Pocas veces en su vida, Stephen había estado tan asustado y ahora que lo pensaban, Helen siempre había estado involucrada en todas. Si había temido morir por culpa de aquel maldito ciempiés gigante, ahora era mucho peor. Su corazón latía a mil por hora, aunque pensó que también podía tratarse del de Dean, que yacía entre sus brazos, todavía inconsciente, como un muñeco roto, parecía muerto, tan quieto como estaba, pero Stephen ya labia comprobado que respiraba, aunque fuera más lentamente de lo normal.

Sabía muy bien que Helen era capaz de muchas cosas, pero matar a Dean, por el simple hecho de que le divertía, le parecía completamente excesivo, incluso para alguien como ella.

"Dean vamos, despierta, tu hermano te necesita." Lo arropó entre sus brazos para que estuviera más cómodo, mientras escuchaba el sonido de pasos acercándose. No levantó la mirada, pues no le hacía falta ver para saber que era ella quien iba hacia ellos. "Y yo también te necesito." Le susurró al oído, justo antes de que los pasos dejaran de escucharse y la sombra de Helen estuviera frente a él.

"Que bonito, lo digo en serio Stephen, después de hablarme sobre todas aquellas mujeres con las que habías estado antes que conmigo y te vas a enamorar de un hombre." Stephen ni siquiera la miró, no se movió por mucho que le gustara gritarle y pedirle explicaciones sobre porque estaba haciendo todo aquello. "La verdad es que hacéis muy buena pareja."

"Déjalo ya de una vez Helen, te conozco hace demasiado y se que siempre tienes tus motivos para hacer las cosas ¿Qué tienes contra Dean y Sam cuando ni siquiera los conoces?"

Helen pareció recapacitar un momento antes de decidirse a contestar, pero Stephen sabía muy bien que eso tan sólo formaba parte de su desquiciado juego.

"¿Sinceramente? Celos, simples y llanos celos. No se lo que os han dado estos niños, pero parece que os tiene sorbido el seso."

"Siempre tienes que ver el lado negativo de todo el mundo. ¿No podrías pensar por una vez que de verdad nos gustan que estamos…?" Stephen no terminó de decirlo, no quería decir delante de Helen que creía estar enamorado, pues entonces estaba seguro que ella lo usaría en su contra para hacerle daño y lo que era peor todavía, para lastimar a Dean.

Helen por su parte, sonrió con maldad.

"Eso es porque todo el mundo lo tiene y yo he aprendido a no cegarme por las buenas intenciones y las buenas palabras, porque a la larga, todos hacemos daño, queriendo o sin darnos cuenta."

Helen no tuvo que decir nada para que Stephen comprendiera que estaba hablando de él, de la relación que habían tenido juntos y del daño que había visto en los ojos de Cutter al enterarse de lo que había ocurrido.

Sin embargo, había cambiado, ya no era el muchacho estúpido que había creído que sería divertido tener un affair con la mujer de su mejor amigo. Ahora podía decir que estaba enamorado, quería a Dean y estaba dispuesto a cualquier cosa para evitar que Helen le hiciera daño. Lo abrazó de nuevo, con fuerza, de modo que Helen viera su gesto sin problemas.

"Tal vez tengas razón, pero todos aprendemos de nuestros errores."

"¿Te gustaría comprobarlo, saber si tu muchacho siente lo mismo por ti?" Dean comenzó a moverse, se estaba pasando el efecto del sedante.

"¿De que estás hablando?" Una idea demasiado absurda, cruzó por la mente de Stephen, alo que tan sólo alguien como Helen sería capaz de hacer. "No tenías bastante con dejarlo inconsciente ¿verdad? Tenías que drogarlo para no se muy bien que motivo."

Dean se revolvió entre los brazos de Stephen intentando separase de él, no estaba acostumbrado a que alguien le protegiera y se preocupara por su seguridad, pues normalmente, él era quien cuidaba del bienestar de su hermano.

"Dean tranquilo, soy yo, Stephen."

"Y la bruja del Este, por lo que veo."

"Bueno por el momento veo que te lo has buscado sarcástico." Dijo Helen con tono divertido.

"¿Se puede saber de que va esta maldita pirada?" Sintiendo un fuerte dolor en todos los músculos de su cuerpo, Dean se incorporó muy despacio, con la ayuda de Stephen que no le había quitado la vista de encima,

"Creo que te ha dejado inconsciente con algún tipo de droga."

"¿y para que si puede saberse?" Dean estaba tremendamente enfadado con aquella mujer que acababa de entrar en su vida sin avisar. Cuando normalmente le ocurría eso, las mujeres tenían intereses más físicos o incluso sentimentales por él, no la desquiciada intención de matarle o hacerle no sabía muy bien que.

"Quiero saber si realmente tienes buenas intenciones con Stephen, si no es así le demostraré que todos buscamos nuestros propios intereses y si en realidad le quieres tal y como el dice, entonces al menos me habré divertido un poco contigo."

"¿Y como lo vas a hacer, con la máquina de la verdad? Te recuerdo que el programa de televisión fracaso hace mucho tiempo."

Helen sonrió, como si le hubiera hecho gracia la broma de Dean, pero un momento más tarde su expresión cambió por completo, fijó los ojos en el cazador y dio un par de pasos hacia ellos.

"Lo siento, pero no voy a decirte nada para seguirte el juego."

"Da igual lo que digas, ya tengo lo que necesito para hacerlo." La sola idea de cualquier tipo de tortura puso tenso a Dean. Si se tratara de una criatura sobrenatural, sabía como actuaban, cuales eran sus métodos para hacer daño y como podía matarlos, pero teniendo delante a aquella mujer, que simplemente era humana con un tornillo suelto el cabeza, Dean se preocupó de verdad. "¿Estas enamorado?"

"Vamos por favor." Dean se echó a reír, para un momento más tarde notar un pinchazo en el estómago, que le obligó a doblarse cuando apareció el segundo. "¿Qué demonios?"

"Te lo he dicho muchacho, no me hace falta ningún tipo de instrumental para saber lo que quiero, porque ya tienes el arma dentro de tu cuerpo. Lo repetiré una vez más, ¿estas enamorado?"

Dean volvió a protestar, se mordió el labio para no hablar y apretó con fuerza la mano de Stephen que rodeaba su cintura. Miró con dureza a Helen; no iba a conseguirlo, no iba a decirle nada por el simple hecho de que ella quisiera divertirse, porque Stephen ya conocía sus sentimientos y nadie más merecía saberlo y menos de esa forma.

Sin embargo, cada segundo que pasaba, el dolor se iba haciendo más fuerte, más insorportable. Sentía que algo le estaba perforando las entrañas y que poco a poco iba subiendo por su cuerpo hasta apalancarse en su cerebro y comenzar con una serenata de ruidos que apenas le dejaba escuchar nada más.

"Cada vez será peor, así que te recomendaría hablar." Helen y Stephen se miraron, ella sabía que de estar libre, Stephen ya se habría lanzado contra ella, pero teniendo a Dean sobre él y notar su dolor tan cerca, sabía que no iba a hacer nada.

"¡Déjale tranquilo! Helen estás completamente loca."

Dean había comenzado a retorcerse y por más que trataba de evitarlo, ya no podía conseguir no quejarse.

"¿Estás enamorado?" Dijo una vez más Helen, sabía que el cazador no aguantaría mucho más, las pruebas con aquella droga habían demostrado que se volvía completamente insufrible a los tres minutos.

"Si…" Terminó diciendo Dean en poco más que un susurro, mezclado con un fuerte quejido de dolor.

"Muy bien. ¿Estás enamorado de Stephen?"

"Helen para ya o te juro…"

"Lo has dicho muchas veces Stephen y por el momento no has logrado matarme. Yo sin embargo, mírame tengo los hilos de tu novio en mi mano, así que no me hagas hacerle más daño y mantente callado. ¿Estás enamorado de Stephen?"

Dean se revolvió, clavó los dedos en la mano de Stephen, pero este no dijo nada. Dean lo miró, dejando ver el dolor que estaba sintiendo, tanto físico, como lo que le estaba haciendo sufrir Helen.

"Si, pero tengo miedo." Dean respiró con dificultad, le había costado mucho decir aquello, pues en una situación normal no lo habría dicho, no habría revelado delante de una extraña que quería matarlo, que le aterraba estar enamorado, que no quería ver sufrir a Stephen a manos de un demonio, simplemente porque estaban juntos, que el temor a verlo morir, le corroía por dentro. Pero la expresión de Stephen no cambió, sino que contrariamente, lo abrazo todavía más. "Tengo miedo de perderte, de que salgas herido de no saber defenderte."

"Bueno no está mal, dos de dos, parece que vas ganando." Helen sonrió a Stephen. "Una más para saber si realmente estás saliendo con tu príncipe azul." Helen hizo un gesto a uno de sus hombres y la pared que había detrás de ella subió, dejando ver una habitación al otro lado, tras un cristal.

Dean, al ver a su hermano en el suelo y por lo que parecía, inconsciente, quiso ir hacia él, pero el dolor en todo su cuerpo no le dejó hacerlo. Stephen lo sujetó, lo último que necesitaba en ese momento era hacerse daño a sí mismo. Entonces vieron a las dos criaturas que Sam tenía en la misma habitación, pero separadas por otro cristal. Definitivamente, Helen estaba mal de la cabeza.

"Si tuvieras que elegir entre tu hermano y Stephen y salvar la vida de uno de los dos ¿Cuál sería tu elección?"

Dean se arrodilló, bajó la mirada al suelo y respiró lo más profundamente que pudo, aunque sentía que los pulmones se habían hecho demasiado pequeños como para respirar con normalidad.

"Dean." Stephen le frotó la espalda, intentando llamar su atención. "Contesta, me da igual lo que digas, pero al menos Helen dejará de hacerte daño que es lo único que me importa."

"No, no voy a seguir su juego, porque ningún demonio lo ha conseguido." Si hubiera podido hubiera clavado las uñas en el suelo, pues notaba como si todo su cuerpo estuviera en llamas. "No lo haré."

"Dean por favor." Stephen volvió a hacerse con el cuerpo de Dean. Le besó en la mejilla.

"No." Se estremeció, no estaba seguro cuanto tiempo más aguantaría y no le apasionaba la idea de tener un nuevo ataque al corazón como la última vez. Su cuerpo no resistiría mucho más, pero Helen no iba a ganar esa batalla.

Stephen tomó el rostro de Dean tras mirar a Helen. No podía creerse que estuviera tan tranquila mientras veía el sufrimiento del muchacho frente a ella. Le quitó las gotas de sudor que habían empezado a aparecer en su frente. Los ojos del cazador no dejaban sitio a la duda, por mucho que le doliera no iba a contestar a esa pregunta. Sonrió a Dean y le besó en los labios, que ya habían empezado a temblar por el dolor incontenible.

"Te quiero, pase lo que pase, te quiero." Dijo Dean con voz casi inaudible. Apoyó la cabeza en el hombro de Stephen y cerró los ojos.

"Lo se, yo también y cuando todo esto acabe."

Los brazos de Dean cayeron a los dos lados de su cuerpo y todo su peso sobre Stephen, que lo abrazó con intensidad y le besó repetidamente en la mejilla como si estuviera cuidando a un cachorro recién nacido. Dean había quedado inconsciente.

"Espero que te hayas divertido. Dime al menos que tu plan no termina con matar a Dean."

"Tu chico se pondrá bien en unas horas, aunque el dolor será permanente durante un par de días."

Unos pasos sonaron al fondo del pasillo. Helen miró en esa dirección y luego volvió a fijarse en Stephen.

"Déjale ya, por favor, has conseguido lo que querías y aún así ha dicho que me quería. Me da igual si estaba mintiendo." Stephen acomodó a Dean en su regazo y le acarició el cabello lentamente.

"¡Stephen!" Este se volvió hacia la voz, que indudablemente era la de Cutter. No sonrió, no hizo nada, pues esta emocionalmente muy cansado y sus únicas preocupaciones en ese momento, eran saber que Dean se pondría bien y sacar a Sam de aquella jaula, alejándolo del peligro de aquellas criaturas.

Stephen tan sólo se acercó al oído de Dean y comenzó a susurrarle, asegurándose de que Helen no pudiera oírlo. "No vas a dejarme, no te lo voy a permitir, estás cansado y herido, lo se, pero tienes que dejarme que te proteja, al menos esta vez."

"Stephen, oh dios mío."

Cuando Stephen levantó la mirada, Helen había desaparecido y en su lugar estaba Nick, que alternaba la mirada entre Sam y Stephen. Stephen reconoció en su rostro la misma expresión de miedo que había tenido él al ver a Dean inconsciente en el suelo.

"Voy a sacar a Dean de aquí, avisa a un equipo para abrir esa puerta, pero ten cuidado con ellos." Stephen señaló con un movimiento de cabeza las dos criaturas que miraban a Sam. Sonaba cansado, por lo que Nick no dijo nada al verlo incorporarse y cargarse a Dean al hombro.

"Ten cuidado, Helen puede estar en cualquier sitio." Stephen comenzó a caminar con cierta dificultad debido al peso del otro cazador, sin quitarse de la cabeza la preocupación porque alguno de los daños en Dean pudieran ser permanentes.

Helen había ganado aquella batalla, pero Stephen se iba a preocupar de que por ningún motivo pudiera ganar la guerra que ella misma había creado y que el cazador no iba a olvidar fácilmente.