¡Hola a todos! Gracias de nuevo por las reviews y leer mi historias. Y a mis nuevos lectores: ¡bienvenidos! Sois, sin duda, la razón por la que sigo escribiendo. Gracias. Aquí un nuevo capítulo. No contiene nada de acción, es todo digamos... Jackelica (?). Espero que os guste :)


Capítulo 14: Heridas, tatuajes y una rosa.

Mientras tanto Angélica curaba a Jack.

"Túmbate." Le ordenó ella.

"Sí, señor."

"Espera, inclínate y quítate la camisa."

Jack obedeció, dolorido se quitó la camisa. Angélica, sin poder evitarlo, se fijó en su cuerpo desnudo, en los marcados músculos de su pecho y brazos, en su bronceada piel… Todo gracias al trabajo físico en cubierta y a las largas horas que pasaba expuesto al sol. Finalmente, vio la herida en su pecho, era grande y profunda, un arañazo indudablemente causado por un furioso tigre. Angélica sabía que le dolía más se lo que dejaba ver. Le acarició el pecho justo al lado, sin tocar la herida, intentando calmarle el dolor. Luego con suavidad le empujó para volverlo a tumbar.

"Dicen que el agua de mar el buena para las heridas." Metió un trapo en un cubo lleno de agua de mar y lo sacó húmedo. Lo llevó hasta donde él tenía las heridas y escurrió el trapo sobre su cuerpo, de forma que toda el agua cayó en las heridas. Luego hizo lo mismo con agua normal, para limpiar la herida.

"Sé lo que has estado haciendo hoy todo el día en la isla… Protegerme."

"Bueno… Hacía cuanto podía."

"La verdad es que no te entiendo…

"¿Qué?"

"No logro comprender cada idea que se cruza por tu cabeza."

"¿Ahora me estás culpando? Perdóname por intentar protegerte."

"¿Y por qué lo haces? ¿Crees que soy débil, que no sé dar ni un paso sola sin necesitarte…? Llevo unos cuantos años yendo por mí cuenta y tampoco me ha ido tan mal…"

"¿De qué me estás culpando? Yo tampoco te entiendo a ti. Todo lo que hago te parece mal y todo lo que hago es por tu bien… ¿Es que no lo ves?"

"¿Por qué me dejaste?"

"Ya te dije que para protegerte."

"Yo no necesito tu protección. Además, ¿sin consultarme? Me dejas dos veces sola a mi suerte. ¿Qué clase de protección es esa?"

"No, eso no es así. No tienes ni idea de lo que pasó."

"Pues, por favor, dímelo."

"Te lo diré. Si antes me cuentas tú a mí una cosa."

"¿Qué?"

"¿Qué fue de ti cuando yo te dejé? ¿Qué hiciste?"

"No tienes derecho a saberlo."

"Entonces tampoco te diré porque me fui sin avisar."

No respondió, se creó un silencio incómodo. Ambos centraron su atención en la cura de sus heridas.

"Esto te va a escocer un poquito." Angélica cogió una botella de ron, necesitaba alcohol para desinfectar la herida. Echó ron directamente de la botella a la herida y luego se ayudó de otro trapo.

A Jack efectivamente le escoció, pero aguantó el dolor.

Ella dejó el ron en la mesilla. Jack lo cogió y le dio un largo trago, Angélica le quitó la botella.

"Esto ya está." Dijo Angélica.

"Gracias."

"No hay de qué."

Hubo un breve pero incómodo silencio.

"Siento lo de antes."

"No, no, fue culpa mía."

"No, fue mía, de verdad."

"Cállate, Jack. ¿En serio nos vamos a pelear ahora por querer llevar la culpa?"

"Jack..." Repitió su propio nombre. "Hace mucho que no me llamas Sparrow, me gusta."

"Cállate." Repitió y sin darle tiempo para responder se abalanzó sobre él y lo besó, fue suave y rápido, y antes de que él pudiera reaccionar, ella ya se había apartado.

Comenzó a acariciar con la mano su torso aún desnudo, tocaba cada músculo, repasaba cada tatuaje, los miraba y leía, sabiendo que algunos iban por ella, recuerdos del pasado. Ella también tenía.

Con el tiempo, el número de tatuajes de Jack había sido ampliado desde que conoció a Angélica, así que había muchos que ella desconocía.

"Escoge uno, el que quieras y te contaré su historia."

Y eso hizo Angélica. Mientras el ron de la botella iba disminuyendo con el transcurso de la noche, Jack iba contando más y más de sus historias. Algunas historias eran graciosas, otras tristes, otras de interesantes aventuras y algún que otro tatuaje estaba ahí solo para disimular alguna cicatriz del pirata. Jack contaba todas las historias que Angélica le pedía al señalar sus tatuajes. Verdaderamente, lo estaban pasando bien y disfrutando de su mutua compañía, como en los viejos tiempos.

Hablando de esos viejos tiempos… Angélica se quedó mirando uno de esos tatuajes, sabiendo que iba por ella. Era una A con una rosa, justo a la altura de su corazón. Lo acarició, repasando cada detalle con su dedo. Y recordando… Cuando Jack la dejó por primera vez, dejó una rosa justa a ella. No hubo despedida, ni tampoco le dejó una carta o mensaje, solo una rosa.

"Oh, esa es la mejor historia de todas. ¿Quieres oírla?" Dijo Jack sacándola del trance.

Ella asintió.

"Hace unos cuantos años conocí a una chica en España. Dios, era la chica más preciosa que había visto en la vida. Pero no solo eso, la fui conociendo y me enamoré completamente. Ella es como una rosa, ¿sabes? Es bonita y delicada, pero también tiene espinas, que te pincharan si no sabes como tratarla. La historia también es como una preciosa rosa con sus espinas dolorosa. Y la A es su inicial, Angélica." Jack concretó que se refería a ella.

"Humm... parece simpática." Ella aún seguía acariciándolo. Sus ojos se humedecieron, entendiendo por fin el por qué de la rosa y estando de acuerdo con él.

Jack se inclinó y se acercó a ella para darle un beso como el anterior, suave y corto. Angélica no tuvo tiempo de responder. Seguido, rápido y sin avisar Jack se abalanzó encima de ella, la agarró y la empezó a besar. Ella le siguió el beso y puso sus manos alrededor de su cuello, sintiendo su espalda desnuda. Primero se juntaron sus labios, al rato sus lenguas. Eso era un beso en condiciones para el capitán Jack Sparrow. Pero él quiso ir más allá y empezó a desabrochar el corsé de Angélica. Pero esta lo frenó.

"No, Jack... hoy no, estás débil y debes descansar." Angélica lo apartó suavemente.

"No lo estoy" Él de manera brusca volvió a atacar.

Empezó a besar su cuelo, bajando hasta su escote e intentando empezar a quitarle la ropa, pero ella intentaba evitarlo. Jack presionó el cuerpo de Angélica aún más contra el suyo, apretándola contra la cama, ella sentía que no tenía aire.

"Jack, relájate." Pidió Angélica entre débiles suspiros.

"Te quiero." Respondió él, pero no cesó en su empeño. Parecía un lobo hambriento. Estaba siendo más descortés que nunca con ella. Ese 'te quiero' no era de amor, sino de deseo. En ese momento, no la quería a ella, sino a su cuerpo.

Empezó una leve lucha, Jack quería más y más, la reclamaba, Angélica quería menos. Él quería seguir, ella parar. Angélica se sentía forzada. Él nunca había sido así con ella, parecía estar con una prostituta de taberna en vez de con la mujer que de verdad quería.

"¡Basta!" Angélica se hartó y lo empujó con fuerza para quitárselo de encima.

Jack se quedó tumbado a su lado, realmente desconcertado.

"Me preguntó qué tienes en ese diminuto cerebro infantil." Empezó a hablar ella, seria, girándose para mirarlo directamente. "Eres encantador y al segundo un grosero."

"Angélica, lo siento."

"Siempre igual… 'Lo siento', 'perdón'… ¿Crees que puedes hacer lo que te dé la gana, soltar esas palabra y arreglarlo todo? La vida no funciona así. Pero, ¿qué soy yo para ti? Otra más. Una prostituta."

"No… justo lo contrario. Sé que a veces no me portó bien contigo, pero es que no sé qué hacer. No eres como las demás. Eres diferente a cualquiera de las mujeres con las que he estado. Y yo también soy diferente cuando estoy contigo…"

"No mientas, tienes razón, soy como ellas."

"No, claro que no."

"Sí, Jack… Tú me has preguntado varias veces y ahora por fin lo vas a saber. Me dejaste sola, desamparada, en un lugar desconocido y rodeada de extraños. No tenía nada. Una mujer me encontró en la calle, pidiendo, y me dijo que trabajara para ella. ¿Qué otra cosa podía hacer? Así que trabajé en un burdel… No por mucho tiempo. Me acostaba con extraños que no me querían por dinero. Algunos no tenían dinero y me pagaban con secretos. Así fue como conseguí descubrir quién era mi padre y encontrarlo y saber sobre ti. Ya ves, no soy distinta a todas esas mujeres con las que has estado, soy exactamente igual. Pero creía que tú sí eras distinto a esos hombres con los que yo había estado, pero me equivocaba… Y es gracioso, porque cuando yo estaba con esos hombres, cerraba los ojos y me imaginaba que me querían de verdad, me imaginaba que eras tú."

"Angélica, no sé que decir… Lo…"

"Ni se te ocurra disculparte otra vez. Estoy tan cansada de ti, Jack."

"No eres como ellas y no tampoco. Te quiero."

"¿Querer? Tú no saber lo que es querer a una persona. No tienes ni idea de lo que es el amor."


Y hasta aquí por hoy... Lo siento si no os gusta mucho el melograma... A mí tampoco y no lo usaré mucho en mi historia, pero me apetecía escribir algo más "oscuro" en este caso. ¿Qué os ha parecido?