EL NIDO DE LA SERPIENTE

XIV. VIOLENCIA

El golpe es seco y llega abruptamente. Ni siquiera Spica tuvo tiempo de pensar quien se lo había dado. Pero claro, Stynx con su sentido del recato se lo aviso.

-¡ABRAXAS! ¡HIJO DE PUTA! ¿QUIÉN MIERDAS TE CREES?!- chilla la morena parándose frente a Malfoy. Él le llevaba varios centímetros de alto y unos cuantos de ancho. Pero aun así la joven logra imponer un extraño aire de autoridad.

-Quítate…-

Spica levanta la cara de golpe y mira a Abraxas. Un frío le surca la espalda. Esto no es normal en un arranque de ira de Abraxas. Él insulta, se caga en los muertos, rompe cosas y amenaza con sacarle las tripas por los ojos. Ahora no. Solo tiene los labios excesivamente lívidos para su gusto y la mirada fría, irradiando un odio que ella tema y respeta.

Quizás fue esa autoridad nunca vista en el Malfoy, que hizo que Stynx se quitara en un silencioso respeto.

Spica tiene su mano apoyada en la mejilla golpeada, puesto que la siente palpitante y le zumba el oído.

-Levántate- ordena él, cruzándose de brazos y mirándola con furia. Pero ella no se levanta. Por primera vez en su vida, Spica Rossier no hace lo que se le ordena. Y no lo hace concientemente. Ahora mismo su mente flota en un océano de confusión. ¿Qué ha llevado a Abraxas a hacer esto? De repente, una garra (que es una mano) aprieta el delicado antebrazo con una fuerza brusca.

-¡Levántate!- dice rudamente, pero ella no tiene que esforzarse. La levanta y prácticamente la ha arrastrado hasta un pasillo solo.

La empuja contra la pared, y un sonido sordo choca contra las paredes. Luego la bocanada de aire que sale en forma de gemido. Una suave presión se erradica en sus labios, y de repente la presión se vuelve dolorosa. Abraxas la muerde con ira, aunque distingue que a él si le gusta lo que esta haciéndole. Ella empieza a patalear con rabia, pero es inútil. Él es mas fuerte, y su varita entre la pelea ha caído al suelo, relativamente lejos de su alcance.

Los dedos como zarpas le empiezan a acariciar toscamente los muslos, subiendo con rabia. Un brillo de espanto le ilumina los ojos que se abren de par en par buscando la mirada de Abraxas con desesperación. Toma aire para gritar, pero su prometido es más rápido tapando el grito colocándole su mano sobre la boca. Ella no tarda en empezar a morderle la mano desesperada. Pero Abraxas no se mueve. Y sus dedos escalan, haciéndole doler.

-¡¿Esto también te lo hace Tom?! ¡¿Y por qué a él le gimes y a mi no?! ¡RAMERA!

Unos pasos resuenan y producen eco contra las paredes de roca. Abraxas la deja caer pero no se mueve. Ella tampoco pero toma a duras penas su varita y la levanta por inercia. Malfoy ni siquiera se digna a mirarla. Y en la esquina aparece Tom, con las manos en la nuca y la sonrisa torcida.

-Venga guapa, baja la varita. Y Abraxas deja de mirarme como si me hubiera follado a tu madre…- los músculos de la mandíbula de Abraxas se tensan amenazadoramente. Spica baja la varita, con una sensación de alivio totalmente nueva. Hay esta Tom. Tom la protegería.

-Follatela- escupe Abraxas de golpe.

-¿A quién? ¿A tu madre o a Rossier?- levanta una ceja sarcástico y Abraxas calla un insulto que tenia preparado en la punta de la lengua.

-A Rossier. Follatela. Pero cállatelo. Que no quiero tener que mataros a ninguno de los dos.

La expresión de Tom deja de golpe de ser burlesca. Incluso se ha vuelto seria, o por lo menos no demuestra emoción como si de una macabra mascara se tratara. Ninguno de los dos habla y la tensión se puede cortar. Spica se pega contra la pared, aunque busca en sus bolsillos la varita, solo por si acaso pueda necesitarla. Los segundos pasan, y parecen extenderse hasta ser minutos, horas, días.

Apenas es un parpadeo cuando Abraxas se da la vuelta y se va. Apenas si la mira. Solo quedan Tom y ella en un silencio mortal.

Y por eso puede empezar a deshacerse en lágrimas. Sollozos desesperados y ahogados, como si la estuvieran ahogando. Tom debería de correr a su lado y besarla. Pero no lo hace. Y ella se muere entre su tristeza, por que sabe que lo que Abraxas dice es cierto. Que ella es una puta. Que es la zorra de Slytherin. La ramera de Riddle. Que no se cobra con dinero, si no besos y gestos de cariño falsos, vacíos.

Tom espera a que se calme para sentarse a su lado y cogerle la mano casi con cautela. Ella no se niega. Pero él no tiene ganas. Apenas lanza un suspiro de cansancio y apoya la cabeza en la fría roca, acariciando sus dedos con ternura. Esto se esta tornando peligroso.