Hermione no lograba salir de la sorpresa. ¡Lucius había escapado! ¡Y Harry se encontraba en el salón de la mansión Malfoy! Eso no pintaba para nada bien…
—Debes cuidar tus medios de defensa, Malfoy. No me costó nada aparecerme acá.
—Los pocos mortífagos que quedan, no querrían aparecerse por estos lados, Potter. Para ellos es imposible entrar. Pero sí, tienes razón, creo que debo protegerla más… ahora dime, ¿quién te envió? ¿Y a estas horas? —estaba amaneciendo y afuera nevaba fuertemente, pero la sala estaba cálida porque la chimenea nunca dejaba de estar encendida.
—A McGonagall le avisaron los aurores y ella nos envió una lechuza a «La Madriguera», pero eso no es todo… Hermione, Draco… alguien le informó de lo vuestro a Lucius.
—Tarde o temprano se iba a enterar —dijo Draco sentándose en el sofá. Ella se acomodó a su lado, mientras él la rodeaba con sus brazos. Harry se sentó en frente.
—Pero ese «alguien» lo ayudó a escapar y es peligroso. Se cree que puede estar reuniendo a los antiguos servidores de «Tú - Sabes - Quién». Además… — Harry guardó silencio.
—Potter, habla, con Hermione no nos ocultamos nada. Di lo que tengas que decir —Draco tomó la mano de su prometida, sin darse cuenta estaba acariciando el anillo que hacía solo unas horas le había regalado. Harry sonrió al reparar en aquello, su amiga era feliz.
—¡Felicitaciones! —dijo Harry, resignado. Al fin debía reconocer que el hurón estaba enamorado de su mejor amiga. Ellos le devolvieron la sonrisa—. En la celda encontraron dos notas escritas por alguien del exterior, en donde le informaban de tu relación con una… (no iba a decir «sangre sucia», jamás) con Hermione y firmado por R.B.W.
—¿Y quién es R.B.W? —preguntó Hermione.
—¿No te lo imaginas, Hermione? Analiza —ella caviló un par de segundos y luego se cubrió la boca con ambas manos.
—¡No! ¡No puede ser! —no pudo contener las lágrimas. ¡Qué rabia! ¡Qué decepción más grande! ¿Cómo era posible que alguien, a quien por mucho tiempo consideró su amigo y que luego de un tiempo fuera su novio, hoy la traicionara de la peor manera? Aunque si lo pensaba bien, no era la primera vez que «ese» se había portado como un canalla.
—¿Qué? ¿Qué ocurre? ¿Quién es R.B.W? —preguntó Draco, sin entender.
—Ronald Billius Weasley —respondió Harry.
—¡Comadreja asquerosa!
—Les repito, están en peligro, porque Lucius dijo que quería buscar venganza en contra de su hijo y de la sangr... de su novia...
—«Sangre sucia», dilo Harry, no me avergüenzo —Hermione lloraba. Draco la abrazó intentando contenerla.
—Amor, no vuelvas a decir eso. Yo te amo y no me importan esas bobadas de la sangre. Te lo he dicho.
—Draco, eso siempre será un obstáculo entre nosotros. Mira mi brazo… ¡pero míralo! —levantó la manga de la bata dejando al descubierto la cicatriz que Bellatrix le hizo con su daga—. ¡Esto me recuerda día a día lo impura que soy! —Draco tomó el brazo de Hermione y besó la cicatriz.
—Aunque en tu rostro estuviera esa marca, te amaría igual.
Harry que los miraba incrédulo, incluso rodó los ojos y meneó su cabeza en forma negativa. ¡Jamás imaginó tanta cursilería junta! ¡Era cierto que Malfoy amaba a Hermione! ¡Por Merlín, lo veía y aún no lo creía!
—Si ya terminaron de decirse cuánto se amaban, por favor, pensemos bien las cosas: corren peligro. Deben salir de acá. Tu padre vendrá en cualquier momento.
—No tengo por qué ocultarme de él, soy capaz de enfrentarlo.
—Deja ese trabajo a los aurores del Ministerio. Debes preocuparte por ti y por Hermione. Hay muchos mortífagos sueltos que estarían dispuestos a matarlos a ambos. A ti te tacharon de traidor, no tendrían piedad si te enfrentaran y a Hermione, por haber participado en el derrocamiento de Voldemort… se ensañarían con ella... Piénsalo bien, Malfoy —Draco lo analizó unos segundos y lo que decía Harry tenía mucho de cierto. Su padre era un ser sin sentimientos y era capaz de torturar y matar a Hermione delante de él, solo para hecho de verlo sufrir.
—Amor, Potter tiene razón —dijo mirando a Hermione, esta asintió, entendía a qué se enfrentaban.
—Está bien, voy a vestirme y a tomar un par de cosas para irnos —se puso de pie para subir rápidamente a las habitaciones.
Draco se quedó en la sala hablando con Harry, pues debían buscar el lugar más seguro para ellos. Aquella mansión tenía el gen Malfoy, así que por más hechizos contra mortífagos que se le pusieran, Lucius podría entrar porque era su casa. Él estaba vivo, por tanto, el Hechizo de Pertenencia aún le correspondía.
Hermione entró en la habitación y optó por darse primero una ducha rápida para despertar. Ya estaba aclarando y sabía que le esperaba un largo día, la pregunta era dónde. No pensaba ir a «La Madriguera», ahí debía estar el traidor de Ron; el otro lugar era la escuela… bien, tendría que pasar Año Nuevo en Hogwarts… aunque el otro lugar seguro era Grimmauld Place, la casa heredada de Harry. Esa casa tenía un encantamiento Fidelio, por lo tanto era inubicable e invulnerable para cualquier mortífago, y por lo demás, era la casa de su fiel amigo. Después de Hogwarts, ese debía ser el lugar más seguro.
Luego de vestirse comenzó a guardar un par de cosas en una maleta. Lo estaba haciendo al estilo muggle, mientras su mente buscaba lugares en donde poder quedarse junto a Draco. Sintió un hielo en la espalda. Debía haberse abierto alguna ventana. Al voltear advirtió una bruma negra al interior de la habitación. Luego de un segundo esa niebla tenía cuerpo y rostro, pero no pudo articular palabra alguna, aquel hombre había hecho un movimiento con su mano y ella había quedado inmóvil.
—Granger, la asquerosa «sangre sucia» en mi casa y nada menos que en la habitación de mi traidor y cobarde hijo —Lucius Malfoy la amenazaba con una varita, de seguro robada a algún incauto por ahí o donada por un cómplice, se había puesto detrás de ella y la apuntaba en el corazón—. ¡Qué gusto me daría ahora mismo verte morir! Me encantaría desangrarte de apoco, mientras tu sangre se combina con la tierra y la suciedad de dónde eres. Pero… Mmm ¿qué es ese olor? —había metido su asquerosa nariz entre el cabello de ella—. ¿Vainilla? ¿Rosas? ¿Eso es para disimular la putrefacción que tienes? ¿O lo haces para atrapar a mi hijo? Porque funciona… es sabroso, ha de tener algún efecto narcótico, ¿no? —el brazo que tenía cruzado en su cuello se deslizó hasta uno de los pechos de Hermione, impidiéndole defenderse. De sus ojos comenzaban a salir las primeras lágrimas. ¡Ese asqueroso la estaba tocando!—. Si mi hijo te tuvo, yo también puedo tenerte, ¿no? Al fin y al cabo lo que es del hijo, también pertenece al padre, ¿no es así?
Hermione no quería imaginar el castigo al que ese hombre la pudiera someter. Sus ojos estaban fijos en las flores que se encontraban frente al espejo del bureau. Si tan solo ese espejo se quebrara, podría generar una alarma y con eso dar aviso a Harry y a Draco…
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—Creo que mi casa es segura —Harry estaba hablando cuando escucharon que algo se quebró en la habitación de Draco.
—¡Hermione! —exclamó el rubio y ambos salieron corriendo hacia el piso superior. En la habitación, estaba Lucius oliendo a Hermione y manoseaba los pechos ella, inmóvil producto del hechizo y llorando en silencio—. ¡Saca tus manos de ella!
—¡Suelta la varita, Lucius Malfoy! —Harry lo apuntó.
—¡«El Niño que Vivió» al lado de mi cobarde vástago! ¡Ja! Peleando por la vida de esta «sangre sucia». ¡Qué deshonra a la sangre, Draco! —sin darse cuenta estaba sosteniendo muy fuerte la varita en contra del pecho de ella, hundiéndola y lastimándola. Hermione, a pesar de estar inmóvil y sin poder hablar, pudo hacer un gemido de dolor—. ¿Duele? ¡No sabes la que te espera pequeña asquerosa!
—¡Padre, suéltala! ¡Yo me voy contigo y haz lo que quieras de mí, pero a ella por favor déjala!
Hermione estaba ahogada. Se le daba vueltas todo a su alrededor, el olor nauseabundo de ese hombre la estaba mareando. Todo se le oscurecía. Lo único que alcanzó a ver fue a tres figuras que habían aparecido en la habitación, mientras su cuerpo tocaba el suelo y rayos que iban y venían…
Alguien la tomó en brazos, no distinguió quién. Luego oscuridad y silencio…
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—Amor, has despertado —fue lo primero que escuchó cuando abrió los ojos. Estaba recostada en algún lugar y Draco estaba con ella. Le sonrió al verlo.
—¿Qué ha ocurrido? —intentó incorporarse, pero él la detuvo.
—Ya está todo bien, no te esfuerces. Estamos en Grimmauld Place. Este lugar es seguro.
—¿Y tu padre?
—Ha escapado.
—Draco, él quería… me tocó… —recordó lo que había insinuado es hombre. De asco, rabia y vergüenza se cubrió el rostro con las manos.
—Sí, nos dimos cuenta de sus intenciones. Tranquila —al decirlo miró al frente y ahí estaba Harry—Jamás, escúchame bien, jamás nadie te tocará, amor. Eres mi futura esposa y lucharé siempre por ti —cuando Harry escuchó eso de «futura esposa» enarcó las cejas, asombrado. ¿Sería cierto eso? ¡A cada instante ese par lo sorprendía más!
—Draco, me desmayé.
—Resultado del hechizo Inmobilus que te aplicó mi padre, además te tenía aprisionada… casi no te dejaba respirar.
—Draco, Harry… yo quebré el espejo, pero lo hice sin varita. Lo pensé y espejo…
—Un Diffindo sin varita. ¡Vaya Hermione, los poderes aumentan! —Harry estaba extasiado—. No cualquier mago o bruja hace magia sin varita y fue preciso, porque si no hubiera sido por eso, no nos habríamos enterado.
—Amor, descansa —dijo Draco.
—Pero… —intentó sentarse, pero otra vez apareció el mareo—. ¡Uf! Creo que ese hechizo me hizo muy mal.
—Yo prefiero que duermas un rato mientras pensamos qué vamos a hacer. Tranquila, esta es la casa de San Potter, y es segura.
—Quédate conmigo ¿sí? —Draco se acomodó al lado de ella y la abrazó.
—Creo que con tanto amorrrr me han dado ganas de desayunar. Los dejo, cuando se desocupen de tanto amorrrr, bajan a comer algo. ¡Ah! No me vayan a romper la cama ¿sí? —Harry salió y Draco y Hermione rieron de buena gana.
Ese día fue bastante ajetreado: recibieron la visita de varios aurores para tomarles declaraciones. Les dejaron claro que era peligroso estar en la mansión Malfoy. Lucius era el dueño y por tanto podría aparecerse por ahí, sin embargo, no había regresado. Aquel lugar estaba siendo vigilado por varios aurores, por si a Malfoy-padre se le ocurría a parecer.
En la tarde, cuando cesaron las visitas y Harry fue a ver a Ginny a «La Madriguera» a través de la Red Flu, Draco se acercó a Hermione que estaba nuevamente acostada en la cama de Harry. Esa casa era grande, pero la única habitación que estaba disponible y utilizable era la de Harry. Para que el resto de la casa estuviera en condiciones, se debía dedicar a lo menos un año completo para poder lograr las condiciones de habitabilidad necesarias. Eran muchas las chucherías que allí existían, un sinfín de muebles y nadie sabía a ciencia cierta qué se podía desechar o no. Muchos enseres guardaban algunos hechizos y otros eran morada de uno que otro boggart o tal vez otro animal fantástico que encontró en ese lugar el escondite perfecto.
—Tengo una idea, Hermione.
—Te escucho —ella miraba su anillo en forma de serpiente que lucía en el dedo anular de su mano izquierda.
—¿Te quieres casar conmigo?
—Ya te dije que sí, que luego que termináramos la escue…
—No, te pregunto si te quieres casar conmigo ahora ¡ya! Mañana, si es posible…
—¿Por qué diantres en los últimos días sentía como si le corriera un hielo por estómago? —se preguntó Hermione al escuchar la propuesta de Draco.
—¿Mañana? No entiendo por qué tanta prisa, Draco.
—Si tú y yo nos casáramos… y, siendo mi esposa legalmente, nada ni nadie nos podrá separar, ni siquiera Lucius. En la familia Malfoy siempre ha existido la tradición de que cuando un miembro se casa, aunque alguno de los familiares se oponga, ya sea padre o madre, el matrimonio se celebra igual.
—Pero me imagino que esa tradición es válida cuando se trata de matrimonios entre magos y brujas… no entre magos y sangr...
—¡No quiero que digas eso nunca más! —lo dijo serio, casi molesto.
—E hijos de muggles —finalizó Hermione. Tuvo que cambiar el término de la frase para evitar una confrontación con él.
—Es posible, aunque no recuerdo que…
—Que ningún mago de tu familia se haya casado con una hija de muggles.
—¡Seré el primero! ¡Bien! —sonrió—. ¿Y? ¿Nos casamos?
—Draco, esa es una decisión que nos va a cambiar la vida… Además, ¿dónde nos casaríamos? ¿Quién nos casaría?
—Ambos somos mayores de edad, podemos decidir nuestras vidas y en lo que respecta a quién nos puede casar, ¿quién mejor que nuestra directora?
—Draco, ¿hay algo que yo no sepa? —le parecía que su novio tenía todo planificado.
—Y con Potter y Lovegood como nuestros testigos…
—¿Sí? ¿Y qué más?
—Con una guardia armada que incluye a Ginny, George Weasley, Zabini, Nott y uno que otro profesor…
—¡Draco Malfoy! ¿Desde cuándo tomas decisiones que me incluyen sin preguntarme?
—Desde que te vi en manos de ese asesino que es mi padre. Te juro amor, que jamás nadie te volverá a tocar. Tú eres mía y lo serás siempre. Quiero que seas mi esposa, Hermione Granger —ella sonrió.
—Entonces… creo que me queda poco tiempo para usar ese apellido. Dentro de poco seré ¿Hermione Malfoy?
—¿Lo dices en serio? ¿Aceptas casarte conmigo?
—¡Claro que acepto casarme contigo, mi hurón oxigenado y platinado!
—¡Oye, que mi cabello es platinado de naturaleza! —dijo sonriente besando a su futura esposa.
