Antes que nada, una disculpa por demorar tanto, han pasado sin fin de cosas desde hace unos meses, cambios de domicilio, de trabajo, de emociones y madurez que me han dejado un poco devastada. No prometo que este capítulo será maravilloso pero es una parte importante para comprender un poco a uno de los personajes. Ojalá les guste, enserio, si no, creo que estoy perdiendo la chispa :v, no ando en mi modo escritora definitivamente pero lo escribí por que ya quería actualizar, se que hay unas personitas por ahi esperando el capitulo, este va dedicado a ellas definitivamente. Los quiero mucho y espero me hagan llegar sus comentarios. :) Madre y mujer tendrá solamente dos capítulos. Sin mas, a leer.

Capítulo XIV

Madre y Mujer I

Habían pasado ya algunos cuantos años después de la guerra y los barrios pobres de Japón eran menos, mas no inexistentes, guerra que iba directo hacia su pueblo pero por estrategias del gobierno se había desviado, y sin lugar a donde ir o refugiarse, había sido un milagro, le contó su padre quien vivía en aquel templo donde ella creció. Ella ahora casada con un militar del ejercito su vida era exclusiva para su marido y su hogar.

Eran las 12:00 am cuando esa llamada termino con una parte de su corazón, enterrándolo y hundiéndolo en aquellas aguas traicioneras que se lo llevaron, la voz dura del otro lado era como un hielo corriendo por su espalda.

Ella solo miraba un punto incierto en aquella pequeña habitación que fue testigo de su amor, intentando despertar de ese extraño sueño.

"Lo sentimos mucho, mi mas sentido pésame, buenas noches…" fueron las pocas palabras que se quedaron grabadas en su memoria, mientras su vida se destruía en aquel pequeño cuarto a oscuras. Su esposo había muerto en una misión de rescate en una inundación.

Pasó tan solo un mes cuando se ilumino su vida inesperadamente, "Un hijo… un hijo de él…" quizá la mujer tendría un nuevo motivo por el cual sonreír…

Tenía dos meses de embarazo cuando lo conoció.

–Hija, por favor considera regresar a casa, tu madre y yo somos tu única familia, no le debes nada a nadie– Se escuchaba del otro lado del teléfono.

–No puedo, no aún papá… no soy tan fuerte como para abandonar lo poco que tengo de él– el silenció reino por unos segundos

–Aquí esta tu hogar, te estaremos esperando– Su embarazo era, claramente, un secreto. Colgaron. Un suspiro de sus delgados labios inundo su habitación, sin saber exactamente que estaba esperando de la vida, sin saber que la mantenía atada a ese lugar.

Salió como todos los días a dar un paseo, era la 1 de la tarde y el sol parecía no perdonar a nadie, a pesar de las recomendaciones del doctor por cuidar su alimentación, solía comer poco ya que su estomago rechazaba casi todos los alimentos. Caminó siguiendo las vías del tren que la llevaron a la estación, un pequeño techado de madera que cubriría los insistentes rayos de sol mientras descansaba, cerró los ojos y suspiró soltando todo el dolor que podia canalizar, era un mar de emociones, estaba rota y enmendada por pequeños hilos que su hijo… o hija, habían puesto ahí, intentaba con todas sus fuerzas estar en el presente, su hijo la necesitaría. Abrió los ojos después de lo que parecieron ser 5 minutos, pero por el color rojizo del cielo claramente habían sido horas. Miró desconcertada de un lado a otro, las personas que la rodeaban antes habían desaparecido y solo estaba ella y su pequeño bolso a un lado, bolso que no demoro en revisar agradeciendo que sus pocas pertenencias estaban aún ahi, cuando su vista se alzó su corazón se detuvo por un instante, un hombre del otro lado de las vías la miraba fijamente, y cuando sus ojos chocaron el tranquilamente miró hacia otra dirección, un sentimiento extraño y confuso albergó su alma, el hombre no era como nadie que hubiera visto jamas, alto y elegante, sus ropas no eran típicas de ahí, ni de otro lugar que antes hubiera visto, era como en aquellas hojas de periódico donde envolvían la verdura, eso era, parecía un modelo sacado de una de esas fotografías. Rápidamente dirigió sus pensamientos al presente, soltando un breve suspiro. Se puso de pie y se marchó intentando olvidar el ligero escalofrío que aquellos ojos causaron en ella.

Entre mentiras e inocentes excusas logró pasar su embarazo desapercibido por sus padres, al principio esa no fue la intención, pero temía que a estas alturas no la pudieran perdonar por ocultarles algo tan importante, pero no podían culparla, habían sido demasiadas emociones en tan poco tiempo que no podia pensar con claridad.

Se miraba al espejo mientras peinaba su largo cabello color azabache, dirigió sus ojos a su prominente barriga de 7 meses meditabunda, lo había decidido, volvería a casa. De solo pensar en estar sola cuando su bebe naciera la estremecía, el miedo de los últimos meses se hizo presente, tomo sus pertenencias y la única foto que guardaba de él la acomodo en un bolso interior de su ligero abrigo dispuesta a comenzar una nueva vida…

Salió con un presentimiento extraño, pero no se detuvo y conforme avanzaba sentía como su corazón y su vida se derrumbaba, no era tan fuerte como pensaba, dejó caer unas cuantas lagrimas que limpio rápidamente sin mirar atrás… cuando un intenso dolor se esparció por su vientre, tembló involuntariamente y el pánico reemplazó toda emoción, cayó de rodillas comenzando a sangrar de su entrepierna…

–Mi… ¡Mi hijo!– Gritó en forma de auxilio. En ese momento sintió como unos brazos ágiles la tomaban en brazos y la elevaban como si fuera una pluma, era el hombre de la estación que sin mirarla ella podia ver la preocupación reinando sus ojos, el dolor se hizo intenso e insoportable al punto de perder la consciencia.

Abrió los ojos lentamente para encontrarse con una blanca habitación, no recordaba nada, al notar que su enorme barriga ya no estaba el miedo comenzó a reinar su mente.

–¿Dónde esta mi bebe?– preguntó con temor mirando a la enfermera que había llegado segundos después de despertar.

–Tranquila– le inyecto un sedante antes que la pobre mujer tuviera fuerza de pararse y salir corriendo. –Tu hija esta sana y salva…– sonrió mientras la tranquilizaba con una cálida sonrisa, Nahomi no entendía que estaba pasando, ni sabia como llego ahí… –Su esposo esta con ella– esa sola palabra la descolocó.

¿Ella? ¿esposo? Es niña…

–Tuvo una cesárea complicada– escuchaba la voz de la mujer distante, no entendía que pasaba. –Si hubiera demorado un poco abría perdido a su hija, pero gracias a su esposo que pudo brindarle primeros auxilio todo salió bien–

–Yo no tengo esposo– susurró confundida –Quiero ver a mi hija– La enfermera la miró confundida

–La niña esta en cuidados intensivos, tendrá que quedarse al menos un mes aquí, y bueno… el hombre que la trajo esta afuera, ¿Quiere que entre?– Nahomi comenzó a recordar y un ligero sonrojo adorno sus pálidas mejillas.

–Esta bien… si– su mirada aun confundida dejó a la enfermera pensando. ¿Quien era ese apuesto hombre?.

Pasaron unos minutos antes de que su porte imponente inundara el lugar, la mujer de ojos chocolate lo miró y su respiración se detuvo. El hombre mantenía un perfil bajo pero no pasaba desapercibido en absoluto, la miró y se sentó en la pequeña silla negra que descansaba a su costado.

–Gracias por tu ayuda, sin ti no se que habría sido de nosotras– soltó agradecida y por que no admitirlo, embelesada por su rostro sereno.

–No me he presentado adecuadamente, mi nombre es Inuyasha, conocí a tu esposo en el ejercito– Por un instante sus ojos almendra amenazaron con inundarse al escuchar a alguien hablar de él, pero contuvo ese repentino impulso.

–I… Inuyasha, yo… no se que decirte, no se como agradecerte–

–No tienes porque, estimaba a tu esposo y si algo les hubiera ocurrido estando yo ahi no me lo habría perdonado– sonrío, sus ojos negros parecían jugar a dorado, o quizá era su imaginación. Con un semblante triste, igual que ella se miraron por un eterno instante, uno que llego a ser incomodo, el hombre parecía no querer irse, o parecía no tener nada mejor que hacer.

–¿Cómo es ella?– preguntó la mujer tímidamente, el rostro del sujeto se ilumino extrañamente sin haber cambiado un solo gesto.

–Hermosa…– soltó en un suspiro que pasó desapercibido por la mujer.

En la mirada melancólica de Nahomi estaba oculta la sensación de bienestar que le brindaba ese hombre, quizá… quizá el destino lo había puesto en su camino.

Sus padres a sabiendas fueron a visitarla al hospital al día siguiente, asombrados y resentidos de haberles ocultado algo tan importante como un embarazo. Cuando finalmente la dieron de alta recibió la triste noticia de que su madre había enfermado de gravedad, pudo llegar a tiempo solo para decirle adios…

Nahomi regreso con su pequeña hija al templo Higurashi para establecerse con su padre quien había quedado devastado tras la muerte de su esposa, Nahomi era un mar de emociones y sentimientos indescifrables, comenzó a reír y mostrarse siempre amable y feliz con quienes la conocían, como si su corazón estuviera intacto, Inuyasha quien solía visitarla frecuentemente podia sentir su cambio más que nadie, sabia lo que estaba sufriendo por dentro. Pero el motivo de sus frecuentes visitas claramente no era ella, al menos, no del todo…

¡Feliz cumpleaños! Gritaron todos cuando una linda niña de cabellos azabaches apareció caminando de la mano de su madre.

–Mi pequeña nieta cumple cuatro años– gritó el anciano mientras bailaba con un abanico.

–Inuyasha…– dijo la niña corriendo a sus brazos. Este la cargó sin dudarlo sintiendo ese golpe de culpa y remordimiento, pero al mismo tiempo felicidad.

Nahomi sostuvo una camara dispuesta a tomarle una foto pero Inuyasha se apartó.

–Yo… no me gustan las fotos– respondió sorprendido. –Y, vaya, que tarde es, debería irme ya…– Se despidió amablemente y caminó a la sala de estar. El anciano le hizo un gesto a su hija para que lo despidiera mientras extendía los brazos dispuesto a cuidar a la pequeña Kagome…

–Inuyasha, espera– se apresuró a alcanzarlo cuando el hombre ya estaba en el portal, cerró la puerta tras si y se abrigo protegiéndose del frío.

–No deberías estar aquí afuera, es…– sus palabras fueron calladas con un beso inesperado de la mujer que lo dejo completamente helado… confundido.

–Nahomi yo…– musito Inuyasha aún perturbado, la mujer avergonzada al no verse correspondida se sonrojo.

–Disculpa…– se alejó sin saber que mas decir. Inuyasha la miró, con su cabello largo y la inocencia de una mujer joven que no conocía absolutamente nada de él mas que las mentiras que el fue construyendo alrededor. Su cabello aún largo, sus ojos chocolate, tan parecidos a los de ella… pero a la vez tan distintos. Perdido por un instante en su pasado y en el recuerdo de aquellos ojos color almendra que tanto amó dio un paso acortando la distancia entre los dos y la besó… un beso triste y traidor, el hombre no pensaba en absoluto lo que estaba haciendo, pero fue consciente de su error al no sentir los labios de su esposa en ella, al no sentir mas que cariño por la mujer que notablemente se había enamorado de él… se separo rápidamente como si fuera a cambiar lo que había hecho con ese simple gesto, pero había cometido una estupidez y una muy grande.

–Tengo que irme– se alejó entre la penumbra que reinaba aquella noche, dejando a una esperanzada y enamorada mujer detrás…

Inuyasha considero sabiamente que tenia que hacer de ahora en adelante, definitivamente no podia alimentar esta extraña relación.

Cuando llegó el amanecer al siguiente día, nadie se esperaba que las cosas dieran un giro inesperado, inesperado y trágico.

–Buenos días– se escucho la voz gruesa de un hombre del otro lado de la linea

–Muy buenos días, ¿Quien habla?– respondió la mujer confundida

–Habla el Teniente Tsuruya, hablé con usted hace unos años para informarle del fallecimiento de su esposo…– La mujer lo recordó enseguida.

–Ya lo recuerdo, ¿A que se debe su llamada?–

–Me enteré que tuvo una hija, un poco tarde, solo quería felicitarla y decirle que lo lamento mucho–

–Muchas gracias Teniente, mi hija esta sana, se parece mucho a él…–

–Lamento no haber llamado antes–

–No se preocupe, el Teniente Taisho nos ha frecuentado e inclusive nos a apoyado con gastos, innecesariamente ya que con la pensión de mi esposo podemos vivir cómodamente.

–¿Taisho?– se escucho del otro lado interrumpiéndola

–Si, compañero de mi esposo–

–Creo que esta confundida– ahora si que lo estaba

–No comprendo–

–En nuestra cuadrilla no hay ningun Taisho–

–Inuyasha, Inuyasha Taisho– añadió aún confundida

–Creó que hay un error– añadió el Teniente, Nahomi no figuraba absolutamente nada más que las palabras dichas por el sujeto, un minuto después entre buenos deseos y despedidas colgó consternada…

Continuara...

Sujetillos perdidos ¿Qué les pareció? ¿Bueno? ¿Malo? ¿Medio malo? ¿Raro? Quizá un poco, jaja, esto de Inuyasha y la mamá de Kagome es extremadamente raro, pero oigan, ¿Alguien la puede culpar? Es INUYASHA! y este por su parecido con Kagome metió la pata, pobre, están a punto de descubrirlo. ¿Qué pasara? ¡Descúbrelo en el siguiente capítulo!

Gracias especiales a:

Marlene Vasquez: Te vas a sorprender completamente la razón por la cual Kagome no puede salir. Lamento mi desaparición completa de casi medio año! u-u enserio. Muchas gracias por tu apoyo bonita!.

Maytelu: Jaja, lo se (probablemente después de medio año no sepas de que me rio, así que te invito a leer tu review. Gracias por tus tips y consejos para pulir mi escritura, he dejado de lado escribir por un sin fin de cosas que me pasaron pero espero pronto terminar la historia. Besos :9 y muchas gracias por tu review.

Nena Taisho: Adivinaste las intenciones de Inuyasha, jajaja, bueno, es un poco obvio también XD. Muchas gracias por tu review, besos!.

Linda: Bienvenida, ojalá te siga gustando la historia. :) gracias por tu review. Nos estamos leyendo.

Peketaishouchiha: :( Pekeeee sigo viva!, lamento tanto la demora como no tienes idea, ya brevemente te explique la situación, y no sabes lo agradecida que estoy por tu interés en mi historia y en mi ausencia. Estoy bien y espero actualizar pronto.

Gracias chicas por su apoyo. 3

Nos leemos en el proximo capítulo. :)