Bueno, he estado notando las ausencias de alerts en mi bandeja de entrada y... como que me he arrepentido de subir este capitulo el Miercoles que viene ^^

Este fic lo publicare los Miercoles, El de Cruceros de Tradicion los Lunes y los Viernes estare publicando RCR.

Asi que espero que disfruteis, ^^


Capitulo 14


Siempre pensó que Sweeney Todd sería muchísimo más difícil de matar. Siempre pensó, que él no caería en una trampa tan burda como aquella. Pero cuando ya sonaban las 12 en el reloj de St. Dunstan's, empezó a desesperarse, cuando se dio cuenta de algo. Ese día, hacía ya 7 días desde que debía haber tenido la última… ejem… mensualidad. Tocó su vientre, estaba hinchado. Un par de lágrimas recorrieron su rostro.

No puede ser verdad… -pensó-.

Pero ahí estaba la evidencia clarísima, de que todos sus vómitos, todas sus lloreras, su sensibilidad, se debía a un única razón. Estaba embarazada.

Embarazada de Anthony…

Tuvo que bajar corriendo al sótano pues no podía ahogar más sus sollozos. Una vez estuvo allí, observó estupefacta el lugar. No estaba el cuerpo, Shirley había dicho que "Había acabado con él en el horno", es decir, ¿lo había quemado?

Miró alrededor, mientras aún sollozaba. En un lugar apartado, descansaban la chaqueta y el sombrero de él. Corrió hacia ellos, y se arrodilló en el suelo.

-Oh, Sweeney, Sweeney… -sollozó, llamando a los muertos, mientras olía la ropa de él, la cual aún conservaba su olor, y enterraba la cara en ella, mojándola con sus tibias lágrimas-. ¿Por qué no pudiste saber su trampa? ¿Por qué te fuiste cuando más te necesitaba? Sweeney… Sweeney… Siento tanto haberte llevado a aquella farsa… oh, Sweeney… si tan solo supieras… Sweeney… ¡Oh, lo siento tanto Benjamin!

-Tranquila, corazón. Shh… ya estoy aquí… no me voy a ir a ninguna parte…–susurró una voz grave a su lado, mientras la abrazaba por un costado y hablaba en su pelo-. Una simple trampa no conseguirá derrotarme –se medio burló en su oído, dándole suaves besos en la sien-.

-¡Oh, Sr. Todd! –sollozó más fuerte, lanzando sus brazos alrededor del cuello de él y escondido la cara en su pecho-. Oh, Sr. Todd, Sr. Todd…. –no podía parar de susurrar su nombre, mientras una y mil lágrimas atravesaban su rostro-.

-Silencio… Shh… -la levantó a la vez que se levantaba él-. No me pasó nada… -una vez de pie, siguió abrazándola, mientras acariciaba su pelo dulcemente. Ella no podía creérselo-.

-¿Es un fantasma?... –preguntó temerosa. Él dio una corta risa seca-. ¿Viene a hacerme pagar mis pecados?

-Jajaja, Sra. Lovett. ¿Pecados, dice? ¿Y los míos, Sra. Lovett? ¿Cuándo habría de solucionarlos si ando viniendo del otro mundo para hacerle pagar los suyos? –la apretó más fuerte en sus brazos, mientras seguía (sin darse cuenta) inmerso en acariciar su pelo-. Qué cosas tiene…

-¿Y entonces, qué trama? –levantó un poco la cabeza, mirándole a los ojos. Ocasión que él aprovechó para limpiarle un par de lágrimas-.

-¿Tramar?

-Sí… quiero decir, ¿Qué hace usted aquí?

-¡Ah!... Bueno… tenía… ciertos "asuntos" que echar a su moledora de carne –señaló la entrada, y cuando volvió la cabeza, tuvo que ahogar un grito. Había cinco cadáveres esperando en el suelo-.

-Ya veo… -solo se atrevió a articular-.

-¿Y por qué lloraba? –preguntó él-. Quiero decir, aparte de llorar mi muerte, claro está.

-Ah… bueno… descubrí algo… no muy agradable…

-Ya veo… -repitió él, las misma palabras que ella había dicho antes. Bajó su mano hasta su vientre y la reposó allí-. ¿Puede deberse a esto, Sra. Lovett? –preguntó suavemente, ella le miró atónita-.

Se escucharon pasos en las escaleras, y él se apartó rápidamente. Ella le llevó a la entrada de la alcantarilla.

-Por favor, no desaparezca de nuevo –suplicó-. Por favor, no como la última vez.

-Estaré aquí, corazón –susurró él, escondiéndose entre las sombras, justo al momento en que la puerta se abría-.

-¿Escuché sollozos? –preguntó Anthony, entrando en el lugar. Ella se dio la vuelta-. ¿Qué haces ahí?

-Me pareció… oír sollozos –resolvió-. Pero no es nada –le dio una fuerte patada a la mano que sobresalía de la entrada, haciéndola retroceder y escuchando una baja y gélida risilla por detrás, lo suficiente baja para que solo la escuchase ella-.

-Ah, bueno, y entonces, ¿Por qué tu cara esta roja como si hubieses estado en llanto?

-Porque… -intentó pensar algo lo más rápido posible-. Estuve cortando cebollas, tu sabes, y…

-Ah… vale… por cierto, estás engordando, ¿no? –un chasquido advirtió a Eleanor de que Todd estaba empezando a cabrearse con el chico-.

-Tal vez –atajó, no pensaba decirle nada acerca de aquello. Ella le dijo una vez al Sr. Todd (más concretamente, hacía unos días) que él era un capricho, y no era mentira. El chico no le servía para nada-. ¿Por qué no subes arriba? Sigue durmiendo, yo me ocupo de esto –señaló los cuerpos-.

-Sí… una pregunta… ¿es verdad que Shirley ha matado al barberucho ese? –su voz sonaba burlona-.

Eleanor enrojeció de la ira, y el Sr. Todd gruñó, sacó una navaja y quiso abalanzarse contra él, pero la Sra. Lovett interpuso su cuerpo entre ambos, tapando la entrada y por consiguiente, al Sr. Todd, que rezongaba audiblemente en su oído, pero no para Anthony, pues el muy ignorante no se pispaba de nada.

"Déjeme matarlo, Sra. Lovett…" ella negó con la cabeza, mientras un escalofrío recorría su espalda.

-Sí, Anthony, eso parece –contestó ella-. Por eso he bajado. Pero no te preocupes, vete a dormir –él asintió mientras bostezaba-.

Desapareció por la puerta. Una vez estuvo segura de que se había ido, se dio la vuelta a la entrada, pero allí no había nadie, solo una gran oscuridad.

-¿Sr. Todd? –preguntó vacilante-. ¿Está ahí?

Empezó a temerse que se hubiese ido de nuevo sin despedirse, pero el Sr. Todd salió de su escondite y al agarró por los hombros duramente, sin hacerla daño. La miró largamente a los ojos, intentando calmarse un poco, para luego poder decir entre dientes:

-¿Por qué permite ese comportamiento hacia usted? –ella sabía que estaba haciendo un gran esfuerzo por contenerse-.

-No importa… -susurró-.

-Pero es muy grosero de su parte.

-Usted me trataba igual –se encogió de hombros-.

-No, yo no… ¡no puede dejar que la humille de esa manera!

-¡Usted…!

-No, yo no. Yo tal vez no comiera su comida, o no la hablase, o simplemente la ignorase. O la gruñese pero… nunca falté a su persona de esa manera. Marinero marica ingenuo e ignorante… -masculló-. Tendría que haberme dejado matarlo, hubiera sido…

-Un momento, un momento –se apartó de él-. ¿Por qué de repente es así conmigo? ¿Por qué no me mata aquí y ahora? Usted mismo lo dijo, le engañé acerca de su mujer, ¡lo hice! ¡Puro egoísmo! Y ahora, está usted aquí, intentando consolarme y queriendo defenderme del marinero ese. ¿Por qué? ¿Por qué no acaba ya, Sr. Todd? –era casi una súplica-.

-Porque usted aún me sirve, Sra. Lovett –susurró-. Y lo quiera que no, yo la… -se estremeció al casi decir la palabra "amar"-. Usted es la… ¿tercera de la lista? –cambió de tema-. No lo sé, la tengo en casa, pero… Aún no le ha llegado su hora.

-Y usted me humilló aún más, besándose con…

-Oh, venga, olvide ya eso –se quejó-. Perdóneme ese error y se acabó, ¿de acuerdo?

-¿Puedo hacerle una pregunta?...

-¿Qué?

-¿Por qué la besó? –dijo con miedo-. Prometo no enfadarme.

-Tampoco es que me importe mucho que se enfade –susurró-. La besé porque pensaba que era usted, pero no me acosté con ella hasta hace unos días –respondió sinceramente-.

La Sra. Lovett sintió que se le humedecían los ojos y tuvo unas violentas ganas de llorar, pero se contuvo, pues había cosas peores de las que preocuparse.

-Le perdono… -susurró-.

-¿Qué?...

-Le perdono… -repitió, pasando bruscamente sus brazos alrededor de la cintura de él y llorando en su pecho, él solo pudo devolverle el abrazo-.

-Tal vez yo pueda perdonarla algún día… -susurró él, besándola en el pelo-.

-Me gustaría… -dijo ella, entre sollozo y sollozo-. ¿Puede… ayudarme? –preguntó débilmente-.

-¿A qué?

-Quiero… deshacerme de esto –bajó su mano hasta su vientre, ya hinchado de 3 meses casi-.

-¿Está segura? Mire que eso es muy peligroso… -la advirtió-.

-Lo estoy…

-¿Cuándo quiere ir? –preguntó, acariciando su espalda y mirando al horno, sin creerse aún lo que estaba haciendo-.

-Mañana… o pasado, estaría bien. Él piensa que está muerto, así que no puede pensar que me ha matado… -él entendió porque le había dicho que estaba muerto-.

-Tenía que haberme…

-Shh -dijo ella-, él tiene que liberar a Johanna, después podrá… -sintió como asentía en su cabeza-.

-Mañana, pues. ¿Cómo explicará su ausencia?

-Pensé… en el viejo cuento de "voy a visitar a mi tía enferma" o el irme sin más.

-Es mejor la segunda opción. Sabe… que será doloroso, ¿no?-dijo preocupado-.

-Pero es necesario…

-Es lo que usted quiere, Sra. Lovett.

-¡Permítame ayudarle! –dijo de repente, alzando la cabeza y quedando atrapada en sus ojos-. Quiero demostrarle que puedo serle útil, que me merezco su perdón. Por favor, Sr. Todd. Siento haber dudado de usted, yo…

-Shh… Sra. Lovett… ya veremos que ocurre con el tiempo… -le dio un tierno pero ligero beso en los labios y se despegó de ella, cogió su sombrero y se lo puso elegantemente, provocando una risa en ella-. Me gusta verla sonreír-comentó-. He de irme.

-Yo me ocupo de los "asuntos" que tiene que echar a mi moledora –dijo sonriendo-. Gracias por quedarse…

-De nada. Mañana estaré aquí para recogerla sobre las cinco de la tarde. Asegúrese de no hay nadie. En caso de haberlo y que yo no esté, o si no puede esperar más, o lo que sea, siga las marcas rojas en las paredes, llegará a mi sótano. Buenas noches –y desapareció en la oscuridad de las catacumbas, que se lo tragó lentamente-.