CAPITULO 14

Los primeros en llegar hasta el campamento fueron Carlisle y Esme. Y por su aspecto agitado y desaliñado, los chicos pudieron deducir que no habían recorrido un camino muy fácil para llegar ahí.

— ¿Qué les paso? – pregunto Edward

Carlisle lo miro enfadado, pero no porque lo estuviera con él, si no con las circunstancias. – Estábamos en el pueblo, todo se volvió un caos de la nada. Esme y yo tratamos de ayudar a un sujeto que se había cortado los nudillos rompiendo un vidrio, pero luego. . . todas esas personas trataron de atraparnos. – dijo.

— Es como dijiste, Edward. Esa bruja los tiene bajo su control. – Agrego Esme

— Al menos están bien. – dijo Edward, rezando porque sus hermanos estuvieran bien también.

— Si, y ustedes. Me alegro de que encontraras a Demian. – comento Carlisle, realmente estaba orgulloso del cambio de actitud en Edward.

— Supongo que iré al cielo por ello. – dijo lleno de ironía, pero dirigiendo la mirada hacia Demian, y Ángel, que seguía charlando mas allá.

Carlisle hablo un poco más con Edward, para saber si había tenido noticias de sus hermanos y luego se dirigió hasta donde estaba Ángel.

— Hola. – dijo, Ángel se levanto de inmediato de la tierra y se aproximo hasta donde estaba el. Dejando que Demian se quedara sentado en su lugar.

— Carlisle, me alegra ver que llegaran.

— Si, tardamos un poco pues el pueblo se ha vuelto una locura.

— Lo sé, es esa bruja. Conjuro un hechizo para dominar la mente de las personas, y no va a parar hasta que tenga lo que quiere.

— ¿Y sabemos que es lo que quiere?

Ángel miro a Demian, que seguía abrazo a sus propias rodillas en el suelo. Quizás su conversación anterior había sido demasiado para ambos. Pero verle así, vulnerable, le dio la fuerza que necesitaba para reconocer la verdad. – A mí, me quiere a mí.

— ¿A ti? – Carlisle estaba genuinamente sorprendido. – Bueno, eso es un problema. ¿Tenemos algún plan de cómo detenerla?

— Supongo que. . . – Ángel odiaba tener que decir aquella oración, sin embargo, las cosas extrañas no parecían aprender a que debían dejarlo en paz, y a las personas que le rodeaban. – Tendremos que matarla, es la única manera de pararla.

Carlisle no era nuevo en asesinar enemigos, lo había hecho montones de veces en el paso, así que entendía, incluso mejor que el mismo Ángel, lo que una batalla conllevaba.

— ¿Matarla? ¿Siquiera podemos hacer eso?

— Supongo, digo. . . Las brujas en mi mundo tienen poder, pero siguen siendo humanas. Pon una bala en su cabeza o arráncaselas y dejaran de ser un problema. Al menos eso siempre pasa en mi mundo.

— Claro. – Carlisle ni siquiera quería tocar el punto del otro mundo. – Entonces esperemos a que los demás chicos regresen, haber si juntos podemos pensar en una forma de llegar a ella y acabarla. – dijo, Ángel solamente asintió, sin ninguno animo positivo o negativo en su rostro. — ¿Demian está bien? – pregunto, señalando con la cabeza al chico que estaba a un metro de ellos. Perdido.

— No lo sé. – respondió cabizbajo, pues él se hacía exactamente la misma pregunta. Demian le había dicho que le amaba y luego no había dicho nada más. Como si estuviera arrepentido de haberlo dicho en primer lugar. ¿Cómo se suponía que podía apoyarlo en ello, cuando ni siquiera sabía lo que pensaba?

— ¿Quieres que lo revise?

— No, físicamente está muy bien. Solo. . . esta asustado. – dijo, sin querer dar más detalles lo realmente complicada que era su relación.

— Es comprensible, si nosotros que somos los adultos también lo estamos, ¿Por qué un niño no lo estaría?

Fue gracias a ese último comentario que Ángel recordó que no todo se trataba de ellos dos. Los Cullen también estaban en peligro, por su causa, por algún pecado imperdonable que había cometido en el pasado y que no podía siquiera recordar.

— Lo siento mucho Carlisle, ustedes no deberían estar involucrados en esto. – dijo con sinceridad. Carlisle le puso una mano alentadora en el hombro.

— No tienes que disculparte, fue nuestra decisión ayudarles. . . Y lo seguiremos haciendo hasta que esa bruja caiga.

Escuchar aquello hizo que Ángel recordara los viejos días, cuando todo el equipo de Ángel investigaciones estaba ahí para él, arriesgando sus vidas para salvar a los demás. Oh, cuanto extrañaba a sus amigos. ¿Qué pensarían ellos de Demian?, seguro que Fred y Lorne le habrían consentido como nunca, Gunn le habría enseñado a ser mas temerario de lo que ya era, Cordy se habría desvivido por darle una mejor apariencia y Wes, seguro que él le habría enseñado muchas cosas. De verdad que les echaba de menos.

— Gracias. – dijo, ocultando su nostalgia.

Carlisle solo asintió, complacido.

Los segundos en llegar al punto de reunión fueron Emmett y Rosalie, ellos a diferencia de sus padres, se veían completamente bien.

— ¿No tuvieron problemas para llegar aquí? – pregunto Esme

— No, pasamos cerca de casa pero no creo que esos zombis nos hayan visto siquiera. – dijo Emmett.

— ¿Pudieron ver cuántas personas había cerca de la casa? – pregunto Carlisle.

— Uh, no sé. . . unas 20, 25 tal vez.

— Bien, 25. – repitió Carlisle, tratando de no sonar alarmado. – En dado caso que nos encontraran, podríamos repelerlos.

— No creo que lo hagan, estamos muy arriba en las montañas como para que un humano llegue sin agotarse primero. – comento Emmett.

— Quizás sí, pero ellos están lejos de ser humanos. – dijo Carlisle.

Los ojos de Rosalie se abrieron más de lo normal. — ¿Qué quieres decir con eso?

— Los hemos visto lastimarse a sí mismos y no sentir dolor. Es como si el control que la bruja tuviera sobre ellos fuese. . . demasiado poderoso como para que vayan a detenerse hasta que tengan lo que ella quiere. – explico Carlisle.

— Bien, ¿Por qué no les damos al mocoso entonces?

— Rosalie. – dijo Esme, verdaderamente avergonzada de las actitudes de la chica.

— ¿Qué?, yo no pienso morir solo por defender a un chico que ni siquiera nos agrada. ¿Cierto, Edward?

Edward se quedo callado por un segundo, no se podía creer que Rosalie estuviera jugando tan sucio. Aun que después de todo, no debía estar tan sorprendido pues la crueldad y frialdad de su hermana habían probado ser legendarias muchas veces ya.

— ¿Qué clase de monstruos seriamos si no lo hacemos?, además esto no es solo por Demian. La bruja me ha amenazado a mí también. – dijo, aun que eso no era del todo cierto, pensó que sería una buena excusa para callarla. – Así que si vas a ponerte en contra de tu propio hermano, te sugiero que te calles y no estorbes.

Rosalie lo miro con los ojos muy abiertos, pues Edward jamás le había hablando de esa manera. – Bien, pero si morimos será todo por tu culpa. – se cruzo de brazos indignada, se dio la vuelta y se fue.

En ese momento, Jasper y Alice llegaron.

— ¿De qué nos perdimos? – pregunto Alice, no recordaba haber visto a su hermana tan enojada jamás.

— Chicos, ¿Dónde estaban? – pregunto Carlisle, sintiendo como el peso de la preocupación se iba de su ser. Al menos ya tenía a toda su familia junta.

Alice y Jasper se miraron, durante su corta aventura en el bosque húmedo habían llegado al acuerdo de que no mencionarían nada de la visión de Alice, en principio para no hacer sentir a Edward que desconfiaban de él, y además, porque si todo resultaba cierto, no querían poner al chico sobre aviso de lo que pasaría si mordía a Demian.

Así que mintieron.

— Con la prisa de hace rato, me olvide el bolso en la tienda. Jasper me ha acompañado de vuelta para recuperarlo. – dijo Alice, Jasper solo asintió.

— ¿Y lo hicieron?

— Si, si. . . El pueblo es una locura, apenas y logramos salir sin ser notados. – continuo Jasper.

— Me alegra que estén bien. – dijo Carlisle. – Y me alegro que llegaran, tenemos que hacer un plan para acabar con esto. – agrego, aun que esto iba mas dirigido a Jasper, pues él era el estratega y mejor soldado de la familia.

— Claro, ustedes hagan eso. . . Yo iré con Demian. — y antes de que alguien pudiera decirle algo, Alice salió corriendo en dirección al chico. Que seguía sentado en la tierra del bosque. Ella por supuesto no lo imitaría, no con esa ropa. – Hola.

Demian levanto la cabeza lentamente y la miro sin emoción. – Hola, Alice. Me alegra ver que todos están bien.

— No todos, tu no lo estas ¿o sí? – Quizás Alice no podía ver el futuro del chico, pero aun así, era demasiado observadora como para no notar la tristeza y la humedad en sus ojos.

Demian negó con la cabeza y se levanto de un brinco. – Eso no importa ahora.

— ¿Seguro?, no te ves bien.

— Si, tranquila. No ha pasado nada. – se paso una manga por la cara para limpiarse cualquier lagrima que aun tuviera. Luego fingió una sonrisa. – Supongo que me tocara esperar a que los adultos piensen en algún plan.

— Si, es lo mejor. – Alice le froto el brazo, para reconfortarlo. Luego sonrió. – Esa ropa y ese peinado. . . Wow, eres como un mini Edward, y no te va tan mal.

— Gracias, supongo que ya le agrado.

— Edward no podría odiar a nadie, es una buena persona. – dijo, sintiéndose como toda una hipócrita por estar a punto de hacer algo que contradeciría sus palabras. Sin embargo, no había mucha opción.

— Si, supongo que sí. – dijo, mordiéndose los labios inconscientemente. Eso le dio un perfecto pretexto a Alice para aplicar el plan.

— Tienes los labios secos. ¿Quieres tomar agua? – pero no dio oportunidad de que Demian respondiera, solo saco una botella con el preciado liquido de su bolso y se la ofreció.

— Uh, yo. . . Si, gracias. – Demian no tenía muchas ganas de tomar agua, pero supuso que le vendría bien hidratarse. Después de todo, no sabían que pasaría aquella noche o si vivirían para saberlo. Así que tomo la botella y bebió. Haciendo una mueca en cuanto el liquido corrió por su garganta.

— Sabe algo extraño – dijo.

Alice fingió no saber nada. – Debe ser porque hace mucho que la guardo en mi bolso. Una nunca sabe cuando se encontrara a alguien que la necesite.

— Si, seguro es eso. — Demian dio un sorbo más a la bebida, pero el sabor de verdad no le gustaba y no pudo beber más. Así que agradeció y devolvió la botella, Alice la guardo de vuelta en su bolso, sabiendo perfectamente que el chico no necesitaría tomar más de ella hasta dentro de 24 horas. Tiempo suficiente para resolver todo.

Ángel, y los chicos Cullen estuvieron buen rato hablando de sus opciones. Y se dieron cuenta de que realmente no había muchas. Tenían que matar a la bruja, ¿pero como harían eso si ni siquiera sabían en donde estaba?, y capturar a uno de sus esclavos mentales tampoco serviría, pues ellos estaban completamente dominados por ella y no decían nada que ella misma no provocaba que dijeran. Así que Ángel termino por decir lo que era evidente que todos sabían, pero no dirían.

— Debo entregarme.

— ¿Qué dices? – pregunto Carlisle, desconcertado.

— Si, si me entrego a ellos. . . me llevaran ante ella, y ustedes pueden seguirnos. Atacar por sorpresa y acabar con esto.

— Es un buen plan. Ella ni siquiera nos esperaría – admitió Jasper.

— No, no podemos arriesgarte, Ángel. . . ¿Qué pasara si no podemos contra ella? ¿O si llegamos tarde? – dijo Carlisle, renuente a aceptar usar a su nuevo amigo como un cebo contra la batalla.

Ángel se encogió de hombros. – Buscare como arreglármelas.

— ¿Estas escuchándote a ti mismo? – Carlisle estaba bastante consternado, era como si estuviera hablando con una persona completamente diferente ahora.

— Si, pero tienen que entender que es la única forma, yo no. . . No puedo permitir que esa bruja siga jugando con las mentes de todos, ni cazándolos a ustedes y a mi hijo. Si este es el riesgo que tengo que correr para mantenerlos a salvo. Entonces lo hare.

Había demasiada decisión en su voz como para contradecirle.

— Además, papá. . . No fallaremos en matar a esa bruja. – dijo Jasper, para tratar de reconfortar a su padre. Pero Carlisle seguía pensando que era una mala idea.

— Bien, pero yo iré contigo.

— ¿Qué? – ahora fue Esme quien casi se muere.

— Si, haremos creer a la bruja que soy yo quien te está entregando. . . Haremos que los esclavos nos lleven a esta ella. Y así, si algo salgo mal, yo podre ayudar a Ángel.

— Pero, amor. . . – Esme no estaba conforme con su decisión, y Carlisle lo sabía, por eso no la dejo continuar, simplemente le tomo de las manos. Buscando calmarla.

— Estaré bien, cariño. No puedo dejar que Ángel haga esto solo, sabes que no puedo.

Esme noto que la misma decisión se reflejaba en la voz de Carlisle, y debido a ello, sería imposible hacerle cambiar de opinión. Así que lo beso.

— Bien, pero tengan mucho cuidado.

Carlisle sonrió. – Siempre.

— Bien, ¿pero que pasara con el chico?, no creo que vaya a querer quedarse fuera de esto. – comento Edward.

— No se lo diremos. – comento Ángel, todos lo miraron sin entender. – No quiero ponerlo en riesgo, no de nuevo. Así que tratare de que se duerma, y entonces nos iremos. . . para cuando despierte, ya habremos acabado con esto y regresado.

— ¿Pero y si no regresamos? – pregunto Emmett. Y aun que todos lo miraron como si hubiese dicho la peor cosa del mundo. Todos sabían que tenía razón, que había una probabilidad, una grande, de que las cosas no salieran de acuerdo a lo planeado. Ángel no respondió nada, simplemente se dio la vuelta y fue hasta su hijo, que ahora ya reía por algún tema de conversación que compartía con Alice dentro de la tienda de campaña.

— ¿Puedo hablar con Demian, un minuto? – pregunto educadamente. Alice asintió, y se fue corriendo hasta Jasper.

— ¿Qué pasa? ¿Ya tienen un plan? – pregunto Demian.

Ángel negó con la cabeza, mintiendo. – Esperaremos aquí hasta el amanecer, ver cuáles son nuestras opciones.

— ¿Enserio? – Demian no se podía creer que tanta conversación entre los adultos fuese para nada. – Pero papá, no podemos esperar hasta que la maldita zorra decida venir por nosotros. Debemos. . .

— Woh, woh. Alto ahí campeón. – Ángel lo detuvo antes de que cayera en su mala costumbre de querer arreglarlo todo por su cuenta. – Primero que nada, sabes que no me gusta que uses esa clase palabras.

— ¡Pero es mala! – dijo Demian en su defensa.

— Lo es, pero tú no debes serlo por eso. Así que ve dejando las malas palabras ¿okay?

— Okay. – repitió de malas modos, realmente odiaba que la moralidad de Ángel fuese tan grande que no lo dejara ni expresarse mal de una enemiga.

— Y segundo, tienes que confiar en que nosotros sabemos lo que hacemos.

— ¿Sinceramente?, lo dudo mucho.

— ¿Disculpa? – Ángel no se podía creer que su hijo fuese tan orgulloso como para estarle retando en una situación tan delicada.

— Papá, no podemos quedarnos sentados sin hacer nada mientras esa. . . – estuvo a punto de decir una mala palabra, pero se contuvo. – Bruja planea como asesinarnos, tenemos que ir a por ella primero, tenemos que. . .

— Tú no tienes que hacer nada más que lo que yo te diga. – dijo, sonando mucho más duro y autoritario de lo que realmente quería, así se disculpo. – Lo siento, no quise hablarte así.

— Pues lo haces muy bien para no querer hacerlo, papá. – dijo entre dientes. Pero Ángel lo escucho muy bien de todas formas.

— Vale ya, me canse de esa actitud. Ven aquí. – Ángel tiro del cuerpo de Demian, aun que estaban sentados sobre una manta que cubría la tierra, aun seguía siendo muy capaz de ponerlo sobre su regazo y castigarle.

Demian opuso resistencia, tratando de mantenerse entado en su posición, pero era inútil. Ángel era mucho más fuerte. — ¡Papá! ¡Noooo! ¡Solo estaba jugando! ¡Solo estaba jugando! – grito en un último intento por salvarse del castigo.

Ángel lo pensó bien un segundo, realmente Demian se había ganado un buen correctivo para su mala actitud, sin embargo, tuvo que recordar lo que Emett había dicho, sobre que quizás no habría un regreso de la batalla. Y en ese caso, no quería que el último recuerdo que su hijo poseyera sobre él, fuese el de cuando le castigo.

Así que le dejo ir.

— Considéralo como tu última advertencia.

— Si, si. Seré bueno, lo juro. — Demian se sentó rápido en el suelo, sentándose sobre sus palmas por si su padre decía cambiar de opinión y tomarle por sorpresa.

Ángel rio al ver lo que hacía. Entonces le paso una mano por la mejilla. – Ya lo eres, eres un buen chico Demian. – le dijo.

— ¿Enserio? – Demian le miro como si estuviera loco.

— Enserio, eres el mejor hijo que podría haber pedido.

Demian lo miro con ese brillo especial en los ojos. Con el brillo que todo niño debía desarrollar siendo pequeño, al ser amado por sus padres. Ángel se sintió orgulloso entonces, pues después de todo, estaba haciendo un buen trabajo demostrándole y brindándole su amor a ese chico.

— Papá yo. . . – Demian intento hablar, pero se quedo callado de repente. Pero Ángel no se enfado, pues entendía que para él, era difícil hablar de sus sentimientos.

— Shshsh, no tienes que decir nada. – le dijo, haciéndole ver que estaba bien con ello.

— Si, si tengo. – continuo Demian, tomando todo su valor para decir lo que en su mente, y más importante, en su corazón sabia. – Papá, yo nunca te he dado las gracias por todo lo que has hecho por mí. Por. . . – su voz se lleno de sentimiento. – Darme lo que nunca pensé que tendría. Pero. . . pero de verdad estoy agradecido.

Ángel sonrió dulcemente, desde el primer momento en que vio a ese chico huyendo de los vampiros en las calles, se había dado cuenta de que no era como los demás. Se había dado cuenta de que era un alma pura.

— Oh, cariño. Yo nunca he querido que me agradezcas nada, yo solamente estoy haciendo lo que todo padre hace por sus hijos. – Ángel entendió a donde iba Demian. – Porque eso eres tú, eres mi hijo, Demian y te amo.

— Igual yo, papá. — Ahora fue Demian que lo abrazo, y Ángel acepto el abrazo gustoso. Jamás podrá negarse a tal cosa.

Estuvieron abrazados un par de minutos, hasta que Ángel decidió que era tiempo para aplicar la primera fase del plan. – Creo que deberías irte a la cama. – dijo como si nada.

— ¿Cama?, estamos en el bosque papá – se burlo Demian, pero una seria mirada de su padre basto para que dejara los juegos.

— Sabes a que me refiero, puedes dormirte aquí dentro sin ningún problema

— Pero ni siquiera tengo sueño.

— Claro que lo tienes, estas cansado. Puedo verlo. – dijo Ángel, y no era mentira. Demian se veía realmente agotado, física y emocionalmente un poco también. – Sabia que dejarte saltar todos esos árboles no era una buena idea.

— ¿De qué hablas? ¡Fue grandioso! – dijo emocionado, Ángel supo que no debía ir por ahí, no si no quería que terminaran peleando de nuevo.

— Bueno, Sr. Grandioso. Pues es hora de dormir, así que vamos. Deja que te arrope.

— Pero. . .

— Demian, te vas a la cama ahora como un buen niño o te vas a la cama después de que te un par de nalgadas por respondón. – dijo en su mejor tono de padre severo, aun que en el fondo sabía que no cumpliría esa amenaza.

— Bien. . . – dijo Demian a regañadientes.

Así que Ángel lo arropo bien con la sabana térmica que tenían dentro de la tienda de campaña y se quedo con él hasta que se quedo dormido. Cosa que no tardo demasiado en pasar, pues de verdad que estaba cansado. Solo que como siempre, era demasiado terco para admitirlo. Ángel se quedo mirándolo unos minutos después de que se durmió, pensando en lo mucho que realmente se odiaría a sí mismo si no lograba regresar con él.

Le dio un ligero beso en la cabeza, se levanto y salió de la tienda de campaña.

* Por favor Review!