A/N: ¡Hola! Siento haber tardado tanto en volver a actualizar pero los exámenes y trabajos me roban todo el tiempo :( Ahora que las vacaciones ya casi han llegado he podido escribir y acabar el capitulo. Quería terminarlo lo más pronto posible ya que estamos en Navidad y trata sobre eso jajjaja Y así también es como mi regalo para vosotros :) Bueno, espero que os guste.
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
-De acuerdo. El siguiente capítulo se llama "El espejo de Oesed".
Molly frunció el ceño.
- ¿El espejo de qué?
-De Oesed-contestó su marido-. Pero no tengo ni idea de lo que es; supongo que el libro lo explicará.
La señora Weasley asintió y Arthur cogió aire para empezar a leer.
Harry levantó la cabeza al oír esas palabras y se mordió el labio con preocupación. No le gustaba nada pensar que todos se enterarían de su encuentro con el espejo.
Se acercaba la Navidad. Una mañana de mediados de diciembre Hogwarts se descubrió cubierto por dos metros de nieve. El lago estaba sólidamente congelado
Todos los ex alumnos de Hogwarts recordaron con nostalgia los inviernos pasados en la escuela.
y los gemelos Weasley fueron castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell y lo golpearan en la parte de atrás de su turbante.
Harry sintió como se quedaba con la boca abierta al darse cuenta de lo que aquello significaba; los gemelos le habían dado a Voldemort en la cara con una bola de nieve.
-Brillante…-murmuró entre preocupado y divertido.
Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo tuvieron que quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez.
-Pobres…-dijo Tonks sin darse cuenta.
Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones. Mientras que la sala común de Gryffindor y el Gran Comedor tenían las chimeneas encendidas, los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas. Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las mazmorras, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes.
Todos asintieron, recordando. Si las clases de pociones ya eran bastante malas con los Slytherin y Snape de profesor, añadirle aquel frío las convertía en horribles.
—Me da mucha lástima —dijo Draco Malfoy, en una de las clases de Pociones— toda esa gente que tendrá que quedarse a pasar la Navidad en Hogwarts, porque no los quieren en sus casas.
Mientras hablaba, miraba en dirección a Harry.
Arthur leyó aquel fragmento con una mueca en el rostro. El resto de presentes soltaron bufidos o insultos hacia Malfoy.
-En realidad soy yo el que no quería ir a esa casa, pero bueno-dijo Harry. Después de tantos años los comentarios de Malfoy no le afectaban lo más mínimo.
Crabbe y Goyle lanzaron risitas burlonas. Harry, que estaba pesando polvo de espinas de pez león, no les hizo caso. Después del partido de quidditch, Malfoy se había vuelto más desagradable que nunca.
Ginny bufó.
-Típico.
Disgustado por la derrota de Slytherin, había tratado de hacer que todos se rieran diciendo que un sapo con una gran boca podía reemplazar a Harry como buscador. Pero entonces se dio cuenta de que nadie lo encontraba gracioso,
Los gemelos rodaron los ojos.
-Ah, ¿qué se supone que era una broma?
porque estaban muy impresionados por la forma en que Harry se había mantenido en su escoba.
Así que Malfoy; celoso y enfadado, había vuelto a fastidiar a Harry por no tener una familia apropiada.
-Maldito niño-gruñó Sirius-. Y sí que la tienes, Harry.
El chico sonrió.
Era verdad que Harry no iría a Privet Drive para las fiestas. La profesora McGonagall había pasado la semana antes, haciendo una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad, y Harry puso su nombre de inmediato. Y no se sentía triste, ya que probablemente ésa sería la mejor Navidad de su vida.
-Y lo fue-sonrió Harry a su mejor amigo.
Ron le devolvió la sonrisa.
Ron y sus hermanos también se quedaban, porque el señor y la señora Weasley se marchaban a Rumania, a visitar a Charles.
Arthur y Molly sonrieron, aquel viaje había sido muy agradable.
Cuando abandonaron los calabozos, al finalizar la clase de Pociones, encontraron un gran abeto que ocupaba el extremo del pasillo. Dos enormes pies aparecían por debajo del árbol y un gran resoplido les indicó que Hagrid estaba detrás de él.
—Hola, Hagrid. ¿Necesitas ayuda? —preguntó Ron, metiendo la cabeza entre las ramas.
La señora Weasley asintió ante aquello, complacida por la buena educación de su hijo.
—No, va todo bien. Gracias, Ron.
—¿Te importaría quitarte de en medio? —La voz fría y gangosa de Malfoy llegó desde atrás—.
-Argg, que pesadilla-dijo Ginny haciendo una mueca.
¿Estás tratando de ganar algún dinero extra, Weasley? Supongo que quieres ser guardabosques cuando salgas de Hogwarts... Esa choza de Hagrid debe de parecerte un palacio, comparada con la casa de tu familia.
El señor Weasley leyó aquel fragmento con una mezcla de rabia y vergüenza en su voz.
-¡Será imbécil!-gritaron los gemelos. Todos asintieron de acuerdo con ellos.
-Este crío necesita que alguien le enseñe modales-sentenció Tonks, disgustada de que Malfoy fuese pariente suyo.
Ron se lanzó contra Malfoy justo cuando aparecía Snape en lo alto de las escaleras.
—¡WEASLEY!
Ron puso los ojos en blanco.
Ron soltó el cuello de la túnica de Malfoy.
—Lo han provocado, profesor Snape —dijo Hagrid, sacando su gran cabeza peluda por encima del árbol—. Malfoy estaba insultando a su familia.
Los Weasley sonrieron al ver como Hagrid defendía a Ron.
—Lo que sea, pero pelear está contra las reglas de Hogwarts, Hagrid —dijo Snape con voz amable—.
-Qué raro…-dijo Harry en voz baja a Ginny, Ron y Hermione.
Estos asintieron; sí que era raro. Snape debía de sentir cierto afecto hacia Hagrid para hablar con voz amable (si es que era posible que él sintiera eso).
Cinco puntos menos para Gryffindor; Weasley, y agradece que no sean más. Y ahora marchaos todos.
Sirius gruñó al ver los favoritismos de Snape. No le sorprendía en absoluto pero aún así le molestaba.
Malfoy, Crabbe y Goyle pasaron bruscamente, sonriendo con presunción.
—Voy a atraparlo —dijo Ron, sacando los dientes ante la espalda de Malfoy—. Uno de estos días lo atraparé...
—Los detesto a los dos —añadió Harry—. A Malfoy y a Snape.
Snape se quedó mirando a Harry con una expresión extraña.
El chico se removió un tanto incómodo en el asiento. Los dos sabían que se detestaban mutuamente; no era ningún secreto. Pero una cosa era saberlo y otra decirlo en voz alta. Aquello hizo que Harry casi se sintiera mal por haberlo dicho. Casi.
—Vamos, arriba el ánimo, ya es casi Navidad —dijo Hagrid—. Os voy a decir qué haremos: venid conmigo al Gran Comedor; está precioso.
-Suerte que alguien os ayuda contagiaros de espíritu navideño-dijo Molly.
Así que los tres siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban ocupados en la decoración.
El salón estaba espectacular. Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeños carámbanos, otros con cientos de velas.
-Ahh, me encanta Hogwarts en Navidad-suspiró Sirius feliz. Solo espero ser capaz de volver a verlo algún día, se dijo a sí mismo, reprimiendo una mueca de tristeza.
—¿Cuántos días os quedan para las vacaciones? —preguntó Hagrid.
—Sólo uno —respondió Hermione—. Y eso me recuerda... Harry, Ron, nos queda media hora para el almuerzo, deberíamos ir a la biblioteca.
—Sí, claro, tienes razón —dijo Ron, obligándose a apartar la vista del profesor
Flitwick, que sacaba burbujas doradas de su varita, para ponerlas en las ramas del árbol nuevo.
Molly frunció el ceño.
-¿Cómo? ¿A la biblioteca?
El señor Weasley, al ver que Hagrid había preguntado lo mismo, continuó leyendo.
—¿La biblioteca? —preguntó Hagrid, acompañándolos hasta la puerta—. ¿Justo antes de las fiestas? Un poco triste, ¿no creéis?
—Oh, no es un trabajo —explicó alegremente Harry—. Desde que mencionaste a
Nicolás Flamel, estamos tratando de averiguar quién es.
-Debería haberlo imaginado-bufó la señora Weasley.
—¿Qué? —Hagrid parecía impresionado—. Escuchadme... Ya os lo dije... No os metáis. No tiene nada que ver con vosotros lo que custodia ese perro.
—Nosotros queremos saber quién es Nicolás Flamel, eso es todo —dijo Hermione.
-Ya claro…-sonrió Tonks con sarcasmo.
—Salvo que quieras ahorrarnos el trabajo —añadió Harry—. Ya hemos buscado en miles de libros y no hemos podido encontrar nada... Si nos das una pista... Yo sé que leí su nombre en algún lado.
Muchos rieron al oír aquello.
-Nunca va mal intentarlo, ¿no, Harry?-preguntó Remus con humor en sus ojos.
Harry sonrió y asintió.
—No voy a deciros nada —dijo Hagrid con firmeza.
-Menos mal-dijo la señora Weasley con alivio.
—Entonces tendremos que descubrirlo nosotros —dijo Ron. Dejaron a Hagrid malhumorado y fueron rápidamente a la biblioteca.
Habían estado buscando el nombre de Flamel desde que a Hagrid se le escapó, porque ¿de qué otra manera podían averiguar lo que quería robar Snape?
El profesor de pociones puso los ojos en blanco.
El problema era la dificultad de buscar; sin saber qué podía haber hecho Flamel para figurar en un libro. No estaba en Grandes magos del siglo XX, ni en Notables nombres de la magia de nuestro tiempo; tampoco figuraba en Importantes descubrimientos en la magia moderna ni en Un estudiodel reciente desarrollo de la hechicería.
Hermione sacudió la cabeza, compadeciendo a su yo pasado.
-Eso es porque no es reciente-dijo para sí misma.
Harry y Ron, que la oyeron, sonrieron.
Y además, por supuesto, estaba el tamaño de la biblioteca, miles y miles de libros, miles de estantes, cientos de estrechas filas...
Hermione sacó una lista de títulos y temas que había decidido investigar; mientras Ron se paseaba entre una fila de libros y los sacaba al azar. Harry se acercó a la Sección Prohibida.
-No sé si eso es demasiada buena idea, Harry-dijo Sirius-. Apoyo la mayoría de vuestras aventuras pero ahí dentro hay cosas que ningún niño de once años debería saber.
Todos los adultos asintieron.
Se había preguntado si Flamel no estaría allí. Pero por desgracia, hacía falta un permiso especial, firmado por un profesor, para mirar alguno de los libros de aquella sección, y sabía que no iba a conseguirlo. Allí estaban los libros con la poderosa Magia del Lado Oscuro, que nunca se enseñaba en Hogwarts y que sólo leían los alumnos mayores, que estudiaban cursos avanzados de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Molly pensó que debería haber más protección; si alguien quería conseguir uno de esos libros no iba a darse por vencido tan fácilmente.
—¿Qué estás buscando, muchacho?
—Nada —respondió Harry.
-Buena disimulada, Harry-bromeó Ron.
Harry puso los ojos en blanco pero luego sonrió.
La señora Pince, la bibliotecaria, empuñó un plumero ante su cara.
—Entonces, mejor que te vayas. ¡Vamos, fuera!
Harry salió de la biblioteca, deseando haber sido más rápido en inventarse algo. Él, Ron y Hermione se habían puesto de acuerdo en que era mejor no consultar a la señora Pince sobre Flamel. Estaban seguros de que ella podría decírselo, pero no podían arriesgarse a que Snape se enterara de lo que estaban buscando.
Ron suspiró con frustración.
-Ahora que sabemos que no fue él me pone nervioso cada vez que le culpamos-dijo con una mueca.
-Vaya, que extraño-intervino Snape-. A mí me sucede exactamente lo mismo.
Ron le ignoró y miró a su padre para que continuase leyendo. A pesar de ello, a una pequeña parte de él (muy pequeña) le sabía un poco mal haberle acusado.
Harry los esperó en el pasillo, para ver si los otros habían encontrado algo, pero no tenía muchas esperanzas. Después de todo, buscaban sólo desde hacía quince días y en los pocos momentos libres, así que no era raro que no encontraran nada.
-Bueno, quince días son bastantes-comentó Ginny.
Lo que realmente necesitaban era una buena investigación, sin la señora Pince pegada a sus nucas. Cinco minutos más tarde, Ron y Hermione aparecieron negando con la cabeza. Se marcharon a almorzar.
—Vais a seguir buscando cuando yo no esté, ¿verdad? —dijo Hermione—. Si encontráis algo, enviadme una lechuza.
—Y tú podrás preguntarle a tus padres si saben quién es Flamel —dijo Ron—. Preguntarle a ellos no tendrá riesgos.
—Ningún riesgo, ya que ambos son dentistas —respondió Hermione.
Todos sonrieron ante aquello, incluso los que hasta hacía poco no sabían lo que era un dentista. Hermione se lo había explicado.
-Oye, Hermione-dijo el señor Weasley pausando la lectura-. Cuando todo esto se acabe deberíamos invitar a tus padres a cenar un día. ¿Qué te parece?
La señora Weasley se iluminó.
-Oh, qué idea tan fantástica, Arthur-dijo-. Cocinaré alguna de mis especialidades y los chicos podrán enseñarles los alrededores de la madriguera y…- continuó murmurando para sí misma mientras Hermione sonreía.
-Seguro que estarán encantados, gracias señores Weasley.
Los dos sonrieron y Arthur continuó leyendo, alegre.
Cuando comenzaron las vacaciones, Ron y Harry tuvieron mucho tiempo para pensar en Flamel. Tenían el dormitorio para ellos y la sala común estaba mucho más vacía que de costumbre, así que podían elegir los mejores sillones frente al fuego. Se quedaban comiendo todo lo que podían pinchar en un tenedor de tostar (pan, buñuelos, melcochas) y planeaban formas de hacer que expulsaran a Malfoy, muy divertidas, pero imposibles de llevar a cabo.
Los dos amigos rieron por lo bajo y luego se sonrieron. Aquellos días habían hecho que su amistad se acabase de afianzar y los dos los recordaban con mucho cariño.
Ron también comenzó a enseñar a Harry a jugar al ajedrez mágico. Era igual que el de los muggles, salvo que las piezas estaban vivas, lo que lo hacía muy parecido a dirigir un ejército en una batalla.
Harry, Ron y Hermione se miraron, pensando en lo sucedido en su primer año. La chica frunció el ceño y se mordió el labio, nerviosa. No tenía ningunas ganas de leer el sacrificio que Ron había hecho para ganar la partida de McGonagall.
El juego de Ron era muy antiguo y estaba gastado. Como todo lo que tenía, había pertenecido a alguien de su familia,
Las orejas de Ron enrojecieron un poco.
en este caso a su abuelo. Sin embargo, las piezas de ajedrez viejas no eran una desventaja. Ron las conocía tan bien que nunca tenía problemas en hacerles hacer lo que quería.
Ante aquello, las orejas de Ron volvieron a su color natural y el chico esbozó una pequeña sonrisa.
-No es solo porque me conozcan-dijo-. Sino también porque soy medianamente bueno jugando y confían en mí.
-¿"Medianamente bueno"?-Hermione sacudió la cabeza con incredulidad-. No seas modesto, Ron. ¡Eres increíble en el ajedrez!
Ron volvió a ponerse colorado, aunque no por el mismo motivo que antes.
-Gracias-dijo desviando la mirada-. Pero lo que quería decir es que, si Harry hubiera sido más bueno jugando, las piezas le hubieran obedecido-terminó con una sonrisa burlona hacia su mejor amigo.
-¡Oye! Que ahora ya no soy tan malo.
Ron soltó una carcajada.
-Eso es verdad-reconoció.
Harry jugó con el ajedrez que Seamus Finnigan le había prestado, y las piezas no confiaron en él. Él todavía no era muy buen jugador, y las piezas le daban distintos consejos y lo confundían, diciendo, por ejemplo: «No me envíes a mí. ¿No ves el caballo? Muévelo a él, podemos permitirnos perderlo».
Ron sacudió la cabeza; aquello debía de ser realmente molesto.
En la víspera de Navidad, Harry se fue a la cama, deseoso de que llegara el día siguiente, pensando en toda la diversión y comida que lo aguardaban, pero sin esperar ningún regalo.
Molly y el resto de adultos fruncieron el ceño y se entristecieron. Sirius se prometió a sí mismo que, mientras él viviera, Harry iba a recibir cada año el mejor regalo de Navidad del mundo.
Cuando al día siguiente se despertó temprano, lo primero que vio fue unos cuantos paquetes a los pies de su cama.
Molly sonrió, feliz de haber podido darle por fin una Navidad decente a Harry.
—¡Feliz Navidad! —lo saludó medio dormido Ron, mientras Harry saltaba de la cama y se ponía la bata.
—Para ti también —contestó Harry—. ¡Mira esto! ¡Me han enviado regalos!
Snape intentó controlar sus emociones para no sentir lástima hacia el muchacho. Sus navidades nunca habían sido demasiado alegres pero al menos había recibido regalos por parte de Lily y, en alguna ocasión, de su madre.
—¿Qué esperabas, nabos? —dijo Ron, volviéndose hacia sus propios paquetes,
Muchos sonrieron ante aquello.
que eran más numerosos que los de Harry.
Harry cogió el paquete que estaba más arriba. Estaba envuelto en papel de embalar y tenía escrito: «Para Harry de Hagrid».
Los adultos sonrieron.
Contenía una flauta de madera, toscamente trabajada.
El trío dorado pensó en lo útil que había sido aquella flauta; con ella consiguieron dormir a Fluffy.
Era evidente que Hagrid la había hecho. Harry sopló y la flauta emitió un sonido parecido al canto de la lechuza.
El segundo, muy pequeño, contenía una nota.
«Recibimos tu mensaje y te mandamos tu regalo de Navidad. De tío Vernon y tía Petunia.» Pegada a la nota estaba una moneda de cincuenta peniques.
Hermione bufó.
-¡Será posible!
—Qué detalle —comentó Harry.
Ron estaba fascinado con los cincuenta peniques.
—¡Qué raro! —dijo— ¡Qué forma! ¿Esto es dinero?
Harry rió y Ron esbozó una sonrisa.
—Puedes quedarte con ella —dijo Harry, riendo ante el placer de Ron—. Hagrid, mis tíos... ¿Quién me ha enviado éste?
—Creo que sé de quién es ése —dijo Ron, algo rojo y señalando un paquete deforme—. Mi madre. Le dije que creías que nadie te regalaría nada y… oh, no —gruñó—, te ha hecho un jersey Weasley.
-¡Ron!-exclamó la señora Weasley-. ¿Por qué te avergüenzas? Si lo hice con todo mi cariño-terminó un tanto dolida.
Ron se mordió el labio.
-Lo sé, mamá, pero… Que tu madre le haga un jersey a tu amigo cuando tienes once años no es lo más guay del mundo. No quería quedar mal delante de Harry o que a él no le gustase. Lo siento…
Molly sacudió la cabeza.
-No te preocupes, lo entiendo-dijo con una sonrisa, aunque ésta parecía un tanto forzada.
Por suerte, el señor Weasley fue al rescate.
-Molly, querida, ya sabes cómo son los niños de once años… No te lo tomes como algo personal. Además, a Harry le gustó y eso es lo importante.
-Tiene razón, señora Weasley-añadió Harry-, me encantó.
Molly esbozó una sonrisa, esta vez completamente sincera.
-Gracias, Arthur. Y a ti, Harry.
Harry abrió el paquete y encontró un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda,
-Es una pena que ya no me quepa…- dijo Harry. Vio de reojo como Molly sonreía aún más, con un toque de orgullo en sus ojos y asintió para sí mismo; su comentario había surtido el efecto deseado.
y una gran caja de pastel de chocolate casero.
—Cada año nos teje un jersey —dijo Ron, desenvolviendo su paquete— y el mío siempre es rojo oscuro.
—Es muy amable de parte de tu madre —dijo Harry probando el pastel, que era delicioso.
El siguiente regalo también tenía golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione.
Harry sonrió a Hermione.
Le quedaba el último. Harry lo cogió y notó que era muy ligero. Lo desenvolvió. Algo fluido y de color gris plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó brillando.
Dumbledore escuchó con atención; quería saber cuál había sido la reacción de Harry al ver la Capa por primera vez.
Ron bufó.
—Había oído hablar de esto —dijo con voz ronca, dejando caer la caja de grageas de todos los sabores, regalo de Hermione—.
-Vaya, gracias-dijo Hermione con sarcasmo.
-Eh, era por un buen motivo.
Hermione le sonrió.
Si es lo que pienso, es algo verdaderamente raro y valioso.
—¿Qué es?
Todos los que no conocían la existencia de la Capa arrugaron el ceño, intentando averiguarlo.
Harry cogió el género brillante y plateado. El tocarlo producía una sensación extraña, como si fuera agua convertida en tejido.
—Es una capa invisible —dijo Ron, con una expresión de temor reverencial—. Estoy seguro... Pruébatela.
Harry se puso la capa sobre los hombros y Ron lanzó un grito.
—¡Lo es! ¡Mira abajo!
-¡Una capa de invisibilidad!-dijo Snape con un gruñido.
Muchos se giraron para mirarle; casi se habían olvidado de su presencia.
-Eso explica muchas cosas, Potter…
Arthur continuó leyendo rápidamente, cortando lo que el profesor de pociones tuviese que decir.
Harry se miró los pies, pero ya no estaban. Se dirigió al espejo. Efectivamente: su reflejo lo miraba, pero sólo su cabeza suspendida en el aire, porque su cuerpo era totalmente invisible. Se puso la capa sobre la cabeza y su imagen desapareció por completo.
Sirius y Remus sonrieron pensando en la cantidad de veces que la habían usado. Tonks miraba al libro con curiosidad, no tenía ni idea que Harry poseyera un objeto tan valioso y útil.
—¡Hay una nota! —dijo de pronto Ron—. ¡Ha caído una nota!
Harry se quitó la capa y cogió la nota. La caligrafía, fina y llena de curvas, era desconocida para él. Decía:
Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir. Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilízalo bien.
Una muy Feliz Navidad para ti.
-No puedo creerlo-murmuró Snape antes de darse la vuelta para encarar a Dumbledore. A pesar de que el libro no dijese quien la había enviado, el profesor de pociones lo tenía bastante claro -. ¿No se da cuenta que dándole algo así está poniéndole en peligro?-dijo con rabia. Luego bajó la voz y añadió-: Está haciendo que mi trabajo sea mucho más difícil.
-Severus, entiendo tus quejas pero me parecía correcto entregarle a Harry lo que le pertenecía. De todos modos no es ni el lugar ni el momento de discutir este tema, hablaremos de esto en otra ocasión-dijo Dumbledore tajante, consciente de que las miradas de todos estaban puestas en ambos.
Snape echó un vistazo a su alrededor con el ceño todavía fruncido y vio todos habían observado su intercambio con el director. Muy a su pesar, tuvo de darle la razón a Dumbledore, así que respiró profundamente y asintió.
No tenía firma. Harry contempló la nota. Ron admiraba la capa.
—Yo daría cualquier cosa por tener una —dijo— Lo que sea. ¿Qué te sucede?
—Nada —dijo Harry Se sentía muy extraño. ¿Quién le había enviado la capa? ¿Realmente había pertenecido a su padre?
-Sí-asintió Sirius con una sonrisa-. Y no veas de la cantidad de líos que nos libramos gracias a ella.
Harry le sonrió.
Antes de que pudiera decir o pensar algo, la puerta del dormitorio se abrió de golpe y Fred y George Weasley entraron. Harry escondió rápidamente la capa. No se sentía con ganas de compartirla con nadie más.
-Tranquilo, Harry, te entendemos-dijo Fred.
George asintió.
—¡Feliz Navidad!
—¡Eh, mira! ¡A Harry también le han regalado un jersey Weasley!
Fred y George llevaban jerséis azules, uno con una gran letra F y el otro con la G.
—El de Harry es mejor que el nuestro —dijo Fred cogiendo el jersey de Harry—. Es evidente que se esmera más cuando no es para la familia.
-Eh, eso no es verdad-dijo Molly con indignación. Sus hijos gemelos le lanzaron una mirada-. Vale… Quizás le dediqué un poco más de tiempo… pero era porque quería que fuese perfecto-añadió rápidamente-. Eso no quiere decir que no me esmere con el resto.
-Lo sabemos, mamá- intervino Ginny-. Solo era una broma.
Molly asintió y sonrió a su hija.
—¿Por qué no te has puesto el tuyo, Ron? —quiso saber George—. Vamos, pruébatelo, son bonitos y abrigan.
—Detesto el rojo oscuro —se quejó Ron, mientras se lo pasaba por la cabeza.
La sonrisa que Molly tenía en su rostro momentos antes desapareció.
-¡Ron! ¿Cómo que detestas el rojo? ¿Por qué no me lo habías dicho?
El chico se pasó la mano por el cabello, incómodo.
-Eh… Es que no quería que te sintieses mal ni nada de eso-explicó-.Y no es que no me guste el color en sí, pero me queda fatal con mi pelo.
Pasaron un par de segundos en silencio, mientras la señora Weasley observaba a su hijo.
-Vaya, Ron…- dijo finalmente-, pues para la próxima Navidad ya te cambiaré el color. Pero no tienes que preocuparte tanto por mí-añadió-. Si no te gusta algo o te molesta puedes decirlo tranquilamente.
Ron asintió, un tanto ruborizado. Aquél había sido uno de los temas que habían hablado en la "reunión familiar", hacía ya unos cuantos capítulos, pero aún así no estaba de más recordarlo.
—No tenéis la inicial en los vuestros —observó George—. Supongo que ella piensa que no os vais a olvidar de vuestros nombres. Pero nosotros no somos estúpidos... Sabemos muy bien que nos llamamos Gred y Feorge.
Muchos sonrieron o soltaron una carcajada ante aquello.
—¿Qué es todo ese ruido?
Percy Weasley asomó la cabeza a través de la puerta, con aire de desaprobación.
La voz de Arthur, que durante todo el capitulo había sonado relajada y alegre, de pronto se volvió tensa y llena de frialdad. El resto de los Weasley también reaccionaron de manera similar, arrugando el ceño o frunciendo los labios.
Era evidente que había ido desenvolviendo sus regalos por el camino, porque también tenía un jersey bajo el brazo, que Fred vio.
—¡P de prefecto! Pruébatelo, Percy, vamos, todos nos lo hemos puesto, hasta Harry tiene uno.
Los gemelos esbozaron una pequeña sonrisa triste, pensando en aquellos tiempos.
—Yo... no... quiero —dijo Percy, con firmeza, mientras los gemelos le metían el jersey por la cabeza, tirándole las gafas al suelo.
—Y hoy no te sentarás con los prefectos —dijo George—. La Navidad es para pasarla en familia.
Cogieron a Percy y se lo llevaron de la habitación, con los brazos sujetos por el jersey.
Molly parpadeó con fuerza, intentando no derramar ninguna lágrima ni dejar entrever su tristeza. Pese a ello, el señor Weasley lo vio y dejó el libro a un lado para pasarle un brazo por los hombros y depositarle un beso en la frente. Después de algunos segundos, Arthur, todavía abrazando a su mujer con un brazo, utilizó el otro para coger el libro y seguir leyendo.
Harry no había celebrado en su vida una comida de Navidad como aquélla. Un centenar depavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes conmantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras, y muchos huevossorpresa esparcidos por todas las mesas.
El estomago de Ron rugió y Sirius pensó en lo mucho que echaba de menos los banquetes de Hogwarts.
Estos fantásticos huevos no tenían nada que ver conlos flojos artículos de los muggles, que Dudley habitualmente compraba, ni con juguetitos deplástico ni gorritos de papel. Harry tiró uno al suelo y no sólo hizo ¡pum!, sino que estallócomo un cañonazo y los envolvió en una nube azul, mientras del interior salían una gorra decontraalmirante y varios ratones blancos, vivos. En la Mesa Alta, Dumbledore habíareemplazado su sombrero cónico de mago por un bonete floreado, y se reía de un chiste delprofesor Flitwick.
Todos pensaron en lo diferente que Hogwarts se había vuelto desde que Umbridge estaba al mando.
A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, flameantes. Percy casi se rompió undiente al morder un sickle de plata que estaba en el trozo que le tocó. Harry observaba aHagrid, que cada vez se ponía más rojo y bebía más vino, hasta que finalmente besó a laprofesora McGonagall en la mejilla y, para sorpresa de Harry, ella se ruborizó y rió, con elsombrero medio torcido.
Los alumnos rieron y Dumbledore, con los ojos brillantes, sonrió.
Cuando Harry finalmente se levantó de la mesa, estaba cargado de cosas de lassorpresas navideñas, y que incluían globos luminosos que no estallaban, un juego de HagaCrecer Sus Propias Verrugas
-¿Por qué querría alguien hacerse crecer verrugas?-preguntó Hermione con una mueca.
-Ni idea-dijo Tonks-. Pero yo no necesito ese juego para conseguirlo-esbozó una sonrisa traviesa y, al instante, decenas de verrugas empezaron a aparecer por toda su cara.
Los alumnos rieron aunque algunos también arrugaron la nariz. Remus, entre asqueado y divertido sonrió.
Desde su asiento, Sirius dejo escapar una carcajada y después pensó que, si lo de Remus y Tonks salía bien, a su amigo le esperaban muchas risas y alegrías.
y piezas nuevas de ajedrez. Los ratones blancos habíandesaparecido, y Harry tuvo el horrible presentimiento de que iban a terminar siendo la cenade Navidad de la Señora Norris.
-Ay, pobres…- dijo Ginny.
Harry y los Weasley pasaron una velada muy divertida, con una batalla de bolas denieve en el parque. Más tarde, helados, húmedos y jadeantes, regresaron a la sala común deGryffindor para sentarse al lado del fuego. Allí Harry estrenó su nuevo ajedrez y perdióespectacularmente con Ron.
Harry asintió pero sonrió; aquel día había sido uno de los más felices de su vida.
Pero sospechaba que no habría perdido de aquella manera siPercy no hubiera tratado de ayudarlo tanto.
-Cierto-dijo Harry, recordando.
Después de un té con bocadillos de pavo, buñuelos, bizcocho borracho y pastel deNavidad, todos se sintieron tan hartos y soñolientos que no podían hacer otra cosa que irse ala cama; no obstante, permanecieron sentados y observaron a Percy, que perseguía a Fred yGeorge por toda la torre Gryffindor porque le habían robado su insignia de prefecto.
Fred y George chocaron los cinco.
Fue el mejor día de Navidad de Harry. Sin embargo, algo daba vueltas en un rincón desu mente. En cuanto se metió en la cama, pudo pensar libremente en ello: la capa invisible yquién se la había enviado.
-Normal…-dijo Sirius.
Ron, ahíto de pavo y pastel y sin ningún misterio que lo preocupara, se quedó dormidoen cuanto corrió las cortinas de su cama. Harry se inclinó a un lado de la cama y sacó lacapa.
Harry se mordió el labio; no quería que todos oyeran lo que iba suceder pero tampoco tenía demasiada elección. Respiró hondo y continuó escuchando lo que el señor Weasley leía.
De su padre... Aquello había sido de su padre. Dejó que el género corriera por susmanos, más suave que la seda, ligero como el aire. «Utilízalo bien», decía la nota.
Tenía que probarla. Se deslizó fuera de la cama y se envolvió en la capa.
-¡Harry, no!-le regañó la señora Weasley.
El chico esbozó una pequeña sonrisa a modo de disculpa.
-Vamos, Molly-intervino Sirius-. Es normal que quiera probarla; ¡perteneció a James!
La señora Weasley suspiró.
-Eso puedo entenderlo, pero lo que no quiero es que se meta en líos.
Sirius sonrió e hizo un gesto de despreocupación.
-Tranquila, la capa le ayudará. Además, aunque se meta en líos es listo y podrá salir de ellos.
Harry sonrió.
Miró haciaabajo y vio sólo la luz de la luna y las sombras. Era una sensación muy curiosa.
«Utilízalo bien.»
Ron recordó que aquella había sido la noche en la que Harry encontró el espejo. Se le quedó mirando y pensó que no debía hacerle ninguna gracia que todos escuchasen lo sucedido. A él tampoco le gustaba pensar que conocerían su mayor deseo pero sabía que para Harry sería mucho más duro.
.
De pronto, Harry se sintió muy despierto. Con aquella capa, todo Hogwarts estabaabierto para él. Mientras estaba allí, en la oscuridad y el silencio, la excitación se apoderó deél. Podía ir a cualquier lado con ella, a cualquier lado, y Filch nunca lo sabría.
-Así era…- sonrió Sirius recordando tiempos pasados.
Snape frunció el ceño. O sea que por eso les pillaban tan pocas veces, pensó.
Ron gruñó entre sueños. ¿Debía despertarlo? Algo lo detuvo. La capa de su padre...Sintió que aquella vez (la primera vez) quería utilizarla solo.
Ron sonrió.
-Tranquilo, Harry, lo entiendo.
Salió cautelosamente del dormitorio, bajó la escalera, cruzó la sala común y pasó por elagujero del retrato.
—¿Quién está ahí? —chilló la Dama Gorda. Harry no dijo nada. Anduvo rápidamentepor el pasillo.¿Adónde iría? De pronto se detuvo, con el corazón palpitante, y pensó.
Todos los que no sabían lo que Harry había hecho escucharon atentamente y con curiosidad.
Y entonces losupo. La Sección Prohibida de la biblioteca.
-¿En serio, Harry?-dijo Sirius-. ¿Tienes todo el castillo para explorar y te vas a la biblioteca?
George sacudió la cabeza.
-¿En qué te ha convertido Hermione?-preguntó con la voz cargada de espanto.
La chica le lanzó una mirada.
-No niego que Hermione haya sido una buena influencia- intervino Remus sonriendo a la chica-, pero creo que Harry quiere ir para buscar información sobre Flamel.
George abrió mucho los ojos, comprendiendo.
-Oh, claro-dijo.
Sirius asintió.
-Entonces no digo nada.
Iba a poder leer todo lo que quisiera, paradescubrir quién era Flamel. Se ajustó la capa y se dirigió hacia allí.
La biblioteca estaba oscura y fantasmal.
Snape pensó con rabia que Potter no estaría ahí si Dumbledore no le hubiese dado la capa. El director no solo no castigaba al chico por quebrantar las reglas sino que, además, le incitaba a cometer más locuras.
Harry encendió una lámpara para ver la fila delibros. La lámpara parecía flotar sola en el aire y hasta el mismo Harry, que sentía su brazollevándola, tenía miedo.
Todos empezaron a llenarse de tensión, sufriendo por Harry.
La Sección Prohibida estaba justo en el fondo de la biblioteca. Pasando con cuidadosobre la soga que separaba aquellos libros de los demás, Harry levantó la lámpara para leerlos títulos.
No le decían mucho. Las letras doradas formaban palabras en lenguajes que Harry noconocía. Algunos no tenían títulos. Un libro tenía una mancha negra que parecía sangre.
Molly arrugó el ceño; no le gustaba que libros como aquellos estuvieran tan al alcance de los estudiantes.
AHarry se le erizaron los pelos de la nuca. Tal vez se lo estaba imaginando, tal vez no, pero lepareció que un murmullo salía de los libros, como si supieran que había alguien que nodebía estar allí.
-Es posible-comentó Dumbledore-. Ahí hay libros muy extraños y misteriosos.
Tenía que empezar por algún lado. Dejó la lámpara con cuidado en el suelo y miró enuna estantería buscando un libro de aspecto interesante. Le llamó la atención un volumengrande, negro y plateado. Lo sacó con dificultad, porque era muy pesado y, balanceándolosobre sus rodillas, lo abrió.
Un grito desgarrador; espantoso, cortó el silencio... ¡El libro gritaba!
Sirius maldijo en voz baja.
Harry lo cerró degolpe, pero el aullido continuaba, en una nota aguda, ininterrumpida.
-¡Lárgate de ahí, Harry!-le apremió Tonks mientras, a su lado, Remus se mordía las uñas con nerviosismo.
Retrocedió y chocócon la lámpara, que se apagó de inmediato. Aterrado, oyó pasos que se acercaban por elpasillo, metió el volumen en el estante y salió corriendo.
La tensión en la voz de Arthur iba aumentando de nivel con cada palabra que leía.
Pasó al lado de Filch casi en la puerta, y los ojos del celador; muy abiertos, miraron a través de Harry. El chico se agachó,pasó por debajo del brazo de Filch y siguió por el pasillo, con los aullidos del libroresonando en sus oídos.
-Merlín, Harry- suspiró Hermione-. Yo quería saber más sobre Flamel pero no hacía falta que te metieras en estos líos.
-Por suerte ya ha pasado-dijo Ginny aliviada.
Harry tuvo que morderse la lengua para no decirles la verdad.
Se detuvo de pronto frente a unas armaduras. Había estado tan ocupado en escapar de labiblioteca que no había prestado atención al camino. Tal vez era porque estaba oscuro, perono reconoció el lugar donde estaba. Había armaduras cerca de la cocina, eso lo sabía, perodebía de estar cinco pisos más arriba.
—Usted me pidió que le avisara directamente, profesor, si alguien andaba dandovueltas durante la noche, y alguien estuvo en la biblioteca, en la Sección Prohibida.
-Ay, no-gimió Ginny.
Harry sintió que se le iba la sangre de la cara. Filch debía de conocer un atajo parallegar a donde él estaba, porque el murmullo de su voz se acercaba cada vez más
Sirius sacudió la cabeza.
-Tienes la peor suerte del mundo.
y, para suhorror, el que le contestaba era Snape.
—¿La Sección Prohibida? Bueno, no pueden estar lejos, ya los atraparemos.
Snape le lanzó una mirada a Harry, recordando aquel momento. Él había pensado que se trataba de Quirrell, buscando un modo de pasar a través de Fluffy, pero era evidente que no. Intentó calmar la rabia que sentía al pensar que, con todo lo que hacía para proteger a Potter, éste no paraba de ponerse en peligro
Harry se quedó petrificado, mientras Filch y Snape se acercaban. No podían verlo, porsupuesto, pero el pasillo era estrecho y, si se acercaban mucho, iban a chocar contra él. Lacapa no ocultaba su materialidad.
-Ay, madre…-murmuró la señora Weasley. Puede que Harry estuviera infringiendo las normas pero no quería que le atrapasen.
Retrocedió lo más silenciosamente que pudo. A la izquierda había una puertaentreabierta. Era su única esperanza. Se deslizó, conteniendo la respiración y tratando de nohacer ruido. Para su alivio, entró en la habitación sin que lo notaran.
Todos volvieron a respirar tranquilos y la tensión desapareció del rostro y la voz del señor Weasley.
Pasaron por delante deél y Harry se apoyó contra la pared, respirando profundamente, mientras escuchaba lospasos que se alejaban. Habían estado cerca, muy cerca.
Snape apretó los dientes con rabia, maldiciendo a Potter y a la capa.
Transcurrieron unos pocos segundosantes de que se fijara en la habitación que lo había ocultado.
Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra lasparedes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente... Había algo queparecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.
Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado,apoyado en unos soportes que eran como garras.
Dumbledore cerró los ojos al darse cuenta de lo que era.
Tenía una inscripción grabada en la partesuperior:
El señor Weasley trató de leer la siguiente frase un par de veces hasta que finalmente lo consiguió.
Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.
-¿Qué?-preguntaron todos.
-Es lo que pone.
Remus frunció el ceño.
-Déjame echarle un vistazo.
Arthur le entregó el libro, lleno de curiosidad.
Lupin lo cogió entre sus manos y releyó el fragmento un par de veces. Después de pensar durante unos segundos, esbozó una sonrisa triunfante.
-Ya lo tengo-dijo-. Está escrito al revés. Significa "Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo".
-Oh-dijo Fred-. Supongo que está al revés por ser un espejo y eso.
Remus asintió, aquello tenía sentido.
-Pero ¿entonces? -continuó-. ¿Qué quiere decir?
-Es obvio, ¿no?-dijo Hermione-. No refleja "tu cara" sino "el deseo de tu corazón".
Fred bufó pero se dio cuenta de que Hermione no bromeaba.
-¿Va en serio? ¿Es que un espejo puede hacer eso?
Todos (excepto Harry y Ron) miraron a Dumbledore esperando una respuesta.
-En efecto-dijo el director con una sonrisa pero sin brillo en los ojos-. Éste espejo sí que puede.
Los alumnos levantaron las cejas con asombro.
Ya no oía ni a Filch ni a Snape, y Harry no tenía tanto miedo. Se acercó al espejo,deseando mirar para no encontrar su imagen reflejada. Se detuvo frente a él.
Tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar.
-¿Qué ha pasado?-murmuró Molly.
Giró en redondo. El corazón lelatía más furiosamente que cuando el libro había gritado... Porque no sólo se había visto enel espejo, sino que había mucha gente detrás de él.Pero la habitación estaba vacía. Respirando agitadamente, volvió a mirar el espejo.Allí estaba él, reflejado, blanco y con mirada de miedo y allí, reflejados detrás de él,había al menos otros diez.
Remus y Sirius sintieron como se les llenaba el corazón de tristeza; si el espejo reflejaba el mayor deseo de Harry, tenían una ligera idea de quienes eran esas personas.
Harry miró por encima del hombro, pero no había nadie allí. ¿Otambién eran todos invisibles? ¿Estaba en una habitación llena de gente invisible y la trampadel espejo era que los reflejaba, invisibles o no?
Dumbledore esbozó una sonrisa triste ante la ingenuidad del niño.
Miró otra vez al espejo. Una mujer, justo detrás de su reflejo, le sonreía y agitaba lamano. Harry levantó una mano y sintió el aire que pasaba.
Harry cerró los ojos, recordando aquél momento. Aunque hubieran pasado cinco años, una parte de él todavía quería encontrar otra vez el espejo y sentarse delante de él para siempre.
Si ella estaba realmente allí, debíade poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca... Pero sólo sintió aire: ella y los otrosexistían sólo en el espejo.
Era una mujer muy guapa. Tenía el cabello rojo oscuro y sus ojos... «Sus ojos son comolos míos»,
Snape sintió que algo le oprimía el pecho. Una parte de él dio las gracias a cualquier dios que escuchase por no haberse encontrado nunca ese espejo, ya que probablemente se habría quedado ahí hasta el final de sus días. Otra parte de él, sin embargo, maldijo por el mismo motivo.
pensó Harry, acercándose un poco más al espejo. Verde brillante, exactamente lamisma forma, pero entonces notó que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismotiempo.
El dolor seguía dentro de Snape y no sabía qué hacer para ignorarlo. Miró a Harry con tristeza y culpabilidad, antes de darse cuenta de lo que hacía.
Maldito, Potter, pensó. ¿Por qué tenías que tener sus ojos? Pero intentar ahogar aquellas emociones con odio no funcionaba. No podía dejar de sentirse culpable por el destino que Lily había sufrido y por haber condenado a su hijo a vivir sin ella. Respiró profundamente, temiendo que el resto de presentes se diesen cuenta de lo que sucedía. Por suerte, todos estaban demasiado ocupados escuchando la lectura y mirando a Potter con pena como para hacerlo.
El hombre alto, delgado y de pelo negro que estaba al lado de ella le pasó el brazopor los hombros. Llevaba gafas y el pelo muy desordenado. Y se le ponía tieso en la nuca,igual que a Harry.
Remus sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas al oír aquello, miró a Sirius y vio que a él le estaba pasando lo mismo.
El animago no podía dejar de pensar que aquella era la primera vez que Harry había visto a sus padres. Era horrible e injusto, pensó mientras su odio hacia Voldemort y el traidor de Cola-gusano aumentaba todavía más..
Harry estaba tan cerca del espejo que su nariz casi tocaba su reflejo.
—¿Mamá? —susurró—. ¿Papá?
- Oh, Harry-susurró la señora Weasley. Aquello era demasiado para ella, enterró el rostro entre sus manos y empezó a sollozar en silencio, pensando en lo que aquel niño amable y bueno había perdido.
Entonces lo miraron, sonriendo. Y lentamente, Harry fue observando los rostros de lasotras personas, y vio otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suya,incluso un hombre pequeño que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry. Estabamirando a su familia por primera vez en su vida.
Harry tragó saliva y parpadeó con fuerza intentando mantener su compostura. Era consciente de que toda la sala se sentía triste por él y eso, por extraño que pareciera, le daba fuerzas. Sí, era cierto que había perdido a su familia y que nunca sería capaz de reemplazarla, pero, al mismo tiempo, ahora tenía otra. Un grupo de personas que le querían y se preocupaban por él y, Harry sabía con total seguridad, nunca le iban a dejar solo.
Los Potter sonrieron y agitaron las manos, y Harry permaneció mirándolos anhelante,con las manos apretadas contra el espejo, como si esperara poder pasar al otro lado yalcanzarlos. En su interior sentía un poderoso dolor, mitad alegría y mitad tristeza terrible.
Nadie decía nada, solo se oía la voz de Arthur cargada de tristeza y de vez en cuando un sollozo silencioso de Molly. Todos sabían que nunca podrían llegar a sentir lo mismo que Harry. Ni siquiera Remus y Sirius. Los dos merodeadores habían perdido a su hermano y a su mejor amiga, cierto, pero no era comparable.
No supo cuánto tiempo estuvo allí. Los reflejos no se desvanecían y Harry miraba ymiraba, hasta que un ruido lejano lo hizo volver a la realidad. No podía quedarse allí, teníaque encontrar el camino hacia el dormitorio. Apartó los ojos de los de su madre y susurró: «Volveré». Salió apresuradamente de la habitación.
-Harry…-dijo una voz.
El chico se dio la vuelta y vio que era Ginny quien hablaba. Sus ojos estaban rojos y sorbió por la nariz antes de volver a hablar.
-Harry… No vuelvas a por él.
El muchacho sonrió débilmente.
-Ginny, gracias por preocuparte, pero esto pasó hace cinco años.
-Lo sé-dijo ella sacudiendo la cabeza-. Pero digo ahora. No vuelvas a por él ahora.
Harry abrió la boca pero no dijo nada. ¿Cómo había sabido Ginny que leer aquello había despertado en él unas ganas horribles por encontrar el espejo?
-Prométemelo-insistió Ginny.
Harry asintió.
-Te lo prometo.
La chica esbozó una pequeña sonrisa y Arthur continuó leyendo.
Harry se preguntó porqué después de cinco años el deseo de mirar de nuevo a aquel espejo había vuelvo a resurgir. Quizás se debía a que, al escuchar lo sucedido, había recordado lo que sintió y quería experimentarlo de nuevo.
—Podías haberme despertado —dijo malhumorado Ron.
—Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero enseñarte el espejo.
—Me gustaría ver a tu madre y a tu padre —dijo Ron con interés.
—Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Weasley. Podrás enseñarme a tus otroshermanos y a todos.
Muchos sonrieron tristemente ante la ingenuidad de los dos niños y, Molly, que había conseguido recuperarse un poco, dejó escapar un pequeño llanto.
—Puedes verlos cuando quieras —dijo Ron—. Ven a mi casa este verano. De todosmodos, a lo mejor sólo muestra gente muerta.
Molly estaba demasiado ocupada en mantener sus emociones a raya como para recriminarle a Ron su falta de tacto.
Pero qué lástima que no encontraste a Flamel.¿No quieres tocino o alguna otra cosa? ¿Por qué no comes nada?
Ron se pasó una mano por el cabello.
-Merlín, Harry, lo siento-dijo dándose cuenta de lo poco sensible que había sido.
Su mejor amigo sonrió:
-No pasa nada.
Harry no podía comer. Había visto a sus padres y los vería otra vez aquella noche. Casise había olvidado de Flamel. Ya no le parecía tan importante. ¿A quién le importaba lo quecustodiaba el perro de tres cabezas? ¿Y qué más daba si Snape lo robaba?
-Vaya, para decir eso debes estar realmente afectado, Potter.
Todos ignoraron a Snape, pensando que aquel no era el mejor momento para meterse con Harry. El chico, en cambio, le observaba con el ceño fruncido, tratando de entender porque el profesor de pociones, normalmente tan impasible, parpadeaba con rapidez y tenía una expresión extraña en el rostro.
—¿Estás bien? —preguntó Ron—. Te veo raro.
Lo que Harry más temía era no poder encontrar la habitación del espejo. Aquella noche, conRon también cubierto por la capa, tuvieron que andar con más lentitud. Trataron de repetir elcamino de Harry desde la biblioteca, vagando por oscuros pasillos durante casi una hora.
—Estoy congelado —se quejó Ron—. Olvidemos esto y volvamos.
-Por favor, hazle caso-murmuró Hermione.
—¡No! —susurró Harry—. Sé que está por aquí.
Pasaron al lado del fantasma de una bruja alta, que se deslizaba en dirección opuesta,pero no vieron a nadie más.
Justo cuando Ron se quejaba de que tenía los pies helados, Harry divisó la pareja dearmaduras.
—Es allí... justo allí... ¡sí!
Hermione sacudió la cabeza.
Abrieron la puerta. Harry dejó caer la capa de sus hombros y corrió al espejo.
Allí estaban. Su madre y su padre sonrieron felices al verlo.
—¿Ves? —murmuró Harry.
—No puedo ver nada.
—¡Mira! Míralos a todos... Son muchos...
—Sólo puedo verte a ti.
—Pero mira bien, vamos, ponte donde estoy yo.
Ron cerró los ojos con fuerza; su familia iba a saber lo que él había visto. Por suerte, habían hablado hacía algunos capítulos de aquellos temas pero eso no evitaba que le diese vergüenza.
Harry dio un paso a un lado, pero con Ron frente al espejo ya no podía ver a su familia,sólo a Ron con su pijama de colores.Sin embargo, Ron parecía fascinado con su imagen.
—¡Mírame! —dijo.
—¿Puedes ver a toda tu familia contigo?
—No... estoy solo... pero soy diferente... mayor... ¡y soy delegado!
—¿Cómo?
—Tengo... tengo un distintivo como el de Bill y estoy levantando la copa de la casa y lacopa de quidditch... ¡Y también soy capitán de quidditch!
-Oh, Ron…- Molly levantó su rostro surcado de lágrimas para observar a su hijo-. Ya te he dicho algo parecido hace unas horas pero aún así…-sonrió con tristeza pero con cariño-. ¿Sabes que no necesitas hacer todo eso para ser importante, verdad? Nosotros te queremos exactamente como eres.
Ron bajó la mirada al tiempo que sus orejas se ponían coloradas.
-Lo sé, mamá. Pero como tú has dicho esto ya lo hemos hablado así que… Podemos centrarnos en la lectura, ¿por favor?-preguntó con un toque de súplica en dirección a su padre.
Arthur se lo quedó mirando unos segundos pero finalmente continuó leyendo. Esperaba que, con el tiempo, su hijo acabase creyendo lo que Molly había dicho.
Ron apartó los ojos de aquella espléndida visión y miró excitado a Harry.
—¿Crees que este espejo muestra el futuro?
—¿Cómo puede ser? Si toda mi familia está muerta... déjame mirar de nuevo...
—Lo has tenido toda la noche, déjame un ratito más.
—Pero si estás sosteniendo la copa de quidditch, ¿qué tiene eso de interesante? Quierover a mis padres.
—No me empujes.
-¡No os peleéis!-dijo Sirius de pronto. Había estado muy callado desde la aparición del espejo, sumido en sus pensamientos y recuerdos, pero aquello le hizo espabilarse.
Remus asintió.
-Canuto tiene razón. Ese espejo no es nada bueno para vosotros: solo lleváis dos noches pero ya os está afectando. Debéis dejar de visitarlo ya.
Harry y Ron asintieron; aunque habían pasado cinco años, aquello seguía siendo verdad.
Un súbito ruido en el pasillo puso fin a la discusión. No se habían dado cuenta de quehablaban en voz alta.
—¡Rápido!
Ron tiró la capa sobre ellos justo cuando los luminosos ojos de la Señora Norrisaparecieron en la puerta.
-Ay, madre-dijo Hermione. Sus amigos le habían explicado más o menos los líos en los que se habían metido mientras ella no estaba, pero escucharlos desde el punto de vista de Harry era diferente.
Ron y Harry permanecieron inmóviles, los dos pensando lo mismo:¿la capa funcionaba con los gatos? Después de lo que pareció una eternidad, la gata dio lavuelta y se marchó.
Tonks suspiró.
-Gracias a Merlín.
—No estamos seguros... Puede haber ido a buscar a Filch, seguro que nos ha oído.Vamos.
Y Ron empujó a Harry para que salieran de la habitación.
La nieve todavía no se había derretido a la mañana siguiente.
—¿Quieres jugar al ajedrez, Harry? —preguntó Ron.
—No.
—¿Por qué no vamos a visitar a Hagrid?
—No... ve tú...
Sirius se mordió el labio, preocupado. Entendía perfectamente lo que Harry estaba pensando, pero no quería que fuese tras ese espejo. Él más que nadie sabía lo difícil que era dejar el pasado atrás y, aunque le seguía costando, poco a poco estaba siendo capaz de hacerlo.
—Sé en qué estás pensando, Harry, en ese espejo. No vuelvas esta noche.
—¿Por qué no?
—No lo sé. Pero tengo un mal presentimiento y, de todos modos, ya has tenido muchosencuentros.
-Bien dicho, Ron-le elogió Remus-. Tienes buenos instintos y mucha razón al pensar eso.
Ron asintió y trató de ocultar una sonrisa satisfecha.
Filch, Snape y la Señora Norris andan vigilando por ahí ¿Qué importa si no teven? ¿Y si tropiezan contigo? ¿Y si chocas con algo?
—Pareces Hermione.
-Bueno, eso no es malo-dijo Ron-. Si no más bien un cumplido- añadió en voz un poco más baja. El elogio de Remus parecía haberle dado valor.
Hermione se le quedó mirando, sorprendida, pero después sonrió y bajó los ojos al suelo. No quería que nadie se diese cuenta de lo mucho que le habían gustado aquellas palabras.
—Te lo digo en serio, Harry, no vayas.
Pero Harry sólo tenía un pensamiento en su mente, volver a mirar en el espejo. Y Ronno lo detendría.
El chico soltó una maldición.
-No podrías haber hecho nada más-le tranquilizó Harry.
Ron suspiró, resignado.
-Lo sé.
La tercera noche encontró el camino más rápidamente que las veces anteriores. Andaba másrápido de lo que habría sido prudente, porque sabía que estaba haciendo ruido, pero no seencontró con nadie.
Y allí estaban su madre y su padre, sonriéndole otra vez, y uno de sus abuelos losaludaba muy contento. Harry se dejó caer al suelo para sentarse frente al espejo. Nadie ibaa impedir que pasara la noche con su familia. Nadie.
Excepto...
—Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?
-¿Quién demonios…?-preguntó Sirius. Pero Arthur continuó leyendo rápidamente.
Harry sintió como si se le helaran las entrañas. Miró para atrás. Sentado en un pupitre,contra la pared, estaba nada menos que Albus Dumbledore.
-Oh, gracias a Merlín que es usted-dijo Sirius aliviado.
Harry debió de haber pasadojusto por su lado, y estaba tan desesperado por llegar hasta el espejo que no había notado supresencia.
—No... no lo había visto, señor.
—Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible —dijo Dumbledore,
Ginny, Ron y los gemelos sonrieron.
yHarry se sintió aliviado al ver que le sonreía—. Entonces —continuó Dumbledore, bajandodel pupitre para sentarse en el suelo con Harry—, tú, como cientos antes que tú, hasdescubierto las delicias del espejo de Oesed.
—No sabía que se llamaba así, señor.
—Pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿no?
—Bueno... me mostró a mi familia y...
—Y a tu amigo Ron lo reflejó como capitán.
—¿Cómo lo sabe...?
—No necesito una capa para ser invisible —dijo amablemente Dumbledore—.
-Si lo sabía-dijo Sirius de pronto-, entonces ¿por qué demonios dejó que Harry fuera a visitarlo tres noches seguidas? Y siendo consciente de cómo un espejo como aquel iba a afectarle.
-Bueno-comenzó Dumbledore-, Severus me informó de que alguien había estado rondando por el colegio de noche y, sabiendo que le acababa de regalar la capa a Harry, no fue muy difícil atar los cabos. De modo que la noche siguiente rondé por los pasillos para ver si Harry volvía a hacer uso de su regalo. Lo cual así fue- añadió con una sonrisa-. De lo que no estaba al corriente era que ya había visitado el espejo la noche anterior, creí que aquella era la primera. No quise interrumpir cuando le vi a él y al señor Weasley ya que, confieso, sentí cierta curiosidad. Al día siguiente, sin embargo, decidí que si alguno de los dos volvía en busca del espejo, iba a hacer algo al respecto.
Sirius asintió lentamente.
-De acuerdo-dijo-, tiene sentido.
Los ojos del director brillaron tras sus gafas de media luna. Después hizo un gesto a Arthur para que continuase con la lectura
Y ahora¿puedes pensar qué es lo que nos muestra el espejo de Oesed a todos nosotros?
Harry negó con la cabeza.
—Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra puede utilizar el espejo de Oesedcomo un espejo normal, es decir, se mirará y se verá exactamente como es. ¿Eso te ayuda?
Harry pensó. Luego dijo lentamente:
—Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...
—Sí y no —dijo con calma Dumbledore—. Nos muestra ni más ni menos que el másprofundo y desesperado deseo de nuestro corazón.
Todos se preguntaron qué es lo que verían en aquel espejo.
Para ti, que nunca conociste a tu familia,verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, seve solo y el mejor de todos ellos.
Ron hizo una mueca. Los señores Weasley y el resto de sus hijos le miraron con tristeza y un toque de culpabilidad. Esperaban que de ahora en adelante las cosas pudieran cambiar.
Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento overdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto. Ohan enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.
Continuó:
—El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busquesotra vez.
Sirius se quedó mirando a Dumbledore, olvidando definitivamente el pequeño enfado que había sentido hacia él momentos antes. El director le había explicado a Harry lo que aquel espejo hacía, y se había asegurado de que su ahijado se olvidase de él. Aquello justificaba que no hubiese evitado que Harry volviera a por él en primer lugar.
Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado.
Harry abrió los ojos con sorpresa. Se dio cuenta de que Dumbledore había barajado en ese momento la posibilidad de que él fuera a buscar la piedra. No sabía si sentirse enfadado, halagado o agradecido por haberle ofrecido una oportunidad de enfrentarse a Voldemort.
No es bueno dejarsearrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recuérdalo. Ahora ¿por qué no te pones denuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?
Por fin una idea sensata, pensó Snape.
Harry se puso de pie.
—Señor... profesor Dumbledore... ¿Puedo preguntarle algo?
—Es evidente que ya lo has hecho —sonrió Dumbledore—. Sin embargo, puedeshacerme una pregunta más.
Remus y Hermione sonrieron.
—¿Qué es lo que ve, cuando se mira en el espejo?
Molly, que ya se había recuperado un tanto de aquel capitulo tan sentimental, tuvo que contenerse para no regañar a Harry. Esa había sido una pregunta muy íntima pero ella también sentía curiosidad, así que se guardó sus palabras y escuchó con atención.
—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.
Todos se sintieron un poco decepcionados por la respuesta. Aquella habría sido una gran oportunidad para conocer más a fondo al siempre reservado director.
Harry lo miró asombrado.
—Uno nunca tiene suficientes calcetines —explicó Dumbledore—. Ha pasado otraNavidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue insistiendo en regalarme libros.
Ron soltó una risita y Dumbledore sonrió, complacido consigo mismo.
En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocurrió pensar que tal vez Dumbledore no había sido sincero.
-¿Tú crees?-le dijo Hermione en voz baja, sonriendo.
Harry puso los ojos en blanco.
Pero es que, pensó mientras sacaba a Scabbers de sualmohada, había sido una pregunta muy personal.
-Perdón, profesor. No debería haber preguntado.
Dumbledore hizo un gesto de despreocupación y luego sonrió.
-No pasa nada, Harry. De todas formas, he de admitir que con cada año que pasa esos calcetines me van haciendo más ilusión.
El chico esbozó una sonrisa.
-Me lo apunto para las Navidades que vienen, entonces.
Dumbledore inclinó la cabeza y, con los ojos brillando más que nunca, fue a decirle al señor Weasley que continuase con la lectura.
-Ya está-dijo éste-. Se ha acabado el capítulo.
-De acuerdo, pues-dijo el director-. ¿A quién le tocaba leer?
Harry suspiró pero levantó la mano. El libro voló hasta él.
-Muy bien…- empezó. No le hacía demasiada ilusión leer sus pensamientos-. El siguiente capítulo se titula "Nicolás Flamel"
-¿Recuerdas de que manera lo encontramos? –preguntó Ron con una risita-. ¿Después de tanto tiempo en la biblioteca? ¿Donde apareció?
-Eso no se olvida-dijo Harry sonriendo. Quizás, después de todo, leer aquello no iba a estar tan mal. Tomó aire y comenzó la lectura.
A/N: ¡Pues ya está! !Espero que os haya gustado y que paséis una feliz Navidad!
Gracias por leer y dejad review si queréis :D
