- ¿Soy yo o todo el que se acerca a mí tiene mala suerte?
- Ehm, Soki, estoy todos los días contigo en la habitación... y me va bastante bien.
- Ya lo sé Bikutoru, es sólo que...
Habían pasado un par de meses desde el accidente, ya estábamos en un nuevo curso académico y a mí, me había tocado repetir. Tendría que hacer nuevos amigos, bueno, tendría que hacer amigos por primera vez en mucho tiempo, pues su primer año en segundo no le reportó ninguna amistad considerable.
El tiempo volvía a ser más fresco, signo inequívoco del paso de la estación calurosa por la siguiente, que se cernía sobre la Soul Society inependientemente de los acontecimientos desarrollados. Su tutor había sido exiliado por "aquello" y no podía dejar de sentirse culpable así como tampoco podía dejar de dar vueltas a lo que le había dicho a su marcha.
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La tarde era calurosa todavía. No había nadie para despedir al tutor agresor involuntario, nadie salvo yo. Allí estaba aguantando bajo un sol que hacía que la vista tres metros más allá fuera borrosa. Mi tutor, con una capa con capucha negra caminaba apesadumbrado y escoltado por un par de guardias hasta la puerta.
- Sensei... lamento lo ocurrido, si no me hubiera empeñado en combatir...
Se acercó a mí y me puso una mano sobre la cabeza en gesto parternal interrumpiéndome, acarició suavemente mi grasiento y oscuro pelo como si del mejor terciopelo del mundo humano se tratara.
- No es culpa de nadie. - Dijo. Hizo un parón por si respodía algo, pero estaba demasiado contrariado por los hechos como para decir nada al respecto, ya protesté bastante la decisión de la Cámara como para haber sido expulsado yo mismo. Al rato añadió dirigiéndose a los guardias: - ¿Podéis dejarnos a solas un momento?
Los guardias se miraron confusos pero accedieron a su petición, dieron unos cuantos pasos atrás, los suficientes como para no oir nuestra conversación.
- Soki - prosiguió - escucha atentamente. - De nuevo un parón, esta vez lejos de estar apesadumbrado, estaba empezando a sentir cierta ansiedad. - Lo que se ha hecho conmigo, no es una injusticia, ni tampoco es consecuencia tuya, no te preocupes.
La voz de mi maestro se estaba empezando a quebrar, como la de un anciano que lleva demasiado tiempo hablando. Y su rostro, cubierto por la capucha empezaba a dar la sensación de estar arrugándose, como en una de las muchas películas que veía con Bikutoru, Star Wars creo que se llamaba. No obstante, no podía estar seguro, ni siquiera importaba para mí, lo único que sentía era rabia e impotencia.
- Sensei...
- Hasta más ver, Soki. Te aseguro que nos volveremos a ver y cuando ocurra, lo celebraremos.
- ...
Hizo un gesto imperceptible para mí y en un segundo ya estaban los guardias otra vez con nosotros. Finalmente se despidió.
- Adios, Soki. Adios Whitelighter.
Se giró y se marchó. Dejándome con la duda, dejándome sólo otra vez, dejándome.
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¡Je! Soy el tipo más desafortunado del Seireitei, sin duda, pensé.
- Oh, creeme, podía ser peor.
Ya estábamos otra vez, enzarzados en una conversación telepática de lo más irracional.
- ¿Eres Whitelighter?
- Si no lo sabes tú, por mucho que te hayan dicho mi nombre, no te valdrá de nada, ni se te ocurra intentar invocarme.
- Así que es cierto. - Le dije mientras me levantaba y me calzaba.
- ¿Dónde crees que vas? - Preguntó intrigado Whitellighter.
- Ya sabes la respuesta, puesto que tú eres yo, ¿no?
- No. Yo no soy tú, esa materialización que tuviste cuando estabas comatoso, no tiene nada que ver conmigo, si bien es cierto que usaste uno de mis poderes para poder hacerla. Hay que ver lo retorcido que es tu subconsciente, niño.
- Ya empezamos...
- Bueno bueno - interrumpió - ¿Dónde dices que ibas?
- A la 12th division a preguntarle a Kaskas-taichô sobre ti, White.
- Gran idea el conocer más de tu espada. No obstante, no serás capaz de usar ninguna de mis habilidades hasta el shikai, y viendo tu nivel actual, diría que hasta que no te gradúes y pasen unas cuantas décadas no serás capaz de invocarme. Y no me llames así.
- Gracias por el apoyo, aún así es algo que debo hacer.
Recorrí el camino que tantas veces hacía para ver a capitansaito, pero esta vez llevaba un objetivo bien distinto en mente. Y más importante por cierto. Cuando llegué, Kaskas no estaba presente, pero había dejado instrucciones precisas por si aparecía por el cuartel.
Me llevaron a una especie de biblioteca interna, llena de libros de temática complicada y me dejaron allí con una carpetilla que contenía, para mi sorpresa, mi ficha espiritual desde el entierro del alma hasta hoy en día. Kaskas debía haberla conseguido usando no pocas influencias, realmente sólo me interesaba la parte que no recordaba, el entierro del alma y sus circunstancias posiblemente especiales. Pero no había nada escrito de mí, ni del hollow ni de White.
Encendí el flexo, apoyé la carpeta y devoré el contenido con la vista, esto era información clasificada y nadie solía tener acceso a su ficha. Cuando terminé de leermela de cabo a rabo, la cerré dejando la parte posterior a la vista, donde se podían adivinar, no sin cierta imaginación, una bombilla encendida y otra apagada.
Apagué el flexo, derrotado por la falta abrumadora de evidencias sobre White, y fue justo entonces cuando me llevé una gran sorpresa, allí en la contraportada de mi historial, escondido a la luz había una breve ficha complementaria que trataba sobre Whitelighter. Estaba escrita en caracteres occidentales, por lo que me resultó difícil de leer, pero al fin y al cabo obtuve la información que venía buscando, White era mi espada, era el humano que murió en mis brazos mientras yo agonizaba y su alma estaba encerrada en la gema de la empuñadura de mi espada
Recogí las cosas y me marché por donde me habían indicado, no sin antes devolver la carpeta a quien me la había dejado antes. Y salí de la biblioteca.
- ¡Je! Estos novatos, cada vez son más interesantes, les dejas una pista y te resuelven todo el misterio, vaya hachas.
- Kaskas-taichô, no debería hablar tan alto, estamos en la biblioteca aunque sea en una pasarela flotante. - Puntualizó Vangel, su fukutaichô de un ojo de cada color.
- Ku ku ku ku, quien tenga quejas que venga a decírmelas... si se atreve.
