Esta es una traducción de la historia de Sakuri, "The secret's in the telling".
Los personajes originales son de J.K.Rowling, por supuesto.
La historia es Draco/Harry, es decir, una relación homosexual, si no les agrada, pues... los invito a seguir leyendo en otra parte...
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Capítulo 14 : La deshonra de Severus Snape
Era el turno de Molly Weasley y su esposo, de pasar la semana en el edificio oscuro y húmedo de Grimmauld Place. Con la muerte de Sirius Black, el único residente permanente de la casa, los miembros de la Orden del Fénix – los que no tenían otras ocupaciones- se turnaban para asegurarse de que siempre hubiese alguien en el cuartel general. Fue una suerte, considerando lo que iba a pasar...
Habían llegado el día anterior; y ya tenían acomodadas en la habitación principal las pocas ropas que iban a necesitar esos siete días. Hacía como un mes que Molly no veía el interior de la sucia casa. En consecuencia, como ella era la única que se molestaba en realizar algunos humildes hechizos de limpieza, el lugar era un desastre. Pero, no le importaba, después de todo, eso le daba algo que hacer; así no andaba lamentándose por ahí, como su marido. Él extrañaba los objetos muggles acumulados en la Madriguera y el ambiente caótico de su hogar familiar. Aquí había muy poco para entretenerse, y la atmósfera sólo servía para deprimirlo más. A ella la exasperaba.
Tarareando sin ritmo -aunque sólo fuese para agregar algún tipo de sonido al opresivo silencio-, con la varita en la mano, Molly comenzó con la sala de estar. Apuntó a uno de los altos sillones de respaldo de madera, cercanos al fuego, enderezó los almohadones y cepilló la tela azul con que estaban hechos. Observando críticamente a su alrededor, su mirada se detuvo en la gran chimenea con repisa adornada, el punto central de la habitación. Alguna vez, la madera oscura había lucido perfectamente pulida, pero ahora estaba cubierta por una capa plateada de polvo. Suspirando, realizó un encantamiento similar y vio con satisfacción que una fuerza invisible empezaba a limpiar, obedientemente.
Fue entonces, que el fuego, repentinamente cobró vida; y una figura oscura fue despedida, sin elegancia, por entre las vivas llamas verdes.
Molly gritó, asustada, automáticamente levantando la varita, con un hechizo defensivo en los labios. Pero, la persona sobre el piso no se movió, por lo menos no en forma amenazante. Sólo un gemido de dolor se elevó de la figura encorvada cuando ésta intentó enderezarse lentamente. La túnica negra, por el momento, ocultaba cualquier rasgo conocido, excepto uno. Tenía una manga arremangada, revelando una muñeca fina y pálida cubierta de hilos de sangre. Ya eso era bastante perturbador, pero Molly encontró rápidamente la fuente del sangrado, y eso resultó peor: era la marca oscura con las formas casi irreconocibles de una calavera y una serpiente. Ahogó un grito, cubriéndose la boca con la mano, y luego se dejó llevar.
- ¡ Arthur !. ¡ Arthur !
Una hora y veinte largos minutos más tarde, los miembros de la Orden que pudieron ser reunidos, se arremolinaban en la gran oficina circular de Dumbledore. Algunos, hasta llegaron desde el Ministerio. Nymphadora Tonks, Alastor Moody y Kingsley Shaklebolt se movían intranquilos, ocasionalmente realizando un 'Tempus' y lanzándose miradas uno al otro. Por más fieles que fueran a Dumbledore y a la Orden, la abrupta convocatoria no fue muy apreciada. El ojo mágico de Moody giraba agitado.
Minerva y Remus habían sido sacados de sus clases de la mañana del lunes, y esperaban con los demás.
Finalmente, cerca del escritorio estaban las tres personas que traían las novedades. Molly y Arthur Weasley dejaron su lugar en Grimmauld Place para asistir a la reunión. Sus expresiones, usualmente joviales, lucían graves; y entre ellos, se encontraba sentado un muy maltratado Severus Snape. Ninguno de los presentes recordaba haberlo visto en peor estado que el actual, a pesar de que había recobrado algo de dignidad desde su poco graciosa entrada en el cuartel general. Ahora, estaba encorvado, sentado en una silla y sujetándose un lado con fuerza, donde sospechaba que tenía una costilla rota. Además, tenía áreas cubiertas de hematomas serios y varias quemaduras, una sobre el hombro era particularmente dolorosa, allí donde apenas lo rozó una maldición; y un corte en la frente aún sangraba.
Interiormente, consideraba que había tenido suerte; la lista de sus heridas era misericordiosamente corta y en general, sin importancia. La peor era la marca, que latía, quemaba y 'gritaba' a travesando su sangre, su magia, con una furia que lo lastimaba más que cualquier dolor físico...
Ya lo habían curado, y había tomado todas las pociones analgésicas que Poppy le había dado; pero aún así, apenas le hicieron mella. Él, que normalmente tenía un color pálido fuera de lo común, ahora estaba casi gris, abrumado por la fatiga, el temor y la agonía.
- Severus-. Llamó Dumbledore, con voz gentil y suave, casi reticente. - ¿ Qué sucedió ?
El Profesor de Pociones ya le había dicho, en pocas palabras, lo que había pasado. No en detalle, porque en ese momento intentaba, con desesperación, no clavarse las uñas en el brazo -donde la marca quemaba constantemente-, mientras Poppy parecía determinada a llenarlo de pociones hasta los ojos. Cosa por la que le estaba verdaderamente agradecido. Levantó la vista y observó al anciano, que por una vez lucía cada minuto de su edad. Sacudió la cabeza.
– Ya no podré serle útil-. Respondió, simplemente, con un dejo de amargura dirigida a sí mismo.
- ¿ Te descubrieron ?- Preguntó Kingsley, no con simpatía, sino con sentido práctico.
Severus asintió, sin palabras.
- Bueno, llegaste hasta aquí, muchacho-. Al menos la mitad de los que estaban en la habitación miraron extrañados a Moody, tratando de recordar si alguna vez lo habían oído dirigirse con semejante respeto al sombrío Profesión de Pociones. Dicho Profesor tuvo, al menos, la gracia de asentir tajantemente, reconociendo el comentario y cualquier dosis de respeto que haya contenido.
- ¿ Y qué fue lo que los avivó ?- Preguntó Tonks, con curiosidad y poco tacto; sus ojos azules en este momento hacían juego perfectamente con el color de su cabello.
Él se encogió de hombros, o al menos intentó hacerlo, apresurándose a evitar el movimiento cuando un pinchazo corto y doloroso atravesó su hombro y su costilla dañada. – El Señor de las Tinieblas, creo, ya sabía de mi traición; sólo estaba...esperando, Merlín sabe qué. Tal vez esperaba un desliz, o sólo estaba jugando con todos nosotros. Todos lo sabían, todos ellos sabían que yo era el espía.
Se hizo un silencio profundo y pesado en la habitación, mientras todos comprendían lo que eso significaba.
- Severus-. Dijo Dumbledore, finalmente. -¿ Cómo lo descubrió, lo vio en tu mente ?
- No.
Se escuchó un suspiro de alivio colectivo; todos los presentes sabían lo que hubiese significado una falla en la Oclumancia de Snape: a estas alturas Voldemort sabría todo sobre la Orden del Fénix, los preparativos para la guerra, Harry...
El recientemente retirado espía sacudió la cabeza, insistiendo en que no era incompetente en ese campo. – No, creo...que debe haberme puesto una prueba, en algún punto...¿ Recuerda el incidente de un par de meses atrás ?
Dumbledore frunció el ceño y asintió. Severus había reportado que iba a haber un ataque a una pequeña familia de nacidos de muggles, en las afueras de Hogsmeade, en una especie de escena terrorista. Kingsley destinó a algunos de sus mejores hombres en los alrededores, el supuesto día del ataque. Los Mortífagos no se presentaron, ni ese día ni el siguiente, ni el siguiente. El único resultado de todo el asunto fue que varios Aurores volvieron disgustados a sus casas después de una larga semana de vigilancia.
Al principio pareció sospechoso, Severus actuó con especial cautela las semanas y meses siguientes, pero no hubieron consecuencias; y tras oír una explicación creíble del Señor de las Tinieblas: que había cambiado de parecer caprichosamente, Snape olvidó el asunto. Semejante descuido, normalmente sería inexcusable, pero se disculpó a sí mismo, de alguna manera, reconociendo que había estado justamente distraído con la maldición de Draco y unos cuantos encuentros poco amigables con Lupin.
En este momento reconocía su error. Voldemort había probado su lealtad, y él había fallado. Obviamente, se trató de información falsa, lanzada sólo para ver si él la pasaba; y eso fue justo lo que hizo, con descuido.
Y, ahora...ahora él era un inútil; ya no tenía propósito. Obsoleto.
El Director tosió suavemente, atrayendo sus pensamientos vagabundos; los observó a todos con seriedad, con ojos cansados. – Todos son conscientes de lo que esto significa; ahora estamos efectivamente ciegos en la guerra venidera. No tenemos a nadie lo suficientemente cercano como para reportarnos los movimientos de Tom y sus ideas. Perdimos...muchísimo el día de hoy.
Severus bajó la vista, con las mejillas arreboladas por alguna razón que no podía reconocer. De repente se sintió avergonzado, reprendido por haber sido tan tonto como para perder la pequeña ventaja que tenían; y, a la vez, se enojó porque el anciano era capaz de hacerlo dudar de sí mismo de ese modo. No era su culpa. Hubiese querido protestar, decir él no lo sabía; pero esos pensamientos sólo le trajeron más culpa, y la frialdad creciente del disgusto por esas excusas. Él despreciaba a los que se autojustificaban por sus errores. Que hayan sido intencionales o no, no interesaba, eso se llamaba estupidez. En este caso, la suya propia.
Pero, más que nada...Más fuerte que la vergüenza, el enojo o la culpa, fue la súbita marea de autodesprecio que lo invadió , ante el pensamiento repentino...él no valía nada. Antes, por más impopular o poco merecedor de confianza, hacía algo. Ahora...
¿ Que haría ?. Sentarse a dar tareas que nunca se completaban, insistir para que Granger deje de hacer preguntas molestas...
¡ Qué existencia más plena !
Inmerso en sus pensamientos, que rápidamente se descarrilaban, casi dio un salto cuando alguien apoyó una mano en su hombro, con mucha suavidad para no irritar ninguna herida oculta, aunque el sobresalto resultante le produjo escozor.
Levantó la vista con el ceño fruncido, momentáneamente estupefacto porque Lupin, en primer lugar, osó tocarlo; y en segundo lugar, porque le ofreció una mirada de sospechosa simpatía. Incrédulo, se encontró con la mirada ámbar y suave del hombre lobo, y le retribuyó una mirada dura, como tratando de repeler el contacto indeseado con una fuerza silenciosa.
Lupin no se acobardó. De hecho, la única reacción que mostró fue apenas un cambio de expresión. Nadie lo hubiese notado, pero Severus sólo había sobrevivido hasta este punto por su habilidad de 'leer' a la gente. Y lo que vio en la cara del hombre fue que...se disculpaba...por algo que iba a hacer. Duda. Ansiedad.
- Debemos reagruparnos-. Dijo Albus, aparentemente, sin notar el intercambio silencioso entre ellos. – Sugiero que nos reunamos otra vez cuando-
- Yo puedo hacerlo-. Exclamó Lupin, abruptamente, quitando la mano del hombro del Profesor de Pociones, dando por terminada la comunicación.
El Director parpadeó y lo miró. – Perdona, ¿ hacer qué ?
El tímido profesor, vestido con ropas desgastadas y de buenas maneras, se enderezó. –Yo...yo puedo tomar el lugar de Severus.
El único Slytherin de la habitación sintió inmediatos deseos de gruñir y esconder la cabeza entre las manos, ante los imperdonables niveles de estupidez en los que los Gryffindor acostumbran hundirse en nombre de la valentía. Al mismo tiempo, parte de él- la parte usualmente reprimida con fuerza innecesaria- deseaba reír histéricamente: Lupin, espía.
Dumbledore observaba al hombre lobo con una suerte de perplejidad que no acostumbraba mostrar. Snape podía ver que el anciano trataba, valientemente, de permanecer paciente y razonable, ante la sugestión; y abrió la boca para darle alguna gentil negativa.
- No, realmente, yo puedo-. Aseveró Lupin, antes de que nadie tuviese oportunidad de protestar. – Piénsalo, si quieres. El Señor de las Tinieblas, junto con todo el mundo mágico, me considera una criatura oscura. Prácticamente se espera que corra a unirme a él a la primera oportunidad...
Severus sacudió la cabeza, disgustado y cerrando los ojos. – Eso es ridículo. Deja de hacernos perder tiempo...
- Y- El hombre continuó, testarudo, hablando por encima de la desdeñosa negativa. – Él querrá otro contacto cercano al colegio y a Harry, ahora que Severus no le pasa información. Recuerda que él también perdió la misma ventaja que nosotros.
El Director frunció el ceño levemente, casi con lástima. La cara de Minerva permaneció cuidadosamente inexpresiva. Los Weasley intercambiaban miradas preocupadas, mientras los tres Aurores lucían impacientes y molestos.
- Sí, todo muy bien- Espetó Moody, cuando parecía que nadie iba a hablar. –Pero Quién Tú Sabes no es estúpido. Él no va a creer ni por un momento que tú te volviste en contra de Potter y de Dumbledore-. Levantó una mano, silenciándolo, cuando Remus trató de responder. Sacudió su cabeza gris. –Y no me digas que tú sabes mentir. No eres ni la mitad de bueno que este muchacho aquí, con su Oclumancia; y hasta él fue descubierto.
Snape miró de reojo al anciano Auror, con enojo por el término 'muchacho'. ¡ Qué condescendiente ! ¡ él tiene treinta y cinco años, por amor de Merlín !
El hombre lobo, en vez de acobardarse sumisamente, como el Slytherin esperaba, replicó con fuerza casi desafiante. -¡ Severus no fue descubierto por Oclumancia, ni por Legeremencia !. ¡ Sólo fue puesto en evidencia !
Viendo que la mirada del Profesor de Pociones brillaba peligrosamente, Dumbledore preguntó, con rapidez. -¿ Qué estás tratando de decir, Remus ?
Lupin suspiró, pasando su atención, de Moody al Director. – Podemos pensar en una historia falsa...Es posible que después...después de la muerte de Sirius, que te haya culpado a ti, o por alguna lógica torcida, a Harry, por haberlo conducido hasta allí.
Los rostros anonadados lo miraban, sin decir nada. Una ligera línea apareció en la frente de Minerva. Dio un paso hacia él. – Realmente, Remus...
Él cerró los ojos, exasperado. - ¡ Ay, honestamente, yo no creo eso !. ¡ Nunca culparía a Harry !
Severus gruñó, irritado y espetó. –Y justamente eso es lo que hace que lo que estás sugiriendo sea totalmente ridículo. El Señor de las Tinieblas descubrirá la mentira en un segundo, Lupin. No importa lo que digas, lo que tú crees es lo que va a ponerte en evidencia.
Los ojos ámbar se fijaron en él, como si lo que acababa de decir fuese importante. – Pero él no sabía en qué creías tú, ¿ verdad ?. Y fue mucho tiempo.
Con la sensación incómoda de que esto estaba yendo hacia un lugar desagradable, Severus negó con la cabeza. – No, pero ya discutimos eso, yo sí puedo usar Oclumancia. ¿ Y tú qué piensas hacer ?. ¿ Jurar que estás diciendo la verdad ?
- Enséñame.
La palabra fue dicha tan severamente que el Profesor de Pociones cerró la boca, y no siguió con el comentario desdeñoso que iba a pronunciar; lo miró fijamente, con la certeza y la seguridad de que no estaba diciendo lo que parecía decir...
Lupin comenzó a hablar con velocidad redoblada, tratando de explicarse antes de que el asombro pase y venga alguna interrupción. – Severus, tú eres el único experto en eso. Muéstrame cómo hacer lo que tú hiciste. No significa que voy a lanzarme en esto estúpidamente-. Se apresuró a tranquilizarlos a todos, sonando perfectamente razonable. – Yo aprendo rápido. Si...si accedes a ayudarme, podremos hacerlo en unos pocos meses.
Minerva frunció el ceño, y sacudió la cabeza lentamente. – Remus...pienso que estás siendo un tanto irracional. Es imposible aprender Oclumancia, en ese nivel de detalle, en tan poco tiempo.
Lupin suspiró, luciendo frustrado, porque nadie parecía entender su idea. – Me doy cuenta de eso, Minerva. No estoy diciendo que voy a ser un experto en la materia-
-Entonces, ¿ qué tiene de bueno esta broma de plan ?- Interrumpió Snape, cortante, con crecientes cansancio y enojo. – ¡ Aunque perdiésemos momentáneamente la cordura y aceptásemos este plan, tú deberías ser un experto, de otro modo estarías muerto en segundos !- No podía creer que estuviesen discutiendo eso, realmente. – Eso te tomaría años, criatura idiota, no sólo meses...
Desesperado, el lobo le dirigió una mirada suplicante. –Severus, por favor. Sólo intent-
- No voy a perder el tiempo con esta farsa.
- ¡ No es una pérdida de tiempo !. ¡ Puedo hacerlo, lo juro !
El Profesor de Pociones se inclinó hacia delante, gruñendo, y tratando de no dar un respingo por el esfuerzo. – Ah, evítame tus intentos patéticos de redención. Me rehúso a ser parte de cualesquiera sean tus ilusiones engañosas, no va a funcionar. No hay nada más que decir- Acentuando sus palabras vehementemente, luchó por ponerse de pie con toda la dignidad que pudo, con toda la intención de dejar la habitación con su acostumbrada salida dramática.
- Severus, hijo mío, espera.
Con una mano, Snape sujetó firmemente el respaldo de la silla que acababa de dejar, apoyándose levemente, giró de mala gana y lanzó una mirada enojada al Director. -¿ Qué ?- Espetó, molesto por el retraso. Lo único que quería era retirarse a las mazmorras, atiborrarse de analgésicos y evitar todo contacto humano por otro par de días.
El anciano se apoyó en el respaldo de su asiento, con los dedos juntos en su manera habitual; lucía enervantemente pensativo. Él, pensativo...no era nada bueno...Por lo menos, no con un Slytherin en las cercanías, así parecía últimamente.
El Profesor de Pociones se quedó helado, se le ocurrió algo...- Ah...¿ No estarás considerando esta idiotez ?
- No...exactamente como lo sugirió Remus, sin embargo...
Severus abrió la boca, apenas incapaz de ahogar una protesta. -¡ A-Albus !
Dumbledore, abruptamente, movió la mano, abarcando a toda la asombrada Orden. – Esta reunión terminó, simplemente quise informarles la situación actual. Si alguno oye algo...
- Sí, te lo haremos saber-. Concordó Moody; él, Tonks y Kingsley se dirigieron a la chimenea para volver al Ministerio vía flú. Arthur y Molly los siguieron.
Minerva dudó, moviéndose nerviosamente. –Albus, yo debería...
- No, no mi querida, vuelve a tu clase.
La mayoría de los ocupantes de la habitación se retiraron desconcertados hacia sus destinos. Snape y Lupin fueron los únicos que no se movieron; uno demasiado horrorizado, y el otro incapaz de hacerlo por lo ansioso que estaba.
Apenas se quedaron solos, Dumbledore les dedicó una mirada firme. – Déjenme aclarar algo: estoy en total acuerdo con Severus, sería una tontería pensar que puedes aprender Oclumancia en unos pocos meses; especialmente cuando algo tan importante depende de ello.
El Profesor de Pociones pareció aliviado, se enderezó; y Remus se decepcionó.
- De todos modos-. Continuó el Director, cortando ambas reacciones. – A mi se me había ocurrido algo similar.
Observó al Slytherin con agudeza. –A mi se me había ocurrido que… tú eres un experto Legeremántico.
-¿ Y entonces ?- Preguntó Snape, cortante, tratando de descubrir lo que estaba sucediendo.
- Mi querido muchacho, puede haber más de una manera de engañar a Voldemort.
- ¿ Y qué sugiere ?
En lugar de responder directamente, el Director miró fijamente a Remus. –Hijo mío, ¿ qué tan seriamente sostienes tu idea ?.
¿ Con la suficiente seriedad como para sacrificar tu intimidad ?.¿ Someterías la sacralidad de tu mente a otro mago ?
El hombre lobo asintió, sin dudar. –Sí.
-¿ Te someterías a Severus ?
El Profesor de Pociones hizo un movimiento raro, parecía haberse quedado a mitad de camino entre enfrentar al otro Profesor y separarse de él de un salto. Abrió la boca para protestar, quería gritar a los otros dos en la habitación, quería salir corriendo horrorizado y furioso, quería hacer algo más que lanzarle miradas asesinas al hombre lobo para que deje de sostener esa situación ridícula. Seguramente no esperarán que él...Semejante humillación y deshonra, además de todo, esto no...
Remus ahogó la respuesta que trataba de dar, tragó la rápida afirmación. Automáticamente se volvió hacia Severus, y allí mismo deseó no haberlo hecho. Los ojos del hombre lanzaban fuego con tal intensidad que Remus quiso salir corriendo, con la cola entre las patas, en busca de un lindo rincón para esconderse.
Además de la ira de Severus, había algo más que lo hacía dudar. Sabía lo que Albus intentaba, un experimento mágico realizado unas pocas veces, pero que sería perfecto para esta situación.
El Director quería que el Slytherin use sus habilidades legeremánticas para entrar a la mente de Remus y construir las barreras y defensas necesarias, en vez de confiar en lo poco que Remus pueda llegar a aprender en pocos meses.
El hombre lobo lo aprobaba, en teoría, cuando el Legeremántico era alguien desconocido, alguien agradable...
Pero, ¿ Severus ?
Eso significaría que el Profesor de Pociones tendría acceso ilimitado a sus pensamientos, sentimientos y cada secreto conservado. En general, Remus no conservaba muchos secretos, además del asunto de su enfermedad- que Severus ya conocía –usualmente era bastante abierto.
Pero, había ciertas cosas que consideraba muy, muy íntimas. Y, obviamente, el Slytherin no quería saber nada con el plan. La mano que sujetaba la silla tenía los nudillos blancos, y el mago negaba con la cabeza levemente, como advertencia.
Pero, ¿ qué otra elección había ?. ¿ Cómo podía negarse ahora, cuando tenía oportunidad de reparar algo del daño que hizo ?. No podía. Había sólo una respuesta simple.
Sí-. Respondió, finalmente, con una mirada de disculpa dirigida a Severus, y una afirmación resuelta para Albus.
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