–Moviliza las reservas y a cada oficial fuera de servicio que puedas. Notifica a la oficina del alcalde electo y envía una patrulla a recogerme de inmediato.
Nick se puso el uniforme tan rápido como pudo y salió de su casa para esperar a la patrulla.
En otra parte de la ciudad, una conversación en la que varios oficiales participaban se escuchaba desde una radio.
–... los refugios de Canopy y Root están llenos, envíen civiles al refugio en Shady Place.
–Entendido.
–Choques reportados en los escaparates de la calle Flock. Grazer y Moore, muévanse para ayudar.
–Correcto. Rastreando la itinerancia de paquetes hacia el oeste, en Aloe y Cáctus.
–El incendio en el centro residencial se esparce sin control. Los bomberos no pueden acercarse por bloqueos. Ramsey y Liason irán con las unidades del ZPD en la calle Troop. Los viejos túneles les permitirán cruzar las barricadas.
–Entendido, Clawhauser. ¿Cómo sabías sobre ellos?
–El jefe me lo dijo. Me dijo que le comunicara al "viejo alce senil" que nos lo deben por mantener los túneles libres.
–¿El jefe estaba preparado para esto?
–Estamos siguiendo a un gran grupo que se dirige al norte, hacia el puente Eyetooth. Parece el equipo olímpico de lupinos.
–Clawhauser, Hopps está liderando esfuerzos de evacuación en Eyetooth... ¡está aislada!
–¡No puede ser! ¡Ese conejo está maldito! Todas la unidades cercanas, muévanse para ayudar a la oficial en el puente Eyetooth. ¿Alguien cerca de Eyetooth? ¿Moore?
–Negativo.
–¿Marten? ¿Howlards?
–Negativo.
–Anuncio para todas las unidades: Clawhauser es ahora el comandante al mando.
–El jefe Wilde está entrando al campo.
Wilde se aventuró solo en búsqueda de Hopps. En su camino pasó vallas y rejas, enfrentó animales más grandes que él y finalmente llegó a un lugar sin salida.
Ahí la vio, agazapada y cubriendo con su cuerpo a un conejo más pequeño que ella. No dudó ni un instante y se lazó contra los animales salvajes que le impedían el paso, lo único que deseaba era llegar a ella y ayudarla. No podía perderla.
Cuando estuvo frente a July, la miró con terror. Ella sangraba de la boca y uno de sus ojos estaba cerrado debido a un golpe.
La coneja le devolvió la mirada. Ojos verdes, rojo pelaje, garras afiladas. Cruel y salvaje. Tuvo la oportunidad de conocer al gran zorro. Él se puso en cuatro patas y se interpuso entre el peligro y los conejos desamparados.
Un lince llegó y lo atacó, pero Nick lo esquivó y logró morder una de sus patas. En ese momento escuchó que los refuerzos llegaban. Las sirenas de las patrullas le distrajeron un poco, lo suficiente como para que el lince contraatacara y le hiriera el cuello. Pudo zafarse, pero la sangre fluía velozmente. Se llevó la mano al cuello y presionó la herida. Fue embestido por segunda vez y el zorro cayó con ruido sordo al suelo.
Marten y Howlards pudieron responder al llamado que Clawhauser hacía y se adentraron en el lugar con dirección al puente donde estaba su superior luchando. July no podía apartar la vista del zorro que tenía enfrente; él no se movía más y ella temió lo peor. El niño se asió fuertemente al uniforme de la oficial y enterró la cara en ella para evitar seguir presenciando los actos de los animales salidos de control.
Ayudaron a Hopps a subir a la patrulla junto con el niño. La ambulancia se encargó de llevarse al jefe.
Como si de una película se tratase, una sucesión de imágenes sin sonido se presentó en su mente.
Primero se vio a sí mismo de niño, vestido con el uniforme para entrar a los Junior Exploradores. Saliendo del lugar llevaba un bozal puesto que aventó con ira, ira que no era más que tristeza.
Las imágenes seguían y esta vez le mostraron a un joven zorro rojo buscando empleo y siendo rechazado. Un fennec se acercó a él y ambos se retiraron.
Ahora se veía de una edad más madura, vendiendo esas famosas "popsipatitas" y de pronto, unos ojos lila y un par de orejas largas aparecieron en su campo de visión.
Debajo de un puente, sostenía el bolígrafo en forma de zanahoria y miraba a una coneja triste.
Vestido de policía, recibía su placa de manos de la misma coneja que había consolado en el puente.
Vio a esa hembra de pelaje grisáceo avanzar hacia él, envuelta en un halo de luz y con su vestido blanco impecable. Puso el anillo en su dedo y la escena cambió.
Reían juntos. Al fin se habían comprado una casa. Ese sería su hogar. Imágenes felices, eran los momentos compartidos con ella, su Judy.
Una bala. Sangre. Él mismo, parado en lo que parecía ser un cementerio. La preocupación contraía su rostro.
El entierro y los honores al oficial caído.
Jefe Wilde.
July Hopps.
Después, todo se sumió en tinieblas.
Cinco más llegaron. Uno de los sujetos tenía la misma altura que ella, y también estaba a la altura de sus reflejos. Forcejeaban y ella estaba a punto de quitarle la pistola, cuando un animal más grande que ellos entró en escena. Era un jaguar de mirada temible, incluso más que la de los animales salvajes que había llegado a ver.
Nick se precipitó a ayudarla, pero un golpe por parte del jaguar lo dejó fuera. La coneja no podía zafarse de las garras del animal. Luchaba haciendo frente al depredador con firmeza, pero nada era suficiente. Finalmente, el jaguar la dejó libre sin dar muestras de cansancio. Judy se arrastró como pudo en busca de su arma, la cual había caído durante el enfrentamiento con el animal más pequeño.
Sus dedos encontraron el arma, sin embargo, su pata fue aplastada en cuanto la tocó. El jaguar tenía la pata de Judy atrapada bajo una de las suyas propias y su fuerza era tal, que ella pensó que se la fracturaría.
El félido la dejó. No se quedó sola mucho tiempo, se vio rodeada por tres animales igual de grandes que el jaguar. Un oso negro puso la pata encima de la cabeza de Judy. Estaba a punto de subirse en ella cuando sintió en su espalda algo metálico y puntiagudo. El oso cayó, por poco aplastando a Judy. Detrás de él, Nick sostenía su pistola.
La oficial tomó el arma, pero todo era inútil, ya no llevaba dardos. Los otros animales se dieron cuenta y avanzaron decididos con las pistolas apuntándole. Nick disparó a los tres acertando al primer intento. Creía haber ganado hasta que el último disparo se escuchó.
Antes de caer inconsciente, un caribú disparó y dio justo en medio del abdomen de Judy. Nick corrió a su lado, viendo todo como si fuera cámara lenta. Entre más pasos daba, sentía que se encontraba más lejos de ella. Llegó con Judy y vio que sangraba profusamente. Apretaba con la pata derecha la herida, pero sus esfuerzos eran en vano. El zorro también apretó la herida y trató de detener la hemorragia. Pronto entendió que era demasiado tarde aunque no lo quisiera asimilar.
–Oficial Hopps herida. Nos encontramos en el cementerio situado en el Distrito Forestal –anunció por su radio –Judy, resiste. No, no te duermas. Mírame, Zanahorias.
–Nick...
–No hables. Vas a recuperarte, lo prometo.
Judy hizo acopio de las pocas energías que le quedaban y habló entrecortadamente. Ambos sabían que su vida se extinguía, de la herida manaba gran cantidad de sangre y ella era pequeña, no podría resistir más de algunos minutos.
–No, Nick, sabes que no. Pero... prométeme... que harás... algo por mí. –Nick asintió con los ojos cristalizados. – Quiero... que durante... todos los días que vivas... tratarás de... hacer... de este mundo... un lugar mejor.
–Te lo prometo, Judy.
–No llores, torpe zorro. Estaré bien. Me iré a un buen lugar.
–No digas eso, te vas a recuperar... estaremos riendo cuando todo esto termine. No me puedes dejar, ni se te ocurra.
–Te amo, Nick.
Diciendo esto, ninguna otra palabra salió de su boca. Cerró los ojos lentamente, reteniendo en su cerebro la imagen de Nick y sus ojos esmeralda.
Nick le pidió que no se durmiera, pero ella no respondía a pesar de seguir viva. Rogó por que la ambulancia llegara pronto. Ya había perdido el conocimiento, y si no se apresuraban, podía perder la vida.
El zorro la dejó un momento para ir a amarrar a los ocho criminales que seguían en el suelo. Inmediatamente después, regresó al lado de la coneja y tomó su pata. Miró el anillo que llevaba puesto y besó delicadamente la mano de su esposa.
Los refuerzos y la ambulancia no tardaron en llegar. Subieron a Judy en una camilla y su pareja veía con sobrecogedora angustia cómo dejaba un hilillo de sangre a su paso. Se quedó parado al mirar que la metían a la ambulancia, pensando en qué sucedería. Sus esperanzas estaban en que ella fuera atendida pronto y sobreviviera, era saludable y fuerte. Pero su parte racional le decía que había perdido demasiada sangre como para recuperarse. Alejó esos pensamientos negativos. No lo meditó más y subió a la ambulancia. Nadie se lo negó, se trataba de su familiar más cercano.
