Título: Sinestesia
Claim: Ushiromiya Battler/Yasu.
Notas: Universo Alterno. Spoilers hasta el EP7.
Rating: T y posiblemente M después.
Género: Romance/Angst
Tabla de retos: Simbólica
Tema: 10. Marioneta


No falta mucho para que cumpla diecisiete años, Yasu lo sabe más que todo porque su madre siempre se lo recuerda, porque sus memorias siempre se lo dicen: que ya quedaron atrás los días en que podía jugar libremente con vestidos de volantes, sin preocuparse por nada más, que ya no tiene más doce años, poco pudor y mucha libertad. Ahora su cuerpo ha cambiado drásticamente y aunque todavía es frágil, como el de una muñeca de porcelana, como el de una marioneta cuyos hilos casi están rotos, muy lejos queda ya el tiempo en que era una menuda figurilla, plana y pequeña, de manos sucias por tanto jugar en el jardín de su casa, de rodillas temblorosas y piernas muertas y blancas, como pequeñas varas de bambú.

Sí, su cuerpo sigue siendo pequeño e inservible, pero ahora tiene pechos, su cintura se ha redondeado y las piernas se han torneado, convirtiéndola en alguien irreconocible hasta para ella misma. En la escuela le enseñaron que eso era normal, que ocurren cambios en hombres y mujeres durante la adolescencia —cambios que han vuelto a Battler más alto, con hombros anchos y mirada atrapante—, pero eso es precisamente lo que más miedo le da. Esos cambios, que en lugar de acercarla a Battler, teme la alejen, ésta vez para siempre.

Sí, su cuerpo es el de una mujer —y muy hermosa, dice su madre para levantarle los ánimos—, pero, ¿de qué le sirve cuando no puede usarlo para abrazar a su novio? ¿De qué le sirve si no puede amar con él, si no puede brindarle a Battler lo que necesita? Yasu no es tonta, ha leído muchos libros durante su vida, muchos más que cualquier persona normal y sabe perfectamente lo que es el sexo, lo que significa tanto emocionalmente como físicamente, así como también que ella no puede brindarlo, porque no puede sentir, porque no puede moverse, porque la mitad de su cuerpo está paralizado. Y eso la asusta, cada vez que ve a Battler llegar por la misma vereda, tan alto y tan guapo, tan sonriente como siempre. La asusta porque eso es normal en todas las parejas y ella no es normal, para nada.

—¿Te sucede algo? —Battler está escribiendo como en los viejos tiempos sobre una libreta pequeña con tinta roja lo que él sabe que es verdad sobre un libro de misterio, para que ella pueda refutarlo con el color azul. Sin embargo, se detiene en cuanto nota que la joven a su lado parece abstraída, mirándolo como si no lo reconociera. ¿Quizás ahora es Kanon quien está al mando? ¿O es alguien nuevo?

—Lo-lo siento, Battler-san, estaba pensando —sonrojándose como ya es costumbre al sentirse avergonzada, Yasu le indica que siga con un movimiento de la cabeza, mientras juguetea nerviosamente con el pasto bajo su cuerpo, en los jardínes del lugar, donde Battler la colocó gentilmente.

—¿Estás triste? —el joven deja de lado la libreta y el plumón rojo, que brilla como la sangre sobre el vivaz pasto de color verde. Sus ojos azules relucen con perspicacia, misma que Yasu atribuye a leer tantas novelas de misterio—. ¿Quieres irte de aquí? —esa última pregunta, a pesar de que la ha pensado infinidad de veces, logra sorprenderla. Por supuesto que quiere irse, pero sólo cuando esté curada, cuando los doctores digan. ¿Battler quiere que salga? ¿Por qué? ¿Es que acaso sus temores se están confirmando? ¿Es que acaso le pedirá algo que no puede darle, que lo desencantará de ella?

La joven no responde, tiene sentimientos encontrados frente a dicha pregunta, frente a los cambios que se están sucitando, tan rápidos que teme no poder seguirlos nunca más. Si se va, significaría poder ver a Battler más seguido, quizás a diario, volver a una vida casi normal, fuera de esas cuatro paredes blancas. Si se va, también significaría más tiempo a solas, más besos robados, más abrazos y luego...

Antes si quiera de que pueda responder, Battler se acerca a ella para abrazarla, ensuciando su traje blanco de la preparatoria con tierra y pasto. Su pecho es grande y cálido, su espalda ancha. Yasu siente que él puede protegerla cada vez que la abraza de esa manera, cada vez que aspira su aroma y oye sus risitas contra su oído, mientras trata de contagiarle su buen ánimo, mientras le dice, sin hablar: Todo está bien, porque estás conmigo.

—Tienes que aprovechar la oportunidad que se te brinda —Beatrice, al ver la escena, parece un poco molesta. Siempre logra contenerse para no hablar en voz alta, usurpando el cuerpo de Yasu cuando está Battler, pero ésta vez la furia la impulsa a hablar ante los ridículos miedos de su amiga, pues no puede concebir porqué tiene tanto miedo de salir de ahí, de enfrentar una relación de verdad, fuera de ese aburrido lugar—. Si quieres irte, sólo díselo y lo demás no importa, ¿de acuerdo?

—Lo sé, quiero irme —su frente está apoyada en el pecho de Battler, muy cerca de donde su corazón late suavemente. Ella puede oírlo como un pequeño tambor, a veces más rápido, a veces más lento. No quiere dejar eso ir, a pesar de sus miedos. No quiere que todo eso se esfume, esa calidez que tanto espanta a su madre, que tanto hace reír a Beatrice—. Quiero irme con Battler-san.

Yasu cierra sus ojos castaños al mundo exterior, matizado de tonos verdes y blancos, del sol de la tarde y de enfermeras por todos lados. La mano del joven acaricia suavemente su espalda, haciéndola sentir bien, extraña pero bien. Un escalofrío recorre su cuerpo, esa parte que no está paralizada de ella, junto con su corazón emocionado.

—Yo también quiero que vengas conmigo, Yasu —el abrazo de pronto se vuelve fuerte, apasionado, como si Battler no quisiera dejarla escapar jamás. Yasu siente cómo su corazón va más rápido, como Battler también parece emocionado, un golpeteo aún más rápido contra sus mejillas, apoyadas en el pecho de él.

Ese no es el momento ni el tiempo, mucho menos el lugar, pero ella lo presiente. Battler también tiene miedo de lo mismo que ella, Battler también piensa en lo mismo que ella. Y algún día, ese tema surgirá entre ellos para unirlos o separarlos. Eso claro está, si las enfermeras practicantes, a las cuales les gusta Battler, no hacen sus movimientos primero.