Capítulo 13: Mírame a los ojos
Bella acababa de salir de la ducha, aún envuelta en una toalla, cuando Alice abrió la puerta.
"¡Por favor, por favor, no me mates!" dijo cubriéndose la cara con ambas manos. Al ver que Bella no estaba arrojándole cosas, abrió los ojos y miró a través de sus dedos delgados.
"Lo sabías" fue lo único que Bella dijo antes de dejarse caer en la cama cubriendo sus ojos con su brazo.
"Lo siento. Debí decírtelo. Pero se sincera Bella. ¿Me habrías creído? ¿Hubieras creído que el hombre de tus sueños es mi hermano?" Bella movió su brazo y miró a los ojos suplicantes de Alice. "Y además, podría haberme equivocado. Quería que lo descubrieras por ti misma".
Alice se movió hasta la cama y se sentó al lado de Bella. "Solo que no esperaba que cayeras inconsciente al verlo. Conozco a Edward desde hace años. Y sé que es apuesto. Pero te aseguro que nunca ha tenido ese efecto en las mujeres antes". Alice estaba casi llorando de risa.
"No es gracioso" dijo Bella sentándose. "Podrías haberme causado un ataque al corazón. ¿Te das cuenta de lo que acaba de ocurrir? Encontré al hombre con el que he estado soñando por siete años. A quien he amado desde el primer día creyendo que era imposible. ¡Y ahora está aquí, bajo el mismo techo, y es real!". Bella estaba temblando.
"Cálmate" Alice envolvió su brazo alrededor de los hombros de Bella. "¿Estás segura? ¿Es él? ¿O Edward solo se le parece?"
"Creeme Alice, es él. Podría haberlo reconocido con mis ojos cerrados" Bella puso sus manos a los lados de su cabeza.
"No te preocupes cariño. Todo saldrá bien. ¡Esto tiene que ser obra del destino!" exclamó Alice abrazándola con más fuerza. "No hay forma de que todo esto sea una coincidencia. Como nos conocimos, como decidí que serías mi amiga, como nos conectamos. Y además…¡soñaste con Edward y él te habló de mi cuando en la realidad aún no nos conocíamos! ¿Es que no puedes ver lo increíble que es esto?"
Bella levantó la cabeza y miró a los ojos de Alice. "Estoy asustada Alice. Lo amo tanto. Él significa el mundo para mi. Y mírame. Soy un completo desastre. Nunca he sido atractiva o interesante. ¿Cómo podría él siquiera mirarme?"
"Oh Bella. Realmente tienes una imagen distorsionada de ti misma. Pero de todos modos voy a ayudarte" dijo Alice y removió la toalla del pelo de Bella. "Déjame trabajar contigo". Y comenzó a desarrollar su talento.
…..
Edward estaba en su habitación husmeando en su bolso para hallar algo que usar. Quería verse bien, porque ella iba a estar en la cena.
Edward dejó su mente vagar a la tarde en la playa y al recuerdo de la frágil figura de Bella a su lado en la manta.
Había deseado poder tocarla todo el día, tal como había hecho mientras ella estaba inconsciente. La memoria de su cuerpo yaciendo inmóvil en sus brazos, sus ojos cerrados y sus labios rosados apenas abiertos, llenó su pecho y le aceleró el corazón.
Bella era hermosa y misteriosa. Había inteligencia en sus ojos, y una nostálgica tristeza también. Y el modo en que lo miraba, como si él fuera alguien de su pasado, hacía que cada fibra de su ser se tensionara.
Nunca había sentido la urgencia de proteger a alguien como ese día en la playa, adelantándose justo a tiempo para tomarla en sus brazos antes de que cayera al suelo, acunando su cabeza en su pecho. Y la textura de su piel, suave y cálida bajo sus dedos, hizo que el viaje a la playa valiera la pena.
Un tímido golpe en la puerta lo trajo de regreso de sus pensamientos.
"¿Puedo pasar?" la voz aguda de Alice le llegó del otro lado de la puerta.
"Pasa" dijo Edward y vio a su pequeña hermana cerrar la puerta tras de si.
"¿Qué ocurre?" preguntó.
"Solo quería darte algo que compré para ti la última vez que salí de compras" le arrojó una bolsa con una camisa negra, con escote en V.
"Gracias" dijo Edward mirándola sospechosamente. "¿Se supone que debo usarla esta noche?"
"Si lo deseas…" Alice dejó la frase en suspenso.
"Lo sabías" dijo él sin dejar de mirarla.
"¿Qué?" preguntó tratando de parecer inocente.
"Sabías que ella iba a gustarme, ¿verdad?. Sabías que conectaríamos. Tu siempre sabes" Edward tomó un par de pasos y pronto la estaba mirando desde su altura.
Alice buscó sus ojos. "Tal vez lo haya sospechado. Pero eso no es lo importante" Colocó sus pequeñas manos sobre el pecho de su hermano. "De verdad te gusta, ¿no?"
"Alice…" la voz de Edward era una advertencia.
"Necesito saber Edward. Se honesto conmigo. No voy a contarle a Bella". Él dudó. "Aún soy tu hermana preferida, ¿verdad?". Alice le dedicó sus mejores ojos de cachorro.
"¡Demonios Alice! Realmente eres aterrorizante para ser tan pequeña" declaró Edward y ella le sonrió.
"De acuerdo, lo admito" dijo Edward abruptamente resignado. "Creo que Bella es hermosa y fascinante. Y no sé porqué, pero tengo la extraña sensación de que he estado conectada con ella toda una vida"
Alice casi saltaba en el lugar. "Estoy tan feliz por ti hermano" exclamó abrazándolo.
"No veo porqué. No sé si ella corresponderá mis sentimientos" respondió Edward.
"Eres un gran partido, querido hermano. Solo deja que las cosas fluyan y el destino hará el resto". Depositando un beso en la mejilla de Edward, Alice dejó la habitación.
…
Cuando Bella bajó la escalera para cenar junto a Alice, vio que Jasper y Edward estaban charlando al pie de los escalones. Jasper fue el primero en levantar los ojos y, al ver a Alice, una increíble sonrisa colmó sus labios mientras abría los brazos para recibirla en un abrazo, tocando su frente con la de ella y clavando sus ojos en los suyos.
Edward miró hacia arriba entonces y su mirada se encontró con la de Bella. Por un momento, se olvidó de respirar, y el aire abandonó su cuerpo en un jadeo. Aunque creyó que sería imposible, Bella se veía aún más hermosa ahora de lo que la había visto esa tarde, cuando yacía inconciente en sus brazos. Ahora vestía una blusa azul que dejaba entrever un resquicio de su piel, y una pollera corta de jean que revelaba la longitud de sus delgadas piernas. Su cabello caía sobre sus hombres en sedosos rizos; y había un tinte rosado en sus mejillas que Edward notó con fascinación que no era producto del maquillaje, sino del rubor que él encontraba tan adorable.
Había sólo admiración y la más profunda devoción en los ojos de Edward mientras la observaba bajar por las escaleras, pero Bella no pudo verlo porque se había perdido en el océano de sus propias memorias y sentimientos.
Allí estaba él, como esperándola, y usaba las mismas ropas que había usado en el claro de sus sueños, las mismas que usaba en el dibujo que colgaba de su oficina. Y era mucho más hermoso de lo que ella podía recordar, ahora que podía apreciarlo con sus verdaderos ojos.
Bella se paró junto a Edward y observó dentro de sus ojos verdes, del mismo modo que lo había hecho tantas veces en sueños. No puedo encontrar en ella la resolución de pensar. Emociones poderosas, aprendidas en incontables noches en su presencia, se apoderaron de sus acciones. Y se quedó para allí, mirándolo, reclamando sus ojos, mientras el mundo alrededor desaparecía en una densa niebla.
Edward quedó prendido de su mirada en el mismo momento en que Bella descendió por las escaleras tomando sus ojos cautivos. La sensación que lo embargó entonces fue la de llegar al hogar. Bella era el hogar. Bella era un lugar seguro y familiar en el universo, en donde todo tenía sentido.
Y mientras se dejaban consumir por ese trance que había compartido secretamente por años, Edward y Bella unieron sus manos y enredaron sus dedos, dibujando silenciosamente con ellos en la piel del otro.
Fue un momento sumamente intenso pero, a la vez, increíblemente familiar. La memoria de un ritual realizado desde siempre. El recuerdo de sentimiento y emociones que nunca podrían olvidarse, ni en sus mentes ni en sus cuerpos. La sensación de un lazo que estaba mucho más allá de cualquier cosa que hubieran sentido antes, porque ahora real y profundamente íntimo.
El sonido de la voz de Alice llamándolos a cenar rompió el hechizo. Y ambos soltaron las manos y miraron alrededor, confundidos, incapaces de comprender la intensidad del momento que acababan de compartir. Se sonrieron uno al otro avergonzados y caminaron hacia el comedor.
La cena fue agradable, igual que cualquier otra cena familiar. Hablaron de nada en particular, y el ambiente fue cálido y alegre.
Pero cada tanto Bella se sentía obligada a levantar la mirada de su plato y mirar a los ojos de Edward. Y cada vez que lo hacía, se encontraba con las pupilas verdes del hombre de sus sueños, tan intensas que casi podían cegarla, y a la vez tan poderosas como para hacer que todo el universo girase en torno a ellas.
