Capítulo XIV. El Maestro Hechicero
Una hermosa doncella caminaba por el bosque nevado hasta llegar al borde de un río, se sentó recargada en el tronco de un gran y viejo árbol de ramas desnudas, mientras su corazón suspiraba las últimas palabras que le dijo a su amor unos meses atrás, justo antes de su partida: "Te amo, Harry, pero ya no esperaré por siempre". Suspiró profundamente y sus ojos brillaron como el hielo que recubría las aguas frente a ella.
- Puedo esperarte toda una vida, y seguiré siendo muy joven para ti, Harry Potter, pero aún así te amo y… te necesito. - dijo al viento.
Cómo quieres que me aclare,
Si aún soy demasiado joven para entender lo que siento,
Pero no para jurarle al mismísimo ángel negro,
Que si rompe la distancia que ahora mismo nos separa,
Volveré para adorarle, le daría hasta mi alma
Si trajera tu presencia a esta noche que no acaba.
Te necesito, como a la luz del sol,
En este invierno frío, Pa' darme tu calor.
En un lugar, muy lejos de ahí, un alma solitaria caminaba sin rumbo fijo. El Joven Istar viajaba por el mundo, ahora con ella en su pensamiento, sintiendo una gran tristeza por no decirle adiós y por no reconocer su amor. Escuchó de pronto en el viento el susurro de su voz, y en su corazón el canto de amor que profesaba en secreto, y él no pudo evitar reconocer cuanto la quería… y cuanto la necesitaba.
Como quieres que te olvide,
Si tu nombre está en el aire y sopla entre mis recuerdos.
Si ya sé que no eres libre, si ya sé que yo no debo,
Retenerte en mi memoria.
Así es como yo contemplo…
Mi tormenta de tormento,
Así es como yo te quiero.
Te necesito, como a la luz del sol,
En este invierno frío, Pa' darme tu calor.
Te necesito, como a la luz del sol,
Tus ojos, el abismo donde muere mi razón...
…
Maestro!
Aprendiz!
Corazón fuerte, 7° Buscador.
Guerrero!
Discípulo!
En él, el Maestro Hechicero…
El tiempo ha ido transcurriendo, los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y los meses en años, y aún continuaba pensando en ella cada vez que salía el sol, meditando 'ya no es una niña y la amo'.
-¡Que bello día!, - exclamó Alicia una fresca mañana de primavera - ¿no lo crees, Istar? – preguntó a Harry, pero él no respondió, continuaba sentado frente a la fogata casi extinta. - ¿Te quedaste despierto toda la noche?
Seguía sin contestar.
- Piensas en ella, ¿no es cierto?
Por primera vez Harry volteó.
- ¿Cuántos años han pasado?, - preguntó Alicia - ¿cinco?
- Sí creo que son 5. - respondió Kobe un pequeño y joven elfo que se les había unido en el camino - ¿cinco años desde que paso qué?
- ¡Ay, que tonto eres!, desde que la vio por última vez.
- Es cierto… ¿A quien?
- Pues a quien va ser, a la nieta del viejo Cathba, a Vána.
- Pues claro, el viejo Cathba, ¿Quién es el viejo Cathba?
- Fue el maestro del Istar. De veras que nunca pones atención a lo que te digo. Desde que te rescatamos de aquellos criminales solo has hecho preguntas tontas y fastidias con tus tonterías.
- No digas eso, ustedes me salvaron, lo menos que podía hacer era devolverles el favor ayudándolos en su búsqueda.
- Pues no has ayudado mucho, solo molestas cuando no dejas de hablar.
- Mira quien habla – dijo Harry aún mirando la fogata – ahora ya te sientes como yo desde que te conocí.
- Que gracioso, Harry – respondió Alicia, quien entendió la indirecta directa. - Por cierto, - agregó - ¿ya te has decidido ir a buscarla?
Harry tardó unos minutos antes de responder.
- Aún no, no creo tener el valor de enfrentarla.
- ¿Por qué?, si no le has hecho nada.
- Fueron dos veces las que me fui sin despedirme. Y también fueron dos veces las que la rechacé. No creo que quiera verme, no puedo llegar ahora a su vida para decirle que la… - calló, inseguro - Seguramente ya me ha olvidado.
- Pero, si no te olvidó en dos años…
- Pero ahora son cinco años, mucho tiempo. En estos momentos debe ser una hermosa mujer, llena de vida. Estoy seguro que habrá cientos de hombres luchando tan solo por obtener una mirada suya.
- Tal vez, pero ella no los mira a ellos, te mira a ti… te ama a ti.
Harry solo suspiró.
Una vez más recogieron sus cosas para retomar de nuevo el camino, pero no anduvieron más de un par de kilómetros cuando fueron emboscados.
- Mira nada más lo que nos hemos encontrado – exclamó un sujeto alto de capa negra y expresión burda.
- No tengo tiempo de lidiar con ustedes – respondió Harry con hastío.
- Estás tan lleno de confianza en ti mismo Istar, que eso puede llegar a ser peligroso, nublando tu vista con arrogancia.
Harry le regresó una mirada fría y una media sonrisa.
- Tengo confianza porque sé de lo que soy capaz… no más, no menos.
- ¿Crees que porque alguna vez ganaste solo una batalla contra Nimbar, puedes derrotarnos a nosotros?
- No lo creo, lo sé… Además, no solo Nimbar huyó de mí, sino también otros como él. Y tu maestro, Morgan, olvidas también que no pudo derrotarme, pese a que según él se hacía llamar "maestro hechicero" en las artes oscuras. No le sirvió de nada al final, cuando le atravesé el corazón con mi espada.
- ¡No te burles, infesto mago, que tu orgullo te hará caer ahora mismo!
- El único ser infesto aquí eres tú mismo, Morgan, pues tu alma es tan oscura como el agujero de donde saliste.
Sentenció Harry con una voz fuerte y decidida. Morgan, sintió una gran ira en su interior, alimentada por un odio creciente hacia Harry y un deseo de venganza que nublaba su razón. Sacó su negra espada y se dispuso a atacar a Harry sin previo aviso, pero el Istar ya era un maestro que esperaba esa reacción, así que no tardó ni un segundo en sacar su propia espada y detener el súbito ataque. Sin embargo, el joven Istar reconoció en esa espada un producto de leyendas antiguas de estas tierras y que se suponía no existía más en el mundo. Y si era en verdad era la espada que él creía, debía ser muy cauteloso de cada estocada.
Alicia y el pequeño elfo Kobe, que acompañaban al Istar, quedaron inmóviles por un momento, sorprendidos por tan repentino asalto, al igual que aquellos que guardaban a Morgan, que no daban crédito de ver a su amo sacar semejante arma a tan temprana pelea; pero apenas se recuperaron todos, tomaron posiciones de combate, listos para involucrarse en la batalla que comenzaba. El hada azul cambió su apariencia en un segundo, desplegando sus alas y creando un corriente que golpeaba con fuerza a su enemigo, mientras que Kobe, con una gran habilidad con el arco, lanzó un centenar de flechas en pocos minutos, obligando al adverso a buscar resguardo, impidiendo de esa forma que atacaran al Istar, mientras él se enfrascaba en un duelo de espadas con su líder.
Por su parte, el enemigo no se quedó quieto, alentados por el despliegue de poder de Morgan, comenzaron un ataque más feroz. Un hombre corpulento de facciones rudas alzó un gran mazo con su mano derecha, haciéndolo caer con fuerza, mientras se cubría con un escudo de las flechas lanzadas por Kobe. La fuerza de impacto hizo temblar la tierra un instante, abriendo una grieta. El pequeño elfo perdió el equilibrio y cayó de bruces, lo que dio tiempo a su enemigo de reagruparse y lanzarse contra él y Alicia en una frenética embestida. Sin embargo, el hada no estaba posada en el suelo cuando eso pasó, así que el temblor no le afectó y, utilizando esa ventaja, sacó una delgada varita de color blanco, blandiéndola con destreza, hizo que rocas se elevaran de su lugar para golpear con fuerza a quienes se acercaban. Kobe su puso de nuevo en pie y comenzó a recitar un canto, creando una llama púrpura que pronto creció, actuando como barrea entre él y su enemigos.
Harry miraba directamente a los ojos de Morgan, aun deteniendo con su espada, la fuerza del ataque del otro. El hechicero oscuro no podía mover al Istar ni un milímetro de su posición, pues parecía que estaba sembrado en la tierra como un fuerte roble. Finalmente Morgan se separó hacia atrás sin quitarle la vista a su enemigo. Atacó nuevamente. Las chispas que brotaban al chocar el metal de las espadas hacían brillar más los ojos verdes de Harry, resaltando la determinación y poder que éste poseía y que a Morgan encrespaba, pues sabía que Harry Potter era un Maestro Hechicero como él nunca podría llegar a ser. No había falla en la ejecución de la danza con la espada, no había abertura por donde atacar, no dejaba hueco que aprovechar. Harry lo estaba acorralando y la desesperación hizo presa de él. Con la espada en una mano y la varita en la otra, Morgan conjuró un maleficio, dispuesto a jugárselo todo con tal de borrar la expresión de suficiencia que Harry mostraba en ese momento… Mormegil, espada negra, Gurthang, hierro de la muerte, atravesad su corazón con el veneno de tu venganza… clamad su alma murmuró en una lengua extraña que incluso al Istar le pareció distinta, arcaica y vil, como el lenguaje olvidado de la tierra oscura de Morgoth, según leyendas que había escuchado, confirmando que era la espada que alguna vez forjó el elfo oscuro y que se había perdido en el mundo antiguo, y Morgan acababa de despertar. Pues un destello cubrió el arma y se volvió más oscura, como si fuera hecha obsidiana finamente tallada, y en la brisa Harry pudo sentir su poder. Mas eso no le amedrentó el espíritu, pues él mismo conjuró un hechizo en una lengua antigua Aiya Elendil, con tu espada poderosa protégeme de las tinieblas para protegerse del mal que le acechaba. Comenzó de nuevo el duelo. Cada estocada lanzaba corrientes de aire fuerte. Y más conjuros se hicieron presentes durante el duelo.
- ¡No podrás derrotarme Istar… no tienes el poder!
- No necesito derrotarte. Tu espada negra terminará por arrebatarte la vida en mí lugar, pues es vil y traicionera. Mal hiciste en confiar esta batalla a ella, pues incluso yo puedo sentir su verdadero deseo.
Esa simple expresión detuvo a Morgan en seco, pues sabía que era verdad. Pero no moriría sin llevarse al Istar con él.
- ¡Ya basta de juegos! – Exclamó Morgan - ¡Terminemos esto de una vez por todas!
El brujo corrió hacia Harry, empuñado la espada negra. Harry esperó paciente y lo recibió de nuevo. Chispas brincando entre ellos. Dos estocadas más, una vuelta de su varita. Harry esquivó nuevamente, Harry bloqueó nuevamente. Un chorro de luz roja salió de la varita de Harry mientras su espada rasgaba el costado de Morgan, quien no pudo evitar el golpe, saliendo herido. Su ira se incrementó y, al hacerlo, la espada negra brilló más aún. Harry sabía que estaba cerca el momento en el que Morgan muriera, pues la malicia de la espada se alimentaba del odio de su amo. Un golpe más, Harry contraatacó con su espada firmemente empuñada en la mano, giró y obligó a su oponente a retroceder. La espada negra salió volando de su mano. Los segundos se enlentecieron, una corriente de aire cambió la dirección de la caída. Morgan la vio sobre sí mismo, como si ella tuviera vida propia. Como un rayo cayó sobre la tierra… la espada le atravesó el corazón. Todo quedó en silencio.
Los enemigos de Harry, al ver a su líder muerto y atravesado con su propia arma, les entró miedo y salieron despavoridos, murmurando maldiciones a sus espaldas al Istar y sus acompañantes, pero ellos no los escucharon. Todos miraban ahora el cuerpo inerte de Morgan, mientras su sangre se embebía en la espada, sin derramar una sola gota en el suelo.
- Definitivamente eres el hierro de la muerte. Nunca consideraste a Morgan como tu amo y nunca le diste tu lealtad – exclamó Harry ante el cuerpo. Alicia y Kobe lo miraron extrañados.
Entonces una voz fría resonó en el campo, proveniente de la espada.
- He bebido la sangre de muchos. Pero ahora tú has ganado mi respeto y lealtad, Maestro Hechicero. Tienes derecho a esgrimirme y yo clamaré la vida de tus enemigos en tu nombre.
- ¡Harry, no lo hagas, es una espada traicionera! – exclamó exaltada Alicia, sin embargo Harry contestó, ignorando al hada:
- Es una gran propuesta, pero sé que el corazón oscuro del herrero que te forjó aún habita en ti, pese a que te han reconstruido en varias ocasiones.
Con cuidado, Harry sacó la espada del cuerpo de Morgan. La examinó y la posó en el suelo. Luego, con su varita conjuró una vaina de piel de dragón tejida con hilos de oro, en la cual estaba grabadas runas antiguas de un lenguaje perdido en el tiempo.
- Solo una cubierta mágica es capaz de contener tu maldad – exclamó. Y tomando la espada intentó envainarla. Sintió su resistencia y utilizó su propia magia antigua para hacerla entrar.
Una vez guardada, la espada negra entró en un profundo sueño, encerrando con ella el odio y oscuridad de su creador, al igual que el recuerdo de todos aquellos que la empuñaron, mataron y murieron con ella. Harry la llevó en su equipaje hasta encontrar el lugar ideal para ocultarla por siempre.
- Es hora de retomar el camino – dijo a Kobe y Alicia.
Tanto el hada como el pequeño elfo recogieron sus cosas y continuaron en el camino. No volvieron a hablar durante el día.
Era ya de noche y el pequeño elfo parecía no tener paz, una gran curiosidad invadía su joven mente y Harry se dio cuenta. Con un suspiro, decidió aliviar la inquietud de su acompañante.
- ¿Qué inquiere tu mente, pequeño Kobe?, ¿Por qué tanto desasosiego?
- Aún pienso en esa espada negra. Lleva en sí una gran malicia, pero no sé de dónde viene. ¿Cómo es que la conoces?
- Me han contado leyendas, historias antiguas de los de tu raza. Pues esa espada fue forjada por un elfo que en su corazón guardaba una oscuridad, que era parco de palabras e hizo amistad con los enanos. Fue muerto por su propia raza y él maldijo su creación, por eso la espada es maligna, por eso traicionó, mató y causó dolor a quienes la empuñaron, fue destruida y reconstruida, pero se había perdido en el tiempo, hasta ahora. Y, aunque es una tentación muy grande, pues es magno el poder que otorga, primero me mata antes de que cumpla mi objetivo.
Kobe ya no dijo nada y calmó su curiosidad. Sin embargo, Harry continuó meditando sus propias palabras, pues sí era una tentación tener la posibilidad de contar con el poder que le ayudara a recuperar su pasado, aunque el costo fuera muy alto.
Y así había llegado el otoño una vez más. Viajando por laderas y bosques. Enfrentado a criaturas de oscuros deseos e intenciones. Ayudando algunos y siempre buscando encontrar la forma de recuperar el pasado.
Frío era un día gris y lluvioso que se asomaba por fuera la cabaña donde finalmente encontraron refugio, luego de muchos días de caminar. Había llegado a un poblado no muy lejos de la ciudad de Utice al que, sin proponérselo, Harry ansiaba secretamente llegar pero no se decidía. Dentro de la cabaña, Alicia y Kobe dormían placidamente en una alcoba. Harry permanecía junto a la ventana, observando el vacío de la noche, mientras su sombra danzarina creada por el fuego de la hoguera a sus espaldas se dibujaba en la puerta. Es su cabeza, luego de buscar su pasado por todo el día, ahora por la noche solo había cabida para un único pensamiento, Vána…
Como sopla el viento en las ventanas,
Como llueve hoy…
Como esta la calle de vacía,
Como muere el sol…
Estos días grises del otoño me ponen triste,
Y al calor del fuego de mi hoguera, te recuerdo hoy…
Te recuerdo hoy, a ti, que eres mi vida entera, la brisa de primavera, la claridad.
A ti, que sufres cuando me esperas, que miras a las estrellas y que suspiras por mí…
Finalmente Harry concluyó regresar, volver de nuevo a ella.
Ya estaban a escasos días de llegar nuevamente a la aldea de Utice. Harry se sentía cansado, cansado de viajar y no encontrar respuesta, cansado de no tener un lugar estable al cual llamar hogar, cansado de estar lejos de su lado.
El sol aún no salía de entre las montañas, pero sus rayos comenzaban ya a iluminar el cielo entre las grises nubes del amanecer, una mañana de Tuilë. Ya a esa temprana hora, una hermosa doncella se encontraba en la campiña, recogiendo los últimos frutos que los árboles reservaron para el final de la temporada.
Una vez llena su canasta, Vána regresó a la cabaña. Justo al encontrarse frente a la puerta de madera, la luz de la mañana la alcanzó y dibujó delante de ella una sombra, la sombra de alguien que se encontraba a sus espaldas, a unos metros de distancia. Se giró lentamente para encontrarse frente a frente con Harry Potter, el gran y único amor de su vida.
Sus ojos se cruzaron un instante, sumergiéndose cada uno en la mirada del otro. Y ella pudo distinguir en el verde de su mirada que era él, el mismo que siempre amó…
Hola =) El presente capítulo se modificó del original, el cual fue escrito en 2007, para alargarse y hacerse de esa forma más interesante. Espero les guste. Como siempre, sus comentarios y críticas constructivas son muy bien recibidos. Gracias por seguirme la pista.
P.D. Harry Potter pertenece a JK Rowling, Mormegil y la espada negra pertenecen a JRRT, no gano absolutamente nada con esto más que entretenimiento.
