Hacia el mismo rumbo
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By
Kuraudea.
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Epílogo Final
Capítulo 14
EL MISMO RUMBO
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«En esos momentos de soledad, cuando caía la lluvia sobres las praderas, ¿Pensabas en mí? Sé que ha pasado tiempo desde aquel entonces y aún así, en este momento, te visualizo como siempre. Te he de confesar que cuando cierro los ojos quiero que me abraces. Y al poner tu mano en mi cicatriz, te pregunto: ¿Puedes escuchar mi corazón »
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Los orbes azules parecían dilatarse ante el reflejo del espejo retrovisor. Él, estaba a salvo dentro del vehículo cromado solicitando el servicio de calefacción. Pues era necesario para quitar el paño de los cristales y tener mejor visibilidad al conducir. Al abrocharse el cinturón de seguridad, se estaba debatiendo, quizás, sobre qué camino o ruta le fuese más accesible tomar para llegar a casa. La lluvia no cesaba para nada. Lo que se suponía que era el asfalto de la calles y banquetas, no se apreciaba en lo absoluto. Todo se suplió por colores luminosos; paraguas corrían de un lado a otro sin control. Como si correr, fuese en ese instante lo primordial, o en todo caso, la clave para llegar a un objetivo en específico.
Parejas protegían sus cuerpos de la lluvia bajo la sombra de los paraguas o en cualquier rincón. Y de la mano, pese a que ya estaban mojados sus pies, corrían.
Dudó, lo hizo pese a que el corazón reaccionó ilusionado ante la imagen que apreciaba sus ojos azules. Pero bueno, no era la primera vez que, algo como tal, lo engañaba de esa manera tan frustrante. Agitó negando con la cabeza y esbozó con resignación, con ese sabor amargo en la garganta, tan típico de las desilusiones.
Ajustó nuevamente el retrovisor y encendió el auto. En tanto, de su cabellera se escurrían gotas que se deslizaban haciendo caminos largos por su frente hasta llegar a sus labios.
Con ambas manos talló sus ojos. El exceso de agua estaba haciendo el efecto de irritar sus orbes. Sujetó el volante, piso el cloche, marcó reversa y, por un instante, por un segundo, tuvo esa curiosidad de voltear. Al menos para él se convertiría en un consuelo, porque por lo menos si no se trataba de «Ella»; ese tropiezo le haría tomar fuerzas. Y seguir con los recuerdos que vivían desde hace meses hechos nudos en su mente.
Al marcar la direccional para salir a línea de calle, siguió mirando por el retrovisor. Y juró creer, que ese movimiento de manos, esa forma de vestir, le eran muy familiar. Fue entonces, que un ligero movimiento provocó que la mujer mostrara parte de su perfil.
Y sus labios por inercia, susurraron:
—Mai...
No tenía la certeza absoluta, pero estaba seguro que a lo mejor se podría tratar de ella.
Un ardor se apoderó en su pecho, justo en la zona de la cicatriz. «¿Y ahora qué hago?» se preguntó. Volteó por la ventana y todo mundo entre risas, gritos y empujones; corrían. Unos en direcciones opuestas, otros Hacia el mismo rumbo, pero al fin y al cabo existía una meta, un destino que, de alguna manera tenía que descubrir por si mismo o en el peor de los casos, solo dejarlo pasar como una simple confusión de su mente retorcida.
Por el espejo lateral seguía observando a la chica, que al parecer, hablaba con una mujer mayor. Estudió sus gestos y todo indicaba que estaban a punto de despedirse. Pero, ¿Permitiría que se fuera sin despejar su duda?.
Volvió a preguntarse a sí mismo «¿Qué hago?» apretó el volante con sus manos vibrantes de adrenalina. Era un éxtasis que no sabía con exactitud cuál era su origen. Porque podría ser miedo, ilusión o quizás lo inverso, ¿Y si no era ella? De ser así, no tendría otra alternativa más que disculparse. Era curioso que bajo los riegos, sentía ese cosquilleo de las típicas mariposas en el estómago. Eso podría derivar a muchos significados de su sentimientos, desde lo más complejo a lo más insignificante de su ser.
«¿Por qué? ¿Qué me pasa?»—seguía dudando de sí.
Al estudiar su entorno colorido por paraguas e impermeables; salió del auto. La lluvia lo devoró en tan solo unos segundos. Sin embargo, así como ese gente corría, él también tenía que hacerlo. Porque había un punto, una meta, una clave al final de tanto plástico fluorescente. Y por más ilógico que pareciera, ese algo le impulsaba en tomar ese «rumbo» donde se localizaba la mujer de prendas empapadas.
Dio un paso, otro paso, cada vez más aprisa. Sin importar la lluvia que caía como alfilerillos sobre sus hombros, sin importa empaparse, sin importar nada. Solo dejarse llevar por ese sentido, por el impulso y por las ganas de querer descubrir que estaba en lo correcto.
—Muchacha, vas a pescar un resfriado.
—No se preocupe, ¿Sabe algo, señora? Creo que mejor me voy. No tiene caso seguir aquí, además, no entiendo nada—talló sus ojos—Por último, podría decirme la hora, por favor.
—De acuerdo, déjame ver—buscaba la señora su móvil en el bolso de mano. Cuando lo encontró, presionó el botón para hacer que se iluminará la pantalla táctil de éste. Frunció la vista e indicó —Mira, son las...
—Son las 6:40 de la tarde —intervino una voz masculina, quien le robó la palabra a la mujer mayor.
—¿Eh?—acomodó sus anteojos la señora—¡Vaya, vaya! Hasta que alguien vino por ti, jovencita. Bien, me voy a tomar el bus, cuídate de los resfriados—tomó camino.
La mano masculina, tan empapando como ella, se prendió de su hombro. Con fuerza, con anhelo e ilusión, preguntó:
—¿Mai...?
Esa voz.
¿Cómo no conocer esa voz? Ese tacto, que tan solo basto tocarle el hombro para que la piel se le erizara. Tenía miedo de voltear, nervios. ¿Qué se supone que pasaría? ¿Cómo actuar? Porque bien, no era como saludarle así como así. Con un «Hola, ¿cómo estás?» seguramente no bastaría. Habían pasado 6 meses de todo ese mundo de aventura. Pero debía de ser valiente, decidida. Pues se suponía que no debía de pasar algo malo. Ella se guió por el mismo rumbo que se manifestó en el sueño que tuvo con Baba Yaga; el camino correcto.
O eso se suponía.
¿Entonces, por qué sentir miedo? ¿O no era miedo sino nervios? Sin embargo, ya no era tiempo de flaquear. Y así como él, ella también tenía dudas que despejar.
El momento era ahora.
Justo ahora.
»Vamos, tú puedes Mai.
Respiró hondo, alzó el rostro con lentitud; volteó hacia él.
—¿Trunks...?
Su vista iba ascendiendo. Vio el galante saco cubriendo una camisa blanca en su interior, una corbata con el nudillo flojo y los tres primero botones desabrochados. Ya no existían los mechones largos, sino ahora, se suplieron por una melena a nivel medio. Al ras de sus ojos era el máximo de largo. Hasta que llegó a los zafiros, esos estaban tal cuales los recordaba.
Azules como el propio océano.
Todo en conjunto era algo completamente diferente. Algo distinto. Ese atuendo le hacía ver tan fino, como si fuese otro. Aunque bajo cualquier criterio, era obvio que Trunks no era feo. Sino más bien sus ropas anteriores eran más relajadas, más rebeldes y hacían buen conjunto con los mechones largos; se veía libre. Libre de cualquier etiqueta o norma social.
Él interrumpió su análisis al tocar con ambas manos sus hombros.
—Mai...—le agitó un poco. —¿Qué haces aquí?
—Bueno, verás ...
—No importa, en serio no importa—contestó sin poder creerlo con un semblante bastante enternecido.—Ven...—tomó de su mano y la dirigió donde estaba estacionado el coche.
Pero alguien detrás de los cristales fue testigo de ese crucial momento.
—Señor Brief...—Rita llevó la palma de la mano al pecho.—¿Acaso ella será ...?
—Sube—indicó el joven al abrirle la puerta.
La muchacha quedó asombrada al ver semejante convertible. De manera rápida se negó hacerlo.
—Pero puedo estropear todo, mi ropa está empapada y ...
—Solo SUBE.—insistió, aunque más bien pareció una orden.
La de cabello negro asintió, subió con timidez al auto. El empresario, rodeó el coche y de igual manera se filtró en él.
—Vámonos de aquí.—arrancó.
...
En el trayecto no hubo mucho de qué hablar. Solo el gran sonido de la lluvia armonizaba ese momento. No era para menos, pues quien pensaría que otra vez, ambos estarían juntos. Y no en los bosques, o en la carretera, o dentro de una casa de campaña, sino en la comodidad de su coche. En la Capital del Oeste.
El muchacho manejaba con un poco de ansiedad. Hacía el esfuerzo de mirar a Mai de reojo con la mayor discreción posible. Aunque era muy obvia su acción.
Sin evitarlo, preguntas surgían desde su interior. Entre ellas «¿Por qué habrá venido?» La volvía a observar y aún no lo creía.
En tanto ella, sólo miraba cabizbaja sus manos.
»¿Y ahora qué hago?—pensó para sí.
Pues la situación en su faceta de planeación se miraba «tan fácil de llevar a cabo» que nunca pensó que se le escaparía de las manos.
Por suerte el frasco del llantén lo había guardado en una de las bolsas de su gabardina verde.
—¿A dónde vamos...?—se animó a preguntar, la de cabello negro.
—A mi departamento.
—Yo... yo traigo entre mis cosas aquella casa–cápsula que me obsequiaste. Mejor, busca un lugar amplio y puedo quedarme ahí.
—De ninguna manera—contestó con la vista hacia enfrente.
—¿Por qué...?
—Creo haberte dicho que si alguna vez venias a la Capital, me buscaras. ¿Lo recuerdas? No tengo ningún inconveniente con darte asilo—esbozó—Así que no te resistas, además, mira—señaló—Hemos llegado.
La chica de las colinas, divisó por el cristal un portón que se abría justo cuando el guardia de la caseta presionó un botón. Se trataba de la entrada de un edificio que conducía al departamento de Trunks.
El empresario levantó la palma de su mano desde el volante, para mostrar un pequeño saludo al guardia de seguridad. El hombre contestó de la misma manera.
Al llegar al estacionamiento, apagó las luces, los parabrisas e indicó antes de bajarse.
—Ven Mai, sígueme.
Después de los portazos se dirigieron al elevador. El azul se encargó de presionar los botones para indicar el destino final: el piso número 15. El último nivel que componía al edificio de colores grisáceos y grandes ventanales de efecto polarizado. En apariencia tenía un toque bastante sofisticado.
Ambos iban ascendiendo hacía el lugar solicitado. Observaban sus propios reflejos en la puerta del elevador. Estaban empapados, escurridizos. Sus pies habían dejado un caminito hecho por sus propias huellas, desde el trayecto del estacionamiento al elevador.
—¡A...Aachuuuuu!—estornudó, Mai.
—Diablos, te vas a resfriar—Trunks, volteó hacia ella y masajeó la parte trasera de su cuello. «La cuna del estrés».
—Estoy bien, no te preocupes. No es nada.—ella cubría su nariz y labios con una mano.
El sonido del timbre anunció la llegada al departamento. Las puertas del elevador se abrieron de par en par; salieron de él. Dieron un par de pasos en línea recta sobre un pasillo. Y finalmente, el muchacho de su empapada billetera sacó la tarjeta para pasarla sobre el sensor y abrir la puerta.
Entraron.
—Adelante...—caballeroso le dio el pase. Ella simplemente asintió como muestra de gratitud.
De momento lo primero con lo que se toparon fue un pequeño recibidor con un escalón. Mai se hincó y procedió a quitarse sus botas. Con ver el escalón alfombrado, bastó para comprender que no quería dejar un caminito de lodo y agua; él hizo lo mismo.
...
Trunks se adelantó, encendió los focos. Y la luz se hizo entre las penumbras.
La muchacha al levantar con ligeraza la cabeza, fue sorprendida por un hermoso hogar. Muebles de vinil color negro, un comedor del mismo color, persianas blancas, paredes grises, un televisor que abarcaba casi una pared, decoraciones abstractas y demás.
La chica subió el escalón y sus pies sintieron la suavidad del alfombrado.
—Es... Es todo muy hermoso—pensó en voz alta.
—Gracias.
Mai dirigió la mirada hacia enfrente y se topó con Trunks, quien mostraba media sonrisa.
—Ven, por favor. No seas temerosa, ándate con confianza—le dio la espalda. De ahí, miró sobre su hombro e insistió:—¿No vas a venir?
—Ay, perdón. Sí.—había quedado atónica por la belleza del lugar que no reaccionaba.
...
Entraron a lo que parecía su habitación. El decorado eran tan similar a la estancia anterior. Había una cama king size con cojines y sábanas de colores blancos y azul marino, una televisión de considerables pulgadas, un closet de color negro y a un costado se ubicaba la puerta del baño.
Estudió su entorno y se preguntó a sí misma, ¿Quién rayos era "El Greñudo"? ¿En dónde trabajaba? ¿Y por qué vivía tan bien?
Una toalla blanca le cayó en cima dándole una apariencia fantasmal.
—¡Oh!—se sorprendió.
—Aquí tienes—esbozó una sonrisa el azul.
Con sus manos agitó la cabeza de la mujer con la intención de ayudarle a secar sus cabellos.
—Gracias...—la toalla tomó la forma de una capucha, y por fin salieron a la luz sus hermosos ojos floridos de largas pestañas y el flequillo recto—No deberías de molestarte, Trunks.
—No insistas, toma—le hizo entrega de ropa limpia—¿Ves esa puerta?—señaló—Ahí es el baño, cámbiate de ropa o empeorarás.
Ella se sonrojó y sin remedio tomó las prendas.
...
La pijama de Trunks le había quedado inmensa, pero no le importó. Quizás, era mejor estar así que con la ropa mojada. Era un coordinado de pantalón y camisa manga larga de tela tipo franela, muy suave. Salió del baño y, al regresar a la habitación, supuso por una razón que dormiría ahí, así que se surgió en la cama. La sensación fue tan reconfortable que, parecía estar en una nube. El viaje ciertamente había sido muy largo, cansado, no era para menos sentirse sin energías. Dirigió su vista en la mesa de noche que tenía por un lado. Y en ella, había una taza de té recién hecho con unos gajos de limón en el fondo.
Sonrió. Pues sabía perfectamente que era buen remedio para los resfriados. Entonces, se incorporó en la cama y tomó el té. En el primer sorbo, descubrió que estaba endulzado con miel y, bebió sorbo por sorbo hasta terminarlo. Dejó la taza en la mesita y volvió a sumergirse entre las frondosas colchas.
En eso, la puerta de la habitación se abrió.
Entró el muchacho luciendo una pijama limpia a rayas. Con la toalla secaba sus mechones lilas, estrujándolos con rebeldía.
—¿Estás cansada, verdad?—preguntó Trunks, tras bostezar.
—Un poco...—la muchacha asintió.
—Te entiendo, al menos también para mi fue un día largo y extraño.
—¿Mucho trabajo...?
—Algo así. —fijó su vista azul a la mesa de noche—Veo que te tomaste el té—sonrió con gusto al ver la taza vacía.
En tanto, se sentó del otro lado de la cama.
—Me hizo muy bien, te lo agradezco.
—No hace falta que lo me agradezcas. Por cierto, si tienes hambre puede decirme con toda confianza—se recostó de lado, volteando hacia ella.
Mai, solo asomaba los ojitos entre las colchas.
—¿Y?
—¿Y...?
—¿Cómo estás, Mai? ¿Qué te trajo hasta aquí?
La de cabello negro solo desvío la mirada. Se limitó a contestar. Le costaba tanto decir: «He venido a estar contigo»
—Sé que han pasado seis meses, pero en verdad, conozco tu carácter. Y ahora mismo, estás tan callada que no me lo creo. A estas alturas me estuvieras gritando. Acaso, ¿Te comieron la lengua los ratones?—bromeó.
—¡NO! ¡Eso nunca!
—Eso es. —sonrió el muchacho.
Con los cojines sobrantes formó una barrera de un nivel, justo en la parte central de la cama, como en los viejos tiempos.
—A ver si así, me dejas de ver cómo un extraño—esbozó burlesco—Bien, ¿Cómo estás?
—Supongo que bien, ¿Tú?
—"Supongo que bien..."—contestó con la misma frase. De ahí, sumergió uno de sus brazos debajo de la almohada.—¿Estos seis meses, fueron buenos para ti?
—Llegué a mi hogar, Trunks. Sabías bien que la cabaña de mi abuela estuvo abandonada por muchos años. Era tiempo de conectarme con mi lugar de origen. En verdad después del viaje me sirvió mucho estar ahí.
—Entiendo...
—¿Tú llegaste con bien?
Él asintió.
—Descansé un par de días antes de reincorporarme al trabajo. Sé que se te hace extraño mirarme vestido así, pero en serio, créeme, esto es lo que siempre he sido. Llegué, estuve con mi familia, corté mi cabello y lo seis meses se me fueron como un suspiro. No tengo mucha novedad de que hablar al respecto.
—...Ya veo.
—Por cierto, ¿Viste a ese sujeto?
—¿Eh? ¿Te refieres a Silver?
—Ajá.
—No para nada. Quién sabe en qué rumbos ande.
—Me imagino. Yo he estado trabajando tanto que, tampoco me he dado tiempo para nada.
Sin predisponerlo, ambos se habían dado la respuesta que, quizás, era lo primero que querían saber: si estaban solteros. Pues tenían que reconocer que eso era lo que deseaban saber ante todo. Ahora ya con ese detalle al descubierto, habría menos tensión en la situación. Aunque, había algo más flotando por ahí.
—¿Puedo saber a qué viniste...?
Él deseaba tanto escuchar «Vine porque quería estar a tu lado». Pero a Mai le costaba tanto decirlo que, de alguna forma tan absurda y después de haber avanzado tanto, contestó lo menos esperado para Trunks. Formándose un pequeño techo, tal y como esa barrera de cojines que les separaba.
—Bueno, verás, yo vine...
»Dile Mai. Dile que viniste a verlo, porque lo extrañabas, porque el corazón te ardía por él y que un mes más en la vieja cabaña, convertiría de tu vida en la cosa más obsoleta del mundo.
—Tenía que llegar de paso al Oeste por unos pendientes, tal vez esté unos días por aquí. Y pensé en visitarte.
»¡Idiota!—se recriminó en sus pensamientos.
—Oh, entiendo—esbozó el muchacho luchando por no desencajar su semblante. ¿Quieres decir que partes pronto?
—Sí, así es.
¿Qué pretendía escuchar, Trunks? No debió de idealizar tanto su encuentro. Porque bien, Mai era soltera, pero la desventaja era que había pasado un lapso de 6 meses entre ellos, y pese eso, existía el riesgo que los intereses personales cambiaran de panorama. Lo comprendió, realmente lo comprendió. No la juzgó por no escucharla decir lo que él tanto deseaba. Pero finalmente, eran cosas simples de la vida, y ante todo, eran amigos, ex compañeros de aventuras. Trunks le había ofrecido su ayuda incondicional y no tenía por qué negársela solo por ese «ligero» detalle.
—Comprendo...—contestó.
Se miraron a los ojos en silencio, por unos segundos que parecían tener pasos de gigantes.
Y muy en el fondo pensaban:
»¿No me querrá aunque se un poco?
—¿Recuerdas al demonio azul?—Trunks trató cambiar de tema para cortar esa tensión que sino probablemente los mataría.
—¿Akkuman...?
—Sí.
Platicaron de todo. Del Bosque Negro, Uranai Baba, Shenlong, el Cyborg.
Rieron muchísimo, ella más discreta, él se dio el lujo de soltar varias carcajadas. Pese a todo se comprendía a la perfección en lo «trillado» de su aventura. Podían hablar de sus vivencias en confianza, sin ser prejuzgados por estar locos e inventar estupideces.
Hasta que la madrugada los consumió. Automáticamente, las luces de la habitación se apagaron. Y si querer, compartieron la cama como en los recuerdos de antaño. Ella, la barrera de almohadas, y el «greñudo» del otro extremo. Solo que ahora en la versión renovada de ella y él.
La luz de Luna entró por la ventana e iluminó parte de la habitación. La matriarca los protegería como siempre, estaría con ellos bendiciéndoles si se sinceraban, y decidían ir Hacia el mismo rumbo juntos.
Solo era cuestión de un poco de franqueza.
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Los orbes azules se abrieron pausadamente, arrojó un bostezo al tiempo que con pereza estiraba sus brazos. Dirigió la mano en la mesa de noche, tomó su móvil y la ver la hora sus ojos se abrieron con asombro.
—¡8:20 de la mañana!—se levantó de inmediato.
Pues era de alertase para alguien que entraba normalmente a las 9 de la mañana.
Al menos era sábado, trabajaría corrido y por fortuna se desocuparía temprano. Aunque siempre sobraba que detalle saliera justo faltando unos minutos para terminar labores. ¡En fin! Cosas como esas en los trabajos son el pan de cada día, y qué hacerle.
Del closet negro tomó un traje y la ropa necesaria para cambiarse. Y como un rayo de luz corrió hacia el baño a ducharse.
Talló con suficiente shampoo su cabellera, continuó con el cuerpo y por último el rostro.
Salió de la ducha.
Con prisa se vistió, se puso el pantalón y en seguida la camisa. Por si fuera poco, no se había dado el tiempo de amarrar correctamente la corbata. Cepilló sus dientes y roció perfume sobre su pecho. Con un poco de gel en sus dedos peinó sus mechones ligeramente hacia atrás. Se miró en el espejo y ya estaba listo. Entonces, sin hacer ruido, entró a la habitación. En el respaldo de una silla descansaba su saco negro, y justo al ponérselo, la vio.
Mai estaba tan dormida que no percibió ruido alguno. Mientras tanto, él ajustaba su reloj de mano, colocó la billetera en el bolso trasero del pantalón y, antes de meter el bolígrafo a su saco, con un papel o más bien con un ticket, escribió un recado.
»¡Buenos días! Hay alimentos en la nevera para que desayunes algo rico. En un momento regreso. Atte: Trunks.
El papel justo lo dejó en la mesa de noche del lado de Mai. Y salió de la habitación apresurado. No a iba tener tiempo de desayunar, pero bueno, ya se encargaría de pedir algo cuando llegara a la oficina.
Cuando llegó al estacionamiento, caminó con paso firme hasta llegar a su convertible plateado. Desactivó la alarma, entró en él, y dirigió el coche hacia la salida.
Los portones se abrieron y aceleró un poco.
—¡Excelente día, Señor Brief!—saludó el guardia de uniforme azul y cabellos blancos.
El empresarios frenó justo en la caseta, bajó la ventana y contestó:
—Igualmente, gracias. ¿Te puedo pedir un favor, Steve?
—Sí, dígame.
—Te encargo que todo esté en orden, tengo visitas en casa.
—No se preocupe. Estaré al pendiente, joven Brief. Así que váyase tranquilo.
—Gracias.
—Conduzca con cuidado.
El azul colocó sus gafas para el Sol y asintió.
Finalmente partió hacia la Capsule Corp.
...
Al parecer había llegado «justo a tiempo». Las puertas del elevador se abrieron, recibió los «Buenos días» de Rita y entró a su oficina; su segundo hogar. Lo primero que hizo fue sentarse en el lujoso asiento de piel de colores negros y respaldo alto. Como si fuese un niño dio un giro y su vista se centró en el cuadro de Shenlong—suspiró—Sin perder tiempo, se comunicó por el conmutador con su secretaria.
—¿Rita?
—¿Sí, Señor Brief?
—¿Tienes el teléfono del restaurante donde hacen esas delicias de Hot Cakes?
—Algo me dice que no otra vez no desayuno, ¿Cierto?
—Ja,ja,ja, ¿Acaso me escuché muy obvio?
—Un poco, Señor. ¿Quiere que le pida una orden?
—Por favor.
—Bien, lo haré.
—Gracias.
—Señor Brief...
—¿Si, qué pasa?
—Trae un semblante de desvelo horrible, ¿Se encuentra bien? Espero y no haya pescado un resfriado, duró mucho tiempo bajo la lluvia ayer.
—No te preocupes, estoy bien.
—Disculpe mi imprudencia, pero, ¿Es ella?
—¿Cómo dices...? ¿Te refieres que si ella es ...?
—Aja...
—Sí.
La puerta de la oficia se abrió en un santiamén.
—¡Lo sabía!—entró Rita dirigiéndose al escritorio de Trunks—Algo me decía que se trataba de la chica de su relato.
—De modo que me viste, ¿Eh?—torció sus labios y alzó una de sus cejas.
—Ay, no era mi intensión, discúlpeme—se sonrojó la secretaria—Es que yo estaba viendo hacia fuera para ver si Matt venía y presencié ese reencuentro, Señor.
Él suspiró.
—No te preocupes, no pasa nada.
—Al menos estoy feliz por usted, seguramente ya se dijeron que se aman, ¡Qué romántico! Me imagino que por eso llegó tarde—soltó la tableta electrónica y sus manos se fueron directamente a sus mejillas ruborizadas.
—Lamento decepcionarte pero no fue así.
—¡¿Pero cómo?!
—Ella viene de paso, solo estará un par de días. No vino en realidad a buscarme con otras intensiones, es solo una simple visita—jugueteaba con una pluma entre sus dedos.
—¡Pues dígale que se quede con usted! No creo que la deje ir así como así.
—Es que no puedo hacer eso, solo somos amigos.
Rita se cruzó de brazos.
—Dígame, ¿Cuántos días se quedará ella en la ciudad?
—Mmmm.. No tengo idea, tal vez uno días, no lo sé.
—Pues enamórense otra vez.
—¡Qué cosas dices, Rita!. Lo haces ver tan sencillo.
— Los verdaderos sentimientos no terminan de un día para otro.
Él seguía jugueteando con la pluma, no se miraba muy convencido.
—¿Eso crees...?
—A lo que me refiero es que la conquiste, Señor.
—Pero no tengo idea de cómo hacerlo. Además como te dije, está aquí por otros motivos.
—Pienso que es algo normal que estén un poco distantes. Revivan ese amor oculto, ese amor de aventura que vive en ustedes.
—Yo...
—Hágalo—le animó— Sino ella se puede ir. Y no quiere eso, ¿Verdad?.
—No sé qué decirte, Rita.
— Lo que les falta a ustedes, es tener un poco de valor y franqueza.
—Lo pensaré...
—Solo contésteme algo, Señor Brief—el muchacho le dirigió la mirada—¿Con mantequilla y miel?
Trunks esbozó una sonrisa.
—Con mantequilla y miel.
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—"¡Buenos días! Hay alimentos en la nevera para que desayunes algo rico. Atte: Trunks"—leyó el recado que estaba en la mesa de noche.
Al fin había despertado, nunca había dormido tan plácidamente—bostezó—Esa cama parecía una nube caída del propio cielo. Hizo un poco de conciencia y no supo en sí, cuando fue que se quedó dormida. «¿Dormiríamos juntos?» se preguntó. Pues por lo que recordaba, era tardísimo y aún seguía platicando largo y tendido. «¿Entonces me vio dormida?» se sonrojó al imaginarlo. Agitó la cabeza, y de inmediato se levantó.
Salió de la habitación para aventurarse en busca de la cocina.
...
Era tan cómodo sentir la suavidad del alfombrado en sus pies. Caminó un trecho, pasó por el lujoso comedor, de ahí por la sala. Hasta que llegó a la gran cocina vanguardista de colores negros.
De ahí, se tomó la libertar de abrir la nevera, pero la cerró de inmediato al sentir algo en sus pies. Volteó hacia abajo y vio la «causa» de ese cosquilleo.
—¡Meoooow! ¡Prrrrrrr!—se trataba del gatito negro.
—¿Eh?—Mai, se hincó para acariciar su lomo—¿Quieres un poco de comida?—sonrió.
—¡Meooooow!
Bien dicen que cuando el «Meow» de los gatos es extendido, es debido a que tienen hambre. Así es su forma de pedir comida.
La muchacha dirigió la vista hacia todas partes, y justo a un lado del garrón de agua, estaba el costalito de alimento. Fue por él, le sirvió una generosa cantidad y el minino comenzó a devorar todo.
—En serio tenías mucha hambre—sonrió—Tú amo te tiene muerto de hambre, ¿Quién lo diría?—dijo con ironía—Pero créeme, no lo hace con mala intención, solo que a veces es un poco distraído.
—¡Prrrrr!
—Bien, ahora sigo yo.
Abrió nuevamente la nevera, tomó el envase de la leche, un poco de pan tostado de la alacena, jalea de fresa ¡Y ha desayunar! Se sentó en un banco que era parte de la barra de la cocina. A un lado había periódicos y unas cuantas revistas de temas de sociales. Supuso quizás, que Trunks los leía por las mañanas cuando desayunaba. Dio algunos mordidas al pan, y ligeros sorbos a la leche. Entonces de la nada, al estar masticando, recordó lo que había dicho ayer.
»Solo vengo de paso por unos días.
—¡Tonta!—se volvió a reprochar.
¿Y ahora cómo repararía lo que había dicho? Si ni siquiera era verdad. Y todo por culpa de su nerviosa cobardía.
Al terminar de desayunar dejó todo en su lugar, lavó los trastes que había utilizado. Ante todo no quería causar molestias, menos hacer desorden.
Con todo en su lugar, consideró prudente aprovechar la ausencia de Trunks para tomar una ducha. Se dirigió a la habitación. Y en la cama, descomprimió la cápsula donde se alzaba su maleta con las pocas prendas que tenía; entre sus cosas estaba aquel libro de remedios de Baba Yaga. Al hojearlo, salió una fotografía. Mai solo suspiró al ver el recuerdo que le originaba la imagen.
Sin más, cerró el libro que fue a dar a la mesa de noche. Con más tiempo le daría la leída que merecía. Regresó sus manos a la maleta, sacó una toalla, la ropa necesaria para vestir y se fue directo a la ducha.
...
Al sentir el agua tibia sobre su cuerpo, le fue bastante grato. Al menos el baño contaba con la ventaja de tener servicio de agua caliente en el momento que se necesitara. No era como en la cabaña que se bañaba a jicarazos. Salió de la ducha. Vistió con un faldón largo de mezclilla, justo al nivel de las rodillas, y una blusa blanca de cuello alto con manga tres cuartos. Cepilló su cabellera negra, y por último, se aplicó una capa de una crema hecha de sábila y romero. No tenía dinero para costosos productos de belleza, pero los remedios naturales de Baba Yaga era muy efectivos para conseguir una piel tersa. Así que de alguna forma buscaba la manera de cuidar su piel.
Con pantuflas en sus pies, salió del baño. Caminó nuevamente sobre el amplio departamento. Se sentó por un rato en el sofá de piel. De ahí, se levantó y fue directo a los ventanales. Abrió un par de persianas con los dedos para ver hacia el exterior. Prendió y apagó el gran televisor. Ya no hallaba qué hacer para calmar su ansiedad.
Pero al fondo del pasillo había tres puertas más «¿Qué habrá en esas habitaciones?»—se preguntó a sí misma.
La curiosidad le ganó y fue hacia allá.
Abrió la primer puerta.
Todo indicaba que se trataba de un gimnasio personal, pues éste contaba con grandes aparatos: bicicleta, caminadora, pesas, etc. De ahí, sigilosamente, abrió la siguiente puerta y había una mesa de metal larga con unos bancos del mismo material al rededor. Había herramientas de todo tipo, un cautín, una laptop, lavamanos y un estante que aguardaba cajas archiveras llenas de documentos. Sin más que observar, apagó el foco y cerró la puerta para continuar con su recorrido.
El tercer cuarto se trataba de un estudio personal. Había un hermoso escritorio de madera de cedro, una computadora de color negra, libreros de maderas con enciclopedias de pastas gruesas, un perchero, impresora, y sobre la pared, había varios diplomas y fotografías colgadas.
Justo se acercó para apreciarlos mejor.
El primer cuadro que observó, estaba casi segura de que se trataba de Trunks cuando era un niño. En sus manos sostenía un gato negro y sonreía.
Le causó gracia verlo en esa faceta de niñez, sus ojos eran grandes. Los zafiros nunca cambiaban, seguían igual de hermosos.
Al apreciar otra fotografía supuso que se trataba de su familia nuclear en alguna Navidad u otro evento. En un sillón de piel, estaba una guapa mujer de cabellos azules y piernas cruzadas. Le seguía una chica muy parecida a ella, y al otro extremo, estaba un hombre de ceño fruncido y brazos cruzados (ese ni siquiera volteó a la cámara). Detrás del mueble estaba una pareja mayor, un hombre de lentes de baja estatura y a su lado le seguía una mujer coqueta con peinado esponjoso elevado con crepe. Y finalmente estaba «ÉL» con los codos recargados sobre el respaldo del mueble, con el rostro justo en medio de las dos mujeres de cabellos azules. Mostraba media sonrisa y miraba directamente a la cámara.
Cuanta razón tenía Trunks al decirle que su apariencia había sido así desde siempre.
Ella sonrió. Y con añoranza susurró:
—Una bella familia...—rozó con su dedos la imagen detrás del cristal que le protegía.
De ahí había una placa de metal. Se acercó a ella para leerla y sus ojos se abrieron de par en par tras pronunciar:
»Trunks Brief, presidente general de la Capsule Corporection.
—¡¿QUÉÉÉ?!—dio un ligero brinco hacia atrás—¡Pre...Pre...Presidente de la Capsule Corp!—colocó sus manos en la mejilla.
Después de descubrir su verdadera profesión, le encontró sentido a muchas cosas, como todos los artefactos que llevó durante el viaje. El departamento, el auto.
Además la clave tuvo un mayor significado.
«Trunks Brief, Capital de Oeste, Corporación Cápsula»
—Ahora entiendo...
Pero en realidad nunca supo el porqué nunca le había dicho a qué se dedicaba en realidad.
Sacando conclusiones, tomó asiento en la silla de piel. Y sin querer, su vista se desvió justo en un libro de pasta gruesa color ladrillo; lo trajo hacía ella.
Leyó el título.
—La leyenda de las Esferas del Dragón.
Tras hojearlo, descubrió que venían datos de interés. Como por ejemplo «¿Cómo hacer un radar del dragón?» El orden correcto de las esferas, la historia y demás. Los orbes de la chica se movían de un lado hacia otro al leer cada párrafo.
Al pasar unos minutos dejó el libro en su lugar, pero por causa de un tropiezo una carpeta cayó al suelo y, hojas se dispersaron por doquier. En seguida se hincó para juntarlas y colocarlas en su lugar. Pero inevitablemente, las leyó. Ahí, venían ilustraciones de la Red Ribbon, historia, jerarquías. Contemplo también una imagen del Tao Pai Pai, otra de armada de RR y su sorpresa fue ver al de cabellos rojos en sus años de juventud.
—Silver...
Siguió revisando el resto de las hojas y se dio cuenta que Trunks, había dedicado tiempo a investigar detalles sobre el viaje después de su regreso a la Capital.
Por último, una hoja tenía una frase con puño y letra de él.
»¿En algún momento haz pensado en mí? ¿Puedes sentir mi corazón?
Esa frase le había provocado cierto calor en el pecho. Sus palabras destilaban cierto amor y sentimientos—suspiró.
Recogió las cosas y las acomodó tal cual como estaban antes de caerse. Sin más, salió del estudio.
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—Que tenga buen fin de semana, Señor Brief—dijo la secretaria desde su escritorio.
El joven volteó con su asistente, el ceño se le pintó con más suavidad y agradeció.
—Igual para ti, Rita.
El empresario salió de la Corporación Cápsula, subió a su convertible y después de haber encendido el auto pensó «¿Habrá despertado?» Miró su reloj de mano y ya pasaba de medio día. Por obvias razones se le ocurrió que, antes de llegar a casa, sería buena idea comprar algo para comer, «¿Qué le gustará?» Y recordó por una extraña razón que le gustaba los guisos con carne y verdura, además de ser amante del atún enlatado. De inmediato pensó en «Tareyaki»; lo mejor, era que conocía un lugar donde lo preparaba exquisito.
Arrancó y tomó camino hacia ese restaurante.
...
Con bolsas en mano, deslizó la tarjeta sobre el lector de la puerta principal de su hogar. Entró. La comida que había sido empacada en recipientes de corcho, fue depositada en la barra de la cocina. Y el muchacho se desplazó por el departamento hasta que se topó con ella.
La de cabello negro volteó. Se encontraba en medio de una estancia amplia con pocos muebles. Estaba sentada sobre un tapete de colores grisáceos y ésta daba justo enfrente de una chimenea artificial, más bien, era un tipo de calefacción y contaba con un display que hacía ver el propio movimiento natural de las llamas.
En tanto, con sus manos jugueteaba con el gatito negro.
—Aquí estás, Mai.
—Trunks...—la chica soltó al gatito y éste se fue corriendo a restregarse en las piernas de su amo.
—¿Pasaste buena noche?
—Si, gracias—agachó la mirada—Oye... me di la libertad de usar tu baño, e incluso también utilice los servicios de lavandería para mi ropa.
—¡Vamos! No te preocupes. Puedes usarlos cuando quieras, para eso son. Por cierto, traje comida.
Las tripas de Mai rugieron coquetas. Obviamente ella se sonrojó un poco.
El joven simplemente rió.
...
Los platos de corcho se abrieron y salió un exquisito aroma disfrazado entre el humo de lo caliente del platillo.
—Toma, éste es para ti—el joven, deslizó el plato sobre la barra de la cocina para llevarlo justo con Mai.
—¿Qué es? —parpadeó la muchacha con duda.
—Es un guiso de carne y verduras, está cubierto por una salsa agridulce. Te garantizo que te gustará.
—Se ve delicioso—sonrió contenta.
Pues cuando de comida se trataba le hacía siempre ponerse de buen humor.
—Adelante, come.
Trunks se levantó, dejó a un lado el banco de metal y fue diecto hacia la tarja para lavar sus manos . Al estar tallando sus palmas con agua y jabón; volteó. Y sobre su hombro vio a la chica comiendo feliz. «¡Mmmmm...delicioso!» Mostró media sonrisa, pues después de todo había cosas que al parecer no cambiaban.
Fue entonces que recordó lo que Rita le había dicho en la mañana.
»Los verdaderos sentimientos no terminan de un día para otro.
¿Y si tenía razón?
»Enamórense otra vez.
¿Pero por qué era tan difícil?
Si tan solo tuviera el valor de decir «¡Quédate a mi lado, te quiero!» seguramente otro Sol le alumbrara. Analizando lo de Rita, pues no parecía algo tan descabellado, y más, porque se podría decir que ya EXISTÍA algo entre ellos, solo era cuestión de buscarle otra vez su encanto, despolvar esos meses que estaban como escarchas sobres sus pieles y darse nuevamente la oportunidad.
Él la quería, ¡Claro que la quería!. Desde que regresó a la Capital, no hacía otra cosa que mantenerla en su cabeza. Y ahora que se estaba presentando otra oportunidad, supuso, quizás, que no debería de desaprovecharla—seguía observando sus manos—El único detalle, era el tiempo. ¿Podría surgir algo antes de la próxima semana?
—¿Sucede algo, Trunks?—el muchacho volteó.
—No, no es nada—negó con la cabeza—Solo me distraje un poco con unas cosas del trabajo—secó sus manos y regresó a comer.
—La comida está deliciosa, en verdad te lo agradezco.
—No lo agradezcas, eres mi huésped. Es lo mínimo que puedo hacer por ti—bebió un poco de té—Por cierto, debes de estar aburrida. Y bueno, es sábado y me preguntaba si podemos salir a dar un paseo. O tal vez necesites hacer un mandado antes de tu partida.
—El paseo está bien. En cuanto a lo otro—bajó la mirada—No te preocupes, ya hice todo lo necesario.
—Entiendo.
»¡¿Por qué no te dejas de este absurdo juego, Mai?!
—Entonces, me iré a cambiar de ropa. Espérame en la sala—salió el chico de la cocina para dirigirse a su habitación.
—Esta bien.
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Sin el típico traje negro que lo vestía a diario, ahora gozaba de la comodidad de unos pantalones sueltos y una camisa a rayas. El convertible aceleraba sobre las calles de la moderna Capital del Oeste, y la chica se maravillaba por las estructuras y lo bello del entorno, pues estando acostumbrada a los bosques era normal asombrarse con cualquier detalle.
—¿Algún lugar a donde desees ir?—preguntó el muchacho quien conducía.
—En realidad no. ¿Se te ocurre algo a ti?
—Mmmm... Creo que sí—aceleró.
Al paso de media hora llegaron a un parque. Era más bien una laguna y a su al rededor había cientos de árboles de hojas de «Cerezos»; a cierta distancia se situaba una banca de herrería junto con un farol. Normalmente las personas visitaban ese lugar por su tranquilidad, otros tantos lo toman para hacer ejercicios, o simplemente era perfecto para pasar un buen rato con la familia.
Él pensó que siendo Mai originaria de un ambiente similar, le sería grato visitar un lugar así.
Bajaron del auto y caminaron por un rato, en el camino se hicieron de un algodón de azúcar, azul el de él, amarillo el de ella. Y caminaron, en silencio, sin hablar, contemplando la maravilla del lugar y respirando a todo pulmón el aire fresco que elevaba sus cabellos.
Al alejarse un poco de la gente, encontraron una banca solitaria, ambos sin pensarlo tomaron asiento.
—Trunks...
—¿Qué pasa?—volteó hacia ella.
—¿Por qué nunca me dijiste en dónde trabajabas?
Él recargó los codos en las rodillas. Supuso quizás, que había visto alguna evidencia en su departamento. Ni hablar, tenía que confesarse.
— Seguro te estás preguntando sobre el origen de todo, ¿Verdad? La Corporación, el departamento, mi nombre.
—Aja.
—La razón es muy sencilla, Mai. Mi familia son los dueños de la empresa. Mi abuelo fue el fundador de la Capsule Corp. Cuando cumplí la mayoría de edad me quedé a cargo.
—¿Y qué te costaba decirme?
—Si te lo hubiera confesado en el transcurso del viaje. ¿Exactamente qué hubieras pensado de mí?
—Que quizás no tenias necesidad de tanta carencia.
—¿Lo ves?
—Trunks pero...—le dirigió la mirada.
—La gente peca en medirnos con una vara llena de superficialidad. Es como si «yo» no tuviese derecho a un poco de humildad o a despegarme de los lujos por un rato—esbozó—Por eso no te conté nada, quería que conocieras el otro lado que hay detrás de «Trunks Brief».
—Entiendo...—agachó la mirada y arrancó con los dedos un pedazo del algodón de dulce.
—Me alegro que haya sido así.
El silencio los volvió a interrumpir. Justo cuando el muchacho colocó la palma de la mano en la banca, rozó la pierna de la muchacha.
Ambos voltearon a mirarse, como si por el simple roce hubiesen sentido electricidad.
—Discúlpame.
—No, no pasa nada—se sonrojó, Mai.
En tanto, una paloma aterrizó cerca de sus pies.
El ave los observaba mientras hacía movimientos rígidos con la cabeza.
—¿Quieres probar esto?—preguntó la muchacha refiriéndose al dulce.
Arrancó otro pequeño trozo del algodón y se lo ofreció a la paloma.
—¿Es correcto darle de comer eso a las aves?—Trunks se agachó junto con Mai, mientras alzaba una de sus cejas.
—Tal vez es mejor esto a nada.—rió.
—En ese caso creo que tienes razón.—contestó el muchacho observando al ave picotear el dulce.
Al levantar sus rostros, por consecuencia, los muchachos rozaron sus mejillas. Rubores rojos dieron color a sus pómulos. El azul, quedó paralizado al ver el encanto de las pestañas de Mai. Y por mera inercia, sus labios se acercaban a los ella sin autorización. Pero al querer sellar ese beso, la chica se levantó de golpe.
—¿Te parece si continuamos caminando?—dijo nerviosa, con sus expresiones faciales rígidas.
Y la ilusión se desmoronó en pedazos.
—Sí...Si, por supuesto.
Siguieron paso a paso, como si el camino de la laguna no tuviese un final. Ella de brazos cruzados, él con las manos dentro de los bolsillos del pantalón.
Después de unos minutos, accedieron a un pequeño muelle. Miraban el agua y Trunks, arrojaba pequeña piedras. Éstas ocasionaban ciertas ondas en el agua. Y sin poder más, el azul volteó con la chica de los bosques.
—¿Y cuando te vas?
La pregunta era tan necesaria, que se había convertido en prioridad. Pues la idea de querer hacer castillos en las nubes no era tan reconfortante. Era mejor saber si su plan funcionaria o no.
—Tal vez, el lunes por la mañana.
»¡Un día y medio!
Trunks agitó la cabeza esbozando con ciertos aires de amargura. Pues ni rezándole al mejor santo, sería su salvación para llevar acabo el absurdo plan que le sugirió su asistente personal.
En tanto, disimuladamente, Mai le observaba. No sabía por qué seguía con esa absurda mentira. Pero lo apreciaba «tan logrando» que de cierta manera se preguntaba a sí misma, si alguien como él mereciera una mujer de carácter tan sencillo como lo era ella. Tal vez, Trunks, merecía algo más a su «nivel». Y no una mujer criada por un ex coronel y una sabia en la herbolaria. Pero entonces, de tener esa mentalidad, su viaje tomaría un significado demasiado carente de sentido alguno. Porque de ser así, ¿Qué caso tenía la travesía y dejarlo todo? ¿Por qué viajó? Era algo tan confuso porque en sí, sabía perfectamente los motivos de su viaje. La razón conspiraba en él, en «El greñudo» porque lo quería, quería saber él, quería verlo y seguir sus impulsos naturales. Quería estar con él y dirigirse Hacia el mismo rumbo donde la vida se encargara de colocarlos en el mejor de sus papeles. Donde la cicatriz tenía que sanar, borrarse y empezar una piel.
»Hacia el mismo rumbo—susurraba el oleaje del viento arrastrando pétalos de los cerezos.
Pues, aunque tratarán de disimular, de fingir, ambos morían uno por el otro.
...
Se sentaron en la orilla del muelle, sus pies se mecían; ella los mantenía cruzados, él separados. Con las manos a los lados se ayudaban a inclinar la espalda hacia atrás.
¿Ahora, qué hacer?
No había otra alternativa que dejar de pensar en estupideces, y mejor disfrutarse el poco tiempo que les quedaba para convivir.
»Sí, es lo mejor—pensó el empresario.
Con el atrevimiento que le distinguía, tomó la mano de la chica y en ella plantó un beso.
—Hay que pasarla bien, ¿De acuerdo?
Enternecida, miró esos orbes azules.
No se pudo resistir.
—De acuerdo.—asintió.
...
La diversión comenzó yendo a pasear a todos los grandes lugares de la Capital. Restaurantes, centros comerciales, museos y centro de juegos. Grandes pláticas y risas fueron el conjunto perfecto para amenizar una tarde linda. Claro, sin faltar las típicas riñas que ya estaban saliendo a flote por parte de ambos.
Muy típico de ellos.
...
—¡¿Acaso estás ciego, Trunks?!
—¡OYE! ¡¿Qué te pasa?!
Discutían enfrente de un juego de puntería.
—Llevas media hora intentando darle al «Pato» ¡Tienes pésima puntería!—se cruzó de brazos.
—Pues si crees que puedes hacerlo mejor tú, ¡Adelante!—le pasó el rifle.
»Este niño pijo que no sabe nada.
»Esa salvaje que cree saberlo todo.
»¡Bah!
»¡Bah!
Mai cargó el rifle con las balas de esponja, acomodó su puntería, respiró hondo «1...2...3...» Y disparó.
»¡BIEN HECHO!—anunció la máquina con un festín loco de luces de colores.
—¿Lo ves?—dijo la chica con altanería al soplar la punta del rifle.
—Bueno, pues ...—Trunks se cruzó de brazos—Es de esperarse de alguien que ha sido criada en los arrabales. Y peor aún, que ha matado un oso con sus propias manos.
La chica refunfuñó.
—¡Pero qué cosas dices! ADEMÁS ...—agachó la mirada sonrojada.—Yo nunca he matado a un oso ...
El muchacho la vio atónica y solo tres segundos bastaron para soltar tremenda carcajada.
—¡Ja,ja,ja!
—¡No te burles de mí origines!
—En serio, no lo hago.—dijo entre risas.
Y sin más, recibió un golpe en el hombro.
—¡Ouch! ¡Tranquilízate Mai, no es para tanto!.—continuaba riendo el azul.
—Mejor vámonos de aquí.—dijo Mai, quien respingo irritada dándose media vuelta e iniciando marcha.
—Aguarda, espérame...
El anochecer cayó, siguieron caminando por las banquetas de la metrópolis. Como era de esperarse, todo se alumbró con la magia de las luces de los lugares nocturnos de la cuidad.
...
—Esto es como cuando el cielo se llena de estrellas en las colinas—expresó la chica al ver su entorno.
—No, para nada.
—¿Por qué lo dices? ¿No crees que es lindo?—preguntó asombrada.
—Sí, si lo es— Trunks, dirigió la mirada en ella —Pero esto lo encuentras donde sea, Mai. En cambio, lo que tú ves, es único. Aquí ni las estrellas se ven.
—Mmmm...entiendo.
—¿Te parece si vamos a cenar algo?—salió de imprevisto la invitación por parte del muchacho.
—Esta bien.
Por petición de Mai, fueron a comer a un lugar sencillo. Era una fonda que vendía platillos hechos de fideos.
...
Regresaron al departamento. Y cada vez la situación se ponía más crítica, estaban a un día de que todo terminara.
Al haber tomado una ducha, la de cabello negro se filtró en la cama con la misma pijama de franela que le había prestado Trunks. La puerta de la recámara se abrió, y entró el muchacho.
—Hola...—saludó—solo vengo por ropa limpia y me iré a dormir a la sala.
—Oye, Trunks...
—¿Qué sucede?
—Si quieres dormir aquí...no tengo problema—se sonrojó la muchacha.
—¿Se–Segura?, Digo lo de anoche fue accidente, me quedé dormido. No tiene por que volver a suceder.
—Al fin y al cabo es tu habitación. Haz hecho mucho por mi, así que, por lo menos descansa bien—le hizo un campito en la cama.
Después de haber dormido juntos un año, quizás ya daba igual. O probablemente quería recordar ese calor que sentían al estar ambos en la cama. Y tras mirarse a los ojos ella pensó, ¿Qué haría después? Quizás el Lunes tomaría sus cosas y lo dejaría libre mejor, que conociera una linda chica y siguiera su vida normal. En cambio ella, buscaría un lugar en las lejanías de la Capital para darle uso a la casa-cápsula. Tenía que empezar otra vez. Tal vez el sueño de Baba Yaga había sido solo una tontería, y más, porque no sabía a ciencia cierta si los sentimientos de él aún se mantenían activos.
Así estaban ambos, cada a quien haciéndose de sus propias hipótesis sin tener verdaderos fundamentos o pilares que le diera veracidad a sus pensamientos. Pues es tan difícil a veces decir un «Te amo»; las cosas a veces fallan por faltas de agallas.
...
El muchacho tomó un ducha. Al salir del baño con ropa cómoda, se acostó en el otro extremo de la cama.
—¿Tienes sueño?—preguntó Trunks quien lucía sus mechones de un color más oscuro debido a la humedad de ellos.
—No. —Mai, negó con la cabeza haciéndose una capucha con la colcha.
—Yo tampoco.
—¿Trunks...?
—¿Sí...? —volteó hacia ella.
—Siempre he tenido la curiosidad de preguntarte, ¿Por qué lo hiciste? Sé que me diste una breve explicación en casa de los Son. Pero, cuéntame bien que pasó.
—¿Con el Cyborg?
—Ajá.
—Siempre va ser una sensación incomparable. Recuerdo que brincaba muy alto, parecía un fantasma, algo celestial—cerró los ojos y continuó—Aparentemente podríamos decir que era una persona llena de maldad.
—¿Y no era así?
—No, más bien creo que su ira se originaba debido a una gran falta de necesidad o por sus trastornos.
—No logro entender. Además su cuerpo desapareció, ¿Por qué?
—Lo sé, es confuso. Solo te puedo decir que cuando él tocó mis manos, vi su vida. Vi sus anhelos y lo que realmente quería. Aunque estaba loco, quizás juzgamos mal sus acciones. Nuestras historias se cruzaron.
—Tu deseaste que tuviera otra oportunidad. En otra vida, en otro mundo, pero, que estuviese con esa mujer—suspiró—Fue un buen gesto de tu parte, Trunks. ¿Crees que esté con bien?
—Eso espero.—abrió los ojos.
El muchacho puso sus manos extendidas a la altura de su rostro.
—Eso espero...—volvió a repetir.
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Él observaba sus manos, no perdía detalles de ellas al ejecutar unos movimientos de arte marcial; técnicas adquiridas gracias a las enseñanzas de su querido hermano.
Su enemigo; el propio el viento.
Practicaba arriba de una roca que se mantenía al ras de la corriente del río. Respiraba, exhalaba, comprimía el abdomen y lanzaba otro ataque.
Una gota de sudor se escurrió por su sien. Y ese fue el motivo para finalizar su entrenamiento. Incorporó su cuerpo y de un brinco cayó a la superficie de la tierra cubierta de pasto.
La noche se había convertido en su horario habitual para entrenar, la gran matriarca Lunar era su luz y las luciérnagas dispersas en todo alrededor, sus velas—suspiró fuertemente—Pues se había agotado, más nunca, pese a todo, dejaba abajo ese rectitud de su postura. Sus brazos siempre hacia atrás a nivel de media espalda.
Volteó hacia atrás y observó sobre su hombro la corriente del río. Dio un par de pasos elegantes; cerró los ojos. Pues siendo ese su único medio natural para observarse, tenía que recurrir al reflejo del agua como si fuera su único espejo personal.
Pese al haber transcurrido seis meses de todo ese caos; le costaba mirarse. Volteó el rostro resistiéndose a la acción, y recordó, esa sensación de alivio que sintió después de la batalla.
En ese instante, cuando su vista detonaba los últimos cortos circuitos de vida bajo la lluvia; vio una luz en medio de un sombrío túnel. Ésta, le atravesó el pecho como flecha, le curó el dolor que sentía. Y cuando menos pensó, vio a su amor florido entre pétalos violetas como su propio nombre lo era; tan hermosa y blanca, manifestada justo enfrente de él. Violet le sonreía al extender su mano, estaba rodeada por una luz albina, vestida con pedazos de prendas traslúcidas, viéndose así, la redondo de sus pechos y el círculo menor que conformaba sus pezones. En ese momento, sintió en lo más remoto de su corazón asesino, alegría.
Al dirigirse a un camino lleno de luz, volteó hacia atrás y vio al joven azul de rodillas, malherido pero a la vez deslumbrando ante el suceso. Cuando se dirigieron ambos la mirada; Tao Pai Pai, asintió ligeramente con la cabeza, dándole las «GRACIAS» por lo que había hecho por él.
Cuando menos pensó, despertó después de haber dormido durante una semana. Y cuando levantó su rostro, reconoció el lugar a la perfección, pues nuevamente estaba en el lugar de origen donde inició su loco y obsesivo amor: La Guarida.
...
Tomó valor, inclinó su cuerpo un poco hacia la corriente del río, y vio su propio reflejo en el agua. Su rostro, el que ya no era el de un Cyborg, era otra vez el de Tao Pai Pai: El asesino.
Siendo un hombre de pocas expresiones faciales, frunció el ceño, pues era un mundo de emociones que rodaban en su pecho. Cualquiera seguramente, si les tocará vivir un poco de su vida, comprendiera lo duro que había sido.
—¿Otra vez te estás observando?—le interrumpió una voz.
Tao volteó.
Sobre el tronco de un árbol, estaba recargada la mujer de ojos azules. La ex Coronel de Red Ribbon le sacaba punta a una vara de madera con su navaja de bolsillo. Y sus labios inflaban con descaro la goma de mascar sabor a frutas, hasta que se reventaba con el propio movimiento de su lengua y dientes.
—Violet...
—Anda, tenemos que cenar—ordenó con carácter. Se dio media vuelta y se dirigió a una fogata que alumbraba a cierta distancia.
El asesino asintió sin decir nada. Con ese gesto tan duro en su cara. Aunque muy el fondo de su ser, escondía tanto. Esos detalles simplemente permanecerán en él, como gran enseñanza en su vida.
Después de todo, nadie es perfecto.
Pero por fortuna, por cosa celestial, por obra del gran Dios Dragón o por la simple convicción del joven capitalino; su vida cobró nuevamente significado. Afortunado sería al apreciar diariamente el azul de los ojos de Violet, ese mismo azul que le recordaría al color de los ojos de la persona que impidió su esclavitud.
Y gracias a ese gran detalle de humanidad.
Su historia comenzaba otra vez
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Para los seres místicos de los Bosques Negros, era normal trasnochar. Tenían que estar atentos para las nuevas víctimas que se filtraran en sus territorios. Pues una tendida de cartas de Tarot era suficiente para vivir por buen tiempo. Aunque quién diría que la guardiana del bosque, le gustaba tanto vivir en una vieja choza al lado de su demonio y asistente fantasmal.
De la tetera se vertía un té de hierbas, y las acostumbradas galletas de jengibre decoraban platitos blancos de porcelana.
Era tiempo de una merienda nocturna.
El demonio Akkuman que ya había adquirido su tamaño normal, tomaba té sosteniendo la pequeña taza con dos dedos. Se miraba gigantesco en la silla, pues sus piernas flexionadas sobresalían a gran altura de la mesa y la bola cristal.
En tanto, Uranai Baba estaba del otro extremo de la mesa, dándole sorbos a la bebida caliente y fijando su mirada cabizbaja hacia el artefacto circular.
—Vaya, durmieron juntos otra vez—le dio un sorbo al té—Ah...—esbozó ante la delicia de la sustancia.
El demonio azul también miró hacia el reflejo de la bola de cristal.
—No le encuentro sentido.
—¿A qué te refieres?—preguntó la hermana de Roshi.
—Llevas meses espiando a esos jóvenes por separado. Después de seis meses es un hecho que no están predestinados. Sin importar que ahora estén durmiendo juntos—masticó una galleta, y mientras la trituraba continuó hablando—Los humanos son tan testarudos, nunca hacen lo que quieren.
—¿Acaso dudas de mis predicciones, Akkuma?
—No precisamente.—frunció la mirada—Los humanos son irreverentes en sus decisiones. Yo no dudo cuando tengo que matar a alguien.
—Mmmm...eso es muy diferente.
—Como sea, ese chica se irá.
Los labios arrugados de la bruja se abrieron y dejaron escapar una risita sarcástica.
—De eso no estés muy seguro, Akkuma—siguió riendo.
—¿Eh...? ¿Pero, por qué? Todo es tan predecible.
—Porque el destino hará su intervención, me dejo de llamar Uranai Baba si es que fallo.
—No dejas de ser una maldita bruja—dijo entre dientes.
—¡¿QUÉ DIJISTE?!
Un aura compuesta de gas se materializaba en la escena.
—¡Uranai Baba! ¡Uranai Baba!
—Usher, ¿Qué pasa?
—Otra vez se fueron los clientes.
—¿No me digas que te les volviste aparecer en el camino?
Usher con la misma expresión facial desde hace siglos; la sonrisa y los ojos como platos, contestó:
—Sí.
—¡Par de idiotas! ¡CUÁNTAS veces les he dicho lo mismo! "No asusten a los clientes"—la guardiana frunció el ceño—¡Váyanse a trabajar!—ordenó—Y si siguen con sus torpezas los cambiaré por otro de mis demonios.
El diablo azul y el fantasma salieron en un santiamén de la choza.
Pero ella dirigió nuevamente su mirada en la bola de cristal.
—Otro par de testarudos, ¡Hump!—continuó bebiendo su té.
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El domingo había llegado para los jóvenes «testarudos». Ambos continuaban dormidos, total, era día no laboral para Trunks. Quizás, eran como las 10:30 de mañana. Y al parecer, dormir en compañía no había sido del todo malo.
Los orbes azules se abrieron con lentitud, y a su derecha divisó entre parpadeos a la muchacha que continuaba plácidamente dormida. Sonrió, pues pese a los meses transcurridos, se sentía cómodo tenerla a su lado otra vez.
»Ojalá así fuera por siempre—pensó.
Y tras arrojar tremendo suspiro, recordó que sería hoy su último día JUNTOS.
»Sea como sea, pienso pasarla bien.
Mai había despertado, dirigió su mirada a su compañero de cama y con timidez, saludó.
—Buenos días.
—Hola...—carraspeó—Buenos días, Mai.
Se estudiaban con la mirada. Pero se comían dentro de sus pensamientos envueltos de deseos mutuos.
Pese a todos mutuos, porque ambos sentían lo mismo el uno por el otro.
—¿Vamos a la cocina a desayunar?
Ella asintió.
—Está bien.
Tal vez Trunks no era el mejor cocinero. Sin embargo, se esmeró en preparar un rico desayuno. Huevo, tiras de tocino, pan tostado y jugo de naranja para acompañar.
—No cocinas tan mal, Trunks—dijo la muchacha al probar el platillo.
—No me subestimes—le dio un sorbo al jugo de naranja—Te recuerdo que durante el viaje cociné algunas veces para ti.
—Siempre me reprochas lo que hiciste por mí en el trayecto.
—Eso no es cierto. Solo te lo «Recuerdo».
»¡Enfadoso!
Mai frunció el ceño, y con recelo le miró.
—Yo también hice mucho por ti, greñu...—no terminó su frase cuando recordó que la greña de Trunks había desaparecido. Entonces, complemento su oración con un apodo nuevo—...niño.
—Lo sé, hiciste lo que supongo jamás alguien haría por mí.
—¿Eh?—parpadeó sorprendida.
—Mi vida se balanceó en tus manos. Sin ti, yo hubiera muerto por la herida que me hizo Akkuman.
—Oh...—bajó la mirada sonrojada.—No... no fue nada.
—Te equivocas, fue demasiado.
—Yo...—bebió repentinamente el jugo de naranja.
—Salgamos otra vez, ¿Sí? No sé, visitemos algún lugar nocturno, vamos a tomar unas copas. Es tu último día aquí en la Capital, quiero pasarla bien.
Ella asintió.
—Pero...
—Anda, no me mires así, Mai. Come tu desayuno se va a enfriar y cuando termines ve alistarte.
Ambos se turnaron para tomar una ducha. Se alistaron y partieron a una plaza comercial para buscar un atuendo adecuado para ambos. En la noche se suponía que visitarían un buen lugar.
.
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—¿Por qué tardas tanto?—esbozó con fastidio el muchacho—Ahora recuerdo lo que es venir de compras con una mujer.
—No quiero salir—dijo Mai detrás de la cortina del vestidor.
—¡¿Por qué?!
—¡PORQUE ESTE VESTIDO ESTÁ DEMASIADO CORTO!
—Está bien, está bien. Buscaré otro vestido, espérame aquí.
»¡Ay, dios! Dame paciencia con esta mujer—agitó la cabeza con fastidio.
Sin más, se volvió aventurar en el mundo de prendas femeninas.
Tomó una prenda.
» Demasiado corto—la regresó en su lugar.
Tomó otra prenda.
»Demasiado escotado.
Tomó otra.
»Seguramente va decir que el color esta muy exagerado. ¡Rayos!
Hasta que a lo lejos visualizó a un maniquí con un vestido color perla, con encajes, el largo indicado y sin escotes.
—Señorita...—le habló a la empleada de la tienda.
—¿Sí, Señor?
—Deme ese vestido, por favor—señaló.
—Claro que sí.
Al haber finalizado las compras necesarias, Trunks no tardó cinco minutos en comprar el traje que necesitaba.
—¿Tan rápido?—preguntó Mai.
—Los hombres no duramos tanto en decidir. Bien, vamos a comer algo.
Fueron al área de comida de la plaza comercial, ordenaron unos rollos de sushi. Rondaron por otro rato más, curiosearon en una tienda de libros y finalmente, la tarde se dejó venir.
...
Regresaron al departamento alistarse, Trunks se vestía en el baño con el traje negro que había comprado, y ella se ponía el vestido en la habitación.
Cuando se encontraron en la sala, ambos se deslumbraron, pues mirarse con ese tipo de prendas les hacía verse diferentes al recuerdo que te tenían de ellos.
—Te ves muy bien.
—Gra–Gracias.
Él le extendió la mano.
—¿Nos vamos?
Mai elevó la mirada, vio a los zafiros que eran causantes de que latiera el corazón de manera apresurada.
—Vámonos—sujetó su mano.
Y partieron.
...
El lugar era un fino restaurante tipo italiano. Éste contaba también con un área de bebidas alcohólicas con los vinos más caros y exquisitos.
—¿Qué vas a ordenar? —preguntó Trunks a Mai.
—No tengo idea.
Pues teniendo la carta del menú en «Italiano» era difícil saber que escoger.
El azul soltó una risa.
—Déjame ayudarte.—le hizo seña al mesero.
—¿Puedo tomarle la orden? —dijo el de traje negro.
—Sí, por favor. Vamos a ordenar un ...
El mesero tomó la orden.
—¿Algo más, Señor?
—Agregué por favor una botella de Champagne.
—Correcto. Si eso es todo me retiro—tomó las cartas del menú —En un momento les traigo la orden.—dio media vuelta el hombre y se marchó.
—Gracias.
Al paso de media hora la cena fue servida. El platillo se trataba de una pasta con diversas carnes y mariscos.
—¿Te gusta?
Preguntó el muchacho quien vio a la de cabello negro probar el guiso.
—Sí, está delicioso—contestó con rubores en sus mejillas.
Al ser la cena un éxito, platicaron de cosas intranscendentes acompañados de una copa de champagne. Hasta que decidieron salir del restaurante.
—¿Vamos a un lugar más tranquilo?
—S-Sí.
...
El convertible plateado después de haber dado un buen recorrido por las avenidas principales de la Capital, se estacionó justo enfrente de una tienda exprés.
Antes de abrir la puerta del coche, el empresario volteó con Mai.
—Iré a comprar unas cosas, ¿Gustas algo?
—No es necesario que me compres algo, gracias.
—¿Segura?
—Sí, no te preocupes.
El muchacho fue hacer sus compras y en menos de cinco minutos regresó. Entró al auto. Y los artículos que compró, los depositó cerca de los cambios de velocidad.
—¿Qué compraste, Trunks?—Mai abrió la bolsa de plástico y vio botes de cerveza, cigarrillos y algunas frituras.
—Basta de formalidades—dijo el muchacho mostrando media sonrisa—De eso estoy harto, vamos a beber un rato, ¿Te parece?
El auto arrancó.
.
.
.
La luces del vehículo se apagaron.
Ambos jóvenes se sentaron sobre el cofre del auto, y sus miradas eran cautivadas por la hermosa vista de la Capital que les ofrecía el solitario mirador al que habían llegado.
De la bolsa el azul sacó dos cervezas. Una para él y la otra para su compañera.
—Aquí tienes, Mai.
—¿Eh?—flaqueó en querer tomar el bote—Pero... yo no soy buena para beber alcohol.
—Anda, es tu última noche aquí, ¡Relájate!
Sin más, la aceptó.
—Está bien ...
—¡Eso es!
Abrió la bolsa de frituras y justo la colocó en medio de los dos..
Mientras daban sorbos a la cerveza, compensaban lo agrio de la levadura con el sabor de las frituras. Éstas gozaban de ser sazonadas por explosivas cantidades de picante en polvo, limón y sal.
Después de unos minutos terminaron de beber el primer bote, el muchacho sacó la cajetilla de cigarros y accedió a darle vida a su mayor vicio; fumar.
—No sabía que fumabas.—dijo Mai apreciándolo con ambas manos sosteniendo la bebida.
—Cuando regresé a la Capital lo había dejado—sonrió—Y si, es verdad, es la primera vez que me ves fumar.
—¿Por qué allá nunca lo hiciste?
—No hacía falta—expulsó humo—La vida de campo, de viajero, no está sometida a «cierto» nivel de estrés. Tampoco existe un patrón o una monotonía en sí. Tú bien lo sabes, siempre nos topábamos con algo nuevo.
—Sí, eso ni lo digas—agachó la mirada.
—Pero al regresar a mi vida, el mundo con todas sus responsabilidades cayó sobre mis hombros. Claro que, no fumo tanto como antes, pero ocupé de mi pequeño vicio para sobrellevar un poco los compromisos.
—...Ya veo.
—Y cuéntame, ¿Qué harás después?—desvió el tema para irse de lleno al grano.
—Bueno, yo...—los nervios le traicionaban—Aún no lo tengo planeado.
—Mmmm entiendo...— Trunks no estaba muy convencido con la respuesta de Mai.
—El clima está un poco raro, ¿No crees? Pese a ser noche el cielo está nublado, el aire huele a lluvia—Mai comentó lo primero que pescó su mente.
—Sí, tienes razón.
La cabellera lila y negra se revoloteaban con la fuerza del viento.
—Sabes... Mi abuela siempre decía una frase cuando el viento se ponía furioso en las Colinas.
—¿Y qué decía?...
—El viento no espera Mai, es hermoso, transparente como el agua, rápido como el rayo y tan fuerte que podría destruir todas las ciudades del mundo si quisiera.
—Es maravilloso—asintió—Tu abuela fue una gran influencia en tu vida. Me alegra que pese a todas sus carencias, dejó gran enseñanza en ti. Fue tu maestro de vida.
—No creo ser tan buena como Baba Yaga con la herbolaria, tal vez yo me inclino hacia otros gustos. Pero, ¿Sabes algo, Trunks?
—Dime...
—La extraño. Y no sé qué hacer para compensar lo mucho que hizo por mí.
—Ella está orgullosa de ti, te lo garantizo. También recuerda que «el alumno supera al maestro». Algo se te ocurrirá.
—Lo sé, eso espero.
—Cuando yo entré a la universidad tuve grandes maestros, en serio, aprendí mucho de ellos. Mi mayor influencia para mí ha sido mi abuelo. Es una persona muy sabia y sencilla. Cuando llegó el momento de tomar las riendas de la Corporación, no te mentiré, sentí miedo, y pese a tener facilidad de aprendizaje; me dio inseguridad. El tiempo pasó y, fue muy gratificante para mí ver que también podía dejar una enseñanza en mis empleados, un consejo, un apoyo, ayudar con una sabia decisión. Pero, ¿Sabes cuál es el riesgo de enseñar o ser un maestro de vida?
—No, ¿Cuál es ...?
—Que llegamos a enseñar con tanto «Amor» o con tanta ganas que... a veces entregamos más de lo correspondía dar.
»Enséñame a sentir, Trunks.
»... Por supuesto que sí.—la tomó en sus brazos.
Con eso fue suficiente para que Mai recordará la «enseñanza» de su tercer maestro de vida.
Desvío el rostro hacia un lado, rubores se apoderaron de sus pómulos blancos, mordió sus labios, pues Trunks había sido tan astuto con sus palabras que, su pecho se puso arder. Había dado en el clavo.
—Mai...
Ella volteó.
—Debemos de hablar bien, por favor ...
—Es que yo...
Y el cielo los traicionó dejando caer un aguacero.
—¡Oh, diablos! ¡Hay que subir al auto!.
—¡Sí!
—¡Vámonos de aquí!
Tomaron rápido los botes, subieron al coche, y partieron antes de que quedarán atrapados en el camino de lodo.
.
.
.
Nuevamente vestía ropa de él. Ésta vez, solo se trataba de una camisa manga larga. De cierta manera parecía una bata, pues digamos que le quedaba grande. Pero qué importaba, si para ir a la cama, estaba perfecta. Pero, ¿De qué querría hablar, Trunks?
Se dejó caer en la cama con brazos extendidos. Miró hacia el techo y se preguntó a sí misma:
«¿En verdad me quiero ir?»—suspiró—«¿Deseo seguir con esta tontería?
...
La cerveza fue buena compañera para estar frente a la chimenea. Sentado en la alfombra, miraba las flamas de la chimenea; idiotizado, fumando y dándole fin a las bebidas que había comprado. Una por una. Y pensaba entre la embriaguez que reinaba en su corazón, «¿En verdad te vas a ir?». Tras no tener respuesta a la interrogante que le carcomía de incertidumbre el pecho; le hacía sentir mal. Porque era tanto su anhelo de ver a Mai otra vez que, nunca pensó que saliera ese estúpido detalle.
Y más bebió.
Por frustración, por haber perdido las esperanzas de llevar acabo su plan, por la reconquista que deseaba con Mai. Por lo que quería con rabia y no podía conseguir.
Que frustración.
No tuvo la dicha de tocarla, no tuvo el placer de intimar con ella como lo imaginaba en sus sueños; simplemente la perdería otra vez. Al menos, pedía un poco de consideración, quería escuchar aunque fuese mentira un:
«Vine por ti, porque te amo»
La toalla reposaba sobre sus hombros, esperaba el turno para poder ducharse.
El saco había sido abonado en el sillón, su camisa en tanto, estaba desabrochada con signos de humedad al igual que su cabello. Sus pies descalzos disfrutaban de la suavidad del alfombrado. Y a su derecha, reposaba un cenicero con varias colillas de cigarrillos. Mientras a su izquierda las cervezas.
—Trunks...
Volteó el muchacho. Pues era Mai quien le había nombrado. Con esa camisa y cabello húmedo a una mínima distancia de él.
—Por favor... Deja de beber ...
Se pusó de rodillas la chica.
—Ya puedes bañarte, está desocupado el baño.
Él simplemente le dirigió la mirada azul, vidriosa por la embriaguez. Esbozó una sonrisa y se empinó el resto de la cerveza que mantenía en su mano.
—¡¿Qué no me estás escuchando?!—intentó quitarle el bote pero él pescó su mano.
Trunks se acercó a ella justo en la misma posición; de rodillas.
—¡¿Qué te pasa?!
La abrazó.
El rostro de Mai se puso colorado, pues intentaba zafarse y no podía. Mientras tanto, él la seguía abrazando con todas sus fuerzas. Respiraba en su nuca y a la muchacha se le erizaba la piel con ligeras pizcas de electricidad. Los labios del empresario restregaban sobre su mejilla hasta llegar a su oreja.
Entonces, bajo el efecto embriagante, dijo lo que deseaba.
—Miénteme.
Imploró desde los deseos más bajo de su ser. El timbre de su voz se tornó afligido con ligeras chispas de seducción.
»¿Qué?
—Miénteme, por favor—besó su cuello.
Parecía que el mundo le caía encima a Mai. Su interior comenzó a hervir.
»¿Por qué me pide eso?
—Dime que estás aquí por mí.
Ella mordía sus labios y sostenía los hombros del muchacho en resistencia, intentando hacerse hacia atrás. Pero él, seguía explorando su cuello.
»¡Trunks!
—Dime que me extrañaste tanto como yo lo hice en estos meses. Que me necesitas, que me deseas.
Las manos del joven se deslizaban por la espalda femenina y se aferraban después a sus caderas.
—MIÉNTEME...
»Pero en realidad no hace falta mentirte.
Cedía poco a poco.
—Di que me quieres, Mai.
»Yo... yo te quiero, Trunks.
Las respiraciones de ambos se aceleraron. Él jugueteaba con sus caderas, restregándose en el cuerpo de la mujer.
—¡TRUNKS!—exclamó Mai.
Al fin se había animado a decir algo.
Aflojaron su posición.
—Mai...—el joven, le miró a los ojos.
La mano temblorosa de la chica se dirigió hacia él. Con pequeños flanqueos, abrió la camisa del muchacho.
Él jadeaba despacio debido al momento.
Y al descubrir su pecho, la encontró.
Encontró al fin la cicatriz de Trunks que se mantenía aún prensada en su pecho. La cicatriz que era sello de que, si alguna vez dudo de él, con eso corroboró que era el auténtico hombre que buscaba.
El auténtico, aunque estuviese cubierto por otro cascarón, por otro entorno.
Pero era él.
ÉL.
Acarició su pecho, con los ojos cristalinos. Sonrojada, agitada. Y los zafiros estudiaba con determinación cada movimiento que realizaba la muchacha.
Hasta que el par de orbes azules se encontraron.
—¿Lo entiendes...?—volvió a pegarse en su cuerpo.
—Tru... Trunks...
—Mai... ¿Lo entiendes?
Ella continuaba frotando la cicatriz.
—No quiero que te vayas, ¿Me estás escuchando?
Los ojos de la muchacha se humedecieron.
—No quiero que te vayas—repitió nuevamente tras haber tomado la mano que le acariciaba.
Luego, regresó la mirada en ella buscando una respuesta.
—Trunks...
—Dime algo...—apretó la mano de Mai con fuerza en su pecho—«¿Puedes sentir mi corazón?»
Le dijo aquella frase que estaba en la hoja de papel en el estudio.
Esa pregunta fue como un susurro al alma. Fue la flecha que partió sus emociones en pedazos. Y como confeti se esparcían al sentir tanta maldita felicidad, tanto excitación y deseo.
Tanto de TODO.
Pues comprendió en sí, que ella había sido el motivo principal para que él escribiera esas palabras.
Entonces eso significaba una cosa.
Qué la amaba.
Y pese a todo, la tuvo presente cada día de su existir.
Solo asintió como respuesta.
Como imanes sus labios llegaron a la meta deseada; besarse. Ejecutaron el beso más desesperado de sus vidas, el más torpe. Pues bien, parecía que querían arrancarse los labios. Entra tanta fricción, entre tantos besos, suspiraban en un sube y baja de emociones mixtas.
.
.
.
Con delicadeza depósito la cabeza de la muchacha sobre la almohada. Siguió besando sus labios y, poco duró en dejar fundir su cuerpo en ella. Con ansiedad e impulso, sus manos actuaron por pura inercia y desabrochó cada botón de la camisa de Mai. De igual manera, él se deshizo de su camisa húmeda para sentir mejor el roce de sus cuerpos.
La pretina del pantalón se abrió con desenfreno. Se escuchó el característico sonido de la hebilla del cinto; el vaivén de caderas por parte de ambos dio efecto. Ese movimiento tan vivaz del cuerpo humano que, por sí solo, lo ejecuta en el momento y ritmo indicado. Sea por instinto natural o porque el deseo lo dicta.
Después de tanto, la verdad de los sentimientos salió por los poros de la piel, como si fuesen perlas de sudor. Si hubieran seguido con su terquedad, por poco quedarían en nada y se hubieran perdido una maravillosa reconciliación. Pues a veces, es muy necesario dejar el orgullo a un lado y actuar antes de que sea demasiado tarde.
Ahora, nadie sería el maestro o alumno de nadie. No era el momento de «enseñar o aprender» Sino ahora, el objetivo se desvió en solo amarse en conjunta complicidad. En el mismo nivel.
En el punto medio entre un hombre y una mujer.
—Te eché de menos—dijo el muchacho al finalizar un beso de esos escurridizos.
Estaba jadeante.
La habitación era completa oscuridad. Él sobre ella, la cama destendida y ambos semi desnudos.
—Yo pensé que...—sus labios se juntaron interrumpiendo las palabras.—Pensé que tu vida era tan perfecta que no me necesitabas dentro de ella. Por eso me animaba decirte la verdad.
—No digas tonterías, sabes que no es así. Yo alucinaba por verte otra vez, Mai. Si supieras que no hacía otra cosa más que pensar en ti, ¡Tonta! Si te hubieras ido no te habría perdonado.
Continuaban besándose.
Las manos atrevidas del azul, deslizaron la prenda de interior de la muchacha.
—¡Trunks...!— ella detuvo las manos del muchacho que justo iban al nivel de sus rodillas con la prenda.
—No te atrevas a decirme que no, Mai—dijo entre jadeos—En serio, te necesito. Te necesito muchísimo—y la prenda llegó a la punta de sus pies, liberándose el entre medio de sus piernas.
El azul se quitó el pantalón, deslizó el bóxer y se sumergió entre las piernas flexionadas de la chica. Rozaban sus cuerpos, su intimidad. Ambos jadeaban durante la búsqueda de concretar su unión. En tanto, una mano del muchacho, buscó un preservativo en el cajón que incluía la mesa de noche. Abrió el empaque plateado con los dientes y se colocó la protección mientras miraba el rostro de su amor salvaje. Pues ya llevaban rato en la oscuridad y sus orbes visualizaban bien el entorno.
Volvió a centrarse en el punto de todo. Y comenzó.
Entró en ella.
No lento ni suave, sino firme. Deseoso.
Por cada embestida, un gemido lleno de goce florecía por parte de él.
Y un apretón de labios por parte de ella.
...
Ser víctimas de una escena así, era algo alucinante. Como los sueños que tuvieron cada noche en el lapso de los seis meses.
»Me encantas.
»Nunca dejé de pensar en ti, nunca.
Palabras de amor brotaban de los jadeantes labios del muchacho, Palabras que salían del alma y embriagaban las gargantas. El maravilloso sentir de la unión que los colapsaba de ardor. Esa sensación que, solo en conjunto podrían lograr. Entre movimientos tiernos y firmes, el muchacho percibió el aroma de los cabellos negros; el aroma natural y tan único en Mai. El sabor de su piel y la fragancia que despedía a esencia de hierbas.
No tuvieron conciencia de cuántas veces estuvieron abajo o arriba de ellos mismos. Simplemente se adaptaron a diferentes posiciones, como si la cama fuera un césped sin dimensiones, sin fronteras, sin líneas a lo prohibido. Donde los cuerpos hicieran acrobacias a ciegas, guiados por otros ojos, guiados por el momento fortuito de la dulzura.
Esa dulzura que deslizaba por sus espaldas como la propia miel.
Al volver a su posición original (él sobre su cuerpo) Estaban llegando al punto máximo de lo intolerable. Ella apreciaba desde las almohadas, como él entraba y salía de su cuerpo con violencia. Con el rostro desfigurado, el ceño fruncido. Gimiendo abiertamente liberando todas esas ganas que lo consumían.
Y tras escucharse un gemido fuerte, victorioso, el acto terminó.
Sus brazos se vieron afligidos, desguanzados por el gran sentir que acongojó todo su cuerpo; desde los mechones hasta la punta de sus pies. Ella lo acobijó, sonrojada y agitada, le dio asilo en su pecho. Lo consolaba con ternura. Las manos femeninas, acariciaban los mechones lilas. Y tras calmarse, el muchacho expresó sentidamente al buscar su rostro:
—Mai...
—¿Qué pasa?
—¿Vivirías conmigo? ¿Te quedarás a mi lado?
Ella suspiró y contestó a sus dudas dándole claridad.
—Sí, niño. Me quedaré contigo.
Mai solo se limitó a darle un beso en la nuca.
—¿Sabes algo...?
—Ajá.
—Siento que esto fue como un presagio.
—¿Por qué lo dices?
—Porque no hace un par de días asistí con mi asistente personal a una exhibición de arte. Y justo pensaba mucho en ti, me sentía tan reprimido que ocupaba hablar de todo lo del viaje. Ya no podía más. Le invité a tomar un par de tazas de café y le conté todo al respecto.
—Creo que a veces es duro guardarse las cosas solo para uno.
—¿Y sabes qué fue lo mejor?
—¿Qué?—preguntó la muchacha.
—Que fue el mismo día que te encontré bajo la lluvia afuera de la corporación.
Ella sintió ternura por la respuesta. Inevitablemente sus ojos se vieron cristalinos.
Abrazó con fuerza la cabeza del muchacho.
—¿Mai...?
—¿Y ahora qué sucede?
—Te amo mucho.
Él cerró los ojos y bajo la misma posición se dispuso a dormir. Ella sin embargo, se le pintó una sonrisa en los labios, miró hacia el techo. Y en su mente, dio las gracias a su ángel guardián. Sin ella, no hubiera agarrado el valor suficiente para estar ahora junto a Trunks.
»Gracias, Baba Yaga...Gracias.
.
.
.
Amaneció, la luz se filtraba entre las pequeñas separaciones de las persianas. Al abrirse sus orbes azules vio el otro extremo de la cama vacío. Talló sus rostro, tomó su celular y cuán sorpresa había sido que faltaba media hora para entrar a trabajar.
—¡No puede ser!—abrió los ojos de par en par.
Y como estrategia lo primero que se le ocurrió fue marcarle a Rita. Desbloqueó la pantalla táctil de su móvil, buscó el número entre sus contactos y llamó.
—¿Hola? —contestó la mujer.
—Rita, buenos días.
—Buenos días, Señor Brief.
—Verás, tuve un «pequeño» percance. Creo que llegaré tarde. ¿Hay algo importante para hoy?
—Dígame, ¿Funcionó nuestro plan?
El azul se sonrojó al escuchar la pregunta.
—Que cosas dices, Rita.
—Soy muy perspicaz, Señor Brief—rió—Como me supuse que tendría una noche «atareada». Ajusté su agenda para mañana. Disfruten de su día.
—¿De... De verdad? Rita, yo...
—No se preocupe, Señor. Yo podré sola con el día de hoy.
—Sabes, creo que mereces un aumento de sueldo—ambos sonrieron.
—Descuide.
—Te lo agradezco infinitamente, Rita.
—Que la pase bien con Mai.
—Gracias, hasta mañana.
—Hasta mañana, Señor.
Colgó.
El móvil lo puso sobre la mesa de noche. Pero por accidente algo cayó en el piso. Eso llamó su atención, y de manea inmediata se asomó a un lado de la cama para ver de qué se trataba. Fue así, que vio un libro de pasta gruesa, lo trajo consigo mientras se acostaba nuevamente en la cama. Abrió las primeras hojas y comenzó a leer en silencio. Sus orbes se movían de un lado a otro.
Remedio, indicaciones, dibujos de hierbas, hojas y métodos de preparación de ungüentos.
Secretos medicinales de un legado ancestral de muchos años de antigüedad. Siguió hojeando y de repente, sin esperárselo, salió una foto, maltratada y descolorida por signos de óxido.
Si su lógica no le fallaba se trataba de la cabaña de las Colinas del Sur, (el hogar de Mai). Había árboles y ramas al rededor. A un costado, leña apilada. Y adelante de ese paisaje había una niña con vestido de manta y una pequeña canasta.
Ésta sonreía a la cámara con singular alegría.
—Mai...—dijo seguro de sí.
A un lado de ella, estaba una mujer mayor. Un recogido sostenía su caballera plateada. Faldones largos y rebozos de colores subidos usaba.
—Baba Yaga...
En seguida tomó su móvil y sacó una captura de la fotografía. Dejó el libro en su lugar, tomó una bata de baño que estaba a la mano y salió del cuarto.
Se dirigió a la cocina, pues un rico olor se despedía en esa dirección.
—Aquí estás, Mai.—le abrazó por detrás, mientras ella cocinada. Justo después respiró en su nuca, provocando que se erizara su piel.
Se sonrojó por la acción.
—Al fin despertaste—dijo sin dejar de hacer sus preparados.
—Sí, pero no era necesario que hicieras esto sola. ¿Por qué nunca me despiertas? Siempre me dejas dormido—alzó una de sus cejas.
—Supuse que estabas cansado, no quise molestarte.
—Pero se supone que deberíamos despertar juntos, ¿No?—dijo burlón.
—¿No crees que te estás pasando de se sentimental?—apagó la estufa irritada.
—¡Es broma!
—Mejor hay que desayunar.
—Esta bien, está bien.—tomaron asiento.
...
Mientras desayunaban el muchacho sacó a relucir el tema del libro Baba Yaga.
—¿Recuerdas qué me mencionaste que querías hacer algo por tu abuela?
—Sí. ¿Por qué? —le dirigió la mirada, Mai.
—Bueno, sin querer vi el libro que estaba en la mesa de noche. Le di una hojeada y—hizo un silencio—Es maravilloso. Lo único malo es que está muy deteriorado, ¿Por qué no lo transcribes? O mejor aún, ¿Por qué no lo compartes al mundo? Es gran legado herbolario. Podrías ayudar a muchas personas a sanar.
—¿Eh?
—¿No crees que sería genial?
—Yo no tengo el talento de mi abuela, Trunks.
—Lo sé, puedes solo patentarlo. Sería injusto que algo tan fabuloso quede en el olvido dentro de un cajón.
—No lo sé...
—Al menos en las tardes, pásalo a limpio en la computadora de mi estudio, antes de que el texto original se borre. De ahí, durante ese tiempo puedes pensar si quieres hacerlo público o no, ¿Qué dices?
—Esta bien.—asintió.
Trunks se levantó, le plantó un beso en la frente.
—Voy a ducharme, ¿Me acompañas?
—Eres un pervertido, ¿Lo sabes?
—¿Eso es un SÍ?
Tomó de su mano y la llevó con él.
.
.
.
Había pasando con exactitud dos semanas de que los viajeros vivían juntos. Los deberes y obligaciones eran una cosa que se tenían que cumplir. Trunks asistía al trabajo y Mai lo esperaba en casa. Para calmar su ansiedad, por las tardes, se hacía una taza de café, encendía la computadora del estudio de Trunks y comenzaba a transcribir el libro de Baba Yaga. Hoja que hacía, la imprimía y también guardaba el archivo. No es que fuera una experta con la computadora, pero el joven azul le dio una breve cátedra y con eso fue suficiente.
Cada tarde mientras en la ciudad llovía, se impregnaba todo con aroma de verano. El exquisito olor a lluvia, le hacía recordar los bosques de las Colinas.
La vieja cabaña, su hogar.
Ella escribía.
Repasaba cada receta de su abuela. Leía en su mente cada oración y sentía su presencia cerca. Tal y como si la propia anciana estuviera leyendo por ella.
Hasta que llegaba la noche y recibía al muchacho al abrir la puerta.
—Bienvenido a casa, Trunks.
—Ho-Hola, Mai.
Una cálida sonrisa se dibuja en sus rostros, pues era obvio que vivir juntos, había sido la mejor decisión para ambos.
Al tomarse de las manos, con un apretón lleno de significado, marcharon a la cocina.
—¿Qué hiciste de cenar?
—Es sorpresa.
—¿Algún secreto milenario de Baba Yaga?
Un puñetazo llegó justo al pecho de Trunks.
—¡No te burles!
Paradójicamente y por una extraña razón después de discutir o pelear por cualquier cosa insignificante, terminaban por reír.
.
.
.
Por fortuna, ahora su cama mantenía un calor único. No era como antes que fría era su mitad y medio tibio del lado donde dormía ÉL.
No.
Ahora, era un bonito calor que ambos producían. Con un abrazo, con un beso, con amarse o simplemente con mirarse a los ojos era suficiente para que el termostato de su piel estuviese en un punto de equilibrio exacto.
Perfecto.
Ni tibio, ni frío.
—Trunks ...—la chica lo nombró mientras se aferraba en su pecho.
—¿Qué pasa?—contestó Trunks, quien poco tardó en frotar su espalda.
—Quisiera pedirte un favor.
—Si, no lo dudes. Dímelo.
—Verás...—buscó su rostro—Me ha servido mucho escribir por las tardes pero ...
—¿Pero...?—abrió los ojos.
—Quisiera hacer algo por las mañanas, como estudiar o algo así...
—¿Lo dices en serio?—se le pintó una gran sonrisa al muchacho.
—Ajá...
—¡Claro que si!, haré lo posible por buscarte una buena escuela. No sabes cuánto me alegra, Mai. En serio, tú tienes mucho talento. ¿Qué te gustaría estudiar?
—Creo que algo motriz.
—Entonces serás un excelente ingeniero motriz.—besó su frente.
.
.
.
En menos de una semana Trunks con la ayuda de Rita contactaron una escuela para Mai.
—Señor Brief, estos son los trípticos de las escuelas especialidades en ingeniería—los deslizó sobre el escritorio.
—Veamos...—el empresario tomó uno y empezó a leerlo.
—Dicen que esa institución es muy buena, Señor. Además, no es muy lejos de la Corporación.
— ¿Podrías encargarte de investigar por favor?
—Claro, Señor. —se dio la vuelta la mujer.—Si eso es todo me retiro.
—Por cierto, Rita—la mujer se frenó—¿Ya llegó lo «otro» pendiente?
—Sí, justo llegó hace una hora.
—¿Qué te dijo Cibran?
—Bueno—llevó su agenda al pecho—Dijo que fue difícil, pero lo logró. En un momento le traigo la cápsula que dejó el Señor Cibran.
—Perfecto.
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Al día siguiente, Trunks como de costumbre se fue a trabajar. Mai despertó y al caminar sobre la sala, vio un cuadro de tamaño considerable justo en la pared cercana a la chimenea artificial. Todo indicaba que estaba hecho en lienzo.
Poco a poco se acercó. Tenía la corazonada de que ese lugar era algo familiar para ella.
Lo presintió.
Al llegar a él, tocó el diseño con su mano. Agachó el rostro mordió sus labios y una lágrima de cristal salió de sus ojos.
Pues se trataba de la vieja cabaña de las colinas. Y a un lado, estaba ella de pequeña abrazada de su querida abuela, sonriéndole a la cámara. Entonces recordó, que la réplica pertenecía a la fotografía que guardaba en el libro de Baba Yaga. Aquella fotografía que tenía manchas de óxido y arrugas. Cada arruga, cada signo de antigüedad, significaba un buen momento, una risa, una lección.
Al calmarse sus labios susurraron al culpable de todo.
—Trunks...
Repentinamente, el teléfono sonó. Ella rápido lo cogió.
—¿Diga...?
—Hola.
«Esa voz»
—Trunks, tú no debiste ...
—¿Te gustó?—preguntó el muchacho desde el otro lado del teléfono, sin darle oportunidad a Mai de hablar.
—Sí, mucho. Pero... ¿Por qué lo hiciste?
—Vi esa fotografía dentro del libro de tu abuela y, supuse que extrañas todo. Sé que estás muy lejos de tus raíces, de lo que te vio crecer. Y como muestra de cariño contacte a un amigo pintor para que hiciera una réplica en lienzo.
—Pero...
—Gracias por permanecer a mi lado, es lo menos que puedo regalarte, prometo complacerte con más. A partir de hoy, estarás siempre conectada a tus recuerdos ...—esbozó una sonrisa—Gracias Mai, finalmente creo que fuiste más valiente tú que yo.
—Niño, yo...
—Gracias por buscarme, te quiero. Te veo al rato—colgó.
—Oye Trunks, escúchame. ¿Hola? ¿Trunks?, ¡Ah, colgó!
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Era tan fascinante ponerse un overol de mecánico. Saber a detalle el significado y función de cada pieza. Sumergirse en las profundidades de un motor, manchar su rostro de grasa y sonreír por ello.
Era lo que siempre había querido aprender. Su abuela, quizás, tuvo razón al decir que siguiera un camino, que llegará con la persona indicada que le brindara ese conocimiento que ella nunca pudo darle.
»Ve Hacia el mismo rumbo, Mai.
»Ve con él.
La relación de los muchachos se fortificaba con éxito. Pues se había cumplido un mes y días y todo se percibía en un ambiente normal. Con sus altos y bajos, como en toda relación.
Íntimamente habían llegado a ese punto de reencontrarse como pareja, esa parte la tenían bien sólida, no había noche que no hicieran el amor, y el ritual de seducción simplemente florecía justo después de atender la cicatriz de Trunks.
Pues al tenerse mutuamente, la cicatriz ya no era necesaria para recordar nada. Estaban juntos y juntos avanzarían y recordarían cada detalle de su viaje, sin miedo a ser prejuzgados como locos.
Con ellos era suficiente para saber que no había sido un sueño, el resto de la gente no importaba.
Cuando la mano de Mai rozaba la cicatriz de Trunks con el ungüento de llantén, él sentía una gran excitación; misma sensación que sintió la primera vez que ella lo curó. Por propio impulso terminaban por besarse. Hasta que la pasión se evaporizaba a un nivel máximo.
El tiempo fue correcto para ambos, ella siguió por las mañanas estudiando y por las tardes escribiendo.
Al salir de clases que normalmente era a la hora de la comida. Trunks la esperaba afuera recargado en el covertible plateado, con gafas para el sol y su ordinario atuendo gris. Como si fuese un novio adolescente esperando a su chica. Cuando la muchacha salía del instituto, lo visualizaba a distancia.
Y ambos, se recibían con una grata sonrisa.
...
Una noche terminó de teclear la última hoja del libro de su abuela. Emocionada fue corriendo hacia la sala.
—¡TERMINÉ!
—¿Eh? ¿Terminaste?—volteó el muchacho quien miraba un partido de fútbol en la comodidad del sillón de la sala. Y en compañía del gatito negro.
—¿Qué más se tiene que hacer?
Ambos fueron al estudio y Trunks revisó el trabajo.
—Bueno, pues falta una introducción, glosario, pie de página y otros detalles. Pero, ¿Qué decidiste, Mai? ¿Deseas publicarlo?
Ella se puso de pie frente al muchacho, meditó antes de responder al fruncir un poco su ceño.
—Pensé en lo último que me dijiste. Y... mi abuela tenía un gran talento para las hierbas. Merece llegar a más gente, merece curar al mundo con su sabiduría. Entonces, decidí que... que quiero hacerlo.
Trunks quien lucía unos anteojos de fino armazón, asintió con media sonrisa.
—Es lo mejor decisión, Mai.
—¿Y qué sigue de aquí, Trunks?—tomó asiento al lado de él.
—Creo que de entrada sería patentar—rascó su cabeza y retiró sus lentes— De ahí, buscar una casa editora. Buscar ediciones para portada, nombre etc.
—Vaya, es complicado.
—Si es algo burocrático, pero descuida, lo vamos a lograr.—le echó el brazo animándola.
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Entre escuela, labores, y el trabajo extra del libro, transcurrieron tres meses. El libro salió a luz con el nombre de «Herbarius». La portada finalmente fue algo sencillo. En colores blanco y negro, unas manos de edad avanzada sostenía unas plantas, y ésta sobresalían en colores verde. No fue un libro con excelentes ventas, pero al menos Mai, cumplió con el objetivo de esparcir el legado de su abuela y no dejarlo dentro de un cajón por los siglos, a merced de la polilla.
Al final la CC fue el respaldo que impulsó la venta. Y Mai, al no querer ser una figura pública lo dejó en manos de Trunks. Sin embargo, en la parte inicial venía una dedicatoria:
"Sé que sigues y guías mis pasos desde allí arriba. Abuela, la huella que has dejado en mí y de la que tan orgullosa me siento, hace que siempre te note muy cerca, como una parte más de mi ser. Con esto te doy las gracias con todo mi amor. Qué «Herbarius» cure y una personas por todo mundo. Gracias por dirigirme Hacia el mismo rumbo con la persona indicada para mí, mi amor aventurero. Un beso hasta el cielo."
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—¡No corras tan rápido!—dijo Trunks, entre risas al ir detrás de su presa—¡Sabes que de todas formas te voy alcanzar!.
—¡Pues eso quiero verlo, Greñudo!—contestó Mai entre trotes.
El ruido de Paoz, endulzaban el entorno y compaginaba al ritmo de sus risas. El ambiente estaba por cambiar de estación, las hojas de los árboles se vestían de amarillo y caían como lluvia advirtiendo la pronta llegada del Otoño. El olor de las fogatas que hacían los aldeanos de alrededor, llegaba justo a sus narices. Y a ella, ese particular aroma le hacía recordar su niñez en las Colinas del Sur. Y a Trunks, la gratificante experiencia de conocer otros hermosos senderos al lado de la rebelde que tantas cosas le enseñó.
Pues nadie es más o menos en el rumbo. Todos aprendemos de todos.
Sus prendas por petición del joven, fueron blancas, de telas de manta. El viento de Otoño las manipulaba a su antojo.
Y corrían.
No por caminos diferentes. No por atajos.
Sino una tras del otro Hacia el mismo Rumbo. En línea recta, con la confianza necesaria que sin conocer a dónde los conduciría el camino en sí, sabían que hacían lo correcto.
Si bien, en el mundo existen miles de personas. Y cada cual, con una historia distinta. En el camino aprendemos de ellas cuando existe un cruce, que deja un aliento de buenas o malas experiencias en nosotros. Lecciones de vida que hacen que las percepciones cambien, las creencias se expandan y los conocimientos crezcan. No todos son malos o buenos. Nadie conoce detrás de un rostro lo que esa persona vivió para prejuzgar. Esa parte incrédula se desmorona a gajos. Y así, comprendes que no eres el único ser en la Tierra. El único ser que necesita, que desea, que quiere o ama. Porque deseos siempre existirán para todos y como «caminantes» se tiene que forjar un sendero.
Como personas decidiremos si vamos Hacia el mismo Rumbo o no.
—¡Te..Te..TENGO!—azotaron en el pasto alegres.
Él montado en ella, atrapó las muñecas de Mai con sus manos, como si éstas fueran esposas.
Ella vislumbraba su rostro a corta distancia del suyo.
Los endemoniados zafiros parecían desnudarle.
—¿Por qué me trajiste aquí?—preguntó agitada.
—Es hermoso, ¿No?
—Es muy bello.
—El monte Paoz—inhaló aire y terminó por expulsar un suspiro—Ven, quiero mostrarte algo.
Caballerosamente le ayudó a levantarse. Y tras sacudir sus prendas, caminaron de la mano Hacia el mismo Rumbo.
Juntos.
—¿Ves eso?
—Mmmm...sí.—parpadeó la muchacha sin entender—¿Es una vieja cabaña estilo oriental?
—Algo así. Es una hermosa reliquia de Paoz. Cuando investigué sobre las esferas, mencionaron que hace muchos años, la primera esfera del dragón apareció justo dentro de esa casa—señaló.
—Entiendo.
—Pero bueno, además de eso. Quería traerte a un lugar así. Supongo que extrañas esta tranquilidad, ¿No?—sonrío.
—Extraño mucho, sí. Aunque no significa que la pase mal a tu lado. Me gusta también la Capital. Digamos que todo tiene su lado bueno y malo.
—Me alegra—el fruncir de sus cejas se suavizó al escuchar la respuesta.—A unos cuantos metros está el lago, ¿Vamos?
—Esta bien.
Al llegar al ras del lago, Mai se pusó de rodillas y miró su reflejo en el agua.
Suspiró.
Y cuando menos pensó, un collar rodeó su cuello.
—¿Qué... Qué es esto?
Cuando tomó el objeto con su mano, descubrió que era un «dije» hecho de plata y cuarzos verdes.
El dije tenía forma de una hoja de llantén. Su forma era similar al de un corazón.
—¿Por qué...? Tu no debiste de hacerl...
Él negó.
—Desde hace algún tiempo había querido darte un presente.
—Pero haz hecho suficiente, Trunks. El libro, los estudios, darme asilo en tu casa.
—Pero no ese tipo de presente, Mai—la interrumpió.
La tomó de sus hombros y la levantó.
Justo quedaron frente a frente.
—Verás... Nunca te propuse correctamente si querías ser mi pareja. Y cuando lo hice, estaba ebrio—rió—Sé que a las mujeres les gustan estas cosas. Así que pensé obsequiarte este detalle cómo muestra de amor.
—Trunks...
—Pensé en algo así porque las hojas verdes y frescas en los árboles simbolizan la vida en todo su esplendor. Es el crecimiento, la prosperidad, la salud y, en definitiva, la felicidad. Por eso, cuando veas el «dije», puedes estar tranquila. Estamos juntos en un nuevo ciclo lleno de proyectos nuevos e interesantes. Repletos de ilusiones y sueños renovados para ambos. Vayamos siempre Hacia el mismo Rumbo, Mai.
—Es muy lindo...—se sonrojó al compás de lo vidrioso de sus ojos.
—No soy amante de las bodas pero te quiero a mi lado por siempre—la abrazó—Gracias por continuar Hacia el mismo Rumbo, conmigo.
—Ha sido un placer, Trunks.
»Te amo muchísimo.
El abrazo se intensificó, sus labios se unieron y hojas revolotearon con el aire natural junto con sus rebeldes cabelleras. Habían colores en el viento, caricias y promesas por cumplir.
Una aventura los unió y esa misma se encargaría de que permanecieran juntos.
—Entonces, ¿Hacia el mismo rumbo?
—Hacia el mismo rumbo por siempre.
FIN.
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Hola a todos n.n
Gracias a todos los que han seguido mi fic. En verdad les agradezco muchísimo su tiempo. Sus rw, sus views, los que me agregaron a sus favoritos, ¡Gracias!
Beta Reader: Mari Tourquoise. Mi linda gracias por ayudarme a evaluar cada capítulo. He aprendido mucho de ti, gracias por tu tiempo y confianza. ¡Eres sensacional!
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Les cuento que nunca pensé que fuera escribir algo así, simplemente la idea surgió un diciembre cuando tenía una tremenda gripe. La idea brincó por mi mente, y de un tirón escribir 26 hojas, porque esto estaba presidestinado para que fuera un One Shot. Sin embargo, decidí alzarlo puesto que en ese entonces me encontraba escribiendo "Con aroma de café" y mi regla es "Nunca escribir 2 Longs a la vez" Termino CadeC, desempolvó mi trillado proyecto de aventura/romance, lo estudio, hago su estructura y finalmente esto fue el resultado final.
HelMR creo que será un Trumai muy único en todo su contexto. Desde el rol de personajes, el desarrollo y sus ambientaciones, pese a que forme "Mi Mundo". Hice lo posible por permanecer en línea recta dentro de esa chispa Dragonbollera. Además, pese a todo, respetando el IC de los personajes. Desde la Red Ribbon, Coronel Silver, la pairing Crack de Violet & Tao pai pai, el empresario Trunks, los Son, Baba Yaga, Akkuman, y por su puesto Mai.
Tal vez se lea muy fácil, pero en serio, investigué muchísimo: Baba Yaga tan solo es un personaje de la literatura clásica de Rusia, biografías de los coroneles de la RR, e incluso me vi vídeos para estudiar un poco su comportamiento. Investigué sobre armas, herbolaria, remedios, lengua indígena xDD un poco de esoterismo, regresiones espirituales, la historia de las Esferas del Dragón etc, y todo con la intención de darle un mayor sustento a la historia.
La idea de desempolvar a personajes clásicos fue algo que me enamoró, puesto que siento que también se les debe de dar mayor participación. Silver es mi coronel Favorito. Y la pairing Crack de Violet y Tao es algo que siempre me imagine desde hace mucho e incluso es un gusto mmmm "raro" que comparto con la autora Esplandia (saludos bella) Al poner a Tao en otro enfoque y no su "papel" clásico, fue un tremendo reto, YO quería escarmentar, qué había más allá de esa cara de metal. No creo que alguien en sus condiciones sea del todo feliz.
Y así nació mi historia, fue como un guión roto que yo pegue a cómo me dio la gana. Tomé los elementos necesarios y me puse a escribir. Esa es una de mis "particularidades" como autor. Me encanta hacer fics que "salga" del escenario común, creo que ese es el sello distintivo Kuraudeico XDDD
Espero el próximo año desempolvar otro long Trumai que tengo preparado por ahí. Por pronto continuó con proyectos cortos.
Sin más que agregar.
UN MILLÓN DE GRACIAS.
Saluditos: a todos lectores silenciosos, Karol, Miguel, Cereza del Pastel, YOS, La Che, maOko, Jackesita Frots, Mallu/Liz, andreabunny20, Jimena, María Enriqueta, Kaimi, Ro, Los Guest, Dayannigo, GloferaFanfics, Esplandian, Lady Byron, Lady Supersaiyajin.
Gracias a todos. A las comunidades que nos brindan un espacio para publicar nuestras historias: Trunks & Mai Page, Dragon Ball Fanfics, Por los que leemos Fanfics de DB, Recomiendo Fanfics.
Con cariño:
Kuraudea•~
Respetemos los derechos del autor
12/Octubre/2016
Di NO al plagio
