Capítulo Catorce
"Pase Lo Que Pase"
Nueva York
Susana se quedó dormida esperando la promesa de Terry. Él salió de la habitación y buscó al doctor que lo atendió hace unos minutos.
-Debe haber otras opciones doctor, -Le soltó Terry sin preámbulos.
-Si la hay señor Grandchester, pero si elegimos esa, pondríamos en peligro ambas vidas. Podemos tener a la señora hospitalizada hasta que cumpla los siete meses de embarazo, dando tiempo a que el feto este un poco más desarrollado y entonces practicaríamos una cesárea, pero eso debilitaría demasiado a su esposa y correríamos en riesgo de que ambos mueran durante el proceso.
Era arriesgar demasiado, por donde lo vieran había peligro. Terry estaba acorralado.
Al salir del consultorio del doctor, se encontró con su madre que estaba en la cafetería del hospital. Eleanor al ver a su hijo en un completo estado de angustia, corrió a su encuentro y el castaño se abrazó a ella llorando sin saber que hacer.
-¿Qué hago mamá?
-No lo se hijo, solo te digo que lo que decidan, háganlo juntos, tienen que sopesar todas las opciones que hay. Tanto Susana como tú son jóvenes, tienen toda una vida por delante. Por otra parte esta el hecho de que ella lleva en su interior un hermoso regalo que la vida les ha obsequiado y que ustedes ya han perdido tres embarazos, deshacerse de esa criatura, sería condenarlos a una vida sin hijos propios. Se que es muy complicada la situación donde se encuentran, pero tienen que luchar unidos y debes mostrarte fuerte ante tu esposa, ella te necesita ahora más que nunca.
Eleanor no le dio muchas soluciones a Terrence, pero en algo tenía razón, esa decisión debían tomarla juntos. Susana durmió hasta la mañana siguiente, pero Terry no pudo conciliar el sueño, la preocupación aunada al cansancio que arrastraba de la noche pasada con Candy, estaban menguando su energía y su humor estaba terrible. Jean Pierre regresó después de haber ido a su departamento cambiarse y encontró a Terry en la misma posición en la que lo dejó, sentado junto a la cama de Susana y tomando una de sus manos.
Al tratar de convencer a Terry para que fuera a descansar un rato, despertó a Susana.
-¡Hola chicos!, Susana hablaba tranquilamente
-¡Hola preciosa! ¿Cómo te sientes?, -Terry se incorporó rápidamente.
-Muy bien y muy feliz, -tanto Terry como Jean Pierre la miraron extrañados, -No me vean así que no estoy loca.
-Susana bonita, tenemos que hablar, -Terry tenía miedo de enfrentarse a ella nuevamente con la misma conversación.
-No hay nada que hablar Terry, la decisión está tomada, tendremos este bebé y a mi no me pasará nada ya lo verás. –Ella sonaba muy segura de lo que decía.
-Susana por favor, mi vida, te lo suplico, hablemos de esto y pensemos mejor las cosas, Jean Pierre habla con ella a ti te escuchará.
-Ni se te ocurra Jean, mira que no puedo moverme y por lo tanto no puedo darte tu merecido. Terry, ya lo hablamos antes, este bebé tiene que nacer, pase lo que pase voy a darte un hijo.
Nada ni nadie podría hacerla cambiar de opinión, ella estaba dispuesta a llegar hasta el final, aunque literalmente significara el final de su vida.
Chicago
El viaje hasta Chicago fue agotador, pero a pesar del cansancio, Candy no quiso quedarse mucho tiempo en la mansión Andley. Solo saludaron y estuvieron compartiendo reunidos con Nella y los niños, esperando que Albert llegara de la oficina para salir rumbo a Lakewood.
Ella abrazaba a sus hijos y les decía cuantos los había extrañado, no dejaba de pensar que muy pronto tal vez no los vería más, esto le causaba dolor, los amaba, pero ahora que había encontrado el amor de Terry nuevamente, su corazón tenía un solo propósito, ser feliz al lado del hombre que siempre ha amado. Ya le encontrarían una solución, tal vez las cosas no eran tan graves como se las imaginaba. Tal vez terminara en buenos términos con Neil y así podría ver a sus hijos y pasar temporadas con ellos, tal vez podría llevárselo con ella. Tenía tantas esperanzas.
-La semana que viene es el cumpleaños de la tía abuela, ya esta todo listo, pero espero contar con tu ayuda para los detalles de última hora Candy, -Nella acudía a ella aun sabiendo que Candy era tanto o menos apreciada por la anciana que ella.
-Por supuesto Nella, cuenta conmigo, la Tía abuela quedará encantada con nuestro trabajo en equipo, -ella hablaba con sarcasmo expreso y todos rieron ante la ocurrencia.
-Bueno Candy será mejor que nos vayamos si queremos llegar a Lakewood antes de media noche, -Neil, tenía en brazos a la pequeña Marión, mientras que Candy acariciaba el pelo de Noah.
-No entiendo cual es la prisa que tienen, saben que la carretera a Lakewood es muy peligrosa y aun más de noche, -Albert veía con preocupación a Candy.
-No te preocupes tío, conduciré yo, no Candy, -ella le golpeó las costillas y luego salieron camino a casa.
Llegaron a Lakewood sin contratiempos, pero muy cansados. Candy no había tenido un buen reposo en horas y el bamboleo del tren no ayudó mucho.
Los niños se habían quedado dormidos en el auto y ellos tuvieron que cargarlos para llevarlos a sus camas. Neil quiso impedir que ella levantara el peso de su hija, pero ella no hizo caso y se encargó de la pequeña. Las maletas se quedarían en el coche, pues no querían despertar a nadie de la servidumbre.
Al cargar a Marión, Candy sintió un leve pinchazo en sus caderas, pero no comentó nada a su esposo. Acostaron a los niños y ella fue rápidamente al baño. Al revisar su ropa interior notó que estaba manchada con un poco de sangre. Se cambió y ahora si se decidió a hablar.
-Mañana a primera hora quiero que llames al doctor.
Neil de inmediato se puso alerta
-¿Te sientes mal?, -preguntó deteniéndose en el acto antes de entrar al baño.
-Hace rato cuando cargué a Marion para sacarla del auto, sentí una ligera molestia en la cadera y cuando entré al baño me di cuenta que estaba manchando un poco.
Él caminó rápidamente hacia ella, levantó sus piernas colocándolas cuidadosamente sobre la cama y acomodó las almohadas en la espalda.
-Voy a llamar al médico, -él iba saliendo cuando ella lo detuvo.
-Espera Neil, no es necesario, será mejor que lo llamemos mañana temprano.
-No Candy, cuanto antes te revisen será mejor, -volvió a ponerse en marcha.
-Neil, te estoy diciendo…-no terminó de hablar.
-¡YA BASTA CANDICE!, haces lo que quieres todo el tiempo sin prestar atención a nada de lo que te dicen, nunca escuchas a los demás, siempre te sales con la tuya, pero ahora tendrás que cerrar la boca y dejar que llame al médico para que te atienda, -él no estaba dispuesto a escuchar una réplica más de Candy. Salió de la habitación y llamó al doctor. También avisó a Leonard, el mayordomo, para que estuviera al pendiente de la llegada del galeno.
Cuando regresó a la habitación, Candy estaba dormida y aunque él también estaba muy cansado, decidió no recostarse y esperar a que llegara el doctor.
Él había decidido enterrar lo que descubrió en Nueva York, jamás tocaría el tema con su esposa, se enfocaría solo en ella y en sus hijos, nada de lo que pasara fuera de las cuatro personas que conformaban su hogar, tenía importancia para él, aunque habría querido apretar el cuello de Terry hasta ver como su vida se iba poco a poco. Los golpes en la puerta lo apartaron de sus pensamientos, era Leonard avisando la llegada del doctor.
Neil despertó a Candy para que la revisaran.
-¿Y bien que tiene Candy doctor Miller?
El hombre se veía un poco cansado, apenas había llegado a su casa de atender un parto cuando recibió la llamada desde Lakewood.
-Según lo que me han contado, la señora no ha descansado mucho. Usted fue enfermera señora Leagan, bien sabe que el reposo es muy importante para una mujer embarazada. El principio de aborto no tiene porque ser peligroso, si se cumplen las recomendaciones básicas en estos casos.
-¿Principio de aborto?, -Neil estaba asustado
-Si señor Leagan, su esposa tiene principio de aborto, pero como le dije, esto no pasará a mayores si ella sigue mis instrucciones.
Candy no salió de la cama en una semana, solo se levantó para asistir a la reunión en la que celebrarían el cumpleaños de la tía abuela.
Llegaron a la mansión Andley a buen tiempo a pesar de que Neil dio órdenes estrictas a Stuart, para que condujera muy despacio.
Todos estaban presentes y el ambiente estaba muy animado. Había solo un invitado ajeno a la familia, Thomas Stevenson, quien fue invitado gracias a la insistencia de Annie, alegando que el joven era considerado como el hermano mayor de ella y Candy.
Al ver a Tom, Candy y Neil se tensaron notoriamente, acto que no pasó desapercibido por la matriarca de la familia. Era hora de servir la cena y todos pasaron al comedor.
El tiempo transcurrió entre anécdotas y recuerdos, especialmente de Annie, que no perdía tiempo de sacar a colación las que según ella consideraba meteduras de pata de Candy.
Elisa no se quedó atrás, a pesar de que últimamente los ataques hacia la rubia había disminuido considerablemente, gracias al amor que sentía por sus sobrinos, estaba aprovechando el momento para avivar el fuego que había encendido Annie.
Candy no quería tomarse la molestia de contestar a los delicados ataques, pero Neil, en varias ocasiones dejó en ridículo tanto a su hermana como a su prima política.
Hora de abrir los regalos. Todos se reunieron en el salón de té. La anciana abrió los presentes con un entusiasmo muy poco común en ella. Obsequios muy costosos, dignos de la dama para la que fueron obtenidos, fueron desfilando frente a los ojos de todos los que allí estaban.
-Quisiera agradecerles a todos ustedes su presencia en este día, es un verdadero honor para mí estar rodeada de tanta gente joven y que en realidad me quiere. Es en estos momentos de la vida de una persona, cuando sus años se están acortando, que conoce el valor verdadero del amor y el aprecio de sus seres queridos.
La mujer estaba muy emotiva esa noche, pero nunca dejaba de ser la más correcta en todos los sentidos.
-Además, -continuó la tía abuela -Me place ver como una nueva generación de los Andley, va abriéndose paso educadamente y formándose en los más altos valores de moral y rectitud, -se refería a los hijos de Candy y Neil y a la pequeña Michelle, hija de Archie y Annie.
Todos aplaudieron sinceramente las emotivas palabras de la anciana, pero entonces Annie inició un discurso, notablemente ebria.
-Tía abuela, sus palabras me llegaron profundamente y es por esa razón que me tomo el atrevimiento de intervenir pensando en el bienestar de dos personas a quienes amo mucho.
Los ojos de los presentes se hallaban puestos en la morena, que hablaba tan locuazmente como nunca lo había hecho.
-Todos sabemos que los lazos matrimoniales que se han formado en la familia Andley, han sido atados por el amor y la sinceridad. Con excepción de uno. –los invitados se miraron consternados. –He presenciado con mucho pesar como dos de las personas más importantes en mi vida, llevan una existencia miserable, debido a que no pueden realizar su amor.
-Archie será mejor que te lleves a tu esposa, creo que esta algo ebria, -Albert quería evitar cualquier inconveniente.
-Tienes razón tío.
-No se te ocurra tratar de evitar que haga algo por el amor que sienten mis queridos hermanos, -todos empezaron a murmurar.
-Annie ya vámonos, estas haciendo el ridículo, -a pesar de que ellos se habían puesto de acuerdo con Tom para decir ante todos la ligereza que Candy tuvo con él, Archie se echó para atrás a última hora y así se lo comunicó tanto a su esposa como a Tom. Annie estaba tan furiosa que no se detuvo ante sus advertencias y continuó con el plan tal como lo habían trazado, pero con la variante que esta vez Archivald no participaría.
-Déjala que continúe Archivald, al parecer tu esposa tiene algo interesante que decir, -la autoridad de la tía abuela se hizo sentir y Annie se sintió apoyada.
-Se de buena fuente que mis hermanos Candy y Thomas, se aman desde hace mucho tiempo.
-¿De que estas hablando Annie, te has vuelto loca? –Neil se levantó furioso, mientras que Candy estaba helada.
-No querido primo y tú sabes muy bien que Candy no te ama y es injusto tanto para ella y para ti como para tus hijos, que la mantengas en un matrimonio que esta destinado al fracaso. Créanme que actúo de buena fe, -dijo mirando a todos con gesto inocente
-¿Buena fe?, solo eres una resentida que has envidiado a Candy desde que eran niñas y ahora armaste todo esto para dejarla mal delante de los demás.
Elisa, que no había tomado parte de la conversación, observaba divertida como por fin alguien le recordaba a la huérfana que ella estaba de sobra entre los suyos y que aunque contara con el apoyo de su hermano y su tío, siempre habrían episodios como ese, para hacerle ver la cruda realidad.
-Abre los ojos Neil, ella te engaña con cuanto hombre se le pare en frente, -Sarah estaba indignada ante las revelaciones que había escuchado.
-No te metas en esto madre, por favor no lo hagas, -Neil sonaba amenazador.
-Neil llévate a Candy, esto no le hace bien a su embarazo, -Albert trataba de calmar a Neil.
-¿Estas embarazada?, -dijo Annie dirigiéndose a Candy –No puedes Estar segura de que ese hijo es de Neil.
Neil ya estaba ayudando a Candy a levantarse, -cuando escuchó las palabras de la morena, así que dejó lo que estaba haciendo y se encaminó furioso hasta donde se encontraba Annie, pero se dirigió a Archie con voz muy alta.
-Archie, será mejor que controles la boca de tu perra antes de que se me olvide que es una mujer y le arranque la lengua, -los ojos de Neil echaban chispas, había aprendido ese lenguaje hace muchos años en los cuchitriles que frecuentaba antes de casarse y algunas costumbres nunca se pierden, tomó a Candy y cuando salían del salón la tía los detuvo.
-¿A caso no les vas a dar oportunidad de aclarar todo este mal entendido Neil? ¿Quiero escuchar lo que tienen que decir tanto Candice como el señor Stevenson? He notado que los dos están muy callados.
Neil sabía que debido al puñetazo que le dio a Tom, este podía actuar en contra de ellos, pero se sorprendió cuando el ranchero habló.
-Yo la verdad no se que decir, estoy muy apenado con toda esta situación. Yo amo a Candy…-todos quedaron tiesos. –Como también amo a Annie, ellas son mis hermanas menores. Para nadie es un secreto que nos criamos en el hogar de Pony y que crecimos queriéndonos con un amor fraternal, que no podrá ser roto por ninguna intriga o ningún error que alguna de ellas o yo podamos cometer.
-Cállate Tom, eso no es lo que habíamos planeado, -Annie estaba a punto de echar espuma por la boca.
-No Annie, no se de que estas hablando, yo vine aquí porque tu insististe en que viniera, jamás me hablaste de que estabas tramando hacer algo en contra de Candy y si lo hubieras hecho, ten por seguro que lo habría impedido. Siempre has demostrado un rencor infundado hacia ella y a pesar de que no hago distinciones en cuanto al amor que siento por ustedes, no puedo dejar que se cometa una injusticia como esa. Señores, pido disculpas por este bochornoso episodio, ahora me retiro, con su permiso.
Al pasar por el lado de Candy y Neil, Tom los miró como tratando de disculparse. Había llegado a esa casa con la firme intención de llevarse a Candy consigo, pero al notar la saña con la que hablaba Annie, supo que esta actuaba cegada por la envidia y se sintió un imbécil al saberse utilizado una vez más por su hermana. Además, el embarazo de Candy cambiaba las cosas, ahora él sabía o creía que ella era feliz al lado de Neil y así no tenía mucho que hacer.
-Bien, creo que ya todo está aclarado, ya veo que aun no sabían lo del embarazo de Candy, pues bien entonces felicitémosla, -Albert estaba muy incómodo, pero supuso que Neil y Candy debían estar peor.
Nella mandó traer champagne para brindar por el nuevo miembro del Clan Andley. Ninguno brindó con gusto sincero. Los Leagan White abandonaron la casa tan pronto hubieron brindado, Los Cornwell lo hicieron antes del brindis y sin despedirse de nadie, solo quedaron en la mansión Albert, Nella, Sarah, Elisa y la Tía Abuela.
Nadie quería opinar acerca del incómodo hecho que tuvo lugar esa noche, pero la tía abuela rompió el silencio.
-Ellos creen que me convencieron con la intervención de ese ranchero venido a más. Siempre supe que esa mujercita sería la ruina de la familia y aun lo sostengo. No entiendo como es que mis tres nietos se pudieron fijar en mujeres tan…singulares. -La anciana hablaba claramente de Candy, Annie y Nella, que estaba presente soportando el chaparrón de manera estoica.
-Tía por favor no empieces con lo mismo, -Albert estaba harto de las flechas que lanzaba la mujer en contra de su esposa e hija.
-No te preocupes Albert, ella tiene razón, sus nietos se fijaron en mujeres muy singulares, Neil, se fijó en el corazón singularmente rebelde de Candy, Archie se fijó en el corazón singularmente oscuro de Annie y tú te fijaste en el corazón singularmente sexual y ardiente de esta India que te vuelve loco en aspectos mucho más divertidos que una simplona vida atada a las reglas y supeditadas al que dirán, -Nella miraba con irreverencia a la anciana y luego arremetió contra la boca de su esposo en un cálido y lento beso.
La tía abuela casi se cae del sillón donde se hallaba sentada al ver la falta de respeto con la que esa mujer la había retado. Nella tomó asiento al lado de su esposo. Albert no aguantaba las ganas de reír, pero soportó con entereza hasta que los Leagan se hubieron ido y la tía abuela se retiró a su habitación.
Continuará…
