Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

MI NIÑA DE PROSPER

CAPITULO 14

- Se puede saber dónde diablos estabas, Edward? – los gritos de Jane resonaron en mi consultorio antes incluso que ella llegara a entrar.

- Cálmate, Jane, estás en el hospital

- No juegues conmigo, Edward – apoyó sus puños sobre el escritorio

- Por qué no? Acaso no has sido tú quien comenzó esta partida.

- No me importa que te tires a la niñata esa pero no me dejes plantada, Edward. Me parece que no has entendido todavía cómo es esto.

- Basta ya, Jane – espeté poniéndome de pie – De verdad crees que llegaremos a alguna parte con esto – dije intentando calmar la situación.

De alguna forma debía hacerla reaccionar y entender que esta farsa no nos haría más que daño a ambos.

- Venga ya, Jane. Fuimos amigos alguna vez. No nos hagamos esto – pedí aunque sabía que fracasaría

- Edward, ya lo he dicho, no consentiré que rompas nuestra relación, y más vale que las cosas vuelvan a la normalidad o puede que me decida a hablar con Rosalie, o tal vez deberé hablar con esa niña para que deje en paz lo que es mío – me amenazó por última vez antes de marcharse golpeando la puerta al salir.

Estaba en la cafetería del hospital absorto en mi charla con Jane, si es que podía llamársele charla, cuando Emmett se sentó a mi lado con un café.

- Hey, Edward, qué tal estás? Pareces preocupado.

Levanté la vista y esbocé un intento de sonrisa que no podía engañar a nadie.

- Qué tienes? Puedo ayudarte en algo?

- Ya sabes lo que tengo y no creo que puedas ayudarme.

- Es por Jane? – asentí – Lo siento, Edward, de verdad que quiero hacer las cosas bien y lo estoy intentando pero…

- Pero qué? – lo miré con una mezcla de rabia y asombro – Qué quieres decir con que "lo estás intentando"? Se suponía que no te liarías con nadie más. Es que acaso sigues engañando a Rosalie?

- No, desde luego que no, pero es tan difícil… - se burló

- A mí no resulta gracioso, Emmett. De verdad crees que estás enamorado de Rose?

- Desde luego que lo estoy – espetó molesto

- Y si es así, cómo puedes estar con todas las chicas que se te cruzan sin siquiera lamentarlo?

- No tiene nada que ver, Edward. Amo a Rose, quiero que sea la mujer que me acompañe el resto de mi vida, la madre de mis hijos. Lo otro es sólo sexo.

- No te complace el sexo con Rose? No lo entiendo, yo no encuentro nada más placentero que hacerle el amor a la mujer de mi vida.

- Ya, lo sé, pero Rose es Rose. Es una chica bien, no una guarra como Gianna. Gianna acepta cosas que no puedes hacer con tu pareja, algunas que siquiera me atrevería a proponérselas.

- Eres un troglodita – dije asqueado – Tu razonamiento es idiota y enfermizo. No puedo creer que yo esté dejando mi futuro en manos de alguien como tú.

- Sólo dame un mes o dos, Edward. Todo saldrá bien. – me pidió

- Mmm, no sé Emmett, no creo que todo salga bien. No sé… - dudé

- Tranquilo, hermano, ya verás que sí. Yo te ayudaré – dijo y le creí, no sé por qué pero le creí. – De momento creo que deberías intentar estar con Jane como antes, que no sospeche nada, que crea que se ha salido con la suya. Verás que todo saldrá bien.

Necesitaba creerlo, necesitaba creer que todo saldría bien aunque tenía el presentimiento que no sería así. No soportaba la idea de estar con Jane, pero no sabía qué hacer. Temía que hablara con Rose pero más aún temía que encontrara la forma de hablar con Bella. Me encontraba en un pozo del cual no sabía cómo salir.

Sabía que Emmett era un idiota, me lo demostraba a cada instante, pero por algún motivo pensé que él podía tener razón, que tal vez su solución fuese la correcta.

Esa semana fue un martirio. Intenté conseguir tantas guardias nocturnas como pude a fin de evitar tener que pasar una noche con Jane. Lamentablemente esto implicaba que tampoco podía compartir una noche con Bella aunque hice lo imposible por pasar con ella cada momento del día que tenía libre.

El miércoles fui a recogerla a la Juilliard al mediodía para llevarla a comer, pero en vez de ello compramos comida y nos fuimos a mi departamento.

- Wow! – suspiró Bella al entrar – Edward! Tu departamento es precioso… - se maravilló

- Te gusta, pequeña? – dije abrazándola por la espalda.

Se recostó en mi pecho acariciando mis brazos que la ceñían por la cintura.

- Y a quién podría no gustarle? Es hermoso, y tienes unas vistas fantásticas – dijo con la vista clavada en los ventanales por los cuales se veía Central Park.

- Tú eres más hermosa que cualquier cosa que puedas ver aquí dentro – susurré en su oído

Se giró en mis brazos para quedar frente a mí. Acariciaba mi pecho sin levantar la vista.

- Aún no puedo creer que tú estés conmigo. – dijo entre murmullos.

- Por qué dices eso? – levanté su rostro para que me mirara.

- Es que tú y yo somos tan diferentes – confesó sonrojándose.

- Desde luego que lo somos – acepté y su sonrojo se hizo más pronunciado – Tú eres un ángel y yo no te merezco en absoluto. No sé cómo pudiste fijarte en mí, pero agradezco todos los días que lo hicieras, porque no sabría vivir sin ti.

Bella sonrió cuando dejé un suave beso en sus labios.

- Eso son tonterías. Yo no entiendo aún que tú te fijaras en mí. Yo soy tan simple, tan poco para ti.

- Qué dices? – discutí

- Estoy segura que tendrás cientos de chicas peleándose por estar contigo, chicas que tengan más que ver contigo.

- Qué quieres decir con eso de que tengan más que ver conmigo?

- Tú sabes – bajó la mirada – chicas de tu clase, que tengan cosas en común contigo, no sé, yo siquiera había visto un departamento tan lujoso más allá de las revistas…

- Bells, cielo, tú eres la chica para mí. La mejor chica a la que cualquier hombre pudiera aspirar. Yo no creo ser suficientemente bueno para ti, de hecho sé que no lo soy, pero soy demasiado egoísta como para aceptar que te alejes de mí. Estoy intentando mejorar para ti, ser mejor persona y tal vez algún día merecer que me ames.

- Yo te amo – me contrarrestó

- Lo sé, pero también sé que no lo merezco.

Bella me miraba interrogante como si estuviera diciendo tonterías, pero yo sabía que no lo eran aunque me era imposible explicarle la verdad.

Comimos e hicimos el amor antes de dejarla en la cafetería y ésta fue nuestra rutina para el resto de la semana.

El sábado el teléfono repicaba insoportablemente cuando dormía.

- Sí? – respondí bastante molesto

- Edward – saludó Jane, mi constante tormento

- Qué pasa, Jane? Es demasiado temprano

- Temprano? – se burló – Edward, es casi mediodía. Mamá quiere que vengas a comer con nosotros

- Lo siento, Jane, discúlpame con tu madre. He acabado mi guardia a las 8 de la mañana, necesito dormir.

- Ok, se lo diré, pero entonces cenaremos juntos. Te espero a las 7 en casa. – dijo y colgó sin darme tiempo a discutirle.

La odiaba, por Dios que la odiaba, no sabía cómo había podido llegar a ello pero la odiaba.

Ese fin de semana me vi atrapado en casa de los Vulturi, lo único bueno fue que Jane se pasó todo el fin de semana con Renata y Chelsea arreglando detalles sobre la boda de esta última. Fue bastante poco el tiempo que Jane y yo estuvimos solos, pero al menos estuvimos bastante más distendidos que los últimos días.

Con el paso de los días decidí seguir el consejo de Emmett y simular con Jane que todo estaba bien, llegando al punto de que ella creyera que lo mío con Bella había terminado.

Los días pasaron y también los meses. Mi relación con Bella era cada vez más intensa. Pasaba con ella cada momento que podía librarme de Jane.

Jane estaba acabando su último semestre en la universidad y entre los exámenes finales y la tesis que debía entregar como final de carrera, tenía muy poco tiempo libre. A eso se sumaban los arreglos finales de la boda de su hermano que la tenían muy ocupada. Nos veíamos dos o a lo máximo tres veces a la semana. El resto de mis días y mis noches los pasaba en compañía de Bella y me sentía feliz. Sólo esperaba que llegara el día en que al fin pudiera acabar mi relación con Jane, y pedirle a Bella que se mudara conmigo.

Emmett juraba estar haciendo las cosas bien y me había asegurado que ya no salía con Gianna, y era fiel a su novia. Para confirmarlo había fijado fecha para su boda. Él y Rosalie se casarían la próxima primavera y Rosalie estaba feliz.

Finalmente tenía la esperanza de que todo saldría bien y veía una luz de esperanza.

Bella acariciaba mi pecho desnudo el lunes a la noche. Así era como quería tenerla, desnuda enredada entre mis piernas luego de una sesión de sexo deliciosa.

- Cielo, este fin de semana no estaré en la ciudad.

- Dónde irás? – preguntó levantando la mirada mientras apoyaba el mentón en mi pecho.

- Tengo un congreso en California y marcharé el viernes. Estaré de regreso el lunes al mediodía

Este fin de semana era la boda de Alec y el viernes a la tarde marcharía con mi familia a California. Jane se había marchado esta semana y se quedaría una semana más en California después de la boda. Había acabado la universidad y a finales del próximo mes se iba a Europa a hacer un curso de verano de tres meses. Aún no tenía claro si acabaría nuestra relación antes de que marchase o después, pero sabía que mi noviazgo tenía fijada su fecha de caducidad.


Hola guapas! Aquí les dejo un capítulo nuevo, aunque os pido disculpas por la tardanza.

Os regalaré un adelanto para cada review.

Besitos y nos seguimos leyendo!

Y gracias por la comprensión, además de por los reviews, alertas y favoritos!