Los personajes de esta historia le pertenecen a S.M, yo sólo me adjudico de la creación de algunos personajes pero la trama es mía y sólo mía.


Lo sé ni me lo digan UN MES SIN ACTUALIZAR. No tengo perdón y la verdad no tengo excusa. Estuve de vacaciones pero nada, la inspiración simplemente no me llegaba. Estaba tirada en el sofá sin nada que hacer perdónenme pero vengo a compensarles el tiempo sin subir nada con un capítulo larguísimo espero que les guste y de nuevo mil disculpas. Las quiero mucho *inserte un corazón aquí*


Playlist

0)Silhouettes – Of monters and men

14. Escape de la realidad

Bella POV.

Abrí los ojos y lo primero que sentí era ese horrible dolor de cabeza después sentí los brazos de mi acompañante rodearme la cintura y su barbilla estaba recargada en mi hombro. Los rayos de sol que entraron por la ventana lograron aturdirme y despertarme al fin de mala gana, a pesar de que era una gran amiga del sol esta vez su luz me lastimaba la vista y sólo lograba que mi migraña creciera más, -probablemente- no, seguramente tenía una gran resaca y con toda razón después de haber bebido tanto vino no esperaba ver consecuencias tan rápido, esta era la primera vez que me embriagaba con vino pero bueno al menos ahora había descubierto cuál era mi límite en caso de que la próxima vez que alguien me invitara a tomar una copa de su vino más añejo.

No me había embriagado hasta al punto de olvidar todo y volverme loca, al contrario sólo estaba relajada pero aún consiente de mis actos. En fin, ese era el otro asunto, me sentía muy culpable porque definitivamente usé a una buena persona como Andrew para mi beneficio, la usé con la esperanza de olvidarme por completo y superar a Edward, cosa que ahora parecía imposible de lograr. Y lo más triste de este caso es que pensé que todo lo nuestro fue real, pues al menos así sentía pero desafortunadamente no era nada más que una farsa y otro de sus juegos sucios para vengarse.

Edward, hasta ahora me costaba trabajo decir su nombre sin estallar de ira. Estaba más que molesta ¿Quién se creía que era? ¿Cómo se atreve engañarme de esa manera? Me sentía traicionada pero yo no planeaba quedarme de brazos cruzados, no señor.

— Buenos días princesa.

Andrew susurró en mi oído y besó mi sien.

A cualquier chica aquel gesto viniendo de una persona tan atractiva como Andrew la haría derretirse en sus brazos, pero no en mi caso. En cambio sólo logró traerme viejos recuerdos y un mal sabor de boca, pero en verdad no lo culpaba, no era su intención y no estaba al tanto de lo que sucedía en mi vida romántica. Y en caso de que me abriera hacia él y le pusiera el corazón en la mano cosa que definitivamente no iba a suceder, de todas maneras él no me creería. Había llegado a la conclusión de que mi vida era demasiado complicada al punto que parecía telenovela.

— Hola. — suspiré aún sin sonreír. — ¿Qué hora es? — tallé mi ojo levemente con mi nudillo.

— Eso no importa. — comenzó a hacer un camino de besos húmedos por mi hombro hasta mi cuello. — Sólo quiero quedarme contigo todo el día atado a esta cama.

No sabía si seguirle la corriente como anoche o poner los pies sobre la tierra y dejarle en claro las cosas. No quería lastimar sus sentimientos, pero tampoco me quería ver obligada de querer a una persona por la cual no sentía nada, parecía que toda la historia se estuviera repitiendo pero esta vez no cometería el mismo error. Ya había aprendido mi lección y no planeaba tropezarme con la misma roca por segunda vez.

— Si lo deseas quédate ahí, yo me largo. — dije malhumorada.

— ¿Dije algo mal? — alzó ambas cejas sentándose a la cama, recargado su espalda sobre la cabecera.

— No, Andrew no es eso. Sólo quiero… salir a correr.

Necesitaba estar sola para pensar las cosas. Y esa era la única cosa que se me había ocurrido hacer, desquitarme del estrés por medio del ejercicio.

Y sin pensarlo dos veces me solté de su agarre y me paré de la cama en un salto. Había olvidado por completo que estaba desnuda así que apenada, tomé la camisa Andrew que yacía tirada en el suelo y me la puse completamente sonrojada.

— Oh vamos, no hay nada que no haya visto ya. — ronroneó y alzó las cejas sugestivamente.

Rodeé los ojos ignorando su comentario.

— Por cierto, te queda bien. — sonrió de oreja a oreja.

Y la realidad me golpeó con una bofetada.

— No empieces.

Me quité la camisa que me acababa de poner hace no más de cinco segundos de mala gana y se la arrojé en el rostro para después tomar mi maleta y cambiarme en el baño.

— ¿No quieres que te acompañe?

Me detuve en el marco de la puerta en el preciso momento que preguntó aquello y lo miré por encima de mi hombro.

— Andrew…

Fruncí el ceño porque en verdad no sabía que decirle, no quería ser una total y completa perra con él. No después de todo lo que había hecho por mí. Pero tenía que ponerle un alto porque en primera no quería que esto llegara muy lejos y en segunda porque no quería darle alas, ya lo había arruinado lo suficiente en el primer momento en que me dejé llevar y lo besé.

No era culpa de él o del alcohol, era solamente mi estúpida culpa.

— No me presiones. — dije en apenas un susurro y cerré la puerta de baño con fuerza antes de que me contestara y pudiera detenerme.

Era una cobarde, simplemente no pude armarme de valor para decirle las palabras que tenía atoradas en la garganta quería decirle la verdad. Quería decirle que había cometido un error y lo nuestro no iba a suceder pero tenía la costumbre de no pensar bien lo que decía y hería los sentimientos de las personas por a veces no tener tacto y amabilidad con ellas. Por eso, primero tenía que aclarar mis ideas y preparar bien lo que le diría porque no estaba dispuesta a perder una amistad tan genuina como la que tenía con él, era lo más real que había tenido hasta ahora y era la única esperanza que me quedaba.

Tomé la ropa deportiva que cuidadosamente había doblado guardado en mi maleta y de inmediato me la puse, me sentía demasiado ansiosa y tenía ganas de sacar toda esa frustración a golpes pero sin un gimnasio cerca iba a ser imposible de lograrlo así que mi única opción era salir a correr y llegar esos pulmones de oxígeno. Una vez lista, salí por la otra puerta que estaba en el baño y en silencio baje las escaleras para salirme por la puerta trasera de la cocina que daba hacia el jardín. Mientras caminaba hacia el portón para darle una vuelta o tal vez dos a la manzana corriendo, se me hacía inevitable mirar por encima de mi hombro para asegurarme que nadie me siguiera, no quería hablar y no estaba de humor para hablar con la primera persona que se me topara en el camino.

Afortunadamente las puertas del portón seguían abiertas debido a que estaban recogiendo el desastre que quedó de la fiesta de compromiso de los famosos tortolos así que me ahorré la molestia de pedir que me lo abrieran, me puse los audífonos y tomé una gran bocanada de aire al salir del territorio de la familia Rhodes; y una vez afuera me preparé y comencé a calentar.

Edward POV

— Edward. — la madre de Olivia se aclaró la garganta. — ¿Me escuchaste? — alzó la ceja y me miró con algo de desdén.

— Perdón estaba distraído. —dije algo apenado, y puse ambas manos en los bolsillos de mi pantalón.

— Pude darme cuenta. — torció la boca. — Olivia, ve a la habitación de tu hermano y despiértalo. — ordenó y ella puso los ojos en blanco.

Sabía cuánto odiaba que le dieran órdenes. ¿Por qué hasta ahora me doy cuenta de la larga lista de las cosas que me disgustan de ella? ¿Por qué no antes?

— Para eso existe la servidumbre. — chasqueó la lengua sin mirar a su madre.

— Olivia, tu padre y yo no te educamos de esa manera. No me hagas repetirlo una vez más. —

Esta vez la señora Rhodes fue más tajante con su tono de voz y me sorprendió porque normalmente suelen ser muy flexibles con ella, porque es la mimada y la princesita de la casa. Ante el drástico cambio de humor de su madre, Olivia se levantó de la mesa de mala gana y la miró con ojos de pistola antes de atacar su orden.

—En cuanto a ti, Edward. — me puse rígido como estatua ante la mención de mi nombre.

Fiona a veces me ponía nervioso, había ocasiones en las cuales me trataban como un completo extraño a pesar de haber salido con su hija por casi tres años.

—Te pedí de favor que si podrías ir a la habitación de invitados y avisarle a Bella que el desayuno está casi servido. Sabes cuánto me disgusta no desayunar en familia.

Me advirtió con aquella mirada al mismo tiempo que se acomodaba sus lentes.

— Esta bien. — contesté sin ganas y me caminé hacia la salida arrastrando los pies.

Decir que me sentía pésimo era quedarme en corto. No había podido dormir bien anoche porque cada vez que cerraba mis ojos podía ver la cara llena de tristeza y enojo de Bella y su dolor era mi dolor. Fui un completo cretino, pero ahora debía aceptar las consecuencias.

Salí de mala gana de la casa y emprendí mi caminata hacia la casa de invitados, desearía que fuera al revés y a mí me tocara despertar a mi compañero. Para ser honestos no tenía la más mínima idea de qué le diría a Bella, porque no sólo planeaba despertarla. Quería explicarme pero lo que me asustaba era la manera en que reaccionaría con tan sólo verme, probablemente me cerraría la puerta en la cara antes de decirle palabra alguna o la segunda opción sería que me ignorara o me soltara una cachetada como anoche. Mis piernas comenzaron a temblar cuando comencé a estar a metros de la dicha casa de huéspedes.

A falta de palabras, me senté en la banca que estaba en el porche y coloqué mi cabeza entre mis piernas mientras pensaba en un discurso que decirle. Quería y tenía disculparme una vez más con ella, tenía que arreglar las cosas.

— Lo de anoche no debió de haber pasado, siento haberme dejado llevar.

Una voz femenina familiar se logró escuchar dentro de la casa me tensé de inmediato.

— ¿Te estas arrepintiendo? — Andrew le contestó y me quedé atónito.

¿Qué había sucedido anoche? ¿Qué hacía él ahí? Tensé la mandíbula y me senté derecho en la banca parando oreja con el fin escuchar toda la conversación y aclarar mis dudas.

— Andrew, te quiero… te aprecio muchísimo pero— hubo una pausa. — Voy a ser honesta contigo, te quiero sólo como amigo.

— Eso no lo decías anoche. —dijo con un gruñido

¿Se acostó con él? Ya podía imaginármelo, ella era así, no se iba o se echaba para atrás hasta obtener lo que quería. A Isabella le gustaba jugar con los sentimientos de las personas y ahora Andrew era su nueva presa.

— Mira, lo lamento mucho. Andrew prefiero ser honesta contigo a darte alas. Eres muy atractivo pero perdón tú no eres mi tipo y entre nosotros no hay química.

Ouch. Que directa.

— O ya entiendo todo esto. — bufó — ¿Te gusta alguien más?

Casi pego mi oído a la puerta para escuchar su respuesta.

— No. — dijo en apenas un tono audible.

— ¿Entonces? — mi amigo preguntó. — Bella puedo probarte que estas equivocada, permíteme cortejarte y tratarte como te mereces.

— No Andrew no quiero que lo hagas. — alzó la voz. — No gastes tu tiempo en mí.

— ¿Qué podemos perder intentándolo? — insistió y evité poner los ojos en blanco.

— Te dije que no— respondió tajante.

— ¿A qué le tienes miedo?

— A perder lo único real que he logrado tener. — confesó. — He estado rodeada de tantos problemas y de tanta gente falsa que me cuesta trabajo saber si la gente es genuina conmigo o no, he salido lastimada y hasta ahora eres el único que me ha probado lo contrario. Que no toda la gente en este mundo es malvada y se aprovecha de los demás. — se me hizo un nudo en la garganta. — No quiero perder la amistad que tenemos Andrew, no quiero tirar todo por la borda por un capricho que ambos tenemos.

¿Ambos? ¿Quiso decir que ella siente algo también? Pero que contradictoria es, hace unos instantes le dijo que no era su tipo y ahora se le estaba confesando. Que patética y cursi era, primero me jura amor eterno a mí y después a él, era claro que Isabella Swan ya tenía preparadas todas sus jugadas.

Había escuchado suficiente, ahora ni loco me disculparía con ella ya que con esa conversación me habían quedado bastante cosas claras, entre ellas que era una hipócrita y en segunda que ella nunca me quiso. Me levanté de sopetón y toqué la puerta con mis nudillos repetitivamente.

Segundos después el ángel desterrado del cielo abrió la puerta y tenía lágrimas desbordando de sus ojos, no sabía si era real o era parte de su actuación pero una parte de mi corazón se estrujo al verla de esa manera; pero de ninguna manera la reconfortaría claro que no. En seguida ella se secó las lágrimas rápidamente y su mirada cambió de tristeza a odio en segundos. A veces me preguntaba si tomaba clases de actuación.

Nuestras miradas se cruzaron y no dijimos palabra alguna por segundos, era como si ambos tratáramos de leernos o hablar con los ojos.

— ¿Qué quieres?

Ella habló al fin, su cuerpo estaba tenso y podía jurar que estaba a punto de soltarme un golpe pero se estaba aguantando las ganas porque había testigos presentes.

— La madre de Andrew me envió para avisarte que el desayuno está servido.

— Dile a mi madre que iremos en un instante. Que empiecen sin nosotros. — Andrew habló por ella y alcé las cejas tratando de parecer sorprendido, como si no supiera que él se encontraba ahí hasta ahora.

— Pero ella dijo.. — comencé a balbucear.

— ¿Es todo? — alzó la barbilla, interrumpiéndome.

— No en realidad…— dudé pero mis ojos contaban otra historia.

Mi mirada pedía a gritos que quería hablar con ella, pero no podía decirlo en voz alta porque nuestro tercer acompañante podía sospechar. Ella pareció darse cuenta pero aun así seguía mirándome con menosprecio.

— Lástima, adiós. — sonrió a medias y me cerró la puerta en las narices.

Bella POV

— ¿Era necesario cerrarle la puerta en la cara? — preguntó Andrew.

Andrew y yo más o menos habíamos hecho las paces, al fin había tenido la oportunidad de decirle lo que sentía y dejarle varias cosas en claro. Me lastimaba haberle roto el corazón pero era la mejor opción. Se podría decir que lo que había entre nosotros se había arreglado y había vuelto a la normalidad, pero claramente estábamos en la fase incómoda.

Y era normal, nos acostamos y después le dije que no quería nada con él.

— Ya supéralo. Eso fue hace horas. — dije en tono de broma. — Reaccionas lento Rhodes.

— Bella…— chirrió los dientes y rodeé los ojos.

— Necesitaba desquitarme con alguien. ¿Está bien? — me encogí de hombros tratando de no darle vueltas al asunto.

No quería darle explicaciones a Andrew, aparte de que él le daría mucha importancia el sabría si miento o no. Y lo conozco tan bien que sé que sería capaz de que sucede entre Edward y yo.

— ¿Te desespero tanto? — torció la boca.

— No claro que no. — Me volteé de y palmeé su hombro de manera rara, se sentía como si tratara de reconfortarlo pero a la vez no quería tocarlo.

— Debemos irnos, antes de que mi madre entre en pánico. — Abrió los ojos como platos— Ella odia no tener a la familia unida para el desayuno. — arrugó la nariz.

— Esta bien. — suspiré. — ¿No crees que le moleste que me presente así? — señalé mi atuendo pero el negó de inmediato.

Para mi gusto iba cómoda y casual pero si mi mejor amigo Scott me veía así, diría que ando en fachas y nada más lo dejo en ridículo.

Lo primero que hice después de correr fue tomarme una ducha y ponerme lo primero que encontré. Estaba usando una camisa azul cielo de manga tipo tres cuartos, era algo ajustada a la cintura; también tenía unos jeans azul marino y los había doblado a los tobillos, y para finalizar los converse blancos de siempre y no estaba usando maquillaje.

— Te preocupas demasiado. — me sacó la lengua de manera juguetona mientras nos acercábamos a la salida.

— La primera impresión cuenta mucho. — le recordé y el sólo chasqueó la lengua.

— Cálmate ridícula. — golpeó mi hombro. — Y en parte, la primera impresión la diste el viernes.

Antes de salir para dirigirnos a la casa de sus padres, me di un último vistazo en el espejo que estaba colgado arriba del porta llaves y casi suelto un grito a ver mi apariencia. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar, no quería que me preguntaran si me encontraba bien porque no lo era así, y no quería mentir así que lo primero que hice fue tomar los lentes de sol que había dejado en la mesa el día anterior y me los puse en seguida para después salir corriendo junto a Andrew de la casita de huéspedes.

Llegar a la casa para tomar el desayuno juntos fue la cosa más embarazosa e incómoda de toda mi vida. Obviamente cuando llegamos los padres de Andrew nos miraron con la mirada, esa mirada cuando ellos saben la razón por la cual su hijo no se había quedado en su habitación, el señor Rhodes miraba a su hijo con orgullo mientras que yo casi me ahogaba en mi propio sonrojo, trágame tierra.

Por otra parte, Olivia, la princesita de la casa me miró con tanto desdén y a kilómetros se le podía leer su mente gritándome lo puta que era cuando ella la verdad no se quedaba atrás. A parte de que se le veía a lenguas que juzgaba mi atuendo y bueno al futuro integrante de la familia de mi compañero de trabajo ni siquiera le dediqué la mirada.

— Buenos días, Disculpen la tardanza. — suspiré apenada mientras Andrew arrastraba la silla contigua a él para que me sentara.

— No te preocupes mi niña. — su madre me guiñó el ojo y el rubor apareció de nuevo.

Antes de tomar asiento mi teléfono comenzó a vibrar violentamente, al principio pensé que era un mensaje pero no para de vibrar y lo podría dejar para después pero al parecer estaba equivocada, me estaban llamando así que saqué el teléfono para ver la pantalla y saber quién me llamaba y me sorprendió ver que era de un teléfono privado.

— Ahora vuelvo, Iré a contestar.— Señalé el teléfono con una sonrisa tímida. — No quiero hacerlos esperar así que comiencen sin mí.

Andrew asintió, encogiéndose de hombros y se sentó en la silla que estaba a lado de donde me sentaría.

Les di la espalda y salí a paso rápido de la escena para irme directo al balcón y contestar en aquel lugar donde estaba más que segura que nadie me escucharía.

— ¿Hola?

— Al fin contestas, estaba a punto de colgar. — dijo molesta.

Me sorprendió escuchar la voz de mi hermana Rosalie por el otro lado de la línea y mi cuerpo se tensó un poco al escuchar su –dulce- voz.

— Pensé que nunca volvería a escuchar de ti. — tosí incómodamente.

— Ah como crees hermanita, te lo había dejado muy en claro.

— Por cierto, nunca mencionaste o avisaste que tendría a matones pidiéndome que trabajara para ti, según yo recuerdo que juraste vengarte por no haberte comentado que trabajaba para la policía. — le recordé.

— ¿Es que acaso no puedo cambiar de opinión? — dijo dolida. — Equivocarse es de humanos. — podía jurar que se estaba tocando el corazón, era parte de su actuación. Se le escuchaba en seguida que no hablaba en serio.

— Rosalie…— rodé los ojos.

— Shhh— me calló. — Dijiste trabajabas para la policía. Eso es música para mis oídos ¿Acaso escuché bien?— se escuchó una risa amarga.

— Sí. — respondí a secas.

— ¿Qué te hizo cambiar de opinión? — preguntó.

Miré por encima de mi hombro y vi al hombre que causó todo este desastre, a lo lejos Edward miraba hacia mi dirección devolviéndome la mirada, en seguida observé a la bella vista que daba hacia el balcón.

Olvídate de él, olvídalo ya. Mi mente ordenó.

Él no lo vale.

— ¿Importa?— dije a la defensiva.

—Oops, pregunta equivocada ¿Tal vez será un quién en vez de un qué?

Su voz aparentaba ser inocente pero yo sabía cuáles eran las intenciones de mi hermana.

— No metas las narices donde no te incumbe.

— Bingo Ding ding ding tenemos a un ganador. — soltó una risita. —Déjame adivinar...tu futura renuncia tiene que ver algo con un joven policía que se llama Edward Anthony Masen Cullen. — me ignoró.

¿Futura renuncia? Pero cómo demonios...

— Sólo deja de molestarme. — la regañé. — ¿Qué quieres? ¿Para qué me marcaste?

— Ni creas que te me escaparas tan fácilmente esta vez hermanita adorada.

— Cómo supiste lo de… eso. — susurré. — Ya sabes a qué me refiero.

— Tengo ojos y oídos por todo Nueva York cariño. — Interrumpió con un ronroneo. — Se todo lo que ha pasado contigo. Sé que suspendieron después de pelear conmigo, y que un... Salías con Edward a escondidas.

— Das miedo Rosalie. Es increíble que ni privacidad pueda tener.

— Eres mi hermana y sabes que haría lo imposible sólo para cuidar de ti.

— ¿A qué se debe tu llamada Rosalie?— cambié yo el rumbo de conversación.

Mi hermana tenía una manera extraña de decirme que me quería y aunque no lo crean esa era su manera de hacerlo.

— Sólo llamé para advertirte de algo. — Me quedé callada para dejarla continuar. — Hay gente que dice no ser quien es. Sobre todo el chico de orbes esmeraldas, hermana te quiero mucho y odio ser tan directa contigo pero el tipo te engaña. Aléjate de él.

— Lamento decirte que me avisas demasiado tarde. — rezongué. — El daño está hecho, te deseo suerte la próxima vez. Pero de todas maneras gracias por advertirme.

— Este bien. Miento no llamé para eso, ya que ahora eres desempleada, yo vengo a tu rescate.

Una sonrisa apareció en mi rostro. Hace años que no sabía de ella, sin embargo, ella no había cambiado nada.

— ¿Me llamas para replantear tu oferta? Que lindo de tu parte querida hermana.

— Yo te ayudé, necesito que regreses el favor.

— ¿Ayudarme? Yo no pedí de tu ayuda así que no hay trato. — la pude escuchar soltar un gruñido de desesperación.

— O vamos te conozco más que a nadie y sé que tarde o temprano ibas a ser tú la que me llamaría.

— Pero nunca sucedió, al contrario eres tú la que me llama suplicando que te auxilie. Las jugadas en el tablero han cambiado, ya no puedes manipularme como solías hacerlo. — con aquello era obvio que había lastimado su orgullo.

— No le estoy ofreciendo un trabajo a la Bella tontita y sumisa— dijo entre dientes. — Le ofrezco un trabajo a la ex policía y a la mejor ladrona de los Estados unidos de Norte América.

— Rose…— suspiré.

— No te atrevas a negarla. Sé que mi hermanita sigue ahí dentro.

— Tal vez tengas razón tal vez no. — fruncí el ceño. — Pero esa Bella tomó unas largas vacaciones y no va a regresar— juré.

Me quedé callada porque aunque me sentía inestable en estos instantes, no quería volver a ser la misma de antes porque si regresaba a ser esa persona, mentirosa, que pasaba sobre las otras personas y se aprovechaba de ella… no habría vuelta atrás. No sabía de lo que sería capaz en unos años si esa maquiavélica parte de mi renace, probablemente no sólo Nueva York se convertiría en un caos, yo Isabella Swan sería un peligro andante.

— Esta bien como quieras. — bufó. —Eventualmente vendrás a mí, siempre lo haces.

— Esta vez no lo haré. — prometí.

— Te estaré esperando con los brazos abiertos hermanita. — Una risa se escapó de sus labios.

— Como tú digas, Rosalie. — le di el avión y colgué el teléfono.

Recargué ambos codos sobre el balcón y comencé a divagar. Pensaba sobre lo que me deparaba el futuro y tenía tantos caminos tanto bueno como malos que no sabía cuál tomar. Estaba ahí parada, con dos laberintos frente a mí y no sabía cuál escoger, y cuando lo hiciera. ¿Cómo sabré que hice lo correcto? ¿Haré lo que sea mejor para mí o para el resto?

A quien engaño, siempre haré lo que sea para complacer a la gente.

Si tomaba el camino "bueno", me imaginaba de la siguiente manera en unos tres años: Sigo viviendo en Nueva York, aún desempleada pero sobrevivo de las fotos que Scott me toma para la página de ropa. Probablemente seguiría en mi caparazón y sólo saldría para visitar a mi hermana, una y otra vez con la misma rutina. Foto, visita, dormir y así sucesivamente. Pero no viviría feliz, al contrario viviría aburrida e insatisfecha porque no me sentiría… viva.

Si elegía el camino "malo", pecaría todos los días. Y volvería a ser la de antes o peor, sería como dar dos pasos atrás en vez de progresar pero al menos tenía algo que hacer… en mi vida antigua había esa chispa que me animaba a levantarme todos los días. Me sentía como Robin Hood porque solía robar a personas corruptas y eso de alguna manera me ayudaba a dormir satisfecha.

Y lo peor o tal vez lo mejor de ambos casos era en que en ninguno de esos caminos Edward estaba contemplado. Eso estaba bien ¿Cierto?

¿Acaso no podría haber una tercera opción? ¿Por qué todo tiene que ser blanco o negro? ¿No hay algo gris?

Pero yo me conocía, y no importaba que camino elegiría siempre me quedaría malcontenta y con "el que pasaría si…" en la boca.

Una mano tomó de mi hombro y por inercia volteé para ver quién me llamaba.

Era Andrew. Mi pequeño y fiel Golden retriever.

— ¿Bella?

— Perdón. Me quedé divagando.

— Eso fue lo que todos notaron. — rio secamente y puso ambos manos en los bolsillos de sus jeans.

— Me sucede con frecuencia por si no te habías dado cuenta.

Andrew pasó si mano por mi mejilla y limpió algo, hasta ahora me daba cuenta que estaba llorando. Me reconforto que mi amigo no hiciera un gran lio de esto o me viniera con la estúpida pregunta que tanto me molestaba, sin embargo, está sería la única vez que no me importaría ya que ni yo misma estaba al tanto de mis lágrimas.

— Lo he notado. — me siguió la corriente y una media sonrisa se apoderó de sus labios, labios que una vez yo besé. — ¿Quieres hablar de ello?

Negué con la cabeza.

— No prefiero no hacerlo. — el frunció el ceño, probablemente pensando que no confiaba en él. — No, no. No es eso es que es algo… complicado de explicar.

— Complicado.

Repitió y juntó los labios en una delgada línea, tratando de descifrar el enigma que había detrás de esas palabras.

— Lo entiendo. — se encogió de hombros. — Sabes que siempre contarás conmigo.

— Gracias.

Me ganó el sentimiento y más lágrimas traicioneras se escaparon de mis ojos y me acerqué hacia el para darle un abrazo, abrazo que el con gusto devolvió. Andrew enrolló sus grandes y fornidos brazos alrededor de mi pequeña cintura y escondió su rostro en mi cuello, aquel abrazo fue diferente al resto de los que había tenido con él o con cualquiera. Era un abrazo lleno de secretos, palabras y sentimientos que quedarían entre nosotros dos. Amaba a Andrew y agradecí de todo corazón que respetara mi decisión.

Agradecía que creyera en mí, a pesar de ser terca e incluso a veces grosera con él. Nunca se dio por vencido conmigo. Yo adoraba a Andrew, nunca había tenido un amigo que sólo fuera eso….

Un amigo.

Mi corazón se estrujaba con cada lágrima que derramaba, también me dolía el estómago. No sabía cuánto tiempo estuvimos así, pudieron ser minutos o tal vez horas.

— Todo va a estar bien. — susurró en mi oído.

— ¿Y si te equivocas? —me separé un poco de él, con los ojos llenos de dudas.

— Bueno…—

Colocó ambas manos sobre mi rostro y puso su frente contra la mía. Nuestras narices chocaron y fue inevitable arrugar mi nariz.

— Un hombre muy sabio una vez dijo "Eventualmente las cosas terminan en su lugar. Hasta entonces ríe en la confusión, vive y disfruta el momento pero lo más importante es que recuerdes que todas las cosas suceden por una razón." — suspiró y sorpresivamente aquellas palabras lograron sacarme una sonrisa. — Así que relájate Isabella Swan.

— Que hombre tan sabio.

A continuación besó mi frente y cerré mis ojos por unos cuantos segundos para después abrirlos de nuevo.

— Ahora, vámonos a desayunar antes de que todo se enfrié.

Y así me soltó de la cintura y caminamos de vuelta hacia el comedor. Al regresar por el aspecto de los demás podía imaginar más o menos como me veía, ojos hinchados y rojos, y estaba toda demacrada como una rosa marchita. Todos tenían los ojos llenos de preguntas para mí pero afortunadamente ninguno dijo algo al respecto.

(…)

Yo soy Isabella Swan y no tendré miedo.

Yo soy Isabella Swan y no tendré miedo.

Yo soy Isabella Swan y no tendré miedo.

Me repetí al menos unas cincuenta veces antes de entrar a la oficina de la bestia— mi jefe Félix. Estaba nerviosa, no en realidad estaba asustada porque tenía miedo al saber la reacción de mi jefe al presentar mi renuncia, renuncia que esta vez era permanente.

Tal y como me había prometido después del viaje a los Hamptos con Andrew fue retirarme de la policía, después de todo lo que pasó aquel fin de semana iba a ser un infierno trabajar ahí. Probablemente estaba siendo extremista; pero ya no podía. Rebasaron mi límite.

Ni siquiera me detuve a consultar o pedir un consejo con alguien, ni siquiera alguien de mi familia.

Tomé una gran bocanada de aire y toqué la puerta.

— Pasa, quien quiera que seas. — dijo en un tono indiferente, estaba aburrido.

— Gracias. Buenas tardes, agente Asher. — mi voz apenas era un susurro, ni siquiera podía dirigirle la mirada.

Me dolía el estómago y tenía ganas de vomitar.

— Pero si es mi agente estrella favorita. —la manera en la que hablaba cambió drásticamente, de ser frío como siempre pasó a ser alguien carismático. — ¿A qué se debe tanta formalidad? ¿Y tú visita?

Tomé asiento, y el hecho de que esa barrera de jefe-empleado la hayamos roto con el tiempo hacia las cosas más difíciles porque a pesar de que Félix fuera una persona estricta y difícil lo consideraba como un amigo más.

Ninguna palabra salió de mis labios así que sólo saqué mi carta de renuncia y la puse sobre su exquisito escritorio de caoba, me temblaban y me sudaban las manos.

— Estoy renunciando. — dije al fin y no sé de donde me arme de valor para decirle aquello en la cara.

— ¿Disculpa? — su postura cambió y yo me hice pequeña.

— Resolví todos y cada uno de los casos que me pidieron… a excepción de uno— remarqué. — No lo hice por… cómo explicarte aquello— hubo un silencio mientras buscaba la palabra correcta. — ¿Cuestión de lealtad?

— ¿Sabes que te podemos meter a la cárcel por eso, cierto? — alzó ambas cejas, tratando de mantener su tono de voz calmado porque ambos sabíamos que si él se exaltaba yo también podía hacerlo y mucho peor. — Por ayudar y encubrir a un criminal.

— No en realidad. En mi contrato pedía ayuda en un caso, el cual te recuerdo que nunca especificaron. — recordé y el sólo asintió dejándome continuar. — No sólo te ayudé en uno, te ayudé en más de veinte.

— Tienes un buen punto, agente Swan. — admitió, recargado sus manos entrelazadas sobre su escritorio.

— Ya estuve demasiado tiempo aquí, es hora de que me vaya. — sonreí sin ganas.

— Esta bien, ya nada te ata aquí. — suspiró. — Ahora me toca cumplir mi parte del trato.

Mordí mi labio. Y el volteó su mirada hacia su computadora, preparándose para borrar mis archivos criminales.

— Serás libre y tendrás un nuevo comienzo, desde cero. — parecía orgulloso, sin embargo en sus ojos se podía ver un brillo de tristeza.

— Sobre eso…— miré hacia el suelo por unos instantes. — Por favor, sólo borra el historial de mi padre.

Esa confesión pareció sorprenderle, pero asintió obedeciendo mi última petición como agente.

— Siempre sacrificándote por los demás. — me dijo mientras tecleaba unos códigos. — Eres noble. ¿Puedo preguntar por qué el repentino cambio de planes?

— Quiero que se quede como un pequeño recordatorio y promesa.

— ¿De qué?

— De que lo que me podría pasar si regreso por mal camino una vez más. No quiero volver a ser esa persona. — dije con una sonrisa triste.

— Y nunca lo serás. —me miró por el rabillo de sus ojos. — Listo. Borrón y cuenta nueva para tu padre.

— Gracias. — me paré de la silla y le ofrecí la mano.

— ¿Entonces esto es un adiós? — tomó mi mano y la estrechó cortésmente contra la mía.

— No tiene por que serlo. — traté de darle una cálida sonrisa para levantarle el ánimo. — Eventualmente nos volveremos a ver…— me reí y el me juzgo con la mirada. — No de esa manera. — puse los ojos en blanco. — Estamos en Nueva York, algún día nos rencontraremos y recordaremos los viejos tiempos.

(0Hubo un silencio entre nosotros, y tomé aquello como mi toqué de queda. Saqué mi arma de mi cinturón al igual que mi placa y credencial y las coloqué en la mesa. Mi mirada se cruzó con la del agente asher; ahora sólo la distancia del escritorio nos separaba pero aquello no le importó a Félix, no sé cómo le hizo pero se las arregló para darme un abrazo de despedida.

— O demonios no te pongas de nena sentimental. — palmeé su espalda esperando que me soltara, era raro viniendo eso de él.

— Estoy orgulloso de ti, Bella. — infló su pecho como si fuera un padre orgulloso y acababa de ver a su hija recibir el diploma de su graduación. — Y no quiero que olvides eso.

Me lleve las manos al corazón porque sé que esas palabras le salieron del alma, sonaban sinceras y contuve las ganas de llorar. Me di la vuelta y me acerqué a la puerta para al fin salirme de una vez por todas de ahí, tomé el picaporte pero antes de irme me detuve.

— ¿Tuviste que esperar a que renunciara para al fin abrazarme? — me burle mirándolo encima de mi hombro.

— Largo de mi oficina, Swan.

Una risa tosca salió de su boca y con una sonrisa en los labios. Salí de aquel lugar, lugar que una vez logré llamar hogar.

Quería que mi renuncia no causara revuelo por todo el departamento, así que decidí que sólo quedara entre Félix y yo. No estaba preparada para decir adiós y no quería despedirme todavía pero era lo mejor, mientras más que quedara ahí más doloroso y difícil sería separarme de los miembros del departamento de policía que llegaron a odiarme pero con el tiempo logré ganarme sus corazones.

Mientras esperaba que el reloj diera las tres me hacía boba y pretendía trabajar en mi pequeño cubículo. Esperé que fuera la hora del almuerzo para empacar en cajas las cosas que estaban en mi escritorio mientras la oficina estaba vacía. Entre menos testigos, mejor. Al principio les extrañaría no verme a diario pero tarde o temprano lograran olvidarme y sacarme de sus corazones.

— ¡Bella! ¿No vendrás con nosotros a comer? — salté de mi asiento asustada ante la visita sorpresa.

— Ah, este… sí, claro que sí. — mentí y puse mi mano sobre la nuca. — Pero ustedes adelántense, tengo un trabajo y debo a terminarlo sino no estaré tranquila durante todo el almuerzo. — arrugué la nariz tratando de sonar convincente.

— Okay. — sonrió de oreja a oreja.

Al menos se tragó la mentira, eso era bueno.

— Te esperamos allá. — pasó su mano sobre su sedoso cabello.

— Esta bien. — asentí poniendo ambas manos sobre la cintura.

Él se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.

— ¿Andrew? — logré gritar antes de que se fuera.

Él se detuvo para regresar hacía mí pero negué de inmediato con la cabeza, advirtiéndole que no se tomara la molestia de regresar por mí.

— Nada… olvídalo. — sonreí despreocupada y Andrew sólo se encogió de hombros y salió de la oficina.

Maldecí internamente porque me quedé con las palabras atoradas en la garganta, y me sentía ahora mal porque no tuve la oportunidad de despedirme de él. Y el reloj comenzó a correr, afortunadamente no tenía muchas cosas en mi cubículo, sólo tenía notas que pegaban mis compañeros, una foto mía con mi hermana y Scott, un pequeño florero y cosas que no ocupaban mucho espacio así que con una caja fue suficiente para guardar todos los recuerdos que tuve con esas maravillosas personas que lograron ganarse un lugar especial en mi corazón.

Antes de irme pase por la pequeña oficina de Andrew, tomé papel y una pluma y con mi torpe caligrafía escribí lo que me salió del corazón.

"Querido Andrew:

Antes que nada me gustaría agradecerte todo lo que has hecho por mí y por todas las memorias que logramos crear juntos. Son momentos que siempre guardaré en el fondo de mi corazón, eres una persona maravillosa y eres el mejor amigo que alguien podría pedir y tener, creo que no hay palabras suficientes para describir lo mucho que te quiero pero sobre todo creo que no hay palabra ni manera de decirte lo mucho que te voy a extrañar. Lamento no haberme despedido de ti como lo merecías, quería que las cosas fueran lo más rápido e indoloras posible tanto como para ti como para mí porque lo creas o no lograste lo imposible; lograste que me encariñara contigo y tener un lugar especial en mi corazón.

Es por eso que te pido lo siguiente: ya no me busques, ni me llames. Por favor no pidas explicaciones y sólo olvídate de mí. Créeme es lo mejor para todos. Un hombre sabio una vez me dijo que todas las cosas pasan por una razón y espero que con el tiempo logres entender porque hice esto pero ante todo espero que puedas respetar mi decisión.

Sigue con tu vida y si no es mucho pedir quiero que seas feliz y disfrutes de la vida.

Con cariño, una extraña terca y testaruda."

Cerré los ojos poniendo el pedazo de papel en mi pecho, aguantándome las ganas de llorar. No quería que viera la carta en seguida porque saldría a buscarme en el primer momento en que lo hiciera. Así que doble la hoja en un perfecto cuadrado y puse el nombre de Andrew sobre él, después escondí aquello en su cajón y lo revolví con otros papeles que había por ahí. Con suerte no lo encontraría hasta unos días después, era muy raro la vez que abría aquel cajón.

Tomé la caja entre mis manos y me baje rápidamente al estacionamiento antes de que alguno de mis compañeros se dieran cuenta que no iba a llegar, y tendrían que ir por mí para arrastrarme hasta el restaurante para comer con ellos.

Una vez en el estacionamiento me puse mi casco y aseguré la caja en la parte trasera de la motocicleta y la puse a arrancar sin mirar atrás.

(…)

Llegué a casa y lo primero que hice fue asegurarme de que Scott saliera a su caminata matutina. Creo que trabajaba como fotógrafo en una tienda independiente, nunca le pregunte porque nunca tocamos aquel tema.

Corrí a mi habitación y comencé a empacar, no iba a escaparme. Sólo quería tiempo a solas, quería canalizar mis pensamientos y elegir el camino correcto. Empaqué tanta ropa que parecía que me iría por un largo tiempo, un periodo suficientemente largo para pensar las cosas con tranquilidad; una parte de mi deseaba no irse por tanto tiempo, pero si era necesario tendría que aguantarme. Una vez que todo estaba empacado, tomé el teléfono y llamé al aeropuerto para reservar un vuelo a Seattle, fui muy insistente en decirle a la señorita que me atendía que quería que fuera lo más rápido posible y el único vuelo que había sería dentro de dos horas pero el único inconveniente era que sólo había lugares disponibles en primera clase.

— No importa, pagaré lo que sea. — admití antes de reservar mi lugar.

Cuando terminé, podía sentir mi corazón en mi garganta. Borré las llamadas que hice para que Scott no husmeara y se atreviera a buscarme, porque yo sabía de lo que era capaz. Él me buscaría hasta el fin de los tiempos. Pero para no dejarlo con el pendiente, simplemente le dejé una nota que decía.

"Scott:

Necesito aclarar mi cabeza y estar a solas. Perdóname por no haberte avisado con anticipo pero te conozco Scott y sabía que no me dejarías ir tan fácilmente.

Regresaré cuando sienta que es correcto volver. Por favor no te preocupes por mí, sabes que se cuidar de mi misma. Estaré en contacto contigo y Alice.

Te quiero y nos vemos pronto.

Atentamente, Bella."

Y así, sin despedirme de mis seres queridos salí del departamento que compartía con mi mejor amigo, tomé un taxi y me fui de mi hogar con un nudo en la garganta que se desataría en cualquier momento.

Era casi medianoche cuando dejé de arrastrar los pies para abrir la puerta de mi apartamento, mi viejo apartamento; respiré el viejo sin embargo familiar olor que emanaba a pesar de haber estado abandonado durante todo este tiempo. Todo estaba a oscuras así que busqué el interruptor prendí la luz.

Mi hermana Rosalie estaba sentada en el sillón.

— Hola, hermanita. ¿Me extrañaste? — ella dijo, y sonrió.

(…)

Hace mucho tiempo había comprado ese lugar, sólo Rosalie y yo sabíamos de ese lugar. Desde el fin de semana Rosalie me había dejado en claro que me seguía para cuidar de mí, así que en realidad no me sorprendió verla en mi departamento.

Recuerdo haberme sentido tan orgullosa cuando compré aquel departamento y me gasté la pequeña fortuna que había logrado ahorrar para amueblarla con los muebles más caros que me habían gustado. Ese departamento solía compartirlo con Rosalie, y en esos tiempos mi hermana se ofrecía una y otra vez en pagar renta o al menos pagarme la mitad de lo que me había costado pero siempre la ignoré. No era porque no quería su dinero —cosa que no era cierta porque, es mi hermana y no se siente correcto cobrarle a tu hermana— pero la razón era porque era la primera vez que algo me pertenecía completamente a mí y no quería compartirlo con nadie. Yo quería mucho a mi hermana pero prefería mantenerlo de esa manera.

Miré a mi alrededor y todo seguía igual, los muebles que había cubierto con una manta blanca hace unos años para mantenerlos limpios estaban intactos, el suelo de madera estaba impecable.

Caminé hacia la cocina, abrí el refrigerador y para mi sorpresa estaba lleno. Lo cerré de un portazo evitando que las manos me temblaran. Encontrarla aquí, que entrara sin permiso a mi casa… ¿Cuánto tiempo habrá estado sentada?

Fui lo más cuidadosa posible pero aun así logro encontrarme, siempre lo hacía.

Saqué dos tazas de la alacena, también saqué la tetera y comencé a preparar un té. Si me había dejado las cosas tendría que sacarles su provecho ¿No? Al menos me había evitado la molestia de tener que llegar y limpiar todo.

— Rosalie…— empecé a decir, me senté en un sofá individual que estaba delante de ella.

Mi hermana se veía igual, bueno lo único diferente era su cabello. Estaba larguísimo.

— Pensé que no me dirigirías la palabra. — admitió sorprendida. — Por cierto, no hay de qué. — me guiñó el ojo, refiriéndose a arreglar la casa por mí.

— Ah, sí eso. — balbuceé y me maldije a mí misma. Tal vez debería cerrar la boca y callarme para siempre. — Gracias.

— ¿Tienes alguna pregunta que hacerme? — alzó ambas cejas, cruzando una pierna sobre la otra.

— Sí. — arrugué la frente. — ¿Cómo lograste llegar antes que yo?

— Tengo un yet. Llegué una hora antes que tú. — se encogió de hombros, en espera de otra pregunta.

— ¿Qué haces aquí?

— Vengo a ofrecerte trabajo como mi mano derecha. — dijo con una sonrisa de oreja a oreja.

— Ya sabes la repuesta, mis días de delincuente terminaron. — volví a repetir lo que le había dicho hace un par de días. —Lamento que hayas venido hasta para plantear tu oferta.

— Sabes que no me daré por vencida.

— Lo sé. Por eso cada vez que vengas a preguntarme o proponerme lo mismo, siempre será la misma respuesta. Te hartarás que después de un tiempo probablemente me dejes en paz y sola. — miré al techo. — Siento decepcionarte.

— Las cosas han cambiado hermana. —suspiró. — Ya no soy una ladrona.

— ¿En serio? — la miré diciendo aquello tal vez con demasiado sarcasmo. — ¿Ahora qué haces? ¿Subiste las cosas a otro nivel y eres una mafiosa?

— No exactamente. — frunció el ceño mirando al suelo.

Hubo un largo silencio entre nosotros, silencio que yo no planeaba romper.

— ¿Estas enojada? — su tono de voz cambió y la miré a los ojos comprobando de que no estuviera jugando conmigo.

Y no estaba actuando.

— No sólo estoy… cansada.

— ¿Física o emocionalmente?

— Ambas. — cerré los ojos tratando de no quedarme dormida.

— ¿Quieres hablar de lo que pasó?

Sentí como sus manos comenzaron a jugar con mi cabello.

— ¿Por dónde empezar? — dudé sacando una sonrisa amarga.

Abrí los ojos y Rosalie me miraba por el semblante preocupado.

— Rosalie, estoy cansada. ¿Podríamos hablar de esto en otra ocasión? — bostecé y ella sólo asintió. — Puedes quedarte si lo deseas.

Me paré con pereza y arrastré los pies a la cocina para apagar la estufa e irme directo a mi cuarto a dormir, ni siquiera me molestaría en quitarme la ropa para ponerme la pijama. Estaba a punto de entrar a mi habitación cuando escuché a mi hermana decir mi nombre en apenas un susurro.

— ¿Te dolió? — me miró a los ojos.

— ¿A qué te refieres? — me tallé los ojos, mi mano se quedó pegada en el picaporte.

— Sabes de quien hablo. — rodó los ojos pero al no escuchar respuesta de mi pate— Me refiero a Edward. — la mención de su nombre logró despertarme, ahora estaba en mis cinco sentidos. —¿Te rompió el corazón?

Me quedé callada por unos instantes.

— Sí. — hubo otra pausa. — Sí, un poco. — miré hacia otro lado conteniendo las lágrimas.

Me había dado cuenta que no me había dado tiempo de llorar por él, mentalmente me había obligado a pensar en otras cosas y estaba tan ocupada que no había tenido el tiempo de pensar detenidamente todo lo que me había pasado en los últimos meses. Me había comportado como una adolescente.

— Me alegro…— dijo y me quedé con la boca abierta— Ya te hacía falta. — y así nada más con decirme eso se dio la vuelta para servirse un poco de té.

Me quedé petrificada por unos segundos en la entrada de mi cuarto, esperando por algo. Algo que nunca iba a llegar. Procesé cada una de las palabras que habían salido de la boca de mi hermana después me sentí furiosa, ¿Cómo se atrevía a decirme eso?

Sabía que lo hacía para provocarme, y la verdad no valía la pena pelearme con ella. Nunca entendería, lo que le entra por una oreja le sale por la otra pero mi corazón se rompió en pedazos porque con la mención de mi ex amado todo lo que habíamos pasado juntos me golpeó como una bofetada. Y la cereza del pastel fue el argumento de mi hermana. Este día no podía ir mejor.

— Eres una perra insensible. — dije entre dientes y azoté la puerta de mi cuarto, cerrándola con llave.

No sé cuándo, ni como pero antes de que tocara me acostara estaba llorando a mares. Tome una almohada extra que tenía a mi lado y la abracé fuertemente, y lloré hasta que me quedé dormida.

Edward POV

Había pasado dos semanas y días, y se me hacía bizarro la ausencia de Bella, ella nunca faltaba al trabajo y siempre era puntual. Probablemente estaba gravemente enferma o algo por el estilo. Sabía que me odiaba desde lo que pasó el fin de semana en los Hamptons, y estaba en su derecho de hacerlo, desde aquel día me aseguré y prometí que nunca más volvería a hablarle, molestarla o buscarla pero de todas maneras era una promesa imposible de cumplir.

Hace días que me moría por preguntarle a Andrew sobre bella así que hoy fue el día para armarme de valor y "casualmente" preguntarle lo que le sucedía a la chica que una vez tuvo cabello color chocolate.

— Hey Andrew. — Me paré frente su a cubículo.

Estaba usando sus lentes, y no paraba de teclear cosas en su computadora.

— Edward…— dijo serio, estaba demasiado concentrado en algo. Probablemente un caso importante.

— Quería preguntarte sí… ¿Has visto a Bella?

Ya, listo. Fui directo y sin rodeos. Cosa que creo que mi cuñado agradeció porque parecía bastante ocupado, sin embargo, su expresión cambió al preguntar por Isabella.

— ¿No te dijo, verdad? — me preguntó, parando de hacer sus cosas. — No me sorprende. En realidad, no le avisó a nadie más. — dijo sin permitirme contestar a su pregunta.

— ¿De qué estas hablando? — encarné ambas cejas mirándolo a los ojos por respuestas.

— Renuncio, hace dos semanas. — dijo en un tono triste.

— ¿Qué? ¿Por qué? — dije algo alterado.

— Ni idea. — se encogió de hombros y después cruzó los brazos.

— ¿Intentaste hablar con Félix?

— Claro que sí. — asintió. — Fue lo primero que hice después de leer su nota, pero como obviamente Félix no me dijo nada al respecto. Aunque claro después de insistir tanto me dijo que Bella no le había dicho la razón por la cual decidió dejarnos pero…

— ¿Te dejó una nota? — gruñí por lo bajo tratando de no parecer celoso.

— Por supuesto. — dijo con la barbilla en alto, probablemente fue al único que le dejó la nota por eso se mostraba tan presumido al respecto.

¿Por qué no se despidió de mí? ¿Por qué le dejó una carta a él en vez de a mí?

Mis manos se cerraron en dos puños y traté de contener mi ira. No era culpa de él o de ella, en realidad debería dejar de quejarme. Eso me pasaba por haberle roto el corazón, probablemente renunció por mi culpa, porque no soportaba la idea de pasar tiempo conmigo o siquiera verme.

Iba a hablar con ella, e iba obligarla a regresar. No se podía irse así como si nada.

— Iré a su casa a hablar con ella. — dije y después me di cuenta que Andrew me veía curioso. — A convencerla a regresar, es obvio que todos la extrañan. — comenté como si fuera lo más obvio del mundo.

— Ya lo intenté. Y no está en su casa. — anunció algo triste.

¿Tan mal la había herido? ¿Fue capaz de irse de regreso a Florida sólo por mi tonta culpa?

— ¿Cómo sabes? — tosí maldiciendo mentalmente.

— Hablé con Scott, y también le dejó una nota.

¿Cómo es posible que le deja notas a medio mundo excepto a mí?

Mis ojos brillaban como nunca, demandando más respuestas.

— Tanto él como su hermana Alice no saben de su paradero. — puso la cara entre sus manos, se veía claramente frustrado. — Me ofrecí a ayudarlos así que intenté rastrear la llamada que les hizo hace un par de días, para avisarles que estaba bien. Pero nada… había usado un teléfono desechable, imposible de rastrear. Al parecer no quiere ser encontrada.

Regresó su mirada a mi llena de lágrimas a punto de salir de sus ojos. Hasta ahora me daba cuenta de las grandes ojeras que se cargaba y de los miles de vasos de café que había en su oficina, también me percaté de pequeños detalles que nunca había visto, como fotos familiares, cartas, etcétera pero lo que logró captar mi atención fue una hilera de fotos, parecía haber sido tomada en una cabina antigua de fotos—la cabina de fotos que había en mi fiesta de compromiso con Olivia—, eran imágenes recientes de Bella y Andrew, sabía eso porque según yo hace poco los dos comenzaron a llevarse bien.

Ver las imágenes de ellos dos me habían caído común balde de agua fría. Tenía que hacer algo al respecto.

— ¿Crees que vuelva?

— Sí. — aseguré. Siempre lo hacía.

—Edward… ¿Por qué me preguntas por ella? Pensé que ustedes dos eran como agua y aceite. — se talló los ojos.

— Es sólo curiosidad. — traté de no tartamudear y delatarme. — Sabes, es extraño no ver su molesta presencia aquí. — dije en modo de broma pero Andrew no sonrió en lo absoluto.

La sonrisa de Andrew se borró en cuestión de segundos y volvió su cabeza al trabajo, dando como finalizada nuestra extraña conversación.

Asentí incómodamente y me alejé de su lugar sin mirar hacia atrás.

Bella va a regresar. Me dije a mi mismo pero una parte de mi dudara que lo hiciera, traté de callar esa vocecita negativa en mi mente pero parecía volver con más frecuencia y su voz era más fuerte.

¿Y si no lo hace?

Esa pregunta que me formule fue como una daga en el corazón. ¿Qué tal si se había ido ahora si para siempre? Yo bien sabía de lo que Isabella era capaz, y si ya lo hizo más de una vez no dudaba en absoluto que la historia se volviera a repetir.

Pero yo no voy a permitir que pasara aquello porque si ella no regresa…

No iba a detenerme hasta encontrarla.


N/A: Lamento si hay errores de redacción o de dedo, como verán prácticamente acabo de terminar de escribir el capítulo pero no se preocupen pronto lo corregiré. Por cierto… MAÑANA TAMBIÉN SUBO CAPÍTULO ¿ya me aman? Okya. Jjaajaj gracias por leer guapuritas.

Deja tu lindo y sensual review. Recuerda que lo que comentes de este capítulo es tú opinión y se respeta.