver a InuYasha, una punzada en el estómago le dio repentinamente. No se arrepentía por haberse entregado al demonio pero le inquietaba que pudiera hacer el hanyou. Seguramente ya había olfateado el cambio de aroma en su persona.

InuYasha no había percibido todavía la llegada de la joven miko pues se encontraba pensando en lo que Kikyo le había dicho.

"¿Qué? ¿Una telaraña?"

Una telaraña se encontraba tras de InuYasha. Eso la descolocó, no sabiendo que era lo que sucedía en esos momentos… pero no pudo hacer nada más, intentó no despertar a Sango quién se encontraba recostada sobre un árbol, mientras cuidaba al monje. Shippo estaba durmiendo junto a la exterminadora al igual que la pequeña gata de fuego. La miko futurista se acomodó en su mochila y se quedó profundamente dormida, pero… con una enorme sonrisa.

La mañana había llegado, acompañando en su camino a Kikyo y Kohaku. Caminaban tranquilamente en silencio, pasando por los canales de cultivo de una aldea, los aldeanos se dedicaban a sus tareas de agricultura y ganadería. Ambos individuos se sentaron en una roca, la miko se había colocado seria.

—Kohaku, no te alejes de mí.

—Está bien.

Del cielo una especie de telaraña se acercó a ellos para atacarles, sin moverse, un campo de energía creado por Kikyo deshizo dicha telaraña. Impidiendo que fuesen tocados.

"Las telarañas no parecen tener efecto en los aldeanos, pero se quién está detrás de estos hilos: Naraku y sus malas intenciones"

Los aldeanos trabajaban normalmente, pasaban a través de las telarañas, deshaciéndolas sin que les pasará algo. Kikyo observaba atentamente todo a su alrededor, una gran cantidad de telarañas caía al suelo, sin tocarles gracias al campo de energía.

—Saki, nos vamos a casa—dijo una de las aldeanas quién había terminado con sus labores del día.

—¡Sí, mamá!

De repente una de las grandes cantidades de telaraña cayó sobre el cuerpo de la niña, la madre de la chiquilla no podía ver las telarañas al mismo tiempo que su hija se desvanecía en el suelo. No podía levantarse, la madre preocupada se acercó corriendo a socorrer a su hija.

—¿Qué pasa, Saki?

—Cálmate, retrocede—pidió Kikyo, deshaciendo el campo de energía que le protegía a ella y a Kohaku de aquellas telarañas.

—Señorita sacerdotisa—dijo la aldeana sin soltar a su hija.

La chiquilla se encontraba sumergida dentro de aquella telaraña misteriosa que solamente la no-muerta podía ver.

"Usando a una niña inocente… Él está determinado en que yo toque esas telarañas"

Kikyo frunció el ceño, de entre su ahori sacó una hoja de papel que acercó a su rostro, sopló a la hoja y de ellas se desprendieron pequeñas mariposas transparentes que se acercaron a la telaraña para desintegrarla. Las mismas mariposas se volvieron amarillas, que se acercaron al cuerpo inerte de la chiquilla, cuando estás mismas se pusieron sobre la capa arácnida, Kikyo hizo un pequeño conjuro. Comenzó a electrificarse el alrededor de la chica y poco después desapareció la telaraña. La niña recuperó el sentido, pero fue una trampa pues aquella bola de telaraña se hizo más grande y envolvió a Kikyo.

A lo lejos en el cielo despejado de la mañana una grande telaraña nacía desde las nubes, el InuTachi siguió a Kagome, ella se encontraba montada en el lomo de Kirara pues desde el amanecer el hanyou se había portado muy distante con ella. También en el grupo se encontraba Koga.

—¡Un gran nudo de telarañas están descendiendo del cielo!—exclamó la sacerdotisa.

InuYasha iba corriendo para llegar al lugar dónde decía Kagome, frente a su rostro pasó una de las mariposas amarillas de Kikyo.

"Esto es… el aroma de Kikyo"

Aumentó el paso para correr y llegar pronto a dónde quiera que estuviera la miko no-muerta .

Al llegar a una aldea, el grupo se acercó a un par de personas. Se acercaron a la niña y aldeana que Kikyo había ayudado.

—Si una sacerdotisa pasó por aquí.

"¡Esa debe ser Kikyo" InuYasha se encontraba un poco desesperado por encontrar a la sacerdotisa.

—¿Y qué hizo esa sacerdotisa después?—preguntó curiosamente el monje Miroku ya repuesto después de la noche anterior.

—Ella aparentó estar enferma y se fue—la aldeana respondió tranquilamente.

Sin decir palabra alguna, InuYasha salió corriendo en dirección del aroma de la miko.

—¡InuYasha, espera!—gritó Kagome.

—¿Será esa la miko Kikyo?—preguntó Shippo quién se encontraba en el hombro de Koga.

—Amigo, él es un cruel bastardo—dijo el lobo con brazos cruzados—Abandonar a Kagome para perseguir un antiguo amor—Koga no estaba al tanto de que el aroma de Higurashi había cambiado, había sentido cerca a Sesshomaru pero nunca se imaginó la mezcla de aromas de esos dos.

—Koga, no queremos que sigas por ese camino—dijo Shippo seriamente pues sabía que Koga nunca sería amado por Kagome.

En otro lado cercano a aquellas telarañas se encontraba en un campo de energía, Kohaku junto a los dos espíritus infantiles de Kikyo, quienes le protegían de ser encontrado por Naraku y ser tocado por las telarañas. Dentro de una cueva bastante escondida.

"Quédate lejos de mí por el momento. Si vienes conmigo, tu fragmento de la perla de Shikon será profanado" Esas eran las palabras que Kikyo le había dicho a Kohaku, él aún no entendía que era lo que le sucedía.

"¿Qué le sucede a la señorita Kikyo?"

En un pequeño templo de buda, en la nada del bosque—dentro del mismo se encontraba totalmente enredada aquella mujer hecha de barro y huesos. Intentaba purificar las telarañas que se encontraban alrededor de ella.

—No importa cuánto los purifique…

De repente un flash back pasó por los ojos de ella, recordando aquel día en el cual selló a InuYasha en el árbol milenario.

"Naraku… ¿Ahora, después de todo, intentas descontrolarme con estas ilusiones?

Mientras intentaba, escuchó el grito de alguien conocido.

—¡Kikyo!—gritó desde fuera InuYasha que había llegado hasta ella, siguiendo su aroma. La puerta del templo se abrió dejando ver al hanyou de ropas escarlata.

—¡No vengas, InuYasha!—Kikyo gritó advirtiendo al mitad bestia. Al momento de levantarse las heridas generadas por Naraku cuando le inyectó miasma fueron abiertas nuevamente, extendiéndose hasta su cuello. Tragando todas sus energías, Kikyo se desvanecía pero antes de tocar el duro piso, fue atrapada por el hanyou.

—¡Aguanta Kikyo!—exclamó preocupado InuYasha, entonces fue cuando pudo ver las telarañas que ahora también se encontraban adheridas a su cuerpo y al de ella—¡Esto es…!

—Es Naraku, él se dio cuenta de que intentaba purificarlo junto con la perla de Shikon—se calló cuando sintió dolor.

—¡No hables!—le ordenó preocupado pues la miko estaba perdiendo fuerzas—¡Te salvaré!—exclamó al momento en el cuál desenvainó a Tessaiga para poder cortar las telarañas.

Corte tras corte, Colmillo no podía hacer mucho pues mientras más cortaba, más se enredaban.

Cercanos al templo el Inutachi corría. Kagome les indicó de dónde nacían aquellas telarañas, ella iba montada sobre la espalda de Koga para ir más rápido. La miko saltó de la espalda del lobo, y el grupo paró. Ella apuntó con una de sus flechas sagradas, podía ver las telarañas.

—¿A qué le está disparando?—preguntó Koga un poco confundido.

—A esas telarañas, posiblemente—dijo Shippo desde el hombro de Miroku.

"InuYasha y Kikyo, están dentro" Siguió disparando flechas purificadoras a las telarañas aunque no surtía mucho efecto pues estas volvían a crecer.

—¿Kagome está purificando las telarañas afuera?—preguntó Kikyo al hanyou quién aún tenía su espada en mano.

—Sí, Kagome también puede ver las telarañas.

"¿Cómo puede verlas también?, ¿Puede que Naraku esté… "

Kagome no conseguía deshacer las telarañas, la puerta del pequeño templo se abrió y aquellas telas se movían como si fueran cabello siendo movido por la brisa del viento. A punto de tocar aquella telaraña Kagome escuchó la voz de Kikyo desde dentro.

—¡No toques las telarañas!—fue demasiado tarde pues las mismas envolvieron la mano de Kagome y la halaron dentro, para llevarla a dónde InuYasha y la no-muerta se encontraban.

—¡Kagome!—gritó Koga, intentó ir a su rescate pero se chocó con una barrera de energía que le impidió atacar. Frente a los ojos de los demás apareció aquella característica barrera creada por Naraku.

—¡Una barrera!—exclamó Miroku.

"Los tengo" Naraku se rio cuando vio que tenía a sus personajes favoritos en juego.

Kagome se había desvanecido cuando chocó con el suelo del templo. Al abrir sus ojos ella se encontraba en un escenario lúgubre, lleno de fuego, de entre las llamas pudo ver saltar a InuYasha con la perla de Shikon, luego la imagen de Kikyo mandándole la flecha que le sello por cincuenta años. De la misma forma, ella podía sentir el dolor que Kikyo cuando mataba a su amado hanyou, un amor tan profundo de los dos que no podía ser roto fácilmente, las lágrimas de Kikyo cuando abrazaba al adormecido InuYasha en el Goshimboku.

Nuevamente abría los ojos, cuando recuperó el conocimiento pudo ver a Kikyo e InuYasha.

—¿Estás despierta, Kagome?—preguntó InuYasha.

—¿Y las telarañas?—preguntó la miko desconcertada.

—Nosotros tres, hemos sido reunidos—dijo Kikyo desde uno de los extremos. Se le veía un poco mal—Ellos ya no deben ser requeridos. ¿Lo has visto no?

—¿Huh?

—He descubierto su plan.

—¡Kikyo, esa herida!—dijo sorprendida la miko más joven.

—Cuando toqué la telaraña, el miasma se empezó a extender.

—¿Puedo curar esa herida, cierto?—preguntó segura de sí misma la pequeña Kagome—Una vez…

—Mi salvación requiere de este arco, para disparar sobre la herida y purificar la contaminación de Naraku.

—E-entendido.

En cuanto Kagome, tocó el arco de Kikyo, esté mismo se rompió. A los ojos de InuYasha y la no-muerta.

—También has sido contaminada por las telarañas de Naraku.

—¿Qué quieres decir?—preguntó la joven.

—Todo esto fue parte de la trampa de Naraku—dijo seriamente, la miko mayor en ningún momento se movió de su lugar de reposo pues aquellas heridas agrietaban más su piel—Primero, él agrando mi herida así que dejaría a Kohaku, por el miasma filtrado de esta herida profanaría el fragmento de Kohaku. Así, él me usaría de señuelo para traer a InuYasha, ¿sabes por qué? Para sembrar malos sentimientos en tu corazón. Él planeó una cadena de eventos para que sucediera eso.

—Todo fue parte del plan de Naraku—Kagome sabía bien que ya nada podría confundirle, sus sentimientos eran claros por Sesshomaru.

—Eres la única persona que puede limpiar mi cuerpo del veneno de Naraku. Fue por eso que Naraku te mostró visiones de hace cincuenta años atrás, para darte malas intenciones y borrar tus habilidades de purificación. Y ahora que Koga ha perdido la protección de la tribu de los lobos, sus fragmentos pueden ser robados en cualquier momento. No hay nada que podamos hacer.

—¡No puedes solo rendirte, Kikyo!—exclamó la joven molesta—¡Debe de haber un modo de salvarte!

Por fuera del pequeño templo, de un momento a otro la barrera que cubría la construcción desapareció, permitiendo a sus habitantes poder salir del lugar. Primero salió Kagome, seguida de InuYasha quién cargaba en su espalda a la miko no-muerta.

—¿Está bien, señorita Kagome?—preguntó curiosamente el monje.

—Sí—la mirada de Kagome estaba en el suelo.

—¿Por qué el perro tiene esa cara tan larga?—preguntó seriamente el lobo, este mismo tenía sus brazos cruzados pues se encontraba molesto de que siempre Kagome lo cambiara por el hanyou.

—Kagome lo sorprendió encontrándose con Kikyo a escondidas—intervino Shippo pensando en que era lo cierto—Él probablemente perdió unos años de su vida.

A espaldas de Kagome se encontraba InuYasha, la joven con la mejor mirada fría que pudo darle le habló.

—InuYasha, quédate con Kikyo—el hanyou se encontraba pensando en la salud de la no-muerta, las palabras de la miko joven le tomaron por sorpresa.

—Hazlo. Yo me llevaré a Kagome—intervino Koga.

El mitad bestia se sentó en cuclillas en el templo, se molestó y sus orejas se movieron. Estaba sorprendido por el cambio de humor que Higurashi presentaba, sencillamente esa chiquilla era muy rara con sus emociones.

—Kagome, mira aquí ahora.

—No quiero ver tu cara ahora—dijo seria, ella sabía perfectamente que InuYasha no estaba pendiente de ella si no de Kikyo, a ella le importaba poco pues simplemente estaba esperando la llegada de Sesshomaru al grupo.

De un momento a otro la cara del hanyou comenzó a sudar y ponerse nervioso por las palabras de la miko. Pensaba que se encontraba molesta por haberle encontrado con Kikyo aunque aún no le preguntará porque ese cambio de aroma en su persona. Sin embargo; ella ya no le dirigió la palabra, se alistó con el Inutachi para emprender el viaje rumbo al mausoleo.

Momentos más tarde el grupo recorría un camino rocoso rápidamente.

"Recto, diez leguas hacia el este. Si usan la cuerda de arco que se encuentra en el Mausoleo del Monte Azusa, el arco será restaurado. Sin embargo, Kagome, debes desear salvarme o no serás capaz de alcanzar el Mausoleo"

Kagome recordaba bien las palabras de Kikyo.

"¿Por qué parece que Kikyo siempre estuviera poniéndome a prueba?

En otro lado, cercano al bosque dentro de una cueva se encontraba el pequeño exterminador junto a los entes que pertenecían a Kikyo. Esos espíritus en forma de niña que protegían al joven de un posible ataque de Naraku. La barrera de energía se debilitaba cada vez más.

"¿Le habrá pasado algo a la señorita Kikyo?"

—Puedo verte—se escuchó una voz ajena a las personas que se encontraban ahí.

—¡Tú eres…!

—Corre—dijo uno de los espíritus.

—Por favor, corre—dijo el otro. La barrera que protegía a Kohaku empezó a brillar, él escapo mientras esta estallaba.

—Un esfuerzo inútil—el enemigo lanzó fuego en forma de remolino para poder librarse de aquellos dos espíritus y hacerse con Kohaku y su fragmento.

—¿Tu shikigami desapareció?—preguntó el mitad bestia a la miko de barro. Este tenía a la fémina sobre sus brazos mientras corrían en dirección al Monte Azusa.

—Sí, debemos regresar rápido por Kohaku.

Al mismo tiempo cercano a Kohaku, este se encontraba corriendo, saltando de rama en rama como su entrenamiento le permitía. Intentaba escapar de aquel siervo de Naraku.

—No te escaparás—dijo aquel, quién ya se encontraba frente al exterminador, Kohaku en su intento de escapatoria utilizó su arma. Logró acertar el ataque al enemigo, pero este solamente se evaporó dejando una rosa hecha de papel.

—Fallaste—desde arriba en un gran pájaro de papel se encontraba el enemigo, quién sacó un bule del cual brotaron serpientes de color morado que se incrustaron en el cuerpo de Kohaku. Al caer el joven exterminador también aquel llegó de un salto.

—Ríndete, Kohaku. No puedes escapar de Naraku.

Se acercó a Kohaku, él se encontraba perdiendo el conocimiento a causa de las mordeduras de aquellas serpientes.

—El veneno de esas serpientes es miasma. Tengo que tomar tu fragmento antes de llevarte a Naraku.

Aquel hombre de cabellos azabaches se acercó hasta el cuello del exterminador para retirar el fragmento, así la vida del niño se acabaría sin embargo; algo le hizo retroceder. Una abertura rara a sus espaldas le hizo alejarse del lugar, en aquella abertura se apreciaba el infierno.

—Eso fue una sorpresa—detrás de él cayeron unos cuantos árboles—¿Tú de nuevo, señor Sesshomaru?

—El aroma de Moryumaru ha sido borrado. ¿Presumo que fue devorado por Naraku?

—¿Y vienes a salvar a Kohaku?—preguntó—Eso no es propio de ti.

—Vine a borrar un irritable olor. Eso es todo.

—Bien, bien…—Byakuya de los sueños tomó aquel pájaro de origami y salió volando en un remolino—Me iré, no sería divertido ser cortado por un transeúnte.

Sesshomaru se quedó viendo por dónde escapaba aquel cobarde, y momentos más tarde llegaron Jaken y Rin a socorrer a Kohaku. En ese momento la pequeña Rin iba a retirar las serpientes del cuerpo del exterminador.

—No lo toques, Rin—ordenó el youkai fríamente—Esas serpientes son venenosas.

—Umm… está bien, pero el maestro Jaken ha sido mordido—dijo incrédulamente, el sapo verde tenía una lágrima en sus ojos, y un brazo siendo mutilado por aquella serpiente.

—Sálveme, señor Sesshomaru—pidió el hombrecillo—Duele…

Habían llegado a un gran bosque, en la cima del mismo se podía ver aquel inmenso monte. Cuando el InuTachi llegó se encontraron con una enorme escalera.

—Es una larga escalera—dijo el pequeño Shippo.

—Este es el Mausoleo del Monte Azusa.

— ¡Subamos!—exclamó Koga, llevando a Kagome en su espalda.

Pero conforme iban subiendo veían interminable la llegada al Mausoleo, se estaban cansando pero no podían ver la cima. De un momento a otro se encontraban nuevamente en el inicio de las escaleras pero algo raro… faltaba alguien del equipo. Kagome no se encontraba con ellos.

— ¿Qué ha pasado?—preguntó Sango a los demás.

—Seguramente el espíritu del Mausoleo no quiere que entremos—dijo Miroku seriamente—Sólo espero que la señorita Kagome se encuentre bien.

Se quedaron esperando el momento para poder ver a la joven miko sana y salva.

Kagome se miró sola, ¿dónde estaban sus amigos? No lo sabía, cuando viró la mirada hacía la subida se encontró con aquel espíritu, este no tenía rostro pero tenía unas prendas blancas y un largo cabello azabache… a ella le recordaba a cierta persona. Consiguió llegar a la cima del Mausoleo se podía sentir aquel sentimiento de nostalgia pero algo muy puro en todo alrededor. El espíritu adoptó la cara de Kikyo.

—Kikyo que haces aquí—la chica no entendía exactamente qué era lo que estaba pasando pues la no-muerta se había quedado con InuYasha en aquel templo.

— ¿A qué has venido, miko?—preguntó el espíritu.

—Vengo por el arco del monte Azusa—dijo ella determinadamente—Con la ayuda de esté arco podré salvar la vida de Kikyo.

—Tómalo—dijo el ente, quién se acercaba a coger el arco y entregárselo a la miko del futuro.

—Gracias—dijo Kagome, contenta pues había sido más fácil de lo que ella se imaginaba.

Pero aquel templo desapareció. Aquel espíritu también y un alrededor completamente lleno de niebla le impedía ver exactamente por dónde se encontraba. Kagome se asustó pues no sabía el camino de regreso, además el tiempo se le agotaba.

"Si no llegas antes del atardecer, yo moriré"

Esas fueron las palabras de Kikyo por lo que la inquietaron más. Caminó sin rumbo alguno; solamente esperaba encontrar el camino correcto pues Kikyo dependía de ella en esos momentos. Pisó en falso y en menos de un minuto se encontraba colgando de un barranco, su mano derecha se encontraba fuertemente agarrada de una rama y su mano izquierda sujetaba el arco… que pesado se sentía.

—Debo resistir—dijo Kagome, no se daría por vencida fácilmente.

—Kagome—dijo una voz que ella conocía perfectamente. Al levantar su mirada se encontró con Kikyo.

—Kikyo ¿estás bien? ¿Qué estás haciendo aquí?—

—Dame el arco—dijo aquella no-muerta— ¿Es que acaso no quieres salvarme?

— ¡No digas esas cosas!—exclamó Kagome, ella en realidad si quería salvar a la miko.

—Si dejas caer el arco, yo moriré y tu podrás ser feliz con InuYasha—nuevamente Kikyo le decía—Anda suelta el arco y déjame morir.

— ¡Jamás podría hacer algo como eso!—gritó ella, sus ojos tenían lágrimas de la impotencia de no poder levantar el arco y regresar a tierra firme— ¡Además InuYasha te extrañaría mucho!

—Es obvio que tú no quieres salvarme para quedarte con él—decía insistente Kikyo.

A sus espaldas se encontraba aquel espíritu viendo todo lo que estaba pasando entre aquellas dos sacerdotisas. Se podía ver que aún había un poco de oscuridad dentro del corazón de Higurashi que le estaba ocasionando aquellas visiones y pesadez.

—En realidad tú no quieres rescatar a Kikyo, quieres dejarla morir para poder quedarte con InuYasha y así ser la única en su corazón—dijo aquel espíritu tomando por sorpresa a Kagome quién seguía luchando por subir.

— ¡Eso no es cierto!—exclamó aún con lágrimas en los ojos, pues ella sabía perfectamente que no podría jamás arrebatarle la vida a ningún ser humano—Además—de un momento en su mente se dibujó la imagen de Sesshomaru, tan imponente, recordando aquellos toques y besos que la volvieron loca. Que le confirmaban que realmente se había enamorado del youkai—Además… y-yo no amo a InuYasha—la Kikyo real y el espíritu se quedaron callados, atentas a lo que la joven estaba a punto de decir—Yo amo a Sesshomaru.

De un momento a otro, la oscuridad en el corazón de Kagome desapareció y el arco dejó de pesarle, pudo mover su brazo como si nunca nada estuviera agarrando. La figura de Kikyo desapareció y pudo subir a tierra. Aquel espíritu la miró seriamente, se inclinó ante ella y finalmente desapareció. Nuevamente el mausoleo apareció y con ello la niebla también desapareció, pudo ver las escaleras para regresar… sonrió contenta.

Sabía que su corazón pertenecía a Sesshomaru.

Bajó las escaleras, nuevamente le estaba costando bajar.

"Es como cuando intentaba subir, no puedo bajar"

Un monstruo la atacó, ella corría desesperada, tenía el arco pero no cargaba flechas. Sabía perfectamente que su corazón dudaba aún de sus verdaderos sentimientos pero estaba segura de amar a Sesshomaru.

— ¡Sesshomaru!—gritó la joven pidiendo ayuda. Ella lloraba, quería que el demonio estuviera en esos momentos y la rescatara.

No sabía si era cosa del destino equivocarse continuamente, pero se tropezó en uno de los escalones y esperaba la dolorosa caída, cerró sus ojos para prepararse para el fuerte golpe pero ese golpe nunca llegó.

Al abrir sus castaños ojos se encontró con unos ámbares tan fríos como el hielo, pero con un matiz cálido que solamente mostraba cuando se encontraba con ella; Sesshomaru se encontraba ahí, protegiéndola. Desenfundó a Tessaiga y con un corte lanzó un Meidou tragando así al monstruo.

—Sabía que eras tú—dijo la joven aún con lágrimas en los ojos, al mirarse el demonio con su mano retiró los restos de lágrimas de ella. Y de un momento a otro sellaron sus labios en un beso dulce y apasionado.

Momentos más tarde, Kagome y Sesshomaru regresaron dónde se encontraba el InuTachi esperando su llegada. Miroku y Sango sonrieron pues ellos se imaginaban desde hace ya un buen tiempo que esos dos se traían algo. Shippo se enteró por ende de su olfato que Kagome ahora era mujer del demonio pues sus aromas estaban mezclados. Koga también les olfateó y supo que una vez más perdió ante esos irritables hermanos perro.

—Bienvenido, nuevamente. Señor Sesshomaru—dijo Miroku, contento e hizo una pequeña reverencia al Lord del Oeste.

Fin capítulo.