Life, Love, and Everything in Between

Life, Love, and Everything in Between

Autora: SweetMercy

Traductora : Alisevv

Pareja: SS/HP

Advertencias: La historia es Slash, o sea, relación chico/chico y contiene Mpreg

Disclaimer: Todos son de Rowling, con lo mal que los trata

La versión original la pueden encontrar en :

/s/2963229/1/LifeLoveandEverythinginBetween

Nota autora: IMPORTANTE—POR FAVOR, LEER : Debo advertir sobre este capítulo. Yo supe desde el comienzo que esto iba a pasar. Después de leer todos sus comentarios, admito que lo volví a pensar, pero un amigo me convenció que continuara con mi idea original y eso hice. Sólo quiero asegurarles que el fic tendrá un final feliz y tendrá dos secuelas con poca angustia, pero en este momento debo advertir que el capítulo trata delicadamente temas que a algunas personas pueden no gustarles. Si ése es el caso, de verdad me disculpo. Por favor, no me odien después de leer el capítulo, las cosas mejorarán, lo prometo.

Nota traductora: Bueno, el capi es duro pero los animo a leerlo. Sólo quiero agregar a lo dicho por la autora, que ni Harry ni Sev mueren (o no habría secuelas jiji)

Life, Love, and Everything in Between

Vida, amor, y todo entremedio

Capítulo 14/15

Perder y Encontrar

Harry terminó de escribir la carta a Sirius y la firmó, antes de deslizar el pergamino en el sobre y sellarlo. Había pensado que lo mejor era decirle que iba a salir de vacaciones durante las primeras semanas del verano, de modo que su padrino no hiciera planes. Sabía que el hombre no estaría muy feliz con esto, pues extrañaba a su ahijado terriblemente cuando estaba en la escuela, pero sólo sería por unas pocas semanas, pues todavía necesitaba encontrar trabajo y comprar una casa.

Dejo la carta en su mesita de noche, se levantó y caminó hasta la ventana. La risa distante de los estudiantes llegaba hasta sus oídos a través de la ventana abierta y Harry sonrió con tristeza. Deseaba poder estar ahí afuera, disfrutando del sol del verano con los demás. Pero le había dicho a Ron que necesitaba hablar con Dumbledore sobre lo que haría cuando terminara Hogwarts. La verdad era que deseaba un tiempo a solas. Hermione no le hablaba y dudaba que lo volviera a hacer. La noticia de que iba a abortar le había dolido a la chica tremendamente. El dolor de él era que su amistad con Hermione estaba siendo destruida por esto.

Pero permanecía el hecho de que era incapaz de conservar al bebé; un bebé que había sido engendrado por Severus Snape. Criar un niño era una enorme responsabilidad y no estaba seguro de estar listo para asumir ese papel tan pronto, luego de haber restablecido la paz en el mundo mágico. En el pasado, su vida había estado limitada, primero por los Dursley, y luego por Voldemort. Pero ahora todo había terminado; había quedado libre de las cadenas que lo habían atado por tanto tiempo. Ahora era tiempo de empezar a vivir. Ya era el momento de hacer todo lo que había deseado.

Había perdido su niñez y no tenía intención de perder sus años de libertad. Deseaba viajar, explorar, experimentar cosas diferentes. Quería divertirse; divertirse sin que hacerlo terminara resultando un peligro para el resto del mundo. Al fin era libre. Lo último que necesitaba ahora, de todas las cosas, era un bebé.

Un lindo pequeño, con grandiosas mejillas rosadas y unos grandes ojos verdes…

La puerta del dormitorio se abrió, y él levantó la cabeza para ver a Ron entrando y tirándose en su cama, exhausto. Harry se sentó al lado de la ventana.

—¿Hermione consiguió que corretearas?— preguntó, mirando a su amigo.

—De una forma que no creerías— contestó, echando el brazo sobre su cara—. Todos están en una lucha de agua allá afuera y el alboroto es tremendo. Necesitaba un descanso— se detuvo para suspirar profundamente, antes de enderezarse y rodar para quedar frente a Harry—. Entonces, ¿ya hablaste con Dumbledore?

—¿Ah?

—¿Que si hablaste con Dumbledore?

—Oh— recordó—. Sí, lo hice. Todo está bien.

Ron asintió. Parecía como si quisiera decir algo pero quizás pensó que era mejor dejarlo. Comenzó a juguetear distraídamente con un hilo de su almohada. Cuando finalmente decidió expresar en voz alta lo que rondaba su mente, no estaba mirando a Harry.

—Tú, err… bien, Hermione me dijo sobre el bebé… y todo eso.

—¿Lo hizo?

—Vamos, compañero, no puedes culparla por contarme— le dijo—. Somos tus mejores amigos, ¿no? Ella está preocupada por ti.

—No lo está, ella está furiosa conmigo— argumentó Harry.

—Se calmará eventualmente— dijo su amigo, aunque no sonaba muy convencido de ello—. Hermione sólo, no sé… tiene problemas para entender tus razones para… ya sabes… abortar.

—Sí, bien, ¡ése no es para nada su asunto!

—Ey, no hay necesidad de desquitarse conmigo, ¿sabes?

—Bueno, ¡ella es tu novia!

—¿Cuál es el problema con eso?

Harry sólo suspiró y sacudió la cabeza.

—Mira— continuó Ron—. Hermione me contó por qué quieres abortar y todo eso, y supongo que en cierto modo, puedo comprender que… no ha sido precisamente fácil de sobrellevar, ¿cierto? Quiero decir, todo siempre te pasa a ti, y convengo en que sí, es hora que descanses y todo…

—¿Pero?

—Bien… es un bebé, ¿sabes? No estoy en contra del aborto ni nada pero… quizás la concepción de ese niño no fue un error, quizás fue una bendición.

Harry levantó la vista.

—¿Qué quieres decir?

—No sé realmente— murmuró, apartando la mirada—. No soy bueno en esta clase de cosas, sabes que no. Pero lo que estoy tratando de decir es, bueno, quizás el bebé sea algo bueno. Algo bueno que viene de toda esta mierda. Se te ha dado la oportunidad de tener una familia, y eso es algo que siempre has querido. Puedes darle a este niño lo que tú nunca tuviste.

Harry no dijo nada. Ron tenía razón en eso, él había deseado una familia. Pero cuando había pensado en eso, siempre había imaginado padres, y hermanas y hermanos… quizás alguien con quien casarse. Un bebé jamás había cruzado por su mente. Bueno, quizás una vez… o dos…

…Vale, está bien, sí había pensado en bebés, pero siempre había dibujado su pequeña familia perfecta incluyendo una figura materna para sus niños, quizás viviendo en una linda y acogedora casita en algún lugar del país, con un gran jardín trasero y una agradable laguna donde, cada domingo, la familia pudiera hacer picnic, lanzar migajas de pan a los peces… Eso sería, por supuesto, después que saliera de su penthouse ideal.

¿Realmente estaba haciendo lo correcto al librarse de esto? ¿Era algo egoísta hacerse un aborto? ¿Quizás debería conservarlo? Seguro, él sería un padre soltero, pero no era como si no pudiera permitírselo. Él era capaz de dar al niño una vida holgada, segura, agradable. Después de haber tenido un inicio de vida de mierda, tener este bebé le proporcionaría compañía y amor. Claro, la gente hablaría, ¿y eso qué? Después de esta bomba, pasaba bastante de los demás.

Y siempre estaba la posibilidad de adopción. ¿Pero realmente podría entregar a su niño? ¿Podría pasar los nueve meses de embarazo, la agonía del parto, mirar a su bebé y simplemente entregarlo a extraños? ¿Y si eran Mortífagos que habían logrado escapar? ¿Y si eran personas horribles? ¿Y si abusaban del pobrecito? ¿De verdad quería tomar ese riesgo?

Quizás Sirius y Remus querrían quedarse con el bebé. Ellos eran unos padres grandiosos y Harry sabía que amarían al niño como si fuera propio. Pero entonces tendría que ver a su propio hijo siendo criado por otras personas. ¿Su hijo nunca sabría quien era su padre verdadero? ¿Y si empezaba a encariñarse con él y quería conservarlo?

Estaba embarazado. Tenía un bebé en su interior. ¿Y si abortaba y nunca tenía oportunidad de tener otro?

—Ron, me estaba preguntando donde te habías… oh.

Hermione había entrado en el dormitorio.

—Sólo voy a conseguir algo de agua, estaré afuera un rato— le dijo Ron a la chica. Se levantó y fue al baño.

Tan pronto como la puerta se cerró, Harry permaneció en un amargo silencio con Hermione. Debía haberla ofendido profundamente cuando le había gritado, diciéndole que no iba a conservar al bebé. Nunca había sabido el punto de vista de la chica acerca del aborto pero había pensado que, al ver que su mejor amigo estaba en problemas, ella lo habría apoyado sin importar lo que decidiera. Pues al final del día, usado como un cliché, era su decisión, estaban hablando de su vida y su cuerpo después de todo.

Incapaz de seguir soportando la mirada de Hermione, se levantó.

—¿Tienes que mirarme enfurruñada?

—La conciencia culpable te esta molestando, ¿cierto?— preguntó ella, siguiéndolo hasta la sala común.

—De verdad que no tengo que seguir aguantando esto— dijo con un suspiro, girándose a mirarla—. ¿Por qué no puedes aceptar que es mi decisión, Hermione? ¿Por qué, simplemente, no lo dejas así?

—Porque, Harry, es un asesinato— replicó—. ¿Quieres cometer un asesinato?

—Ya lo hice— le recordó el joven—. A un tipo grande, viejo, horrendo, que se hacía llamar Señor Oscuro y tenía un temperamento bastante desagradable. ¿Te suena?

—No puedo creer que estés siendo sarcástico con algo así— bufó ella—. ¿No estás tomando esto en serio?

—¡Por supuesto que lo estoy tomando en serio! ¿Quién demonios te crees que soy? ¡¿Y quién demonios piensas que eres?!

—¡Soy tu amiga, Harry! Quiero que hagas lo correcto. Simplemente, no puedo entender por qué quieres abortar. ¡Harry, es una vida inocente!

—¡Tú no comprendes! ¡No entiendes lo que significa ser yo! ¡Probablemente, no puedes comprender por lo que estoy pasando, así que no te atrevas a juzgarme! ¡Hasta que estés en mi lugar, no tienes derecho a decir nada sobre esto!

—Pero Harry…

El chico la interrumpió.

—¿Tienes una idea de por lo que estoy pasando?— Hermione sacudió la cabeza, mordiéndose el labio—. No— espetó él—. ¡Entonces, no te atrevas a pararte ahí y decirme lo que puedo o no puedo hacer!

—Chicos, chicos, vamos, no peleen— se escuchó la voz de Ron mientras se acercaba a ellos.

Harry no creía posible estar tan enojado con uno de sus amigos, pero Hermione realmente estaba empezando a probar su temperamento. ¿Por qué no podía ayudarlo y apoyarlo en todo esto? No era como si pudiera ir a los brazos del otro padre en busca de consuelo.

—Ella empezó— murmuró Harry con enfado.

—No hubiéramos discutido si escucharas razones.

—Hermione, vamos, sólo déjalo, ¿vale? Suficientemente duro es para él sin tu insistencia.

—¡¿Insistencia?! Ron, él está…

—¡Hermione!

Ante el grito de Ron, la chica cerró la boca pero se mordió el labio, como si intentara evitar continuar.

—Gracias— dijo Ron—. Ahora— continuó lentamente—, voy a regresar allá afuera. ¿Alguno de ustedes viene conmigo?

Harry sacudió la cabeza.

—Yo voy a bajar a conseguir algo de comer— declaró.

—¿Hermione?

—Yo voy contigo. Pero no voy a jugar.

Después de despedirse de Ron, Harry comenzó su lento descenso hacia las cocinas. Estaba seguro que Hermione regresaría algún día, después de todo, habían sido los mejores amigos durante siete años… En realidad, no podía imaginar la vida sin ella.

ººººººººº

Severus refunfuñaba mientras se dirigía a las oficinas de la Dirección. El por que el anciano no podía mover su perezoso trasero y bajar a sus habitaciones estaba más allá de su comprensión. ¿Y si hubiera estado a mitad de la elaboración de una poción y no hubiera podido dejarla?

La guerra había terminado y estaban casi a finales del año escolar, entonces, ¿qué podía querer discutir el Director? ¡Si era otro de sus intentos para que asistiera al maldito baile del viernes…!

Una vez que hubo alcanzado la entrada de la oficina, tocó y entró. Dumbledore estaba sentado en su lugar habitual, luciendo alto y poderoso, y ligeramente ridículo, en su túnica púrpura y oro. El anciano sonrió y le hizo señas para que tomara asiento.

—Buenas tardes, Severus. ¿Cómo estás este agradable día?

"Bueno, he arruinado mi única oportunidad de ser feliz, y herido e insultado a la única persona que alguna vez mostró un verdadero interés romántico en mí, y después que él se gradúe probablemente nunca lo volveré a ver, y tendré que vivir con mi culpa y arrepentimiento por el resto de mi vida"

—He estado mejor— dijo en voz alta—. No tengo tiempo para cortesías, Albus. ¿Por qué me mandaste llamar?

Con un suspiro, Dumbledore interrumpió su cotilleo.

—Hay algo que deseo conversar contigo— hizo una pausa, en espera que Severus hablara. Sin embargo, cuando se hizo evidente que no iba a conseguir ni una palabra de su interlocutor, continuó—: Es sobre algo que dijiste después de la Batalla Final.

De nuevo Severus permaneció en silencio. Realmente, no tenía tiempo para las tonterías de Dumbledore.

—Cuando te encontré en el campo de batalla, apenas consciente, te referiste a Harry como 'mi Harry'.

"¡Oh, hijo de puta! ¡Actúa fríamente, Severus. Sólo actúa fríamente"

—Estoy muy seguro que no dije eso— declaró.

—Yo estoy muy seguro de que lo hiciste. Además, hablaste de cómo te habías portado con él y que no tuviste oportunidad de pedirle perdón.

—Realmente…

—Severus… perdóname por preguntar pero, ¿hay algo entre tú y Harry?

"Ninguna maldita cosa. No después del modo en que lo traté"

—¿Con Potter? ¿Hablas en serio? Albus, él tiene diecisiete años.

—Estoy muy consciente de eso. Pero no puedo ignorar lo que dijiste, aún cuando estabas apenas consciente. Sólo… ¿de qué tienes que disculparte con él?

—Nada— replicó Severus, tratando de mantener su temperamento bajo control—. Cuando me encontraste, estaba completamente desorientado. No hablaba con sentido.

—Lo llamaste 'mi Harry'

—¿Por qué estás planteándome esto ahora? – inquirió Severus, en un intento de evitar dar una respuesta apropiada—. Ha pasado un mes desde aquel día.

—Estaba esperando que tú me lo contaras— admitió el anciano—. Severus, si hay algo entre Harry y tú…— se detuvo y suspiró—. Es un estudiante, Severus. Un adolescente. No quiero que te metas en problemas.

—Albus, créeme cuando te digo que Harry y yo no estamos involucrados de ninguna forma. Ahora, si eso es todo, voy a seguir con lo mío.

ººººººººº

A la siguiente mañana, Harry despertó para encontrarse con que el dormitorio estaba vacío. Rodando sobre si mismo, miró el reloj que tenía al lado de su cama: la una y veintitrés minutos de la tarde. Supuso que era hora de levantarse.

Tomó sus ropas del piso y caminó hacia el cuanto de baño. Una vez dentro, cerró la puerta y lanzó la ropa a un lado. Después de ir al baño y aliviarse, observó su reflejo en el espejo. Afortunadamente, todavía no se le notaba nada. Bien. Quería aprovechar el tiempo cálido y broncearse algo antes de salir de vacaciones, ya que no planeaba ir a alguna playa por el momento. Había decidido que primero quería visitar algunas ciudades y el campo, antes de dirigirse a climas más calientes y exóticos.

Apartándose del espejo, se metió en la ducha, debajo del rociador caliente. Se enjabonó y lavó su cabello antes de enjuagarse y salir. Una vez seco, se deslizó en su ropa, sin preocuparse por peinar su cabello mojado. Su estómago estaba empezando a gruñir del hambre, así que se cepilló rápidamente los dientes y levantó su pijama. Estaba a punto de entrar de nuevo a la habitación, cuando escuchó voces. Sonaban como Ron y Hermione.

Con el oído presionado contra la puerta del baño, escuchó.

—Comprendo que alguna gente quiera hacerse abortos— estaba diciendo Hermione—. Sólo que nunca pensé que alguien que yo conociera quisiera uno.

—Sólo porque él diga que quiera uno no significa que vaya a hacerlo— argumentaba Ron.

—Lo sé. Pero, ¿y si lo hace? No quiero que viva con la culpa. Estaba tratando de cuidarlo.

—¿Exigiéndole que tenga al bebé?— dijo Ron, alzando la voz—. ¡No puedes obligarlo a tener al niño, Hermione!

—No estoy obligándolo a tener al niño.

—¡Sí, lo estás haciendo!

—Si no quería un bebé, debería haber usado anticonceptivos.

—¡Él ni siguiera sabía que los hombres podían quedar embarazados! ¡Yo ni siguiera sabía que los hombres podían quedar embarazados, y fui criado en el mundo mágico!

—¡Bien, debería haber investigado un poco antes de dormir con un tío!

—Oh, investigar, sí, eso es verdaderamente romántico.

—Bien, en vista del hecho que Harry ya no está con este hombre misterioso, no hubo verdadero romance de todas formas.

Pasaron unos momentos de silencio antes que Ron volviera a hablar.

—Nunca pensé que tú le harías esto. ¿Has visto lo que todo esto le ha afectado? Somos sus mejores amigos, Hermione. Nos necesita. ¿Por qué tienes que ser así?

—Tú sabes como soy, Ron— dijo Hermione, pero esta vez su voz era mucho más apagada y con un ligero todo de disculpa—. Yo quiero hacer el bien, dar una mejor vida a los elfos domésticos, darles derechos humanos a los hombres lobo… Darles una oportunidad de vivir a los niños nonatos. Así es como soy, no puedo evitarlo. Él… bien, él sonó tan serio cuando dijo… No pensé.

—Eso es bastante obvio— declaró Ron—. Sé que te gusta ayudar e intentar que se haga lo correcto, pero con esto… Es su elección, Hermione— un nuevo silencio antes que Ron continuara—. ¿En algún momento consideraste cómo todo esto afecta a Harry? Está asustado. Entró en pánico cuando se enteró que estaba embarazado.

—Lo sé— musitó Hermione suavemente.

—Sí quiere abortar, sólo podemos permitírselo… Sé que no es lo que quieres escuchar pero, Hermione, él está en todo su derecho.

—¿Crees que lo hará?

—No tengo idea. Quizás una vez que supere la impresión y tenga tiempo de reflexionar… Pero no puedes seguir gritándole, ¿vale?

—Está bien— dijo ella suavemente—. No se lo mencionaré nuevamente.

—¿Y te disculparás?

—Sí. Lo prometo.

Harry escuchó como la puerta del otro lado se abría y la conversación terminaba. Se giró y recostó su espalda contra la pared. No estaba seguro que pensar de lo que acababa de escuchar. Sonaba como si Hermione fuera a ser nuevamente su amiga, pero sólo porque Ron la había presionado. ¿O ella realmente querría apoyarlo en esto? En cualquier caso, todavía tenía una enorme decisión que tomar, con o sin su amiga.

ººººººººº

Harry pasó la mayor parte de la tarde con Madame Pomfray, conversando sobre lo que significaría hacerse el aborto. Ella le había dado unos cuantos folletos con información y detalles para poder contactar con medimagos que trabajaban con el proceso de abortar. También habían hablado sobre la posibilidad de que Harry conservara y criara el bebé o lo diera en adopción. La mujer fue muy comprensiva y no juzgó nada de lo que el chico dijo, aunque insinuó varias veces que el otro padre también debería poder decidir en todo esto.

Al final de su reunión, Harry le pidió su opinión, sobre si debería abortar o no.

—Lo que yo piense no es importante aquí, Harry— dijo ella, amablemente—. La decisión la debes tomar tú.

Harry pasó el resto de la tarde acostado en la cama. Se había aterrado al descubrir que estaba embarazado. Había hablado antes de pensar lo que estaba diciendo. En ese momento, había querido el aborto, pero sólo porque estaba aterrado. Pero ahora, sus pensamientos se estaban replanteando. ¿Realmente quería un aborto? ¿Podría deshacerse de su propio bebé, su propia carne y sangre? ¿Y si se libraba de esto y nunca podía embarazarse nuevamente? ¿Pero, podría hacer frente a un bebé? No tenía ni la más mínima idea de qué hacer con uno; pero también, ¿qué padre primerizo sabía? ¿Sería capaz de cuidarlo apropiadamente? ¿Estaría dispuesto a poner su vida en espera una vez más? Tener un bebé era un paso enorme. Difícilmente tendría tiempo para ocuparse de tener un trabajo apropiado, una relación apropiada…

Si conservaba al bebé, tendría que decirle a Severus. ¿Él querría ayudar? ¿Exigiría el derecho de visitas? ¿Se sentiría cómodo teniéndolo dando vueltas alrededor? ¿O quizás el hombre le instaría a tener el aborto?

Harry se sentó en la cama por horas, analizando mentalmente todas las opciones posibles, las consecuencias que cada una de ellas tendrían en su futuro y la gente que resultaría afectada por su decisión. Era ya tarde en la noche, cuando finalmente tomó una decisión.

ººººººººº

El jueves muy temprano, Harry se sentó solo en la sala común. No podía dormir. Su mente no se detenía. Todo lo que podía pensar era en qué le depararía el futuro.

Todavía no estaba seguro de si debería mencionarle algo a Severus. Madame Pomfrey tenía razón… él tenía derecho a saber. Pero incluso si le contara, no pensaba cambiar su decisión para adaptarse a él. Ya había atravesado el infierno con esto.

El baile se efectuaría al día siguiente, en la noche. Quizás le contaría entonces. O quizás no. Escuchó suaves pisadas detrás y levantó la mirada justo a tiempo de ver a Hermione aparecer doblando una esquina. La chica se detuvo al pie de las escaleras cuando notó a Harry, antes de apartar la mirada.

—¿Qué estás haciendo aquí a esta hora?— preguntó ella.

—No podía dormir— contestó—. ¿Y tú?

—Igual— replicó la joven, todavía parada ahí.

Harry la miró con tristeza, esperando que ella dijera algo más. Odiaba el silencio entre ellos; había sido amigos por siete años, y sería una pena que ahora se distanciaran, estando tan cerca del final de la escuela. Además, ella le había prometido a Ron que se disculparía.

Eventualmente, Hermione levantó la vista y avanzó unos pocos pasos.

—No debí gritarte— dijo—. Tú estabas asustado. Debería haberme puesto en tu lugar. Quiero decir, tener un bebé es algo muy grande, puede afectar todo y a todos los que te rodean. Ahora sé que necesitabas tiempo. Supongo que lo que estoy tratando de decir es… Lo lamento.

—Está bien— musitó el joven—. Sé que fui un poco precipitado y comprendo por qué estabas en contra de que me deshiciera de esto. Pero tienes que entender la posición en que me encuentro. Tienes que aceptar que esto es mi decisión.

—Lo hago, Harry— dijo, acercándose—. Todavía somos amigos, ¿verdad?

—Por supuesto que lo somos— contestó con una sonrisa, era genial hablarle amistosamente de nuevo—. No podría sobrevivir sin ti y sin Ron— se arrodilló en el sofá y se giró para darle un abrazo. Se sentía bien sostener a alguien por un momento.

Cuando finalmente se apartaron, Hermione estaba al borde de las lágrimas. Sorbió y se dio vuelta para partir.

—Voy a intentar dormir un poco— explicó, lloriqueando—. Buenas noches, Harry.

—Hermione— dijo, mirando su espalda—. Voy a conservarlo. Voy a tener a mi bebé.

ººººººººº

Harry y Ron pasaron la mayor parte del jueves ayudando a Hermione y Ginny a decidir lo que llevarían al baile el siguiente día. Harry había planeado llevar su túnica de gala, y Fred y George habían enviado a Ron una nueva, más moderna que la de su último baile, pero las chicas eran un asunto completamente diferente. Sacaron todos los vestidos y zapatos de fiesta, así como túnicas y accesorios. ¿Qué colores deberían llevar? ¿Cómo se deberían arreglar el cabello? ¿Qué perfume sería el indicado para la ocasión?

Harry habría puesto los ojos en blanco, y les habría dicho que estaban armando un lío demasiado gordo, pero sabía que hacer eso sería peligroso. Después de todo, vendrían varios fotógrafos y, siendo amigas cercanas de Harry Potter, era más que seguro que terminarían en los periódicos, y en ese caso, ellas querrían lucir de lo mejor. Nunca negar a una chica sus productos de belleza.

Una vez que salieron de eso, sin embargo, el trío pasó el resto del día charlando sobre Harry y su bebé. Tía Hermione estaba realmente excitada, iba a adorar al pequeño bebé, y Harry tenía que admitir que realmente se estaba acostumbrando a la idea de tener un niño; incluso Ron le decía que ahora se iba a pasar el día entre llantos, cambio de pañales, dormir y dar de comer, al punto que desearía haber cambiado de opinión. Todo lo que Harry podía pensar sobre eso era que le gustaría tener a su bebé en los brazos, acunarlo suavemente y dormirlo cuando llorara. Si no estuviera embarazado ya, definitivamente tendría que decir que tenía ganas de estarlo.

Ron le había preguntado si estaba planeando quedarse en Grimmauld Place con Sirius y Remus una vez que tuviera el bebé, ésa parecía la decisión más inteligente. Pero Harry se moría por tener su propio lugar donde criar a su niño. Por supuesto, tener un bebé significaba que no podría seguir con su sueño del penthouse, pero era un sacrificio que estaba dispuesto a hacer. Encontraría una casa linda y de un tamaño cómodo, en algún lugar que resultara práctico, y proporcionaría a su hijo todo lo que pudiera necesitar. ¿Qué si no trabajaba? ¿Y qué si no tenía vida social? Tendría a su bebé.

Ron le había sugerido conseguir una niñera de medio tiempo, de forma que pudiera lograr una cierta normalidad en su vida, pero no había forma de que Harry aceptara dejar a su bebé en manos de una extraña.

Ambos le preguntaron quién era el padre, pero como su amigo había rehusado hablar de eso, dejaron el asunto muy pronto. Internamente, Harry sabía que debería contarle a Severus que iba a tener a su bebé, pero no sería capaz de enfrentar su rechazo una vez más. Tendría que hacerlo algún día, estaba seguro de eso, pero mientras más lo pensaba, más le aterraba la idea, así que al final empujó la idea al fondo de su mente.

—¡Va a ser tan genial!— Hermione sonrió, abrazando a su amigo—. ¡Un pequeño bebé Potter! ¿Prometes que nos dejarás hacer de niñeros de vez en cuando?

—Lo prometo— dijo, riendo ante el entusiasmo de ella—. Sé que antes estaba contra la idea de conservarlo, pero ahora en todo lo que puedo pensar es en ver a mi bebé dando sus primeros pasitos o diciendo sus primeras palabras. Nunca he estado cerca de un bebé; realmente es un trabajo tan difícil como todos dicen, ¿cierto?

—Estoy segura que cada padre pasa por un periodo donde aprenden lo básico— comentó Hermione—. Estarás bien, confía en mí.

—Yo todavía no puedo creerlo— dijo Ron—. Vas a tener un bebé. En ocho meses tendrás un hijo o una hija. Cuan bizarro es eso.

—Lo sé— Harry sonrió—. Ni yo puedo creerlo. Quiero decir, realmente voy a pasar por esto. Voy a conservarlo. Voy a ser padre. ¡Yo!

Finalmente, después de mucho parloteo, se hizo la hora de empezar a vestirse para el baile. Mientras todas las chicas correteaban de regreso a sus habitaciones, los muchachos se encaminaron a sus dormitorios y a las duchas.

Harry tardó un poco más que los demás, al ser más consciente de su cuerpo. Sabía que aún no mostraba nada, pero todavía se sentía un poco torpe. Permaneció bajo la ducha un largo rato, lavando su cabello profundamente. Sólo imaginar… en pocos meses, tendría una barriga bastante notoria; por extraño que fuera, en realidad iba a seguir con todo esto del embarazo. Sería toda una experiencia, ¡estaba seguro de eso! En vista que sólo quedaba él en el baño, se secó con una toalla, se vistió, y se dirigía a su dormitorio para recoger su túnica de fiesta, cuando un agudo calambre atravesó su estómago.

Su mano voló hasta su barriga y apretó los dientes, respirando con dificultad y doblándose sobre si mismo de dolor.

"Debe ser algo relacionado con el embarazo", pensó. Quizás si se sentaba un minuto, se detendría.

Inclinándose contra la pared del baño, se deslizó hasta el piso y llevó sus rodillas contra su pecho. No podía entender de dónde había venido ese dolor tan repentino… ¡había estado perfectamente un rato antes! Respiró profundamente para intentar que cesara el dolor pero el calambre de su estómago empeoraba. ¿Quizás si fuera al inodoro?

Empezando a temblar por los nervios, se arrastró por el piso del cuarto de baño para acercarse al inodoro. Presionó una mano contra la pared y lentamente, cuidadosamente, se impulsó para levantarse, aflojando su barriga de la otra mano. El dolor parecía disminuir levemente cuando se concentraba en respirar profundamente, pero sólo ligeramente. Probablemente eran gases o un músculo desgarrado. O quizás su pequeño bebé estaba moviéndose, ¿eso era posible con sólo un mes? Todavía doblado sobre si mismo, cayó sobre el asiento del retrete.

Sangre. Había sangre en sus boxers. Con un grito estrangulado, se levantó apresuradamente y arregló su ropa antes que otro calambre agudo tomara el control. Se arrodilló en el piso y se acurrucó en un apretado ovillo, temblando y llorando.

ººººººººº

La mayoría de los estudiantes estaban en sus dormitorios, preparándose para el baile de esa noche. El baile se iba a efectuar para celebrar la derrota del Señor Oscuro y muchos miembros del Ministerio habían asistido, así como la prensa y un gran número de residentes de la localidad y familiares de los estudiantes. Iba a ser el evento del año y Harry Potter el invitado de honor.

Últimamente, Potter había estado, en cierta forma, distanciado de sus amigos, especialmente Granger. Desde la distancia era difícil decirlo, pero Severus había estado observando a los tres cada vez que podía. La mayoría de las veces, era sólo durante la hora del almuerzo cuando lograba ver a Harry. Se preguntaba si les había contado a sus amigos sobre ellos.

Incluso algunos profesores habían notado el cambio de Harry. Desde el fin de la guerra había estado retraído, pero en los últimos días había empeorado. Los profesores habían estado conversando entre ellos sobre esto, y comentando que debían hacer algo para ayudar al pobre chico a animarse. Cada vez que lo mencionaban, Severus se encogía por dentro.

Suspiró pesadamente y se dejó caer en las suaves sábanas que cubrían su cama, excepto que ellas ya no eran cómodas. No lo habían sido desde que Harry durmiera en ellas. Todo lo que le traían ahora era el doloroso recuerdo de cómo había destrozado el corazón del chico.

Pero cuándo pensaba sobre eso… ¿realmente amaba a Harry? Eso era imposible, ¿no? Sólo se sentía así porque tenía culpa y remordimiento por herirlo. Quería verlo feliz porque merecía la felicidad más que nadie, pero él, Severus Snape, no era quien llevaría esa alegría a Harry. Seguro, tenía una amistad con el muchacho, ¡o la había tenido hasta que la había arruinado durmiendo con él!, pero no lo amaba. Sólo se sentía culpable, y la culpa estaba haciendo que sintiera como si estuviera enamorado de él. Eso era, después de todo, lo que Harry deseaba, y el quería que Harry tuviera lo que deseara… Sí, eso tenía sentido, absolutamente. No, con todo, él sólo se arrepentía de haber dormido con él. Había sido una de esas situaciones en las que lo único que se podía hacer era… bien, seguir el momento. Vivir el momento.

Se levantó de la cama y abrió su guardarropa. Realmente, no quería ir a esa fiesta, pero no tenía elección. Albus, como era habitual, se mantuvo inflexible en que asistiera. Después de todo, él había sido de gran ayuda en la guerra y el Ministro estaba allí para felicitarlos a todos ellos. Tomó su mejor túnica negra, una que brillaba con un destello plateado bajo la luz, antes de sacar unos pantalones y ponérselos. Se colocó una camisa de seda verde y una corbata negra, y secó su cabello antes de colocarse la túnica.

Se miró en el espejo de cuerpo entero. Tenía la horrible sensación que iba a ser una noche muy larga. Sonrió débilmente a su reflejo, consciente de que la sonrisa no alcanzaba sus ojos.

No es que quisiera que los demás profesores se preocuparan por él como lo hacían con Harry; era sólo que, de algún modo, se sentía enojado de que no hubieran notado que él también se carcomía por dentro, que él también necesitaba hablar (no es que les hubiera dado oportunidad, pero ése no era el punto). Quería que alguien supiera el dolor por el que estaba atravesando. Odiaba a Harry por hacerle sentir esta culpabilidad y estos celos.

—Demonio de chico— murmuró para si mismo, arreglando su túnica.

¡No era su culpa que el muchacho estuviera tan enamorado de él! ¡No era su culpa no poder corresponder a su amor! ¡Demonios, estaba siendo demasiado humano, y él no debería hacerle sentir así! No necesitaba a Harry. Ni siquiera lo quería. ¡Lo que quería era que lo dejara en paz! ¡Realmente, no podía preocuparle menos si nunca volvía a ver ese rostro tan dulce, joven, inocente! No quería ver esos brillantes ojos esmeralda mirándolo, ni quería escuchar palabras dolidas viniendo de esa pequeña boca. No necesitaba sentir esa suave piel bajo sus dedos, ni necesitaba correr sus manos a través de ese jardín de cabello negro, o escuchar esos gemidos de placer, ni cubrir el pequeño y flexible cuerpo de delicados besos…¿Qué le importaba si Harry Potter nunca volvía a ser feliz? Por años, el chico había hecho de su vida un infierno mayor del que había sido antes, ¡y por Merlín que no dejaría que siguiera haciéndolo! ¡Severus Snape no necesitaba a Harry Potter!

La campanilla del reloj dio las seis y cuarenta y cinco.

Miró una vez más al obstinado hombre del espejo, un hombre cuyos ojos parecían perdidos y desenfocados.

"Siempre dicen que los ojos son el espejo del alma", pensó sombríamente.

Dio la vuelta y miró la gran habitación vacía.

¿A quien estaba tratando de engañar? ¡Necesitaba a Harry más que a nada! Esa sola noche había significado más que cualquier otra relación que había tenido. Era sólo que tenía tanto miedo; miedo de volcar su corazón y alma en Harry y que éste se lo lanzara al rostro.

No era que temiera al rechazo, lo había experimentado de muchas formas diferentes a lo largo de los años. No, lo que le asustaba era ser rechazado por Harry. No quería confesarle sus verdaderos sentimientos; los reales, juraba por Dios, sentimientos de su corazón. Porque no quería que el joven lo despreciara.

Su corazón dolía cuando pensaba en todo el asunto; esa noche de inmensa pasión que habían compartido, estaría por siempre grabada en su mente. Y también la manera en que había reaccionado el siguiente día. El modo en que había mentido a Harry, diciéndole que todo había sido un gran error, que simplemente había aprovechado el momento. Y nunca olvidaría las emociones que habían corrido por su cuerpo mientras estaba allí parado, observando a Harry encaminarse a la batalla, a la batalla final, a enfrentar al Señor Oscuro. Harry había estado emocionalmente destrozado, pero había sostenido la cabeza en alto y se había plantado firme, dando a aquellos que le rodeaban, el coraje que todos habían perdido.

¿Qué había estado pensando Severus? ¿Decirle que no le amaba, la misma mañana que Harry había caminado hacia su muerte? ¡Había estado tan preocupado por protegerse a si mismo de ser herido, que había lastimado a Harry cuando estaba a punto de lanzarse a la batalla que determinaría el destino futuro! No importaba que Harry hubiera ganado; lo que permanecía era que Severus lo había herido profundamente, sin más razón que su propia paranoia.

La verdad era que estaba locamente enamorado de Harry. Sabía que había cometido un error al decirle aquellas duras palabras en el mismo momento que éstas habían abandonado sus labios. Pero no había sido capaz de detenerse. Era un reflejo; se había encontrado en una difícil situación y la había estropeado por no confesar su amor.

Aproveché el momento, le había dicho. ¿Realmente pensaste que te quería?, había continuado con aquella horrible mentira. Ciertamente no te quiero en mi vida. ¡Y vaya manera de romper su confianza en él! … lo he tenido mejor… mucho mejor. ¡¿Había sido la primera vez de Harry y él le salía con eso?!

Había sólo una manera de arreglar las cosas.

Se levantó y caminó hacia la puerta, saliendo directo hacia el dormitorio de Harry. Barrió por los pasillos, débilmente iluminados, y subió las múltiples escaleras, su sombra oscilando en las paredes a causa de las velas. Tomando atajos aquí y allí, acelerando su paso. Su capa azotaba tras él, mientras doblaba las esquinas y, murmurando la contraseña de la Dama Gorda, entraba en la sala común de Gryffindor.

Todos los profesores conocían las contraseñas de las habitaciones comunes, especialmente, los Jefes de las otras Casas, pero apenas las utilizaban. El mismo Severus sólo había entrado allí una vez en su vida, y había sido porque un estudiante había tenido un desagradable accidente y él había sido el primer profesor que el chico había podido encontrar. Pero eso había sucedido muchos años antes y la sala común había cambiado desde entonces. Mas retratos estaban dispersos por las pareces y los muebles pasados de moda lucían diferentes.

Después de revisar rápidamente a su alrededor, notó que una amplia cantidad de estudiantes estaban en la habitación. Hablaban excitados entre si, sentados por todos lados, vestidos en sus túnicas de fiesta, esperando que el reloj diera las siete para poder salir hacia el baile. Sin embargo, mientras más estudiantes notaban su presencia, la habitación se volvía más silenciosa.

—¿Alguno de ustedes ha visto a Harry Potter?— les preguntó, consciente de las miradas que estaba recibiendo, pero ignorándolas.

—Sí— contestó Weasley, confundido—. Está en el dormitorio, arreglándose.

Sin detenerse para agradecerle, tejió su camino entre los muebles en dirección a la escalera, que asumió conduciría hacia las habitaciones. Subió por los escalones de piedra, manteniendo su mente enfocada en lo que iba a hacer; después de todo, luego de todo por lo que Harry había pasado, física, mental y emocionalmente, merecía saber la verdad, incluso si eso significaba que Severus fuera rechazado. No le importaba; lo único que importaba era que Harry supiera como se sentía respecto a él.

Alcanzó el dormitorio de los de séptimo y escuchó por un momento antes de empujar la puerta para abrirla. Pasó al interior de la habitación circular y encontró que estaba vacía. El brillo del sol que moría era visible a través de una de las ventanas opuestas y las ropas estaban desperdigadas por el lugar. Vio lo que sabía sería la túnica de Harry tirada en una cama, pero no había señal del propio Harry. Cerró la puerta tras él y se internó más en la habitación, aislándose del ruido de la sala común. Una luz se filtraba de lo que debía ser el baño y se dirigió hacia allí, intentando mirar a través del hueco. Escuchó un suave sollozo y su corazón se detuvo. Odiaba ver llorar a Harry; eso rompía su corazón.

Empujó la puerta y lo que vio lo dejó momentáneamente paralizado por el miedo. Harry estaba tirado en el piso al lado del retrete, sollozando, una mano presionando su boca en un intento por sofocar su llanto y la otra sobre su estómago. Estaba temblando violentamente. Severus sólo se paró ahí, sintiendo que su corazón se rompía ante lo que estaba viendo. En realidad se descubrió obligándose a contener las lágrimas que estaban tratando de manar de sus ojos mientras miraba a Harry. i ¿Qué demonios había pasado?/i

Forzándose a moverse, fue hacia Harry y se arrodilló a su lado, estirando los brazos automáticamente y pasándolos alrededor del muchacho. Harry, a pesar de la horrible atmósfera que había existido entre ellos últimamente, se apretó contra Severus, su cabeza enterrada en el cuello del hombre.

—Harry— musitó con voz temblorosa—. ¿Qué te pasa? ¿Qué sucedió?

Sintió que el chico sacudía la cabeza, sin contestar. Continuó llorando sobre su hombro, su cuerpo temblando mientras las pesadas lágrimas caían por sus mejillas.

—¿Estás herido? ¿Necesitas atención médica? Harry, dime.

De nuevo, no hubo respuesta. Ahora, su corazón latía dolorosamente, su mente saltando a diversas conclusiones.

"Fueron Mortífagos renegados; tiene algo que ver con el Señor Oscuro; fue un estudiante, alguien que le jugó una desagradable broma; tuvo una caída; estaba tratando de suicidarse" … ¡Oh, mi Dios!

—Harry— tartamudeó—. ¿Estás herido? No puedo ayudarte sino me dices qué está mal.

Lo único que hizo el joven fue temblar con más fuerza. Su llanto aumentó al punto que no pudo seguir sofocándolo y lo dejó brotar, llorando sobre Severus, jadeando para respirar.

El corazón de Severus no pudo soportarlo. También estaba temblando, aferrado a Harry. Comenzó a acunar hacia delante y hacia atrás con el chico en sus brazos, besando su cabeza y susurrándole palabras de consuelo que sabía nada harían para mitigar el dolor que ambos sentían.

—Por favor, Harry— sollozó—. Por favor. Dime qué te pasa. No puedo soportarlo. No puedo soportar verte así.

Sintió que el chico levantaba la cabeza ligeramente y luego se retiraba completamente. Harry enjugó sus lágrimas de ojos y nariz pero no hizo nada para librarlo de las lágrimas que continuaban cayendo por su apenada cara.

—¿Qué te importa?— le lanzó a Severus—. Tú me odias. ¿Estás feliz de verme así?

—Harry, esto rompe mi corazón— confesó—. No te odio, yo… yo te amo…— odiaba no haber podido decirlo antes—. Harry, lo siento, lamento todo lo que dije. Estaba asustado de que pudieras rechazarme y eso me hizo decir esas cosas terribles. Lo siento tanto, Harry.

Observó como el rostro del joven se retorcía de dolor, si era psicológico o emocional, Severus no podría decirlo. Observó como secaba muchas lágrimas nuevas.

—Pero… pero dijiste que no significaba nada. Dijiste que no me querías. ¡Dijiste que era un error!

—Lo sé— musitó Severus—. Lo sé, y de verdad lo siento. Lo lamento tanto, Harry. Fue una estupidez, fui egoísta. Pero tenía miedo; pánico. Te quiero, Harry, te necesito conmigo.

—¡Pero me botaste!

—Pensaba que solo habías dormido conmigo por una broma. Pensaba que ibas a reírte y humillarme. Fui estúpido, Harry, lo siento tanto. Tú significas mucho para mí.

—¿Pensabas sinceramente que yo podía hacerte eso? ¿No confías en mí?

—¡Por supuesto que confío en ti! Sólo… me aterré. Así es como soy. Perdóname, Harry, por favor. Haré cualquier cosa. Yo… yo te amo.

—¿Entonces por qué esperaste que pasara tanto tiempo para decirme esto? ¡Ha pasado un mes!

—Lo sé. Debería haber dicho algo pronto, pero temía que no me quisieras. No quería ser rechazado por la persona con quien más deseaba estar.

Harry lo miró por unos segundos, su cuerpo todavía temblando por las lágrimas.

—¿Entonces me amas? ¿Realmente me amas? ¿No lo estás diciendo sólo porque me encontraste así y sientes pena por mí? ¿Porque sientes culpa?

—Por supuesto que no, Harry— le aseguró con desesperación—. De verdad quiero estar contigo. Pero…— insistió, separándose—, ¿qué te ocurre? ¿Por qué estás aquí?

Por una fracción de segundo, pensó que Harry iba a gritarle, pero rompió nuevamente en histéricos sollozos, y cayó dentro del consuelo de los brazos de Severus. Los sollozos sacudían su cuerpo de tal manera, que era casi insoportable sostenerlo, presenciarlo.

—Harry, por favor— pidió, todavía conteniendo las lágrimas cuanto podía—. Cuéntame.

El Gryffindor levantó la cabeza y miró a Severus. El dolor brilló en los ojos verdes como si estuviera grabado en su propia alma.

—Tuve un aborto— susurró suavemente, como si pronunciar las palabras en voz alta le provocara más daño. De nuevo enterró la cabeza en el pecho de Severus.

El hombre, inexpresivo, miró fijamente la pared, no comprendía lo que acababa de oír saliendo de la boca de Harry. ¿Había tenido un aborto? ¿Cómo era eso posible?

—Pero Harry— musitó—. Necesitas estar embarazado para que eso pase.

El llanto del joven se elevó en el aire.

—Lo estaba— balbuceó—. Lo averigüé hace cuatro días. Pero ahora lo perdí, todo se perdió. Mi bebé, nuestro bebé… ¡Simplemente se perdió en un charco de sangre!

Severus no podía permitir que el dolor lo dominara. No se permitiría pensar sobre eso. Necesitaba llevar a Harry a la enfermería, esa era la principal prioridad. ¿Cuánto tiempo habría estado ahí sentado?

Miró el reloj. Los estudiantes ya debían haber bajado al Gran Comedor, a disfrutar del baile. Se suponía que Harry era el invitado de honor, y no había duda que se preguntarían dónde estaba. Severus estaba dolorosamente consciente de que los miembros de la prensa estarían asistiendo y Harry estaba retrasado, o, en este caso, no se aparecería en absoluto, con lo que ellos harían su día. Harry Potter, el héroe del Mundo Mágico, no podía dignarse a asistir y saludar al público.

Bueno, a Severus le importaba una mierda lo que pensaran. Su única preocupación era conseguirle ayuda médica al chico, pues él no sabía mucho sobre abortos y no pensaba tomar ningún riesgo. ¡Era su Harry de quien estaban hablando allí!

Se levantó, llevando a un lloroso Harry consigo, y lo levantó en brazos antes de encaminarse hacia la puerta de la habitación y entrar en la sala común, que estaba, afortunadamente, vacía. Trepó por el agujero del retrato, ignorando el jadeo de la Dama Gorda cuando vio a Harry, y corrió por las numerosas escaleras.

Mientras lo llevaba por los largos corredores, la música proveniente del Gran Comedor llegaba a sus oídos. Todos estaban allí, divirtiéndose, celebrando el triunfo de Harry, mientras éste yacía sollozante en sus brazos. Continuó bajando por el pasillo.

Llegó a la enfermería y empujó la puerta con la espalda. La habitación estaba completamente vacía y silenciosa. Madame Pomfrey, por supuesto, estaba en el baile con todos los demás. No necesitaba estar en la enfermería, ya que no había nadie que requiriera vigilancia y todos los estudiantes estaban en el Gran Comedor con ella, así que podría saber si algo les pasaba.

Acostó a Harry en una de las camas y besó su frente. El joven ahora murmuraba 'nuestro bebé' en voz baja, una y otra vez. Severus suponía que se encontraba en shock y no lo culpaba ni un poquito. Él mismo había hecho como si no estuviera intentando con fuerza no pensar en eso… Ya lo enfrentaría en su momento, no ahora, no mientras Harry lo necesitara.

—Quédate aquí— susurró—. Voy a ir a traer a Madame Pomfrey.

—No— suplicó, aferrándose a la túnica de Severus—. No me dejes, no puedes dejarme.

—Regresaré muy pronto— prometió.

Y sin otra palabra corrió, saliendo al corredor y dirigiéndose a la fiesta.

La orquesta que la escuela había contratado, estaba tocando algunas canciones de moda y todos estaban cantando y bailando. El lugar estaba absolutamente atestado y le tomó un rato encontrar a los profesores, quienes parecían estar congregados cerca de una de las mesas y saludaban a los miembros del público y el Ministerio. Dumbledore estaba con el Ministro, estrechando manos, y tan pronto como vio a Severus, le hizo señas para que se acercara.

—Me estaba preguntando cuándo ibas a aparecer— sonrió—. Me alegra que decidieras venir.

—No habrá traído al joven Harry con usted, ¿verdad?— preguntó el Ministro—. Él es el hombre del momento, el hombre del siglo, en realidad, y nadie puede encontrarlo. Alguien de Gryffindor comentó que usted era la última persona que lo había visto.

—Necesito hablar con Albus a solas— explicó, sus ojos revisando entre la multitud, buscando a la enfermera—. Es urgente.

—¿Qué pasó?— insistió el Ministro—. ¿Seguramente, no se trata de Mortífagos?

—No, todo está bien— le aseguró Severus, impaciente—. Es algo personal, Albus, ¿por favor?

—Por supuesto, mi muchacho, por supuesto— contestó con una sonrisa en su rostro pero los ojos serios. Siguió a Severus hasta el pasillo—. ¿Qué está pasando?— inquirió, completamente preocupado.

—Es Harry— dijo, sintiendo que empezaba a temblar nuevamente—. Necesita ayuda. ¿Está Poppy?

—En algún lugar entre la multitud— contestó, mirando hacia la gente con expresión preocupada—. ¿Qué le sucedió?

—Lo encontré en el baño— explicó, temblando—. Tuvo un aborto— sintió que las lágrimas inundaban sus ojos una vez más mientras decía esas palabras. Sabía que no era el lugar para decirlo, pero el horror había empezado a apoderarse nuevamente de él; el pánico estaba empezando a desarrollarse en su pecho. Había sido isu/i bebé. Ni siquiera había sabido que Harry estaba embarazado. Casi había sido padre, pero ese pobre pequeño se había perdido.

—Aborto… por Merlín— escuchó que Dumbledore jadeaba—. Bien, regresa con Harry y yo iré a buscar a Poppy.

Severus se giró para marchar pero fue retenido por una mano sobre su hombro. Se volteó de nuevo y vio a Dumbledore observándole.

—Severus, ¿estás bien?— preguntó.

Severus estudió al anciano ante él y sacudió la cabeza, mordiéndose el labio.

—No— sollozó—. No estoy bien. No lo estoy.

Continuará…..

Próximo capítulo : Nuevos comienzos

Vale, yo solo soy el correo , así que maldiciones y demases, favor enviarlos directo a la autora jiji.

Mil gracias por seguir en esta historia, a la que sólo le falta un capítulo para terminar (aunque tiene dos secuelas)

Hice un cambio en el título del capítulo en relación a lo que había dicho en el anterior, porque me pareció una traducción más apropiada al contexto

Un agradecimiento especial para:

Olimka, Velia, Lady Asuky, Lupita Snape, Herminione y Innader

por sus preciosísimos comentarios.

Herminione: Harry actúa así porque está asustado y confundido, pero reflexionará. El asuntos es que, como viste, esto empeoró, pero ahora sí va a mejorar, ya verás. Gracias a ti por el hermoso apoyo. Besitos mil

Innader: Genial que te gusta, ya mismito actualizo. Besitos mil

A las demás les contesté directo a su correo

Hasta la próxima.

Besitos