Ciertamente tardaron seis incomodas horas y casi media más en llegar al búnker una vez perteneciente a los Hombres de Letras, el cual se había convertido en su refugio y su hogar.

Al entrar lo encontraron como siempre, silencioso y vacío.

La menor de las hermanas Woods avanzó primero dejando a un lado de la puerta el equipaje de Lexa y de ella y pasándose la mano por la cara cansadamente, se dirigió a los escalones sin hablar tal como había venido haciendo hasta ahora durante el largo trayecto cuya música había sido el único sonido acompañante.

Luego entró Lexa con paso lento, dolorido, con la mano metida bajo su chaqueta presionando ligeramente sus costillas las cuales dolían a cada pequeña respiración que daba. Había dejado de sangrar hacía algún tiempo y la sangre se había secado en sus ropas y sobre su lastimada piel.

Clarke que entraba tras ella recorrió con la mirada el lugar y antes de que Luna llegase al último escalón, fluctuó y apareció ante ella.

La menor de las Woods se sobresaltó llevando la mano a su pecho, ya que no esperaba aquello.

—¡Clarke, por el amor de Dios avisa si vas a hacer eso!

La rubia ángel ladeó ligeramente la cabeza con semblante ingenuo, aún este mundo era demasiado nuevo para ella la cual hacía poco que había caído en desgracia del Cielo. Estaba claro que debía mejorar sus dotes comunicativas para evitar ciertos percances y sobresaltos como aquellos.

—Lo siento —se disculpó Clarke con la mirada fija en su cara volviéndose a mirar el aledaño lugar el cual parecía parte de una antigua biblioteca. Estantes llenos de libros, varias mesas de oscura madera noble con varias sillas bien colocadas. Lamparas de cálida luz sobre ellas. Arcos, y algunas columnas de piedra con con arcaicos símbolos protectores y reflectores de luz amarilla colgados en lo alto de ellas, convirtiendo el ambiente en confortable y acogedor a pesar de la formalidad y la sensatez que también desprendía el lugar.

Dos portátiles negros permanecían abiertos en una de las mesas y varios libros polvorientos y antiguos de considerable grosor se mantenían abiertos y también amontonados en pilas sobre ella. Estaba claro que habían estado investigando algo antes de salir a la carretera.

Lexa tardó un poco más en bajar pero cuando lo hizo se deslizó discretamente tras ellas para dirigirse a su habitación.

—Yo voy a... —murmuró Lexa señalando hacia el pasillo sin siquiera terminar la frase disponiéndose a desaparecer de allí dejándolas solas a ellas.

Luna se volvió a mirarla sin poder evitar sentir aquella preocupación atenazar su estomago y dio un paso hacia ella.

—¿Quieres que te ayude a llegar?

—No, puedo sola —respondió Lexa apoyando la mano de la pared comenzando a andar para dirigirse con esfuerzo al pasillo.

—Será mejor que vaya a por hielo —dijo de pronto Clarke tomando a ambas por sorpresa. Luna volvió la cabeza mirándola desconcertada, no era propio de ella recurrir a esos métodos.

—Os he estado observando y sé que lo utilizáis mucho para... bueno, re... realmente no sé para que lo utilizáis pero lo hacéis mucho —dijo el ángel encogiéndose un poco de hombros.

Luna puso una cara sobrepasada por las ocurrencias de la rubia y cuando se volvió a mirar a su hermana esta ya se había alejado algunos metros perdiéndose por una de las puertas cerrando un segundo después tras ella.

Clarke se alejo en la dirección contraria hacia la cocina dejando a Luna sola allí en medio sin saber ni por donde tirar.

La menor de las Woods tan solo suspiro y dejando las llaves del Impala sobre la mesa, paso por al lado de esta disponiéndose a seguirla hasta la cocina por si esta pudiese causar algún destrozo.

—Clarke, espera —dijo llegando donde el ángel deteniéndola frente a una de las puertas. Clarke se volvió a mirarla y una apacible mascara cubrió la expresión de su cara atenta. Luna que se la quedo mirando, finalmente hizo un gesto bajando la voz—. ¿Se puede saber que es lo que os pasa a ti y a mi hermana que ni siquiera podéis permanecer juntas durante unos segundos en la misma habitación?

La rubia permaneció en silencio y un atisbo de impasibilidad contestó por ella.

—No quiero meterme en esto pero me estáis obligando a hacerlo —dijo Luna a las claras dejando a un lado cualquier tipo de reticencia—. Tú eres mi amiga y por supuesto agradezco todo lo que has hecho por nosotras, sabes que confío en ti pero Lexa es mi hermana. La quiero y me preocupo por ella. Necesito saber que está pasando, porque desde que volvió no es la misma. Ya han pasado varias semanas, y aunque he intentado darle algún tiempo para acostumbrarse a estar aquí de nuevo, yo... no sé que más hacer para llegar a ella.

—Ha estado en un muy mal lugar —dijo Clarke juntando las manos sobre su regazo posando sus ojos sobre ella—. Deberás tener paciencia con ella.

—Estoy teniendo mucha paciencia con ella —insistió Luna devolviéndole la mirada derrotada—. Creeme que no te haces una idea de la paciencia que estoy teniendo en realidad, pero necesito... necesito entenderlo. Necesito entender que pasa con ella. Tú mejor que nadie sabes lo peligroso que es esto, no puedo tenerla ahí fuera si su vida no le importa una mierda, ¿entiendes?

Clarke se apiado de ella, de la preocupación, de la angustia que reflejaban sus ojos.

—Si tú sabes algo, lo que sea —imploró Luna sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas frente a ella mas cansada y exhausta de lo que se había sentido hacía ya mucho tiempo—. Este es el momento de que me lo digas.

Clarke se la quedo mirando imperturbablemente, y tras un momento bajo la mirada al suelo con apocamiento. Era evidente que Luna lo estaba pasando mal y de algún modo, el ángel se sentía responsable de ello.

La mano de Luna se aproximó a ella colocándose sobre su brazo haciendo que Clarke levantase la mirada para verla y su expresión le encogió el alma.

—Clarke, por favor —musitó Luna suplicante sintiendo una lágrima resbalar por su mejilla en silencio—. Dime algo.

—Lo siento, Luna —musitó ella posando la mano sobre la suya en su brazo para apartarla lentamente—. No puedo.

Luna que se la quedo mirando largamente supo que no podría sacarle nada que ella no quisiera, y las lágrimas se congelaron en sus ojos. Lentamente asintió y sin más se apartó de ella.

Necesitaba salir de allí.

Necesitaba hacerlo antes de que el cansancio acumulado, el agotamiento, la fatiga y la impotencia hiciesen mella en ella aún más y la obligasen a hacer algo que verdaderamente no quería y del cual seguramente más tarde se arrepentiría.

Clarke la vio marcharse precipitadamente por el pasillo afectada, y ni siquiera hizo el amago de detenerla. No había nada que pudiese hacer por ella, al menos nada que la complaciese. Lexa tenía que lidiar con lo que había pasado a su manera, y debía permitírselo por mucho que Luna no quisiese.

Pronto tal vez las cosas cambiarían.

Pronto quizás Lexa mejoraría ,pero hasta que ese momento llegase, todo cuanto podía hacer Luna era mostrarse tolerante y paciente con ella. No podía hacer nada más.

Continuara...