El silencio del angustiado
—¿Ya me vas a decir?
La voz de Temari lo sacó de su ensimismamiento obligándolo a levantar la mirada que había permanecido baja tratando de escudriñar el entramado de los anillos de madera barnizada que se trazaba en la tabla que hacía la mesa del comedor donde habían estado intentando llevar una conversación.
Shikamaru tragó grueso, hasta el momento solo eran conjeturas, retazos de posibilidades sin un sentido enteramente lógico, armados por sus propias observaciones de hacia ya casi dos semanas. Poco a poco, aquella pieza ósea le había robado cada pensamiento acosándolo incluso en sueños, la imagen del hombre delgado de pelo verde desmembrando un cuerpo se había colado con tal fuerza en su consciencia que ya era completamente incapaz de escuchar su nombre en labios de Ino sin estremecerse.
Ante la infructuosa búsqueda de familiares y amigos, Inoichi acordó pagar la cuenta a bien de cobrarla después, mientras que Ino se inscribió como voluntaria en el hospital. Situación extraña porque su vocación distaba mucho del altruismo y entrega que exigía la medicina, si bien había una doble intención, el voluntariado en el hospital daba créditos extra para los exámenes de admisión de la universidad.
—Yo— buscó dar una pronta respuesta a la impaciente rubia que golpeaba rítmicamente con las uñas la base rígida de madera—. De verdad no es nada— terminó diciendo dando un trago al té frío que le había servido.
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Ino trataba de retirar una pequeña, casi inexistente mancha del uniforme con ayuda de una bola de algodón humedecida con agua oxigenada.
—En serio— le dijo Sakura apareciendo en el pasillo al dar la vuelta en una intersección cercana —. No tiene sentido que lo limpies ahora, vamos a dar una vuelta en pediatría.
—¡Ah no!— se quejó dejando su torunda —¡¿Esas criaturas diabólicas otra vez?!
La chica de cabello rosa giró los ojos moviendo la cabeza de un lado a otro en gesto negativo y a la vez, de resignación.
—Si eres voluntaria no puedes dedicarte a un solo paciente, todos aquí requieren de atención— le sermoneo jalándola por la muñeca.
—Espera, solo déjame llamar a Sai, quedamos en poner fecha para salir por su cumpleaños.
Sakura se detuvo inmediatamente soltándola no pudiendo evitar la contracción de sus cejas a un punto de completo extrañamiento ¿El cumpleaños de Sai?
—Bueno— fue todo lo que se ocurrió decir mientras la veía sacar su móvil y marcar.
Los ojos verdes de la joven se clavaron en su amiga y un impulso para gritarle tanto a ella como a Sai se ahogó en su garganta. Al final, prefirió decir nada, aunque Sai ya tenía en agenda varios golpes por ser así con su amiga.
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Sai recibió la llamada de su novia mientras acomodaba algunos libros en una caja que al llenarse apilaría junto con otras en un rincón de la habitación para luego bajarlas e iniciar formalmente la mudanza. No podía negar que se encontraba emocionado, con un cosquilleo en el estómago que no había sentido en años.
Fū le había ayudado con gran parte de los libros, que en general eran lo que más abarcaba del equipaje, en completo silencio simplemente se limitaba a llenar, rotular y cambiar de lugar, aunque al entrar una segunda llamada minutos después, el joven le pidió se retirara.
—Aparte de fea, escandalosa ¿Qué pasa?
—Sai, esta es la última vez que te lo pido, deja de mentirle a Ino— sentenció muy seriamente Sakura ignorando por completo el apelativo a su persona que usualmente la sacaba de sus casillas.
—No sé de qué me hablas— respondió el otro restándole importancia mientras acomodaba un juego de pinceles en su maleta junto con otros materiales que ocupaba con frecuencia.
—¡Deja de hacerte el idiota! ¡Tu cumpleaños no es la próxima semana!
Sai guardó silencio unos momentos ensombreciendo la mirada aunque la otra no lo pudiera percibir, si bien el tono de voz que uso a continuación le causó a la chica un escalofrío.
—Nunca he celebrado mi cumpleaños en noviembre, Sakura. No sé a qué viene este escándalo y bien sabes mis razones.
—¡Yo las sé! ¡Naruto las sabe! ¡Pero ni él ni yo somos tu novia! ¡Por todos los cielos, Sai! ¿Por qué no puedes confiar en Ino? ¿Sabes qué mal se puso cuando no le dijiste lo de tu hermano?
Nuevamente se hizo el silencio por parte de él.
—Hablaré con ella cuando tenga que hacerlo. Mientras, lo que haga o deje de hacer no es tu asunto— dijo luego de no ocurrírsele otra cosa para apaciguar a la furiosa muchacha que tenía al otro lado de la línea, esta le respondió con un bufido.
— ¡Es mi asunto porque Ino es mi amiga! ¡Y pese a lo irritante que pueda ser, se merece más que un idiota acomplejado!
—¿No estarás hablando de ti y Sasuke?
Sakura colgó.
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Shikamaru esperó turno con paciencia apática, para cuando la secretaria le indicó que podía pasar, ya estaba por quedarse dormido. Pero recuperó la movilidad del cuerpo que casi entraba en letargo total así que arrastrando los pies se dirigió hasta la puerta de madera que daba privacidad a la oficina de la mujer que iba a visitar, no olvidando que todo aquello que lo agobiaba se lo pudo haber ahorrado si simplemente hubiera obedecido el instinto de ignorar ese algo que llamo su atención en la casa de Zetsu. Llamó a la puerta con desgano pese a que ya le habían indicado por fuera que podía pasar.
—Pasa, Shikamaru.
—Hola, Shiho.
—¿A qué debo el milagro de que me visites? Creí te habías olvidado de mi— dijo la mujer de desaliñado cabello levantándose de su silla para recibirlo y ofrecerle asiento frente al escritorio lleno de papeles, libros y cuadernos de apuntes.
—He estado ocupado.
—Me imagino ¿qué necesitas?
Los dos se iban sin rodeos, se conocían de muchos años como para andarle dando vueltas a un asunto concreto, de cualquier forma, aquella mujer podía casi leerle los pensamientos. Tras haber trabajado años en el departamento de Inteligencia de Investigaciones Especiales, adivinar las intenciones de un muchacho de último año de preparatoria no era complicado, sobre todo comparado con criminales de aberrante prestigio a quien ella había seguido pasos hasta llevarlos tras las rejas.
Shiho era amiga de la familia, se había retirado del servicio especial luego de un año, en palabras suyas, agotador y desgastante, ahora simplemente se hacía cargo del área psiquiátrica de la farmacéutica Nara. Para Shikamaru, el trabajo seguía siendo igualmente problemático, pero a ella se le veía feliz hundida en los estudios del departamento, las pruebas de los científicos y los resultados.
Se rascó la nuca levantando la mirada al techo, escogiendo sus palabras.
—¿Cómo sabes si alguien es peligroso?— preguntó tranquilamente no teniendo un orden concreto para pedir desesperadamente ayuda porque creía que un sujeto era un psicópata asesino que sembraba cadáveres.
—¿Perdón?
—Sí ¿Cómo sabes que alguien es peligroso? Digamos, un nuevo novio de tu amiga, no te da confianza.
Shiho rio un poco acomodándose los lentes de profunda graduación en los cristales.
—Oh, Shikamaru, si se pudiera adivinar eso, ya me habría casado hace mucho.
El joven sonrió de medio lado.
—Solo lo he visto una vez, pero fuera del embotamiento afectivo de Ino, Sai me pareció agradable.
Shikamaru se sonrojo unos instantes.
—¿Cómo supiste que era Ino?
Ella no respondió a eso.
—Si lo que quieres saber, es si se trata de un abusador, conversa con él, trata de meter temas que requieran empatía, puede entender lo que piensas, pero no lo que sientes, pon atención a sus reacciones. Si, por ejemplo, le cuentas sobre un fraude a una anciana, inventa algo que haya lastimado a otras personas de cualquier forma. Los abusadores no necesariamente van por la vida contoneándose con un hacha o descuartizando personas.
Shikamaru sintió un escalofrío y no pudo evitar pasar un trago amargo solo de acordarse de lo que había encontrado.
—Uno de cada cuatro hombres abusadores son psicópatas, por lo general engañan a sus parejas, juegan, beben, el dinero dura poco y no tienen trabajos estables. Aunque claro, eso ya es un poco extremo y te repito, no creo que Sai entre en la clasificación, pero uno nunca sabe…
Sin embargo, Shiho dudó de sus palabras un momento, giró sobre sus talones y dio un par de pasos hasta llegar al estante donde tenía más libros y sacó uno de encuadernado manual.
—Toma, es un estudio sobre la psicopatología en tiempos contemporáneos, hace años, cuando la guerra terminó, se dieron muchos casos, este estudio plantea la posibilidad de que el rasgo se herede como parte de la educación que dieron los veteranos de guerra a sus hijos. Hay un caso de un tipo que su padre sirvió durante la segunda Gran Guerra, que no fue enlistado en la Tercera y aun así metió en barriles de ácido a seis mujeres.
El joven Nara lo tomó levantando una ceja por lo grueso que era el volumen, enseguida la miró con cierto aire de gratitud, pero no pudiendo evitar el sentirse abochornado, aquella mujer era realmente adivina, otra persona le habría dado un libro sobre violencia en el noviazgo o simplemente habría molestado con que eran simples y llanos celos. No así, casi daba en el clavo de sus miedos.
Mustió un gracias, debiendo prometerle de paso que la visitaría más seguido, y la mantendría al tanto de sus "descubrimientos".
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—¿Quieres comer ramen?
La pregunta de Temari lo tomó desprevenido, los rasgos generales que le había dado Shiho parecían no concordar con Zetsu. Él si tenía un trabajo estable, pulcro y ordenado, sin pareja, completamente atento y respetuoso, mantenía distancia con Ino, así que no podía al menos, ser su víctima, pero era solo una vista muy superficial que a cada momento le daba más miedo escarbar bajo ella.
—Creo que Naruto te hizo fanática a esa cosa— respondió mirando a la chica que se encontraba sentada, con las piernas cruzadas, en el asiento copiloto de la camioneta.
—Tonto.
—Ah, gracias.
—Shikamaru.
—¿Sí?
—¿Confías en mí?
—¿Qué pregunta es esa?
—¡No respondas con otra pregunta!
Shikamaru sabía a dónde iba, sabía muy bien que pese a que trataba de aparentarlo, había algo inquietándolo, y Temari lo presentía, lo podía sentir con esa agudeza suya que hacía que nada se le escapara, aún cuando entre bostezos y comentarios escuetos él había tratado de ocultar todo. Porque no estaba seguro, no era realmente una verdad irrefutable, simplemente parecía que todo salía de una película de suspenso en la que desgraciadamente se había elegido un antihéroe que al final debería revelar todo el drama por mucho que le pesara, ya fuera por la vía fácil del voluntariado, o bien, la difícil en que al final el asesino se diera cuenta de su desafortunado descubrimiento y le persiguiera hasta la muerte para callar el secreto.
¿Y si le decía a Temari y ella terminaba envuelta?
Envuelta ¿En qué? Sería la primera pregunta.
—Sabes que sí, pero también sabes que…
Hablar se le hacía tan difícil.
—Que bueno, sabes que yo…
Tal vez porque a él, ese asunto del romanticismo extremo no se le daba. Tampoco a ella siendo sinceros. Pero quería decírselo.
—Yo… tú eres la mujer más condenadamente lista que conozco, no dudaría para consultarte a ti… pero si te soy sincero, te quiero más de lo que te admiro, y… y yo no… no quisiera meterte en problemas, ya que yo soy el hombre, yo debo de cuidarte y…
Temari le dio un golpe con la cartera de mano justo en la cabeza interrumpiéndolo, aunque no lo suficiente como para perder el control de volante.
—No vamos de nuevo a eso de que yo soy tu dama en desgracia.
—¡No lo dije así! Maldición mujer, qué problemático es decirte algo lindo.
La rubia sonrió de medio lado alcanzando su mano para enlazarla con la suya en un gesto que le daba a entender que lo entendía, pero igualmente era divertido molestarlo con ello. Si bien realmente no estaba dispuesta a dejar el tema de lado, ya tenía algo en mente para sacarle todo, pero por esa tarde, le dejaría creer que no preguntaría más.
—Vamos por el ramen ¿Si?
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—¿Frentona?
Ino se había encaminado a pediatría sola pensando que Sakura la había dejado. Ya tenía la filipina completamente llena de pequeñas manos sucias, desde caramelo y chocolate hasta pinturas, pero para cuando cayó en cuenta de había ido sola al frente de batalla, simplemente no se pudo zafar hasta que hubo terminado de atender a los "pequeños monstruos". En ese momento salió a la búsqueda de su amiga con el fin de reclamarle el abandono, pero cuando escuchó sollozo de un pequeño cuarto de abastecimiento, supuso que tal vez gritarle no era lo más apropiado.
Golpeo el cristal de la puerta un par de veces pero no tuvo respuesta.
—¿Sakura?
Porque era Sakura ¿No?
Tomo la manilla con suavidad empezando a moverla para abrir.
¿Y si era un fantasma? Había muchas leyendas de hospitales con fantasmas, pacientes que agonizarían la eternidad, enfermeras castigadas a trabajar eternamente por una mala atención en vida.
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—Creo que debería ver esto.
La voz de Fū lo regresó a la realidad, la realidad de la que se había abstraído hacia unos momentos tras la poco grata conversación con Sakura. Giró el rostro inexpresivo hasta donde el asistente le señalaba, justo en un sitio cerca de la ventana, donde en una pequeña maceta color terracota yacía "un algo" café, decaído e incluso ligeramente podrido reemplazando la planta verde vivo con rojo encendido que originalmente ocupaba el lugar.
Con el ceño fruncido se acercó.
—Estaba bien por la mañana— dijo extrañado.
—A Ino no le va a causar gracia— fue todo lo que el hombre le comentó antes de salir nuevamente de la habitación para bajar algunas cosas.
Sai parecía haber entrado nuevamente en alguna dimensión paralela dentro de su mente, como no queriendo reconocer que eso le tenía que pasar justo a él. Lentamente y con cuidado exasperante tomó la maceta entre sus manos como si temiera hacerle más daño del que ya tenía.
Pensó y recapituló cada detalle, cada consejo de libros, páginas de internet e incluso el mismo Zetsu a quien había entrevistado por teléfono cuando sacó su número de la agenda de su padre.
Él era una persona minuciosa, que atendía muy seriamente las instrucciones de fuentes confiables y se consideraba perfectamente capaz de seguirlas al pie de la letra, así que realmente no podía entender qué había hecho mal, en qué había fallado si tenía todo controlado: luz, humedad, alimento.
Sintió que la boca se le secaba y el estómago se le comprimía cuando recordó las palabras de Fū, tan cruelmente ciertas.
¿Cómo se lo iba a decir a Ino?
Comentarios y aclaraciones:
Mil disculpas por la demora, mi mundo ha perdido el centro de equilibrio y ya no sé ni en que día vivo, pero bueno sigo en la racha de actualización por mes y de verdad espero no prolongar más.
El InoxSai está por morir, como Audrey Jr, lo lamento.
¡Gracias por leer!
