Mortales alfeñiques, aquí os dejo el decimocuarto o catorceavo, capitulo (Decimocuarto suena mejor). ¿Qué tal les pareció el capitulo anterior? Si lo disfrutaron bien, y si no, bien, después de todo me he acostumbrado a no esperar nada de nadie, pero en lo personal me gusto el BBxRae del otro, lamento decepcionarlos en este capitulo descubriremos un poco más sobre la vida de Todd. Este capitulo fue inspirado en la canción "Monster" de Skillet.
Colapso en mi locura
Cuanto más oscura sea la noche
Más cerca estará el amanecer
Cuanto más corra el tiempo
Más rápido cumplirás con tu sentencia
¿El destino existe o uno lo escribe todos los días?
Oh infinita tristeza, mayúscula bloqueada, vacío inexistente,
Mi alma torturada…
¿Serás capaz de sobrevivir entera, de una pieza?
Abrió los ojos y no se encontró en la torre, estaba sentado en un extraño trono de color negro con detalles en plata pura. Vestía un pantalón blanco sujetado por una correa negra con tachuelas, una ancha camiseta grisácea que dejaba al descubierto parte de su pecho y encima una chaqueta negra de cuero sin mangas, parecía que se las hubieran arrancado, una corona de oro con joyas incrustadas se erguía sobre su cabeza, y no tenía idea de por que.
Observo su alrededor, encontrándose con su mayor miedo ser como él, ser como Jack. Rodeando su trono habían millones de cadáveres ensangrentados, sin corazón, con las cuencas vacías, destripados, sintió un brutal escalofrió al encontrar los cuerpos de sus amigos, de los titanes, sin vida, sin alma. Asesinados por el mismo.
Dick yacía sin vitalidad alguna a sus pies, una flecha le atravesaba el pecho, su cara estaba desfigurada, bañada en sangre, mientras su rostro aún conservaba la expresión incrédula de haber muerto por la mano de su mejor amigo. El fluido oscuro se mezclaba con la sangre proveniente de Starfire, quien falleció al lado de su novio, por una flecha incrustada en su cráneo, Gar Logan estaba en el ultimo escalón con la boca inundada de sangre y el torso abierto a la mitad, dejando sus órganos al descubierto, su cabello era ahora color rojo, rojo sangre, Cyborg no era más que un montón de chatarra , sus partes estaban dispersas por todo el suelo cubierto de cadáveres, estallado por una de sus flechas bombas, cables, acero, molibdeno terminaban de decorar tan macabro escenario. Raven, su adorada hechicera, yacía convertida en una masa sin forma, medio cuerpo estaba deformado, y su líquido vital escarlata manchaba sus botas, sus manos, su alma.
-Es un lindo paisaje, ¿No, Damian?- aquella frívola voz hizo que reaccionara asustado, levantándose de un salto. Dio la vuelta para encontrarse con el dueño de aquella voz, ya sabía quien era, pero no quería que fuera él.
-¿Qué les hiciste, Jack? ¿Acaso no fue suficiente matar a mis padres, acabar con mi hermana?- le pregunto crudamente Damian, azotándolo contra el trono.
-A mi también me alegar verte, querido primo- dijo el joven de cabellos castaños oscuros con reflejos púrpura, ojos grises, piel bronceada y sádica sonrisa- Pero yo no los he matado, fuiste tú, Damian, te has vuelto en el asesino que mi padre soñó. Felicidades.
-No… no puede ser cierto. ¡Mientes, Jack! ¡Yo jamás mataría a alguien, y menos a los titanes!- bramo el arquero sin creerse lo que su primo le decía, mientras apretaba fuertemente su hombro.
-Te mientes a ti mismo, eres consciente de que tú los asesinaste. Si niegas lo que eres, solo te harás más daño, sé que recuerdas como acabaste con todas estas personas que se negaron a aceptar tu reinado, acuérdate de como mataste a tus amigos, uno por uno, sin miedo, sin piedad- jactó Jack, soltándose del agarre de su pariente y sentándose en un brazo del asiento.
-No…no… nunca mataría a Dicky, él es mi mejor amigo no pude haber sido capaz de asesinarlo- repuso el azabache, fijando sus castaños ojos en Jack con frialdad- Dime, que sucedió, cómo lo hice, o mejor que hiciste, cómo me controlaste para que matara a toda esta gente. O juro que te acabare Jack, no me importa si eso me convierte en un maldito asesino, vengare la muerte de mi familia, vengare la muerte de estas personas, vengare la muerte de los titanes.
-Damian, Damian, ¿Nunca aprenderás, verdad? Mataste a mi padre, por poco me asesinas y dices que no eres un criminal. Acéptalo, la influencia de los BlackTodd late en tus venas, esta viva, vive en ti, vive en mí, solo necesitaba una minúscula oportunidad y tú, Damian Adam se las ha dado- respondió el chico de ojos grises ásperamente, sonriendo de lado al ver la cara de su primo.
-En parte tienes razón, pero no me dejare dominar por ella. Escúchame bien, Jack Stephan BlackTodd, escúpelo. Tuviste algo que ver con mi transformación, sé que hiciste cualquier cosa para que sucediera, así que desembucha antes de que tenga que sacarte la información por las malas- le advirtió Damian, agarrando una de sus flechas y amenazándole la garganta.
-¿Se supone que ella no te dominaría, cierto Todd?, entonces ¿Por qué amenazas con córtame la garganta de un tajo?- inquirió el castaño, divertido con la reacción del menor, mientras este alejaba la flecha de su yugular- Me alegra ver el buen rey que eres, oficialmente me declaro tu humilde servidor y mano derecha en la tiranía- agrego Jack, haciendo una venia.
-¡Jamás, Jack! Sueña, por que solo en tus mejores sueños seré el fundador de una tiranía tan drástica como la que tu padre quería. Deambulare por el mundo buscando paz, moriremos aquí mismo por mi propia mano si es necesario, pero NUNCA, límpiate los oídos BlackTodd, NUNCA en mi jodida vida dejare que la tierra vuelva a una dictadura tan cruel como hace trescientos años- proclamo Wayne, golpeando el rostro de su pariente con fiereza, descendiendo lentamente por lo escalones.
-No solo en mis mejores sueños, Damian, también en tus peores pesadillas, y aunque no lo quieras, en la realidad- fue lo ultimo que oyó provenir de Jack, después lo empujo hacia el enjambre de cadáveres y se perdió en el.
Caía lentamente, a través del espeso mar de cuerpos sin vida, experimentaba la repulsión al sentir esa carne ensangrentada rozando la suya, deseo que aquel profundo fondo tuviera fin, no quería seguir cayendo pasivamente en ese hondo abismo de dolorosa realidad. Cerró lo ojos con rudeza, apretó los puños y espero fervientemente a estrellarse con el frio suelo.
Sintió como si sus huesos se quebraran al impactarse contra el piso bruscamente, pero prontos se entero de que no era una superficie plana, cayo en una especie de lago con el agua color rojo muerte, alzo el rostro con suavidad y se puso de rodillas, para contemplarse en las quietas aguas. Vio su reflejo, pero no se vio a sí, vio a la herencia de los BlackTodd en la superficie.
Su cabello era de un castaño oscuro como el café recién molido, su peinado no había cambiado mucho, atrás seguía siendo largo hasta la nuca pero en la frente se había erizado ligeramente, quedando parecido a Gohan, no le molestaba, Son Gohan siempre había sido su personaje favorito e incluso le agradaba parecerse a él. Sus ojos ya no eran los mismos, ya no eran como la espesa y dulce miel, ahora eran de un color azul cobalto, un azul muy oscuro, misterioso, penetrante y el color favorito de su hermana. Un profundo dolor en el pecho, similar al que experimento cuando se enfrento a la realidad con Raven, lo invadió por completo, provocando que cayera al agua de nuevo, débil, asustado. Era una realidad, la oscura sangre de su fallecido tío Henry Jr. BlackTodd se había enfrentado con la suya, y aún peor había ganado.
A duras penas logro levantarse del lago, tambaleándose por la poca fuerza que aún conservaba. El terror de convertirse en Damian Adam BlackTodd, el tirano que menciona la profecía, se hizo latente, se hizo verdad, tan real como sus sentimientos por la violácea. Él no quería, no podía ser ese tirano, cumpliría con la profecía, más no de esa forma. Mientras el viviera, mientras siguiera respirando, jamás sería el fundador de una espantosa tiranía como la que debía cumplir. No, él no sería el malo en este cuento, el villano, el antagonista, el anti-héroe era, es y seguirá siendo Jack, él lucharía contra su mismísimo primo para que reine el bien, no le importaba si tenía que morir. Y no solo lucharía contra Jack Stephan, batallaría contra el mismo, para así restregarle en la cara a ese estúpido profeta, que las leyendas no siempre se dan de la forma en que se espera.
Camino con lentitud, pensando cada paso que daba, no podía confiarse, en un miedo hecho realidad siempre hay que desconfiar. Es como una pesadilla, jamás confíes en nadie, ni en nada, nunca sabes que pasara y cuando bajes la guardia tus peores temores, tus más grandes miedos, incluso tus fobias infundamentadas te apuñalaran por la espalda, en un golpe directo, sin compasión. Observaba todo lo que lo rodeaba, con miedo de que Jack apareciera desde alguna profunda sombra, siguió andando, buscando una salida.
Sin embargo fue incapaz de ser consciente por más tiempo, su razón dejo de funcionar por unos momentos, su corazón comenzó a latir cada vez más despacio, y por unos incontables segundos no pudo sentir su misma respiración. De lo único de lo que estuvo consciente fue de su cuerpo cayendo sin consciencia alguna al agua, hundiéndose en aquellas aguas con el color de la sangre, el color de la muerte.
Inhalo tanto aire, que creyó que su pecho explotaría. Estaba asustado, confundido pero sobre todo asustado, debía ser una pesadilla, él no podía haber liberado al BlackTodd que latía en su sangre.
-Nada de esto puede ser cierto, no, esto no esta sucediendo- dijo para si Damian, temblando, mientras un sudor frio surcaba su rostro.
Busco apoyo con sus manos, tocando esta vez un duro suelo de concreto, con piedrecillas, pudo darse cuenta de que ahora no estaba en aquel raro lago, se encontraba en un pasillo fúnebre, sombrío, tan oscuro como su mismo miedo. Levantándose del piso, se apoyo en una fría pared de mármol café, traslucido, muy brillante, frente a sí se extendía un negro infinito, negro como una noche sin luna, como su hirviente herencia del mal.
-Gloomy Day, ¿Eres tú?- una delicada voz lo sorprendió, afianzo su sentido visual para distinguir a la persona que se encontraba entre la sombras.
-¿Gloomy Day? No… no puedes ser…. No me engañes, mente… ella no puede ser Kimberly- balbuceo el arquero, tambaleándose hacia a la pequeña niña ocultada en la negritud- ¿P…podrías acercarte?
-Claro, hermanito- dijo la infante corriendo hacia sus brazos- ¡Te extrañe mucho, Damian!
La pequeña que ahora se refugiaba en los brazos de Todd, se llamaba Kimberly Todd, hija de Joseph Todd y Ariana Roth y hermana menor del alter ego del arquero, Damian Adam Todd. Una inocente niña de apenas seis años de edad, de cabello largo, hasta la cintura, negro como el de su hermano, y de penetrantes ojos avellana, se aferraba al atuendo del azabache con fuerza, ocultando su rostro en el abdomen del chico, ya que no le alcanzaba el pecho. Damian la apretaba suavemente, agachándose para estar a su altura y enterrando su cara en el hombro de la pequeña, mientras le susurraba al oído millones de cursilerías.
-No me has extrañado más de lo que yo te extrañe a ti, Kim- le retó el chico de ojos oscuros, apretándola más contra él.
-Prométeme que siempre estaremos cerca- terció Kimberly con dulzura.
-Te lo prometo por Barney- juró el azabache, mientras agarraba el minúsculo meñique de su hermana.
-Te quiero mucho, her…- repentinamente la niña callo, y miro al joven con cierto temor, se aparto de él y empezó a chillar- ¡Tú no eres Damian! ¡Tú no eres mi hermano!
-¿Cómo que no soy tu hermano? Soy el mismo Damian de siempre- le contradijo Damian, sonriéndole y estirando sus brazos.
-¡Eso no es cierto! ¡Gloomy Day nunca fue oji azul!- repuso la infante de ojos avellana.
Wayne giro bruscamente para verse reflejado en el brillante mármol, y ahí se vio, seguía siendo un BlackTodd, su pelo seguía siendo castaño, sus ojos no dejaban de ser azul cobalto y el cabello en la parte delantera todavía era una imitación del primer hijo de Goku. Por eso Kimberly se había asustado y ahora iba convirtiéndose en un chorro de sangre que se derramaba lentamente, espera ¿UN CHORRO DE SANGRE?
-Ki… ¡Kimberly!- vocifero el arquero, corriendo hacia la niña y tomándola en brazos- ¡No me hagas esto otra vez! ¡Por favor no vuelvas a morir!- imploro el chico con los ojos vidriosos.
-Nunca fuiste mi hermano, impostor. No tienes derecho a suplicarme- contestó Kimberly con frialdad, mientras se derramaba en sus manos, convertida en aquel vital líquido oscuro.
Quedo devastado, aún de rodillas con la sangre perteneciente a la que alguna vez fue su hermana. Unas débiles lágrimas surcaban su rostro, se derramaban por sus mejillas y terminaban en sus manchadas manos. Sintió como algo se quebraba en su interior, más no sabía que era, ¿Sería su alma? ¿O los fragmentos de su corazón roto que volvían a destrozarse? La impotencia se apodero de él, y el llanto no tardo en surgir. Respiraba irregularmente, unos ardientes gemidos salieron de su garganta forzada, las débiles lagrimas recorrían todo su bronceado rostro, sombrío y sus ojos comparables con un cristal azul quebrado, de los cuales provenían sus lagrimas, delatando su fragilidad, su temor y la voraz impotencia de perderla de nuevo.
La había tenido enfrente, abrazándolo, sintiendo su cuerpo contra el suyo, y sin embargo había vuelto a perderla. A pesar de tenerlo a su lado, él no pudo protegerla, había jurado de nuevo salvarle y no había cumplido. Por que, por que era un imbécil, un cobarde, un debilucho, un alfeñique, un enclenque, un miedoso, un temeroso, un maquiavélico oculto, y era su hermano, su patético intento de hermano.
Se recostó en la pared, intentando recobrar la calma, tenía que pensar con claridad o si no, jamás entendería lo que le estaba sucediendo. Parecía que sus peores miedos se hubieran confabulado contra él, encerrándole en un manicomio sin salida, sin un mínimo de sentido común. Estaba aprisionado, encarcelado, atrapado, y no se le ocurría como salir de aquel sucio juego.
Como si no fuera suficiente, el pasillo comenzó a mancharse de una sangre oscura, color rojo carmesí, pronto el fluido carmesí de la vida, o de la muerte, ensucio la punta de sus botas, sus manos, las paredes, el techo también empezaron a cubrirse de sangre. Quiso escapar, pero por más que retrocediera con torpeza, el líquido lo alcanzaba velozmente, haciendo que el miedo se reflejara en sus ahora azules ojos.
Sus pasos eran torpes, iguales a los del crio que aprende a caminar, veía el fluido carmesí, horrorizado, mientras el vital líquido se acercaba cada vez más, observo como sus brazos se ensangrentaban, sin saber como ni por que. Gritó desesperado, clamando ayuda, siquiera una explicación, pero nadie ni siquiera él, lo escucho, era un grito sordo, una suplica impotente.
Pudo ver como la profecía se escribía lenta y macabramente en sangre, sobre la pared, retrocedió más y tropezó con algo, un objeto invisible o tal vez solo producto de su perturbada imaginación.
Dentro de unos años, sin importar cuantos exactamente, la profecía será cumplida.
Tan solo dos familiares, dos sobrevivientes de esta cruenta guerra que se ha extendido en los milenios, darán cumplimiento.
En ese entonces, solo pasaran dos cosas:
El bien y el mal se verán enfrentados en una épica e inmemorial batalla.
El mayor de los parientes sucumbirá ante el menor. El débil se hará fuerte, y el fuerte será incapaz de soportarlo, morirá, junto con el bien.
Pero para que sucumba el mal, habrá de morir el bien.
Por que el bien y el mal son uno solo, una misma alma, un mismo destino y una misma leyenda. A pesar de que no sean un solo cuerpo, un mismo pensamiento ni una misma moralidad.
O en el peor de los casos, el bien, el menor, el más débil será dominado por el mal. Su herencia tiránica saldrá a la luz, un nuevo, maquiavélico y el más poderoso BlackTodd que se haya mencionado se hará presente.
Cuando eso suceda, no habrá humano, ni mutante ni fuerza sobre natural en la tierra que sea capaz de salvarnos. Estaremos condenados a soportar la tiranía, la cruel dictadura del menor, mientras el mayor será su mano derecha en la inmoralidad, en la corrupción absoluta. Y aquel que se niegue a aceptar al poderosísimo BlackTodd como su rey, se vera asesinado de la forma más sádica que el mismo Lucifer se haya de imaginar.
Así que preparaos humanidad, preparaos, advertiros que en un poco tiempo presenciaremos la batalla más voraz que hayan descrito los historiadores o el reinado más corrupto que el mundo sucumbirá.
El nuevo Damian se paro, andaba desequilibradamente, tropezando a cada tanto, con nada, el suelo era una superficie increíblemente limpia y pulida, al igual que las paredes. Analizo meticulosamente las letras escritas macabramente con aquel fluido carmesí, sus orbes paseaban veloces por cada una de las palabras y él todavía no podía creerse o siquiera entender que le estaba sucediendo. ¿Por qué había matado a sus amigos? ¿Cómo demonios había sido tan inmoral para asesinar a toda esa gente indiscriminadamente? ¿Le gustaba ser un BlackTodd?
Wayne no pudo más, creía que la cabeza iba a estallarle, sus recuerdos, sus temores y sus cuestiones se le revolvían en la mente, causándole una intolerable jaqueca. Llevo sus manos al cráneo y lo apretó brutalmente, cerrando los parpados con fuerza, su quijada parecía quebrarse por la fiereza con que la apretaba. Y recordó aquella maldita noche.
Experimento el olor a muerte en aquella noche tormentosa, volvió a sentir como aquel filo le atravesaba el abdomen y el líquido carmesí se derramaba por su herida. Vio de nuevo los cadáveres inmóviles de sus padres, de su hermana y la sangre que manchaba el suelo, las paredes, el techo e incluso la tierra en la que habían fallecido sus papás inconscientes, totalmente inertes .
-Los vengare, juro por Dios mismo que los vengare- proclamo Damian, cerrando los puños, apretó la mandíbula y miro el suelo determinado- Vengare a mis padres, vengare a Kim, vengare a los titanes, y vengare a todo aquel que haya conocido la soberbia de un BlackTodd.
El chico bramo, y lanzo un fiero puño al mármol, que se quebró ligeramente, causando unas profundas grietas en la pared.
La estúpida pared se quebró en millones de pedazos, provocando una temible oscuridad. Incoherentemente perdió su vitalidad, y cayó de rodillas a aquel abismo sin fondo, de nuevo sin consciencia de lo que sucedía, su cuerpo daba vueltas en el aire mientras caía, más él no se inmutaba en absoluto. Sus ojos se encontraban cerrados bruscamente, pero su físico parecía sin vida, sin alma, caía y seguía cayendo sin siquiera darse por enterado.
Chocó brutalmente contra la cerámica, despertándose por el dolor que le produjo el impacto. Oh maravilloso, otra vez había cambiado de escenario y no sabría en cual de sus pesadillas inconscientes se encontraba hasta que apareciera la causa de su miedo. Era una pequeña habitación, de blancas paredes y mugriento piso, iluminada tenuemente por un débil bombillo. Se miro en el diminuto espejo, enterándose de ya no era un BlackTodd, volvía a ser Damian.
Se sentó en el suelo a esperar que Terrence Troy abriera la puerta con violencia, borracho como siempre o su injustificada pelea con Batman, cuando el hombre murciélago ni siquiera tenía la culpa.
-¡Samantha! ¡Tu esposo ha llegado, así que aliméntalo que viene hambriento!- un feroz grito inundo el ambiente, acompañado por un violento portazo- ¡Sam...! ¡¿Qué haces despierto, imbécil?!
-T… Terrence… yo…- balbuceo el azabache, recordándose como el pequeño crío al que maltrataban.
-¡Cállate, Damian! ¡Ve a tu cama de inmediato, incompetente! ¡¿Dónde diablos estas, Samantha?!- vociferó Terry, golpeando al chico en al cara.
Damian se levanto velozmente y corrió a su habitación con terror. Aunque Terrence no se había justificado en la notaría como su tutor, seguía siéndolo y debía obedecerlo, podría demandarlo o salir corriendo pero no quería vivir en la calle. Se encerró en la habitación y se recargo en la puerta, mientras sudaba y respiraba con irregularidad. Escucho a través de su puerta los gritos del hombre y los inexpugnables quejidos de su "madre", cerró los ojos con más fuerza, se tapo el rostro con la almohada, deseando ser sordo para no oír los bramidos de su tutor, los feroces golpes y los quejidos de Samantha, rogando un poco de piedad.
A pesar de que su rostro estaba cubierto por dos almohadas, la violencia que se vivía en la sala conseguía penetrarlas, llegando hasta sus oídos los gemidos, los insultos y el casi imperceptible sonido de aquella ancha y callosa mano impactando contra la delicada mejilla de ella. El chico de ojos castaños fue incapaz de escuchar todo ese maltrato y no hacer nada, experimento la impotencia mezclándose con su miedo, quería salir, defender a su mamá adoptiva de aquel canalla, pero sus ganas de justicia y de venganza no eran suficientes para enfrentarlo, necesitaba músculos y en ese entonces no los poseía.
-¡Terry! ¡No vayas a hacer algo de lo que te arrepentirás más tarde!- suplicó la dama con la voz quebrándosele de recibir tantos golpes- ¡No! ¡Terrence… por favor… no!
Apretó la almohada contra su cara hasta el punto de no respirar cuando oyó el brutal golpe del borracho, el impacto de Samantha contra la pared de cal, un sordo gemido y luego nada. Silencio absoluto, Terry no la insultaba vorazmente, ella no imploraba con terror, por un momento temió lo peor, un ebrio nunca estaba consciente de sus actos, y si la situación se escapaba de su raciocinio, su madre podría morir.
Al escuchar otro golpe, aún mas fiero que el anterior, algo se despertó en su interior, no era la latente herencia de los BlackTodd, era algo más. Un inexplicable e inacabable deseo de justicia, de venganza, de rencor nació en él.
Cuantas noches no había sido testigo de como su tutor la golpeaba con violencia, sin piedad, solo por que el idiota tenía problemas psicológicos desde su infancia, se desquitaba con ellos. Llegaba a las 3:30am, ebrio, dominado por el alcohol y los narcóticos, furioso, con ganas de darle una paliza a cualquier mentecato que se le apareciera, como Samantha debía esperarlo era ella la que siempre soportaba su maltratos, sus gritos incoherentes y sus tremendos puñetazos. En sus noches de mal karma, Terrence no se contentaba solo con abusar de su esposa, también lo maltrataba a él. Apenas era un crío ignorante de ocho años recién cumplidos, el hombre irrumpía en su habitación sin importarle si estaba dormido o despierto, lo levantaba a gritos y cuando ya estaba en pie, lo machacaba a golpes, lo pateaba, lo insultaba, incluso había intentado satisfacer sus sucios deseo en él. Y una vez lo había logrado.
Sacudió aquellos espantosos recuerdos con un manotazo, tiró las almohadas con violencia y destrabo la puerta. No estaba seguro de lo que haría, si le devolvería cada golpe que había dado a él o su madre, o sencillamente lo insultaría hasta que Terry le rompiera el tórax. Camino lentamente hacia la pequeña sala en donde ella clamaba por su vida y Terrence le daba una golpiza. Asomo su cabeza con precaución, observando la aterradora escena que se presentaba, apretaba los párpados y la mandíbula cada vez que veía esa mano impactando en el frágil cuerpo de Samantha, hubiera seguido así, impotente y débil, hasta que el alcohólico la empezó a golpear con brutalidad, la dama ya no rogaba, ni lloraba, ni siquiera parecía respirar. La pateaba con violencia y ella comenzó a convulsionar, escupía sangre bruscamente.
-¡Oye, imbécil, por que no te metes con alguien de tu mismo genero! ¡Maldito cobarde!- bramo Wayne, apareciendo de repente mientras su ojos despedían llamas.
-¡Por fin coges valor, Damian! ¡Dejaste de ser un inútil llorón!- respondió el hombre violentamente, acercándosele.
-¡Ven y mátame, Terrence! ¡A ver si eres tan fiero con un hombre!- contestó el arquero impasible, sosteniéndole la mirada- ¡Metete con algún marihuanero incompetente, a ver si ahí sabes artes marciales!
-¡Crío insolente! ¡Has cruzado la raya y pagaras por ello!- rugió el aludido, agarrando al joven del cuello.
-¡Y mi insolencia apenas esta comenzando!- le espeto Damian, sin dejar de mirarlo a los ojos.
Terry se abalanzo sobre el chico de ojos color miel, exasperado, su expresión era desfigurada y sus ojos oscuros parecidos al negro solo reflejaban la ansiedad de matar. Cuando ya estuvo encima de él, lo golpeo con ferocidad en el torso, las piernas y la cara. Le había roto el tabique, fracturado el fémur, destrozados sus humildes harapos. Su rostro chorreaba sangre, también le había reventado parte de la ceja, de donde provenía la mayoría del liquido escarlata. A duras penas lograba defenderse y contraatacar, mientras el borracho se ponía de pie y lo pateaba brutalmente, haciéndole escupir sangre como su madre, convulsionando sin parar.
-¡Terrence Troy! ¡Detente, lo mataras!- Samantha logro reaccionar, levantándose y agarrando al hombre por las muñecas.
-¡Tú no te metas, zorra!- vocifero el adulto, apartando a su esposa con brusquedad, quien chocó contra una pared y cayo inconsciente- ¡Te matare, Damian! ¡Escúchame, ignorante, vas a morir!
-¡No, estúpido vago! ¡Podrás quebrarme todos los huesos del cuerpo, pero jamás te metas con mi madre!- bramo el azabache fuera de si, mientras se tiraba violentamente sobre él y le golpeaba el abdomen.
Su tutor cayo arrodillado al suelo, no podía creerse que su imbécil tutelado lo hubiera golpeado con tal ferocidad. El puñetazo le saco el aire, dejándolo estático por unos instantes, en su mirar se descifraba la furia, el orgullo y la incredulidad, se apretó el estomago con sus anchas manos, sosteniéndole la mirada. Wayne lo miro a los ojos, descubriendo la pequeña pizca de miedo en los ojos del hombre, él también sentía miedo, había golpeado a su tutor con absoluta rabia, apretaba la quijada con tanta fuerza que le empezó a temblar, mientras Terrence seguía mirándolo. El drogadicto inesperadamente sonrío, provocando que el terror en Damian aumentara considerablemente, retrocedió un poco, más todo su coraje se fue por la borda cuando Troy se abalanzo de nuevo sobre su minúsculo y enclenque cuerpecito de infante cursando primaria, volviéndole a destruírselo. Apenas si distinguía sus puños antes de golpear su rostro, aullaba del dolor cuando le impactaba en el torso, el estomago, las costillas, sintió como se le fracturaban las muñecas, como se le quebraban las piernas y como los fuertes nudillos le reventaban la boca.
Debía escaparse, huir, si seguía recibiendo todo ese maltrato acabaría muerto, pero no tenía la más insignificante idea de como escapar del martirio. Los pies de Terry impactando en su físico no le dejaban pensar con claridad, comenzaba a ver el rostro del hombre borroso, pixeleado, tenía qué huir, si amaba su vida debía de huir. Levanto el brazo tembloroso, tan solo tenía una oportunidad, su golpe debía ser certero y lo suficientemente fuerte como para, por lo menos, aturdirlo.
De un momento a otro, un gancho izquierdo acabo en la cara de Terrence Troy, rompiéndole la mandíbula, se llevo una mano a la zona afectada y bramo obscenidades contra Damian.
-¡Maldito, idiota! ¡Eres un imbécil, un cobarde, un insolente! ¡Ojala que te pudras en el infierno!- vocifero Troy, mientras el chico huía.
Pero Damian Todd ya no podía escucharle, había escapado con una exagerada necesidad, creía incluso que había arrancado la puerta por la fuerza que le aplico al abrirla. Corrió, corrió por que de su velocidad dependía su vida, si hubiera sido Flash todo sería más fácil pero no, solo era un insignificante humano que poseía un poder oculto. Experimento las piedrecillas del frío asfalto bajo sus pies descalzos, el viento le pegaba en la cara, su largo cabello se revolvía con la brisa que le cacheteaba el rostro, gruesas gotas de sudor descendían por su rostro, jadeaba al igual que un perro en verano, y el vaivén de su pecho al respirar apenas era notable.
Sabía lo que pasaría después, se encontraría con un oficial de la policía, él le diría lo ocurrido luego de que el policía le preguntara preocupado que le había sucedido, después allanarían en la humilde casa a orillas de la playa, arrestarían a Terrence y a Samantha Troy la llevarían al hospital, mientras tanto él, huiría de nuevo al poblado, no quería que lo llevaran al orfanato, tenía miedo que otro tipo lo maltratara, entonces escapar de casa no hubiera servido para nada.
Antes de cruzar las palmeras, en donde se supone encontraría al oficial, ni siquiera terminaba de pasar a través de aquellos arboles tropicales cuando tropezó con una piedra gigante. Otra vez caía al suelo, y estaba seguro de que aparecería en otro lugar, más no tenía certeza de cual era.
El arquero alzo el rostro con firmeza, en efecto ya no estaba en su natal Ghost Town se encontraba en la mansión Wayne, y este lugar solo significaba una cosa. La batalla campal con Bruce, llena de insultos y amenazas, amenazas que solo él había cumplido. Llevaba ahora el traje de Robín, estaba sucio y poseía unos cuantos rasguños, había trabajado aquella noche, claramente el chaval que Bruce había traído a casa quince días atrás, Jason Todd, estaría dormido leyó el periódico y la conspiración empezó.
-Hiciste un buen trabajo, Robín- lo felicito Batman entrando al vestíbulo- Ahora ve a descansar.
-¿Batman?- inquirió el azabache, dejando el periódico en su regazo- La semana que viene empieza la liga juvenil de baloncesto, y me preguntaba si podía ir con ellos.
-¿La semana que viene? ¿Cuánto dura el torneo?- cuestiono el hombre murciélago sin convencerse.
-Unas once semanas más o menos- respondió Damian, sosteniéndole la mirada firmemente- Entonces, ¿Puedo ir?- pregunto el moreno esperanzado.
-Robín, tú sabes lo orgulloso que estoy de ti, por tu desempeño en el baloncesto y por tu trabajo como chico maravilla, pero Gotham City nos necesita, necesita a Batman y a Robín juntos, lo lamento Damian, no podrás asistir- contestó Bruce mientras se quitaba la máscara.
-¡No es justo, Bruce! ¡Dices que lo lamentas, pero no es cierto, no se te nota en la voz!- le espeto el arquero ferozmente- ¡Si en este momento fueras Bruce Wayne y no el caballero de la noche dirías que si!
-Eso no es cierto, Damian. Tú eres como un hijo para mí, admiro tu pasión por el deporte, más Batman no es nada sin un Robín, y Bruce te necesita, necesita a su hijo, a su compañero- explico el caballero oscuro, agachándose para estar a su altura y tocándole el hombro.
-Ese es el problema, Batman. ¡Siempre dices Bruce te necesita, pero nunca me has dicho Batman te necesita, yo te necesito!- bramo Damian, enfadado mientras apartaba la mano de su hombro con brusquedad.
-Damian, es lo mismo, si Bruce te necesita, entonces Batman te necesita. Eres mi hijo, el pequeño crío al que adopte una noche lluviosa, aunque compréndeme, Gotham City necesita a su dúo dinámico, no puedo apoyarte como a un hijo, sería demasiado peligroso- repuso el millonario playboy- Sé que duele, pero cuando crezcas te darás cuenta de que es por tu bien.
-¿Acaso no te has dado cuenta de que ya crecí? ¡Mírame, Batman, mírame tengo ya catorce años! ¡No soy el mismo crío estúpido de diez, que se vio obligado a robar para sobrevivir! ¡Mírate a ti, Bruce y Batman no son los mismos, jamás serán las mismas personas!- el chico de ojos castaños seguía furioso, rompió el periódico, mientras se quitaba el antifaz.
-Por eso mismo, Damian, no quiero que te hagan más daño del que ya sufriste. Trata de entenderme, yo soy un hombre frío, tengo que hacer cumplir la justicia, aunque eso me aleje de ti, de mis amigos, de mi vida, la personalidad de Batman es mi verdadera personalidad-el aludido intento que el joven entrara en razón, pero el chico simplemente estaba demasiado irritado.
-¡¿No te has enterado de cual es el problema, verdad?!- vocifero Damian, más irritado que antes-¡Bruce me trata como a un hijo, Batman me trata como un empleado! ¿Es que no lo entiendes? Yo no quiero que Bruce Wayne me apoye y que el caballero de la noche me ignore, yo tan solo quiero que Batman me apoye, que el verdadero hombre que hay dentro de ti- el aludido presiono el pecho de Bruce con el dedo índice- me quiera como un hijo, a pesar de ser adoptado. Solo quiero un padre, Bruce, no quiero seguir siendo el primogénito de Bruce y el compañero de Batman- completo el moreno con lágrimas surcando sus mejillas.
-Damian Adam Wayne, ¿Sabes por que eres un Wayne?- inquirió Bruce mientras lo sujetaba de la barbilla, obligándolo a que lo mirara- Por que te quiero como un hijo, por que eres mi hijo, Damian. Lamentablemente en la sociedad eres el hijo de Bruce Wayne, no el hijo de Batman.
-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no lo entiendes?! ¡Lo único que pido es ser el hijo de Bruce y de Batman!- bramo el arquero con la voz quebrada, alejándose ferozmente del caballero oscuro.
-¡Lo sé, Damian, lo sé! ¡Pero haz el esfuerzo de comprenderme, no es posible en este momento! ¡Es demasiado peligroso!- le espeto el hombre murciélago, agarrándole de los hombros.
-Entonces, Batman- concluyo Damian, quitándose el uniforme parte por parte- Tal vez no deba ser tu hijo… tal vez no deba ser Robín, dile a Jason que tiene el empleo, seguro se pondrá feliz.- esas fueron sus ultimas palabras antes de que amaneciera mientras arrancaba la "R" de su pecho.
Al día siguiente, cuando el astro rey apenas pintaba el cielo con sus rayos, Damian Wayne, hijo adoptivo de Batman, segundo Robín, sucesor de Dick Grayson, antecesor de Red Hood, ya no se encontraba en la mansión Wayne, ya no era el chico maravilla. Tan solo era un inútil y despreciable arquero, condenado a vivir en las calles otra vez, como cuando tenía ocho y escapo de las garras de Terrence Troy.
Caminaba despacio por las heladas calles de Ciudad Gótica, era el invierno, y el frió le penetraba hasta los huesos. Titiritaba violentamente, la piel se le estaba helando, casi podía ver la frágil capa de hielo cubriendo sus brazos, creía que su sangre se congelaría dentro de sus venas, ojala hubiera sido menos estúpido y hubiera traído una chaqueta o un saco por lo menos. Lo único que poseía para protegerse era su jodido traje de arquero, que apenas si le quedaba bueno, tendría que conseguirse otro, la remera, las mallas y los guantes no eran problema, compraría unas prendas parecidas en cuanto robara dinero, pero jamás desecharía el chaleco, pues aquel sucio chaleco de rayas rojas y la inicial de su apellido en su pectoral izquierdo, le recordarían toda la vida que alguna vez él fue Robín, el hijo de Batman.
Se adentro en un callejón para buscar refugio en la calefacción de algún edificio, sería una mañana larga. Intento calentarse con los brazos mientras se acercaba a una tubería oculta en la negritud de aquella esquina, estaba tan ensimismado en conseguir un poco de calor corporal que no se percato del infante a sus espaldas, quien le apuntaba con una inmensa bola de nieve directo a la nuca.
Fue cuando cayó al piso, alfombrado por la helada nieve, de que estaba rodeado de personas y sin embargo se sentía más solo que de costumbre. Se sentó en el suelo, girando el rostro para descubrir al pilluelo, ya no estaba en el abandonado callejón de Gotham City, estaba en un oscuro bosque nublado, rodeado de pinos y sauces. Eso solo podía definirse en una cosa, su último y peor miedo:
El asesinato de su tío. La derrota contra Jack, que casi lo mataba.
Se levanto cautelosamente mientras se sobaba la nuca. Analizo todo lo que se movía, observo con precaución hasta la hoja arrullada por el viento, sabia que tarde o temprano Henry BlackTodd aparecería, lo atacaría hasta el punto de desangrarlo casi por completo, él lo asesinaría con su más poderosa técnica, disfrutando su muerte, después llegaría su heredero para vengarlo y fue totalmente incapaz de derrotarlo. Perdió contra él, por poco se ahoga, y lo peor es que la guerra apenas comenzaba.
-Vaya, vaya, ¿Miren quien decidió aparecer? Mi queridísimo sobrino- dijo una voz oscura y neutra, mientras un señor de unos treinta y tres años, de cabello castaño claro, ojos ámbar y piel blanca se le acercaba.
-¿Qué quieres, Henry?- intrigo el azabache con apatía.
-¿Sabes una cosa? Me duele en el alma que todavía me llames por mi nombre, soy tu tío, Damian- contestó el castaño, sonriéndole con sadismo.
-Como si tuvieras alma- terció Wayne sarcásticamente, fulminándole con una mirada- Si fueras mi tío, no hubieras asesinado a mis padres, a mi hermana, ni hubieras tratado de matarme. No eres mi tío, ni siquiera eres una persona, eres un psicópata desalmado, sediento de sangre, ansiando corrupción.
-Tomare eso como un halago, mi adorado pariente. Pero ten en cuenta de que no fui yo, fue tu primo Jack, técnicamente soy absolutamente inocente- la respondió Henry llevándose una mano al pecho, con los ojos brillantes.
-Me encantaría decir que lo corrompiste, más no fue así. Jack también es un maldito psicótico que mata gente por puro placer- respondió el azabache implacable- ¿Tienes idea alguna de por que lo hiciste?- inquirió con un tono arrogante.
-No, pero al parecer tú si. Dame la respuesta, Sherlock Holmes- jactó el de ojos ámbares con sarcasmo.
-Lo hiciste por que tienes miedo. Temes, que tu influencia oscura no me domine, que te derrote, que derrote a tu hijo y que el linaje de los BlackTodd desaparezca en el polvo de los tiempos- proclamo Damian, sosteniéndole la mirada mientras sonreía.
-¿Miedo de ti? Se nota lo ignorante que eres, Damian, el poderoso Henry Jr. BlackTodd sentir miedo de un crío imbécil como tú. Que bestialidad- se burlo el de piel clara.
-Corrección, tío, tú eres el ignorante. Sientes miedo, envidia, quisiste asesinarme para no tomar tu lugar, para que el futuro de Jack no se viera interrumpido. Despreocúpate, Henry, eso no sucederá- contestó el moreno, enarcando las cejas, enfatizo mucho la palabra tío, haciendo que el hombre se estremeciera.
-Tan arrogante como cuando te conocí, no has cambiado mucho, sobrino- BlackTodd le paso una mano por el cabello y sonrío- Serías un buen rey, si tan solo dejaras que mi sangre reinara en ti.
-Henry, la esperanza es lo ultimo que se pierde- le espeto el arquero, escupiéndole levemente.
-La esperanza se pierde con la muerte, Damian y tú la perderás muy pronto-tercio Henry mientras sacaba un arma de la chaqueta.
-¿De que estas hablando?- cuestiono el oji castaño, alzando una de sus cejas.
-Adiós, Damian Adam Todd- dijo el aludido, apuntándole.
Un segundo más tarde la pistola despidió la bala, que salió a gran velocidad directo al cráneo del chico, quien saco el arco y logró proteger su cabeza con el, la bala reboto en la madera tallada e impacto en un pino cercano.
-Henry, Henry, Henry- suspiro Damian al cargar su arco- Deshacerse de mí no será tan fácil. ¿Alguna vez te viste "Duro de matar"?, esa película se baso en mi historia- presumió el arquero con un brillo de mentira en sus orbes color miel.
Su arco se harto de proteger a la flecha y la soltó sin piedad, con una tremenda precisión al muslo de su pariente. El hombre de ojos ámbares bramo de dolor al recibir la flecha, se la arranco exasperadamente y comenzó a dispararle al azar, sin puntería ni precisión alguna.
Pronto el arma del adulto estallo gracias a una flecha bomba, el arquero tampoco corrió con tanta suerte, ya que el ultimo disparo de su tío mando su carcaj a cinco metros de distancia. La pelea se convirtió en un combate cuerpo a cuerpo en donde los dos familiares demostraron sus habilidades.
Aunque el joven había sido entrenado por Batman, Batgirl y distintas personalidades en las artes marciales y en el arte del escapismo, el mayor comenzó a atacarlo con técnicas desconocidas para él, y en poco tiempo la balanza se inclino a favor del mal.
Henry lo azotaba una y otra vez contra los arboles, le arrastraba el rostro brutalmente en sus troncos hasta que este estuvo cubierto de sangre. La boca también estaba inundada de ese líquido escarlata, que se derramaba por su barbilla cada vez que abría los labios. Seguía sin creérselo, durante su infancia había aprendido mínimo veinticinco clases de artes marciales, practicaba judo, aikido, kung fu, karate, tae kwon do, savate, boxeo, artes marciales mixtas, jiujitsu, hapkido, ninjutsu, esgrima, tai chi y un poco de leopardo biangan, etc. ¿Como perdía así contra su tío?
El castaño seguía golpeándolo al igual que un guerrero Z, y él tan solo dejaba que aquellos violentos golpes impactaran en su cuerpo. Rara vez conseguía ponerse de pie y luchar, pero rápidamente era atacado de nuevo sin misericordia por parte del hombre, quien lo machacaba contra toda superficie plana que estuviera a su alcance.
Damian chillo ferozmente cuando las uñas del pálido se enterraron profundamente en la carne de su musculoso estomago. El grito que dio pudo perfectamente escucharse en Rusia, pero luego calló. Apretó la quijada con brusquedad mientras sentía como la piel del abdomen se le desgarraba, experimento como aquellas uñas rompían su piel con una tremenda facilidad y la sangre color rojo escarlata poco a poco descendía por su pelvis, sus piernas e implacablemente las gotas caían al suelo. Sin embargo a pesar del agudo dolor que le provocaba, Wayne no apartaba sus orbes doradas de la frívola mirada de su tío, quien sonreía placenteramente al ver el sufrimiento en su rostro.
-Esto es lo que ganas cuando te enfrentas a Henry Jr. BlackTodd- declaro Henry, soltando al chico, quien cayó al piso de rodillas, luego lo agarro por el cuello de su remera- Sufrimiento, sufrimiento del más puro, ¿Te unirás a mi, Damian? ¿O te doy otra demostración?
-N… nunca…. Luchare… luchare, Henry hasta que… se haya derramado la ultima gota de mi sangre. Mi…. Mientras yo… yo… yo respire tendrás un enemigo que batallara… con todo su poder… y sabes a la per… perfección que en tema… de… kosumosu chi… siempre seré más fuerte- balbuceo el aludido sangrando por todas partes, mientras causaba furia en los ojos del hombre.
-¡Eres un idiota! Esos estúpidos humanos te han ablandado, eres débil, un imbécil cobarde de parte de la moral. ¡Te niegas a usar tus poderes cuando podrías someterlos sin piedad! ¡Únete a mi, Damian, únete y nunca más tendrás que ser un inútil subordinado!- bramo el castaño, reventándole la boca de un golpe.
-Prefiero… s… ser un estúpido humano… ha usar… m… mis poderes… para… el… el mal- el azabache apenas si podía emitir palabra sin que el fluido carmesí saliera de su cavidad bucal- ¿Entendiste, psicópata? ¡Jamás… esta… estaré de t… tu… lado!
-¡Desgraciado! ¡¿Quieres ser un frágil humano?! ¡Entonces serás un patético humano!- sentenció Henry, tirándolo al suelo.
Veía borroso, apenas si pudo distinguir cuando su tío utilizo el ataque especial, ese ataque que solo un BlackTodd era capaz de hacer: el Ningen Dake. Experimento como aquella poderosa bola de electricidad pura chocó contra él, justo en el esternón, debilitándolo por completo, sintió como la energía oscura se esparcía por su cuerpo, fluía por sus venas e invadió el cerebro. Intento levantarse pero no pudo, sus músculos estaban tan rígidos que no poseía fuerzas para contraatacar, alzo la cabeza a pesar de que le dolía todo el cuerpo, jadeaba y apenas si tenía consciencia de lo sucedido.
-El… Ni… Ningen… Dake… d… des… desgraciado- le insulto el moreno, balbuceando mientras sonreía de lado- No… no importa en… en absolu… to… nunca… des…desistiré… hasta que vea a… a todos…. l… los BlackTodd… muer…tos- jactó Damian, levantándose del piso sin siquiera prestarle atención al agudo dolor de sus músculos.
-Admiro tu resistencia, querido sobrino, pero lamentablemente esta batalla ya esta ganada- terció el castaño pintando una maquiavélica expresión en su pálido rostro.
-Ti… tienes razón y tú… tú… ¡ya la perdiste!- bramo el arquero desapareciendo en el aire, volvió a aparecer detrás de su pariente y le impacto un feroz codazo en la nuca.
El hombre de ojos ámbar voló por los aires, estrellándose contra la base de una roca la cual se partió en mil pedazos, el tío se levanto y se sobo la zona afectada, luego lo miro con desprecio.
-Me has sorprendido, joven Damian, ciertamente eres más fuerte de lo que pareces- lo alago el pálido, tronándose los dedos- Pero un insignificante codazo no es suficiente para detenerme.
-Uff, me alegra. Ya me estaba preocupando que realmente fueras así de débil- Wayne contestó arrogante mientras se tallaba el hilo de sangre que descendía de su boca.
-Tal vez sea cierto, más no debes olvidar que yo soy el primer BlackTodd, te venceré no importa todos los patéticos esfuerzos que hagas- terció Henry, encendiendo en sus manos otra esfera, de color rosa y un más pequeña que la anterior.
-Puede que seas el primer BlackTodd, Henry- jactó el joven de ojos castaños, apretando los puños mientras estos empezaban a rodearse de un aura color naranja- Pero yo soy el legendario, así que por que no traes a tu hijo y terminamos con esto de una maldita vez - declaró tronándose el cuello.
-Quiero verte intentarlo, Damian.
-Ponte los lentes, Henry.
El castaño ataco primero, lanzando con ferocidad su esfera hacia el chico, quien por suerte logro esquivarlo y tirar su ataque. Durante más de una hora, sin importar los minutos que nadie contó, aquel bosque de niebla se lleno de insultos, amenazas y destellos de distintos colores chocando el uno contra el otro.
Lamentablemente el poder de Damian, no se encontraba en su máximo, y Henry saco provecho de ello. El azabache atacaba con todo lo que tenía sin siquiera premeditarlo, lo único que deseó en aquel momento fue verlo muerto, no importaba como muriera solo quería asesinarlo.
Wayne se estremeció con aquel pensamiento, ¿De verdad deseaba la muerte de una persona, por más miserable que fuera? Al parecer, si, su vivida herencia BlackTodd comenzaba fluir en él, provocándole un débil placer con tan solo imaginar la muerte de su tío. Pero por más que imaginara, por más fuerza que implementara en sus ataques Henry no parecía inmutarse, los esquivaba y si por alguna casualidad conseguía impactarle solo le hacía un daño mínimo, insignificante.
-¡Nunca me vencerás de esa manera, Damian! ¡Eres demasiado impulsivo, no usas la lógica, no piensas el ataque, solo lo usas! ¡Así no conseguirás ni romperme el labio! ¡Y ahora morirás!- bramo el oji ámbar burlándose de la inexperiencia del chico.
-¡Me importa si utilizas la rosa sangrienta! ¡Voy a derramar tu sangre y viviré para contarlo!- le espeto el moreno, plantándosele enfrente y tensando los bíceps- ¡Inténtalo ahora!
-¡Como quieras, imbécil! ¡Me has ahorrado trabajo!- contestó BlackTodd formando un poderosa esfera color sangre con sus dos manos mientras lo miraba con arrogancia.
A pesar de que la esfera se volvía más imponente, más poderosa y más mortal el joven de ojos castaños no se inmutaba. Permanecía de pie, estático, inmóvil, los músculos le temblaban de tanto tensarlos, seguía con la mirada fija en los ojos ámbares del hombre, la mandíbula apretada y los puños cerrados, no tenía la más mínima intención de moverse o tan siquiera atacar. Solo le movían los parpados al pestañear, podía sentir como le temblaban los abdominales por la tensión que ejercía en su estomago y sin embargo actuaba como si no se percatara de la situación. En pocos minutos una bola de kosumosu chi tan poderosa que destruiría medio mundo chocaría contra él, lo volaría en pedazos y no quedaría nada más que su vago recuerdo, pero seguía ahí desafiando a la muerte con la cabeza en alto, como si no le importara estar al borde del abismo, apunto de caer.
-¿Acaso no piensas moverte, imbécil? ¿Solo te quedaras ahí como un tarado mientras yo acabo contigo?- inquirió el pálido, extrañado por la reacción de su sobrino ante la muerte, el joven asintió aumentando la rabia del hombre- Como sea, incompetente, mándale saludos a Joseph de mi parte.
Dicho esto, Henry separo sus manos agrandando la esfera, sonrió de placer al ver la muerte del chico tan cerca, se relamió los labios mientras un sádico brillo se reflejaba en sus orbes. Pronuncio unas ilegibles palabras, y apunto directo al joven, quien continuaba completamente paralizado. Más rápido que un suspiro la esfera salió disparada a gran velocidad, ni Impulso lograría alcanzarla, aquella energía color sangre se acercaba más a él, y no reaccionaba mientras esa esfera poco a poco se transformaba en una rosa, giraba en espiral tomando fuerza al hacerlo.
Apretó los parpados violentamente y se protegió con los brazos cuando aquella rosa rojo sangre impacto contra él. Su grito se perdió en la explosión, experimento con dolor como su carne se rasgaba y se volvía polvo en el fuego rojo, sufrió cuando la piel se desprendió de sus músculos sin piedad, el corazón se le acelero drásticamente al sentir aquella energía destrozándolo. Salió disparado a metros del lugar, aterrizando a la orilla de un río mientras los pinos se convertían en añicos, la tierra volaba y el ataque devastaba cualquier cosa que se le atravesara. La sucia ropa que no era más que miserables trozos de tela dispersos en cualquier parte menos en su maltratado cuerpo. Su pecho se alzaba violentamente luchando contra muerte, el abdomen le temblaba, no sentía sus piernas y sus dedos ensangrentados arañaban la tierra manchada con el líquido carmesí proveniente de sus labios entreabiertos, inhalando una significante cantidad de aire. La visión le fallaba, apenas si distinguía el rostro de su tío acercándose para ultimarlo y sin embargo intento levantarse, cayendo de nuevo al suelo brutalmente.
-Definitivamente estoy sorprendido por tu alto nivel de resistencia, si fueras un humano normal estarías muerto- jactó el pálido, agarrándolo por el negro cabello y lo obligó a mirarlo- Oh, espera ya eres un patético humano, lo que hace que el hecho de que sigas vivo sea aún más sorprendente, pero no duraras mucho, que pena.
-M… maldito… tirano… lo... sor… sorprenderte… es q…que esto… n… no ha… terminado- proclamo Damian, levantándose con un sufrible esfuerzo, se tambaleo un poco pero logro ponerse de pie- Por mal… que… pi… pinte mi... de… destino… no dejare… de… l… luchar… mientras… me… que… queden fuerzas… p… para… levantarme- balbuceo con una tremenda falta de aire, mientras tensaba el cuerpo.
-¿Y que vas hacer al respecto, Damian?- cuestiono el castaño dibujando un incrédula y arrogante sonrisa en su rostro.
-Lo… que… de… debí hacer… al c… comienzo… el ata… ataque astral- le respondió el azabache, encogiendo los dedos de la mano izquierda mientras unos destellos eléctricos dorados comenzaban a rodearlo.
-¡¿Qué?! ¡¿Has perdido la chaveta?! ¡Estás loco eso destruiría toda la isla de Ghost Town, causaría repercusiones en el medio ambiente y te volaría en pedazos! ¡No puedes ser tan insensible, te matarías!- exclamo Henry visiblemente asustado. El ataque astral lo destrozaría sin duda, y él no quería morir, no de esa forma.
-C… creo que… l…. las…cosas… te… terminaran de… o… otra forma, Henry- tartamudeo el arquero, los destellos dorados empezaron a transformarse en una especie de sol abstracto y en la otra se forma un esfera azul zafiro- Pre… prepárate… p… para… con… conocer el… el verdadero… poder… d… de… un Asutoraru… k… Kōgeki.
Acto seguido Damian Wayne se irguió, mientras los tendones se le tensaban al máximo provocando su tembladera, sus orbes miel reflejaban odio del más puro, como aquella vez en que Bruce lo encontró escondido detrás del batimóvil. El astro rey espiritual que formaba en sus manos se nutria de la energía solar, de los frágiles rayos que a duras penas conseguían penetrar el espeso follaje, aquellas tenues luces eran la fuente del máximo poder de esa técnica, combinado con todo su kosumosu chi que poseía aquel ataque destruiría la tierra si lo ejecutara alguien más poderoso.
Debía llevar su cuerpo, su mente y su alma al límite, no importaba si los músculos parecían apunto de romperse como un caucho, si se ganaba una migraña que ni la neosaldina curaría, mucho menos si su espíritu no estaba en perfecta armonía con su razón y su fuerza, el ataque astral terminaría desintegrándole y entonces el remedio sería peor que la enfermedad, los BlackTodd reinarían y la humanidad se pudriría en la corrupción más inmunda que un dictador haya de imaginarse.
-¡V… vengare a… mis… padres! ¡Te… derrotare… n… no me… i… importa si… m… muero en… el… in… intento!- bramo el moreno con furia, tratando de mantener el equilibrio.
Henry no reacciono, ni siquiera al ver que la amenaza iba en serio. Estaba confiado de que su inexperto sobrino sería incapaz de controlar un poder tan inmenso como el requería el ataque astral. Acabaría destruyéndolo, era un novato impulsivo, aquella técnica exigía una gran dosis de concentración y experiencia, dos cualidades que el joven no explotaba mucho. Una escalofriante sonrisa se adueño de sus labios, mientras cruzaba los brazos y miraba al chico con confianza, sabía que no moriría.
Pero la mente muchas veces se equivoca.
Damian experimento como el cuerpo se le agitaba violentamente cuando la energía solar se combinaba con su chi, causando el descontrol absoluto de sus músculos, miro a su tío fijamente, preguntándose por que no se inmutaba o reflejaba un poco de miedo siquiera. Le parecía extraño, como si Henry creyera que no lo lograría, pero no le molestaba, se encontraba acostumbrado a que no creyeran en él, como lo hizo Terry Troy al pensar que jamás se defendería, como el entrenador Clark diciéndole que era un estorbo en el equipo que nunca conseguiría anotar un punto. Es más, por muy masoquista que parezca, le gustaba que la gente desconfiara de él, para que cuando lograra hacer lo que el mundo creyó que jamás haría, se quedaran boquiabiertos.
No le importo la brutal agitación de sus músculos, siguió obteniendo poder sin percatarse de lo que sucedía a su alrededor. Ni la prepotente sonrisa de su tío, ni el agua arrastrando las piedras, ni el molesto chillido de sus dientes chocando entre si, ni siquiera el feroz rugido del viento alborotando su cabello oscuro lograba desconcentrarlo. Estaba ensimismado, con los ojos fijos en el astro rey que formaban sus manos, tan solo tenía una oportunidad, un efímera, miserable e importantísima oportunidad, no debía prestarle atención alguna al dolor que recorría sus venas, debía concentrarse en el Asotoraru Kōgeki, aunque Henry le atravesara el pecho de un golpe, tenía obligatoriamente prohibido desconcentrarse.
-Como dijo mi abuela, Henry. Procura que tus palabras sean dulces por si algún tienes que tragártelas- dijo Wayne, sin balbucear en todo lo que llevaban del combate, mientras atraía el sol, que ahora era de un dorado azulado casi inexistente.
Cuando el hombre de orbes ámbares se percato de que su sobrino lo había logrado, reacciono. Comenzó a retroceder torpemente con una expresión aterrorizada dibujada en su pálido rostro, de sus labios emergían atemorizada suplicas. Suplicas impotentes, por que al arquero ya no le importaba nada, no existía forma habida y por haber, razón inventada o por inventar, inmortal ruego escrito o por escribir, el joven Todd solo quería verlo muerto sin siquiera preocuparse de que posiblemente terminara muerto. BlackTodd retrocedió, intentando detenerle con gestos incoherente pero ya era muy tarde. Ya no había escapatoria.
Damian Wayne grito vorazmente al lanzarle su ataque. La tierra tembló como si el proyecto Manhattan estallara en ese lugar, los arboles saltaron de sus raíces con violencia cayendo al erosionado suelo, el caudal del río aumento drásticamente cuando el astro rey energético impacto en el cuerpo del hombre. El ambiente se cubrió de una poderosa aura dorada al soltar el sol abstracto y el moreno voló a tres metros luego del impacto.
-D… Dios mío… n… nunca… me i… imagine… que este ata… ataque fuera… tan de… devastadoramente… p… poderoso- balbuceo el oji castaño, sentándose a duras penas mientras tallaba la sangre de su frente.
Damian consiguió levantarse luego de tres fallidos intentos. Por poco no lo logro, estaba demasiado débil, impotente e incapaz como para salir corriendo a contarle al mundo la buena noticia. Se tambaleo un poco al apoyar la pierna diestra, quiso ver que causaba su dolor así que se agacho, enterándose de que una rama le había rajado profundamente la pierna, casi podía ver el hueso. Sin embargo logro ponerse de pie, temblaba, veía borroso, incluso parecía que alucinaba, pero consiguió erguirse y a pesar de toser sangre, poseer un alarmante hueco en el estomago y estar prácticamente desangrándose, se irguió imponente con una mirada satisfecha en sus orbes mieles.
No alcanzo a disfrutar de su bien merecida victoria, aunque la omnipotencia que invadió su ser era invasiva, fue completamente incapaz de regodearse. La efímera fuerza de vida que poseía se fue al coño en una décima de segundo, provocando que el chico cayera sin misericordia al furioso río, inconsciente.
Las furiosas aguas dulces del helado río lo machacaban con ferocidad, se sumaba una cicatriz más a su cráneo cada vez que su rostro impactaba con alguna piedra. Respiraba, podía no tener un mínimo de conciencia pero respiraba, desventuradamente aunque respires, el miserable oxigeno que aún reserven tus pulmones no es nada si no eres capaz de reaccionar para salvarte. Y esa era su situación.
En pocos segundos el vano oxigeno que absorbía dejo de existir. Quedo al libre albedrío de las embravecidas aguas mientras estas le propinaban una paliza y a él pobre chico no le quedaba poder alguno con el cual lucharle a La Parca. Moriría.
Despertó de repente, con brusquedad y la preocupación reflejada en sus ojos dorados. Un sudor frío cubría su bronceado rostro, causando una oscura mancha en el respaldo de su camisilla azul, jadeaba sin poder controlar el violento vaivén de su pecho. Se sentó en la cama mientras quitaba la sabana que lo arropaba al cuello, dejo el blanco edredón en su cintura y encendió la luz. No comprendía lo que acababa de suceder, había experimentado sus temores más reales de nuevo, sin saber siquiera el porque.
Suspiro al parparse el torso y la cara en busca de cualquier herida que le confirmara que aquel rompecabezas había sido solo un sueño. Enfundo sus pies en sus pantuflas de Batman y se levanto. Dio pasos cortos, en dirección al baño quería estar absoluta y completamente seguro de que era la realidad, no el nivel final del juego. Entro con delicadeza al baño, fijando su vista en las líneas de la cerámica al llegar al espejo, a pesar de querer terminar con aquella infernal pesadilla no deseaba alzar el rostro y encontrarse con que infierno aún no había terminado.
-No… No… ¡No es cierto! ¡Maldita sea, no es cierto!- exclamo Damian completamente irritado, era un BlackTodd y esta vez era la realidad- ¡Maldito sea el día en que nací! ¡Maldito seas Henry Jr. BlackTodd! ¡Maldita sea tu herencia hirviente en mi maldita sangre!- bramo el moreno, impactando un brutal puño en el espejo.
El cristal se rajo en el lugar del impacto, unas fisuras se extendieron desde el centro del vidrio hasta las esquinas, en todas las direcciones y sus nudillos sangraban. De hecho, el centro del espejo conservaba una mancha escarlata que se deslizaba por su rota superficie y acaba en el grifo del lavamanos. Los nudillos de su mano izquierda estaban cubiertos de sangre mientras unas lentas gotas descendían por sus dedos hasta acabar en la blanca cerámica, decorada ahora con unas cuantas gotas rojo escarlata, como el de un ladrillo.
A pesar de que eran las dos y media de la mañana y el sol ni siquiera se había dignado a salir, no todos los titanes eran ajenos al sufrimiento de Damian, había alguien más despierto, alguien que corrió extremadamente preocupado al oír como el espejo se quebraba.
-¡Damian! ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?- cuestiono el petirrojo con el aire faltándole, mientras irrumpía en la habitación del joven. Al ver que nadie respondía y que la cama estaba vacía, temió lo peor- ¿Damian? ¡Por favor que alguien conteste! ¡Sal de donde estés maldito cobarde!
Robín estaba absolutamente seguro de que un ladrón se había inmiscuido en la torre y ahora seguramente estaría haciendo de las suyas, aunque se le hacía bastante raro que la alarma no hubiese sonado. Probablemente el arquero se había percatado de su presencia, tal vez hubiera salido a verificar quien era y al no estar armado el ladrón hizo de las suyas, lo noqueo, incluso podía haberlo hecho vomitar sangre, debía encontrar al sucio criminal rápido. Verifico el perímetro velozmente para asegurarse de que todavía estaba allí, pronto se dio cuenta de que la luz del baño estaba encendida, solo significaba dos cosas: Ahí estaba Todd o el ladrón junto al cadáver de su "hermano".
-¡Las manos en la…! ¿Damian? ¿Eres tú que te paso?- inquirió el enmascarado ligeramente asustado al ver a su amigo.
Aquel frente a él no era su amigo, no era su hermano, no era Damian Adam Wayne. Era un tipo distinto, de cabello castaño oscuro al igual que el café, su peinado se parecía al de un personaje de Dragon Ball Z más no recordaba a cual, sus ojos eran azules, un azul misterioso, penetrante. Los nudillos izquierdos derramaban minúscula gotas del fluido escarlata que manchaban el piso, su mirada destilaba furia, odio e impotencia, una mezcla imposible de definir. Apretaba los puños fuertemente, los brazos le temblaban por el esfuerzo, su quijada estaba apunto de quebrarse y miraba fijamente su reflejo en los fragmentos de vidrio.
-Aléjate de mi, Dicky, huye mientras puedas- le advirtió el arquero, fijando sus ojos azul cobalto en los orbes celestes del chico- Ya no soy Damian, no sé quien soy. ¡Abandóname ahora Dicky! ¡Corre!
-¡No! ¡Jamás voy a abandonarte de nuevo, Day! ¡Damian fuiste el único que me comprendía, fuiste, eres y serás mi hermano!- a terco Dick, agarrándole por los hombros.
-¡No lo entiendes, Dicky! ¡Soy peligroso, soy un maldito demonio desalmado! ¡Ni tú ni nadie pueden ya salvarme!- vocifero el moreno mientras apartaba al enmascarado, haciendo que cayera de culo en el piso.
-¡Damian, mírame! ¡Soy tu hermano y no te dejare solo! ¡Haré lo que este a mi alcance para ayudarte!- el chico maravilla estaba determinado a no abandonarlo y se levanto del suelo- ¡No importa que tan fuerte sea la tormenta, Day, saldremos de esta juntos! ¡Tú y Yo!
-Está bien… si insistes…- cedió Damian sentándose en el inodoro.
-¿Qué te sucede? ¿Por qué eres castaño y oji azul?- intrigo el batboy, poniéndole una mano en el hombro con una mirada cariñosa.
- Dicky… lo que me sucede esta fuera del entendimiento humano, no creo que lo comprendas- confesó el azabache, soltando un largo suspiro antes de continuar- En mi lóbrega oscuridad he comenzado a oír los gritos de la locura, Dicky- el joven lo miro suplicante- Vive encerrado en mi inconsciente, se alimento de mis inseguridades y miedos, mientras mi ser se doblega en algo oscuro. ¡Dicky, no quiero ser un BlackTodd! ¡No quiero, Dicky, no quiero!
Richard se sobresalto con la confesión de su amigo, no entendió nada, no sabía que era un BlackTodd, no poseía certeza de saber que era a lo que tanto le temía el mayor, pero si de que lo salvaría, no sabia como pero iba a ayudarle. El último grito de Damian fue con un tono exasperado, temeroso, el tono de voz de un infante clamando ayuda, luego el arquero había enterrado el rostro en su hombro mientras sentía como unas lágrimas ardientes manchaban su hombro. Le acaricio el cabello marrón, preocupado por la salud mental de su hermano, sabía que no estaba loco, más parecía que dentro de él viviera un psicópata que había salido al exterior aquella noche. Y en parte tenía razón.
-Tranquilo, Day, respira todo estará bien- Grayson le susurro suavemente al oído, como si fuera su hermano menor con miedo a la oscuridad, mientras le revolvía el cabello- Dime, ¿Qué es un BlackTodd?
-Di… Dicky…. n… no tienes idea a lo que… me… me enfrento. Un… B… Black…. BlackTodd es el… mo… monstruo más… cruel y… p… psicótico que… que pu… puedas… imaginarte- tartamudeo Wayne, mirándolo suplicante. Sus misteriosas orbes azules descifraban el terror real, el profundo miedo a algo, sus ojos estaban vidriosos y una que otra lágrima le surcaba los pómulos.
-Day mírame a los ojos. No sé que es un BlackTodd, no he forjado idea a lo cual te enfrentas, Damian, pero te ayudare a derrotarlo, te ayudaremos a derrotarlo. Un titán jamás abandona a otro, y menos si es mi hermano.
-Agradezco tu ayuda, hermano- reacciono el moreno, cortando el abrazo- Sé que tienes buenas intenciones, más no creo que los titanes sirvan de mucho, Jack es muy fuerte. Aunque pusiéramos a combatir a la Liga de la Justicia y los Vengadores juntos, nos derrotaría.
-No seas tan pesimista, Damian. Quien quiera que sea ese tal Jack, vamos a derrotarlo. Juntos, Damian, como un equipo, y seis héroes unidos son un equipo imbatible- lo alentó el de ojos celestes, ilusionado sin siquiera tener idea de aquel psicópata desalmado.
-Dick, admiro tu valentía, más tú no sabes la psicopatía de ese tirano, es inconmensurable. Pero si quieres intentarlo, intentémoslo, prefiero ser una victima más a quedarme cruzado de brazos cuando el enemigo acecha- contestó el castaño mientras intentaba ponerse de pie.
-¿Te sucede algo, Day? ¿Quieres que te ayude?- cuestiono Richard, levantándose rápidamente para ayudarlo.
-No, no estoy bien, Dicky. Solo es un poco de vértigo…
El castaño no pudo rechazarle su ayuda por que repentinamente cayó al suelo inconsciente, tantos temores juntos le habían agotado su energía. Grayson se arrodillo apresuradamente al lado del arquero, le acomodo la cabeza en sus rodillas y verifico que respirara normalmente. Se encontraba aterrado, primero hallaba a su hermano con la mano ensangrentada, el espejo roto, el cabello erizado marrón y los ojos azules, luego intentaba explicarle algo absolutamente incoherente y que sin embargo no carecía de sentido, y ahora para terminar el juego "Hartemos a Robín hasta que sesuicide" Damian caía en los terrenos de la inconsciencia, no sabía que hacer ni que pensar, únicamente sabía que debía despertar a su amigo.
Richard tomo al castaño en brazos, al igual que Batman recogió el cadáver de Jason, le seco el sudor del rostro con la punta de su pijama y limpio aquel espeso liquido escarlata de sus nudillos con la pierna del pantalón. Andaba despacio, con miedo de que algún titán se despertara y los encontrara en tan penosa situación, lo llevo a le enfermería de la torre con una calma falsa, le aterrorizaba la idea de que estuviera muerto, de su hermano hubiera fallecido sin intentar nada.
Coloco el cuerpo inerte de Todd en una de las camillas suavemente, no quería causarle daño alguno, lo volteo boca arriba y observo como volvía a la normalidad. Lentamente el cabello volvía a aplastarse en su frente, recobraba su color negro intenso como la noche, parecido al de él, le abrió los parpados para asegurarse de que sus ojos eran los mismos. Efectivamente el penetrante azul cobalto desaparecía con cautela, provocando que los orbes volvieran a ser castañas con reflejos dorados, que otra vez fueran color miel.
-Respira- afirmo el batboy al acercarse a su pecho, el corazón latía, débilmente pero latía, su respiración era frágil y lenta- Esta inconsciente pero respira bien- dijo mientras lo conectaba a una maquina de oxigeno.
Aquella confusa noche Richard Grayson no durmió durante tres horas, vigilando la estabilidad del arquero. Cuando sucumbió ante Morfeo, lo hizo arrodillado al lado de su hermano, con la cabeza enterrada en la deprimente sabana verde menta y un hilillo de baba en la comisura de sus labios.
¿Saben una cosa, débiles mortales? Deberían de hacer una colecta de dinero y regalarme un viaje todo incluido a San Andrés ida y regreso nadando, XD. Les juro que me salieron ampollas en los dedos de tanto escribir, me están doliendo los ojos por estar pegada mi Windows XP toda al tarde (Sin incluir la hora y media sacando a jugar a mi chande) Mirándole el lado bueno, ¡Termine el decimocuarto capitulo en 5 días!, lo sé no es un gran logro, ok, ni siquiera es un logro. Tan solo léanlo y ya, amenácenme de muerte por tardarme en continuar o yo que sé, lo importante aquí es que OLBIGATORIAMENTE tienen que dejar reviews.
Pasemos a responder los comentarios de mis atoradísimos mortales enclenques!
Angel Rebelde18: Mi querida amiga, Dick jamás ha competido con Garfield en la serie, ni en el fic, pero si en la celosa imaginación de cierto chico verde (A menos que leas los cómics, dándote cuenta de que Nightwing y Raven mantienen una breve relación) Gracias por leer y comentar, me sonroja que te haya gustado el capitulo también que te haya sacado una sonrisa, ese el propósito de esta historia, me esmere bastante en él.
Beatlesrockfan1999: Si, se que me esta quedando genial (A quien engaño esto escoria comparado con otras cosas) Gracias por gritar como una psicópata demente en la parte del beso, la verdad fue la parte más difícil, me mate las neuronas pensando ¿Cómo acerco a Beast boy y a Raven sin necesidad de que esto altere drásticamente su relación amor-odio? Me alegra decirte que he actualizado.
Esme Mebe cx: Yo también le digo sexy a todo lo que me gusta (Eso incluye a los hombres XD) Como aprecio mi vida, y no creo que quieras terminar en la prisión por matarme, actualice, Uff que te trabajo. Contestando tus preguntas:
Chico Bestia no asesinara al arquero. Por ahora… bua jajaja (risa malvada)
No lo sé, ¿tú que crees? Nah, de hecho originalmente este iba a ser un BBxRae, pero se me ocurrió la brillante idea (tono de sarcasmo) de incluir algo de RobStar para no hacerlo tan monótono.
Robin-vivi-chan: Me declaro indudablemente culpable de tu fallo respiratorio y tu estabilidad mental. Que bien que te haya encantado el capitulo, fue un largo, extenuante y doloroso capitulo (ya corta el drama) Si, vi como mi Spencer daba esa interesante explicación de fanfiction, casi me muero.
Amo a Spencer Reid, ¿Y tú?
Temblad mortales, temblad el final de esta historia se acerca lentamente. Ni Spencer ni García ni Hotch podrá salvarlo ya, el final esta más cerca que entrar al colegio, ¿Cómo demonios terminara esto? No lo sabrán, mis queridos mortales hasta que se termine, (Que pendejada dije ahí) Como sea continuemos con las archiconocidas preguntas!
¿Damian saldrá ileso de la inconsciencia? ¿Los titanes serán suficientes para enfrentar la amenaza de Jack? ¿Por qué coño Robín es el único despierto a los dos de la mañana? ¿Los titanes este se enteraran de la existencia del arquero? ¿Qué habrá sido de Raven y Chico Bestia? Les tengo la cura a todos sus males, la respuesta a todas sus dudas, con eso serás el más inteligente de tu clase, el más popular del colegio, con esto serás la perfección encarnada, señoras y señores les presento:
¡El próximo capitulo de Navaja de Recuerdos! ¡Disponible en Fanfiction, AXN y tiendas no registradas por el gobierno! Lamentablemente se me agotaron las existencias, tendrán que esperar hasta que llegue un nuevo cargamento. (Comerciante chimba XD)
