Las cosas volvían a ir bien. Más o menos.

Había empezado una relación con Finnick, casi sin proponérmelo. En ese aspecto no podía ser más feliz. Solo podía ser él, yo era de él.

El problema era el "trabajo" de Finnick. Ningún pacificador nos podía ver en una actitud amorosa, por lo que pasábamos todo el tiempo en nuestras casas, o bien dando paseos por la playa. Eso apenas nos importaba.

Pero su "trabajo" si importaba.

Como si Snow supiera que estábamos saliendo, enviaba a Finnick todos los fines de semana al capitolio, sin excepción. Se iba a primera hora de la tarde del sábado y volvía el domingo a primera hora de la mañana. Destrozado.

Yo le repetía y repetía que no me importaba, que sabía que era necesario y que no le gustaba. Pero sí que me importaba. No el hecho de que estuviera con otras mujeres, sino de que por alguna casualidad pudiera enamorarse de alguna señora del capitolio. Por muy enamorado que estuviera de mí, yo seguía estando incompleta, como un puzle al que le faltan las piezas.

Finnick eran las piezas que me faltaban, pero no eran las mías. Eran mucho mejores que las mías. De todas formas no podía hacerle nada, solo esperar a que volviera y consolarlo.

Otro problema era la… falta de contacto. Me besaba entre semana, cuando estábamos juntos en su cuarto, o cuando estábamos a recaudo del mar. Pero nada más. A veces abrazos, a veces caricias… pero nada más. Decía que le daba miedo que yo me sintiera forzada por lo que él se veía obligado, y no quería que yo pasara por lo mismo.

Pero él no era nadie del Capitolio, él era Finnick, le respondía. Pero no me hacía caso. Yo solo quería corresponderle por todo lo que hacía por mí. Después de todo era mi ángel de la guarda. El ángel que me alejaba las pesadillas, me hacia volver a la tierra o me hacía sentir en las nubes. Ese chico era un sueño, ¿y yo que podía darle? Nada. Solo mi corazón, y mi amor. Que ya era mucho, pero no lo suficiente para que fuera algo igualitario.

Las pesadillas y las alucinaciones persistían. No mejoraban, pero todo el mundo se había acostumbrado a ellas. Menos yo. Seguía sintiendo lo mismo, y seguía teniendo crisis, y lo seguía pasando mal. Pero al menos alguien cuidaba de mí.

Y así transcurrieron 5 años, sin muchas preocupaciones, que fueron de los más felices. Hasta la llegada del vasallaje de los 25.

Ahora ya no vivía con mis padres, y estos se habían retirado a una casa en el distrito mientras yo fingía vivir en mi casa en la aldea.

Finnick y yo estábamos en su sala de estar, mirando un comunicado especial del presidente Snow. Cada día odiaba más y más a ese hombre, ese hombre que le hacía hacer cosas horribles a Finnick. Estaba hablando de los juegos del hambre, y siempre que esto sucedía me abrazaba a él para intentar no perderme en las pesadillas, que todavía se resistían a irse.

Entonces sacó un sobre de una caja, donde estaban los "especiales" de los vasallajes. Eso era todavía más horrible que unos juegos del hambre normales. Solían ser mucho más atroces. Pero al menos ni Finnick ni yo tendríamos que pasar por lo mismo de nuevo.

—Y este año, para recordar que ni el más fuerte de entre los fuertes puede vencer al capitolio, los tributos serán escogidos de entre los vencedores pasados.

Un grito. Elrik siendo atacado por los tributos. Mutos. Muerte. Sangre. Dolor. Locura. Otra vez.

Los dos nos quedamos absolutamente de piedra, no podíamos dejar de mirar al televisor, y hasta cuando se apagó seguíamos mirando.

Podía sentir el corazón de Finnick que tronaba en su pecho como si quisiera huir. Yo también querría haber huido.

Pasé las siguientes semanas en estado de shock. Aunque el distrito cuatro tuviera muchos vencedores, las posibilidades de que nos tocara a nosotros eran bastante elevadas. Y si… no. Preferiría suicidarme antes de tener que matar a Finnick, o a otra persona de nuevo.

Finnick no tuvo más remedio que empezar a practicar con el tridente otra vez. Yo nunca había tenido una habilidad especial con nada, ni siquiera con las lanzas, por mucho que hubiera podido aprobar hacia cinco años.

Ahora yo tenía 21 años, y él 24. Seguíamos entando en forma, seguíamos estando preparados, pero a diferencia que él, yo estaba demasiado rota para plantearme siguiera ser escogida. Todo era por culpa de Katniss y Peeta, los malditos vencedores del año pasado. Habían ganado los juegos del hambre ambos, y según Finnick eso era imperdonable, una ofensa directa al capitolio.

Y llegamos a la cosecha. De nuevo.

No quería ir, Finnick me obligó para que no me hicieran daño. Sin embargo una paliza de los pacificadores habría sido más agradable que los juegos.

Todo era como hacía cinco años. El alcalde recitando el mismo discurso. Caryal Neer pavoneando por el escenario. Sus crueles manos dentro del bombo de los tributos femeninos. El papel, ese papel que podía condenarme o hacerme tremendamente feliz, fue recogido por las manos de Caryal.

—Y este año… la tributa del distrito 4 es… oh, no… Annie Cresta

Gritos. Los míos y los de los otros tributos. Los gritos de la gente. Dolor. Angustia. Pánico. No podía levantarme. No me podrían llevar al capitolio, ¡NO PODIAN!

Alguien me apretó los hombros. Finnick. Me susurró a la oreja que parara de gritar, que estaba allí, que no ocurría nada, que estaba a salvo, que Mags había ocupado mi lugar. ¿Mags?

Abrí los ojos y vi que, en efecto, Mags se había presentado voluntaria y ya estaba en el escenario. No podía creerlo… ella, ¿ella no me odiaba? Si yo… yo había traicionado a Elrik… no tenía sentido.

—Bueno, pues ahora vayamos a los tributos masculinos. El tributo del distrito 4 será… ¡Finnick Odair!

No… no, no, no, no… ¡NO! ¡Finnick! ¿Por qué? Él era mi ángel de la guarda… a quien amaba más del mundo… mi única esperanza, ¿Por qué me la querían arrebatar de nuevo?

Finnick tragó fuerte y se dirigió al escenario. Si pudiera, lo habría detenido. Pero no podía. No podía hacer nada, como siempre.

Finalmente se los llevaron hacia dentro del palacio de justicia, pero no llamaron a las familias. Ni siquiera me llamaron a mí. Se los llevaron directamente a la estación.

Corrí por las calles a toda prisa para llegar a la estación. Estaba furiosa. Encima que me quitaban a Finnick, no me dejaban ni despedirme. Llegué justo a tiempo, pero al parecer Finnick no me quería ver allí.

—¡Annie! Vete de aquí por favor, nos pueden cojer...

—No me importa, ¡por favor no te mueras! Haz lo que haga falta, ¿me oyes? Cualquier cosa… te quiero, no puedo... no puedo vivir sin ti...

—Annie… está bien. Tú procura no meterte en líos ¿sí?

—Ssi…

No podía parar de llorar, y eso presentaba un enorme problema. Pero no importaba ahora. Si Finnick moría, yo moriría después que él.

Nadie puede sobrevivir mucho tiempo sin su ángel de la guarda.

N/A: Siento la tardanza, ¡he estado un poco ocupada estos días! Como veis no he relatado la vida en esos cinco años, porque se habría hecho pesado ¡y es mejor pasar a la acción! Muchas gracias a Annie de Odair, y a Annggi y confirmo que al parecer era un rumor lo del actor, ¡todavía no se sabe!

Nos vemos en "Esperando por ti"