24. la recepción, reunión familiar.

Feliciano miraba ansioso a los invitados desde la puerta, ocultando su impecable traje. Su nonno y Marcello estaban por llegar si es que aún no habían llegado y esperaba observar sus perfiles antes de que diera el primer paso a formar su propia familia. Estaba moviéndose de aquí y allá cuando vio el bello perfil de su nonno quien parecía un auténtico romano con cabellos ondulados y poderosos que aun con todos sus años conservaban su color, obviamente con algunas canas cubriendo parcialmente su nuca y patillas. Marcello estaba a su lado utilizado un muy atractivo traje negro que Feliciano pudo jurar nunca le había visto usar antes, tal vez era nuevo. Su abuelo no parecía molesto, es más, después de los cinco años que habían pasado sin verse, se veía realmente emocionado por estar allí, eso fue un alivio. Feliciano no solo era mayor que su marido, si no que este estuvo a un pelo de volverse un soldado nazi –pero la verdad es que paso más tiempo en juicios que en las filas- de los que su abuelo tanto aclamaba odiar de vuelta en los tiempos en que la guerra todavía continuaba. Afortunadamente la guerra había pasado, Ludwig había sido de vuelta con sus seres queridos y su abuelo ya no tendría tanto rencor hacia un inocente. El único pensamiento angustioso ahora era que su fratello también estaría aquí en cualquier momento, y estaba aterrado por ello. Antonio estaba junto con el un padre mucho mayor que él conversando no muy lejos del altar que habían construido en el jardín, y su nonno definitivamente tendría cosas que decirle a su nieto mayor, pero aun peor, todos quienes sabían de la fama de Lovino lo seguirían por todos lados y eso fue con lo que Lovino se excusó para no asistir al cumpleaños de Ludwig.

Nervioso por ello pero no pudiendo moverse de donde estaba, se dio la vuelta para ser sorprendido por una esbelta figura sentada frente a su espejo de escritorio. Lovino estaba vestido elegantemente con una camiseta blanca y unos pantalones negros, se veía clásico y a la vez no, llevaba un enorme abrigo rojo que se había quitado y dejado reposando en sus piernas y un sombrero que le cubría hasta un poco pasados de las cejas pero que ahora estaba meciendo en un dedo, el mayor se dio la vuelta para saludarlo y estirarle los brazos con calma, lástima que el novio se olvidara de que tenía que cuidar de no ensuciarse y le salto encima a su hermano casi asfixiándolo con tanto cariño.

—fratellote, oh pero que guapo estas ¡has venido a quitarme la atención!— bromeo mientras se daban dos besos en cada mejilla.

—robarte la atención, no, robársela a Ludwig, tal vez— respondió entre en serio y no tanto, sabiendo que ahora le pondría más la cabeza a él que a su futuro esposo mientras los invitados estuvieran aun presentes.

— ¿has venido solo?

—He venido con unos amigos, si no te importa— Feliciano negó con la cabeza sonriendo y volviendo a abrazarlo.

—estoy feliz por ti, fratello, ¿Dónde están tus amigos?

—Feliks debe estar aún en el establo con su poni de mierda y Yao debe estar comiéndose todo mientras se queja de su marido o algo— respondió como si estuviera fastidiado pero medio sonriendo. Feliciano comenzó a hablar sin parar en cuanto termino, sobre un chico japonés que últimamente trabajaba junto con Roderich y un greco que había llegado a estudiar botánica junto a un grupo de investigación, cosas que Lovino apenas entendió de lo enredado que estaba la información pero que de todos modos seguía alentando a Feliciano a que hablara más y más. Pasaron así una media hora en que estuvieron relajados antes de que el abuelo Vargas y Marcello entraran a la habitación de Feliciano y los pillaran a los dos sentados en el minúsculo sillón. Romulus en situaciones normales hubiera saludado a Feliciano con un beso y un abrazo, pero ahora se paraba serio al final del cuarto, mirando al otro lado con una cara rígida, le pasó su sombrero y chaqueta a Marcello quien miro con un poco de nerviosismo como su abuelo caminaba hasta el medio de la habitación. Feliciano se levantó dispuesto a defender a Lovino en caso de, pero este le tomo de la muñeca y lo acerco a sus labios para susurrarle.

—no estreses al bebe.

Lovino se levantó y dejo detrás de si a su hermano para hacerle frente a Romulus. Pasaron unos minutos en que ambos hombres estuvieron frente a frente en completo silencio antes de que Romulus le abriera los brazos y lo arrastrara a un apretado y reconfortante cariño de perdón y disculpas. Lovino se dejó llevar por ello y luego le guiño el ojo a ambos hermanos al igual que lo hizo Romulus, cuando se separaron Romulus volvió a tener ese rostro alegre y medio tonto que tanto se parecía al de Feliciano y saludo a su nieto que estaba a punto de casarse mientras Lovino le sonreía divertido a Feliciano quien le miraba anonadado.

¿Cómo se había enterado de que dentro de él había un bebe?

Sin tiempo para hacerle preguntas, Lovino ya se había marchado del cuarto junto a Marcello para darle tiempos a nieto y abuelo. Se vendría la larga charla que ellos, los no tan sentimentales, no tolerarían de pie.

25. la recepción, miradas.

Yao estaba comiendo como cerdo. Feliks estaba hablando sin parar de lo atemorizado que estaba de estar allí y que lo cubrieran antes de que el extraño chico de Rumania se bebiera su sangre. Por supuesto que Lovino deseaba haber invitado a Emma, pero la Alpha tenía sus propios problemas que atender con su hermano al norte de estados unidos y no le quitaría su precioso tiempo libre. Junto a los dos chicos podía al menos pasar desapercibido, a pesar de que ambos eran famosos junto con él, estando "disfrazados" como estaban, nadie se les acercaba más que el chico de Rumania y Elizabeta de vez en cuando. Lovino se sentía más seguro de esa forma, saludando a su hermano menor al otro lado del jardín con un disimulado gesto de mano. La ceremonia estaba por empezar y Feliciano no paraba de asomarse por la puerta de lo ansioso que estaba. De pronto la campanilla sonó, todos corrieron a agarrar un asiento cerca del altar y los que no alcanzaron se posicionaron de pie cerca. Roderich, sentado en un piano espectacularmente adornado con flores y rosas blancas, comenzó a tocar la tonada de las bodas. Feliciano y Ludwig, ambos salieron acompañados por su abuelo y su hermano respectivamente, hasta quedar ambos en medio de la alfombra de pétalos; Feliciano había dado la idea de una boda en el jardín, Ludwig estudio cuantos libros de decoración pudo encontrar, y Elizabeta y Gilbert dieron con Francis para que los ayudara a decorar, siendo él un arquitecto con tan exquisito estilo. Por ello no era sorpresa que el francés y su pareja estuvieran sentados no muy lejos del altar, con un muy emocionado Francis sacando fotos en su costosa cámara.

Lovino se encontró a si mismo viéndose reflejado en su hermano, esa mirada, esa preciosa y transparente mirada. Ese amor que alguna vez sintió, pero más inocente. Ambos chicos finalmente llegaron frente al padre, uniendo sus manos y preparados para afrontar un incierto y largo futuro juntos.

Aun no terminaba el hombre anciano de recitar la típica charla cuando su brazo fue agarrado fuertemente desde atrás y una mano le tapó la boca.

—soy yo.

Lovino no lucho, no hizo nada, solo se recordó a si mismo que cosas así y por el estilo pasaban y pasarían, pero no importaba que, se mantendría callado, inmóvil e inconmovible como una roca.

—necesito hablarte.

Oh, su voz era exactamente igual de hipnotizante, estaba seguro que si volteaba y lo veía, estaría de regreso en la línea de inicio. Pero ahora no podía preocuparse de eso, la boda estaba ahí mismo y no quería perderse nada, o al menos el final. Con un grácil movimiento se libró del apretón en su brazo y le miro con veneno en los ojos.

—no tengo nada de qué hablar contigo en la boda de mi hermano.

En cuanto dijo eso se dio cuenta, Antonio tenía el cabello ligeramente más largo, ojeras bajos sus tristes ojos. Aun con esa vista se mantuvo firme, se dio la vuelta y volvió a ponerse en medio de todas esas personas. Yao lo miro sabiendo perfectamente lo que había pasado pero no le dijo nada. Lovino se sintió en una nube negra por tanto rato que el mismo tiempo dejo de pasar en su cabeza y hasta que no recibió un codazo de parte de Yao no se dio cuenta que su hermano ya había dado el beso, y ya había avanzado su buen trecho en la alfombra de flores junto con Ludwig, subido a sus brazos, saludando a todos y regando besos. Cuando el castaño cobrizo le miro, le sonrió con aun más amor y le tiro un beso, Lovino le sonrió de igual forma, más disimulada por supuesto, y le devolvió el beso. Yao y Feliks aplaudían a su lado mientras los demás invitados se desplazaban por el jardín a acompañar a la joven pareja a las mesas donde estaban sirviendo la cena. Suspirando recibió el saludo de Francis y Arthur, después de todo el rubio de cabello largo seguía siendo su primo con el que estaba en deuda, este le apunto en dirección a su abuelo pero Lovino fingió no notar aquello y en su lugar miro al altar. Antonio lo miraba desde allí y no pudo evitar saltar de la sorpresa. Yao le paso la mano por la cadera y Feliks lo volteo para que también se fueran de allí, sabiendo ambos lo que iba a ocurrir una vez estuvieran juntos y solos. Lovino una vez más se perdió el momento en que llego a su silla, al lado de su hermano y su abuelo en la mesa de los novios, pero creyendo que nadie había notado como su cabeza estaba en otro lado, se relajó en su asiento preparado para esta vez poner atención a las conversaciones familiares. Mientras Gilbert gritaba lo feliz que estaba y que le trajeran más cerveza, su abuelo le poso una mano en el hombro.

— ¿Qué te pasa, Lovi? Te ves distraído, ¿quieres un poco de agua?— dijo alzando la mano para que se acercara el mesero, pero Lovino negó con la cabeza.

—no he tenido suficiente tiempo para descansar, llegamos esta mañana, esos aviones no son como los barcos.

—puedes decirlo de nuevo, no hay forma de que me obliguen a subirme a uno, yo me quedo aquí en tierra— rio zapateando el suelo mientras hablaba para enfatizar su punto. Lovino sonrió también.

— ¿en esta era? Ya son los 50´s, nonno, si no subes a un avión ahora, después te vas a arrepentir ¿Cómo iras a verme a América?

—No, no, tu vienes a verme a mí a Italia, yo ya estoy viejo— Feliciano se sumó a la conversación a partir de ese momento y Lovino pudo sentir como su cerebro estaba más relajado. Busco con la mirada a Yao para poder hablar con él y Feliks y presentárselos a Feliciano, pero cuando se levantó a buscarlos volvió a sentir esa mano en su brazo, Antonio no le dejo hablar, le coloco un dedo en los labios y se lo llevo a un lugar apartado donde podrían conversar mientras aparentaban estar bailando. Lovino miro a todos lados para asegurarse que no habría problemas innecesarios. Una vez solos Lovino se zafo con violencia y le miro lo más enojado que podía, siendo que por dentro estaba temblando de miedo.

—necesito que me escuches.

— ¿Qué quieres? ¿Por qué no hablas? Di lo que sea que tengas que decir rápido, estoy ocupado.

El español suspiro y se arrodillo frente a Lovino, tomándole de las manos y besándolas mientras amargas lágrimas corrían por sus mejillas. Lovino sintió su corazón detenerse y sin mirar abajo escucho como Antonio le suplicaba perdón con sus brazos rodeándole las piernas y su cabeza en sus muslos.

—levántate bastardo.

—sé que fui un imbécil, sé que merezco tu odio, Lovino. Pero no quiero que me odies, soy tan tuyo como tu fuiste mío, por favor no me dejes de nuevo.

Lovino suspiro, su aliento ya se sentía tembloroso, alejo a Antonio de si y lo hizo levantarse, le miro a los ojos y entrelazo sus manos, sacando un pañuelo de su bolsillo le limpio el rostro. Jamás creyó que vería algún día al alegre y siempre confiado Antonio Fernández Carriedo con lágrimas y desesperación en su rostro, sintió como los roles se habían dado vuelta, y ahora a aquel hombre le tocaba ser el chiquillo mocoso que pedía por un abrazo.

—lo siento.

Intentando irse sin más que decir, Antonio lo detuvo obligando a mirarlo a los ojos otra vez.

— ¿aún me amas, verdad?

—Antonio-

— ¿Lovino?

Una dulce voz interrumpió, Antonio soltó a Lovino solo para que el omega fuera sujetado por su hermano menor quien sonrió con un fingido entusiasmo.

—estoy seguro de que quieres hablar mucho con mi fratello, Antonio, pero debemos hablar de cosas que los alphas no entenderían.

Lovino le miro medio confundido, aun conmocionado pero ahora era doble.

—ya sabes de que, fratello— dijo el menor acariciando su vientre. Lovino le miro con entendimiento y luego miro a Antonio de forma condescendiente, —debemos irnos.

Ambos hermanos caminaron hasta la otra punta del lugar, donde estaba Yao junto con un enorme tipo y Feliks, se veía simpático el hombre pero Lovino no lo reconocía de ningún lado. Una vez llegaron, el hombre les saludo a ambos con un beso en la mano y se presentó.

—Sadiq Adnan, para servirles.

—es ese chef que esta tan de moda, Lovino— le explico Yao quien era además de todo lo ya dicho, un entusiasta y un pro de la cocina.

—un placer.

— ¿y bien? ¿Cómo está el novio? ¿Ya has bebido algo para celebrar?—le pregunto el de acento turco a Feliciano, y este sonrió con timidez cuando le ofreció una copa de vino rojo que un mesero llevaba en su charola, Lovino aprecio la experiencia de sus movimientos, como si estuviera ya acostumbrado a esa clase de eventos. Saltando al rescate tomo la copa por su hermano.

—oh claro que ha celebrado, celebro de antemano, si se puede decir así— insinuó, Sadiq sonrió y le volvió a besar las manos a Feliciano.

—la mejor de las suertes. Tu hermano mayor es muy conocido en la industria en la que trabajo.

—Sadiq, que descarado— se burló Feliks — ¿tratando de cortejar al novio y al hermano en la misma noche? Algo debe, o sea, estar mal contigo.

El turco se rio para volver a prestarle atención a los dos hombres bajitos con los que estaba hablando. Lovino bebió la copa de vino con premura y le sonrió a Feliciano con las mejillas ligeramente rojas.

— ¿Quieres saber cómo lo supe?— pregunto inclinándose sobre su hermano, este le respondió obviamente que si — esos pantalones te los envié yo, y es muy extraño que se haya expandido tu estomago hacia el frente en lugar de hacia los lados, además, se te nota en los ojos. Y nadie usa tanto perfume, aun cuando está a punto de casarse, bastardo.

Feliciano le sonrió y le saco el pelo de la cara, abrazando a su hermano con un nuevo instinto maternal —dime, ¿el macho patatas ya lo sabe?

—planeo decírselo después del viaje.

— ¿viaje? ¿Pasaran la luna de miel afuera?— Feliciano esta vez se rio con ganas, llamando un poco la atención.

—iremos a Italia, ¿vendrás tú también?

—eh…— Feliciano puso esos ojos de cachorrito, quería que fuera y no aceptaría un no.

—venga, estarán todos, veremos a las primas, Chiara quiere pedirte que le ayudes a ser actriz. Te hará bien alejarte un tiempo de toda esa fama, una semana o dos. Venga.

Tal vez sería su cabeza un poco borracha o lo irresistible que era negar sus instintos de omega cuando había otro omega embarazado delante suyo, pero no se lo pensó dos veces para decirle que sí.