"Luchando contra lo imposible"
Capitulo 13: Estupidez
[Edward PVO]
Aquellos estúpidos colmaron mi paciencia, ni en cuenta me tomaron, no se para que mierda me pidieron que yo sea su arbitro…
Flash back
-Quiero la revancha pedazo de idiota –Decía Emmett a Jasper. El par de tarados habían apostado el que comía mas hamburguesas ganaba. Eso era totalmente estúpido, los vampiros no comen, y hamburguesas… que asco. La cosa es que perdieron la cuenta, y ahora querían una revancha: a golpes. Me pidieron que yo controlara que no hagan trampas, más bien dicho, Jasper me pidió que controlara a Emmett de no hacer trampa.
-Para eso estamos aquí, enfermo – le contesto Jasper.
-Como que enfermo – gruño Emmett
-Lo que escuchaste, retardado mental – y eso llevo a algo obvio. Emmett se lanzo encima de Jasper, Jasper tratando de esquivar a Emmett. De pronto Jasper saco a Emmett de encima de él y lo tiro lejos, haciendo que estrelle contra un árbol. Jasper comenzó a correr, y Emmett lo seguía.
-Mierda – dije, luego los seguí. Los tarados se dirigían a la ciudad, y de paso se acercaban al Liceo.
Empezaron a reír tan fuerte, ambos, que no entendí nada. Ya que estábamos en la entrada del Liceo, me digne a entrar, ellos a las carcajadas me seguían, yo solo mantenía el seño fruncido.
-Son un par de tarados – refunfuñe. Emmett toco mi hombro.
-Hermano, acá el único tarado, ciego, e invecil, eres tú – dijo conteniendo las risotadas, yo solo de un manotazo quite su fea mano de mi hombro.
-Voy a mi clase, permiso – dije indignado. Camine a mi clase, al fin liberándome de esos… esos, ah, los enfermos de mis hermanos.
-Disculpe – dije entrando al salón de clases
-Señor Mason – dijo el profesor con tono pesado
-Disculpe de nuevo profesor, tuve un retraso – me justifique
-Creo que me di cuenta. ¿Por qué no se presenta ante sus compañeros? – me puse frente al pizarrón, comencé a mirar a todos los estudiantes, hasta que me fije en la fila de la ventana. La ventana estaba abierta, y el viento hizo chocar una brisa que llego hasta mí. Era un olor embriagador, tan dulce y exquisito, seguí con la mirada donde estaba ese olor, y era ella… tan hermosa y frágil, la dueña de ese vicioso, pero nada apetecible (para mí) olor. Claro, si fuera otra persona con aquel olor, no dudo de que ya estaría encima suyo, succionando aquella delicia. Mi vista no se quitaba de la de ella. Al parecer por lo que piensan y además del Messenger, su nombre es Bella. Otra coincidencia, bah, Bella esta en Santiago… o eso creó.
-Mi nombre es Edward Mason – trate de concentrarme en lo que decía. – Tengo 17 años
-Repitió curso señor Mason –la mente del profesor me reprochaba
-No. – Dije serio – No repetí curso señor, si no que por mi fecha de nacimiento me retrasaron un curso – dije calmadamente, no lograría que me saquen mucha información.
-Ok. Siga – el profesor me miraba marcando el seño
-Vengo de Alaska. Mi padre, doctor Mason, decidió venir aquí ya que era más solicitado –dije cortante, no era necesario decir más.
-Hm – dijo el profesor – está bien. Hagamos algo bien ya que tanto se mira con la señorita Swan; siéntese con ella. –Bella quedo de un exquisito color rojo, yo me acercaba lentamente al puesto, algo feliz, como que si mi corazón brincara por cada paso que daba, y para que decir el corazón de Bella, parecía una maquina loca.
-Hola Bella –dije tomando asiento.
-¿Cómo sabes mi nombre?- creo que me pillo desprevenido – digo; no te conozco, y vienes recién llegando aquí, además sabes cómo me gusta que me llamen – era astuta.
-Digamos que solo acerté – dije – y que además tengo mucha suerte –estaba nervioso, esta chica era muy observadora.
-Seguro – susurro, creyendo que no la escucharía
-Y cómo estas
-Bien y tú – dijo calmadamente. Vamos no necesitaba una respuesta así, necesitaba saber más de ella. La confusión me estaba matando, y sentía que mi cabeza iba a explotar. Esta chica tendría que contarme de ella, porque tengo las serías sospechas de que esta Bella, es MI Bella, de la que estoy enamorado.
-Bien… - No pude evitar el tono grosero – Vamos, dime algo, cuéntame de ti – dije tan impaciente.
Además había un estúpido chiquillo, que estaba delante de Bella. Ese muchacho, con sus celos y sus pensamientos, me va a sacar de mis casillas y no responderé ante mis actos.
Él chiquillo del demonio estaba enamorado de Bella, acaso no se da cuenta que ella es mía… Un momento, que decía, mi alma gemela esta en Santiago. Calma Edward, calma…
-Me llamo Isabella Swan… vivo con mi madre y mi hermana, mis papas están separados y desde que tengo uso de razón vivo aquí – no me estaba diciendo nada concreto necesitaba saber, más. Aun que… hay más cosas que coinciden, bueno es común que los padres estén separados, solo coincidencia
-Quiero saber más… dime más de ti –dije acercándome peligrosamente a ella. Quizás así suelte algo, más rápido.
-No vivo con mi padre porque él es un… tipo maldito, un bastardo, realmente es lo peor. Mi madre lucha constantemente por nosotras y él en cambio… - de pronto se callo
-Y… - dije para que continuará
-En realidad, el no es importante para mí, de hecho es tan poco importante que ni tendría que estar hablando de él – dijo – además es una historia bastante larga
-Tengo una eternidad para escucharte – dije con tono de burla, porque de eh hecho, tengo una eternidad para escucharla
-Bueno…
-Pueden callarse ustedes dos – Nos reto el profesor. Maldito viejo, se le ocurre interrumpir cuando la chica me iba a sacar de mis dudas.
-Me debes una conversación – le dije en el oído, ahora prestando atención al viejo de Historia, Montenegro.
El chiquillo rubio, idiota, del mejor amigo de Bella, se dio vuelta y la quedo mirando fijamente. Lo único que pensaba el chico, era como sería hacerla suya, tenía tanta cochinada en su cabeza, que lo quería matar aquí mismo. Su pervertida cabeza se detuvo, y comenzó a tirarle indirectas. Bella las zafaba como quería. El chico le confeso su amor con un te amo, y ella le dijo también amigo, no pude evitar reírme.
-De esa manera no… yo te amo como mujer – no pude evitar ponerme tenso, y los deseos de muerte estaban más intensos que nunca, quería despedazar a ese chiquillo del demonio. Lo envenene con la mirada.
Al fin toco la maldita campana, y todos comenzaron a despejar el salón. Al final quedamos solo Bella y el chiquillo del mal.
Bella le pidió al tal Oscar, que se vaya, que iba a mostrarme el colegio.
No quedamos en una bodega oscura, comenzamos a hablar, y me contó algo muy privado para ella… y sobre todo, fundamental.
Fin del flash back.
-En ese momento descubrí que eras tú. No cabía duda, esa historia me la sabia de memoria, todo lo que sufriste… - dije cabizbajo – y cometí el de mi vida, te deje sola, sola, con el corazón despedazado, queriendo lo mejor para ti, preocupándome de tu felicidad. Pero fui tan estúpido al no darme cuenta, que cuando uno tiene un alama gemela, el sentimiento lo sienten ambos, lo sabía, pero no creía que te dolería tanto.
No pensé. Las dudas me embriagaron en este instante, iba a devolverme, iba a ir contigo, pero dije: déjala feliz, no pasará nada. Volví a dar la media vuelta y corrí a no más dar. Con el corazón hecho trisas, tú me habías visto, y lo más probable es que te des cuenta de tus sentimientos.
Alice me gritaba que me detuviera, pero no la escuche, no quería hacerlo.
Llegue a mi casa y me recosté en mi sillón, quería pensar.
Primero, se suponía que tú estabas en Santiago, entonces, todo fue una mentira, mi familia me engaño.
Pasaban los días, y no sabía nada de ti. Hable con mi familia, y todo fue un engaño, durante todos estos años lo tenían planeado. Aun que lo hicieron con buenas intensiones, era imperdonable, ellos sabían cómo pensaba, y todo, pero no, siempre llevándome la contraría.
Un día tuve una pelea con Alice, Esme me llamo para hablar, extrañamente estaba toda la familia, entonces, de pronto llegaste tú.
Ya no me podía separar de ti, era estúpido e insensible hacerlo. Me explicaron todo, David, siempre estaré tan profundamente agradecido de él, y para qué hablar de mi familia, les debo todo, gracias a ellos puedo estar junto a ti – finalice, esa era toda la verdad, no había otra, mi terquedad, y la insistencia de mi familia, permitió todo.
Mire a Bella quien estaba empapada en lágrimas, la acerque a mi pecho, y comencé a acariciar su cabello.
-Fui tan estúpida – dijo Bella
-¿Por qué lo dices? – dije confundido. Acá el único estúpido era yo.
