14. El destino nunca se equivoca
Tres días duró la tormenta. Ron estaba desesperado y su mal humor afectaba también a su rubia compañera de viaje. Luna intentaba ser paciente, sabía que para el pelirrojo, aquella situación no era fácil, pero a fin de cuentas, ella era la menos culpable de lo sucedido. Ron solía pasar las horas dentro de la habitación y solo salía para ir al restaurante a comer. La prima de Hermione en cambio, frecuentaba las zonas comunes del hotel, como la cafetería, la sala de billar y la sauna. Intentaba hacer aquellos días más llevaderos y alejarse de Ron todo el tiempo que podía.
Amaneció el treinta y uno de diciembre, y todo parecía indicar que las cosas habían vuelto a la calma. Ron madrugó y bajó corriendo a la recepción del hotel, unos minutos después volvió a subir a la habitación con una gran noticia.
- ¡Ya podemos marcharnos de este maldito lugar! ¡Luna despierta!, las carreteras están habilitadas.
La rubia dio un bote en la cama y resopló fastidiada, debían ser las ocho de la mañana y la noche anterior trasnochó con unos huéspedes del hotel.
Ron comenzó a meter sus cosas en la maleta y la joven se cubrió la cabeza con la almohada.
- Vamos Luna, levántate – Rogó Ron - ¡Podremos ver por fin a Hermione!
La rubia se incorporó y desperezándose, se levantó de la cama. Se acercó a la ventana y miró a través de ella. El día era soleado, las calles aunque húmedas ya no tenían ni rastro de nieve, los desperfectos estaban casi reparados y el tráfico comenzaba a fluir con normalidad por la ciudad. Sin duda, el tiempo había mejorado y con él, el humor de Ron.
En menos de una hora recogieron sus cosas, desayunaron y ya estaban en camino. Luna dejó que el pelirrojo condujese y así ella podría echar una cabezadita. Aun no llevaban ni media hora de camino, cuando el teléfono móvil de Luna sonó. La joven se despertó sobresaltada, miró el nombre de la persona que llamaba, rogando para que no fuese nadie del colegio.
- ¡Es Hermione! – Exclamó mordiéndose luego el labio inferior - ¿Qué hago?
- Cógelo, pero yo quiero oírla. Conecta el manos libres – Contestó Ron sonriendo.
Luna le dio al botón verde de su teléfono y seguidamente al altavoz y la voz de Hermione se dejo oír por todo el vehículo.
- Luna ¿Estás ahí?
Ron suspiró sin apartar la vista de la carretera y sus ojos adquirieron un brillo especial.
- Sí prima, soy yo – Contestó Luna sin quitar ojo su compañero de viaje.
- Supongo que aún te falta mucho por llegar…
- Un poco.
- Tengo ganas de verte. Escucha, te llamo porque probablemente no estemos en casa cuando llegues. Sabes que el año nuevo siempre solemos recibirlo en la casa del Señor Patil, el jefe de mi padre. Así que, si quieres puedes dirigirte allí, en caso de no encontrarnos - Hermione hablaba muy rápido, como si tuviese prisa - ¿Lo has entendido?
- Sí, pero no conozco a esa familia.
- Lo sé prima, pero ellos a ti sí. Tu nombre está en lista de invitados para la fiesta de esta noche. Te enviare la dirección por un mensaje al móvil, para que no tengas que recordarla. No imaginas las ganas que tengo que llegues y me cuentes como va todo – Hermione parecía haberse calmado un poco.
- Yo también prima, ni te lo imaginas - Hubo un silencio, Luna pensó que la comunicación se había cortado - ¿Hermione? ¿Sigues ahí? No te oigo.
Ron giró la vista hacia Luna e iba a hablar cuando la voz de Hermione volvió a oírse, el muchacho resopló, casi lo descubre.
- Sí estoy aquí, es que… quiero preguntarte algo, pero sé que no te va a gustar que lo haga.
- Dispara – Contestó Luna, Ron ahogó una risa.
- ¿Qué sabes de Ron?... Dime que está bien.
La sonrisa que el pelirrojo había lucido en su rostro, se desdibujó por completo. El tono triste en la voz de la muchacha, le recordó que Hermione aun sufría. Miró de nuevo a Luna preocupado.
- Ron está mejor que nunca – Contestó la rubia sonriendo al muchacho.
- Me alegro – De nuevo otra pausa – Espero que ese niño le devuelva algo de felicidad.
Ron no pudo aguantar más y abrió la boca para decir algo, pero Luna lo frenó levantando una mano y negando con la cabeza, dijo mintiéndole.
- Cariño tengo que colgar, estoy conduciendo y es peligroso. Nos vemos dentro de muy poco.
- ¡Oh Cielos! Olvidé que estabas en el coche, cuídate. Te espero.
Y colgó. Luna hizo lo mismo y se quedó mirando absorta el teléfono.
- Debiste dejar que le dijese algo.
- No Ron, solo quedan un par de horas para llegar y allí, cara a cara, podrás contárselo todo y dar cuantas explicaciones debas dar. Ella está resignada, y si hubieses hablado la habrías dejado angustiada, en un mar de dudas, hasta que hubiésemos llegado.
Ron no contestó, miró de nuevo al centro y volvió a concentrarse en la carretera.
- Toc, Toc, Toc.
Hermione se sobresaltó.
- Cariño, ¿Estás lista? Vamos a llegar tarde y ya sabes como odia tu padre hacerlo – Dijo la Señora Granger, pegada a la puerta sin abrirla.
- Ya voy mamá.
La muchacha oyó como su madre se alejaba y volvía a bajar las escaleras. Hermione resopló, no le apetecía nada ir a misa. Sus padres eran muy creyentes y les gustaba pensar que ella también lo era. Pero Hermione en lo único que creía era en Ron, a pesar de haber decidido olvidarlo por completo unos días antes, no podía evitar mirar constantemente el baúl donde había guardado su regalo. Se peinó un poco y mirando por última vez el baúl, decidió salir en busca de sus progenitores. Pero cuando iba a cruzar la puerta, cerró los ojos con fuerza, se giró de pronto, caminó hacia el baúl y abriéndolo, sacó el papel arrugado de su estrella. Sonrío y dijo para sí misma, aunque en voz alta.
- Ya te olvidaré en otro momento.
Y sin pensarlo mas alisó con sus manos el papel, lo besó y lo guardó con suavidad debajo de la almohada. Suspiró profundamente, sabiendo que hacía lo que realmente deseaba. Olvidarlo no era fácil, aunque todo el mundo se empeñara en decir que era lo mejor para ella… ¿Qué sabían ellos? No era tan fácil, quizá, porque ella no deseaba olvidarlo.
Luna miró su reloj, en menos de media hora estarían por fin en Glasgow. La sonrisa y el brillo en los ojos de Ron habían vuelto desde su salida de Carlisle y aumentaban según pasaban los kilómetros y la posibilidad de ver de nuevo a Hermione, estaba mas cerca. Cuando divisaron el primer cartel que indicaba el desvío a Glasgow, Ron encendió el GPS del auto y buscaron la dirección de Hermione. Poco tiempo después, ya estaban allí, frente a su puerta. Ron bajó del coche y notó como su corazón se aceleraba a cada segundo. Luna descendió también y comenzó a estirar sus entumecidas extremidades.
- Bueno, ya llegamos – dijo – Ahora no vayas a desmayarte.
Ron la miró y ladeó una sonrisa. La rubia se acercó decidida a la puerta, el joven caminó tras ella un poco rezagado. Ahora que la posibilidad de ver a Hermione estaba tan cerca, su mente se abarrotaba de cosas y su corazón latía violentamente, le temblaba el pulso y sudaba sin ni siquiera hacer calor. Luna llamó a la puerta, pero nadie abrió. Lo intentó nuevamente, pero obtuvo el mismo resultado.
- No están en casa.
Los dos jóvenes se giraron hacia el lugar de donde provenía la voz. Una anciana los miraba a través de sus gafas rectangulares con gesto serio.
- Disculpe Señora, los Granger son mis tíos, vengo de visita. ¿Sabe usted donde se encuentran? – Preguntó Luna subiendo el tono de su voz desmesuradamente.
- Primero debe saber, que no soy sorda señorita – dijo la anciana alzando la nariz.
Ron agachó la cabeza para evitar que la mujer lo viese reír y Luna lo miró enojada.
- Y segundo, los Granger no suelen pasar mucho tiempo en casa en estas fechas. Supongo que habrán ido a celebrar a casa de esa familia de ricos amigos suyos, los Patil.
- Muchas gracias Señora – añadió Luna ahora en un tono normal.
La anciana la escudriñó por encima de sus gafas y entró en su casa sin despedirse de ellos.
- ¡Que simpática! – Ironizó la rubia - ¿Y ahora qué?
- A casa de esas Patil.
- Pero Ron, ¿Y si no están aun allí? Es pronto para recibir el año nuevo. Apenas si es medio día.
- Lo sé, pero deberíamos averiguar si están allí, necesito ver a Hermione…
Luna no estaba muy convencida, tenía la intuición que perderían el tiempo yendo a casa de esa gente y no le hacía gracia molestar a nadie, a sabiendas de que lo iban a hacer. Levantó la vista para volver a protestar, pero se encontró con los ojos azules de Ron que la miraba suplicante y con aquel brillo especial que no lo abandonaba.
- ¡Oh Dios! Si me miras de esa forma, no puedo negarme.
El pelirrojo la abrazó feliz, pero antes Luna le pidió que la dejase llamarla por teléfono. Probó, pero el móvil de su prima no estaba operativo, así que buscó entre sus mensajes la dirección de los Patil y se pusieron en camino.
El coche de Ron y Luna dobló la esquina y en ese momento, Hermione apareció caminando por la esquina contraria junto a sus padres. La ceremonia religiosa había terminado y volvían a casa para almorzar, descansar un poco y prepararse para la fiesta. Su anciana vecina los vio llegar. Nunca le habían agradado esos Granger, así que optó por no informarles de la visita de su sobrina.
Luna enmudeció cuando vio la casa de las amigas de Hermione, en realidad era una Mansión enorme. Una cancela les impedía acceder al interior, la rubia bajó del coche para ver si había algún tipo de llamador y un guarda de seguridad, le salió al paso. La joven dio un respingo.
- Siento haberla asustado Señorita. Este es un sitio privado, ¿Tienen autorización para estar aquí?
Ron al ver al hombre salió también del auto, pero guardó un poco las distancias esperando ver como se desarrollaba todo.
- Soy una invitada para la fiesta de esta noche – dijo Luna con timidez.
- Llega temprano, dígame su nombre – Añadió el hombre con desconfianza. - Luna Lovegood.
El guarda espaldas se metió en su caseta y salió con una hoja de papel impresa. La observó durante unos segundos y dijo al fin.
- Está usted en la lista… ¿Quién es él? – Y miró a Ron con recelo.
- Mi novio – Mintió Luna agarrando al muchacho de la mano.
El hombre los escudriñó un poco más y luego dirigiéndose a un botón, lo pulsó.
- Pueden pasar.
Inmediatamente la verja se abrió y Luna y Ron, subieron al coche y accedieron al interior de la finca.
Una señora gorda y con cara de pocos amigos, les abrió la puerta. Tras indicarle que deseaban hablar con las Señoritas Patil, Ron y Luna esperaron en el salón. La rubia lo miraba todo fascinada y Ron se acercó a la ventana y observó el jardín, ese sería probablemente el lugar favorito de Hermione. Unos minutos después, dos muchachas elegantemente vestidas y muy sonrientes, entraron en la habitación.
- ¿Eres Luna? – Preguntó Padma.
La rubia asintió enérgicamente, Ron se giró al oír la voz de las muchachas, pero éstas estaban demasiado entusiasmadas con la presencia de Luna, que no repararon en él.
- Nos alegra conocerte, yo soy Parvati, y ella es mi hermana Padma. Hermione siempre nos habla de ti.
- ¿Está ella aquí? – Inquirió la rubia.
- No, aun no. Eres nuestra primera invitada en llegar – Contestó Padma extrañada de que la joven no supiera donde podría estar su prima.
Ron resopló, y fue entonces y solo entonces, cuando los oscuros ojos de las dos hermanas, se posaron en él. Como si en sus delgados cuerpos tuviesen instalado un pequeño botón, que se activara si alguien lo apretaba, comenzaron a abrir mucho los ojos, y también la boca, mientras se tiraban del brazo la una a la otra nerviosas. Ron miró a Luna y les sonrió levemente.
- Hola – saludó con timidez.
Las dos jóvenes soltaron un grito ensordecedor que hizo que el pelirrojo y Luna dieran un respingo hacia atrás.
- ¡Eres tú! – Gritó Parvati, Ron seguía sin entender a que venia la exagerada reacción de las muchachas - ¡Eres Ron Weasley!
Luna rió y Ron enrojeció hasta las orejas, asintiendo con temor. Un nuevo grito por parte de las hermanas, hizo que los otros dos se tapasen los oídos con las manos.
- ¿Sabe Hermione que estás aquí? – Preguntó de nuevo Parvati acercándose a él para verificar que no lo estaba imaginando.
- No.
- ¡Eso es fantástico! – Añadió Padma dando un saltito.
- ¿Qué es fantástico? – Preguntó Luna, aunque se arrepintió pronto de hacerlo, con lo locas que parecían estar, temía la respuesta.
La rubia se interpuso entre Ron y Parvati, mientras formulaba la pregunta.
- Por supuesto que lo es – Continuó Padma – Nos agradaría que almorzaseis con nosotras y así podréis esperarla aquí hasta el momento de la fiesta.
Luna abrió la boca para protestar, pero Parvati que parecía estar conectada con el cerebro de su hermana, la interrumpió.
- Y cuando Hermione llegue, se llevará la mayor sorpresa de su vida… – De pronto las dos hermanas enmudecieron por primera vez desde que irrumpieran en el salón y la expresión de júbilo de sus rostros desapareció dando paso a la seriedad - ¿Por qué habrás venido a buscarla, verdad?
- Sí – Afirmó Ron sonriendo – No voy a marcharme de aquí sin ella.
Las Patil volvieron a gritar y Luna resopló con fuerza.
- ¡Cielos! No siento remordimientos al no querer saber que ha sido de tu esposa y de tu hijo, ya se lo explicarás a Hermione – Dijo Parvati dejando sorprendido a Ron y a su rubia amiga.
La muchacha se acercó a una mesa y tocó una campanilla, unos segundos después entró una doncella.
- Espero que aceptéis nuestra invitación – continuó Parvati. Luna miró a Ron suplicándole que no aceptara, pero el pelirrojo no le hizo caso y asintió – Ellos son nuestros invitados – Añadió dirigiéndose a la doncella – Haz que preparen dos habitaciones para que puedan descansar y asearse y ordena que pongan dos cubiertos mas en la mesa. Hoy va a ser la mejor fiesta de Nochevieja de nuestras vidas.
A Hermione no le extrañaba que Luna no hubiese llegado aún. Pensaba que su prima había salido de Londres el día anterior como estaba previsto en un principio y que por ello llegaría a la fiesta casi con el tiempo justo. Apenas quedaba una hora para el ansiado acontecimiento, pero ese año se sentía sin ánimos para acudir, y si lo hacía, era únicamente para no desairar a sus amigas. Con la mayor apatía del mundo, se metió en el baño de agua tibia y espuma, e intentó relajarse no pensando en nada. Pero eso solo fue durante unos segundos, porque después su mente se dejó envolver por unos destellos anaranjados que la hicieron suspirar y aunque algo melancólica, también sonreír.
- Otro año más sin ti Ron – Dijo susurrando y hundió la cabeza en el agua.
- Si vuelven a entrar en mi habitación a gritos, recojo mis cosas y me voy – Decía Luna ya arreglada para la fiesta, mientras caminaba por la habitación de Ron - ¿En que pensaba mi prima cuando se hizo amiga de estas dos escandalosas?
Ron observaba a través de la ventana como los invitados comenzaban a llegar en sus despampanantes coches. Aun estaba a medio vestir, no tenia atada la corbata y su chaqueta descansaba sobre la cama. Luna híper ventiló durante un rato intentando calmarse y se acercó a Ron tocándole en el hombro.
- Deberíamos bajar ya, deja que te haga el nudo – Añadió sujetando la corbata.
- Estás muy guapa – Aduló Ron sonriéndole.
- Gracias, espero que no lo digas solo porque tengo tu corbata en mis manos y puedo apretar.
Ron rió, la muchacha se acercó a la cama y recogió la chaqueta, ayudándolo a colocársela. El joven volvió a mirar por la ventana, Luna le cogió la mano.
- Todo saldrá bien, vámonos.
El pelirrojo le ofreció el brazo y la besó en la mejilla.
- Gracias por todo lo que hiciste por mí.
- Fue un placer.
Hermione bajó del auto junto a sus padres y caminó hacia la puerta principal. Los Patil con sus hijas, saludaban a los invitados dándoles la bienvenida. Cuando Hermione se posicionó a la altura de sus amigas, preguntó en voz baja.
- ¿Luna esta aquí?
Las dos hermanas soltaron unas risitas sospechosas y dijeron a la vez.
- Sí, está en el salón. Nosotras te acompañaremos.
Y tomándola cada una por un brazo se dirigieron hacia allí.
Nada mas entrar Hermione la vio. La rubia miraba fijamente hacia un lugar en concreto, Hermione se soltó del brazo de sus amigas y corrió hacia ella. Luna se giró de pronto y la vio llegar, abrió los brazos y ambas se fundieron en un tierno abrazo. Luna sin soltar a su prima, desvió la vista hacia el lugar donde miraba antes. Ron recogía una copa de la bandeja de un camarero. Las hermanas Patil, que también lo habían visto, soltaron unas risitas nerviosas y muy molestas.
- No imaginas cuanto te he necesitado estos días prima – Dijo Hermione mirándola a los ojos.
- Yo también te he echado de menos – Añadió Luna sonriendo – Tengo tanto que contarte.
- Hola Hermione.
Aquella voz… Hermione miró a Luna con los ojos muy abiertos. Su prima sonreía y las Patil daban saltos de emoción. Hermione se dio la vuelta muy despacio, si era quien ella pensaba no podría sujetar su corazón y éste saldría veloz de su pecho, a juzgar por la violencia con que latía. Siguió girándose y entonces lo vio. Ron la miraba sonriendo con una copa en la mano. Se frotó instintivamente los ojos, si estaba soñando no quería despertar. Pero no era ningún sueño, y él seguía allí.
- Ven – Dijo el pelirrojo ofreciéndole la mano.
La muchacha acercó su temblorosa mano a la de él y la agarró con fuerza. El calor de la piel de Ron la convenció de que no se trataba de ninguna ilusión. Luna se acercó a ellos, sujetó la copa de Ron y le dio las llaves del coche.
- Gracias - dijo él mientras la besaba en la mejilla ante la atónita mirada de Hermione.
Luego sin decir nada mas, tiró suavemente de Hermione y ambos abandonaron la fiesta, dejando a Luna con una sonrisa de satisfacción en el rostro y a la dos Patil saltando y haciendo mucho ruido.
Hermione estaba sentada en el auto junto a Ron que conducía sin saber muy bien hacia donde. Estaba petrificada, debía hacer frío, pero ella no lo notaba. Ninguna palabra salía de su boca y sin embargo se moría por hacerle mil preguntas. Pero Ron no hablaba, solo sonreía y ella lo contemplaba como quien observa a un hermoso cuadro. Una de esas veces en que la curiosidad le pinchaba el estomago, abrió la boca para decir algo, pero él la interrumpió.
- No digas nada aún, espera a que lleguemos.
Y volvió a cerrar la boca sin dejar de mirarlo.
Pasaban en ese momento cerca de un río que debía cruzar por algún bosque. Con la luz del crepúsculo a Hermione le era muy difícil distinguir los paisajes. De pronto Ron detuvo el auto y bajó. Se acercó a la puerta de ella, la abrió y tomándola de la mano la ayudó a salir. Hermione ya no pudo callar más y preguntó devorada por la incertidumbre.
- ¿Qué haces aquí?
Ron no contestó, simplemente la tomó de la cintura, la atrajo hacia él y la besó con deseo contenido. A Hermione se le olvidó por completo el batallón de preguntas, es más, le importaba un demonio porque Ron estaba allí, el hecho era que estaba y eso era lo único que importaba.
- No debí dejarte marchar – Dijo el cuando terminó el beso – He venido a buscarte, aunque con diez años de retraso. Sabes que siempre cumplo lo que prometo - Hermione sonrió y Ron suspiró – Cho me mintió. No hay ningún hijo, el embarazo era un sucio engaño para obligarme a permanecer a su lado.
Hermione dio unos pasos hacia atrás alejándose de él, se llevó la mano al pecho y su respiración se volvió entrecortada y violenta. Y entonces cayó al suelo de rodillas llorando desconsoladamente. Ron se asustó, quiso reconfortarla pero ella lo detuvo con un gesto de la mano. El muchacho se desesperó al no saber que hacer. La reacción de Hermione le hizo entender lo mucho que la joven había sufrido por su culpa. Pero de repente, Hermione elevó hacia él el rostro humedecido por las lágrimas y comenzó a reír.
- Entonces… ¿Es cierto? ¿Has venido para siempre?
Ron corrió hacia ella, se arrodillo a su lado y tomando con ambas manos el rostro mojado y sonriente de la joven añadió.
- Nada ni nadie en este mundo volverá a separarme de ti jamás.
Hermione se abalanzó sobre él para abrazarlo y ambos rodaron por el suelo, quedando sus rostros muy pegados.
- Vámonos lejos – Dijo él y le dio un corto beso en los labios.
- ¿A dónde? – Preguntó ella devolviéndole el beso.
- A donde te apetezca. Italia, Francia, España…
Hermione rió feliz, aquello era mas de lo que podía desear.
- ¡París! Siempre quise vivir allí.
- Mi hermano Bill vive allí con su esposa… Me gusta la idea.
- ¡Oh Ron! – Exclamó ella poniéndose en pie - ¿De veras que no estoy soñando?
El pelirrojo sonrió y sin levantarse del suelo, se quitó los zapatos y comenzó a caminar descalzo por la helada hierba.
- Vamos acompáñame.
- ¡Estas loco Ron! – Gritó Hermione – Te vas a constipar.
- ¿Qué ocurre Hermione? ¿Es que acaso la gallina ahora eres tú?
Hermione abrió la boca sorprendida por la desfachatez del chico y sin pensarlo ni un segundo mas, se quitó sus zapatos de tacón y corrió al encuentro de Ron. Cuando llego a él, se abrazó a su cintura y ambos rieron divertidos. Ron se situó detrás de ella y la rodeó con sus brazos. Luego contemplando el cielo estrellado dijo.
- Debe haber millones, ¿Que digo? Billones de estrellas vagando por el universo… Y ¿Ves aquella que brilla más que todas las demás? – Señaló con el dedo y Hermione lo siguió con la mirada – Aquella, la mas hermosa se llama 'Dulce Hermione' y mirándola desde aquí en todo su esplendor, sigue sin ser mas bella que tú.
Hermione se murió de amor en ese momento y se quedó así abrazada a él, notando su calor, contemplando aquel hermoso cielo estrellado junto a la única persona, que sabía que la haría la mujer mas feliz del mundo, mientras en todos los relojes de Escocia marcaban las doce de la noche y el inminente nacimiento del nuevo año. Y todo aquel sufrimiento, todas aquellas lágrimas, ya no importaban. Porque ya nada podría volver a separarla de aquel que había vivido en sus sueños siempre. Ron Weasley, el chico del pelo rojo.
FIN
Bueno hasta aqui la historia, lo unico que queda por publicar es un pequeño epilogo, y espero hacerlo pronto.
Gracias por haberos tomado parte de vuestro tiempo en leer la historia y espero que os haya gustado.
Nos vemos en unos dias.
