Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pero la trama si.

Lo que está escrito "entre comillas" son los pensamientos de la gente.

Lo que está escrito en cursiva son conversaciones en la distancia o por teléfono.

En ésta historia, los protagonistas son humanos.

La historia está escrita desde el punto de vista de Bella Swan.

...

14. INICIANDO UNA NUEVA VIDA.

Dejamos a los Cullen en su casa y a Ángela y Ben en casa de Jacob. Edward me cogió de la mano y fuimos hacia la casa de mis tíos.

Estuve hablando con ellos bastante rato, contándoles, un poco por encima, lo sucedido. Ya que eran parte de mi familia, y por ello formaban parte de mi vida, les conté que iba a casarme con Edward y que les avisaría cuando hubiéramos decidido la fecha exacta de la boda.

En los ojos de mi tía vi que, en el fondo, se alegraba de mi felicidad. Los dos se alegraban, lo cual me hacía aun más feliz.

Había dejado a Edward en la entrada y, en ese momento, podía oír como hablaba con Jessica, aunque no alcanzaba a entender lo que estaban diciendo. De repente, Jessica empezó a gritar.

Tanto mis tíos como yo, salimos corriendo del saloncito y fuimos hacia allí. Jessica estaba delante de Edward, mirándole con cara de odio, mientras que Edward me miraba a mí, con la mano sobre su mejilla.

- Que te pasa Jessica? – dijo mi tío mirando a su hija.

- Me ha engañado!

- Que dices? – ahora fue mi tía la que habló.

- Disculpen, pero yo no he engañado a nadie. Solo le estaba diciendo a Jessica que me he enterado de que escuchó una conversación privada entre mi hermano y yo y que por ello aprovechó y logró que Bella y yo tuviéramos ciertos problemas en nuestra relación. – "que sutil." – pero eso ya no importa. Bella, díselo.

- El qué? – dije. Estaba distraída mirando a Jessica.

- Jessica. Tú prima y Edward estás prometidos. – dijo mi tía, pasando su brazo por encima de mis hombros.

Si el grito de antes había sido alto, ahora Jessica casi nos destroza los tímpanos, al menos a mí. Mi tío cogió a Jessica del brazo y se la llevó al salón, reprendiéndole por su comportamiento infantil.

- Bella, si te vas ya, donde vas a ir a vivir?

- No lo se. – respondí, primero mirando a mi tía y después a Edward.

- Creo que mi hermano Emmett se ha encargado de ello.

- Entonces, recogeré el resto de tus cosas y mañana podrás venir a buscarlas.

- Gracias tía. – me abracé a ella con fuerza. No era mala persona. – Nos vemos mañana.

Edward me cogió de la mano y volvimos hacia su casa, donde cenamos junto a su familia. Era la única familia de ricos que me caía bien. Eran todos muy amables conmigo, incluso Rosalie, aunque no dejaba de mirarme de forma extraña. Pasamos una buena parte de la cena hablando del echo de que Edward llevara gafas, lo que hizo mucha gracia a Emmett y Jasper, que no dejaban de tomarle el pelo.

Pasé esa noche en la mansión de los Cullen. Esme preparó la habitación de invitados para que Edward y yo durmiéramos allí. Dormimos abrazados. Esa fue una de las noches que mejor dormir, sin olvidar las noches que dormimos juntos en mi casa de Forks. Lo único que lograba angustiarme en ese momento era que aun no sabía lo que Emmett se traía entre manos.

- Bella. – una voz conocida susurró mi nombre en mi oído, lo que hizo que me sobresaltara. Me di media vuelta y me encontré a Emmett acuclillado a mi lado. – vamos Bella.

- A donde?

- Tú ven conmigo.

Salí de la cama con cuidado de no despertar a Edward. Cogí mi ropa y fui al cuarto de baño a cambiarme. En diez minutos, Emmett y yo ya estábamos en la calle.

- Que hora es? – pregunté disimulando un bostezo.

- Las siete. Venga, vamos.

Emmett me cogió de la mano y tiró de mí hacia una pequeña casa que había cerca de la entrada de la urbanización, en la acera de enfrente de donde estaba la casita de Jacob. Emmett abrió la puerta de la casa y me hizo entrar por delante de él.

- Los dueños van a estar fuera seis meses, tiempo de sobras para que termine el curso.

- Pero yo no puedo pagarles un alquiler. – me quejé. La casa era preciosa. Perfecta.

- No hay que pagar nada. Es como si te encargaras de cuidar la casa. Limpiarla y eso.

- No se que decir. – la emoción me embargaba y apenas me salía la voz.

- Gracias Emmett? – dijo mirándome. Su sonrisa no podía reflejar más felicidad.

- Gracias Emmett. Te debo una. Como puedo compensarte?

- Podría ser el padrino. – dijo sin vacilar.

- Por mi, eso está más que echo. – abracé a mi amigo con fuerza y no le solté en varios minutos.

Emmett me había ayudado tanto en todo, que nombrarle padrino de mi boda me parecía poco.

Estuvimos un buen rato en la casa, hablando. Me contó cosas de Rosalie y de porque me miraba mal. Emmett me dijo que no era por mi, sino porque envidiaba la relación y el amor que Edward y yo sentíamos. Decía que se sentía sola, pero estaba segura que Emmett nunca se apartaría de su lado. Con la cara de bobo que se le ponía cuando hablaba de ella, sabía que Rosalie siempre se iba a sentir amada.

Fuimos a desayunar a la casa de sus padres. En una hora, empezaban las clases después de las largas vacaciones de navidad. Alice empezaba al día siguiente, por lo que iba a marcharse esa misma mañana a París. Rosalie y Jasper volvían a San Francisco, donde empezaban las clases en un par de días.

Emmett, Edward y yo nos fuimos juntos a la universidad en el coche de Emmett. Durante el camino, Edward dijo que quería instalarse en la casa conmigo, cosa que aceptó al instante, y Emmett se quejó por ello, alegando que iba a quedarse solo en la casa y, que si lo hubiera sabido, no me hubiera buscado la casa.

Los Cullen esperaban que los hermanos Hale se cambiaran de universidad y vivieran en su casa, pero en el último momento, cambiaron de opinión y decidieron trasladarse en cuanto terminara el curso.

Los últimos tres meses de clase pasaron volando. Jessica cada vez que nos veía a Edward y a mí, se arrimaba más al estúpido de su novio y empezaba a morrearle.

- Acaso se cree que nos importa que haga eso? – me había comentado Edward más de una vez.

Solo faltaba un día para terminar las clases. Al día siguiente, en la universidad, nuestro curso se encargaba de preparar una fiesta. Yo no quería ir, sobre todo cuando recordaba lo sucedido en la última fiesta, pero todos mis amigos terminaron por convencerme. Iríamos Edward, Ángela, Ben, Jacob y Renesmee, que ya había terminado el instituto y había venido a visitarnos. Entre ella y Ángela m estuvieron maquillando, aunque me negué en redondo a ponerme lentillas.

Desde el día en que Edward se puso las gafas en Forks, ya no había vuelto a ponerse las lentillas, lo que sorprendió a todos el primer día de clase.

Todo el mundo fue a la fiesta de nuestro curso. Nos lo pasamos realmente bien, aunque me di cuenta de que Emmett, que al final había venido con nosotros, se sentía un poco solo, aunque ya me había encargado yo de que eso no durara mucho.

Esa misma mañana había llamado a Rosalie, que también había terminado las clases ese día, y le invité a la fiesta de la universidad- me había asegurado que vendría, aunque aun no había aparecido.

Habían montado un escenario, en el que la gente subía y daba las gracias por algo sucedido ese curso. Vi como Edward iba al escenario y se subió al él, lo que me hizo temer lo peor. Edward era un chico muy popular, por lo que todo el mundo se quedó en silencio y le prestó atención.

- Hola, soy Edward Cullen, estudiante de literatura. – dijo presentándose como lo habían echo todos los que habían subido allí. – y doy las gracias por haber conocido a la que, en breve, será mi esposa.

En cuanto dijo la palabra esposa, todo el mundo empezó a mirar a su alrededor, buscando a la persona a la que Edward estaba mirando. Estaban buscándome a mí.

- Bella, por favor, sube.

Me quedé paralizada, clavada en el suelo. Quería echar a correr, pero no podía. Pronto mis amigos comenzaron a empujarme hacia el improvisado escenario, al que terminé subiendo. Edward me cogió de la mano y besó el dorso de la misma. Me pasó el micrófono y esperó a que yo hablara, al igual que todos los que estaban allí. Me aclaré un poco la garganta y hablé.

- Hola, soy Bella Swan, estudiante de literatura. Doy las gracias por haber conocido a los que ahora y siempre serán mis amigos. Y por haber conocido el amor de mano de mí futuro esposo. – dije imitando las últimas palabras que había dicho Edward.

Todo el mundo empezó a aplaudir y gritar, felicitándonos, lo que terminó de ruborizarme del todo. Edward, que no me había soltado la mano, y yo nos fuimos hacia donde estaban los demás. Todos estaban allí. Todos menos Emmett.

- Y Emmett? – preguntó Edward.

- Ha venido una chica y se han marchado juntos. – dijo Renesmee guiñándonos un ojo.

Al final, Rosalie si que había venido.

- Con quien se ha ido Emmett? – dijo Edward.

En esos momentos, estábamos paseando por los pasillos de la universidad, ya que era la zona más tranquila en esos momentos.

- Llamé a Rosalie esta mañana y le conté lo de la fiesta. Como en su universidad hoy también era el último día de clase… y como Emmett se sentía solo…

- Entiendo.

Pasamos por delante de la puerta de los baños de las chicas y oímos ruidos que venían del interior. Nos acercamos un poco a la puerta, para escuchar mejor, en inmediatamente nos alejamos de la puerta.

- No podían esperarse a llegar a casa? – dijo Edward. Me di cuenta de que se había puesto rojo como un tomate.

Echamos a correr hacia una de las aulas vacías y nos escondimos allí. Nos quedamos un rato con la espalda pegada a la puerta, pero pronto me encontré sentada en uno de los pupitres, con Edward besando suavemente mi cuello.

- No puedes esperar a llegar a casa? - dije sonriendo cuando Edward empezaba a subirme vestido, acariciando mis muslos.

- No.

Terminamos sobre la mesa del profesor, semidesnudas, besándonos y acariciándonos sin parar, acabando de liberarnos de la ropa que nos impedía lograr nuestro cometido. Necesitaba sentir a Edward en ese momento.

Cuando salimos de la clase, había muy poca gente en el campus. Entre los pocos asistentes que estaban en la fiesta que estaban bailando, estaban nuestros amigos. Emmett y Rosalie incluidos. Todos bailaban con sus respectivas parejas. En cuanto nos vieron llegar, se reunieron con nosotros y nos marchamos todos juntos. Pero no fuimos a casa, sino a la discoteca del primo de Ángela, que nos coló y nos invitó a unas copas.

Estuvimos sentados un rato, hasta que Edward me cogió de la mano y me ayudó a levantarme para irnos a bailar una canción lenta.

- Éste fue el lugar en el que nos conocimos. – dijo Edward.

- No. Nos conocimos en la biblioteca.

- Cierto, pero aquí fue donde empezamos a hablar.

- Es verdad. No fuiste muy amable con Jacob.

- Entonces no era amable con nadie.

- Claro que si. Conmigo si. Bueno… - no terminé la frase, aunque Edward lo pilló a la primera.

- Se a que te refieres, y tienes toda la razón. Solo era amable contigo cuando te veías hermosa. Pero estaba ciego. Tú siempre estás hermosa, aunque vayas en chándal.

- Gracias. – le di un beso en los labios y continuamos bailando durante toda la noche.

...

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