Capítulo 14
—¡Elsa, aquí! —gritó Maxine Winter al localizar a su hija entre los pasajeros que salían de la Terminal.
—¡Mamá!
Elsa recorrió los últimos metros a la carrera, se quitó la bolsa del hombro y abrazó a su madre con fuerza.
—Te he echado tanto de menos...
—Nosotros también a ti. Josh y Jordán han estado preguntando por ti durante todo el desayuno.
—¿Están aquí?
—No, los he hecho esperar a todos en casa. He sido un poco egoísta, pero quería tenerte un rato para mí sola.
—Me parece bien.
Las dos mujeres se entretuvieron en la recogida de equipajes, a la espera de que la cinta sacara sus maletas.
—¿Te lo estás pasando bien en Denver, cariño?
—No creo haber dicho que «me lo pase bien» en Denver, pero la verdad es que me encanta mi hotel.
—¿No te gusta vivir allí?
—No está mal, supongo. En invierno hizo un frío horroroso. Y encima tuvimos dos ventiscas en abril. Pero ahora se está bastante bien.
—¿Tienes tiempo de salir por ahí?
Maxine estaba preocupada por su hija otra vez, porque sabía que ésta le dedicaba demasiado tiempo al Weller Regent, a expensas de su felicidad.
—Un poco. Las Rocosas son preciosas y a veces cojo el coche y me doy una vuelta.
—Tú sola, supongo.
Elsa se encogió de hombros.
—Sí, no es fácil encontrar a gente que tenga libre un martes o un miércoles. —Su maleta azul con ruedas emergió sobre la cinta transportadora. —Ahí está mi maleta.
Momentos después, madre e hija entraban en el Accord blanco de Maxine y ponían rumbo a Cocoa Beach. Elsa aspiró con fruición la cálida humedad del mes de junio en Orlando.
—¿Puedo hacerte una pregunta, cariño?
—Claro —respondió Elsa, tras un segundo de vacilación.
Su madre y ella no solían hablar de temas personales, pero su tono indicaba que la pregunta iba a ir en esa dirección.
—Esto... ¿sales con alguien? No quiero ser cotilla y si quieres te dejo que me digas que no es asunto mío, pero cielo, a veces no soporto pensar que te pasas todo el tiempo sola.
—La verdad es que hubo alguien, no hace mucho, pero las cosas no funcionaron.
—¿Ah? ¿Alguien de Denver?
—No, fue aquí, en Orlando, justo antes de marcharme. La conocí en el hotel, era una cliente.
La revelación sorprendió a Maxine, no sólo porque Elsa nunca lo había mencionado, sino porque al parecer había sido lo bastante importante para ella como para sacarlo a colación en ese momento, cuando había pasado más de un año.
—¿Fue serio?
—Podría haberlo sido, al menos por mi parte —respondió con sinceridad.
—¿Qué pasó?
—Resultó que no estaba libre. Tenía novia en casa, en Baltimore... y se olvidó de mencionarlo. —Elsa se sorprendió de que los ojos se le llenaran de lágrimas al recordarlo.
—Oh, Elsa, lo siento mucho. ¿Por qué no nos lo contaste?
Maxine ya sabía la respuesta. Desde que Elsa se marchó a Europa, su vida amorosa era un tema del que en casa no se hablaba. Cuando llevó a casa a aquella novia suya —Susan algo, —Elsa estuvo muy callada todo el rato y Maxine y Agnarr llegaron a la conclusión de que su hija no se sentía cómoda hablando de su vida privada.
—Supongo que tenía que hacerme a la idea yo sola.
—¿Por eso aceptaste el trabajo de Denver?
—En parte, quizá. Me pareció un buen momento para poner un poco de distancia. Pero la razón principal fue el empleo. Claro que, si hubiera sabido que quedándome aquí habría podido optar a la plaza de...
Maxine cambió de tema al incorporarse a la autopista Beeline.
—¿Quieres pasar a echarle un vistazo a tu casa?
Elsa había puesto su apartamento en manos de un administrador para que lo alquilara, con la esperanza de regresar a Orlando algún día. El contrato de alquiler con sus inquilinos había expirado en mayo, y en la agencia dudaban que pudiera volver a alquilarlo antes del otoño.
—Claro, vamos. Ahora no vive nadie, así que siquiera creo que tenga la luz dada. —Elsa sacó bolso y empezó a buscar la llave.
Maxine tomó rumbo noroeste, hacia la urbanizado de su hija.
—¿Quieres que hablemos sobre esa mujer?
Fuera quien fuese esa mujer de Baltimore, todavía significaba mucho para su hija, o de lo contrario su recuerdo no bastaría para que los ojos se le llenaran de lágrimas.
—No, la verdad.
Lo último que Elsa quería era amargarse el fin d semana en Florida con pensamientos tristes.
—Cuéntame cosas de Josh y de Jordán. ¿Y qué hay de papá?
—Bueno, ¿qué te parece? ¿La gente se tapará los ojos cuando lo vea?
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Iduna Summer se dio una vuelta para mirarse en espejo con su bañador azul marino. A los sesenta dos años, tenía el cuerpo regordete de quien ha teñido dos hijas y vivido de manera sedentaria toda la vida.
—Seguro que nadie sale huyendo despavorido, pero lo mejor sí que tienen que ponerse las gafas de sol.
Las piernas de alabastro de Iduna llevaban treinta años sin ver el sol.
—Muy graciosa —bufó la mujer. —Estaré al sol media hora. Después pienso quedarme debajo de sombrilla.
—Buena idea.
Por su parte, Anna estaba impaciente por ponerse bronceada, ya que así se disimulaban mejor las cicatrices que tenía en las piernas y en el abdomen. Había tomado el sol unas cuantas veces en su jardín trasero, y lucía ya un bronceado dorado. Sus ojos parecían más luminosos en contraste con la piel pálida, y su pelo adquiría una brillante tonalidad caoba. Además, adoraba la sensación del sol sobre la piel.
Las dos mujeres Summer se dirigieron a la piscina privada de la urbanización, que ya estaba abarrotada de gente que había tenido la misma idea que ellas para escapar del calor veraniego. Anna encontró dos tumbonas en una esquina, junto a una sombrilla, extendió las toallas y su madre y ella se instalaron allí. Le gustaba pasar tiempo con su madre: era agradable poder divertirse y relajarse juntas. Al final, resulta que trasladarse a Orlando había sido bueno para las dos, y Ariel ya hablaba de venirse a Florida el día menos pensado.
—¿Te dije que esta noche voy a cenar con los Shumachers y un amigo suyo de Nueva York? Son una gente muy agradable. Ella trabajaba de...
Anna estaba tendida boca abajo, con la parte de arriba del biquini desabrochada, y totalmente concentrada en su libro, pero levantó la cabeza para escuchar a su madre cuando se dio cuenta de que le hablaba. Entonces, a lo lejos, vio un sedán blanco que se detenía delante del apartamento que había pertenecido a Elsa Winter. Estupefacta, vio salir del coche a dos mujeres, que seguidamente entraron en el apartamento de la planta superior. Aunque estaban a casi cincuenta metros, estaba casi segura de que una de las mujeres era Elsa.
—Eo, cariño... ¿hola? —Anna la llamó con nerviosismo. Anna no se había dado ni cuenta de que se había incorporado con los pechos al aire.
—¡Ay! —Anna volvió a tumbarse y se abrochó e biquini.
A continuación se sentó y se quedó mirando el apartamento, para confirmar lo que acababa de ver. Pocos minutos después, las dos mujeres salieron y volvieron coche. La del cabello blanco era Elsa, sin duda, pero a esa distancia Anna no distinguía el rostro de la otra mujer. Fuera quien fuera, Elsa y ella parecían muy unidas, juzgar por cómo se cogían del brazo.
La incomodidad de ver a Elsa Winter del brazo de otra mujer dio paso a la curiosidad. ¿Qué hacía Elsa en Orlando? ¿Y por qué estaba allí, en su antigua casa? ¿Aún era suya? Y lo más importante: ¿iba a regresar Florida?
—... y eso, después de cenar jugaremos unas partid de bridge, a ver si lo pasamos bien. Podríamos repetir de vez en cuando.
—Suena bien, mamá.
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—Elsa, estás fantástica —saludó Tremaine efusivamente en cuanto vio aparecer a su antigua jefa, vestida con un vestido de cóctel sin mangas azul celeste y zapatos color marfil.
—Guau, tú también. —Le dedicó una sonrisa radiante su protegida, encantada de encontrar a un rostro familiar.
—Te echamos mucho de menos. Quiero decir. Belinda está bien, pero es un poco... no sé... estirada, y sabes. Pocahontas tuvo que ponerse dura para que nos diera el día libre a todos.
—Es un trabajo duro, Tremaine. Seguro que sólo intenta hacer lo mejor para el hotel —la aplacó Elsa Hablando de Pocahontas, ¿está aquí?
—No la he visto, pero seguro que vendrá.
Nadie que conociera a Flynn Rider se perdería ese día: el día en que Rapunzel iba a convertirse en su esposa. Tras la luna de miel, la pareja haría las maletas para mudarse a Filadelfia, en donde Flynn ocuparía un puesto de dirección en turno de día, lo cual era un cargo excelente dentro de la cadena del Weller Regent. En opinión de Elsa, Flynn se lo merecía.
Se había enterado del ascenso de su amigo en el boletín electrónico del WR, y no pudo evitar lamentarse por haberse mudado a Denver, especialmente porque el puesto de Flynn de supervisor en jefe del turno de noche, que era el mismo que ella ocupaba en Denver, había quedado vacante temporalmente. Aunque se sintió tentada de preguntarle a Pocahontas acerca del puesto, un movimiento paralelo dentro de la compañía en tan poco tiempo afectaría negativamente a sus expectativas de futuro. Se alegraba por Flynn, pero envidiaba al que ocupara su puesto.
—Vaya vaya, pero si es la hija pródiga.
Elsa se volvió del inmediato al reconocer la voz de Pocahontas y le dio un abrazo a su mentora.
—¡Pocahontas!
—¿Cómo estás, cariño? He oído maravillas de ti en Denver. ¿Te he contado que Luigi Tolliver me envió flores un mes después de que empezaras a trabajar allí?
—¡Te estás quedando conmigo! —rió Elsa. Aunque tenía la impresión de que Luigi estaba contento con su trabajo, saberlo seguro le daría ventaja la próxima vez que necesitara algo de su director.
—No, está loco por ti.
—Bueno, estoy muy contenta con mi trabajo. El hotel es genial y la gente es maravillosa.
—¿Más contenta que aquí?
«Ni de lejos», pensó Elsa, pero eso no era lo que Pocahontas quería oír.
—Es diferente. Ya sabes cuánto quiero al WR de aquí y a su gente... y lo mucho que respetaba a mi jefa —añadió con una risita.
—Me lo imagino. Cuando Flynn me dijo que le habían dado el trabajo de Filadelfia, casi cojo el teléfono para pedirte que volvieras, pero sacarte de Denver tan pronto no habría sido bueno para tu carrera.
Elsa asintió. Era exactamente lo que había pensado ella.
—Pero, si el cambio fuera por un puesto diferente, un ascenso a dirección, entonces puede que...
Elsa se quedó helada cuando las palabras de Pocahontas se abrieron paso en su cerebro. ¿Qué estaba diciendo?
—Será mejor que vayamos a nuestros asientos. ¿Por qué no nos vemos luego en el banquete y seguimos hablando? —sugirió Pocahontas con un guiño de complicidad.
Elsa se pasó la hora siguiente tratando de concentrase con todas sus fuerzas en su amigo, cuya boda tenía lugar frente al altar de la pequeña iglesia. Sin embargo, no dejaba de darle vueltas a lo que había insinuado Pocahontas. Si había alguna posibilidad de regresar a Orlando sin poner en peligro su futuro en Weller Regent, estaba dispuesta a hacerlo.
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Habían pasado dos semanas desde la misteriosa aparición de Elsa en su urbanización y Anna seguía sin poder quitársela de la cabeza. Siguiendo una corazonada, telefoneó al Weller Regent de Denver, pero allí la informaron de que Elsa tenía libres los miércoles, pero que estaría de vuelta la tarde siguiente. Así pues, no es que fuera a regresar a Orlando, sino que había ido sólo de visita. Seguramente para ver a su familia y echarle un vistazo a su propiedad, ya que al parecer aún le pertenecía.
Cada vez que Anna iba a ver a su madre, sentía el impulso de vigilar el apartamento de Elsa. El sedán rojo ya no estaba, y no parecía que viviera nadie allí. Eso le hizo pensar que a lo mejor Elsa sí que volvería a Orlando, y que lo de Denver habría sido sólo temporal.
La respuesta le llegó a finales de agosto, cuando leyó por casualidad la columna de «Traslados» de la revista de actualidad económica Orlando Business Review. No era más que una pequeña reseña, y se le habría pasado por alto si los ojos no se le hubieran ido al nombre destacado en negrita.
El Weller Regent de Orlando se complace en anunciar que Elsa Winter ha sido ascendida al puesto de Gerente de Operaciones del Hotel. Toda una veterana, con once años de experiencia en la corporación Weller Regent, la Srta. Winter regresa a su Florida natal desde Denver, en donde ejercía de supervisora en jefe en el hotel más nuevo de la cadena Weller Regent.
—Muy bien, me ha llevado un tiempo, pero al fin he encontrado a una persona encantadora que sería perfecta para ti. ¿Te interesa? —le preguntó Mulán desde la puerta, con una mirada de expectación.
—¿Eh...? —se sobresaltó Anna, que tenía la mente en otra parte. ¿De qué diablos estaba hablando?
—Había pensado en montar una cenita el sábado que viene. Así las dos podrían conocerse y charlar en un ambiente informal. Si se llevan bien, genial. Si no... oye, no habrás perdido nada.
—Ah... ¿te refieres a una mujer?
—Mmm, sí. ¿No era lo que querías?
Anna no pudo evitar soltar una carcajada al imaginarse a su jefa buscándole pareja. No obstante, la idea de pasar una velada charlando de tonterías con una desconocida bajo la atenta mirada de Mulán no la atraía en absoluto.
—La verdad es que... eh... estoy saliendo con alguien —mintió, con los ojos puestos en el Business Review.
—¿Ah, sí? —La revelación intrigó a Mulán sobremanera. —¿Alguien que conozca?
—No creo. Hacía mucho que no nos veíamos.
—Bueno, me alegro mucho, Anna. Mantenme informada, ¿vale?
—Claro.
Esperaba salir con alguien muy pronto... ahora que Elsa estaba de vuelta en la ciudad.
Durante su primer año en Orlando, Anna se había matado trabajando y había obtenido los mejores resultados de toda su carrera. No había sido un gran sacrifico, puesto que le encantaba su trabajo. En el terreno social, lo máximo que había hecho había sido enviarle a Sarafina un mensaje después de instalarse y luego una postal de Navidad. No obtuvo respuesta en ninguno de los dos casos. Una amiga de Baltimore le había contado que Sarafina estaba saliendo con alguien y que se la veía feliz. Si alguien merecía ser feliz, ésa era Sarafina.
Y entonces, hubo algo que se desató en su interior al ver a Elsa en Denver cinco meses atrás, y desde entonces no pudo dejar de pensar en la corta historia que habían tenido el año anterior. Nunca había anhelado tanto no sólo que Elsa la quisiera, sino también que la perdonara, aunque sabía que no se lo merecía.
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—No sabes lo contenta que estoy de que hayas vuelto. Así que, ¿cuando me pasas al turno de día? —preguntó Tremaine a su mentora.
—Eso es fácil... De tres a cinco años como recepcionista de noche, después a catering o al centro de servicios a la empresa. Luego, dos años más, y ya eres recepcionista de día.
Tremaine gimió.
—No creo que pueda aguantar a Belinda de tres a cinco años más.
Elsa rió con suavidad y miró a su alrededor para asegurarse de que la mujer que había asumido su puesto el año anterior no andaba cerca.
—Lo que pasa es que estabas muy mal acostumbrada, porque yo era muy blanda. Ya sabes que cuesta mucho entenderse con la gente nueva. A lo mejor ella lo está pasando igual de mal que tú.
—No lo creo, Elsa. No parece que ponga mucho interés en llevarse bien con la gente.
—Voy a darte un consejo, ¿vale? Las cosas en el WR funcionan así: si tu superior rompe las reglas, puedes presentar una queja. En el manual está todo muy claro. Pero, si se trata simplemente de un conflicto de personalidades, tú eres quien tiene las de perder. Ya sé que suena injusto, Tremaine, pero así son las cosas. En el Weller Regent se intenta que todo el mundo se lleve bien, pero también son realistas y saben que eso no siempre es posible. Si Belinda hace su trabajo, el WR la apoyará en todo lo que necesite.
—Sé que tienes razón. Y sé que siempre puedo contar con que me dirás las cosas tal y como son.
Elsa sonrió y le dio un pellizco cariñoso en el brazo.
—Ya te he dicho que estabas mal acostumbrada. Y ya, Se que probablemente te haga sentir mejor hablar de ello, pero te recomendaría que intentaras no hacerlo en el trabajo ni el bar del final de la calle con el resto de los empleados. Al final todo se sabe y no haría más que empeorar las cosas.
Tremaine asintió, claramente avergonzada.
—Pero no significa que no debas decirlo si te parece que el trato que recibes va en contra de tus derechos como trabajadora. Y, si no estás segura, siempre puedes venir a verme. Simplemente, trata de ser discreta, ¿de acuerdo?
Elsa estaba a punto de acabar su primer día de vuelta al trabajo en Orlando. Lo que Tremaine no sabía es que Pocahontas ya le había hablado de lo que en su opinión era un número alarmante de quejas informales con respecto a la supervisora adjunta del turno de noche, y ahora que el puesto de Flynn estaba vacante, iban a tener que hacer un seguimiento del caso, ya que la persona que contrataran sería la jefa directa de Belinda. Sin pensarlo dos veces, Elsa se ofreció para cubrir el puesto unas cuantas noches para facilitar la transición, y Pocahontas le tomó la palabra de inmediato.
Sin embargo, a las cuatro y media de la mañana (media hora más tarde de que acabara su turno), Elsa se moría de ganas por marcharse a casa. Durante los días siguientes, «casa» sería la casa de sus padres en Cocoa Beach. Sus muebles estaban de camino y, aunque el WR se ofrecía a darle una habitación gratis, tenía que pensar en Slayer. El viaje en coche de treinta y cuatro horas en el pequeño descapotable lo había traumatizado, y no le parecía bien dejarlo solo en casa de sus padres.
Elsa tenía que admitir que era fantástico llegar a casa al final del día, que la cena estuviera hecha y tener a alguien con quien hablar. Durante el año anterior en Denver, se había sentido muy sola y aislada, y al fin había tenido que admitir que su reacción tras el fracaso de su corta relación con Anna había sido exagerada, tenía que prestarle más atención a su vida social y ahora que trabajaba en el turno de día, quizá podría salir un poco y conocer a gente.
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Deilys leon: jajajajjaa ya lo creo. gracias por transmitir y que el llamado llegue lejos. Eso es ta algo difícil cpnociendo a Elsa pero ella lo puede todo.
PenguinVuelve: jajajaja lo siento, lo reviso lo mejor que puedo y a veces se me pasan algunas cosas, lo bueno es que tew hizp reír. jajaja oye defiendo a Elsa esta en todo su derecho además no sabe la verdad y ay ves que uno se las imagina.
Shtorm Volkok: jajajaja te entiendo completamente. hasta el sueño se va cuando esta interesante. jajajaja oye eres malvad@ que barbáro y pensando que solo yo tenía esos sentimientos. jajajaja me encantan tus pensamientos y eso que todavía no he hecho uno donde haya guerra. nos veremos.
miguel: tranquilo, yo hago finales felices. (por ahora)
Cuídense mucho y nos veremos pronto.
Que La Fuerza Los Acompañe...
