No podía creerlo. De todos los problemas que hasta ahora se habían presentado, tenía que ser él el que culminara la situación. ¿Por qué? Pues ni idea, lo que si sabía con certeza era que si metía las narices en aquel caso iba a acabar mal y no precisamente por el asesino. Se levanto de la silla y se acerco a saludarle con la mejor falsa y enemistada sonrisa que podía poner en aquel momento. David se mantuvo al margen, guardando las formas que su trabajo de policía requería conforme a sus superiores, pero no puedo reprimir las ganas de reírse cuando Edgar, el detective de la ciudad vecina que había llegado por sorpresa, rechazaba el saludo de la castaña y caminaba para sentarse cómodamente en el asiento que ocupaba Nuria. Una mirada fulminante hizo que se arrepintiera de tal acto.
― ¿Se puede saber a qué has venido, Edgar?― pregunto enfadada.
Los policías que habían dando entrada al peliazul se retiraron con una disculpa y salieron de la sala, cerrando la puerta tras decir, prediciendo que allí se iba a formar una buena pelea. David intento, sin éxito alguno escabullirse de aquella habitación pero un sonoro "Tú te quedas" por parte de la castaña hizo que olvidara todos sus propósitos de salir de allí. Haciendo a un lado los montones de papeles y cajas que había encima del único sofá de la sala que no se veía, tomo asiento y se mantuvo callado hasta que le diera el turno de palabra. No estaba como para jugar con su puesto de trabajo. La castaña furiosa pero sin mostrarlo al exterior, agarro la silla donde anteriormente está sentado David y se acomodo como niña dispuesta a escuchar un buen sermón de comportamiento.
― Creo que eso lo sabes mejor que yo, Nuria― comenzó a hablar mientras observaba con detalle el tablón de fotografías que tenía delante, dando la espalda a la castaña― ¿No es cierto que hay un caso que se te está yendo de ellas manos y se está cobrando más víctimas inocentes de lo normal? Di me, ¿Acaso miente el superior?― pregunto sarcástico mientras se giraba a mirarla.
Se trago todo el orgullo y enfado del que en ese momento disponía y respiro relajadamente para sus adentros.
― No― respondió secamente― Pero ten por seguro de que no necesito para nada tu ayuda. Así que si me lo permites, ¿podría usted salir por la misma puerta por la que ha venido?
El peliazul sonrió complacido, sabía que eso le hacía rabiar a la castaña. Encogió su aguamarina mirada y sonrió con más ímpetu, divirtiéndole la situación.
― Sabes de sobra que el superior me ha mandado para ayudarte y no voy a marcharme hasta que esto quede resuelto. Es mi trabajo, querida Nuria.
La castaña iba a responder cuando un agente de policía llamaba a la puerta y entraba a la sala, pidiendo que por favor David saliera, que le necesitara. Noticia que hizo iluminar en la cara del peliplateado una sonrisa de salvación y alivio descomunal. Disculpándose y sabiendo que la mirada fulminante que Nuria le dedicaba no iba a traerle nada bueno, salió del despacho. Cerró la puerta y agarro el hombro de su compañero.
― Gracias. Me has librado de una buena, te debo una― comento con alivio.
El agente río por lo bajo ante las palabras de su compañero.
― Le quedan mucho, han llamado preguntando por Nuria.
― ¿Que si le quedan?― pregunto irónico― Compañero, dios quiera que los gritos de estos dos no derrumben el frágil edificio en el que nos encontramos.
Los dos rieron ante aquel comentario y conversando animadamente sobre la visita inesperada del Detective Edgar, se pusieron manos a la obra con su trabajo. Bastantes gritos tendría ya el día de hoy.
―O―
Xavier recogía las sabanas y objetos de aseo que habían usado durante su estancia en el hospital. El alta se había adelantado y con suerte los dos días que le quedaban para volver al trabajo los pasaría descansado en casa y no entre aquellas cuatro paredes blancas. Se encontraba sentada en el lado de la cama con la mirada perdida en el suelo y los pensamientos agolpándose en su cabeza. Mientras tanto, su esposo iba y venía de un lado para otro conversando para la ausente peliverde.
Intentaba recordar sin éxito alguno lo que había pasado en aquella fiesta. Pero lo único que iba y venía eran los relámpagos de lo que ella había visto con sus propios ojos antes de perder la conciencia. Relámpagos cargados de confusión...
Flashback
Aquel joven se me acerco a pedirme algo.
― Señorita, no tendría un botiquín para dejarme, ya saben cómo son los niños―comento refiriéndose a Sara.
Pero en aquel intermedio, vi algo extraño.
Uno de los camareros que atendía en aquel momento a uno de los invitados, se acerco a la mesa a soltar la bandeja que llevaba entre sus manos. Con gran cuidado se arrimo al hombre que le había pedido el botiquín y le entrego un fajo de billetes que nadie más pudo ver, tras aquel acto desapareció en la cocina.
Pero y el rostro, como era su rostro... Porque no logro recordar más que aquellas palabras.
― ¿Quién eres?
― No se gire, sabe que si lo hace acabara mal―respondieron en la oscuridad del pasillo.
― ¿Por qué hace esto?―pregunto asustada.
― Porque ella, así lo quiere.
¿Ella? ¿Quién es ella?
Fin flashback
Unos ojos preocupados se posaron en la joven, sacándola de aquellos pensamientos. Xavier el abrazo sin decir nada, total, allí sobraba las palabras. Sin saber porque aquel abrazo la hizo sentir vulnerable y aferrándose al calor de su cuerpo, rompió a llorar. Aquella situación la superaba.
― Tranquila, todo va a salir bien― comento separándose de ella para mirarla a los ojos― Te lo prometo.
Sin darse cuenta, aquellas palabras le hicieron tomar una decisión. Una decisión a la que más adelante, tendría que recurrir.
―O―
Doce de la noche. Habían pasado dos días desde que Edgar había llegado a la ciudad. Dos días que se hicieron eternos para los trabajadores de la Agencia. No había hora, día o noche que aquellos dos no discutieran, bien porque algo le parecía mal a la castaña y bien al peliazul o viceversa. Aunque algo positivo había sacado de todo aquello, la Agencia volvía a tener la misma luz y energía de trabajo como antes y con gran esfuerzo habían logrado dar algunos pasos al caso indescifrable. Tras los dos días de descanso que mantuvo en su casa, Sara volvió a trabajar aunque a Xavier no le gustaba la idea de que fuera tan pronto, pero aquello la ayudo bastante intentado alejar los pensamientos de aquella noche. Incluso aunque con trabajo, había vuelto a sonreír. Pero lástima que aquella paz y tranquilidad que durante 48 horas reino en Inazuma acaba más pronto de lo que imaginaba. Justo aquella noche, la intranquilidad se vivía en el barrio negro de la ciudad.
Prendió la llama del mechero para encender su cigarro mientras le pasaba la caja a su acompañante de cama. Varias velas iluminaban la habitación después de que la luz se fuera en toda la parte de la ciudad que no recibía suministros de la metrópolis. Jude se encontraba tumbado en la desecha cama tapado únicamente por las sabanas, dejando al descubierto gran parte de su torso. Apoyado sobre el cabecero observaba como la peliazul se colocaba el albornoz para echarse una copa.
― Así que el señor Castro te ha amenazado varias veces en estos días.
― Si, pero que intente lo que quiera. No voy a darle mi parte del Barrio. Me pertenece por ley― dio un trago a la copa que se había servido y dejándola en la mesita de noche se hecho en la cama, apoyando su cabeza en el pecho desnudo de Sharp.
― Porque no pruebas a jugar con él, con un poco de suerte quizás te hagas con todo el Barrio Negro ¿No crees?
― Y para que quiero hacerme con un pedazo de tierra que no tiene más que muertos de hambre. Además...― se incorporo y acariciando la mejilla herida por aquella navaja, le susurro al oído― ...a mí me gusta jugar a lo grande.
Una gratificante sonrisa se formo en los labios de Jude. Con un rápido empujón agarro la cintura de la joven y abrazándola comenzó a besarle el cuello. Soltó una gran bocanada de humo sin molestarle en absoluto la acción del joven.
― Necesito que me hagas un favor.
― ¿De qué se trata, princesa?― pregunto entre labios, besando con más insistencia el cuello de la peliazul.
― Necesito que mates a Edgar.
Jude se retiro de ella y la miro extrañado.
― Creí que ese detective de primera no interfería en tus planes.
― Pues ya ves que sí. Es un objeto molesto que se interpone entre Nuria y yo. Y necesito que lo quites del medio por mi ¿lo harás?
― Claro que sí, siempre y cuando reciba algo a cambio.
La peliazul sonrío complacida ante aquellas palabras. Jude se levanto de la cama para dirigirse al baño de la habitación, acción que aprovecho para sacar de debajo de la cama un maletín de tonalidades oscuras. Sentándose en el colchón, se llevo el cigarro a los labios y lo abrió para contemplar su interior.
― Que vas a hacer con tu perrito faldero, no creo que lo dejes ir de rositas después de lo que me ha hecho ¿no?― comento el joven desde el baño― Teniendo en cuenta que me ha puesto en peligro delante de mi mujer, confío en que le des un escarmiento.
― ¿Y qué tengo que ver yo con lo que pase entre ustedes dos?
― Yo creo que mucho-sonrío divertido frente al espejo. Salió del baño y el objeto que la peliazul lanzo a sus manos le sorprendió― ¿Revolver nuevo?― pregunto extrañando observando el arma.
― Tienes dos balas para el trabajo, ni una más. Si fallas, ya sabes que tendré que matarte― respondió sin condiciones.
Cerró el maletín cargado de billetes e incorporándose de la cama lo dejo al lado de la ropa de Jude. El reloj de la cómoda marco la dos de la mañana. Aquella noche había pasado el límite de horas y seguramente tendría que ingeniar una buena escusa para Nuria si esta se encontraba despierta esperándole. Agarro a Saly por la cintura para darle los últimos besos antes de salir.
― En dos días quiero a Edgar muerto ¿Queda claro? Ni uno más.
― Me sobran 24 horas de tus palabras― susurro a su odio mientras le rogaba que hiciera algo más antes de marcharse aquella noche.
De un grito llamo a Shauw para que apareciera, sabía que por muy tarde que fuera, mientras Jude siguiera en aquella habitación no pegaría ojo. Y efectivamente, antes de que pudiera parpadear la puerta se abría mostrando al peliplateado.
― ¿Me llamaba?
― Si, tenemos que hablar.
Jude sonrío divertido tras la espalda de la chica, gesto que no paso desapercibido para el recién llegado. Se despido besando la mejilla de Saly, cosa que molesto terriblemente a Shauw, y salió de la habitación con la última advertencia de que en dos días quería el trabajo hecho, por parte de la peliazul. Segundos después el sonido de la puerta los dejaba solos en la habitación.
Continuara...
