Lo que Kireh quiso decir es: Nos vemos dentro de dos años =D
Namames, criatura, ¿qué demonios fluye por tu cabeza?, si es que fluye algo que no sean fantasías con D. Gray-man y canciones de LadyAWESOMEGaga.
BIEN. La cosa va así: me he propuesto terminar al menos uno de mis fics. Éste es el elegido, lo terminaré, porque me quiero demostrar que puedo hacerlo. No lo dejo todo a medias. No te dejaré a ti también a medias. Nunca.
Procedamos :3
Les advierto que gaymente, después de una ausencia maricona de DOS años (namameswey) vengo a traerles algo que NO es tan Envy/Ed como uno querría. Pero bleh… después de dos años… no sé ni por qué tengo la vaga esperanza de que alguien aún vaya a leer esto ;D
Aparte de que, pues… así estaba planeada originalmente la historia, y aunque admito que por un momento me entró la loquera de querer cambiarlo, lo superé y seguiré fiel a la trama. Perdónenme por cagarla doblemente.
Agradezco a todas las bellas personas que me dejaron reviews, y una disculpa más por no contestárselos u.u soy una horrible criatura.
Ahora sí: Capítulo 14 de Una No Muy Saludable Obsesión
Una No Muy Saludable Obsesión
Blue Windy
Durante dos semanas me sentí de nuevo tenso y ansioso en el recinto escolar que comenzaba a asemejar más a un estudio de telenovelas que, bueno, un colegio.
Resulta que, además de hacerme el tonto cada que veía a Russell con los ojos fijamente clavados en mí, y huir de Envy, cuyo fetiche semanal era el cuarto de escobas del pasillo principal, también tenía que estar cuidando que Alphonse no sucumbiera ante el deseo con Zorra-Clause en el primer salón que encontraran vacío.
Era que Alphonse ya tenía novia de nuevo, y que esa novia era aún más fácil que yo. Lo cual ya es decir algo.
Cuando no me encontraba a Alphonse con las manos en la masa, era ella quien amasaba.
Sinceramente comenzaba a fastidiarme el hecho de que Alphonse parecía ya no tener conciencia. ¿No era él quien se la pasaba regañándome por ser facilón?
Ahora, por algún motivo, era yo el que quería incrustarle sentido común… y me habría gustado que vinieran en paquetes de supositorios, porque al nene le hacía falta un buen… escarmiento…
Así que, Russell le mandaba miradas de odio a Envy por abarcarme, Envy me mandaba miradas de muerte por rehusarme a complacerlo, yo mandaba miradas de antipatía a Alphonse por dejadote, y viceversa. A grandes rasgos, se podría decir que la escuela era más o menos un campo de batalla hipotético, donde eventualmente todos nos quedaríamos miopes de tanto forzar la vista.
Acá es donde la cosa se pone aún más rara, y parece como escrita por una niña romántica y ociosa sin mucho cerebro.
Russell estaba, además, enojado porque Alphonse ya no tendría que ir más a su casa, y por consecuente, no habría más excusas para verme en su hogar. El motivo, que me sorprendía en sobremanera, era que su pequeño hermano también estaba enamorado de Clause, y el que Alphonse la abarcara a ella significaba haber roto el tratado de los mejores amigos.
Ese anticuado tratado que estipula que si dos mejores amigos gustan de la misma chica, ambos deben contenerse y dejarla en paz a como de lugar. Así sea necesaria una castración.
Sin embargo, Fletcher nunca había comentado nada hasta que tuvo la desgracia de mirarlos en una de sus públicas demostraciones de lo que no hay que hacer en público. Lo cual era otra violación al estricto tratado. Un mejor amigo ha de comentarle a otro en cuanto le guste una chica, de lo contrario podría violarse el apartado principal.
Todo estaba entrelazado tan marica y ranciamente que me daba asco. Durante una semana pensé que podría estar embarazado de tanta náusea que me asediaba.
Pero ahí no acaba todo, ya que falta un personaje más por introducir al revoltijo de vida que llevo desde que Envy se apareció por los alrededores...
... ... ...
Aquella tarde, para variar, salí a horas inapropiadas por estar castigado con Mustang. Según él, esa semana no había estado lo suficientemente distraído, lo cual era un insulto directo… era como si intentara decirle: "Lo estoy escuchando perfectamente para molestarlo." Con lo que concluí que el Coronel era peor que una vieja solterona y remilgada, y seguramente acabaría así, pero elevado a la décima potencia.
El castigo había consistido en barrer todo el gimnasio al ritmo de la cumbia. Estaba seguro de que sólo me había castigado para verme bailar. Comenzaba a preguntarme si los directivos estarían al tanto de los castigos que Mustang aplicaba a sus estudiantes 'especiales'. Luego pensé en que talvez éramos grabados, y en general toda la mesa directiva estaba conformada de pederastas. Me perturbé.
Al final, condenadamente cansado y molido, me decidí a volver a mi hogar y vegetar durante el resto de tarde. Era el plan perfecto, hasta que se rompió en mil pedazos cual espejo frente a un feo.
Abandoné el gimnasio alrededor de las cuatro de la tarde. El cielo estaba nublado, provocando un ambiente sombrío, y la temperatura en general unos cuantos grados por debajo de lo normal. Me percaté de ello porque, para variar, no llevaba un condenado suéter encima.
Hice mi camino por los pasillos vacíos y oscuros, mirando atrás de tanto en tanto nerviosamente. No era para menos, Mustang seguía por los alrededores, y el escenario del momento era de esos perfectos para violar infantes.
Sentí un escalofrío recorrerme y apreté el paso. Mientras más pronto me fuera, menos factible sería que acabara con un trauma más que superar.
Sólo que parecía ser que aquel sería el día… en que me violaran. Lo supe al momento en que escuché pasos apresurados detrás de mí, en mi dirección. Acababa de girar en una esquina, por lo que no pude ver de quién se trataba.
No me quedaría a revisar quién, oh, quién sería mi trasgresor, me metí en el primer salón que encontré y cerré de un portazo.
Entonces me topé con algo sumamente desagradable, pero predecible. Tan predecible que me mareé de nuevo y casi ni tiempo tuve de enojarme.
-Ah, no, bueno…- susurré al momento en que mis ojos se pasearon más allá de los ventanales que daban al patio y mi mochila encontraba el piso al caer de mis hombros que se relajaron con un movimiento derrotado.
Ahí, a plena vista, en el sitio más notorio de todo el estúpido patio estaba Envy. Estaba Envy y estaba un pendejete. O mejor dicho, en total, dos pendejetes.
Dos pendejetes que se besaban con la intensidad de quien sabe que no verá un mañana.
Me llevé una mano a la frente, apreté los ojos con fuerza y dejé ir mi cabeza hacia atrás, hasta que golpeó con la puerta que recién había cerrado.
Suspiré con fuerza, pellizcando el puente de mi nariz, al tiempo que noté ese peculiar ardor en los ojos del cuál ya me había olvidado. Llevaba mucho sin sucumbir ante los síndromes nenitas que se habían empeñado en pulverizar hasta la última gota de masculinidad que me quedaba en el cuerpo. Y vaya que eran tenaces.
Entonces mis neuronas comenzaron a hacer sinapsis y mi cerebro a armar conjeturas.
Hacía no mucho que Envy había quedado conmigo en ser algo formal, pero hacía aún más tiempo que le veía coqueto en los recesos con tal y cual chico, o a la salida despidiéndose con demasiado cariño de cierta fulana. Y últimamente le había dado por acompañar a cierto muchachito hasta su casa.
Envy decía que era su primo, pero yo nunca le creí. Y ahora tenía bien en claro que no era su primo… a menos que su masa encefálica se hubiera derretido de tanta candencia que irradia el cabronazo, y además de homosexual ya fuera también incestuoso.
Volví a abrir los ojos y durante unos muy breves segundos me dispuse a analizarlos objetivamente. El primo no tenía mucha técnica, se aferraba a la camiseta entallada y negra de Envy mientras buscaba la abertura exacta que debían tener sus piernas y la inclinación adecuada de su cuerpo contra el de mi palmera para no caerse. Se tambaleaba y por un momento me sentí tan identificado con él que dolía.
Era estúpido e inexperto, al igual que yo. Estaba que se disolvía por un imbécil sádico con cabello de planta al igual que yo.
Era poco más que un niño y sin embargo logré calcular que sería más alto que yo. Combinaba bien con Envy, su cabello negro y lacio parecía estar en sincronía con el suyo. En cambio yo tendía a hacer un increíble contraste.
Sacudí mi cabeza, recogí mi mochila del piso y salí del salón azotando la puerta detrás de mí estruendosamente. Me valió un comino mi paranoia violadora y avancé pisando fuerte hasta que salí del complejo escolar. Sólo entonces comencé a correr sin decidir el rumbo que tomaban mis piernas.
Era demasiado. Era doloroso e incómodo. Era como una venda constriñendo mi pecho, haciéndome imposible respirar. Pensé en un colapso pulmonar inminente, y a decir verdad no pareció tan mala idea.
Necesitaba aliviar esa profunda desesperación, e inconscientemente, eso fue lo que mi cuerpo decidió hacer.
No recobré la conciencia hasta que estaba frente a la puerta de cierta bonita y limpia casa donde se veía que uno vivía bien.
Al momento de recobrar el control sobre mis miembros era muy tarde, el eco del timbre azotó mis oídos y de puro reflejo me alejé hasta la mitad de la cochera. No había ningún auto aparcado.
-Edward- escuché mi nombre, y con la piel erizada devolví el rostro hacia la entrada de la casa, donde cierto rubio me miraba boqueando como si no se la pudiera creer. Pasó un momento hasta que parecí reaccionar, y estaba punto de echarme a correr marica, pero inteligentemente, por donde había llegado cuando me sonrió. Sonrío con un cinismo y una soltura que me hicieron querer romperle los dientes contra su gemela, que habitaba en la boca de Envy.
-¿De qué carajos te ríes?- le solté iracundo. Él se encogió de hombros y se recargó contra el marco de la puerta.
-Así que… ¿te lo ha dicho ya?
¿Qué, ahora era que TODO el mundo estaba enterado del romance de Envy con su supuesto primo excepto yo?
¿Por qué demonios nadie me lo había dicho antes?
Ahora fue mi turno de boquear inútilmente, mientras trataba de hacer señas que me dieran a entender. Russell frunció el entrecejo desconcertado, como pensando algo entre las líneas de: ¿y a éste quién se lo habrá violado?
O algo así.
-Nadie me ha dicho nada. Esa palmera ambulante ni siquiera se ha molestado en ser discreta, la muy zorra- espeté venenosamente, con la respiración entrecortada y el rostro acalambrado de estar en la misma horrenda contorsión por tanto tiempo.
Tras notarlo, relajé mis facciones, porque enojarse saca arrugas. Al, siempre lo dice.
Russell asintió brevemente.
-¿Cómo sabías tú?- inquirí seguidamente, acercándome hasta quedar precisamente frente a él. Me intrigaba el por qué no me habría venido con el chisme, siendo que, en términos simples, eso le habría convenido.
-En realidad no sabía nada. Pero no se me ocurre otra razón por la que pudieras venir a mi casa- dijo elevando los ojos, como en profunda meditación- Además, era cuestión de tiempo. Cuando llegas a ser cercano con Envy, y te cuenta todas sus intimidades, acabas muy perturbado, y notando el patrón que sigue siempre.
Pero sobre todo muy perturbado.
Ni siquiera me entraron ganas de preguntarle a qué se refería. Estaba todo claro. Incluso yo me había negado en ciertas ocasiones a seguirle el juego a alguno de sus 'casos', que ciertamente denotarían una inestabilidad mental en cualquier siquiátrico, aunque imagino que habría otros a los que les fascinaría la idea.
Diablos, me dije mientras sentía otra breve sacudida recorrerme la columna entera.
-Me imagino- respondí una vez que hube pateado todos aquellos pensamientos repugnantes de mi mente- en fin, tu conversación ha sido en extremo ilustradora. Coincidamos en otro momento, ¿de acuerdo? Hasta luego.
Traté de huir, pero en el momento en que intentaba darme la vuelta, sentí una mano tibia cerrarse alrededor de mi muñeca. Entonces supe que todo estaba perdido.
Lo supe porque con su simple toque se había venido abajo la barrera tras la cual había encerrado al torbellino interno que eran mis pensamientos, y fluyendo libres por mi cerebro, se bloquearon todas las otras funciones. Sólo reconocía una palabra entre tantas que se aglopaban tratando de atraer mi atención. Y aquella palabra era venganza.
A pesar de que mi conciencia gritaba y hacía berrinche dentro de mí, lo único que yo quería era sentirme ruin y malvado, y joderle la vida a la gente. No sé, creo que por un breve momento pensé que aquello me revelaría un secreto y la respuesta a por qué diablos a las personas les encantaba el drama de la infidelidad.
Algo así como el descubrimiento del siglo. Como encontrarle sentido a la existencia. Igual y podría escribir un muy extenso ensayo sobre la vida, sus estúpidas maneras raras, y la explicación que realmente necesitaba. Lo titularía: "Hablando de palmeras y traiciones."
Russell se inclinó para besarme, y con una mano en el corazón (y la otra en las bolas) admitiré que los últimos centímetros los asesiné yo.
Nuestros labios hicieron contacto firmemente. No encontré la respuesta que buscaba, pero sí un deseo tan imperioso e irrefrenable que cuando mi cerebro gritó "para", mi cuerpo lo malinterpretó. Y por supuesto: algo se paró.
Cuando menos me di cuenta ya subíamos a trompicones por las escaleras, imitando tan propiamente la intensidad que habían desbordado Envy y el primo que por un momento incluso sonreí.
Nos desvanecimos sobre su cama.
Pronto ya no eran sus labios los que con mi boca tocaba, eran su cuello delicioso y su marcada clavícula. Sabía bien, y olía delicioso también. Con dedos temblorosos desabroché su camisa blanca, su perfecto pecho erizado me recibió felizmente. Subía y bajaba lentamente, en bocanadas de aire profundas y cuando lo recorrí con mis manos y mi lengua, apuró el paso, pero con irregularidad. El salado y dulce sabor de Russell era embriagante, un imán que a pesar de que mi conciencia me decía: basta ya, tonto, sólo ibas a besarle, no ibas a llegar tan lejos… no podía alejarme, ni despegar mi boca de esa piel blanca tan cálida y deliciosa.
Russell murmuró mi nombre.
Levanté mi rostro para mirarle, tenía los ojos fuertemente cerrados y las mejillas encendidas, la luz blanca que bañaba la habitación hacía que su rostro brillara tentadoramente y cuando abrió sus ojos, contrariado por mi pausa, sólo pude ver un deseo brillante pintado en ellos.
Sin dejar de mirarle dejé que mi mano bajara por su estomago hasta donde debía estar su…
De nuevo dijo mi nombre en un jadeo, echando la cabeza hacia un lado. No pude evitar sonreír cínicamente.
Pobre chico… era yo un completo fracaso en esta clase de cosas y sin embargo parecía gustarle…
Me hizo sentir bien… con Envy era terrible, pues el se burlaba de mí, aunque me enseñaba, me decía como debía hacer esto y aquello (aunque casi nunca me dejaba)… Russell parecía disfrutar de mi torpeza, y parecía que ni cuenta se daba de mi falta de técnica.
Al parecer era mas extraño entre dos amateurs que entre el maestro y su aprendiz… (1)
Me pregunte si Russell sería virgen… y me dio un ataque de risa de sólo pensarlo… Imposible… pero…
-Russell… ¿eres virgen?
Sus ojos se abrieron por completo y me miró con una ceja en alto.
-Olvídalo- me apresuré en decir para levantarme por completo de él y mirar hacia otro lado avergonzado. ¿Qué tan tonto puedo llegar a ser?
-No sé… más o menos, creo- me dijo meditándolo, palmeando su barbilla con su dedo índice, irguiéndose un poco. ¿Cómo que más o menos… Se puede eso?
-¿Te explicas?
-Envy es... una mala influencia- dijo levantando los ojos al techo, muy seguro de su afirmación.
-No me digas que…- me llevé las manos a la boca horrorizado. Naaaaaah… ¿En serio? ¿Envy?
Lo peor era que no me sorprendía del todo.
-Umh… sí, algo, pero no todo… ya sabes, sólo lo básico.
Puse cara como de que entendía, para no quedar mal, aunque la verdad… No captaba nada.
En lo único en que concordaba con Russelll era en que Envy era un infeliz bastardo imbécil malnacido… bueno… eso no era lo que había dicho Russell, pero es lo que digo yo.
El enojo que ya casi había olvidado por completo volvió a mí. Me crucé de brazos, enfurruñado, y me erguí, aún a horcajadas sobre las piernas de mi rubio cómplice.
Envy tonto… tonto, tonto, tonto…
De reojo pude ver a Russell terminando de quitarse su camisa y doblándola, para después colocarla en un lugar a salvo, dejándola en un perfecto cuadrito sobre la colcha. Le miré desconcertado y él sólo me sonrió.
-Es que luego se arruga- Explicó.
Casi caigo de la cama con su comentario, mas el sujeto ni atención me puso, sólo me miraba ansioso, extendiendo su mano hacía mí en una clara invitación a proseguir. El problema era que yo de verdad ya no me sentía con ánimos de aquello.
-Yo… creo que lo mejor sería que…
-Shhh- me silenció colocando su dedo sobre mi boca, me sonrojé, y ni siquiera sé por qué. Lo que supe después fue que su mano me halaba hacia él, lentamente, no queriendo forzarme.
Bah, no que yo me estuviera resistiendo ni nada. Ni sé por qué lo menciono si no tiene mérito alguno. Maldito yo que me dejo convencer con tan poca cosa… Sí, porque me acabo de dar cuenta de que es posible que sea más fácil que Puti-Clause, y de nuevo, eso ya es decir algo.
En fin… no sé por qué lo dejé hacer eso, ni se porque respondí fervientemente a sus tiernos besos, ni por qué reaccioné de esa manera a cada uno de sus toques…
Finalmente Russell colapsó a mi lado respirando pesadamente, y casi me tira de la cama el muy imbécil. Me quedé dormido después, exhausto… pero sin olvidarme de un detalle…
Cuando desperté estaba todo oscuro y había una sábana que cubría mi desnudez.
-Oh, mierda… ¿Dónde estoy?
-En mi cuarto- balbuceó Russel dándose vuelta a un lado mío.
-¡Qué! Oh, verga… debo ir a casa- estaba a punto de levantarme, pero Russell tomó mi mano con fuerza y me mantuvo en ese lugar.
-Edward, son las tres de la mañana…
-Madre debe estar preocupada, maldición, me regañaran… ¡Ropa, hija mía, ven a mí!
-Creo que tu mamá se preocupara más si llegas en medio de la noche a que si llegas mañana en la mañana…
Venga… realmente tenían que ser las tres de la mañana porque aquello que había dicho el rubio no tenía ningún sentido. Le fulminé con la mirada.
-Pero… deben estar despiertos, ¡esperándome con una macana para golpearme!
-No… llamé a tu hermanito y le dije que estabas aquí, supongo que les habrá dicho a tus padres. O algo, porque no llamaron ni han venido…
¿Al? ¿Pero que no me odiaba por impedirle revolcarse con un ser tan repulsivamente dejado como yo? No, Al siempre me estaba ayudando aunque yo sencillamente tratara de hacerle la vida imposible cada que podía.
-Eso no quita que…- pero detuve mi alegato a medias pues pensé en un detalle aún más importante que mis propios padres encabronándose conmigo- ¿Y tus padres?
-No sé… no han llegado…
-Y si llegan, y me ven, y…
Me silenció besándome tiernamente. Parpadeé un par de veces, mi histeria muriéndose poco a poco.
-Shhh, duerme…- pidió en un susurro.
Me recostó de nuevo en su cama y me abrazó contra él, me puse a recordar los hechos de aquella tarde y no pude evitar suspirar angustiado. Lo había descubierto. El misterio. El secreto.
La cosa es que la putada llamada infidelidad es una maldita enfermedad. Una estúpida enfermedad que por culpa de Envy yo también ya padezco.
¿Ah, sí? Pues a la mierda con la fidelidad no correspondida. A lo que puede jugar uno, pueden dos. Y tres. Y cuatro.
Maldición.
-¿Russ?
-¿Mhhh?
-¿Puedes… besarme de nuevo? Por favor…
A pesar de la oscuridad pude ver sus parpados abrirse y a él sonriendo, antes de acercarse a mí y plantarme un dulce beso que me encantó. No le permití separarse de mí, profundicé el contacto, mis manos en sus mejillas, manteniéndole tan cerca como podía, sus manos en mis hombros, deteniéndome en esa pose, mi pierna deslizándose entre las suyas.
Y escúchame bien, pedazo de imbécil mal parido con horrible cabello vegetal de colores anormales, lo que vengas haciendo con tus rameras me viene valiendo un comino y yo…
Yo…
Te quiero.
Envy.
(1) Es imposible que Edward sea un loser en estas cosas. El muchacho aprende rápido y ¡con Envy de maestro! Obviamente es un As, pero todavía no se da cuenta…
Ajá! Qué demonios ha sido eso?
Eso, mis queridos niños (?), ha sido una revoltura de algo que escribí hace dos años, algo que escribí hace un año, y algo que escribí… hoy D:
No tiene sentido.
No tiene coherencia.
No tiene estilo.
No tiene Envy/Ed.
¿Es que podría ser peor? Dudablemente.
Pero me falta menos para acabar la historia :3
Y sí, probablemente esto esté más serio… pero mehhh… últimamente sólo puedo escribir angst, ¿qué esperaban? xDDDD
··Invitados especiales··
Asakura Yoh: Amidamaru Intelectual! Supiritu Baru Modo! Amidamaru Intelectual In Teclado, Oberusoru! ((Spirit Ball Mode… Oversoul)) (sí, errr… no me lo se en español n.n')
Teclea locamente, aumentando velocidad gracias a Amidamaru Intelectual.
Asakura Hao: Hermanito… eres un imbécil, qué vergüenza, rebajándote a ser una buena persona para mandar un review. ¿Cuándo aprenderás que ser malvado es más padre? Debo castigarte…
Se abalanza sobre Yoh y comienza a…
Amidamaru: Yoh-dono! Su hermano esta… OH POR HARUSAME! ºAº'
Escapa.
Emh seeeeeeeeh xDDDD Ignoren eso… ¿Me dejan un review, porfa?
··Blue Windy··
