CAPÍTULO 13
Pero no mejoró. Al contrario, parecía que los astros se estaban alineando para que todo lo que pudiera salir mal lo hiciera. Esa misma mañana, Emily recibió una llamada en la que le informaban que su hermana había sufrido una caída y se había roto la pierna. Ante tal noticia, la mujer dispuso todo para ir a acompañar a su hermana durante los primeros días de su convalecencia.
Bella y Edward se encontraban en el salón esperando noticias sobre lo ocurrido la noche anterior.
—Esto parece una broma de mal gusto. —Aseguró Emmet cuando llegó junto al jefe de bomberos al día siguiente—. En serio, chicos, estoy pensando que os han echado un mal de ojo.
—No bromees, Emmet. La pobre Emily se ha llevado un susto de muerte. Entre lo de anoche y lo de su hermana…, se ha tenido que tomar una valeriana doble antes de marcharse.
—No te enfades Bella, sólo era por aligerar el ambiente.
—Pues déjate de aligerar el ambiente y coméntanos acerca de lo que habéis averiguado. —Habló Edward que no estaba para bromas precisamente.
Jackman, el jefe de bomberos fue quien tomó el turno de palabra entonces.
—Se han encontrado un par de colillas en lo que se supone es el foco que desencadenó el fuego. Además, todo indica que la zona fue regada con algún tipo de plaguicida para que se propagara.
—Por eso el olor me parecía familiar.
—De todas formas, no podemos afirmar nada hasta que no tengamos resultados confirmados por parte del laboratorio. En cuanto sepamos algo te llamaré para hablar contigo y con Charlie para poneros al día, ¿Cuándo vuelve él?
—En principio se iba por una semana, así que imagino que a mediados de la semana que viene volverá. —Contestó Edward.
—Estupendo entonces, cuando sepa algo os avisaré. Me marcho, ¿Vienes Emmet?
—Sí. Os dejo chicos, espero no tener que volver por aquí por alguna que otra emergencia. Por cierto, tenemos que repetir lo de otra noche, me muero por verte mover el cuerpo de nuevo, Edward. —Se despidió haciendo un gracioso baile.
—¡Lárgate ya pesado!
Los dos hombres abandonaron la propiedad dejando a la pareja pensativa.
—¿Crees qué ha sido alguien del rancho? —Preguntó Bella.
—No. El nombre que ronda mi cabeza imagino que sabes cuál es.
—¿Voulturi?
—Exacto. —Lo que Edward no verbalizó, fue que estaba empezando a sospechar que podría tener ayuda de alguien de dentro. Aunque se negaba a pensar que alguno de los trabajadores pudiera traicionar a Charlie de esa manera. —Será mejor que intentemos recuperar la normalidad y volvamos al trabajo, porque de seguir así, nos vamos a quedar solos en el rancho.
—Esperemos que no haya ninguna baja más.
—Esperemos. ¡Ah!, Se me olvidaba, le dije a Seth que avisara a Black de camino cuando fue a llevar a Emily. Si aparece... avísame, por favor, estoy seguro de que te buscará a ti antes que a mí.
—Edward….
—¿Nos apostamos algo? —No la dejó contestar porque tocando el ala de su sombrero se marchó con un gesto burlón en su cara.
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Tuvo que reconocer que Edward tenía razón. A media mañana, Jacob apareció por los establos.
—¡Qué pena que seas veterinaria y no mecánica! Trabajar a tú lado haría mis días en el taller menos pesados.
Isabella, que en esos momentos auscultaba a una yegua, se giró y lo descubrió apoyado contra la pared cruzado de brazos. Su postura gritaba chulería por los cuatro costados.
—¡Jacob!, No te he escuchado entrar.
—Seth me dijo en la mañana que me necesitabais. Espero que no sea para apagar fuego.
—Eh, no, y no te rías de eso. Pudo haber acabado en una desgracia. —Lo regaño Bella de manera severa.
—Tienes razón. —Jacob se puso serio y abandonó su pose llevándose las manos al bolsillo y agachando la cabeza como un niño pequeño al que regañan—. No ha tenido gracia, lo siento.
—Será mejor que vaya a buscar a Edward para que te comente lo que pasó.
—De acuerdo. Seguro que tu capataz entenderá mucho de animales, pero por lo que se ve en lo que respecta a la mecánica...
Jacob no pudo terminar la frase ya que la voz de Edward sonó fuerte y grave tras de él.
—No es necesario, Bella, ya estoy aquí. ¿De qué vivirías si nos dedicáramos nosotros a arreglar nuestros coches, Jacob?
Ante eso, el chico no tuvo más remedio que callar.
—Será mejor que me acompañes. Tenemos mucho trabajo y no podemos perder el tiempo.
—Veamos si tiene solución. Bella espero que tengas un buen día y que este…carcamal no te explote.
—Tranquilo, Jake, Edward es un buen jefe. —Sonrió Bella.
—¡Ah!, Por cierto. El próximo fin de semana es la fiesta de los labradores. El pueblo se engalana para celebrarlo, si quieres puedo recogerte e ir a dar una vuelta.
Bella iba a contestar cuando Edward se adelantó.
—No te preocupes, Jake, —Respondió empleando el apodo por el que Bella lo había llamado—. Iremos con mi primo y Jasper, yo la llevaré.
Bella miró a Edward pues no habían hablado sobre el tema, pero teniendo en cuenta que estaban intentando tener algo, era lógico que fuera con él.
—¡Allí te veré, Jake! —Se despidió ella.
Jacob acompañado por Edward abandonó el establo dirigiéndose hacia el vehículo estropeado.
—¿Sabes?, Sería interesante que dejaras a Bella elegir por ella misma. Ya sabes, es una mujer que tiene voz y voto.
—La cosa, Jacob, es que Bella ya ha elegido. Ya sabes... con su voz y sus votos. —Contestó mordaz Edward.
—Tampoco es que haya tenido opción, ¿No crees? No sé, quizás cuando vea la variedad…cambie de opinión.
—Si es así, no tendré problemas. Ella es libre para tomar sus decisiones. Aun así, cualquier opción será mejor que tú.
—O que tú. —Respondió malhumorado él.
—O que yo. Este es el coche, haz lo que puedas con él. Si tienes que llevártelo hazlo y cuando esté solucionado ponte en contacto con nosotros.
—Que pronto se te sube el papel de dueño y señor del rancho cuando Charlie no está. —Picó Jacob.
—Cuando Charlie no está, es él quien me deja al mando y si tienes alguna duda o prefieres discutirlo con él, háblalo cuando vuelva. Aquí te dejo, adiós, Jacob.
Si los ojos fueran puñales, ahora mismo Edward tendría dos clavados en su espalda. Pues mientras que se alejaba, Jacob lo estaba fulminando con la mirada. Siempre le había caído mal, pero que le hubiera tomado ventaja con Bella lo ponía de peor humor. Ella le gustaba, y mucho. Poco le importaba que él llevara ventaja, la chica sería suya, o al menos disfrutaría de ella. Cuando él quería algo, no había nada ni nadie que le impidiera tenerlo.
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—¿En serio vas a cenar aquí? —Preguntó Bella en el salón de la casa principal.
—Pues claro, ¿Pensabas que te iba a dejar aquí sola? —Edward había aparecido duchado en la casa justo cuando ella había terminado su jornada laboral—. Además, Emily me encomendó que te cuidara durante su ausencia y eso es justo lo que voy a hacer. Muchos días ceno aquí con vosotros, así que no hay nada raro en ello.
—No, no, si por mi genial. Te quedas a cargo de la cena mientras que yo me ducho. He estado con los cerdos y huelo un poco...
—¿En serio? —Dijo Edward en tono de broma mientras que se tapaba la nariz. —No me había fijado.
—¡Que gracioso! —ironizó Bella mientras subía las escaleras.
—¡No tardes! —Edward se dirigió a la cocina y empezó a descongelar algunos de los recipientes que Emily preparaba para emergencias como esas. Había terminado antes de lo previsto, por eso, se duchó y cambió rápido para acompañar a Isabella esa noche en la casa. Emily le había sugerido que le daba miedo que Bella, que llevaba tan poco tiempo allí, cenara sola esa noche. Edward le prometió que la acompañaría y se aseguraría que todo estuviera bien cerrado antes de que ella se fuera a la cama.
Habían transcurrido apenas quince minutos cuando escuchó que Bella lo llamaba a gritos.
—¡Ahh!, ¡Edward!, ¡Edward, por favor!, ¡Ven! —Escuchó que gritaba desde la parte de arriba. Dejó lo que estaba haciendo y echó a correr.
—¡Bella!, ¡Voy!, ¡Ya voy, tranquila! —Subió las escaleras de dos en dos. Llegó corriendo a la habitación y abrió la puerta de golpe.
—¡Bella!, ¡Bella! —Entró en el cuarto de baño y vio que estaba todo inundado. Ella estaba intentando frenar el chorro de agua que salía a presión de dónde se suponía debía estar el grifo del lavabo.
—¡Ha salido disparado!, ¡No consigo que pare!
—¡Aparta! ¡La llave de paso está debajo tengo que cerrarla! —Empujándola suavemente, Edward abrió la puerta que había bajo el armario y tirando sin cuidado las cosas que estaban dentro de él consiguió acceder a la llave de paso para cerrarla. Poco a poco el chorro de agua fue disminuyendo hasta que cesó.
—¿Qué ha pasado? —Preguntó cuándo se incorporó.
—¡No lo sé! Cuando me duché estaba todo bien. Me puse la crema y fui a abrir el grifo para lavarme las manos cuando salió disparado y empezó a salir agua a toda presión.
Ambos se miraron y rompieron a reír. Era como si se hubiera desatado una cadena de incidentes; el coche, el incendio, lo de la hermana de Emily y ahora esto. Era surrealista, agua por el suelo y ellos dos allí mojados de arriba a abajo.
—¡Estás empapado! —Apreció Bella.
—¡Y tú también! —Edward la recorrió con la mirada. Su pijama de pantalón corto negro con mariposas blancas y rosas se adhería a sus piernas, mientras que su camiseta rosa de tirantes negros con un par de mariposas blancas en el centro estaba completamente mojada y pegada a su cuerpo. La forma de sus senos se apreciaba y sus pezones, endurecidos por el agua fría, confirmaban la falta se sujetador. Gotitas de agua salpicaban sus brazos, pecho y cara y de su moño escapaban mechones sueltos y húmedos adheridos a su frente.
—¡Estás preciosa! —Murmuró mientras acariciaba su cara suavemente. Bella levantó lentamente su mirada. Edward acortó la distancia entre ellos y la besó. Empezó como un beso suave, acariciando sus labios, ella enredó las manos en su cuello y lo atrajo hacia si invitándolo a profundizar el beso. Edward ante ese gesto introdujo su lengua acariciando cada rincón de su boca. Retrocediendo, el cuerpo de ella chocó con el lavabo. Edward, tomándola por las caderas, la levantó y la dejó sentada en la encimera quedando encajada entre sus piernas. Los besos eran cada vez más ansiosos. Él empezó a acariciar su cintura, levantando levemente su camiseta, dejando su abdomen al descubierto, la invitó a echarse hacia atrás mientras que besaba la zona descubierta y jugaba con su lengua alrededor de su ombligo. Jadeando de placer, Bella lo levantó y empezó a desabrochar la camisa mojada de él. Sin perder tiempo, Edward hizo lo mismo con ella dejando al descubierto sus dos preciosos pechos, firmes y erguidos tanto por el frío como por la excitación. La mirada de él la abrasaba. Intentando corresponderle, ella empezó a depositar besos húmedos por su torso. Sus dientes y lengua se enredaban en sus tetillas mientras que sus manos curiosas empezaban a desabrochar el pantalón.
—¿Estás segura, Bella? —Preguntó él jadeante—. Si seguimos no creo poder parar.
—Completamente. —Afirmó ella.
Sin esperar más, Edward la tomó entre sus brazos y enredando las piernas de ella en su cintura se dirigió a la cama. La depositó suavemente y sin perder contacto visual se despojó de sus zapatos y se acomodó encima de ella, deslizándose lentamente, como una pantera que examina a su presa.
Empezó atacando su boca, repartiendo un reguero de besos por su cuello y pecho, atendiéndolos, envolviendo sus pezones con su lengua... Bella, presa de placer, arqueaba la espalda y acaricia su pecho, su cabeza, su espalda, clavando suavemente sus uñas en la piel de él cuando el placer se hacía insoportable. De esa manera tan tortuosa alcanzo el primer orgasmo de la noche.
—¿Te parece si nos deshacemos de esto? —Preguntó Edward mientras deslizaba el pantalón del pijama y dejaba al descubierto unas pequeñas braguitas de encaje negro—. ¡Uhmm!, ¡Me encanta el encaje en tu cuerpo! —Dijo depositando un beso sobre su monte de venus. Deslizó la tela y dejó al descubierto su sexo casi depilado por completo, una pequeña fila de bello se apreciaba alrededor de sus labios. Empezó besando sus ingles, dirigiéndose lentamente hacia la parte interna.
—¡Oh Dios!, ¡Edward!, ¡Ah! —Bella intentó removerse cuando adivinó sus intenciones.
—¡Shh!, ¡Disfruta! —Murmuró él antes de lanzarse sediento sobre ella. —Empezó a juguetear con su lengua mientras introducía sus dedos en su interior, deslizándolos lentamente hacia dentro al tiempo que su lengua y dientes atendían el clítoris de ella. Fue alternado dedos y boca, torturándola, saboreando sus jugos cuando ella alcanzó el clímax. Cuando los últimos coletazos del éxtasis cesaron, su cuerpo quedó saciado y relajado sobre las sábanas.
—¿Bien? —Preguntó con una sonrisa pícara.
—Perfectamente. —Suspiró—. Pero creo que..., —Hizo una pinza con sus piernas alrededor de su cintura e invirtió sus posiciones. —Ahora te toca sufrir a ti.
—No es necesario, Bella.
—Sí que lo es, aunque no lo he hecho nunca así que...
—¡No!, No tienes la obligación de compensarme.
—¡Quiero hacerlo!, Así que... empezaremos por quitar esto. —Bajó sus vaqueros llevándose consigo su bóxer blanco. Su miembro salió disparado, tieso y febril, deseoso de ser liberado. Empezó a acariciarlo lentamente, arriba y abajo, acariciando con su otra mano los testículos. Agachando la cabeza empezó a depositar suaves y calientes besos por toda su longitud, provocando que Edward muriera lentamente. Él se removía inquieto, aferrando sus manos a las sábanas refrenando las ganas de dirigir su ritmo. Los besos se transformaron en lamidas, suaves y lentas, cómo cuando estás disfrutando de un helado. Al final, su boca cubrió su capullo y Edward se perdió en la lujuria. La manera en la que la boca de ella lo consumía le hizo perder la razón. Se dejó llevar a una nube de placer notando el cálido tacto que lo envolvía. A punto de llegar al orgasmo, avisó a Bella.
—¡Bella!, ¡Bella!, Voy a..., preciosa voy a … —Lentamente ella abandonó su miembro en el momento que su semen empezó a salir.
—¡Joder...! ¡Dios, Bella!, Eres mi perdición. —Y volviendo a tumbarla de espalda en la cama la besó apasionadamente.
—¿Te ha gustado? —Preguntó sonrojada—. Edward aún no se explicaba cómo la chica que le había hecho la mamada más increíble de su vida y la que estaba ahora completamente ruborizada podían ser la misma persona.
—Nunca, y cuando digo nunca, es nunca, me había sentido así. —Conforme con la respuesta que él le dio Bella se lanzó a besarlo de nuevo.
Empezaron a rozar sus cuerpos. Edward busco con sus dedos volver a estimularla puesto que él ya estaba de nuevo listo. Cuando notó que empezaba a humedecerse, dirigió su miembro a la entrada de ella.
—Si dices no, pararé Bella. Lo que hemos hecho antes no tiene por qué obligarte a continuar.
—Edward, si no sigues me moriré. —Él no necesitó más. Lentamente empezó a introducirse en ella. Notó como su estrecha cavidad lo envolvía, al principio con resistencia. Avanzaba de manera lenta conforme notaba que sus músculos se relajaban. Notó un ligero tope, mirándola a los ojos murmuró:
—No seré brusco, pero si el dolor es intenso pararé. —Con un asentimiento de cabeza, ella le dio permiso para continuar. Edward la penetró y notó como la barrera cedía. Bella se estremeció. No era un dolor tan intenso como esperaba, pero si algo molesto. Edward permaneció quieto esperando a que ella se acomodara a su invasión. Cuando notó que se relajaba, la penetró por completo. Un jadeo de sorpresa salió de la boca de ella.
—¿Estás bien? —Preguntó preocupado.
—Sí, es sólo... que...eres...muy grande. —Dijo tímidamente.
—Si únicamente es ese el problema, entonces no hay de qué preocuparse. —Intentó bromear él. Se lanzó de nuevo a su boca y empezó a bombear dentro de ella; al principio las acometidas eran lentas, su vagina lo aprisionaba mandando descargas de placer hacia su miembro. Sus jugos los envolvían, cada vez que se introducía más y más en ella, la estrechez de sus paredes lo volvían loco.
—¡Uhmm!, ¡Ah!, ¡Edward! —Sollozaba ella presa del placer. Sus caderas salían al encuentro de él con cada embestida.
—¡Así preciosa!, ¡Más... más! —El sexo oral con ella había sido fantástico pero el sentir su interior se estaba convirtiendo en una experiencia inigualable.
Notando como Bella estaba a punto de alcanzar el orgasmo. Edward la apretó más contra él, mientras que con su otra mano acariciaba su clítoris para acelerar el proceso. El fuerte jadeo que salió de su boca y la manera en que sus uñas se estaban clavando en sus hombros hizo que él aumentara la velocidad de sus arremetidas para llegar con ella. Juntando ambas frentes y aprisionando sus bocas, Edward explotó regando con su semen todo su interior al mismo tiempo que de los labios de Bella salía su nombre.
Él se derrumbó encima de ella, intentando no aplastarla con su peso, pero sin salir de su interior. No quería moverse de allí. Nunca se había sentido tan cómodo. Era como si hubiera encontrado su lugar. Ambas respiraciones se ralentizaron. No dejaban de acariciarse, suavemente, mirándose, no hacía falta palabras, sus miradas lo expresaban todo. Edward se acomodó a su lado, quitándose de encima y saliendo de ella muy a su pesar. La abrazó y atrajo a su pecho mientras que acariciaba su costado. Ella por su parte rodeó su cuello acariciando su nuca suavemente, como sabía que a él le gustaba y sumidos en ese delicioso sopor se abandonaron al sueño que los invadió.
Al final tanto practicar ha servido para algo, ¿No? ¡Menuda primera vez!
Edward y su vena posesiva han aparecido de nuevo, que celosillo que és. ¿Les dejará Jacob disfrutar de la fiesta de los labradores?, ¿Volverá Charlie?, ¿Se tranquilizarán las cosas en el rancho?
Espero que os haya gustado este regalo de reyes
Espero que Melchor, Gaspar y Baltasar os traigan muchos regalitos.
Muchas gracias por vuestros follows, fas y reviews, espero leer vuestros comentarios sobre que os ha parecido el capítulo.
Nos seguimos leyendo
¡FELIZ NOCHE DE REYES!
Saludos
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