Hola!!!
Etamin Malfoy: Hey!! Jaja pues quién sabe, quizás son los padres de Harry :3 ¿cámaras en la oficina? Debería tenerlas pero como solo las personas de confianza logran entrar a la oficina pues. Que bueno que te guste la historia, gracias por comentar y espero disfrutes el nuevo capítulo. Besos.
Capítulo 14
Hallowen
-Es la gran noche. ¿Qué tal me veo?- cuestionó Ginny. Se había disfrazado de bruja. Tenía un gracioso sombrero puntiagudo, el cabello que estaba a la vista se encontraba trenzado en dos graciosas coletas y su traje negro quedaba mucho más arriba de las rodillas. Unos tacones rojos hacían juego con algunos acesorios que se había colocado y con sus labios.
-Para odiar el Hallowen has puesto mucho empeño en tu disfraz.- comenté, todavía me encontraba solo cubierta por mi toalla, sentada en mi cama pensando en el disfraz que lamentablemente debía utilizar.
-Fue idea de Blaise.- explicó Gin girando sobre sus pies para observarse en el espejo.
-Últimamente estás muy animada cuando hablas de Zabinni.- murmuré mirándole con el ceño fruncido, ella miró mi reflejo en el espejo y luego bajo la mirada.
-Intento no parecer sospechosa; debemos actuar con normalidad.- explicó con la mayor naturalidad posible. Sabía que había parte de verdad en aquellas palabras, pero probablemente hubiese intereses ocultos tras esa excusa.
-Espero que no normalices tanto esta vida.- susurré mas para mi misma que para la pelirroja; la cual emocionada se acercó a su cama y agarró una varita hecha de madera.
-¿Te espero allá? Veo que tardas.- me comentó, permanecí sentada en mi cama y me limité a asentir.
Mi amiga me dio un rápido beso en la mejilla y rápidamente salió del cuarto canturreando alegremente alguna canción en inglés. Me tendí sobre la cama y luego giré el rostro para contemplar mi traje. El mismo lo había colocado sobre la cama de Ginny; lo oía burlarse de mi en el silencio de la habitación.
Completamente convencida de que no podría retrasar lo evidente, me dispuse a vestirme. La hora me parecía insignificante y para ser sincera no tenía muchos deseos de llegar temprano a la fiesta. El factor: eres pareja del jefe... me hacia desear no llegar nunca. Seguramente el rubio ególatra estaría demasiado distraído en busca de alguna conquista y no prestaría atención a mi ausencia. Claramente solo quería que yo fuese su pareja para evitar que alguien más me invitase... porque estaba encaprichado conmigo. Yo era como un premio que él tenía que ganar para que su orgullo no fuese pisoteado.
Pasados unos cuarenta y cinco minutos me detuve delante del espejo a observar mi atuendo. El traje negro y rojo era llamativo y los círculos que rondaban por el mismo lo eran aún más. Los tacones rojos no eran para nada de mi gusto, pero debo admitir que no lucían tan horribles como en un inicio pensé que lucirían. Las medias negras producían cierta calor que me obligó a encender el acondicionador de aire; agradecía que la fiesta fuese en la mansión y que el gran salón, como muchos le llamaban, tuviese aire central.
Me encontraba casi lista, había tranquilizado mis rizos y caían con gracia por mis hombros y aún más abajo. Había utilizado poco maquillaje, porque aquella área de la estética no me había llamado mucho la atención nunca, aún así el labial producía un brillo sutil en mis labios. Me hallaba apunto de salir cuando observé la diadema que hacia juego con el traje. Eran las orejas de Minnie. Y no podía salir del cuarto sin ellas.
Cuando hube tomado aquella diadema-orejas, como no muy cariñosamente bauticé, sentí que, definitivamente, si podía odiar a Draco Malfoy. Me imagino que él no utilizará orejas, seguramente lo hizo con la intención de molestarme, aunque no había un motivo para que lo hiciese. ¡Claro! Le rechacé. Motivo suficiente.
Me coloqué las orejas y salí del cuarto caminando bastante rápido. Iba cuarenta minutos tarde, no lo había planeado, pero el tiempo había pasado deprisa. Los pasillos estaban desiertos en su mayoría; solo me encontré con una pareja a mitad de camino, pero ellos estaban muy concentrados uno en el otro y no me prestaron atención. Cuando estaba cerca del gran salón se comenzó a escuchar música y comencé a encontrarme con gente que eran escoltados hasta el gran salón para que se unieran al festejo.
Al entrar me quedé bastante sorprendida, el lugar estaba a rebosar. Habían varias mesas al fondo seguramente con la comida. Y otro grupo de mesas llenaban el lado izquierdo. Allí se podían ver algunas personas sentadas. Al lado derecho había una tarima con algunas decoraciones de Hallowen y en el centro algunas parejas bailaban.
Nerviosa caminé en busca de algún rostro conocido. Me conformaba incluso con encontrar a Malfoy, pero el rubio no parecía estar por ningún lado. ¡Y yo sintiéndome culpable por llegar tarde! ¡Él quizás no llegue! Seguramente podría inventarse alguna excusa como la que inventó en la gala y su padre le dejaría irse a cualquier sitio. ¡Y yo aquí vistiendo como una infante!
-¡Hermione!- la voz de Luna Lovegood me tomó por sorpresa. Me giré hacia una mesa y me encontré a la rubia, una sonrisa de oreja a oreja adornaba su rostro.
-Luna. Te ves...bien.- comenté acercándome, la rubia no parecía estar disfrazada de nada en particular. Vestía un traje azul ceñido y tenía el cabello recogido.
-Gracias, me quise disfrazar de Luna Lovegood. Sabía que nadie pensaría en hacer lo mismo.- me comentó con la misma sonrisa risueña que siempre conservaba y que, admito, a veces yo envidiaba. Y no podía dejar de preguntarme una y otra vez ¿cómo una persona con una forma de ser tan jovial y un rostro tan angelical podía ser una ladrona?
-Muy original.- dije con una sonrisa, debía admitir que Luna lo era. Jamás se me hubiese ocurrido disfrazarme de mi misma.
-El jefe te estaba buscando...era un ratoncito enojado muy gracioso.- comentó Luna riendo, sentí cierto temor al pensar que le había hecho enojar. Aunque Malfoy me tenía mucha más confianza que a las demás personas, él seguía siendo el jefe y yo solo la guardaespaldas.
-No le vi al entrar. ¿Dónde está?- me atreví a cuestionar.
-Le vi hablando con Astoria hace un rato.- me dijo mirando hacia algunas mesas adelante. Me giré a mirar, pero no logré ver a nadie que conociese.
-¡Pero que belleza de ratoncita!- comentó Zabinni, reconocería la voz jovial y divertida en cualquier parte del planeta.
Me di la vuelta de inmedidto y me encontré con el moreno en compañía de Ginny. Ambos vestían de brujos como me había dicho mi pelirroja que harían. El moreno también llevaba un sombrero de punta y para mi sorpresa tenía un espesa barba blanca. Se parecía a uno de esos viejos brujos sabios y locos.
-Gracias.- respondí sin poder evitar el sonrojo.
-Malfoy te llama, Luna, sube.- le dijo Blaise a la rubia luego de dedicarme una sonrisa.
-Claro.- susurró Lovegood poniéndose en pie y apresurándose a la tarima. Estaba por seguirla, ya que debía reportarme con Draco, pero Blaise me lo impidió.
-Por órdenes del jefe todos debemos sentarnos. Va a hablar el señor Lucius.- me explicó el moreno tomando asiento donde antes había estado la rubia de soñadores ojos.
-Voy a por algo de beber y vuelvo.- nos avisó Ginny dejándonos solos en aquella mesa.
Nerviosa y temerosa rebusqué entre la multitud en busca de aquel cabello platinado y ojos grises. Claramente, Draco me había ordenado que debía permanecer a su lado en todo momento. ¿Traería consecuencias el ignorar su mandato? ¿Se enojaría? ¿Me despediría? Sentía que moriría de los nervios y las manos ya comenzaban a sudarme vertiginosamente.
-En realidad, eres una suertuda.- comentó Blaise de la nada, dejé de mirar hacia la tarima y le enfoqué. El moreno jugaba con una decoración que reposaba sobre la mesa, era una estatua en cristal de una escoba de bruja.
-¿Por qué lo dices?- pregunté no muy interesada.
-Caíste en gracia con el jefe. Incluso te cambio el puesto para evitarte dolores de cabeza.- comentó Blaise riendo, había tomado y su tono de voz daba fe de ello, pero no podría decir que se encontraba borracho.
-No entiendo. ¿Qué quieres decir?- indagué, ahora con curiosidad y confusión.
-Se suponía que trabajarías en la cocina, tú y Ginny. Ya sabes... las bonitas, normalmente, van a la cocina y no la pasan muy bien porque... bueno... los chicos son un poco toscos con ellas. Convencí al jefe de que moviese a Ginny, y a último momento decidió cambiarte a ti.- me explicó Blaise encogiéndose de hombros.
Me quedé paralizada ante su declaración. Malfoy era un saco de sorpresas, y debo admitir que no me esperaba algo como lo que Zabinni decía. ¿Por qué Draco haría eso por alguien que, según él, le producía desconfianza?
-Atención. Antes de continuar con la fiesta el señor Lucius Malfoy desea decir unas cortas palabras.- anunciaba Luna de pie en la tarima antes de bajar.
Entonces al fin encontré aquel cabello platinado que había estado buscando desde que atravesé la puerta del gran salón. Y no me había engañado cuando dijo que vendría vestido de Mickey. Vestía un traje que parecía mandado a hacer con total exactitud. Camisa negra y pantalón negro con algunos detalles rojos. Y sus dos orejitas llamaban la atención desde el momento que le mirabas.
Era un espectáculo digno de ver. El rostro que en un momento me había parecido duro y frío mirado desde aquel ángulo, y vistiendo ese disfraz solo parecía el de un niño travieso y escurridizo. Estaba serio en su totalidad, pero un aire sereno se percibía de él. No parecía un ratoncito enojado como Luna había dicho. Lucía, muy a mi pesar, como un ratoncito adorable.
Era difícil encontrar ese mismo toque adorable en el rostro de su padre. Lucius Malfoy lucia imponente con su traje negro y su cabello rubio cayendo libremente por su espalda. Su bastón, además de brindarle soporte, le proveía elegancia y un porte aristocrático digno de envidiar. El Malfoy mayor lucia tenebroso, imponente, frío y calculador. Incluso me vi obligada a preguntarme cómo podían dos seres ser tan cercanos, tener rasgos parecidos y, al mismo tiempo, estar rodeados de atmósferas diferentes.
-Gracias a todos por asistir. Los Malfoy estamos contentos de contar con la presencia de cada uno de ustedes. Nuestra asociación agradece la presencia de cada uno. Estaremos regalando una botella de vino a cada familia convidada en honor a nuestro nuevo producto que se estará lanzando al mercado en dos semanas. ¡Que sea una velada digna de recordar! - sentenció Lucius con un intento de sonrisa, pero lucia tan fría y calculadora que solo conseguía que los pelos de me erizasen. El antiguo jefe se hizo a un lado consediendole la palabra a Draco, quién, visto desde mis ojos, parecia ansioso.
-Como a dicho mi padre, estamos agradecidos de su presencia en esta celebración que acostumbramos realizar. Como nuevo jefe, y artífice de nuestra nueva producción de vino estoy orgulloso y refocijado de que se encuentren entre nosotros. Esta es noche de fiesta... ¡viva el Hallowen! ¡Y vivan los Dragons!- exclamó Draco y no se hizo esperar la ola de gritos desde el otro lado.
A mi lado Blaise exclamó un barítono y profundo: ¡Dragons! Por un instante, pensé que perdería mi audición ante el montón de gritos que le siguieron. Claramente eran los chicos del cartel los que estaban haciendo tanto bullicio. Luego de esas palabras los Malfoy parecían abandonar el escenario así que me apresuré a acercarme al mismo.
-Jefe...- llamé a Draco cuando me encontré a poca distancia, se giró rápidamente.
-Castaña.- murmuró cuando nuestros ojos se toparon.
Fueron apenas algunos segundos los que conectaron a nuestras miradas. Porque los grises ojos habían bajado por mi vestimente rápidamente dejando a un lado nuestro contacto visual. La mirada descarada de Blaise siempre me hacia sonrojar, pero la mirada de Malfoy me hacia sentir expuesta y nerviosa. Él te miraba como si puede ver más allá de lo aparente.
-Lamento llegar tarde.- intenté excusarme rápidamente. Draco volvió a hacer contacto visual conmigo, pero cuando estaba por hablar alguien le interrumpió.
-Debo inquirir que eres Hermione Aldrich.- habló Lucius mirándome fijamente. Apoyándose completamente en su bastón, sus ojos azules eran meticulosos y profundos...pero no conseguían el mismo efecto que los del Malfoy menor.
-Así es. Es un honor conocerle señor Lucius.- hablé haciendo un gesto de reverencia.
-El honor es mío. ¿Te dijo mi hijo que deseo hablar contigo?- me preguntó
-Si, algo me comentó.- acepté, al parecer el rubio planeaba que habláramos en este preciso instante.
-No puede ser ahora padre, Hermione estará cuidándome.- le interrumpió Malfoy en voz baja.
-Es solo una chica ¿crees que pueda cuidarte?- preguntó Lucius en otro idioma, seguramente francés, siempre utilizaban ese idioma cuando no deseaban ser entendidos.
-Es una excelente tiradora.- habló Draco en el mismo idioma que Lucius, el hombre de largo cabello rodó los ojos y luego simplemente asintió e hizo un movimiento e cabeza.
-¿Discusión padre e hijo?- interrogué arrugando el entrecejo.
-Así es siempre. - expresó, entonces un gesto de enojo le dio aquel toque de ratoncito enojado del cual Luna había hablado. Y para desgracia mía también lucia adorable con aquel gesto.
-Antes de que tu padre... bueno... interrumpiera, quería pedirte excusas por retrasarme, jefe.- volví a excusarme, Malfoy dio un paso para acercase a mi.
-A una ratoncita tan hermosa es imposible no excusarle.- comentó con una sonrisa burlona, pero sin mirarme.
-Me alegra ser excusada.- acepté cruzándome de brazos y sonriendo.
-Ven.- dijo tomando mi mano y obligándome a seguirle. Camibamos entre las personas en silencio, Malfoy dedicaba algunas sonrisas y yo simplemente intentaba imitarle. ¿A dónde íbamos?
Su mano era tersa y de dedos largos. Las había contemplado dias atrás, en una de esas ocasiones que me encontraba recordando a Víctor y cuando volvía en si me encontraba observando cosas que no debería estar observando. En esa ocasión mis ojos descansaban sobre las manos de un Malfoy que se encontraba inclinando las mismas sobre el borde de una mesa mientras escuchaba atentamente a Parkinson.
Tenía las manos de muñeco, como aquel que jamás ha hecho trabajo que requiera mucho esfuerzo. Las uñas perfectamente arregladas y con un brillo que si no estuviese segura que era algún tipo de pinta uñas transparente pensaría que era natural. Él tenía un ligero movimiento involuntario en las manos y cada cierto tiempo, cuando había mucho silencio, podías escuchar el golpe de sus dedos contra la madera.
-¡Draco!- la voz de Astoria consiguió que Malfoy frenase de golpe, y por consiguiente, yo me viese obligada a imitarle. La rubia se encontraba disfrazada de hada; un trajecito violeta, el cabello recogido y unas alas lo suficientemente grandes para no pasar desapercibidas.
-¿Necesitas algo?- cuestionó Draco.
-Si. Un baile estaría bien.- sentenció la rubia con una sonrisa sujetando la mano derecha del rubio. El jefe me soltó al sentir el jaloncito de ella.
Pude escuchar cierta queja en él, no parecía tener el deseo de bailar con la rubia de azules ojos. Aún así, pasados unos segundos de pensarlo asintió. Se giró hacia mi y yo solo le dediqué una sonrisa satisfecha y caminé hasta encontrar al fin a Harry. El Moreno se encontraba con otros de los reclutas que habían entrado al mismo tiempo que nosotros.
-¡Hermione! Al fin llegas.- comentó mi Moreno, unos colmillos de fantasía permitían comprender que se había disfrazado de vampiro.
-Ya no te juntas con nosotros desde que el jefe te tiene como su favorita.- comentó Lavender Brown soltando una risita y el comentario me estuvo agrio en sobremanera.
-Estoy muy ocupada en realidad.- acepté intentado esbozar una sonrisa. Seguramente, una mueca fue lo que se reflejó en mi rostro.
-Estas bonita, Hermione.- me elogió Cormac deteniéndose a mi lado, vestía del capitán garfio. Por un momento me imaginé a Malfoy vistiendo de Peter Pan y tuve que esforzarme por borrar la imagen. ¿Por que pensaba en él?
-Gracias.- respondí sonriendo, el castaño se sentó a mi lado y se quitó el sombrero de pirata antes de tomar un sorbo de su bebida.
-Al parecer el jefe por fin dejo de rondarte.- comentó con una sonrisa.
-Que no te escuche.- susurré sin poder ocultar mi tono cómplice y divertido.
-¿No crees que te acapara mucho? Como si tuviese un interés personal en ti.- intentó darme conversación.
-Soy su guardaespaldas así que no me acapara, mi trabajo es estar detrás del.- expliqué, aunque estaba de acuerdo con Cormac, algo dentro de mi demandaba fidelidad al jefe de cierta forma.
-Claro, tienes razón. Pero hoy, por ejemplo, no había motivo para que te eligiese como su pareja si la fiesta sería aquí en la mansión.- explicó
-En eso debo admitir que tienes razón.- no dude en aceptar dando un sorbo a mi jugo de frutas.
-Me gusta que estemos de acuerdo. ¿Bailamos?- me interrogó poniéndose en pie.
-Por qué no.- respondí sujetando su mano.
Nos acercamos al área de baile y Cormac paso su mano por mi cintura. Sonaba un vals cuando comenzamos a bailar, suave, melódico y envolvente. Mclaggen era un excelente bailador, era él quién nos dirigió a ambos durante el tiempo que estuvimos bailando.
-¿Sabes bailarlo?- me preguntó cuando la canción hubo terminado y comenzó a sonar una salsa.
-Por supuesto.- respondí con una sonrisa.
El baile era agotador, pero disfrutaba al máximo cada segundo. Me encontraba distraída al máximo, la canción duró unos cinco o seis minutos. Pasados los cuales nos detuvimos sin poder esconder nuestras sonrisas. Yo me encontraba lista para la siguiente canción, pero Mclaggen parecía completamente extenuado. Parece que el chico no tenía tanta resistencia.
-Uff...hace mucho no bailaba salsa...- comentó.
-Yo no tanto.- susurré.
Sin poder evitarlo cierto rubio de grises ojos atravesó mis recuerdos. ¿Por que últimamente todo me traía a Malfoy a la memoria? El jefe había conseguido meterse en mis pensamiento sin pedirme ningún tipo de permiso. Me encontraba pensando y evaluando el motivo por el cual Draco Malfoy fuese tan popular en mi mente cuando comenzó a sonar un flamenco. Yo no era experta en ese ritmo, pero me encantaba observar a los profesionales realizar sus hermosos montajes.
Cormac tiró de mi brazo para acercarme a él, pensé que quería bailar, pero para mi sorpresa solo me estaba sacando de en medio. El grupo que bailaba había realizado un círculo alrededor de una pareja. No tenía que esforzarme para saber quiénes eran. Draco y Astoria. La rubia no parecía ser una experta en la materia, pero Malfoy se movía con tal fluidez que me hacia pensar que había tomado clases.
Luego de los primeros segundos Draco soltó las manos de la rubia y esta se hizo a un lado dejándole aél toda la atención. Se movía con gracia, fluidez y ritmo. Todos miraban disfrutando el espectáculo. Draco era un excelente bailarín...era definitivo. Me encontraba con las manos entrelazadas detrás de mi espalda cuando aquellos orbes grises fueron a parar en los míos y una sonrisa socarrona se resbaló de sus labios mientras se acercaba a mi.
Extendió una de sus manos invitándome a bailar y yo sentí que mis mejillas ardían. Todos nos miraban. ¿Por qué lo hacía? Malfoy no aceptaría una negativa, así que me sujetó de la cintura y me vi obligada a bailar con él.
-Te exigiré un salario adicional por todas las cosas que me obligas a hacer. - susurré, Malfoy simplemente seguía con su baile.
Me obligó a dar un giró cuando la canción ya estaba finalizando. Terminó inclinándome hacia el suelo al tiempo que sujetaba mi cintura para impedir que fuese a caerme. Su rostro quedó cerca del mío, nuestras respiraciones fácilmente podrían ser contadas como una sola y sus ojos, como nubes de tormenta, penetraban en los míos con una profundidad inquietante.
Por algún motivo, que en ese momento no logré entender, la respiración me era pesada y tenía que respirar por la boca. Por reflejo, una de mis piernas se había elevado casi hasta la cintura de Draco y él la sujetaba superficialmente con la mano que no sujetaba mi cintura. Los aplausos no tardaron en llegar, esto me sacó del trance, y al parecer también a Malfoy, quien tiró de mi para volver a enderezarme.
-Gracias.- susurró depositando un beso en el dorso de mi mano antes de darme la espalda y alejarse.
-De nada...- susurré observando sus espaldas.
Al girarme en busca de Cormac me encontré de frente con aquellos ojos azules que brillaban con enojo. Astoria se encontraba con los brazos cruzados y la mirada enojada, apenas unos pocos pasos nos separaban. Estuve tentada a darle la espalda y alejarme, pero ella comenzó a caminar hacia mi y yo simplemente esperé que me alcanzara.
-¿No te dije algo?- me preguntó cuando llegó a mi.
-No recuerdo que hallamos hablado hoy.- bromeé intentando reducir la tensión que se acumulaba en el aire.
-Hoy no. Hace un tiempo te advertí que no confundieras a Draco. Él ha sufrido mucho y si se llegase a enamorar de ti sufriría más.- me dijo enojada, sus ojos acusadores me golpeaban.
-¿Por qué sufriría?- pregunté cruzándome de brazos. Quería saber cuál era su opinión respecto a mi.
-Porque tú no sientes lo mismo que él.- fue su simple respuesta, y con ella, consiguió desarmarme. Luego simplemente se alejó golpeando mi hombro derecho con el suyo en el proceso.
-Maldición...- murmuré entre dientes, ya no tenía deseos de seguir en la fiesta así que me apresuré a la salida.
Había mucha gente en el pasillo camino a mi cuarto, así que decidí irme al jardín. Los Malfoy eran muy meticulosos con sus cosas y probablemente nadie estuviese allí en medio de la fiesta. Al atravesar la puerta que daba al jardín comprobé lo que de antemano sabía. Allí no había nadie.
El silencio y el frío de la noche me recibió con alegría. Podía escuchar el sonido de la naturaleza a medida que caminaba; era fascinante. Me detuve en un banco de cemento y me acomodé en el mismo para poder contemplar la luna llena. De momento, ser policía, me parecía lo más complicado del mundo. ¿Por qué Malfoy no podía ser un criminal sanguinario y despiadado?
Él era frío, serio, y de pocas palabras cuando estaba total y absolutamente sobrio. Tenía la mirada dura, y en ocasiones, daba la impresión de no tener piedad ni empatía con nadie. Aún así, habían días en los que amanecía regalando sonrisas burlonas y contando chistes cargados de sarcasmo. Lamentablemente, dentro de esas múltiples facetas que podía tener el jefe, jamás había mostrado ser una persona frívola y sin sentimientos. Al contrario, siempre parecía preocuparse por sus "trabajadores" y "socios".
Eso me llevaba a odiar por algunos momentos mi trabajo. ¿Por qué tenía que revelarme cosas de su vida privada? ¿Por qué me dijo que su madre estaba muerta? ¿Por qué había tenido que sentirme identificada con él aquel día en el karaoke? ¿Por qué no podía odiarlo aún cuando cabía la posibilidad de que fuese el asesino del amor de mi vida? ¿O es que acaso... ya mi mente lo creía incapaz de asesinar a alguien?
-No es bueno estar aquí sola a estás horas de la noche. Y tu deberías estar cuidándome.- habló una voz a mi espalda, me di la vuelta, encontrándome con él.
-Quería tomar aire.- mentí, Malfoy se movió hasta mi lado y se dejó caer en el espacio que quedaba vacío.
El silencio reinó por lo que me parecieron largos y eternos minutos. Draco había inclinado sus codos de sus rodillas y tenía la cabeza baja, escondida entre sus manos, con las cuales acariciaba su cuello. Ahora, aparte del sonido de la naturaleza, podía escuchar su respiración acompasada y casi inexistente romper con el silencio. Draco extrajo de su bolsillo izquierdo una pulsera de plata con unas orejitas colgando como adorno.
-¿y eso?- pregunté.
-Pensé que se te vería bien.- explicó extendiendo su mano hacia mi con la intención de colocármela.
-Creo que ya tengo suficientes accesorios...- inicié mi protesta, pero Malfoy colocó uno de sus dedos en mis labios obligándome a guardar silencio y prosiguió a colocarme luego la pulsera.
-Eres la más hermosa de la fiesta...- susurró mirándome fijamente, era sorprendente como podía no decirme nada nunca y de repente hacer aquellas declaraciones tan furtivas y sinceras. Sus dedos, largos y suaves recorrían mi rostro lentamente. En mi interior, temía que volviese a intentar besarme, o hacerme algo, pero dentro de mi, para mi sorpresa, me sentía segura en compañía del jefe.
-Gracias.- susurré, Draco dejó de acariciar mi rostro y volvió a su antigua posición.
-Hermione...algún día...tú y yo seremos algo más que jefe y guardaespaldas.- me dijo con seguridad.
-Eres muy insistente.- me atreví a comentar.
-Lo soy...y decidí que quiero que sientas por mí lo que yo siento por ti.- me advirtió fijando sus ojos en los míos.
-El amor no se fuerza...- intenté razonar.
-¿Amor? ¿Quién ha hablado de amor? No te emociones, castaña. Amar es algo muy grande.- se burló sin esconder su sonrisa.
-Como sea. Ya te he dicho que...
-Ya se. Te he escuchado. Pero no quiero aceptarlo. Siempre consigo lo que quiero.- sentenció poniéndose en pie.
-Está vez no creo que lo consigas.- le advertí.
-¿Quieres apostar? Ya voy ganando. Lo veo en tus ojos.- afirmó antes de alejarse. Y sus palabras consiguieron alterarme, y dejarme confundida.
Continuará...
¿Qué les pareció? ¿Reviews? ¿Conseguirá Draco enamorar a Hermione?
