Capitulo 9: El Duelo

-¿Cómo…?

No era capaz ni de terminar su pregunta, ya le habían quitado su cubierta así que regresó sus rasgos a la normalidad, en su cara se veía una confusión digna de quien se baja de un autobús en el pueblo equivocado, al ver esa expresión la pequeña Weasley casi sonríe pero no quería ponérselo tan fácil, sin embargo decidió ayudarlo a terminar su pregunta.

-Si querías pasar desapercibido no te hubieras presentado con Minie, eres el único mago en la historia que tiene un dragón domesticado, genio –le comentó con todo el sarcasmo que podía producir desviando la mirada para que no notara que se había sonrojado un poco al recordar el otro motivo por el que lo reconoció casi en cuanto lo vio entrar en el comedor- además tus ojos te delataron.

-Pero los volví azules…

-Tu mirada Harry, creíste que no reconocería esa mirada de cachorro perdido que tienes siempre –le regañó un poco más afectuosa, el chico manejo no sonrojarse, lo cierto es que esa "mirada" solo Ginny la conocía. No miraba a nadie más con esa clase de cariño, era algo que ni su estancia en Azkaban había podido afectar, si acaso, lo habría reforzado- aún no me contestas.

-Esta bien –aceptó resignado- en realidad habíamos quedado en que no importaban mucho los detalles de lo que hago –le recordó esta vez el chico.

-¡Pero es mi hermano! –contestó la pelirroja haciendo un mohín muy gracioso- aun no puedo creer que hayas sido tu el camarada loco del que hablaba en sus cartas.

-¿Ahora soy el camarada loco? –Reclamó levemente indignado, no que estuviera en desacuerdo pero luego de salvarle la vida a alguien no esperas que te llame así- deja que le ponga las manos encima…

-¡Tu no harás eso!, aun tienes mucho que explicarme –le reclamó la pelirroja de vuelta a su actitud enojada de hace un momento.

-Lamento no habértelo dicho pero no es para tanto –se excusó, sin embargo al ver el ceño fruncido de la chica se replanteó lo que podría estar molestándola.

-Eso es todo –comenzó con voz muy calmada y fría- ¿eso es todo lo que tienes que decirme? ¿Es todo por lo que quieres disculparte? –El moreno trago fuerte.

-Y-yo-yo yo no sé…

-¡Pero yo sí! –Le cortó acercándose tan de repente que el ojiverde ni siquiera tuvo oportunidad de retroceder y cuando la vio levantar la mano en su dirección solo atinó a reaccionar cerrando los ojos, hasta que sintió una leve caricia en su flequillo.

Por un momento se relajó hasta que se dio cuenta que parte del flequillo estaba Ginny removiendo, cuando abrió nuevamente sus ojos supo que ya era demasiado tarde, la expresión de sorpresa e incredulidad de la pelirroja lo decían todo, sus ojos se movieron con cierto temor hasta el punto donde la mano de la niña había levantado el flequillo de su alborotado cabello, aunque no podía verlo sabía que allí estaba al descubierto una pequeña cicatriz en forma de rayo, su entrenamiento lo había preparado para miles de situaciones, incluso esta de hecho, debía haberla dormido, modificar su memoria, confundirla o incluso borrarla según el caso y luego seguir como si nada, pero simplemente no podía hacerle eso a su mejor amiga, por lo que, el que seguramente era el mago mejor preparado que se haya visto en la historia, simplemente se quedó en blanco mirando a la pequeña de ojos pardos que se retiraba un paso sin reducir su asombro en lo más mínimo.

-En verdad eres tú –murmuraba para si misma- eres él, ¡eres Harry Po-fgdh!

-No lo digas tan alto –ese riesgo si no lo iba a correr, en un instante estaba ya frente a ella con la mano cubriéndole la boca, sin embargo Ginny se lo quito de encima, de haber querido la habría mantenido sujeta pero sabía que eso no ayudaría en nada, pasaron un rato sin decir nada.

-¿Por qué nunca me dijiste nada? –Finalmente rompió el silencio Ginny, no parecía molesta sino más bien triste y hasta un poco dolida.

-Se suponía que nadie debía enterarse, ni siquiera debería decir mi nombre mucho menos mi nombre completo, me mantendría a salvo y con libertad de movimiento mientras todos pensaran que ya estaba muerto, te lo iba a decir pero no era el momento todavía –intentaba excusarse, Ginny lo miro un rato antes de descruzar su brazos.

-¿En serio ibas a decirme? –Le preguntó tan bajito que de no ser porque estaba esperando que dijera algo Harry no la abría escuchado, se acercó lo suficiente para que ambos pudieran verse a los ojos.

-En menos de dos años debía encontrarme con Albus Dumbledore para decírselo, planeaba buscarte antes de eso, antes que a cualquier otra persona –le aseguró, luego su expresión cayo un poco- eso no salió como esperaba en realidad, tuve que decirle a Natalia.

-¿Tu guardaespaldas? ¿La chica que estaba con ustedes cuando llegaron? –Preguntó parpadeando, Harry asintió.

-Ella tenía que estar conmigo en todo momento, no me pareció justo no decirle.

-Entiendo.

-A todo esto ¿Cómo lo supiste tú?

-Mis hermanos –Harry la miro sin entender, finalmente saco un cromo de su bolsillo y se lo enseño algo confundido el chico lo observó y su expresión fue muy parecida a la de Ginny cuando lo vio por primera vez.

-¡Soy yo! –Dijo finalmente sin dejar de observar el cromo con su imagen que rezaba Harry Potter.

-Fred y George hicieron de las suyas otra vez, así que intentando disculparse me lo regalaron –le contó- era un cromo normal de la colección de Ron con la foto de un bebé pero con la ayuda de Percy encontraron el hechizo para transmutar la foto a la apariencia actual que debería tener la persona y Charlie hizo el conjuro –explicó retomando el cromo con cuidado y volviendo a comparar este con el original- no podía creerlo cuando lo vi, todavía me es difícil.

Un nuevo silencio cayó entre ambos pero no era del tipo incomodo, tan solo parecía que ambos habían terminado lo que debían decirse y ahora estaban pensando acerca de ello.

-Oye Harry…

-Mientras esté aquí será mejor que me llames Kadar –le interrumpió volviendo a colocarse su cubierta y cambiando el color de sus ojos, Ginny rio un poco al verlo.

-¿De dónde sacaste ese nombre?

-Yo no lo saque, me lo pusieron –puntualizó, la chica parpadeó confundida.

-¿Y eso cómo pasó? –Ni bien lo preguntó la cara de Harry, que agradecidamente estaba ya cubierta, adquirió una mueca de preocupación, la que decía estas atrapado Potter, significaba que había hablado de más y ahora tenía que revelarle algo más a Ginny.

-Es una historia algo larga –ahora sí que la había regado, la pelirroja arqueó una ceja y se cruzó de brazos, su expresión no lo delató pero esa frase sí- te cuento esta noche, con el espejo –se apresuró a decir- ya deben estar extrañándonos.

-No creó –negó ella olvidándose levemente del tema anterior- estoy segura de que a Charlie tendrán que arrastrarlo para que deje a Minie y vaya a cenar, en cuanto al resto no sienten le tiempo cuando están jugando Quidditch –comentó con cierta expresión soñadora.

-¿Todavía no te dejan jugar con ellos? –al instante su expresión cambió a uno enfurruñada, Harry se rio un poco de esto pero no lo comentó- ¿aún "tomas prestadas" sus escobas para volar por tu cuenta de vez en cuando? –Tan rápido como antes una sonrisa picara remplazo la expresión molesta de la pequeña, pero mientras regresaban se detuvo con una idea.

-Oye Kadar –resaltó el nombre bastante- ¿alguna vez has jugado al Quidditch? –Está vez fue el turno de Harry para poner una expresión soñadora aunque distante.

-Hace tiempo que no he jugado un partido como debe ser –contestó finalmente mientras recordaba sus solitarios partidos consigo mismo cuando empezó su entrenamiento o sus juegos con Sirius y Lupin en la guardia de los lobos, al ver la sonrisa en la cara de su amiga entendió lo que pasaba por su cabeza y se reprendió por no haberlo pensado el mismo, era una gran oportunidad- pero mantengo mis escobas en condición –agregó mientras ambos partían de regreso a la casa.

-¿Escobas? ¿Hiciste más? –Le preguntó de camino mientras corrían.

-Mi maestro me habló una vez de una escoba, la mejor del mundo, me dijo que debía crear una que la superara, pero algo así lleva muchos intentos –le contó emocionado y algo decepcionado al final.

-No has tenido suerte –comentó con algo de pesar Ginny al notar su tono, este negó.

-Aún no está terminada pero he conseguido muchos avances con otras escobas es solo que…

Se calló en seco cuando vieron la entrada de la casa, era verdad Charlie seguía allí ahora estaba viendo la unión del ala mientras Minerva yacía recostada observándolo trabajar, si Harry fuera algo paranoico habría sospechado que Minerva encontraba a Charlie tan interesante como él la encontraba a ella, pero como el mago podía leer la mente de su hermanita, ¡Sabía que así era! Se sacudió de la cabeza los pensamientos de su dragona para centrarse en el tercer integrante de la escena. Apenas lo vio Natalia le dirigió una mirada que decía "sácame de aquí" desesperadamente.

-Eh… ¿Charlie? –Llamó un poco dudoso que de lo escuchara teniendo en cuanta lo concentrado que estaba.

-Si dime –contestó luego de llamarlo por tercera vez levantando la vista de un libro acerca de cómo curar males frecuentes de los dragones.

-¿Te gustaría dar un paseo? –Preguntó de forma casual señalando la silla en la espalda de Minerva, el libro se le resbalo de las manos pero no pareció importarle.


-¿Por qué te tardaste tanto? –Le espetó molesta una vez vieron a Charlie alejarse con un ¡YAAAHHHOOO! A la distancia.

-Ya dije que lo sentía –repitió por tercera vez sin darle mucha importancia mientras llegaban al baúl, Natalia no dijo nada cuando vio a Ginny entrar como si nada pero le dirigió una mirada muy significativa, aún más cuando la vio acercarse a una manta cubierta de grasa en una esquina del taller de encantamientos.

-¿Qué es esto? –Preguntó con su pequeña voz.

Normalmente Harry contestaba a cualquiera, eso la incluía a ella, con un "Nada que te interese" incluso le había colocado un hechizo repelente para que nadie pudiera acercarse a retirar la manta.

-Un proyecto –OK, eso fue mucho más amable de lo que había sido con ella cuando le grito "no lo toques" y luego hechizo la manta, pero a aquella niña no solo no la apartó sino que se adelanto y retiró los conjuros antes de retirar la manta dejando ver un artefacto muy extraño que si la memoria no le fallaba era alguna clase de transporte muggle- ¿te gusta?

-Seguro que a papa le encantaría –dijo de muy buen ánimo- es un chisme muggle ¿cierto?

-Eso es bastante obvio niña –dijo despectivamente la otra pelirroja haciendo que se encogiera levemente por lo agresivo de su tono, aunque se recuperó bastante rápido antes de fruncir el ceño por la rudeza de la ojos rojos.

-No le prestes atención, es así con todo el mundo –le alentó Harry casi divertido- esto –continuó señalando la maquina- es una motocicleta en la que estoy trabajando, tiene algunos trucos mágicos –apretó un botón y la maquina desapareció, lo ubicó por el tacto y volvió a presionarlo para hacer aparecer la moto- pero lo que nos trae aquí son estas –luego de volver a cubrir la moto se dirigieron a un armario del que retiró casi una docena de escobas, a simple vista no eran demasiado espectaculares eran muy parecidas salvo por algunos detalles, las varillas entre cada una eran diferentes, o más abultadas o más delgadas, la madera era diferente y el barnizado no era muy llamativo aunque si era efectivo, suave y resistente, para Ginny aquello parecía lo más maravilloso que había visto.

-Son increíbles –exclamó muy emocionada.

-Lleva esta –Le pidió pasándole una especifica- yo llevare estas cuatro y ¿Puedes llevar esas Natalia? –La aludida lo fulminó con la mirada pero realizó el encargo.

-Dijiste que aun no estaban terminadas –recordó Ginny observando la que ella llevaba.

-La escoba definitiva no está terminada –le corrigió- puedo darles los mejores avances a una escoba, alta velocidad, aceleración, frenado, precisión, soporte, equilibrio, resistencia, etc. El problema es que no puedo poner todo en una misma escoba –explicó un tanto decepcionado- así que diseñe escobas con mejoras especificas, me decidí a hacer una para cada posición, la que tu llevas es para un cazador, yo prefiero la de buscador, es la más veloz.

La mayoría de los Weasley quedaron con la quijada colgando cuando el amigo de su hermano les dijo que también se dedicaba a fabricar escobas y que quería que las probaran, aun así tomo un rato convencerlos (en especial por Percy pero Bill fue de gran ayuda) de probar unas escobas hechas por un desconocido, aunque incluso él mismo hizo un vuelo de prueba en cada una de ellas primero, pero eso no fue nada comparada a lo que costó convencer a todos los Weasley de dejar jugar a su pequeña hermanita, eso requirió de todas las artimañas que conocía y algunas nuevas, jugar con sus nervios, sus temores con frases como creen que no podrán seguirla o les parece bien excluirla así, temen ver que hay un Weasley que no vuela. Al final estaba los ocho frente a frente en un juego, Ginny, Harry, Natalia y Ron contra Bill, los gemelos y Percy, tenían un guardián, un buscador, un cazador y un golpeador por equipo, como un agregado Harry sacó su viejo juego de pelotas para Quidditch y colocó hechizos de contención en el campo para que no las perdieran así que jugarían un partido en toda regla.

El resultado fue aplastante, 450 contra 100 y eso porque Harry decidió que ya habían tenido suficiente castigo y fue por la snitch, Natalia, que era su golpeadora, los había dejado muy magullados, pero lo que principalmente hirió sus orgullos fue que su hermana pateara sus traseros de esa manera. Con todo, disfrutaron el partido como nunca en especial por las escobas en las que volaban, no se sentían como nada que hubieran probado antes, incluso se veían un poco reacios a bajar cuando llegó la hora de devolverlas pero lo hicieron sin chistar, sin embargo el mago tenía otra idea.

-¿Por qué mejor no las guardan en el cobertizo mientras estemos aquí? Así podremos jugar diario –sugirió recibiendo miradas muy asombradas y, en algunos casos, esperanzadas, Bill frunció levemente el ceño pero Harry solo continuó- no he volado estas en mucho tiempo creó que les hará bien que las usen, las escobas no se hicieron para estar en una armario –opinó, con algo más de presión los Weasley aceptaron.

Acordaron jugar de nuevo al día siguiente, con suerte lograrían separar a Charlie de la dragona para que les echara una mano con su revancha, eso no fue nada sencillo pero terminaron llevando a Minerva con ellos al campo para que los viera jugar, esta vez tenían dos golpeadores y a su buscador estrella, además consiguieron rotar un poco los equipos para evitar que Ginny y Kadar terminaran en el mismo equipo, aunque Bill era un estupendo cazador eso emparejo bastante los equipos, al final empataron pero Harry batallo mucho para conseguir adelantarse a Charlie en la captura de la Snitch. Al tercer día Minie se quejo de que no le prestaban suficiente atención, aun cuando Harry le daba un tonel de whisky de fuego y una docena de ovejas cada día y Charlie se pasaba el día, sino con ella con Kadar pidiéndole que le explicara cómo la crio (a decir verdad a Harry le alegró mucho que Charlie estuviera más entusiasmado en saber cómo la cuidaba que en cómo la domesticó), por lo que ese día pasaron el tiempo con ella, era lo bastante grande para llevar a los siete Weasley al paseo de sus vidas sin problemas, luego de eso ya ninguno le tenía desconfianza a la colacuerno, Natalia era un caso un poco distinto ya que era muy cerrada pero a Ginny le ponía un poco nerviosa como se le quedaba viendo largos ratos con cara de pocos amigos.

Algunas anécdotas de sus viajes le valió la atención de los gemelos, Ron y Charlie, Ginny escuchaba pero no con tanta emoción ya que ella ya conocía todas esas historias y muchas más, incluso empezó a llevarse bien con Percy ya que a pesar de su desapego a las normas sabía mucho de magia, y el futuro prefecto sabía valorar ese conocimiento de hechizos, encantamientos e incluso de historia, la relación que tenia con los señores Weasley era bastante cordial, tenía bastante conocimiento del mundo muggle (en caso de que necesitara mezclarse) así que siempre tenía algo de qué hablar con la cabeza de familia y pese a las inquietudes de la Sra. Weasley ayudaba tanto como se le permitía en la cocina y (para espasmo de todos menos de Bill que solo observaba todo con expresión divertida) compartía ideas de recetas con la matriarca Weasley, una noche incluso probaron una de dichas recetas para deleite de toda la familia de pelirrojos. El problema era que Harry percibía cierta ansiedad, incluso preocupación de parte de los padres de Bill, bloqueaba las ideas de estos por respeto pero empezaba a darle un mal presentimiento que fueran los únicos que se preocupaban por su estancia, incluso más de lo que Percy estuvo en un inicio, descubrió el motivo el quinto día de estadía, luego de la cena se habían reunido en la estancia, era ya como una especie de costumbre, cerca de la chimenea con un chocolate para escuchar a Kadar.

-… fue un problema lograr que Minie entrara en la cueva.

-Con ese tamaño ya me imaginó –comentó Fred pensando en aquel gigantesco lagarto atorado en una cueva tamaño promedio.

-En realidad fue otro el problema –continuó el narrador apreciando la intervención de chico de once años- entonces era todavía un bebé, no llegaba a los tres metros, pero no le agradan los lugares cerrados…

-Pero hay dragones en Gringotts –está vez fue Percy el que interrumpió extrañado.

-¿Y tú crees que les agrada? –Preguntó de forma retorica Kadar, el chico enrojeció avergonzado.

-¿Entonces es cierto que tienen dragones ahí? –Preguntó Charlie mirando ceñudo a su hermano mayor, era la primera vez que se veía molesto al hablar de dragones.

-Hasta hace poco, así fue –continuó el invitado recuperando la atención del segundo hijo pelirrojo, para salvar a Bill de una situación incómoda- hace unos años se presentó una propuesta que pretendía remplazar a los dragones al alegar que había métodos mejores para proteger las bóvedas de máxima seguridad, que no incluía mantener criaturas encerradas y encadenadas de por vida en una húmeda y oscura caverna –esta parte la dijo con tal resentimiento que el resto de la familia sintió verdadera lástima por los dragones que habían sido recluidos solo para ser aprovechados por el banco- las medidas se aplicaron hace unos años por la mayoría de las familias que poseían una cámara de seguridad, una sola se opuso y mantuvo su guardia dragón hasta hace poco que se reforzó la propuesta con una demostración y el ironbelly ucraniano que custodiaba esa bóveda fue enviado a la reserva de dragones en Rumania, el pobre estaba casi ciego y sus escamas eran casi blancas por la falta de sol –recordó con cierta tristeza.

-¿Cómo sabes todo eso? –Para sorpresa de todos, esta vez fue Bill el que preguntó, ellos supusieron que como empleados de Gringotts eso era información corriente, pero Bill sabía que algo como la restructuración de la seguridad del Banco, especialmente en las cámaras de máxima seguridad, era información restringida.

-Porque fui yo quien presentó las propuestas y probó que los nuevos sistemas era más seguros que los antiguos –contestó con la mayor naturalidad del mundo, como si fuera algo obvio, de nuevo solo Bill se quedó impresionado, el resto de los Weasley no se daban cuenta, por la misma forma en que Kadar lo demeritaba, de que tan impresionante era ver a alguien a quien los duendes le tengan tanta confianza como para probar sus sistemas de seguridad y confiar en su consejo para remplazarlos.

-¿Cómo probaste eso?

-Fácil –respondió dirigiéndose a George- irrumpiendo en sus defensas.

Esta vez sí consiguió sorprender a toda la familia, no importaba como intentara demeritarlo pasar las defensas de Gringotts se suponía un imposible para cualquiera, las quijadas de la mayoría colgaban, y una taza había caído regando el chocolate frente a la chimenea al gritó de RON de la Sra. Weasley todos salieron de sus sorpresa y empezaron a bombardearlo con preguntas de ¿Cómo lo hiciste? O ¿Eso es legal? Los Señores Weasley compartieron una mirada perturbada al respecto mientras su joven invitado convencía a sus escuchas de que no podía decirles al respecto nada salvo que fue legal (esto lo dijo para tranquilizar a Percy), antes de volver a su historia original acerca de su cacería de la Gorgona en Grecia.

-¿Cómo evitaste convertirte en una estatua? –Preguntó el pelirrojo más joven.

-Te mostraré –dijo sacando su varita- te sentirás un poco desorientado al principio así que no te preocupes –le avisó antes de lanzarle un conjuro directamente en la cara al principio solo cayó sentando mirando en todas direcciones un poco asustado al igual que todos Molly se acercó asustada al ver que los globos oculares de su hijo se volvieron completamente negros como una piedra de ónix.

-¡RON! ¡RON! ¡¿Pero qué le hizo? –Reclamó al ver como su hijo miraba en todas direcciones con claro temor en su rostro, el resto también estaba un poco asustado, salvo por Ginny que miraba en su dirección esperando una explicación y Bill que lo miraba del mismo modo pero un poco molesto.

CLINK

Una especie de tañido de campana, muy suave pero que atravesó toda la casa salió de la punta de la varita de Kadar calmando de inmediato a Ron que pareció centrar su atención en ese punto antes de empezar a ver en todas direcciones.

-Escúchame con cuidado Ron –aprovecho para explicar ahora que se habían calmado un poco- este hechizo bloquea la vista y te permitirte ver los sonidos, sé que es confuso pero no te preocupes te lo voy a quitar…

-¡Espera! ¡Espera un momento! –Le dijo levantando las manos en su dirección- Esto es fabuloso, puedo ver a través de los pisos –murmuró viendo lentamente en todas direcciones- detrás de la caja de harina está escondido un tarro con galletas –dijo claramente encantado, el comentario pareció disolver de inmediato al preocupación anterior en un mar de risas de alivio, incluso Molly rió un poco mientras se quejaba diciendo que ahora tendría que buscar un nuevo escondite para las galletas, mientras veían al pelirrojo mirar alrededor claramente impresionado por lo que veía sobre todo cuando regresó a ver hacía arriba- ¿Qué son esas cosas detrás del muro en el cuarto piso? –Preguntó curioso tratando de "ver" más claramente hasta que los gemelos saltaron sobre él.

-¡Bueno! Ya fue bastante para una demostración –Dijo Fred rápidamente.

-Pero…

-Seguro, queremos escuchar el resto de la historia y lo estas retrasando hermanito –corroboró George interrumpiéndolo de nuevo.

-Un momento –la voz de su madre a sus espaldas los detuvo a ambos en seco- el cuarto piso es su habitación ¿Qué están escondiendo allí? –Les preguntó autoritariamente, pero antes de que empezaran a inventar algún tipo de escusa alguien más intervino.

-Ya veo –todos giraron a ver al invitado que ahora tenía los mismos ojos que el hijo más joven de los Weasley, solo que en su mirada aquellos ojos eran mucho más amenazantes- 10 ranas de chocolate, cinco paquetes de chicle y tres de grajeas Bertie Bott además de una alcancía –resumió con total naturalidad mientras avanzaba sin dificultad alguna desde el sillón hasta quedar frente a los gemelos que lo miraban con una sorpresa que nadie más noto como le retiraba el conjuro al hermano que llevaban entre ambos y luego se lo quitaba el mismo- me parece que solo estaban escondiendo su pequeño cofre del tesoro –comentó tranquilamente regresando a sentarse.

-Ah, menos mal –comentó más tranquila Molly- sin embargo ya no quiero que escondan golosinas, podrían arruinar su apetito –les dijo medio divertida, como si eso pudiera pasar, tratando de no parecer demasiado culpables ambos gemelos asintieron enérgicamente antes de volver a sus asientos llevando a Ron con ellos, no sin antes dirigirle una mirada de gratitud al amigo de su hermano, que a partir de ese momento podía considerarse su hermano honorario, en verdad que los había salvado de una buena, solo Bill, Charlie, Natalia y Ginny parecieron darse cuenta de que los encubrió.

-No había escuchado nunca de ese hechizo –comentó Charlie para alejarlos rápidamente del tema.

-Es una alteración en realidad, el original invierte los sentidos del oído y la vista para confundir al enemigo, lo desarrollaron en la edad media pero se fue perdiendo con el tiempo –explicó simplemente- en todo caso con esta modificación la habilidad de la Gorgona se vuelve inútil ya que no puedes ver sus ojos de ninguna forma y una vez que te acostumbras se vuelve una ventaja para cazarla en los lugares que escoge para esconderse, siempre son muy oscuros.

-También funciono muy bien con ese basilisco en aquella mina de la India –comentó distraídamente Natalia viendo con el ceño fruncido su chocolate, si por ella fuese prefería mil veces una copa de vino pero no había nada que hacer, en ese momento se dio cuenta que de repente toda la estancia se había quedado en silencio y al levantar la mirada se encontró con que la estaban viendo sorprendidos y, en el caso de su maestre, molesto, incluso se sonrojó un poco ante su indiscreción bajo la mirada del mago antes de que el resto de ojos se volvieran contra él.

-¡¿Te cargaste a un basilisco? –Gritaron a la par, emocionados los gemelos.

-¡Fred! ¡George! –Los reprendió su madre, aunque ella misma no sabía que más decir al respecto.

-¡Pero en algo como eso debía intervenir la comisión de control de criaturas peligrosas! –Todos se quedaron viendo a Percy con cara de "¿Eso es lo único que puedes comentar al respecto?"

-Lo hicieron, también el departamento de cooperación mágica internacional –esta vez fue la voz de al cabeza de familia la que intervino mirando significativamente al amigo de su hijo- el Ministerio de India pidió ayuda a todos los ministerios, incluido el nuestro, Barty estuvo hablando de ello toda una semana pero no pudieron enviar a nadie –recordó, luego tomo una expresión un poco molesta- en realidad estaban poniendo escusas ya que no querían enviar a alguien a una misión prácticamente suicida así que pidieron voluntarios, pero incluso Macnair puso escusas para no ir, unas semanas después le informaron a Barty que la situación se controlo sin su ayuda, entonces pareció más interesado en saber del asunto pero Fudge estaba demasiado feliz por no tener que lidiar con eso así que le dijo a Crouch que lo dejará –completó alternando su mirada entre la pelirroja que no formaba parte de su familia y el camarada de Bill.

-En realidad el ministerio de India tampoco quiso intervenir –aportó el narrador- solo preguntaron por compromiso pero su idea era sellar la mina con el basilisco allí, los dueños de la mina escucharon de mi por… una especie de casualidad así que me buscaron y me pidieron ayuda.

-¡Tienes que contarnos como fue eso! –Esta vez fue Charlie el que le incitó a hablar, el chico no quería entrar en detalles sobre esa cacería en particular, pero parecía que no se iba a librar, sobre todo cuando Natalia se unió al clan de pelirrojos.

-En realidad, a mí también me interesa escuchar esa historia –comentó dejando su taza de chocolate a un lado- lo único que sé es que terminaste como cebo de la serpiente y la abriste desde dentro.

Aquel comentario no hizo sino incrementar el entusiasmo de la audiencia, salvo por Molly que se debatía en como enviar a los más jóvenes a sus camas, aquella no parecía para nada una historia para niños, incluso Arthur se encontraba interesado en escuchar, tanto que habían olvidado lo que los tenía nerviosos hace una hora, sin embargo dicho motivo se hizo presente así mismo en aquel instante, la primera alerta de él la tuvo el mismo Harry, repentinamente se había quedado muy quieto y su mirada se había afilado un poco, no lo sintió cuando apareció y se reprendió mentalmente por su descuido pero ahora que aquella nueva firma mágica se encontraba en la habitación de junto, la cocina, era imposible no notarla, tenía un poder mayor a cualquiera que hubiese sentido con anterioridad, entre los magos más poderosos que había conocido hasta el momento estaban casi empatados: Sirius Black, Remus Lupin y Natalia, pero este los superaba a los tres sin problemas solo sabía de dos magos con un nivel semejante, uno era Voldemort, pero no podía ser el, en primera porque no tenía un cuerpo y en segundo porque no podía percibir algún tipo de agresividad o maldad de parte de este, razón por la que no lo había percibido antes pero esa no era una escusa. Solo quedaba una opción, su atención regresó un poco tardía a la comitiva de pelirrojos que se había quedado viéndolo un poco extrañado por su repentino silencio.

-Creo que tendremos que dejar esa historia para otro día –se disculpó- al parecer tiene una visita, señores Weasley.

El matrimonio dio un leve respingo al recordar al visitante que esperaban antes de la absorbente discusión, sin embargo no fue necesaria ninguna intervención puesto que el mismo se hizo presente al saberse descubierto abriendo la entrada e ingresando a la sala de estar de los Weasley, su presencia arrancó expresiones de sorpresa a cada persona en la sala salvo por aquel que ya lo había reconocido, dejando eso de lado el recién llegado se dirigió a los dueños de casa.

-Lamento la interrupción Arthur, Molly –se disculpó amablemente- es solo que no había nadie para recibirme así que me tome la libertad de entrar.

-¿Profesor Dumbledore? –Preguntó levemente extrañado por la presencia de su antiguo director Bill, para Natalia eso significaba que todavía era de fiar ya que no parecía tener idea del porqué de la presencia de aquel mago en su hogar, sin embargo Harry no le prestó atención, él sabía que Bill no estaba enterado, esto era cosa de sus padres pero ellos tampoco le parecían culpables de nada, solo hacían lo que consideraban lo correcto y lo más seguro para todos, incluido él mismo.

-Buenas noches Bill, me alegra ver que te encuentras bien muchacho –saludo sonriendo el anciano mago, Bill le devolvió la sonrisa cortésmente pero aún se preguntaba que estaba haciendo allí, la expresión de sus padres respondió su duda, por otro lado la profunda mirada de Dumbledore se había centrado en los invitados de la familia Weasley, primero en la pelirroja a la que saludo con una leve sonrisa que esta no contesto (o si lo hizo, esa contestación fue llevar su mano hacía la empuñadura de la espada en su cinto) y luego al misterioso invitado que contesto su saludo con una cortes inclinación de cabeza- siento ser inoportuno pero me gustaría tener unas palabras con vuestro invitado, si él está de acuerdo claro está.

De inmediato, y de forma muy poco discreta, la vampira pelirroja ya estaba de pie entre ambos magos desenvainando su espada con una clara intención, a pesar de esto Dumbledore no pareció sorprendido en absoluto, ni siquiera llevó su mano hacía su varita solo permaneció en su sitio observando a la ojiroja con total ecuanimidad, la mayoría de los Weasley por otro lado dieron un respingo ante la agresiva actitud de la mujer.

-¡Natalia! –Esa palabra hizo sacudir a cada persona en esa estancia salvo por el anciano mago, que solo movió sus ojos de la mujer al joven que había hablado con tal autoridad que incluso la indomable vampiriza había dejado su intento de ataque- Somos invitados en esta casa, vigila tus modales –"en cuanto te lo diga, retírate y ve por nuestras cosas", en voz alta le advirtió, pero mentalmente le dio una orden al mismo tiempo.

-Pero… -intentó debatir la segunda orden sin embargo la mirada de Kadar dejaba en claro que no era momento para discutir.

-Tal vez, sea mejor que te retires mientras charlamos –dijo con naturalidad, "luego vete de inmediato y llévate a Minerva contigo, las veré en la guardia de los lobos". Su voz mental tenía mucha mayor tensión pero seguía manteniendo mucha seguridad en lo que decía, la propia preocupación y ansiedad de Natalia no desentonaban para ninguna de las palabras que Harry le dirigía, en ambos tonos.

-No es necesario –intervino cortésmente Dumbledore intentando calmar los ánimos- entiendo que algo tan repentino puede ser un tanto preocupante.

-Agradezco su comprensión profesor Dumbledore, pero tratare con mi subordinada a mi manera –contestó con cortesía pero en un tono bastante llano, la pelirroja observó del anciano al joven mago con los dientes apretados antes de asentir.

-Como diga, mi lord –agregó haciendo énfasis en la última palabra antes de desaparecer como si fuera niebla, el chico resopló con clara irritación ante el mencionado apelativo ignorando por completo las significativas miradas de los magos más viejos en el lugar.

-Estará intratable toda la semana –comentó resignadamente antes de dirigirse a los presentes de nuevo- tampoco puedo culparla, hace mucho tiempo que no tenía que darle una orden directa.

-¿Y por qué pensó que esta situación lo ameritaba? –Inquirió Dumbledore sentándose en una butaca frente a su escucha.

-No podía permitir semejante agresión en la casa de alguien que nos acogió tan amablemente –contestó simplemente- pero dígame ¿De qué desea hablar conmigo?

-Los dejaremos solos Albus –dijo el Sr. Weasley mientras su esposa se dirigía hacía sus hijos, especialmente los gemelos, con expresión de no aceptar replicas al respecto, sin embargo Bill le dirigió una mirada a su amigo para asegurarse de que estaría bien, pero Kadar no lo miraba a él.

-Eso no es necesario, está es su casa –se dirigió al Sr. Weasley- su hijo y por tanto su familia se han convertido en personas de mi confianza, no veo motivo por el cual no puedan quedarse, si el profesor no tiene problema con ello desde luego –agregó dirigiéndose a Dumbledore varios de los hijos del matrimonio observaron a su madre esperanzadamente pero ellos solo se veían incómodos ante la expectativa de ser incluidos, Dumbledore por su parte solo observaba las imperceptibles reacciones del muchacho, finalmente asintió haciendo una señal para pedir a los presentes que por favor tomaran asiento.

-Me parece que en nuestras prisas hemos obviado las cortesías –comentó el anciano en forma de disculpa- soy Albus Dumbledore, mucho gusto –saludó alargando una mano que el joven estrechó con toda naturalidad.

-Un placer conocerlo en persona, me conocen como Kadar –contestó con la misma serenidad que su contraparte.

-Un nombre interesante si me permite joven –los Weasley ni siquiera parecían encontrarse ahí, Bill frunció levemente el entrecejo, ya sospechaba que aquel no era el nombre real de su amigo pero nunca había hablado acerca del motivo.

-Yo no lo escogí –puntualizó- me lo pusieron traficantes africanos –Albus arqueó las cejas.

-¿Se crio con ellos?

-No, solo sostuvimos varios negocios entre nosotros.

-Si mal no recuerdo ellos se ganan sus nombres –dijo acariciando su barba plateada- debió ser toda una hazaña ameritar un nombre que significa "el poderoso"

-Ir y volver del valle de la muerte.

-Ya veo.

-Perdone si soy demasiado directo profesor pero no creo que haya hecho este viaje solo para hablar de mi pasado.

-Podría ser –comentó el director misteriosamente sin perder detalle de las expresiones del chico, aunque finalmente decidió ir al grano- pero primero hay una duda que me gustaría que resolvieras para que todo esto tenga sentido.

-¿Y esa sería?

-Exactamente ¿Qué edad tiene?

Aquello sin duda ponía en tela de juicio la ya de por si dudosa cordura del director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, incluso los señores Weasley lo miraban extrañados, Bill también lo hacía pero por motivos diferentes, era claro que el director sabía mucho más de lo que decía de Kadar, o sospechaba al menos, pero que era lo que traía entre manos y porque era tan importante para que el mismísimo Dumbledore se encargara en persona, era un misterio, Ginny por otra parte sabía exactamente por donde y a donde iba la cosa, solo esperaba que su amigo supiera como manejar esto, el desconcierto general fue remplazado por incredulidad cuando el misterioso mago contestó.

-Tengo nueve años –dijo con la mayor naturalidad mientras retiraba su cubierta dejando al descubierto sus rasgos, unas rasgos que pese a estar levemente alterados habría sido reconocibles para cualquiera que hubiese conocido en persona a James Potter.

-¡Por Merlín, si es solo una criatura! –Chillo la Sra. Weasley al borde de un desmayo sujetándose de su esposo, que no estaba menos sorprendido, casi al momento regresó a ver a Albus como pidiendo una explicación pero este se veía igual de impasible que siempre aunque también tenía un brillo de tristeza en sus ojos, luego paso a su hijo mayor confirmando su peor sospecha, no estaba sorprendido- ¡William Arthur Weasley! –El aludido casi dio un brinco hasta el techo al escuchar su nombre completo- ¡Tú sabías de esto y aun así permitiste que un niño estuviera en algo tan peligroso! –El susodicho parecía de repente demasiado pequeño en el sofá bajo los gritos de su madre, hasta que un ¡PUM! los interrumpió, la varita del joven mago llamó al orden.

-Nos desviamos del tema –interrumpió secamente guardando otra vez su varita- y le aseguro que Bill no tenía idea de mi edad hasta hace muy poco de hecho.

-¿Cómo alguien puede…? –Seguía incordiando la mujer por lo bajo tomando asiento.

-De hecho esa es otra duda que me gustaría aclarar, Kadar –prosiguió Dumbledore tratando de mantener la calma aunque varios de sus peores temores parecían estar confirmándose- ¿Cómo termino siendo…?

-Perdone por interrumpirlo profesor pero ¿Por qué no vamos directo al grano? Pregunte lo que en verdad desea saber, la pregunta que, me supongo, ha estado rondando en su cabeza desde que abandonó su despacho esta tarde.

Aún con la apariencia y voz de un niño las palabras habían sonado demasiado frías y directas, incluso parecía un poco aburrido con la situación a su alrededor, en contra de sus mejores deseos el profesor intentó captar algo desde la mente del joven mago, pero su mente estaba en silencio, sus expresiones igual y sus ojos no reflejaban nada, hasta ahora solo quedaba en claro que quien sea que lo hubiera criado, o entrenado dependiendo de la perspectiva, era un experto en el ocultamiento y era en definitiva un mago muy hábil, visto hasta ahí las opciones no eran muy alentadoras, de hecho ya tenía un sospechoso pero no podía precisar los motivos detrás de sus actos, suspirando cansadamente hizo la pregunta que tanto había anticipado.

-¿Eres tú Harry Potter?

Aquellas cuatro palabras parecieron acabar con el oxigeno en la habitación, hasta Bill parecía tener la mente en blanco luego de eso, Ginny por otra parte miraba de uno a otro entre su mejor amigo y el anciano director, era una suerte que nadie más le prestara atención por que parecía cerca de darle un ataque de ansiedad, hasta donde sabía la seguridad de Harry dependía en gran medida de su discreción y de momento necesitaba que se mantuviera así, por lo que le preocupaba lo que pasaría al ser descubierto. Arthur Weasley parecía entender finalmente cual había sido el motivo por el que Albus había agregado aquella tarea a todos los sobrevivientes de la orden luego de la guerra, la primera era la de encontrar indicios del paradero de Harry Potter, la segunda fue encontrar a un mago llamado Kadar, aunque cuando su hijo les habló de uno no tenía realmente ninguna esperanza de que se tratara del mismo sin embargo al mencionárselo a Albus este le había pedido que lo retuvieran hasta constatar algunas cosas para que pudiera hablarle y ahora resultaban ser el mismo, en verdad se había perdido desde que se había revelado que aquel mago que tenía uno de los trabajos más peligrosos del mundo no tenía edad ni para ir al colegio. Los restantes todavía no parecían entender del todo situación pero se mantuvieron expectantes a la respuesta del joven mago.

Por su parte este simplemente llevó una mano hasta su flequillo al tiempo que este se tornaba un color negro azabache, sus ojos ahora de un verde brillante seguían fijos en los azules ojos del viejo mago, estos se abrieron levemente por la sorpresa mientras el muchacho revelaba una cicatriz den forma de rayo sobre su ceja derecha, cuando volvió a bajar su mano el hombre frente a él se vio e pronto mucho más viejo que antes, pero antes de que hiciera el amago de decir algo más Harry se le adelantó.

-Tengo un idea de lo que va a proponerme y no me interesa ir a ningún sitio en el que no tenga libertad de movimiento –el director suspiró pesadamente mientras pensaba en una mejor forma de plantearla la situación al joven Potter.

-Me preocupa tu seguridad Harry –se excuso el anciano tratando de razonar.

-Hasta ahora no he tenido ningún problema –argumentó tranquilamente el joven- y me parece que usted ya sabe que soy bastante capaz de lidiar con alguno si surge.

-En todo caso me gustaría que habláramos de lo que ha pasado contigo estos años –solicitó juntando sus dedos frente a él, expectante.

-Lo haremos –le aseguró antes de levantarse- pero no será aquí y no será hoy.

-Lo siento mucho Harry –se disculpó levantándose también y ahora con la varita en su mano, aunque todavía no la había levantado- pero no puedo permitir que impongas las condiciones respecto a esto.

-En ese caso… agradezco mucho su amabilidad señores Weasley, por favor conserven las escobas –se dirigió a la familia que parecía haberse quedado muda ante las revelaciones recientes, sin apartar los ojos del profesor.

Ambos se observaron un instante más antes de que el chico se volviera niebla, de inmediato el director levantó su varita y una cúpula transparente envolvió la sala, sin embargo nada pudo hacer esto para evitar que la niebla se filtrara por entre las tablas del piso fuera de aquella contención y se dispersara sin dejar pista de a dónde. Paso un segundo más antes de que el viejo profesor retirara los escudos con expresión abatida, debía haber previsto que no funcionarían cuando la compañera pelirroja del chico se desvaneció a través de las protecciones iniciales que había colocado alrededor de la casa cuando llegó, pero sabía que aquello había sido por que la guardiana del chico era una vampira, con bastante experiencia si era capaz de hacer un viaje sombra, no imaginaba que Harry también fuera capaz de hacerlo, en especial porque se supone que es una habilidad innata de los vampiros, aparentemente el hijo de James y Lily tenía mucho más bajo la manga de lo que imaginaba, y podía imaginar bastante basándose en aquellas leyendas que había estado buscando y confirmando, más ahora que había confirmado el punto principal.

Realmente era de Harry de quien se hablaba en ellas.


-¿Algún progreso Alastor? –Preguntó esperanzadamente la cabeza de Albus Dumbledore desde la chimenea en casa del susodicho.

-El mismo que en los últimos diez meses Albus –contestó este desganadamente- es decir nulo –la expresión del anciano director se ensombreció al escucharlo.

-Ya veo.

-Ya intente con mis contactos en todos lados Albus y ni seña de él, tampoco es muy fácil buscar a alguien que nadie más ha visto y que la mayoría aún supone muerto sin llamar la atención sobre el asunto –comentó hosco apoyándose en su cayado- ¿Hubo algún progreso con los duendes? –Preguntó más que todo por obligación, puesto que ya conocía la respuesta, está vez fue el turno de Dumbledore para negar.

-A los duendes no les agrada que nadie se meta en sus asuntos, lo sabes bien. Intente con algunos conocidos, parece que el contrato que haya hecho Harry para trabajar en Gringotts fue hecho directamente con el director del banco, nadie sabe nada más.

-Los duendes son demasiado cuidadosos con sus secretos –comentó Moody, luego una idea pareció rondar en su cabeza- igual que los vampiros y los traficantes expertos.

-¿A qué te refieres Alastor? –Preguntó cuidadosamente el director, aunque la misma idea empezaba a aflorar en su cabeza.

-Comunidades asiladas –dijeron al unísono después de un rato.

-Por eso no hemos podido dar con él en todo el año –dijo Ojo loco dándose cuenta de lo obvio de la situación- ¡En todos estos nueve años!

-Aun estando al tanto de la situación general en esas comunidades, sin alguien dándonos información directa sería imposible de ubicar algo así en especial si no se quedaba por periodos demasiado largos –conjeturó Dumbledore.

-¿Pero cómo, Albus? –Intervino el auror- tú mejor que nadie sabe lo cerradas que son esas comunidades, ya me parece casi imposible que haya conseguido hacer un trato con los duendes, sea el que fuera, sin tener mucho oro o algo mucho más valioso de por medio, pero los vampiros no negocian con nadie que no sea ellos mismos, o así fue antes de… de aquella guerra civil –recordó los reportes que le había revisar al respecto, era claro que le había parecido sospechoso pero no había indicios de un mago tenebroso debajo del telón, ambos veteranos se quedaron viendo un largo rato al asimilar lo ocurrido.

-Eso era lo que me temía –dijo finalmente Dumbledore apesadumbrado.

-¿Crees que Potter tuvo algo que ver con esa guerra?

-¿De qué otra forma una vampira que parece tener más de tres siglos y que claramente fue parte de la guardia de cazadores de muerte pasaría a ser su subordinada? –Preguntó de forma retórica el director, el auror solo asintió sintiéndolo por el chico, aún a él le parecía demasiado joven para llevar una carga como esa sobre sus hombros.

-Aun no me explicó como consiguió hacer un trato con ellos –volvió a comentar Moody dándole vueltas al asunto.

-Tengo una idea al respecto –dijo cansadamente Albus ganándose la atención de su viejo amigo- supongo que quien lo entrenó hizo los arreglos.

-¿Sabes quien pudo ser?

-Nadie que conozcamos –dijo con pesar- pero el mismo día en que Voldemort fue tras los Potter un mago apareció en mi oficina y robó la capa de invisibilidad de James.

-¿Y por qué no lo detuviste?

-Lo intenté, pero cometí el terrible error de subestimarlo, se me escapó dos veces más esa misma semana –recordó tratando de enlazar los detalles.

-Espera-espera-espera –le atajó el hombre cubierto de cicatrices- ¿Es aquel mago que se te escapó en el departamento de misterios robándose un gira tiempo y en Azkaban llevándose a Sirius Black? –Albus asintió, Moody silbó por lo bajo pero luego levantó el rostro con expresión agresiva- si liberó a Black significa que…

-Aún no hemos podido confirmar eso Alastor –le cortó Dumbledore, había estado evitando esa posibilidad y a como diera lugar debía continuar así- el caso de Sirius me dejo muchas dudas al respecto, en especial por el hecho de que Remus Lupin desapareció casi el mismo día en que Sirius fue liberado de Azkaban.

-Tal vez eran cómplices –opinó secamente Ojo loco pero Albus simplemente negó con la cabeza reflexivamente, también había incluido esa alternativa pero había muchas cosas que no cuadraban, Moody por otra parte parecía haber dado con otra revelación- ¿Qué noticias tienes de la comunidad de hombres lobo?

-Las mismas que el ministerio, nada reciente desde que presentaron las patentes por la pócima matalobos y se aislaron en su propio refugio, apartados de todos –dijo pesadamente- Cornelius no podría haber estado más encantado con eso igual que su nueva secretaria la Srta. Umbridge –agregó un tanto decepcionado- Remus me escribió diciendo que había decidido unírseles, no he tenido noticia alguna después de eso.

-¿No sabes si traman algo? –Preguntó Moody haciendo uso de su habitual desconfianza, pero su escucha solo negó.

-No sale demasiada información, pero no hay indicios de que hagan nada aparte de darle un refugio y una familia a personas de su misma condición.

-Eso no prueba que sean inocentes.

-Tampoco prueba lo contrario Alastor –el aludido simplemente gruñó, decidiendo que lo mejor era cambiar la conversación Dumbledore continuó- por cierto ¿Cómo te va con tu nueva estudiante? –Moody gruñó más fuerte esta vez.

-¿En qué rayos estaba pensando Scrimgeour? –Rezongo.

-Yo pienso que Rufus cree que tienes mucho por enseñar a las futuras generaciones de aurores –opinó con desenfado su escucha, aunque parecía divertirle un tanto la situación de su amigo, el cual bufó.

-Y yo pienso que solo quería fastidiarme –opinó a su vez el antiguo auror mientras avanzaba hacia una mesilla en donde se encontraba una carpeta y la tomaba para revisarla nuevamente con expresión disgustada- o quería deshacerse de ella, el último auror que intentó instruirla la definió con una sola palabra: Atolondrada, y lo subrayó.

Dumbledore parecía a punto de objetar algo pero el timbre de la puerta lo interrumpió, por lo menos es puntual, murmuró dando por sentado quien sería, ambos se despidieron mientras el auror colocaba cerrojos de seguridad frente a su chimenea para evitar que alguien forzara la red flu de su casa intentando tomarlo por sorpresa y luego se dirigió a la entrada, desde luego que inspecciono a la persona que estaba allí antes de siquiera girar al pasillo que daba a la entrada.

En ese momento se detuvo en seco sin poder creer lo que su ojo le mostraba, no duró en ese estado más de un segundo antes de sacar su varita y asomarse para tener blanco de tiro con anticipación, pero de alguna forma eso pareció ser lo que su visitante esperaba, la puerta salió volando arrancada por sus gozones como si nada en dirección de Moody, éste la esquivo regresando detrás la pared del corredor pero en cuanto pasó, salió de su escondite dirigiendo toda clase de maldiciones en dirección de la entrada, solo que para ese momento ya no había nadie allí por lo que solo consiguió terminar de destruirla, sin darle importancia al estado de su recibidor su ojo empezó a girar en todas direcciones en busca del intruso, lo encontró justo a su espalda, pero cuando se giró para enfrentarlo de nuevo se dio cuenta que no estaba atacándolo, solo estaba de pie allí enseñando las manos y sujetando su varia con dos dedos para que pudiera ver que no pretendía atacar, lentamente bajo la varia al suelo y la deslizó hasta los pies del auror.

-Lamentó lo de la puerta –se disculpó- pero dadas las circunstancias me habrías aturdido a través de ella y quería la oportunidad de hablar.

Moody no le quito razón a dicha lógica pero todavía seguía observando al muchacho frente a él, parecía en edad de empezar el colegio, moreno y delgado aunque eso parecía más porque la ropa que llevaba era por lo menos un par de tallas demasiado grandes para él, sus ojos eran de un verde asombroso aunque se notaban opacos en una mirada serena, casi fría, una mirada que escondía y, para alguien como Moody, delataba mucho al mismo tiempo, fuera de aquello era idéntico a James y se notaba de quien había heredado el color de ojos, vestía unos vaqueros gastados, una chaqueta del mismo material, unos tenis y una camiseta verde claro, no llevaba nada guardado ni algún tipo de ocultamiento para esconderlo u otra varita, sin quitarle el ojo mágico de encima Alastor levantó la varita del chico e hizo una seña para que se moviera, antes de entrar a la sala reparó precozmente la puerta y ambos tomaron asiento y el veterano guerrero tomó la palabra.

-Vamos a esperar una hora para que yo pueda estar seguro que eres quien yo creó –dijo secamente sin dejar de apuntarle, al paso sacaba de entre su chaqueta un reloj de bolsillo.

-Por mí no hay problema, pero quiero dejar algo en claro.

-¿Qué es?

-Quiero que esta charla se mantenga en privado hasta que termine, si luego de eso quieres decirle a Albus Dumbledore o a quien sea no tengo problema.

-¿Piensas que en ese tiempo serás capaz de convencerme que no lo divulgue? –Le preguntó con parsimonia.

-Te ofreceré un trato, si lo tomas o lo dejas es decisión tuya.

-¿Por qué aceptaría tus términos?

-Porque es la única manera en que me quedare lo suficiente para que puedas averiguar algo sobre mi, además ambos sabemos que sea o no Harry Potter no te arriesgaras a quitarme ambos ojos de encima mientras este aquí.

-Podría simplemente aturdirte ahora –sugirió encogiéndose de hombros en un gesto despreocupado, aunque esperaba a ver que le contestaba, suponía que el chico ya había sopesado esa posibilidad, por la leve sonrisa que apareció en su rostro confirmó que estaba en lo cierto, lo cual no hizo que se sintiera para nada más tranquilo.

-En el momento en que esa idea pase seriamente por tu cabeza Alastor Moody, en ese momento recuperare mi varita y desapareceré, literalmente –contestó Harry- estoy seguro de que Albus Dumbledore te contó de nuestro breve encuentro el año pasado –comentó observando la sala con cierto interés- así que sabes que en realidad puedo escapar de aquí si es necesario…

-Mientras seas quien dices ser –le interrumpió bruscamente el auror, su ojo mágico cada diez segundos o algo así daba un par de giros asegurando el resto de la zona, su otro ojo se mantenía fijo en el área que circundaba a su "huésped".

-Se muy bien que no podré convencerte de nada que no confirmes por ti mismo –comentó sin molestarse por la interrupción- así que cada palabra que se diga antes de eso sale sobrando.

Dicho esto ambos guardaron silencio por la próxima hora, la cual pareció un rustico juego de estatuas, ambos con la atención fija sobre su contrario y de vez en cuando paseando por el resto de la habitación como en espera de algo.

La tapa del reloj se cerró con un leve clic que fue bastante audible dada la silenciosa atmósfera pero el significado de esto no hizo que Moody dejara de apuntarle en todo momento.

-De acuerdo, asumamos que eres Potter –el chico solo puso los ojos en blanco- en ese caso debería decirle a Dumbledore que estas aquí.

-Deberías, probablemente –concordó el moreno pero ahora se veía más atento y su vista estaba fija en la varita de Moody, la cual finalmente, y para asombro del mismo chico, dejo de apuntarle.

-Pero mantendré mi palabra, por ahora, así que tienes cinco minutos –avisó volviendo a abrir su reloj pero solo para mirar la hora.

-En realidad solo necesito el tiempo que te lleve leer esto –dijo sacando un papel de su bolsillo, cuidando de hacerlo suficientemente despacio para no activar nuevamente la paranoia de Moody.

-¿Un contrato mágico? –Preguntó al revisarlo.

-Así fue como conseguí un trato con vampiros, duendes y veelas –explicó escuetamente, la forma en que Moody levanto su ojo para verlo le confirmo algo- asumo que no sabían eso último, como sea –se acomodó un poco más en el sillón mientras Moody leía el contrato.

Al terminar estaba mucho más reflexivo de lo que se le habría visto jamás, ni siquiera en la guerra, pese a su enorme experiencia en el campo de batalla, pese a que estaba acostumbrado a tomar decisiones de las que dependerían la vida de muchos, pero para este tipo de cosas sería más apropiado Dumbledore, no era un asunto estratégico o de mesa de guerra, se rasco la barba insipiente un momento mientras pensaba en cómo proceder y si el chico lo busco a él precisamente porque sabía que se encontraría en ese tipo de predicamento, finalmente se decidió por algo.

-¿Por qué precisamente yo? –Inquirió interesado.

-Aún en circunstancias óptimas, tú serías la mejor opción como maestro en esta área –contestó directamente mirando al auror- en mi caso tal vez incluso más que eso.

-Eso es otro asunto –intervino Ojo loco dejando a un lado el documento- si solo una de cada diez de las historias que hemos recogido acerca de ti sobre lo que has hecho estos años son ciertas (y hay pocas dudas de que así sea), no veo por qué necesitas lecciones de duelo.

-Por la misma razón por la que resultarías un mejor maestro que Albus Dumbledore, incluso si consiguiera convencerlo seriamente de que me enseñara, no se trata de quien sea más poderoso, sino de quien es más ingenioso, experimentado y adaptable explícitamente en una batalla y ese por mucho eres tú.

-Me estas sobrestimando muchacho –le contradijo acomodándose solo un poco en su sillón haciendo que fuera más sencillo tomar su varita de necesitarla- hace mucho que pase mi apogeo.

-Tienes mucho más que ofrecer de lo que te imaginas Moody –contestó el chico, el auror hizo una leve mueca, era la segunda persona que le decía eso apenas esa mañana y le hacía cierta gracia tomando en cuenta quien se lo dijo primero.

-¿Y si acaso yo aceptará esto…? –Retomó el papel releyendo la última parte.

-La clausula está muy clara, en cuanto terminemos iré voluntariamente con Dumbledore y el resto dependerá de él –Ojo loco miro especulativamente al chico por un largo rato antes de retomar la palabra.

-Has pasado los últimos nueve años escondiéndote, bastante bien debo añadir, ¿por qué hacer esto ahora? –Inquirió, y luego de pensárselo un momento añadió- y ya que estamos en esto, si no te importa satisfacer mi curiosidad, ¿En dónde rayos estuviste muchacho? –Ahora fue el turno de Harry para pensar en qué y cómo decirlo, finalmente saco de debajo de su camiseta un bulto de tela al que Moody no le había prestado mucha atención cuando lo reviso, ahora sin embargo podía identificar plenamente de que se trataba- la capa de James.

-Imaginó que el profesor Dumbledore ya tiene sus sospechas, y posiblemente te las dijo –Moody no contestó pero no era necesario.

-¿Quién es ese sujeto?

-Ningún mortifago ni nada que se le parezca –le aseguró el chico- prueba de ello es que el hechizo de mi madre no funciono con él. A partir de entonces me escondió en un orfanato en Londres protegido para que ningún mago pudiera hallarme allí, el día de mi quinto cumpleaños volvió y me contó lo sucedido.

-¿Qué te contó exactamente? –Quiso saber el auror.

-Cómo murieron mis padres, quien era para el mundo mágico, quien era Voldemort y el tipo de peligro general en el que me encontraba –resumió impasible.

-Era lo mismo que Dumbledore te había dejado en esa carta a tus tíos –esperó un momento- ¿Ese sujeto te conto que tienes una familia?

Harry rio sin gracia

-Los Dursley son una familia, pero no la mía, ellos habrían destruido la carta tras leerla –masculló con la expresión de recordar algo desagradable, al final su rostro solo lucía un poco decepcionado- los conocí, ellos no me vieron pero yo vi lo suficiente para saber que no hubieran agradecido que "algo", usando una de sus propias descripciones, como yo viviera en su impecable casa, y sinceramente yo prefería que volvieran a inocularme con veneno de basilisco a tener que hacerlo. Luego de conocerlos supe que estuve mucho mejor en el orfanato. Cuando la persona que me dejo allí volvió me dio opciones, otra cosa que dudo que el director hubiera hecho.

-¿Qué opciones? Y ¿Por qué?

-Podía volver, seguir con el plan de Dumbledore y esas cosas o construir mi propio camino y él me enseñaría como hacerlo, en eso he estado los pasados cinco años –en esta parte su mirada se torno lejana, apenas entonces reparó en el tiempo que había pasado desde que escucho aquella voz en su cabeza mientras estaba en el patio del orfelinato, había conocido personajes para los que cinco años eran solo un pestañeo, otros para los que eran una vida pero para él seguía siendo difícil catalogar esos cinco años.

Infierno, paraíso, ya había vivido un poco de ambos, mucho más del primero, y si lo pensaba esos cinco años lo separaban de una vida que realmente jamás fue suya, solo un escondite más que dejaría con el tiempo y el Harry de ese entonces era tan diferente que era como si hubiesen pasado mil vidas desde que Jessica lo llamó para partir el pastel cumpleaños, de su cumpleaños. Fue devuelto al presente por el mismo Moody que le miraba extrañado ante su forma de reaccionar digna de algún veterano como lo era él mismo.

-Aún no me dices lo más importante ¿por qué?

-Porque es la única persona que podría odiar a Voldemort aún más que yo, sin embargo no puede matarlo, esa es mi tarea… la segunda condición que puso para aceptar entrenarme.

-¿Cuál era la primera?

-Antes de matar a Voldemort, debo ser capaz de matarlo primero a él.

Un silencio cayó sobre ambos tras la respuesta, Moody observaba al chico que había aceptado asesinar a su maestro a la edad de cinco años con mucha menor sorpresa que cualquier otro en sus zapatos, no dijo nada pero su ojo normal le revelaba a Harry las dudas que aún le quedaban, por lo que se decidió a continuar.

-Igual que yo él lo perdió todo, más de una vez, incluso dejo de existir para buscar la forma de acabar para siempre con el innombrable, pero cerca del final eso llegó a ser su único propósito, ya no tenía la fuerza para terminarlo así que decidió encontrar a alguien capaz de concluir su camino y que aún tuviera uno delante de éste…

-Ahí es donde entras tú.

El pelinegro asintió y ambos guerreros, el joven y el veterano, se sumieron nuevamente en un silencio reflexivo, lentamente Moody levanto su varita bajo la atenta vista del ojiverde y una corte apareció en su palma dejando caer unas gotas sobre el pergamino, con una sonrisa el Potter lo emulo y el contrato quedó sellado.


-¡En verdad siento mucho llegar tarde! ¡Pero le aseguro que pase por las calles que cruzaban con esta, al menos cien veces, y no la encontraba! –Se continuaba disculpando una jovencita de unos dieciséis o diecisiete años, con cabello purpura, rostro en forma de corazón, camiseta y vaqueros, mientras seguía a un Moody que ya se estaba arrepintiendo de haber aceptado volver a la tutoría de aspirantes a auror.

-Ya te dije que no importa –le espeto por decima vez.

En realidad Moody sabía que la chica había llegado tarde más de una hora porque Harry colocó un hechizo en su calle para aislarla y que nadie la notara mientras él estaba allí, razón por la cual nadie se percató del alboroto que armo el chico al volar la puerta o Moody al volar el resto de la entrada, sin embargo en todo el tiempo que se tomaron para arreglar sus negocios el auror había olvidado que esperaba a su "otra" aprendiz, la cual por ese mismo conjuro había pasado rodeando la misma calle una y otra vez sin dar con el domicilio del veterano soldado, tenía que admitir que la chiquilla tenía voluntad, o terquedad por dónde se lo viese, cualquier otro habría tirado la toalla a los veinte minutos, ni se diga una hora.

-Pero…

-¿Viniste a hablar o a aprender? –Le cortó bruscamente- ahora pasa a la sala hay alguien más que estará presente en la lección, y que no se repita –agregó de último mientras iba por unas cosas.

Aún algo extrañada por la situación paso al lugar indicado en donde ya se habían movido los muebles para dejar un espacio libre.

-Hola.

La voz un poco infantil aunque algo seca la tomo por sorpresa ya que no había visto al niño sentado a un lado de la entrada, por reflejo dio un respingo tirando una mesita a su lado, intentó salvar el reloj sobre esta pero esto solo salto entre sus dedos varias veces antes de caer y… levitar en el aire, paso un momento antes de que el reloj volviera a colocarse sobre la mesa, paso otro más hasta que la chica de extraño color de cabello se diera cuenta de quien había salvado el objeto.

-No pretendía sorprenderte –se disculpo el moreno guardando su varita, la joven en cambio le contesto con una sonrisa cargada de alivio.

-No te preocupes esto me pasa siempre –le aseguró acercándose- pero no habría sido una buena manera de empezar con un nuevo maestro que seguro ya piensa mal de mí por hacerlo esperar una hora ¿no crees?

-Sí… seguro –contestó tratando de sonar casual.

-Pero, no se supone que hagas eso fuera de Hogwarts, no recibiste la nota o ¿finalmente Dumbledore dejo de enviarlas? –Preguntó lo ultimó con un toque de emoción, Harry pestañeó, no estaba acostumbrado a tratar con personas tan "animadas" tratando de ser cortes empezó a contestarle.

-Nada de eso, es solo que aún no he empezado el colegio –le corrigió antes de salirse por las ramas- hay una especie de laguna jurídica en ese asunto.

-¿En serio? –El pelinegro asintió- ¡y yo me entero cuando estoy por cumplir la mayoría de edad! Sabes, me siento como si hubiera desperdiciado la mitad de mi vida, por cierto me llamo Nimphadora Tonks, pero si me llamas por mi nombre lo lamentaras prefiero que me llamen Tonks –Harry la miro un rato extrañado, su padrino siempre había sido del tipo bromista así que no le era extraño una persona que actuara así, pero en Sirius podía sentir un peso y preocupación constantes, de esta bruja en cambio… bueno sentía que todo lo decía de forma natural y a juzgar por sus pensamientos decía lo que le pasaba por la cabeza sin meditarlo mucho, lo cual ya era bastante extraño, la escucho hablar un rato más hasta que Moody volvió con un extraño aparato parecido a una radio antigua- Wuau, ¿Para qué sirve eso?

-Es un MRM –ante la cara que puso Tonks el viejo se dispuso a explicar- Medidor de Resonancia Mágica, es un modelo viejo pero servirá, antes cuando un auror ingresaba a la academia se realiza una medición del alcance de sus poderes o la fuerza de su núcleo mágico para saber si podría con el entrenamiento avanzado, entonces se necesitaba un mínimo de 85 para ingresar a la academia –prosiguió mientras encendía el aparato y tomo dos varillas conectadas a este, su ojo mágico se centro en Harry a su espalda sin que este lo notara- hoy en día se sabe que el control de tu magia te permite el mismo resultado, pero si tu conteo es mayor tus hechizos son innatamente más fuertes y te permite realizar conjuros con menor agotamiento, además este número sigue incrementándose durante toda tu vida a no ser que dejes de usar tus poderes de forma permanente –finalmente tenía el aparto listo- no es para decisiones absolutas pero me dará una idea de cuáles serán las mejores prácticas.

Solo entendió la mitad de lo que dijo pero la aspirante a auror tomo las varillas y tras unos segundos la aguja alcanzó un 76 y se quedó allí, Moody asintió, estaba bien para empezar pero tendría que poner atención en hacerla practicar su resistencia, un poco más expectante se los paso al moreno. Sin importar la sorpresa, o leve indignación, en la cara de la metamorfomaga para Moody fue poco desconcertante, el 165, si acaso lo encontró un tanto decepcionante, era sin duda un promedio respetable para cualquier mago adulto, incluso entre los mejores aurores, hasta donde recordaba su promedio rebasaba los 240 y el de Dumbledore era algo más del doble, Voldemort estaba en ese mismo nivel. Sin embargo esperaba algo más de ese niño, pensó que tal vez estaba ocultando algo, que no hubiera escuchado de una forma de ocultar tu MRM no implicaba que no existiera.

-¿Quién eres tú? –Le preguntó un poco de reproche y sorpresa Tonks al moreno luego de ver la cifra que alcanzó.

-Tu compañero de prácticas –contestó Moody por él ante la sorpresa de ambos- ambos saben lo básico de batirse en duelo así que veremos de lo que son capaces.

Con un movimiento despejo la sala, Tonks se vio extrañada pero Harry se limitó a sacar su varita y apartarse unos pasos sin despegar su vista de ella, la peli violeta decidió no prejuzgar al chico solo por su edad y agradeció haber visto esa cifra antes, sin saber que eso no haría mucha diferencia.

-¡Expelliarmus! –Exclamó la chica de entrada el tiro fue directo pero igualmente el ojiverde lo desvió sin problemas y luego se limitó a esperar el siguiente ataque, Tonks continuó atacando con un creciente sentimiento de frustración al ver como ningún conjuro que conocía lograba alcanzarlo, él solo continuaba allí de pie bloqueando o desviando las ataques- ¡Ya has algo! –Le reclamó luego de 15 minutos sin cambios con la frente empapada en sudor.

-Desmaius –fue la respuesta del chico tomándola por sorpresa antes de salir volando al otro lado de la estancia sin sentido.

¡Revancha! Fue lo primera que dijo Tonks al despertar Harry solo asintió ante la afirmativa de Moody pero luego de cuatro intentos con iguales resultados el auror dejo el asunto por zanjado antes de hacerle algunas recomendaciones sobre conjuros que le convendría practicar para su siguiente reunión, una vez que la chica, que parecía más emocionada que decepcionada por sus derrotas prometiéndole que la próxima vez lo vencería, se fue, Moody observó largamente al chico antes de preguntarle.

-¿Te sientes satisfecho?

-No fue precisamente un duelo difícil, pero no es lo que querías saber verdad. Y bien ¿Cuál es el veredicto?

-Que es bueno que no te sientas satisfecho porque no tienes por qué estarlo en absoluto –contestó con algo de brusquedad, Harry lo observó interesado si bien no esperaba una crítica tan cruda eso significaba que Moody en verdad tenía mucho que enseñarle- la única diferencia entre esa chica y tú es la cantidad de hechizos que saben usar y la coordinación con sus pies.

-¿A qué te refieres? –Lejos de sonar ofendido Moody notó que el Potter sonaba por primera vez interesado en algo.

-Lazar maldiciones, bloquearlas en resumen atacar frontalmente, si conoces los bloqueos y ataques adecuados eres como un dragón acorazado, casi invulnerable y devastador a tu paso –explicó Harry entendía a lo que se refería, esa era su forma de atacar pero nunca le había representado un problema- pero hasta un dragón puede caer por el conjuro más simple en un punto vulnerable. Muchos magos obtienen tal dominio de los bloqueos que son prácticamente intocables y con suficientes maldiciones en su haber se creen invencibles –le relató, no con despreció sino con dureza y un rastro de decepción- sin embargo hasta el mejor escudo tiene una abertura y él día que alguien la encuentra ese será sin duda su último día.

-¿Puedes enseñarme a hacer eso? –Fue lo único que preguntó el chico, ante la mirada interrogante de Moody se explayó- ¿Puedes enseñarme cómo encontrar ese punto?

-A su tiempo Potter –le contestó cortante- que cada escudo tenga un punto débil no significa que cualquiera pueda encontrarlo, de momento nos centraremos en hacer que veas cuales son los tuyos.

No dijo nada más antes de lanzar su primera maldición contra el moreno que ya la desvió por un pelo, sin embargo los ataques continuaron, algunos transformaron el piso haciendo que fuera más difícil caminar mientras que Moody aprovecho para usar un sillón como barricada, solo sacaba su varita para lanzar más conjuros pero gracias a su ojo no necesitaba arriesgarse asomar la cabeza a diferencia de Harry que luego de imitar una barricada con una mesa no paso más de diez minutos antes de ser abatidos por una de las maldiciones del auror, cuando despertó, Moody lo estaba esperando con su expresión de siempre, desconfiado, atento y adusto.

-Si no te lo vas a tomar en serio mejor vete chico –le dijo bruscamente, mientras se levantaba sonrió de lado.

-Te diste cuenta, eh –comentó quitándose la chaqueta, una camiseta sin mangas permitía ver un par de enormes tatuajes de curiosas formas, un fénix y un dragón abarcaban desde los omoplatos hasta los codos, pero lo extraño era la forma en que con sus alas abrazaban los antebrazos, espalda, pecho y abdomen del hechicero como si fueran cadenas, que dudosamente estaban allí por la moda- mi restricción tiene un motivo.

-Si quieres que te enseñe tienes que decirme algunas cosas, no me interesa lo que hayas hecho para estar así –se adelantó a lo que podría suponer el pelinegro- pero algo capaz de bloquear tu magia es un dato importante, si puede interferir con lo que tenga que enseñarte conviene más que me lo digas –le avisó secamente antes de volver a ponerse en posición, Harry hacía lo propio mientras llevaba una mano a su brazo izquierdo, donde tras un murmullo el ave en el pareció despertar retrayendo sus alas para liberar su presa e iluminando su mirada.

-Segundo asalto entonces.


¡TRASH!

-¡¿Pero por qué? Un intento más...

-¡Ya déjalo niña, has hecho diez intentos! –Le reclamó Moody ya cansado- además esto no es un ejercicio sino una verificación, y ya constatamos bastante cuál es tu punto flaco D-I-S-C-R-E-C-I-Ó-N –recalcó haciendo que Tonks bajara la cabeza como niña regañada.

La sala en esos momentos había sido arreglada para una pequeña prueba de sigilo, el piso era mucho más resbaloso y los muebles habían sido colocados de modos que tuvieras que sortearlos para atravesar el salón, caminar con sigilo sirve igual para evitar resbalar, si sabes hacerlo en realidad no es ningún problema. Moody acostumbraba hacer pruebas simples solo para encontrar cuales eran las fallas, pasarla no garantizaba que fueras bueno, pero fallarla significaba que tenias alguna deficiencia en ello (o en el caso de Tonks deficiencia absoluta), aún no entendía como aquella chica se las había ingeniado para tirar ocho de los diez muebles en su primer intento, cuando luego de tirar el primero debes volver a empezar, alguna mejora, si es que la hubo, es que en este último solo derribo cinco. Moody la había dejado intentarlo tantas veces por dos razones, en primera para cerciorarse de algo, como esperaba no se rindió en ningún momento, y en segunda por que hasta cierto punto fue gracioso, aún ahora estaba casi reprimiendo una sonrisa. Pero por muy impresionante que fuera la persistencia no le serviría de nada en el campo, allí solo tendría una oportunidad. Salió dejando a sus aprendices solos mientras iba por los materiales para otra pequeña prueba.

Tonks observó a su maestro salir con un aura de depresión mientras observaba a su compañero de prácticas sentado en una esquina aparentemente aburrido ojeando una vieja revista, como había sido costumbre en el último mes apenas si hablaba, no porque ella no intentara sacarle alguna platica, era aburridísimo tomar clases con dos estatuas con caras de póker permanentes que ¡vaya Merlín a saber en que estarán pensando!, aún no conseguía vencer a James en ningún duelo pero ya los mantenía por más tiempo, incluso lo forzaba a tomar acción, esquivar y moverse, en ese momento quería pedirle algún consejo, después de todo él había pasado la pista en un intento y caminando con tal naturalidad que casi parecía como si estuviera paseando, dando un pesado suspiró abrió la boca y…

-No te atormentes Tonks –le cortó antes de que empezara a hablar- ya escuchaste a Moody, esto es solo para saber en qué fallas, tendrás tres años para superar tu torpeza en la academia de aurores –le alentó.

-Suenas como mi madre –masculló de mal humor- y es de mala educación no dejar hablar a los demás ¿sabías?

-Ahora tú suenas igual que Andrómeda -¡auch! Ese había sido un golpe muy bajo, pero fue otra cosa lo que llamó su atención.

-¿Cómo sabes el nombre de mi madre? –Le preguntó extrañada, el chico ni siquiera levantó la mirada de la revista para contestar

-Andrómeda Black, desterrada de su familia por casarse con un nacido muggle, Ted Tonks –resumió como si diera un reporte sin dejar su tono levemente aburrido- no es un apellido que se dé entre los magos pero es aún más extraño alguien que, sin relación, siga la tradición Black y le dé el nombre de alguna estrella a su hija, Nimphadora.

-¿Nunca te han dicho que eres condenadamente irreverente para un chico de tu edad? –Le cuestionó apretando los dientes.

-¿Qué si me lo han dicho? –Repitió con gracia fingida- busca la palabra irreverente en un diccionario y veras una foto mía pegada allí.

-Vamos, eso es lo más… -decía mientras aprovechando que un librero estaba cerca tomo un grueso tomo y empezó a buscar, cuando llegó a la página indicada su mandíbula cayó hasta abajo- ¡Por Merlín! ¡¿Cómo hiciste eso? –Allí estaba una foto de él saludando con el lema abajo que rezaba irreverente.

-Es un hechizo proteico –explicó sin ganas- solo los magos pueden verlo.

-No sabía que se podía hacer eso ¿Esto está en todos los diccionarios?

-Claro que no, aún con el conjuro sí marcas un diccionario solo son afectados los que fueron impresos con ese, pero hay miles de diccionarios diferentes con diferentes ediciones, esa foto fue una especie de broma que una… amiga mía pensó muy divertida hacerme porque la hice enojar, no me gusta mucho la publicidad y ella lo sabe así que se dedico a marcar tantos diccionarios como pudo para molestarme.

-Bueno, pero dejando esto de lado –continuó Tonks devolviendo el libro- ¿No podrías darme un consejo por lo menos?

-Siendo honestos, necesitas mucho más que un consejo –le dijo directamente acomodándose en un sillón- parece que tus pies nunca van a cooperar contigo.

-Gracias –le contestó mordazmente la joven de cabello cambiante.

-Aunque hay otras alternativas –murmuró antes de callarse, pero ya era muy tarde Tonks ya estaba sobre él.

-¡¿Qué alternativas? ¡Vamos! ¡Dime! ¡Por favor!

-¡Déjame respirar y te digo! –Le gritó soltándose- ¿Estas familiarizada con la aparición? –Tras escuchar la pregunta la expresión de Tonks decayó.

-¿Esa es tu alternativa? –Preguntó decepcionada- aunque es una opción no es muy recomendable repetirla varias veces o en cualquier lugar y no es un remplazo del sigilo.

-No, pero conozco un método parecido que sí lo es –ante la interrogante Harry se colocó al principio de los obstáculos y bajo la mirada cada vez más asombrada de la joven de cabellos púrpuras se disolvió en el aire en forma de una niebla oscura que paso velozmente a través de todos los objetos sin siquiera moverlos y volvió a su forma original en menos de un segundo, regresó a ver a la maravillada chica con una media sonrisa- el hechizo es ominus nocturna pero una vez que lo haces debes mantener tu mente en el lugar al que quieres ir hasta que llegues sino volverás a la normalidad en medio camino y eso es más peligroso que escindirse puedes quedar aplastada en medio de un muro o algo peor, es un poco más lento que la aparición pero absolutamente silencioso y se puede realizar incluso dentro o a través de protecciones.

-¿En serio? –Preguntó emocionada- ¿Dónde aprendiste a hacer esto?

-¿Quieres que te cuente la historia o quieres intentarlo? –Respondió evasivo.

Solo pudieron hacer un intento ya que Moody regresaría pronto y no salió perfecto pero Tonks estaba que saltaba de alegría por haber atravesado la sala por completo solo tirando la última mesita, no consiguió mantener la concentración todo el tramo y su avance como niebla era mucho más lento que el de Harry, aunque era la primera vez que veía a un mago usar ese conjuro, él lo había diseñado a partir del viaje sombra de los vampiros para que un mago normal pudiera viajar así pero no lo necesitaba (lo creó porque pensaba que podría serle útil a Sirius). Como fuera, Tonks le pareció merecedora de obtener aquel pequeño presente, solo necesitaba persistencia y lo perfeccionaría con el tiempo, así que podía dar por hecho que lo haría.


La brisa mañanera sacudía levemente la oscura túnica del hombre al abandonar el bar titulado como "Las tres escobas", varios se preguntaban como haría dicho individuo de piel cetrina para sobrevivir al calor del medio día en pleno verano con semejante conjunto de ropas, sin embargo este no les prestaba la menor atención, concentrado en su trayecto por el camino abandonaba el pueblo en dirección del formidable castillo de piedra que desde hace 1 milenio se alzaba orgulloso entre las colinas.

Una mujer de severa expresión, que se veía un poco turbada en esos momentos, lo esperaba en la entrada y se sumo a su trayectoria tras intercambiar un breve saludo con él.

-¿Sucedió algo? –Preguntó el recién llegado con calma mientras avanzaban, sin embargo estaba tan atento a las palabras de su escucha como lo estaba del camino que le faltaba por recorrer para encontrar las respuestas. Está solo negó con los labios apretados en gesto de frustración.

-Sé lo mismo que tú Severus –le contestó- Albus insistió en que estuviéramos todos los jefes de casa para dar las noticias.

-¿Los jefes de casa? –Repitió deteniéndose para asegurarse de haber escuchado bien, la directora de la casa Gryffindor lo imitó.

-Así es, yo también le pregunte y dijo que solo había mandado a llamar a los jefes de casa –un leve movimiento de sus ojos, apenas perceptible para los ojos negros del hombre frente a ella, constataron que estaban solos en antes de que continuara- no llamó a nadie más de la orden.

-En tal caso no debe ser algo serio –dedujo el hombre retomando el camino con un leve tono de irritación, aunque también de alivió. Si bien el director podía haberle enviado una lechuza con todo el asunto en lugar de tenerlo al pendiente, la expresión de su colega sin embargo no abandonó su preocupación anterior.

-También pensé eso, pero… Albus parecía preocupado –eso logró hacer que el profesor de pociones se detuviera otra vez, ambos cruzaron miradas un rato antes de reanudar su marcha con mayor prisa que antes, al cruzar la gárgola de la entrada fueron recibidos por el típico pase desde el interior.

En la oficina del susodicho ya se encontraban los jefes de las casa de Hufflepuff y Ravenclaw ya se encontraban allí con la misma confusión ante el motivo de aquella imprevista reunión, el director por su parte se encontraba frente a su ventana con la mirada perdida en el paisaje.

-¿Cuál es el motivo de esta reunión señor director? –Preguntó directamente el jefe de Slytherin, no tenía la paciencia de sus colegas para esperar a que el Mago superior les explicara para que habían sido llamados, ante esto Dumbledore suspiró pesadamente antes de encarar a su cuerpo docente.

-La razón Severus… son en realidad dos, no estoy seguro de cuál sea la principal –los presentes parpadearon ante la extraña respuesta, pero el hombro solo continuó- ya que no fui yo quien organizo esta reunión sino que Alastor me pidió que los reuniera para decirnos algo.

-¿Moody? –Gruñó Snape.

-¿Para qué nos reuniría Ojo Loco? El detesta tratar con la gente –intervino la profesora Sprout, aunque un poco reprensibles sus términos fueron en realidad los más precisos para definir la actitud del huraño hombre.

-Supongo que tienes por lo menos una sospecha Albus –esta vez la vocecilla del pequeño profesor Flitwick fue la que intervino.

-Una, y es por eso que les he pedido venir un poco antes de la hora a la que cite a Alastor –empezó mientras se sentaba tras su escritorio- hay pocos motivos por los que alguien como él pediría una audiencia –le dio una significativa mirada a la profesora de herbolaria- pero creo que solo una tarea que le haya encomendado requeriría que pidiera vernos, la misma tarea que ha mantenido la orden como prioridad los pasados diez años.

Ahora tenía sin lugar a dudas la atención del grupo, aunque todos demostraron sorpresa las reacciones adjuntas fueron bastante variadas, los directores del águila y el tejón se notaban ansiosos, la directora de los leones parecía un poco esperanzada y finalmente el líder de la casa de la serpiente pareció superar su sorpresa por incredulidad.

-¿En verdad cree eso, Director? Hemos pasado diez años sin una sola pista, ¿Por qué de repente piensa que Moody pudo haber encontrado algo?

-Han habido pistas Severus –le contradijo suavemente el anciano para sorpresa de todos- no han sido muchas ni muy concluyentes, más que todo indicios y es por eso que he limitado esta información a Alastor, no quería involucrar a nadie en caso de que se tratara de un error –explicó su discreción a modo de disculpa.

-¿Y fue un error? –Volvió a inquirir el maestro de pociones entornando los ojos, Dumbledore negó.

-Yo mismo tuve la oportunidad de ver a Harry hace algunos meses –dijo reposadamente y aquello fue un disparador que fue capaz de dejar su oficina completamente muda unos segundos antes de que sus profesores empezaran a bombardearlo uno tras otro con toda clase de preguntas.

-¿Cómo que lo viste?

-¿Se encuentra bien?

-¿Por qué no nos avisaste de esto Albus?

-Por favor cálmense –llamó al orden, sin perder la calma- lo que encontré cuando lo vi… fue algo que francamente no entraba en mis cálculos y calcule desde las mejores hasta la peor de todas las situaciones.

-¿Y él en que parámetro esta? –Preguntó finalmente el Slytherin que se había mantenido expectante desde la noticia principal.

-De la poca información que he podido reunir acerca de él, no parece seguir el ideal de Voldemort o alguno parecido… pero tampoco puedo precisar que es realmente lo que busca.

-¿Si ya había dado con él por qué no lo trajo con usted? –Preguntó con mayor interés Snape, eso era algo que realmente lo confundía, con una larga exhalación el viejo contestó.

-Porque se me escapó –otra respuesta no anticipado que volvió a dejar en shock momentáneo a los presentes.

-¡¿CÓMO?

-Él dijo… que me le escape –la voz de alguien que acababa de entrar los distrajo a todos con una escena sumamente curiosa.

Moody acababa de llegar… pero no estaba solo, una joven pelirroja envuelta en un traje de cuero negro con dos espadas cortas en su cinto venía con él y entre ambos quien había hablado, un chico tan joven como el menor de sus estudiantes aunque era difícil decirlo a primera vista, su expresión parecía tallada en piedra y sus ojos como dos pedazos de jade, también vestido de negro pero diferente a su acompañante su vestimenta era lustrosa, como si fuera nueva. Sin esperar ninguna invitación se acercó al grupo de maestros y en un veloz movimiento sacó su varita y conjuro tres sillones acolchados individuales, en uno de los cuales se sentó sin perder de vista a los cinco adultos.

-Lamento la interrupción –se disculpó- pero ya que estaban hablando de mí a mis espaldas diría que ambos cometimos cierta falta de cortesía, ¿continuamos?

La mayoría se quedaron de una pieza por sus palabras pero hubo uno al que solo parecieron arderle las entrañas por ello.

-Chiquillo arrogante quien te crees para…

-Severus, por favor –le cortó el director antes de volver a centrar su atención tanto en sus visitantes como en su viejo amigo el cual simplemente le dirigió una mirada significativa al muchacho como si en ello estuvieran todas las respuestas que pedía, pareció ser suficiente ya que ahora se fijo en el muchacho nuevamente había crecido lo suyo desde la última vez que lo vio en la madriguera- es un placer volver a verte Harry.

-El placer es mío profesor, sobre todo ahora que terminamos nuestro pequeño juego del gato y el ratón –agregó en forma de broma que hizo al anciano sonreír cálidamente.

-Puedo preguntar a que se debe –indagó, aunque serio, levemente decepcionado, en cierta forma el anciano mago había disfrutado de la frustración en una tarea cada vez más complicada e interesante como era la búsqueda del joven frente a él, al menos desde que supo que en realidad no corría peligro serio, y el mismo chico sabía que de haberlo prolongado un año más habría sido atrapado.

-Termine mi instrucción –declaró sencillamente- mi maestro dijo que una vez hecho eso podía hacer lo que quisiera.

-¿Y quién se cree él pare tener dicha autoridad? –La intervención de Severus Snape comenzaba a fastidiarlo pero sabía bien que tenían motivos de sobra para desconfiar de él.

-Eso es algo que él mismo tendrá que decirles, si es que desea hacerlo –le contestó directamente sin variar su tono, el Slytherin se acercó de forma peligrosa (para su propia persona) en un fútil intento de amedrentarlo lo suficiente para que dijera algo más, pero en lugar de eso la presencia del profesor de pociones casi le causaba diversión.

-No me importa quién te creas que eres chiquillo insolente deberías mostrar un poco más de respeto –Harry solo paso olímpicamente de él dirigiéndose a Dumbledore.

-Su colega debería aprender a medir sus palabras profesor, le pueden dar un disgusto algún día –antes de que alguien pudiera reaccionar la varita de Harry ya estaba afuera y Snape estaba completamente envuelto en un capullo de telaraña- como hoy.

¡CRASH!

Seguramente Snape habría hecho algún sonido por la impresión de ser arrojado por la ventana del director pero estaba muy bien atado por lo que solo se escucho el crujir de la ventana y las exclamaciones de sorpresa.

-¡Harry! –Le llamó Dumbledore sumamente molesto, también había sacado su varita a un velocidad impresionante y ahora regresaba al profesor al interior de la oficina, por primera vez en mucho tiempo alguien lograba amedrentarlo. Moody observó la escena con cierta diversión ante la expresión en los ojos de Snape, que pasaron a ser de estupefactos a iracundos mientras lo sacaban de aquel envoltorio.

-El capullo hubiera evitado cualquier daño –le aseguró de inmediato antes de reparar la ventana y guardar su varita- y estoy seguro de que el pequeño susto le habría enseñado al profesor Snape que no es conveniente adelantarse a juzgar a una persona por su apariencia.

Antes de que este pudiera reclamar algo Dumbledore lo silencio con la mirada, ya había suficiente conflicto sin que los antiguos rencores del profesor hacía un Potter empezaran más.

-¿Me dices que tu educación termino? –Prosiguió como si nada, el chico asintió- ¿Puedes demostrarlo?

-Claro

Al instante sacó de la bolsa que llevaba colgada al hombro un paquete, que empezó a desdoblar hasta convertirlo en un magnifico baúl de viaje, sin embargo no fue tan impresionante como el ver el interior del mismo tras seguir al joven pelinegro dentro del tercer compartimiento. En este fue, claro está, el jefe de Ravenclaw el más entusiasmado, habían docenas de artefactos encantados, desde tazas hasta muebles y una lustrosa escoba de carreras.

-¡Impresionante! –Dijo con su vocecita una octava más alta por la emoción- ¿Tú hiciste todo esto?

Por respuesta abrió uno de los cajones y rebusco hasta dar con un pedazo de lata, un pase de su varita y este se desenvolvió en forma de una avecilla y empezó a volar por toda la estancia bajo la mirada del profesor que brillaba ante tan esplendida exhibición.

-Un truco barato de exhibición –dijo Snape despectivamente ganándose una mirada indignada de su colega.

-La animación completa de un objeto es uno de los encantamientos más complicados –le reprendió antes de volver su tono levemente burlón- deberías saberlo Severus, ya que casi repruebas mi examen en eso –le recordó ganándose una mirada odiosa.

-¿Qué hay en esta? –Intervino la directora de Hufflepuff tratando de desviar el tema hacía el objeto que por mucho era el más grande en la habitación cubierto por una gran manta.

-Uno de mis grandes orgullos –fue la contestación del chico mientras destapaba la motocicleta, los ojos de Dumbledore centellearon levemente pero nadie más expresó algo salvo por el profesor de encantamientos que se revisaba con hechizos de verificación los encantamientos generales sobre la máquina totalmente maravillado.

-¡Todos son de presencia permanente! ¡Eres en verdad extraordinario muchacho! Esto es…

-Ilegal –completó el profesor de pociones mirando con despreció el artefacto que le recordaba enormemente a una de las personas que más detestaba.

-En realidad no –le contradijo Harry con tranquilidad ganándose una mirada fulminante de este- la ley de uso incorrecto de artefactos muggle tiene una pequeña laguna al respecto, en tanto yo no use la moto, que no la he usado, no constituye una violación lo que esta pueda hacer.

-Dejando de lado eso sigue siendo un trabajo admirable jovencito –prosiguió el pequeño profesor sin dejar de ver el artefacto con admiración.

-Eh… gracias –le contestó un poco extrañado, era quizá la primera vez que alguien lo elogiaba por su trabajo. Generalmente si lo hacía bien su recompensa era no morir de una manera terrible, agonizante y dolorosa. Sentía que le debía algo a aquel profesor así que dando un leve silbido llamó al ave que revoloteaba sobre su cabeza y con una leve transformación (que fue observada atentamente por la profesora McGonagall) le paso al hombrecito una copia exacta del águila de su casa, tras una verificación notó maravillado que la figurilla también tenía un encantamiento permanente- considérelo un recuerdo.

Filius casi fue de saltitos hacía la siguiente habitación la cual lo dejo, de ser posible, aún más impresionado, no por nada había sido campeón de duelo en su, ya lejana, juventud, eso sin contar con los complejos encantamientos en los muñecos de práctica, casi tuvieron que arrastrarlo fuera de allí para pasar al quinto compartimiento. En este fue el turno de la directora de Hufflepuff para entusiasmarse, el detalle personalizado en cada huerto y tipo de planta era admirable al igual que los resultados, entraron entonces en una verborrea bastante técnica de nombres de plantas en latín que solo Snape y Dumbledore reconocieron en su mayor parte, el segundo bastante impresionado y el primero irritado ante aquel engreído muchacho, pero ni siquiera Snape pudo evitar quedarse asombrado por la, a impresión suya, magnifica área de pociones. Había un par de instrumentos (una cúpula de cristal bajo un soporte) que no supo identificar pero por lo demás recorrió todo a detalle sin demostrar lo maravillado que se encontraba, aunque eso no cambiaba su actitud hacía el muchacho sino más bien la reforzaba.

-Un equipo impresionante, lástima en qué este en semejantes manos, seguro no has preparado algo más complicado que una sopa aquí –murmuró con toda la malicia posible ganándose una mirada irritada de Natalia, una casi divertida de Moody y una inexpresiva del mismo Harry, que levanto su varita otra vez, pero cuando Snape estaba listo para hacer lo mismo el conjuro abrió un gabinete a lado del profesor.

-Ya que usted es el experto, por favor dígame –le pidió de manera casual señalando su inventario de pociones.

Algo receloso el hombre metió su ganchuda nariz empezando a revisar los frascos con creciente incredulidad. Con todo, él no era un maestro en aquella área solo porque sí, podía identificar casi cualquier poción, a simple vista, olor o gusto, pero aun así se negaba a aceptar que aquel chiquillo hubiera alcanzado semejante maestría en preparación de pociones a su edad, o a cualquier otra.

-Supongo que tienes al menos instrumentos de verificación –le dijo disimulando lo que pensaba.

-En la gaveta de la mesa de trabajo están los instrumentos ordinarios –le señaló, sin parecer en absoluto molesto con el profesor que dudaba de su habilidad, desde el armario donde se guardaban los ingredientes brutos los cuales eran revisados por la profesora Sprout, con la cual intercambiaba opiniones acerca de los mejores tratamientos para las plantas antes de ser usadas en pociones. Está igual que Flitwick en su momento parecía emocionada por tener alguien con quien hablar de su asignatura predilecta, aun cuando hubiera pocas cosas que restaran por enseñarle a aquel chico.

Ignorándolo luego de recibir la información Snape siguió a la mesa en el centro tomando algunos de los instrumentos allí verifico lo que temía, las pociones de verisaterum, multijugos, Félix felices, veneno sempiterno y otras pocas que llevaba eran autenticas, resopló claramente fastidiado por esto regresando los reactivos a su lugar cuando algo en la gaveta llamó su atención, una piedra parecida a un rubí cubierta de polvo, en un inicio la tomo por un verificador de toxicidad pero no era nada parecido.

-Severus –las voz del director lo distrajo de su análisis pero la cara de este lo hizo aún más, había estupefacción como no la había visto jamás- ¿Podrías dejarme ver eso por favor?

-Sí señor –le contestó aún confundido por su reacción, cuando lo vio revisar aquella piedra con tal escrudiño que solo incrementó su curiosidad, de pronto pareció encontrar lo que buscaba y su gesto se volvió un poco preocupado.

-Harry –llamó este se volvió y tras cursar miradas con el director y lo que este sostenía para atar cabos- ¿Serías tan amable de explicar esto?

-No hay nada que explicar –contestó simplemente- fue mi proyecto final para graduarme como alquimista –la expresión en los ojos de Dumbledore se volvió todavía más sorprendida al escucharlo, se quedaron viendo un largo rato antes de que el anciano profesor decidiera que el muchacho decía la verdad.

-¿Qué tal funciona? –Preguntó finalmente curioso pero sin rastro de malicia.

-Bien supongo –contestó encogiéndose de hombros- pero si me pregunta mi opinión creó que fueron tres años de trabajo prácticamente inútil.

-¿Y eso?

-Hasta ahora solo me ha servido para perder calderos de peltre. Le mostrare –agregó al ver la expresión extrañada del director.

Se acercó al lugar donde guardaba los calderos y extrajo uno mediano de color negro, lo observó un rato antes de suspirar con derrota y llevarlo hasta la mesa, ahora todos le prestaban atención. Puso el caldero dentro de la cúpula de cristal antes de colocar la piedra en un soporte por encima de esta y la pinchó con su varita murmurando un hechizo, al instante un conjuro iluminó por completo el caldero como si de pronto estuviese al rojo vivo, pero solo duro un instante antes de desaparecer, cuando los ojos espectadores se recuperaron del destello se quedaron sin habla, dentro de la cúpula ahora había un caldero dorado brillante, tras retirarlo los profesores se miraron entre sí, McGonagall no pudo evitarlo empezó a revisar el estado de la transmutación, los resultados no le aclararon mucho en realidad, salvo por una cosa.

-Oro macizo –confirmó lo que pensaba el resto antes de regresar a ver al director- ¿Cómo es posible Albus?

-Solo de una forma –respondió sin alterarse señalando la piedra sobre el cristal- una piedra filosofal.

-¡Pero eso no puede ser! –Intervino airadamente- La piedra está… -se cortó casi a punto de hablar de más- sabemos que no puede ser esta.

-No lo es –aclaró Dumbledore- la de Nicolás está a salvo, esta aparentemente es de Harry.

-¡Es imposible! –Exclamó rudamente Snape, todos los demás incluso Moody estaban demasiado impactados por la noticia para decir algo.

-Podríamos confirmarlo más tarde –propuso inalterable el director- sería una buena oportunidad de probar las protecciones.

Sin dar lugar a más objeciones el director pidió a su joven anfitrión que prosiguiera hacía el siguiente compartimiento. Esta vez fue el turno de McGonagall para explayarse en su especialidad, la habilidad de transmutar de Harry era variada pero muy elemental se había centrado en la conjuración de objetos de cualquier clase y la transformación de terrenos completos, era impresionante sin duda su manejo y adaptabilidad con lo que sabía, eso fue patente al verlo atravesar la pista con un grupo de maniquíes buscándolo durante una nevada, pero era claro que se había centrado en las aplicaciones bélicas y de supervivencia que podía obtener de esa asignatura, con todo era patente que estaba en un nivel muy superior al que cualquier alumno de Hogwarts se encontraba tras aprobar sus EXTASIS en las asignaturas principales. Al llegar al octavo compartimiento pudieron darse un descanso mientras Harry utilizaba algunos ingredientes que había recogido del invernadero y preparaba con magia un almuerzo completo en instantes bajo las miradas de incredulidad de los maestros, una que se incrementó cuando todos se sentaron a comer y probaron que en verdad el joven mago era tan hábil en la cocina como en la magia, Moody había visto al chico cocinar varias veces mientras estaba en su casa pero era la primera vez que comía lo que preparaba (él siempre se preparaba lo que comía, pero en esta ocasión decidió que se podía hacer una excepción)

-Una comida deliciosa Harry –le felicitó el director claramente impresionado por la calidad de la cocina que igualaba a los elfos domésticos de Hogwarts.

-Mi maestro me enseño mucho más que solo magia de combate, una vez me dijo que algunos de estos hechizos fueron obra de la misma Helga Hufflepuff pero no me dijo de dónde los saco –comentó el chico ahora llevándolos por la sala hasta la puerta que daba al último compartimiento, pero antes de entrar se volvió contra los invitados- por favor sáquense las botas, la alfombra es un recuerdo muy valioso.

Acto seguido el mismo se quito sus bostas igual que Natalia y Moody, los maestros lo imitaron, incluso Snape a regañadientes. Sin embargo toda protesta que el Slytherin pudiera tener quedó olvidada, la "alfombra" de la que Harry había hablado era en realidad un tapete… que cubría todo el suelo, casi 490 m2 cubiertos por una piel que cualquier mago que estudiase criaturas peligrosas que se respete habría identificado, a Hagrid se le habrían ido las lágrimas de haber entrado allí, había de menos dos mantícoras disecadas, tres quimeras, una cabeza de Gorgona, un enorme gigante disecado y… un basilisco fijo en forma de S en el muro, curiosamente habían algunos trofeos empolvados sobre unos pedestales pero solo Dumbledore les llegó a prestar atención en medio de todo aquello. Ni siquiera Moody había entrado allí por lo que se quedó medio pasmado en la entrada igual que el resto, aunque él y Dumbledore parecían menos impactados, aquello solo les confirmaba lo que ya sospechaban.

-Con qué… en realidad aquellas historias eran ciertas –comentó el director pasando su vista desde el basilisco por la piel de nundu y el gigante- "la batalla en el valle de la muerte con el hijo del desierto", "la caída del rey serpiente" y "la lucha de los colosos".

-No debería creer todas las historias que viajan por el desierto profesor –le recomendó Harry aunque su tono sonaba algo tenso, en realidad no le gustaba recordar todo lo que había hecho pero esa cámara estaba allí precisamente para hacer eso, para que nunca olvidara algunas cosas, aquellos monstruos eran solo el inicio, las antorchas estaban llenas de recuerdos que no les mostraría, la espada que ahora reposaba en sus cinto y su propia frialdad adquirida en Azkaban eran acompañantes constantes que le recordarían siempre la clase de monstruo que podría llegar a ser y en el que no quería convertirse. Dumbledore pareció entender su repentino silencio y respetarlo tras un instante en el que nadie más añadió nada la pregunta salió a flote.

-¿Y qué haremos ahora? –Era extraño que fuera Dumbledore, quien siempre tenía una respuesta para todo, el que preguntara aquello aunque pareció hacerlo tanto para sí mismo como para Harry.

-Honestamente yo preferiría dejar las cosas como están –le dijo directamente- la comunidad mágica ya piensa que estoy muerto y quienes me interesa que sepan lo contrario ya lo saben, no podría estar más a salvo ¿o sí?

-Tal vez –concordó Dumbledore- pero no puedes esconderte por siempre Harry.

-En realidad si puedo –discrepó de los más natural- pero no está en mis planes.

-¿Y cuáles son esos? –Preguntó con un poco más de brusquedad el profesor de pociones entornando su mirada sobre el pelinegro.

-Separar la cabeza de Voldemort de su cuerpo, en cuanto consiga uno de nuevo –le contestó directamente mirando el gigante con mirada ausente ignorando los gritos y expresiones de sorpresa y miedo que arrancó el nombre, solo Dumbledore, Moody y Natalia manejaron el guardar sus expresiones neutrales.

-¿Cómo planeas conseguir eso Harry? –El chico le dirigió una mirada cansina al director.

-Escúcheme, usted es libre de desconfiar de mi todo lo que quiera pero del mismo modo no puede esperar que yo confié solo por ser quien es.

-Quiero confiar en ti Harry y del mismo modo me gustaría que confiaras en mí –contestó Dumbledore con calma- pero no me das muchos motivos para hacerlo.

-¿Porque no sabe nada de mi? –Preguntó de forma retórica el pelinegro- es curioso, yo siento lo mismo pero por diferentes motivos, sé todo acerca de usted profesor y esos son motivos suficientes para que prefiera guardarme algunas cosas.

-¡Esto es demasiado! –Para sorpresa de todos, esta vez no fue Snape quien interrumpió sino McGonagall que parecía bastante indignada- no pretendo entender sus motivos Sr. Potter pero Albus Dumbledore ha dedicado su vida a combatir las artes oscuras y…

-Claro que lo ha hecho, aprendió bien su lección la primera vez –interrumpió sin apartar la mirada de los ojos del director, este le devolvía la mirada con pasividad pero el chico podía sentir que no estaba tan calmado como aparentaba, podía percibirlo, no era turbación, ni siquiera sorpresa o temor por haber sido descubierto, era dolor, enterrado muy profundamente. De alguna forma eso elevó un poco más la impresión que tenía del experimentado mago, en realidad le tenía un gran respeto pero también sabía que no podría confiarle la verdad, no aún- fue por lo que Aberforth te rompió la nariz, por lo que nunca la arreglaste, la verdadera razón por la que nunca tomaste el puesto de Ministro de Magia.

-Pero qué…

-Déjalo Minerva –la atajó calmadamente Dumbledore con su atención fija en el muchacho, se veía claramente avergonzado pero no molesto- si sabes todo eso puedo entender que no confíes en mi.

-Mi problema es que usted no confía en si mismo profesor –le dijo con un poco más de empatía por lo doloroso que podía ser recordarle aquello- no sé si será capaz de hacer lo que hay que hacer cuando la piedra de resurrección entre en la ecuación –ante esto la mirada de Dumbledore recuperó su fuerza y se centró en el de nuevo.

-¿Voldemort la tiene?

-Llegó a él como la capa llegó a mi padre, herencia de los Peverell –explicó llanamente- no son el punto principal pero tienen mucho que ver en esta historia.

-Entiendo…

-¿Se puede saber de qué están hablando Albus? –Intervino nuevamente la sub-directora mirando de uno a otro al ver que nadie le contestaba.

-Nada relevante en realidad –contestó el Potter con tal naturalidad que lo único factible habría sido creerle pero lo que en realidad convenció a los suspicaces brujos que los veían de dejar el tema fue la expresión de su líder.

-En todo caso lo importante ahora que has decidido aparecer Harry es saber que haremos a continuación –continuó Dumbledore como si el anterior intercambió sobre su pasado no hubiese ocurrido- hay cosas que me gustaría tratar contigo.

-Quiere que ingrese a Hogwarts –no fue una pregunta y logró que los presentes posaran su vista en el anciano que se veía sorprendido de que Harry lo hubiese anticipado.

-Tengo la seguridad de que encontraras algo en Hogwarts que te hace falta, tal vez no mágicamente hablando pero sin duda indispensable.

-Usted y mi antiguo mentor tiene mucho más en común de lo que creí –comentó pasando su vista por una de las antorchas en el muro- él dijo que habría cosas que no conseguiría en ninguna otra parte, pero… -anticipó la palabra de su escucha- también dijo que sería mi decisión. Aun así dependerá de usted, si quiere que ingrese a su colegio debe mostrarme que hay algo que pueda aprender de él.

-Y eso sería… -anticipó Dumbledore con una cierta idea de lo que el joven propondría.

Harry se enderezó y Dumbledore pudo ver un leve flash de su propio pasado en él, la forma en que se preparaba para continuar, podía verse a sí mismo tratando de juntar toda su determinación, convicción y valor, todo lo que lo llevó a ser lo que era hasta ese momento y obtener la fuerza necesaria para seguir adelante y enfrentar, no solo a Gellert, sino algo más grande que un duelo. Sonrió a medias al ver que el hijo de James parecía mucho menos nervioso de lo que él mismo estuvo en su momento (seguramente porque aún no se hallaba frente a su objetivo principal), no pudo evitar un cierto acceso de simpatía por el chico, salió de aquellos pensamientos en los que se había sumido cuando Harry retomó la palabra levantando su varita en su dirección.

-Yo, Harry James Potter proveniente del Valle de Godric, te desafió a un duelo de magia, habilidad y poder.

Exclamaciones variadas se dejaron escuchar tanto por el desafió como por la reacción de la varita, una figura fantasmal mayormente escarlata pero con tintes negros con la forma de un dragón salió de ella y flotó inofensivamente aun conectada por un hilo a esta.

-¡¿Pero qué significa esto?

-¡Ya es suficiente!

-¡Por Dios Albus hazlo entrar en razón!

Cortando las protestas de tres de sus colaboradores (el director de la casa Ravenclaw se había quedado absorto al escuchar aquel reclamo de duelo que nunca pensó volver a presenciar en persona) el director hizo algo que los sorprendió todavía más, se acercó un paso y antes de que alguien pudiera reaccionar extendió su varita y la cruzo con la del muchacho.

-Yo, Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore proveniente del Valle de Godric, aceptó el desafió –pronunció con voz solemne y profunda sin romper la conexión entre varitas, el espectro de un fénix dorado y rojo salió de su varita empezó a hacer círculos con el dragón de Harry- Filius, podrías hacer de juez por favor.

Pese al tono amable que empleó su colega lo miró como si el acabará de pedir que cercenara sus brazos, al principió negó solo con la cabeza, no confiando en su propia voz pero la insistente mirada del director prácticamente lo obligó a adelantarse y tocar con la punta de su varita el cruce entre las de los magos enfrentados, la momento las figuras desaparecieron en un resplandor u las varias de ambos magos adquirieron un resplandor momentáneo quedando cerrado el acuerdo.

-Tiene hasta el atardecer para preparase –dijo apagadamente el profesor Flitwick sin explicar nada más el director guío a sus camaradas fuera del impresionante baúl de vuelta a su oficina, el resto los siguió pero una vez fuera y sin decir una palabra Natalia, Moody y Harry dejaron Hogwarts, por las caras de los dos primeros era claro que Harry tendría que dar algunas explicaciones en breve y Dumbledore tampoco se libraría de aquello pero por suerte estas no fueron muy extendidas ya que ambos debían alistarse.

-¿A qué se refiere con eso de prepararse? –Preguntó Sprout a nadie en particular luego de que el director los había despachado amablemente de su oficina, en realidad el resto no había reparado mucho en aquello, hasta donde sabían para un duelo no necesitaban más que sus varitas y sus segundos (Harry se lo había pedido a Natalia antes de retirarse y Dumbledore hizo lo mismo con Snape, con cierta renuencia el maestro aceptó, Natalia accedió de inmediato).

-¡¿Cómo que a qué se refiere? –Preguntó exaltado el profesor de encantamientos, al ver la expresión que compartían todos sus colegas entendió anonadado que ninguno de ellos entendía la situación- ¡¿Qué ya nadie sabe nada acerca de batirse en duelo?

-¿De qué hablas Flitwick? –Intervino Snape bruscamente- dos magos armados solo con sus varitas luchan hasta que uno se rinda, si uno muere antes o queda inhabilitado para rendirse el segundo toma su lugar –resumió pero el pequeño profesor negó con expresión abatida.

-Eso es un duelo simple, un duelo de magia, habilidad y poder es muy diferente –explicó con un entusiasmo mayor incluso al que tenía al impartir sus clases- se permite el uso de cualquier tipo de magia o preparación previa mientras la incluya en el contrato.

-¿Contrato? –Repitió intrigada Pomona Sprout.

-Ambos magos deben presentar un contrato mágico en el que vengan incluidas todas las preparaciones que hayan tenido a bien llevar al presentarse al duelo, este contrato restringe lo que puedan hacer o las libertades que tengan al luchar.

-Entonces ahora están redactando el contrato –dedujo McGonagall.

-¿Pueden usar cualquier clase de cosas en el duelo? –Preguntó Snape un poco interesado.

-No del todo, solo pueden usar cosas que les pertenezcan por derecho, ya sea porque las hayan creado ellos mismos o porque las hayan ganado en alguna forma. El juez, en este caso su servidor, me encargare de revisar que los objetos en el contrato sean legítimos –terminó de describirles con una palpable emoción- hace mucho que no había visto algo así –concluyó con cierto deje de decepción.

-¿Y eso?

-Fueron prohibidos en el estatuto de máximo secreto cuando se considero que incrementaron el riesgo de exponernos ya que tendían a ser muy… expresivos –pareció dudar un momento en cuál sería la mejor palabra para terminar.

-¿A qué te refieres? –Preguntó Snape entornando la mirada.

-¿Expresivos?

-Como ya dije puede usarse cualquier cosa que los magos hayan preparado, incluso granadas como el fuego griego o peor.

Los tres que lo seguían se detuvieron pero el pequeño hombre siguió hasta su despacho para preparase él también, en realidad se sentía casi tan emocionado como si él mismo fuera a batirse de nuevo, había echado un muy buen vistazo a lo que el joven Potter tenía en aquel baúl y estaba seguro de que Albus también tenía sus propias ventajas, por lo que podía asegurar que sería muy interesante.


Era el momento acordado, tanto el joven mago como el anciano se encontraban en los terrenos cerca del bosque prohibido a cierta distancia uno del otro, los contratos ya habían sido entregados y aprobados por Flitwick, este y Dumbledore vestían las túnicas propias de magos aunque estas eran de colores opacos en jaspe y azul claro respectivamente, con mangas un poco más cortas de las muñecas, guantes sin dedos, un par de brazaletes con uno que otro amuleto (piedras escritas con runas) y algunas bolsas colgando en su cinto. Harry por su parte llevaba su traje hecho con la piel del Ragnarok completo, Reaper en su espalda y la varita en su mano, eso se podía ver pero lo que tuviera guardado era otra cosa, sin embargo todo estaba dentro de los parámetros de su propio contrato, al margen del campo se encontraban tanto los segundos a la espera de que fueran necesarios (aunque cada uno sospechaba que aquello podría no presentarse), el Juez y los espectadores (Sprout, McGonagall y Moody).

-Este duelo continuara hasta que alguno de los dos lados se rinda, quede en completa incapacidad para continuar o perezca –en opinión de las dos profesoras aquella advertencia era exceder el ya de por si dramático escenario.

Sin más levantó su propia varita y una chispa voló, casi invisible, a través de los cielos aún teñidos de rojizo y anaranjado.

¡POOM!

El duelo había empezado.

Los reflejos de Harry le concedieron el primer tiro, o podría haber sido solo la iniciativa de Dumbledore concedérselo para darse una idea de qué esperar, pero en realidad fueron dos, un tiro al suelo que no pareció hacer nada y un proyectil de fuego que hubiera atinado certeramente en el anciano pero este no tuvo problema en desviarlo y al mismo tiempo arrojar otro conjuro que volvió el suelo sobre el que estaba el chico un pantano en el que empezó a hundirse.

-Esto durara menos de lo que pensaba –comentó con una sonrisa presuntuosa el profesor de pociones.

-Mejor espera Snape –le recomendó con una media sonrisa el auror cerca de él ganándose una mirada extrañada por su expresión.

Sin una maniobra demasiado complicada el chico se hizo levitar a si mismo fuera del pantano pero tuvo que moverse rápidamente ya que varios aturdidores cayeron como lluvia sobre él, esquivó la gran mayoría sin problema pero uno lo golpeo de frente levantándolo algunos metros del suelo hasta la orilla del lago, por un instante Dumbledore bajo su varita con intención de ir hasta su oponente y verificar que estaba bien, pero eso no fue necesario al verlo levantarse pesadamente luego de aterrizar, dicho sea de paso aquello lo desubico bastante no debería haber despertado al menos por algunas horas, volviendo a su posición de alerta observó como el joven contratacaba formando un torbellino con el agua cercana y lanzándolo sobre él, conjuro un escudo para defenderse pero perdió a Harry de vista, mientras la pequeña marejada pasaba sintió un roce en sus tobillos, el césped cobraba vida y se arraigaba tratando de atraparlo.

-Muy listo –murmuró sonriendo con calma, sabía que si bajaba el escudo para detener las plantas el agua lo aplastaría y de esperar a que se terminara el agua podría ser muy tarde.

Harry mantenía el agua corriendo, esperaba darle suficiente tiempo a su conjuro de enredadera de atrapar a Dumbledore, cuando pareció suficiente (ya estaba medio inundado el campo con unos 1000 litros de agua) dejo de drenar el lago, ni bien detuvo el conjuro arrojo su propia tanda de aturdidores intentando pescar desprevenido al director, pero estos chocaron con una cúpula de roca solida, empezó a sondear en donde estaba su oponente cuando este se descubrió a su costado atrapándolo en unas sogas brillantes, por un momento su cuerpo se volvió incorpóreo pero luego volvía a la normalidad.

-Estas conjuro esta hecho específicamente para evitar que hagas eso Harry, aunque normalmente se utilizaba contra vampiros –comentó Dumbledore amablemente acercándose con la varita a un costado.

-Muy bueno –concedió Harry, Dumbledore inclinó levemente la cabeza aceptando el cumplido- pero aún no es suficiente –retrajo los labios un poco y…

¡FFFFFFIIIIIIIIIUUUUUUU!

GGGGRRRRRRRHHHHHH

Albus Dumbledore apenas consiguió apartarse de las primeras bolas de fuego porque su brillo se telegrafiaba mucho en medio de la noche que ya empezaba a cubrirlos, sin embargo esto le dio tiempo suficiente a Harry para librarse con una de sus dagas y poner distancia al mismo tiempo que Dumbledore se apartaba intentando encontrar de donde provenía el ataque, sus ojos se abrieron con clara sorpresa al ver descender una colosal sombra negra y ponerse protectoramente entre él y Harry enseñando una hilera enorme de amenazadores colmillos.

-¡ESTO ES UNA BURLA! –Aulló Snape- ¡Está haciendo trampa! –Ya se preparaba para salir cuando las varitas de Natalia y Moody lo detuvieron- ¡¿Defiendes esto Moody?

-En realidad él no está violando ninguna ley Severus –intervino el juez llamando su atención e indignación, Flitwick estaba revisando el contrato mágico que tenía en sus manos con gran asombro.

-¡¿Cómo puede no estar violando ninguna ley? ¡Está usando un dragón en contra de su oponente!

-¿Acaso eso es legal? –Preguntó aturdida la profesora Sprout.

-¿Siquiera es posible? –Preguntó a su vez McGonagall sin despegar sus ojos del inmenso reptil.

-Está justo aquí –señaló Flitwick enseñándoles el contrato presentado por Harry- familiar: Colacuerno Húngaro; Minerva…

-¿Eh?

-No, la dragona se llama Minerva –explicó dejando aún más aturdida a la susodicha.

-¿Puede hacer eso? –Indagó incrédulo Snape.

-En tanto el animal en cuestión haya sido entrenado correctamente (es decir que obedezca las direcciones, llamado y orden de detenerse, además de que no se vuelva contra su mago) por el mago en persona, sí.

-¿Cómo puedes saber que Potter entrenó a esa cosa?

-Los conjuros de verificación que hice a ambos contratos hubieran impedido la participación de la dragona de ser de otra forma –le aseguró convencido, él mismo estaba sorprendido por semejante compañía, algunos magos lograba educar animales mágicos de rango 3 de peligrosidad para el combate pero esto no tenía precedentes en absoluto, pero eso no lo hacía ilegal, solo demostraba el dominio que poseía el mago para el cuidado de criaturas mágicas.

De regresó en el duelo Dumbledore acababa de conjurar un escudo que ofrecía cada vez menos resistencia contra el lanzallamas de la dragona, al principio no tenía problemas pero cuando la llama paso de roja a azul el calor traspasó su defensa, el césped bajo sus pies ya estaba seco y pronto no soportaría más el ambiente a su alrededor, Harry por su parte había cortado su atadura y de un salto se hallaba sobre el lomo de su dragona arrojando hechizos para debilitar el escudo al tiempo que le daba indicaciones a Minerva para reducir la fuerza de su flama, no querían rostizar al director solo lastimarlo lo suficiente para obtener algo de ventaja, sin embargo antes de que lo hiciera el escudo colapso de golpe dejando al lanzallamas arrasar una buena parte del claro. Por un momento Harry no supo que había pasado hasta que lo sintió aparecer a su espalda. Se regresó de golpe con un conjuro preparado pero aún con sus reflejos apenas pudo lanzar su conjuro al mismo tiempo que el director, ambos hechizos se cruzaron a medio vuelo el primero dio en directamente en la cara de Minerva que se había volteado al percibir a alguien más sobre ella, como resultado el conjuro le dio justo en los ojos dejándola completamente dormida en el acto, lo propio ocurrió con Fawkes, sobre el hombro de Dumbledore, al recibir el conjuro del sueño profundo de Harry de lleno en el pecho sin poder evitarlo. Por un instante ambos duelistas se vieron con una media sonrisa idéntica al darse cuenta de que ambos habían optado por la misma idea para neutralizar a sus respectivas mascotas, la única forma absoluta de dejarlos fuera de combate sin dañarlos en el proceso, Aun así Dumbledore atrapó a su fénix antes de que este cayera y luego salto del dragón, haciendo un conjuro para suavizar su caída, antes de que se desplomara, el animal ni lo notaría pero para ellos era quedarse de pronto sin suelo por casi dos metros. Harry por su parte tuvo que hacer una pirueta muy compleja antes de levitar ya a unas pulgadas del suelo.

¡TRASH!

Ni siquiera se dio cuenta cuando acabó de espaldas, en verdad que Dumbledore era bastante rápido pese a su edad, a tientas abrió los bolsillos de su cinto y libero su juego completo de dagas.

-Hombros y muslos –musitó sabía que los cuchillos no lo matarían solo conseguiría distraerlo mientras se ponía de pie, aun así se sorprendió un poco cuando vio caer todos sus cuchillos antes de levantarse, arqueó una ceja en dirección del hombre que lo veía desde arriba mientras él seguía en el suelo, tras un segundo una sonrisa autentica y completa brotó en sus labios- este duelo es tal como lo imagine.

Ni bien dijo esas palabras tiro al suelo un frasco de cristal que se rompió liberando un polvo negro que al instante lo envolvió todo en veinte metros a la redonda dentro de una oscuridad tal que ninguno podía ver más allá de su nariz, sin embargo eso no representaba ningún obstáculo para el mago de la cicatriz. Dumbledore por su parte se mantenía bloqueando otras granadas, algunas liberaban descargas eléctricas, vientos congelantes y claro esta las explosiones de fuego griego que se veían solo desde el exterior porque dentro no iluminaban absolutamente nada, viendo que no había otra forma soltó una de las bolsas que tenía en su cinto y de igual forma la arrojó al suelo.

Una pequeña ventisca que parecía ilógico contener dentro de una bolsa de cuero cosida tomo forma disipando la oscuridad como si fuera niebla y a la vez alejando al Potter poco a poco, Dumbledore aprovechó que el muchacho no podía moverse con libertad y colocó otra de sus propias bolsas de conjuros en la corriente del viento que la llevó directamente sobre el joven mago, esta tuvo un efecto explosivo pero solo en forma de impacto, la varita del chico salió de sus dedos fruto del golpe y al tiempo que los vientos empezaban a menguar nuevas ataduras envolvieron a Harry.

-Debo admitir que duro bastante más de lo que esperaba, pero el resultado era lógico –comentó Snape con indiferencia aunque tratando de guardar una sonrisa.

-Aún no termina –declaró la vampira con sencillez.

-¡El ya perdió su varita! –le espetó hastiado el profesor de pociones.

-Ella tiene razón –le contradijo el juez oficial- ser desarmado es suficiente en duelo ordinario pero aquí todavía no basta –el hombre de pelo grasiento se guardó su opinión acerca de esos dos locos, con todo y eso era impensable que aquel chico pudiera hacer algo en su situación.

-¿Qué más puede hacer? –Desafió Snape mirando la escena, mientras lo hacía una sonrisa, francamente escalofriante por razones más allá de los largos incisivos de la pelirroja, apareció en el rostro de la antigua comandante vampiriza.

-Ya lo veras.


-Creo que debemos terminar con esto Harry, has luchado muy bien –concedió el anciano grata y a la vez un poco preocupadamente impresionado por el nivel del joven frente a él.

-¿Luchar? –Repitió Harry mirando al mago más viejo fijamente- esto no ha sido sino el calentamiento Albus –le contradijo al tiempo que se enderezaba- Atem, Liberatus.

Un destello emanó del cuerpo del joven tomando por sorpresa al director de Hogwarts cuando pudo enfocar de nuevo vio claramente a Harry dar un salto de por lo menos cinco metros de altura para alejarse de él, y de nuevo en tierra se deshizo de las cuerdas con pura fuerza bruta, las rompió solo con la presión de sus brazos, y como si aquello no fuera suficiente para dejarlo aturdido al segundo siguiente paso de ser un chico de supuestos once años (supuestos porque a simple vista parecía de doce o trece años) a ser un dragón casi tan grande como el que lo había respaldado poco antes, solo que con ojos verdes en vez de amarillos, se irguió en su dirección y soltó su lanzallamas esmeralda sobre él, esta vez Dumbledore atacó con un lanzallamas propio brotando de su varita, aunque más pequeño y de flamas azules, estas consumían al fuego enemigo ganando terreno poco a poco, cuando llevaban más de medio camino el dragón corto su propio fuego y se elevó de un salto apenas siendo lamido por el fuego.


-Antes de que lo digas Severus, la forma animaga de cualquier mago es perfectamente legal, incluso era algo recurrente en mis días –se adelantó el juez no menos impresionado por aquella demostración de poder.

El mencionado simplemente se limitó a mascullar algo inteligible como "tiempos en los que las formas de animagia más comunes eran de dinosaurios seguramente" pero aún se mantenía incrédulo frente a lo que sus ojos le mostraban, de algún modo sabía que ese mocoso heredaría el desprecio hacía las normas de su presumido padre pero nunca se esperó que llegara al punto de desafiar los principios fundamentales de la magia.


De nuevo en el campo Dumbledore había empezado a devolver el fuego en hechizos aplastantes que esperaba fueran suficiente para aturdir un poco al dragón en que su oponente se había convertido, al mismo tiempo tenía que desviar los proyectiles que el dragón no paraba de arrojarle, el intercambio de fuego no se prolongó demasiado antes de que Dumbledore lograra adelantarse un poco y conseguir un blanco acertado. Mientras caía Harry regresó a su forma normal, luego se volvió niebla y se disperso en la oscuridad hasta llegar al suelo, el viejo profesor, que ya empezaba a alargar su respiración debido al cansancio, se percató de algo en ese preciso momento. Cuando logró aprisionar a Harry por segunda vez ya podían apreciarse rastros de cansancio en él, sudor, enrojecimiento, respiración pesada, etc. Ahora sin embargo se veía tan fresco como si acabaran de empezar el duelo, cuando el entendimiento de lo que pasó llegó a él, el chico ya se encontraba a unos pasos desenvainando su espada.

-Esta mañana no pude verla muy bien pero ahora no me queda duda –comentó viendo la hoja incandescente con curiosidad profesional- ¿La espada del alto maestre vampiro?

-Ahora es mi espada supongo –Contestó el chico poniéndose en una anticuada aunque efectiva posición de esgrima- y ahora… estamos en mi elemento.

-Tal vez no sea únicamente tuyo Harry –contestó cortésmente el anciano tomando una de las bolsas de sus cinto, una que parecía mucho más grande que las otras y desenvolviéndola haciendo ver que no era una bolsa de tela.

-Muy audaz, desde luego ser el director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería tiene sus ventajas así como ser el amo de la varita mayor.

-Igual que ser un jinete de dragón, animago con la misma forma y maestro de armas en el concilio vampírico –secundó el anciano con una tenue sonrisa que no alcanzaba sus ojos, Dumbledore sabía muy bien cuál era la única forma en que dicha espada pudo haber llegado a sus manos y aquello solo le provocaba dolor.

-Touche, ambos obtuvimos nuestras ventajas por merito propio así que no hay resentimientos.

-Continuemos pues –aceptó el mayor blandiendo una brillante hoja de plata con empuñadura de rubíes. Pese a la situación, una sonrisa broto en sus labios, no recordaba haberse divertido tanto jamás.


-¡Detenlos Filius! –Exclamó la profesora McGonagall esta vez- esto ya se salió de control.

-¿De dónde saco Albus esa espada? –Preguntaba al aire Pomona Sprout más extrañada por eso que por el hecho de que en breve un mago de 160 años iba a entablar un duelo de espada contra un chico de 11.

-Yo estoy más interesado en saber cómo consiguió Potter una espada maldita tan poderosa –intervino Snape con sus oscuros ojos fijos en la mortal arma.

-Es la parte del poder dentro del enfrentamiento, la habilidad se mide en lo que hayan preparado, animales, objetos encantados o pociones. La magia directamente en la fuerza y conocimiento sobre hechizos pero el poder solo se puede comparar en un combate con armas encantadas –explicó absorto el experimentado duelista, sin embargo él mismo parecía no creer lo que estaba viendo, ni siquiera él había presenciado un duelo que llegara a tales proporciones, no se había dado en casi mil años- No se puede detener un duelo de este tipo hasta que alguno de los dos se rinda –reiteró Flitwick aunque ya empezaba a verse un tanto nervioso por el giro que había tomado la situación- sería mucho peor para ambos si intentamos detenerlos ahora –atajó de forma sombría antes de que su camarada dijera algo más, esta quería argumentar que no podía ponerse peor pero la expresión mortalmente seria en el rostro del pequeño profesor no lo dejo replica alguna.


¡CLANK!

¡FLISH!

¡CRACK!

¡CLINK!

Siendo honestos estaba impresionado, esperaba mucho de ese duelo pero ver a un hombre con más de un siglo y medio sosteniéndole un golpe a pulso no estaba contemplado, sobretodo tomando en cuenta que estaba usando la fuerza y velocidad de un vampiro promedio para manejar la espada, un leve recuerdo afloró en lo más rebuscado de su subconsciente que intentaba encontrarle sentido a la situación.

-Combate arcano… –murmuró cruzando miradas con Dumbledore mientras ambos sostenían un golpe de cruce de espadas, este le miro sorprendido de que conociera semejante término, sin más levantó su mano libre hacía ningún punto en particular susurrando accio varita, de la nada la varita de acebo y pluma de fénix llegó directamente a sus dedos y con un conjuro no verbal empujó a Dumbledore arrojándolo a algunos metros de distancia, sin embargo este no perdió su equilibrio y continuo con la espada de Gryffindor en alto- y yo que creía que todos los guerreros arcanos habían desaparecido durante la Edad Media, pero te está pasando factura no es así Albus –comentó imperturbable al ver que efectivamente el director se veía cada vez más cansado- transformar la magia directamente en fuerza física es algo muy costoso no solo por la fatiga física y mental sino porque tu magia se desgasta constantemente.

Él mismo conocía los hechizos pero sus habilidades adquiridas en aquellos largos años de preparación eran mucho más convenientes, en comparación Dumbledore estaba usando el triple de magia que él para mantener su fuerza o incluso más.

-Esto se acabó –finalizó Harry levantando su propia espada y desapareciendo de la vista del mago, pocas criaturas hubieran sido capaces de seguirlo a esa velocidad, Dumbledore apenas consiguió levantar su varita cuando lo estocó con la Reaper, no fue ni por mucho un golpe mortal, la hoja apenas se incrustó un par de centímetros en el hombro pero fue más que suficiente, el resultado quedó patente cuando el escudo que intentaba levantar el profesor se vio tenuemente unos segundos antes de desaparecer como si nada, una amarga sonrisa cruzó los labios del director.

-Así que el rumor era cierto, eh –comentó tan tranquilo como si acabara de dar con unas llaves perdidas- la hoja es capaz de cortar la magia… y de despojar a un mago de sus poderes por un tiempo, ¡Argh! –hizo una mueca de dolor a pesar de que Harry hizo lo posible para sacar la espada lo más suavemente posible, la maldición en la hoja, aunque solo pasajera, era sumamente dolorosa para cualquiera con una sola gota de magia en sus venas.

-Aún falta algo más –contestó el ojiverde levantando su varita al tiempo que acomodaba su espada de vuelta a sus espaldas- te veré en unos minutos Albus –le aseguró.

El anciano asintió con la cabeza en forma de concesión, aquello pareció ser lo que el más joven esperaba antes de que su varita arrojara un rayo de luz roja, lanzando al mago mayor hacía atrás sin sentido, la varita de sauco voló de entre sus dedos casi de manera voluntariosa hasta las manos de su nuevo maestro, el cruce entre dos magias tan poderosas se manifestó en la forma de un relámpago desde la varita mayor que hizo que todas las criaturas del bosque prohibido, desde los sabios centauros a las feroces acromántulas y las ancestrales sirenas, sintieran un escalofrió producto del poder que acababa de desatarse en el mundo de los magos.


-No puedo creerlo… –murmuró McGonagall con los ojos abiertos como platos y la boca medio abierta.

-Lo-lo-lo venció –completó con dificultad la profesora de herbolaría impactada.

-Tal vez pero el duelo aún no termina –musitó Moody llamando la atención de todos, allí fue donde Flitwick salió de su sorpresa recordando que hacía de Juez.

-Es cierto, Albus no se rindió.

-Pero esta inconsciente –recalcó la profesora de transformaciones aún sin acabar de creérselo.

-En ese caso su segundo deberá tomar su lugar en el duelo.

Todas las miradas se volvieron al jefe de Slytherin, este manejaba su sorpresa mucho mejor que sus colegas pero era claro que estaba alucinado, acababa de ver caer a Albus Dumbledore, algo que ni el mismísimo señor oscuro había conseguido, ¡A manos de un chiquillo con cuya edad ni siquiera debería tener una varita en las manos! Peor aún ¡El hijo de ese arrogante de Potter! Respiró un par de veces para calmarse, sea cual sea la situación ahora debía cumplir con su papel, ¡No iba a escaqueársele a un niño!

Con paso digno Severus Snape se adelantó al campo de duelo donde le chico que acababa de vencer al mago que todos, incluido él mismo Snape, creían invencible. Lejos de parecer jactancioso por esto el chico no parecía siquiera interesado en lo que acababa de pasar más allá de examinar la varita que le había ganado a Dumbledore durante el duelo, y ni siquiera parecía que dicha varita le llamara mucho la atención, era más bien como si intentara encontrar algo en la madera, algo que no estaba allí.

-¿Se encuentra listo profesor Snape? –Preguntó en tono cortés sin regresar a verlo.

-Tanto como podría estar –contestó secamente levantando su varita y sondeando un poco la mente del pelinegro para intentar advertir sus intenciones pero se topo con un problema inmediato.

-Maestros en Legilimancia, con milenios de prácticas que tú jamás tendrás, lo han intentado antes sin éxito Severus –le dijo de forma casual mirando directamente a los ojos color brea del mencionado para facilitarle la tarea sin que esto le resultara en ninguna ayuda, Snape sentía sus intentos por traspasar las defensas mentales del chico como si tratara de mover un muro de piedra soplando, era devuelto hacía atrás ni bien se acercaba- pero ya que estas tan interesado te lo diré, voy a usar un expelliarmus.


-En que rayos está pensando –masculló Moody- le deje bien en claro que jamás debía empezar un duelo con ese hechizo… –el grito de expelliarmus de Harry fue bastante audible hasta donde se encontraban los espectadores, la réplica de Moody quedó en nada al ver como el protego de Snape, tan poderoso para ser visible se hacía añicos y este salía volando ya sin su varita en las manos.

-Piensa que es mejor no matarlo o dejarlo sin sentido por accidente antes de que se rinda –contestó de todas formas Natalia a su lado solo para que él lo escuchara viendo fijamente al que era su protegido y maestre.

-¿Ya lo venció? –Preguntó aún más extrañada la profesora Sprout, sabía que su colega no duraría lo mismo que Dumbledore pero no se esperaba que moridera el polvo con un solo conjuro de desarme.

-¡Puedo ser enano pero no mudo! ¡¿Por qué nadie me escucha? –Espetó Flitwick ya bastante cansado de repetir lo mismo y lo mismo- No es suficiente que pierda la varita tiene que rendirse.

-Pero él no tiene nada más con que defenderse –mencionó con algo de preocupación la directora de Gryffindor- ¿Qué más puede hacer?

-No lo sé –contestó honestamente- pero para detener esto Severus tiene que rendirse –ambos intercambiaron miradas circunstanciales, aquello podría ser un problema, sin embargo antes de que empezaran a preocuparse de verdad algo en el duelo los dejó sin palabras.

Harry acababa de levantar la varita con un pie y se la arrojó de vuelta a Snape.


-No necesito tú lástima –le espetó fríamente viendo la varita enfrente suyo.

-Considéralo mejor un desafío –le aclaró tranquilamente- demuéstrame que puedes hacerlo mejor.

-Tampoco me interesa seguir tu juego –le respondió mordaz, el chico medio rio mientras tomaba un frasco de uno de sus bolsillos.

-No te estoy preguntando –le dijo reposadamente arrojando el frasco a medio metro de donde estaba el ex-mortifago.

Snape se movió más por instinto de que por otra cosa tomando su varita del suelo y conjurando un escudo, solo que esta vez se lo tomó muy en serio, un escudo solido de color gris piedra apareció frente a él apenas a tiempo de evitar que recibiera el impacto del fuego griego que arrasó un tramo de seis metros a la redonda dejando un espacio quemado con forma de pastel en el suelo, por un momento Severus se preguntó como rayos había estado Dumbledore lidiando con la docena de bombas que ese mocoso le lanzaba sin reparo, entonces recordó que el director llevaba una túnica de combate especial atiborrada de conjuros protectores.

-Confringo –escucho el conjuro apenas ser susurrado, nuevamente su escudo voló en pedazos arrojándolo hacia atrás, solo que esta vez su escudo no fue lo único que desapareció, al levantarse pesadamente vio con horror su varita hecha trizas antes de regresar a ver con fiereza al responsable que se mantenía estoico apuntándole directo a la cabeza- Cuando sea suficiente dilo, Legeremens.

No tuvo siquiera oportunidad de intentar rendirse antes de recibir el hechizo, aunque tampoco tenía la intención. Sus defensas de Oclumancia estaban siempre alerta como precaución pero se vinieron abajo casi sin dificultad bajo la fuerza del hechizo y mente combinadas del ojiverde, de pronto el maestro de pociones se vio inmerso en una maraña de imágenes que avanzaban a tal velocidad que le parecía imposible pensar que alguien pudiera obtener algo de allí, sin embargo se concentro en expulsar al invasor, pero entre más lo intentaba más parecía ser empujado a través de sus recuerdos, muchos de los que no se enorgullecía y algunos que casi no podía soportar. Cuando recibió la noticia de la muerte de Lily había sido especialmente un golpe bajo aun cuando solo percibió unas pocas imágenes sabía muy bien lo que era ese recuerdo. Siguió avanzando, o retrocediendo dependiendo de la perspectiva, ya casi sin idea de lo que hacía allí hasta el día en que la vio por primera vez, una pequeña de cabello rojo oscuro haciendo bailar a las flores entre sus manos, de pronto una imagen intervino, y supo a ciencia cierta que alguien más estaba viendo aquello y que la última imagen, cómo a él, había captado tanto su atención que lo hizo descubrirse. Sin embargo eso no fue suficiente para expulsarlo, en medio de su desesperación Snape recordó como había llegado allí y tragándose su orgullo grito.

-¡Está bien! ¡ME RINDO!

Paso de golpe, ahora se encontraba de rodillas con las manos en el suelo intentando no caer por completo al suelo, jadeaba pesadamente y apenas lograba mantenerse, la cabeza le dolía de forma insoportable y no tenía idea del tiempo que había pasado a su alrededor. Le habrían parecido horas pero sabía que el tiempo es diferente dentro de la mente. Un segundo puede durar horas o pueden vivirse días en un minuto de tiempo real, al parecer no había pasado demasiado, con un enorme esfuerzo levantó la vista para encontrarse con un par de inexpresivos ojos verdes mirándole fijamente, pero con mayor interés que en todo el duelo.

-Eso fue… esclarecedor. De modo que fuiste tú quien le dio a Voldemort la pista que lo hizo ir tras mis padres –comentó como quien platica una anécdota dominguera común, medio aburrido, medio interesado. Los ojos del profesor de pociones se abrieron de golpe ante dichas palabras antes de volver a su acostumbrada máscara de insensibilidad.

-¿Y ahora vas a matarme? –Le preguntó indiferente pero sin perder de vista la varita en manos del pelinegro, no con temor, solo con expectación sin embargo el chico solo lo miro interrogante.

-¿Para qué?

-¿Acaso no quieres matarme? –Le preguntó con su voz cargada de incredulidad.

-Un poco, sí –admitió sin reparo- pero ¿De qué serviría? No sería mejor sí dejo que vivas cada día hasta el momento de tu muerte con el recuerdo de que fuiste responsable de matar a la mujer que amabas Severus.

Con aquellas palabras dejó al antiguo mortifago arrodillado en medio del campo con expresión pétrea solo observando su espalda mientras abandonaba el territorio del duelo.

-¡¿PERO QUE RAYOS SUCEDIÓ AQUÍ? ¡ESTO…! ¿Eso es un dragón?

Todos regresaron a ver la entrada principal del castillo donde un hombre gigantesco de barbas y cabellos enmarañados observaba la sección de los terrenos (De los cuales era responsable) completamente deshecha, ya fuera incinerada, congelada, con profundas fisuras o peor, su furia se desvaneció al ver al colosal colacuerno húngaro destacando en medio de aquel desastroso espectáculo mientras varios de los presentes se miraban entre ellos intentando averiguar quien sería el encargado de decirle al semigigante lo que acababa de ocurrir en su ausencia.

Continuara...

NA: ¡SIGO VIVO!