Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías. Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Kuroko se enamoró de Daiki, vivió la sensación del primer amor, bonito, agradable y a la vez terrible. Cuando vio que esa relación destruía su vida y quiso terminarla, comenzó el verdadero infierno.
Por que recuperar tu vida cuando la persona a la que amas te arranca cruelmente el corazón, no es precisamente sencillo.
Al menos hasta que aparece alguien que puede acunar un corazón roto entre sus dedos y amarlo tanto como para que nazca de nuevo la confianza en el amor mas puro y dulce que jamás ha existido.
Aokuro... Kaga Kuro...
00000000000000000000000000000
Uno mas en el equipo.
El origen de todo.
Capítulo 14: Luna de miel en equipo.
00000000000000000000000000000
Riko le mandó a correr.
Él se moría de ganas por jugar, con los demás, y la entrenadora le mandaba a correr.
Pues que bien. Podía decirle que no, pero ¿Cuándo se había equivocado esa mujer?... nunca. Si le mandaba hacer el pino una hora, lo haría, sin replicarle.
Todo ese rollo de ir y volver a comprar, le dio tiempo a solas, para pensar en muchas cosas.
Sobre todo en Aomine, y en su juego.
Quería ser mucho mas fuerte, y mas rápido, mejor jugador, pero sin sacrificar su personalidad.
No quería ser un amargado sin amigos como el moreno. Todo el tiempo que tardó en comprar las tres primeras latas lo pasó pensando en en partido contra Aomine.
El origen de su fuerza, era su falta de estrategia. Podía ir rápido,ceñirse al juego antiguo, jugadas mil veces vistas, para cambiar en décimas de segundo y hacer un truco callejero de lo mas sutil. No tenía una manera de tirar definida, ni de correr, ni de moverse...
Aomine era un dios, sin mas. La cancha para él era un patio de recreo.
Cuando la tercera lata entró en la bolsa, el jugador de Tohou fue a su parte mas oscura del cerebro.
Kuroko era su todo.
Su mundo, su vida... amaba sus ojos, tan azules.
Sus sonrisas torcidas... ese gesto de morderse el labio cuando leía algo que le interesaba...
Estaba tan concentrado que no se dio cuenta de en que momento había llenado la bolsa, ni cuando se había hecho de noche.
La decepción al descubrir que el baño del sitio en el que se estaban hospedando le bajó un poco el ánimo, pero un poco.
Se tumbó, frustrado. No tenía ganas de nada, solo de estar tirado, sin mas.
Una mano pequeña le zarandeó, y su voz, pegada a la oreja, le hizo sonreír.
– Kagami kun, sal por la ventana, tengo una sorpresa para ti. – Kuroko deslizó las palabras en un susurro.
Esquivó como pudo a sus compañeros, tan dormidos, que si caía una pared sobre ellos, ninguno se daría por aludido, y abrió la ventana con muchísimo cuidado.
Kuroko le guió hasta uno de los espacios comunes, un banco con vistas al jardín trasero. Le pidió que esperase y volvió minutos después, cargado con un cubo.
Puso hielo, en bolsas, sobre sus muslos. Kagami casi gimió de puro gusto. No sabía como estaba de cargado hasta ese momento. Le quitó las zapatillas y empezó a masajearle los pies, los tobillos, con firmeza. No era un toque delicado, iba mas a relajar los músculos que a parecer una caricia.
Cuando las manos de Kuroko apretaron sus pantorrillas, tuvo que taparse la boca o gritaría. Tomó el hielo y empezó a deslizarlo por toda la pierna, por delante y detrás.
– Gracias. – Alargó la mano a su mentón, dándole una caricia con la punta de los dedos. – ¡oh...! ahí, aprieta...¡dios!, cásate conmigo. – Le miró sonriente, y su gesto le fue devuelto en forma de una deliciosa sonrisa, aunque pudo ver un brillo pícaro en esos ojos azules que tanto le gustaban. – ¿Tú como estás?.
– Cansado, aunque no tanto como para aullar si me dan unos pocos de mimitos. – Soltó una risita, sin dejar de aliviar a su esposo.
– No hace falta que hagas esto. – Se inclinó hacia delante para besar sus labios, sin importarles lo más mínimo si alguien estaba mirando, por que seguían en la calle, resguardados pero en la calle. – Aunque estoy seguro de que puedo hacerte aullar también con unos de mis super mimitos.
– Suena tentador, pero tu lo necesitas. – Siguió con el masaje, poniendo cuidado en cada músculo por separado. – Y no me importa hacerlo... me gusta tocarte.
Kuroko detuvo sus manos en ese preciso instante. Esa frase, había sido totalmente sincera.
Era cierto, le gustaba tocarle. Sin miedos, sin nudo en el estómago, ni falta de aire.
Lo había dicho de un modo tan natural, que fue eso lo que le sorprendió y no el hecho de decirlo en sí.
La acción, la certeza de que era cierto.
Apoyó las manos deliberadamente en sus rodillas y escaló todos esos centímetros hasta sus labios, besándole con cariño. El hielo escurrió de uno de sus muslos hasta el suelo, haciendo un extraño ruido mezcla entre plástico, cristal y agua.
La otra bolsa cayó desde la pantorrilla del pelirrojo, donde la mantenía desde hacía un par de besos Kuroko.
Acabaron en una extraña postura, con el pelirrojo sentado en el banco,piernas abiertas, inclinado hacia delante. El agua fría que había rezumado al derretirse el hielo por el calor de su cuerpo, escurría en un extraño río zigzagueante pierna abajo.
La piel de gallina se extendió desde sus piernas al resto del cuerpo. Podía ser por hielo, que había hecho su trabajo enfriando sus músculos, podía ser por las manos de Kuroko, sobre su pantalón, subiendo, hasta posarse en su nuca, en los cabellos mas cortos que ahí nacían.
Podía ser por que ya era de noche, y empezaba a refrescar. Podía ser por la posibilidad de ser descubiertos en actitud cariñosa por sus compañeros, o por los jugadores de Shutoku... por Midorima.
La piel de gallina se acentuó cuando Kuroko se alzó entre sus piernas, sus brazos enroscados con ternura en su cuello, despacio.
Un beso, solo uno. Tetsuya era feliz con un poquito cada vez.
Kagami no era un hombre de poquitos, para él un solo beso era pasar horas deleitándose en el sabor de su esposo.
No podía, simplemente darle un solo beso y retirarse como si nada, seguir con su vida tranquilo.
– Tetsuya. – Su voz ahogada, suplicante.
No tenía que ver con sus dedos en la tela del pantalón, ni con el frío, ni con ser pillados... tenía que ver con que él quería mas que darle un beso. Deseaba a Kuroko... pero era consciente de donde estaban, con quien... y lo mas importante, para qué.
Ese viaje era de entrenamiento, no podían adjudicárselo como luna de miel, aunque se hubieran casado hace nada.
Kuroko soltó una risita, en mitad del beso. Entendía a Kagami sin necesidad de escucharle.
– Te quiero. – lo soltó sin mas, como si fuera lo mas normal del mundo. – La playa se ve desde aquí... no creo que nos echen de menos en unas horas. – Se mordió el labio tras decirlo.
Ahí estaba, el Kuroko travieso.
Midorima sonrió desde un lateral del pasillo. Hacía un rato que les estaba mirando, no por curiosidad morbosa.
Había ido a por hielo, Takao tenía un pequeño dolorcillo sin importancia en el pie derecho, pero no se fiaba mucho. Las peores lesiones empezaban con un pequeño dolor sin importancia.
Pero al llegar al patio, la maquina de hielo estaba vacía, y no estaba ni el cubo, pero si había un rastro de agua, que le conducía a los pies de Kagami.
Iba a protestarles por llevarse todas las reservas de hielo, pero se detuvo al ver la escena.
La forma en la que se miraban, como si todo a su alrededor estuviera detenido, sus gestos... el deseo de ambos podía verse a distancia.
Se ajustó las gafas, un poquito molesto. De verdad necesitaba ese hielo, lo sentía por la parejita, pero su chico …
Carraspeó, para hacerse notar, logrando su objetivo.
– No he visto nada, solo necesito un poco de hielo, si no vais a usarlo para nada. – Midorima caminaba hasta ellos, despacio, para darles tiempo a recomponerse de algún modo. – Kazunari tiene una pequeña molestia en... bueno, no es asunto vuestro.
Kuroko le dio el cubo, donde aún quedaban hielos, con una sonrisa plena. Midorima sonrojado por la vergüenza era adorable.
– Espero que lo de Takao kun no sea nada. – Lo dijo sinceramente.
Midorima se alejó murmurando para sí, contento de que Kuroko volviera a los inicios, al chico divertido y bromista que conoció, ese que se preocupaba de todos, aunque fuera igual de silencioso que el viento mas leve.
La mañana acudió despertando a los dos equipos al completo. Kagami tomó su bolsa de aseo y salió el primero. El resto seguía durmiendo profundamente, incluso Kuroko yacía abrazado a la almohada en una extraña postura.
Se había afeitado y se dispuso a lavar sus dientes cuando le vio en el reflejo del espejo. Midorima a su lado, disponía las cosas para afeitarse.
– Buenos días. – Kagami asintió en respuesta. – ¿Te follas a Kuroko?.
La bocanada de agua y saliva mezclada con la espuma de la pasta de dientes salió disparada hasta el espejo de la impresión. Esperaba que le preguntara por lo suyo o lo que fuera que tenía con Kuroko, pero no tan directamente.
Aunque conociendo a Midorima, lo de dar rodeos no era lo suyo. Era un tío directo, y seguramente, agradecería una respuesta directa.
Por un momento pensó en decirle que no era asunto suyo, lo cual, por otro lado, era cierto, pero luego pensó que la verdad nunca hace daño.
– Nos casamos hace unos días. – Ahora fue Shintarô quien dejó que el bote de espuma de afeitar escurriera de sus dedos y golpeara el lavabo. – No se lo hemos dicho a nadie... bueno, tu eres el primero, para ser sinceros.
– ¿Es un secreto?. – Rescató el bote, con un poco de dignidad, se estiró, mojando los pelitos que habían crecido en su cara para embadurnarlos de espuma. Cubrió sus labios también de espuma, impidiendo así seguir hablando.
– No, no es secreto, para nada. – recogió todas sus cosas, ordenándolas dentro de la bolsa. – Es solo que ha sido algo íntimo para nosotros dos... no tenemos dinero para una ceremonia pomposa y eso...y bueno. – Suspiró profundamente. – Los padres de Kuroko no estaban muy conformes por lo que pasó...algo con su ex novio... pero ya da lo mismo, estamos bien, vivimos juntos, todo es un sueño.
Los siguientes minutos Midorima apuró la cuchilla por su rostro hasta dejarlo suave, y solo cuando se colocó las gafas después de lavarse la cara, enfocó de nuevo a Kagami.
– Enhorabuena, supongo. – Le tendió la mano, para apretarla con firmeza. – Aunque es un poco grosero de tu parte no haber invitado ni a unas palomitas o algo.
– Lo haremos, de verdad. – Asintió en respuesta. – Buenos días, Takao kun.
– Buenos días, Kagami kun. – El moreno se restregaba los ojos con ganas, alejando el sueño que aún se veía en su cara. – Tienes arena en el pelo.
– ¿En serio?. – Pasó los dedos por la cabellera, sonriendo. – Vaya, es genial. – Bueno, me voy... si no los levanto seguirán de vagos... y aunque me encantaría jugar con vosotros, me parece que hoy también me van a tener de chico de los recados. Nos vemos.
– Hasta luego Kagami kun. – Takao se volvió y abrió mucho los ojos ante la sonrisa de su compañero. – Bueno... que tiene de genial tener arena de playa en el pelo... ¿Eh?.
Midorima no respondió, pasó por su lado, le acarició la nuca con la mano abierta y regresó a su cuarto, donde tomó el móvil y llamó a un par de personas, que seguro les interesaría saber que Kuroko estaba casado.
– Calmate Momoi chan. – Apartó el teléfono todo lo que le dio el brazo. Los pulmones de esa mujer no eran normales. – Sí, escuché perfectamente, a mi oído no le pasa si sigo escuchando tus berridos no creo que pueda decir lo mismo dentro de un rato.
– Pero... Midorrrrrrrrrrrrriiiiiiiiiiiiiiinnnnnn... ¿Tú sabes lo que estás diciendo?, ¿Tetsu kun casado?, pero casado de casarse, matrimonio... Ok, yo me ocupo, hasta luego. –Y colgó sin mas.
La siguiente llamada le sacó una sonrisa sin llegar a marcar el número. No le gustaba ser cruel con los demás, pero esta vez iba a disfrutarlo, de verdad.
– Oye, ¿Puedes hacer algo para quitarme a Kise de encima?, me tiene hasta los cojones. – No era el saludo que esperaba, pero muy del estilo de Aomine.
– Dile que te deje en paz, o dale una paliza... que quieres que te diga. – Se quedó en silencio un momento, suponiendo que el otro de verdad se estaba pensando lo de darle una paliza al modelo. – No te he llamado por eso.
– ¿Qué coño quieres?. – Totalmente hostil, se dio cuenta de la hora, no eran ni las ocho de la mañana. Y eran vacaciones de verano, no tenía ni que llamarle, para nada.– Creo recordar que no me hablabas...aunque no se que te he hecho para ello, pero me la suda, la verdad.
– En realidad no tengo nada que hablar contigo, desde que te has vuelto un gilipollas has dejado de ser interesante para mí. Ah, pero esto quiero decírtelo personalmente. – Subió las gafas en un gesto decidido. – Kuroko se ha casado.
La tensión que siguió a esa frase podía cortarse con un cuchillo. Era tan densa que era palpable, como un ente vivo en la habitación. Takao entró despacio, y se fue a su mochila, para dejar su bolsa de aseo sin molestar a Midorima, que seguía al teléfono.
Le extrañó el silencio con el que escuchaba.
Y le extrañó mas la cara que puso al escuchar la respuesta del otro lado.
– Vaya, me alegro. – Suspiró, totalmente aliviado. – De verdad, me alegro muchísimo por él, y por Kagami kun.
Si no fuera por que era remotamente imposible, le parecía que Aomine estaba siendo sincero, que realmente se alegraba de que Kuroko se hubiese casado con otra persona que no era él.
Escuchó un poco mas, y si, justamente era eso... y si no fuera por que se acabaría el mundo tal y como lo conocía hasta ese momento, podía jurar que Aomine estaba... no, eso si que no podía ser.
– Bueno... no han hecho ceremonia ni nada, por el dinero, mas bien la falta de él, pero acabo de llamar a Momoi chan y seguro que a ella se le ocurre algo. – Midorima estaba mas que desconcertado con esta conversación.
– Contad conmigo para lo que sea. – Midorima parpadeó asombrado y alejó el teléfono para mirar que seguía hablando con Aomine. – En serio... bueno, espera, voy a llamar a Satsuki yo mismo. Hasta luego.
Y le colgó, dejándole con una cara de idiota impresionante.
…...
Kagami estaba de lo mas sexy con los vaqueros ajustados a su trasero, y la camiseta negra.
Para su pequeño esposo era el novio mas guapo del mundo. Kuroko también iba en vaqueros, azul claro, y una de sus camisetas blancas. Los dos habían decidido pasar de los trajes de boda normales, y eso que Momoi se había empeñado.
Satsuki había buscado por todas partes lo necesario para una boda bonita en la que disfrutaran sus amigos. Pidió ayuda a Riko, y entre las dos reunieron toda la ayuda posible sin gastar ni un céntimo.
La clase de economía doméstica de los dos institutos habían cedido la comida que habían cocinado, incluyendo un pastel de boda de seis pisos, no perfectamente montada, pero estaba comestible. En las clases de manualidades habían conseguido flores de papel, a montones, y la clase de música había puesto la banda sonora para el día.
El tutor de primero les dejó un par de mesas largas y el uso de la cancha trasera.
Aunque Midorima, enfundado en un elegante traje de chaqueta no estaba muy a favor de ese teatrillo, estaba presente, que era lo que le importaba a Momoi chan … cualquier cosa que no implicara tener a esa mujer llamándole cada día.
Takao con él, a su lado, aunque había optado por hacer caso a la antigua entrenadora de su novio, y acudir en ropa cómoda, también unos vaqueros y una sudadera sin mangas con gorro también negra.
Todo el equipo estaba ahí con ellos. No necesitaban eso, y se sorprendieron al ver la cantidad de gente que había ayudado, y los que estaban ahí, y les consideraban sus amigos, compañeros de clase... antiguos rivales en la cancha que ahora reían junto a la enorme tarta.
Murasakibara entró de la mano de Akashi. Acogió entre sus enormes brazos al peliceleste, negándose a soltarle mientras le mecía como si de un bebé se tratara.
– Kuro chin va casarseeeeeeeeee... con este hombre grande y con cara de enfadooo. – Le zarandeó un par de veces, sin dejarle ni hablar. Se acercó a Kagami, cargando a Kuroko en uno de sus brazos, aplastando su cabeza contra el sobaco para que no hablara. – Si le haces daño te arrancaré un brazo y te golpearé con él hasta matarte... ¿Me he explicado bien?.
Kagami pestañeó, sorprendido. Atsushi le miró, hablando en serio. Hasta que Taiga no asintió no volvió a ser "él" otra vez. Ladeó la cabeza y dibujó una sonrisa infantil.
– Bien, bien. – Dando saltitos, notó cierto peso en su sobaco. Soltó a Kuroko y le dejó en el suelo, después de planchar su ropa con las manos y peinarle con los dedos. – Casaros, casaros ya... quiero tarta... Akachiiiiiiinnnnn quiero tartaaaaaaaaaaaaaa...
Midorima siguió a su compañero pelilila con la mirada, hasta darse cuenta de alguien mas, al otro lado de la calle. Se acercó a él andando lentamente. Si quería largarse simplemente podía arrancar la moto y salir pitando, pero en su lugar le esperaba sonriendo.
– ¿No vienes?. – El de gafas señaló la reunión con la cabeza. – No necesitas invitación, lo sabes.
– No puedo . – Miró al de ojos verdes, un segundo, diciéndole todo en una mirada. – Solo quería comprobarlo por mi mismo.
Arrancó la moto, pero antes de salir atinó a ver llegar a Kise. Sonrió dentro del casco y metió la marcha para alejarse.
Midorima regresó a la reunión.
– Lo siento, lo siento Kuroko kun... llego tarde, lo siento. – Kise se disculpaba con las manos juntas... su club de fans gritando, al otro lado de la calle, pero presente.
– No te disculpes rubita, si te encanta ir de diva por el mundo. – Midorima le pasó por al lado, murmurando.
Ya estaban casi todos, y la "ceremonia" iba a dar comienzo. No había anillos, ni oficiante, ni familiares, solo un montón de amigos, y ellos dos, que se amaban por encima de todo.
No hacía falta nada mas.
0000000000000000000000000000000000
Bueno, llego tarde, pero joooo ¿Qué pasa con los revis, nee?... ( Puchero)
En fin, si no hay participación no hay fic, a si que, sintiéndolo mucho, este se acaba.
Puesto que este fic nació para explicar los acontecimientos que pasaron antes de "Uno mas en el equipo", ya casi he llegado a ese punto en el que los dos fics se unen juntando las dos historias en una, por eso digo que se acaba, pero será en el siguiente capítulo, ¿Nee?
Gracias por leer y pasaros a comentar.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
