Sailor Moon © Naoko Takeuchi.
Adaptación de la novela de Kinley MacGregor "Master of Desire"
"Dueño del Deseo"
Capitulo XIII
Seiya quería pasarse el resto del día entre sus brazos, pero no se atrevía. Había demasiada gente alrededor que podría decírselo a su padre. No es que tuviese miedo por él mismo; nada más lejos de la realidad. Había aceptado la posibilidad de morir joven el primer día que cogió una espada entre sus manos.
Pero se negaba a que lastimasen a Serena por su culpa.
Se apartó de ella con un beso, se vistió y bajó a buscar a Yaten.
Y lo encontró, de hecho. Yaten estaba esperándolo en el salón con una expresión en el rostro que daba a entender que Seiya era el ángel de la Muerte y había venido a reclamar su alma impenitente.
— "Te acostaste con ella, ¿no es cierto?" —preguntó en cuanto Seiya se acercó a él.
— "¿No era eso lo que querías?"
Yaten apartó la mirada, ligeramente avergonzado.
— "¿Y desde cuándo me haces caso?"
— "Parece que desde hoy."
La angustia atravesó el semblante de Yaten.
— "No me refería a que la tomaras de esta manera. Creí que te casarías con ella primero. Ésa era mi intención. ¿Y ahora qué vas a hacer?"
— "Ella quiere que envíe una carta a Artemis y le pida que dé su aprobación para el matrimonio."
— "¿Y lo hará él?"
Seiya lo miró. No había ninguna razón para mentir, a parte del hecho de que jamás había mentido a su hermano.
— "¿Tú qué crees?"
— "Artemis se muestra razonable en ocasiones."
Seiya resopló.
— "Caprichoso, querrás decir. Si lo pillo de buen humor, es posible que olvide lo que dijo."
— "¿Y cuántas probabilidades hay de que eso suceda?" —preguntó Yaten.
Seiya dejó escapar un suspiro resignado.
— "Ninguna, me temo. Verá mis acciones como una traición personal, ya que soy su campeón."
Yaten agachó la cabeza.
— "Siento haberte metido en este lío."
"Tranquilízate, Yaten" —dijo, poniendo una mano sobre el hombro de su hermano—. "Tú no me has metido en esto. Yo lo hice. Conocía las consecuencias y, aun así, elegí hacerlo."
Seiya sonrió al recordar a Serena entre sus brazos—. "De todas formas, si saberlo va a hacer que te sientas mejor, te diré que ella ha merecido la pena."
Yaten lo miró fijamente, furioso.
— "Espero que sigas pensando lo mismo cuando te saquen las entrañas mientras aún sigues vivo para verlo."
— "Me han hecho cosas peores."
— "¿Como qué?"
— "Como arrancarme el corazón. Te aseguro que la ejecución del rey no podrá igualar el dolor que sentí el día que nuestra madre murió" —miró fijamente la pared del otro lado de la habitación, donde había estado una vez la mesa de su padre—. "Nunca me había enfrentado a los hechos hasta hoy. Y ahora…"
— "¿Y ahora…?" —lo instigó Yaten.
— "No puedo decir que todo se haya solucionado, porque el dolor aún sigue ahí, pero la parte vacía que había en mí se ha llenado de algún modo."
Yaten frunció el ceño.
— "¿Qué parte vacía?"
De pronto, Seiya se dio cuenta de lo que estaba diciendo. Hacía años que no compartía ese tipo de confidencias con Yaten.
¿Qué le había hecho Serena?
Poniéndose rígido ante el mero pensamiento, miró a Yaten con una expresión divertida.
— "La parte vacía que hay entre mis orejas. Ahora vete y déjame a solas."
S&S
Serena bajó las escaleras para esperar a Seiya, pero no apareció. Los sirvientes ya habían limpiado todos los restos del estrado, y cuando intentó hablar con Yaten, éste le ofreció una pobre excusa y se esfumó.
Se sentía como una paria cuando se sentó frente al fuego de la chimenea en el sombrío salón, esperando a que Seiya regresara. Uno de sus sabuesos se había echado a su lado, y Serena acariciaba distraídamente sus orejas mientras contemplaba las llamas del hogar. La mayoría de los habitantes del castillo se había retirado, y ella se preguntaba si Seiya tenía alguna intención de volver a casa esa noche.
— "¿Qué estás haciendo aquí?"
Dio un respingo al escuchar la voz de Seiya a sus espaldas.
— "¿Pero es que nunca haces ruido?" —gruñó, con el corazón martilleándole en el pecho.
— "Creí que habrías oído mis pasos en las escaleras" —dijo mientras avanzaba para colocarse detrás de su silla.
Serena lo miró por encima del hombro.
— "Te preguntaría qué te trae por aquí, pero asumo que es la hora de que empieces tu vigilia nocturna."
— "Sí."
Ella estiró la mano para acariciar la suya. Seiya la apretó suavemente, y después la alzó para besar sus nudillos. La calidez del tierno gesto inundó a la muchacha.
Él soltó su mano y rebuscó en su bolsillo durante un minuto. Serena lo observaba con el ceño fruncido.
— "Cierra los ojos" —dijo Seiya.
Serena hizo lo que le pedía, y él colocó algo frío y pesado alrededor de su cuello. La mujer acarició el objeto con los dedos y se dio cuenta de que era un collar.
Abriendo los ojos, miró hacia abajo para comprobar que se trataba del colgante de esmeralda que el comerciante había tratado de venderle en la feria de Lincoln.
— "¿Seiya?" —preguntó con incredulidad.
— "Vi cómo lo mirabas en la feria, y quería que lo tuvieras."
— ¿Pero cómo…?
— "Envié a Kunzite a buscarlo la noche antes de que saliéramos."
El corazón de Serena se enterneció al comprobar su consideración.
— "Gracias."
Seiya asintió.
Serena se levantó del asiento y le dio un beso en la mejilla.
Seiya cerró los ojos para saborear la percepción de sus labios sobre la piel.
— "Ven arriba conmigo"—le susurró ella al oído.
Y, que Dios lo ayudara, él la siguió. Después de todo, ¿qué importaba a esas alturas? Artemis no podría colgarlo dos veces por la misma ofensa.
Además, sería infinitamente más satisfactorio pasar la noche en sus brazos que caminando en los parapetos.
Ella lo guió hasta su cuarto, donde el fuego ardía bajo en la chimenea, y una sola vela iluminaba la habitación. Olía a rosas y a manzanas, y el perfume logró relajarlo inmediatamente.
Seiya se detuvo en medio de la habitación y la atrapó entre sus brazos. Inclinó la cabeza para hundir el rostro en el hueco de su garganta e inhalar la delicada esencia característica de Serena.
Ella colocó las manos bajo sus codos y empezó a besarle el cuello. Seiya tragó saliva. Ella lo veía como nadie lo había visto antes. Cuando la miraba a los ojos no veía a un demonio bastardo salido de los infiernos; se veía a sí mismo como quería ser. Amable, heroico, noble y, sobre todo, digno de ser amado.
Acarició los labios de Serena con las yemas de los dedos.
— "Gracias" —murmuró él.
— "¿Por qué?"
— "Por ver lo mejor que había en mí."
Ella le sonrió.
— "Sólo veo lo que hay."
Sin creerla ni por un instante, se inclinó hacia delante y la besó.
Serena se entregó a él con un suave gemido de placer.
— "Jamás he conocido a nadie tan maravilloso como tú" —dijo él en voz baja.
Ella le sonrió de nuevo. Seiya la envolvió con los brazos y la apretó contra el calor de su cuerpo.
Serena se estremeció. Por alguna razón, se sentía como si hubiera llegado a casa después de una larga ausencia. Estar con ese hombre le hacía sentir que todo estaba bien.
Alzó la cabeza para ver si él sentía lo mismo. No pudo descubrirlo, pero el brillo de sus ojos la incendió.
Él inclinó la cabeza hacia sus labios, y ella le dio la bienvenida a su beso. Serena dejó escapar un gemido desde lo más profundo de su garganta cuando sus bocas se encontraron. Eso era lo que había estado deseando. Estar a solas con el hombre al que amaba y que él derramara un millar de besos sobre ella.
Con una osadía que la dejó pasmada, tomó sus labios entre los dientes y los succionó ligeramente. Quería devorar a ese hombre, sentir cada centímetro de su cuerpo contra ella una y otra vez, no dejarlo nunca.
A Seiya le daba vueltas la cabeza mientras saboreaba la dulzura de su boca. Serena se aferraba a su espalda con las manos, apretándole tanto contra ella que realmente temió hacerle daño.
En su inocencia, frotó los pechos contra su torso, logrando que estallara en llamas. Seiya gimió cuando se colgó de sus brazos y sus caderas rozaron su hinchado miembro.
— "Serena" —jadeó, intentando apartarla un poco. En cambio, se acercó más a él, besándolo de nuevo.
Con la voluntad hecha jirones por sus caricias, Seiya desterró todo pensamiento racional de su mente. Todo lo que podía pensar era en que sus sueños se estaban haciendo realidad. En el placer que le proporcionaba su fragancia, en la sensación de sus caderas frotándose contra esa parte de él que deseaba entregarle.
— "Hazme el amor, Seiya, toda la noche" —rogó Serena, enterrando las manos en su cabello.
Sintió las manos de él agarrando el dobladillo de su túnica y alzándolo para poder acariciar la carne desnuda de sus nalgas mientras la besaba con furia, con exigencia.
Ella se deleitó con sus caricias, sabiendo que jamás podría desear a otro hombre como deseaba a Seiya.
Nunca.
El éxtasis se propagaba de arriba abajo mientras deliciosos temblores sacudían su cuerpo. No estaba segura de qué la estremecía más: sentir su lengua acariciándole el cuello o aquellas fuertes manos tocando lugares que ningún otro hombre había tocado.
Seiya encerró su rostro entre las manos y la besó profundamente.
Serena cerró los ojos.
— "Aquí" —dijo él, y su voz fue como un ronco susurro en el oído—. "Tócame aquí" —tomó la mano de ella y la colocó sobre la protuberancia de sus calzones.
Ella abrió los ojos de par en par al sentirlo pulsante bajo su palma. Su primer instinto fue retirar la mano, pero contemplar el enorme placer que reflejaba su rostro fue una especie de acicate para seguir adelante. Deslizó la mano hasta la cintura de las calzas y la hundió entre los rizos que había entre sus piernas para tocar su carne con la mano.
El cuerpo entero de Seiya se estremeció. Serena sonrió con satisfacción al comprobar el poder que tenía sobre ese hombre que aseguraba no necesitar a nadie.
Entonces, Seiya la echó sobre el duro suelo y le quitó la túnica. Expuesta a su mirada, tembló de incertidumbre. Notaba que se estaba ruborizando a medida que él la recorría con la mirada.
— "Mi Serena" —susurró—. "Quiero verte, tocarte… pero mi mayor deseo es saborearte."
Inclinó la cabeza sobre su pecho. Serena arqueó la espalda al sentir su lengua jugueteando con el endurecido pezón. Gimiendo, agarró su cabeza entre las manos para acercarlo aún más, dejando que su cálido aliento le abrasara la piel.
Seiya deslizó la mano hacia abajo, desde el vientre hasta la cadera. Todo el cuerpo de Serena se retorcía por la necesidad, desgarrado por esa especie de bendita agonía.
Y, entonces, él recorrió el muslo con la mano, llegando hasta el mismo centro de su ser. Serena jadeó en el momento en que el éxtasis la atravesaba, cuando los dedos de Seiya comenzaron a frotar los suaves pliegues de su cuerpo.
Seiya dejó escapar un gruñido, separándose ligeramente para mirarla. La acariciaba con los dedos una y otra vez, estimulándola con la promesa de más placer, y retirándolos cuando se acercaba al final.
Serena gimoteó de frustración cuando él se puso en pie para quitarse las calzas.
Seiya le tendió una mano. Serena la tomó y le permitió que la ayudase a levantarse. Él la condujo al borde de la cama.
— "¿Qué estás haciendo?" —preguntó Serena.
Seiya emitió un sonido profundo y gutural que la excitó.
— "No has leído tu libro últimamente, ¿eh?" —bromeó, dándole un beso en la nuca.
Serena se estremeció.
Seiya estaba de pie detrás de ella. La inclinó contra su pecho y deslizó las manos sobre sus pechos, pasando por la cintura hasta llegar a las caderas.
Serena arqueó la espalda contra él, y extendió las manos sobre su cabeza para enredar los dedos en el cabello de Seiya.
Él envolvió un brazo alrededor de su cintura, y bajó la mano hasta la unión de sus muslos. Serena gimió de placer.
— "Eso es" —murmuró él contra su cuello—. "Apoya tu peso en mí."
Ella lo hizo, y Seiya empezó a besar sus hombros. Serena podía sentir la punta de su pene apretándose contra sus nalgas.
Seiya aspiró bruscamente entre los dientes e inclinó la cabeza. Sus dedos volvieron hasta el sexo de Serena, torturándola con sus caricias. Ella no podía soportarlo más. Se retorció entre sus brazos mientras los dedos se deslizaban dentro y fuera de ella, intensificando el placer.
Mientras la presión aumentaba en su interior, Seiya separó un poco más sus muslos y se hundió dentro de ella.
Serena gritó de placer, bajando las caderas para introducirle aún más en su interior.
Seiya cerró los ojos, saboreando sus jadeos mientras se enterraba en ella hasta el fondo. Jamás había sentido nada tan increíble como la firmeza de su calor rodeándolo mientras se movía en su interior.
Que el cielo perdonara lo que estaba haciendo. Pero aquello era lo que siempre había deseado en su vida. Alguien que pudiera aceptarlo.
Ella era una parte de él que ni siquiera sabía que le faltaba hasta que no apareció en su vida, sujetando aquella maldita gallina colorada en las manos.
Serena apretó los dientes mientras aquella exquisita tortura deshacía su cuerpo. El mundo giraba enloquecido a su alrededor mientras él se introducía en ella una y otra vez, cada vez más profundamente. Era increíble sentirlo detrás de ella, dentro de ella.
Sus dedos aumentaron el ritmo de las caricias para emparejarlo al de las embestidas de sus caderas. El cuerpo de Serena pareció cobrar vida propia para ir a su encuentro, embestida tras embestida, aumentando la sensación de placer hasta que creyó que ya no podría soportarlo más.
Y entonces estalló en un millón de descargas de auténtico éxtasis. Gritó cuando el placer, más intenso de lo que jamás habría creído posible, se abrió paso en su interior. Se aferró con fuerza a los cabellos del hombre mientras su cuerpo se deshacía ante las caricias que él le prodigaba.
Seiya cerró los ojos cuando la sintió estremecerse entre sus brazos, y entonces la inundó con su propio orgasmo.
Satisfecho hasta unos niveles que jamás pensó que existieran, Seiya se dejó caer sobre sus rodillas.
Serena se dio la vuelta lentamente. Una fina capa de sudor cubría el cuerpo de Seiya, y éste la contemplaba asombrado. Sonriendo, ella se arrodilló a su lado y colocó los labios contra los de él.
El beso de Seiya fue profundo y posesivo, acariciándola con los labios.
— "Eres increíble, milady."
Ella le pasó una mano por la frente, apartándole el pelo mientras estudiaba atentamente sus ojos, en los que brillaban distintos tonos de azul.
— "No tenía ni idea de que pudiera ser así" —dijo, asombrada.
— "Yo tampoco."
Él estiró la mano para tomar su túnica y quitarse el sudor de la cara antes de acercarse a ella de nuevo.
Seiya se sentó en el suelo con las piernas cruzadas y la atrajo hasta su regazo. Serena se mordió el labio cuando él cogió sus piernas y las colocó alrededor de su cintura, apretándola con fuerza contra su cuerpo. Se estremeció al sentir los duros músculos de su abdomen rozando la carne sensible entre sus piernas. Sonriendo, retiró una vez más el oscuro cabello de sus ojos y le dio un beso en la mejilla.
Seiya enterró el rostro en su cuello, provocando oleadas de escalofríos que la recorrieron de arriba abajo. Empujándola levemente hacia atrás, jugueteó con el collar. Serena gimió cuando él tomó la esmeralda en forma de lágrima y rozó los pechos con los nudillos. Seiya le dedicó una ardiente mirada antes de tomar un pecho entre sus dientes.
Serena jadeó de placer y se inclinó hacia atrás. Seiya la apoyó suavemente contra el suelo, con las nalgas todavía descansando sobre su regazo.
— "¿Sabes?" —dijo él, mirándola fijamente—. "Te deseé desde el primer momento en que te vi con esa gallina."
— "¿De verdad?"
— "Sí" —afirmó, acariciándola entre las piernas suavemente con el pulgar—. "Todavía puedo verte allí, atormentando a ese pobre hombre. "
Ella gimió, retorciéndose de nuevo bajo sus caricias.
— "Ese pobre hombre estaba haciéndome proposiciones deshonestas, Señor Caballero."
Por la expresión de su rostro, Serena pudo deducir que a Seiya no se le había ocurrido esa explicación. Detuvo un instante su atormentador asalto.
— "¿Cómo que proposiciones deshonestas?"
Serena frunció el entrecejo.
— "No te enfades, Seiya. Si no hubiese sido por los ineptos intentos de Rubeus, no te habría valorado como mereces."
Su expresión se suavizó y volvió a prodigarle de nuevo sus cuidadosas atenciones.
Serena apenas podía pensar cuando él la tocaba. Había algo mágico en sus caricias. Eran a la vez fuertes y delicadas, y le resultaba asombroso que él pudiese ser tan generoso.
Los ojos del hombre se oscurecieron de nuevo y ella sintió que se ponía duro una vez más.
— "¿Pero es que nunca te quedas satisfecho?" —preguntó asombrada.
Arqueó una ceja en un gesto interrogativo y él, entonces, hizo la cosa más inesperada de todas.
Soltó una carcajada.
Aturdida, Serena se incorporó cuando aquel melodioso sonido invadió sus oídos.
— "¿Seiya?"
Él sacudió la cabeza.
— "No puedo evitarlo" —susurró—. "Me haces muy feliz, Serena."
Y entonces Seiya alzó las caderas de ella y la llenó con su cuerpo.
Ella gimió al sentirlo duro y caliente dentro de ella de nuevo. Mordiéndose el labio, se alzó y descendió sobre él.
Seiya siseó y sujetó con más fuerza su cintura. Ella abrió los ojos para observar la mirada hambrienta de él.
— "Soy tuyo, milady. Haz conmigo lo que quieras."
Y ella lo hizo. Una y otra vez, hasta que, el algún momento de la madrugada, se dio cuenta de que estaba agotada.
Seiya la tomó en brazos y la colocó sobre la cama. Serena se durmió casi antes de que él la arropara con las mantas.
El hombre se maravilló ante el hecho de que pudiera dormir tan profundamente. No podía recordar un momento de su vida en el que se sintiese tan feliz como cuando ella se acurrucó a su lado.
Vendería su alma para impedir que llegara el alba. Para poder abrazarla siempre de aquella forma. Pero él, mejor que ningún otro hombre, sabía lo inútiles que eran los sueños y los deseos.
La mañana llegaría.
Y, al final, la verdad saldría a la luz, y tendría que enfrentarse a la ira de Artemis.
S&S
Algunas horas más tarde, Seiya observó la salida del sol a través de la ventana abierta. Los pájaros empezaron a trinar, y escuchó a los sirvientes yendo y viniendo, haciéndose cargo de sus quehaceres más abajo, en el salón.
Serena susurró en sueños algo sobre dragones y rosas.
Sonriendo al escuchar su voz melosa, sintió que su cuerpo se endurecía de nuevo.
Hizo un movimiento negativo con la cabeza, atónito por el hecho de desearla aun después de la noche que habían compartido.
Pero la deseaba, no había duda.
Retirándole el pelo del hombro, depositó un tierno beso sobre su piel mientras le cubría un pecho con la mano. Ella yacía de lado, de espaldas a él. Seiya bajó las sábanas, alzando la pierna izquierda de ella ligeramente para poder tener un mejor acceso.
Con el cuerpo en llamas, se introdujo en el paraíso que era el cuerpo de ella.
Serena se despertó en el instante en que sintió la calidez del miembro de Seiya llenándola de nuevo. Con un gemido de placer, se arqueó contra él.
— "¿Qué estás haciendo?" —le preguntó.
Él la rodeó con la mano para acariciar suavemente su pecho, mientras se inclinaba para susurrarle al oído:
— "Posición número setenta y tres." 2
— "¿Y cómo lo sabes?"
La risa de Seiya llenó sus oídos.
— "¿Que cómo lo sé? Esa postura no ha hecho más que perseguirme desde la noche que la vi en tus manos."
Su propia risa se le quedó atascada en la garganta cuando Seiya bajó la mano desde su pecho para deslizar los dedos en la humedad de su sexo. Sus atormentadores dedos avivaron el fuego de su cuerpo mientras su miembro se introducía, cada vez más profundamente, en su interior.
No podía pensar en nada que no fuera en el cuerpo caliente de él detrás de ella, mientras su mano se movía a la par que sus embestidas.
Y cuando llegó el orgasmo, casi acaba con ella. El placer fue increíble. Con tres fuertes embestidas más, Seiya se reunió con ella en el paraíso.
Él era suyo y ella era de él. Serena sonrió al pensarlo. Su unión no se limitaba a sus cuerpos, si no que se extendía a sus almas y sus corazones.
Estaban unidos para siempre.
Abrumada por el amor que sentía, se volvió hacia él.
Seiya depositó un dulce beso sobre la punta de su nariz y la contempló fijamente, maravillado. No tenía ninguna intención de salir de la cama en todo el día. Ni siquiera un momento.
Una suave brisa agitó el dosel borgoña de la cama, seguida por un ruido inesperado.
Al principio, creyó que se lo estaba imaginando, pero a medida que pasaban los minutos, el sonido se acercó y se hizo mucho más claro. ¿Un ejército? Seiya frunció el ceño y salió disparado de la cama.
— "¿Seiya?" —preguntó Serena, sentándose y sujetando las mantas contra su pecho—. "¿Qué pasa?"
— "Alguien avanza hacia Ravenswood" —dijo mientras forcejeaba para ponerse la ropa.
— "¿Qué?" —preguntó ella, incrédula—. "¿Estás seguro?"
Seiya recogió su espada y la colocó en la correa que llevaba a la cintura.
—" ¿Después de tantas campañas en las que he participado? Sí. Conozco ese sonido demasiado bien."
Serena lo miró mientras él abandonaba la habitación. Entonces escuchó también el ruido de caballos acercándose. Saltando de la cama, se puso la ropa a toda prisa para reunirse con Seiya en el parapeto.
Al principio, Serena creyó estar soñando cuando vio el estandarte amarillo y blanco de su padre aproximándose.
Pero no era cosa de su imaginación: su padre detuvo su ejército al lado de las murallas de Seiya.
— "¿Qué significa esto, Kenji?" —gritó Seiya, una vez que su padre estaba lo suficientemente cerca como para oírle.
— "¡He venido a buscar a mi hija, maldito bastardo!"
Serena se quedó helada.
— "No puede haberse enterado, ¿verdad?" —le preguntó a Seiya.
— "No" —respondió él, y entonces le gritó a su padre—. "Ella está bajo mi custodia. No tienes ningún derecho a venir aquí y llevártela. "
— "No, después de lo que pasó anoche, ya no lo está. Ahora envíala fuera o derribaré las murallas para sacarla."
Serena se quedó boquiabierta al escuchar aquellas palabras. ¡Su padre lo sabía! ¿Pero cómo?
Seiya colocó una mano sobre su brazo para sostenerla.
— "¿Padre?" —dijo ella—. "¿Por qué habéis venido a buscarme?"
— "Él hizo una incursión anoche en Keswyk. Ya me he encargado de avisar a Artemis, y vendrás conmigo ahora mismo o echaré abajo estas murallas. Liberala, Ravenswood, y hablaré en tu favor ante Artemis."
Serena frunció el ceño.
— "Tú no hiciste ninguna incursión anoche."
Él le dirigió una mirada llena de diversión.
— "Te aseguro que sé perfectamente dónde pasé la noche, Serena, pero si le decimos a tu padre dónde estaba, él querrá arrasar algo más que mis murallas."
Seiya tenía razón. Y se le hizo un nudo en la garganta sólo de pensar que su padre descubriera alguna vez lo que habían hecho.
— "¡Te equivocas, padre"! —gritó ella, esperando que él entrara en razones.
Seiya la agarró.
— "¿Qué crees que estás haciendo?"
— "Voy a decirle que tú no pudiste hacerlo."
— "¿De verdad crees que él te escuchará?"
— "Mmmm… no" —dijo al fin—. "No escuchará a nadie"
—"¡Prepara las defensas!" —gritó Seiya a sus hombres—. "Que los hombres se coloquen en las murallas y…"
— "No" —dijo ella, sujetando su brazo—. "Es mi padre contra el que quieres luchar."
— "¿Pretendes que le entregue mi castillo?" —preguntó él, con una expresión dura y una firme determinación en los ojos.
Frustrada, aturdida y aterrorizada más allá de todo pensamiento, ella le replicó sarcásticamente:
— "Hmm, déjame pensar... Entregar tu castillo a mi padre o matarlo… Creo que mi respuesta es sí, ¡entrega el castillo!"
— "No" —replicó con furia—. "Yo mantengo Ravenswood en el nombre de Artemis, rey de Inglaterra, y no abriré mis puertas para rendirme a un hombre en el que Artemis no confía en absoluto."
Escuchó cómo su padre les decía a sus hombres que se prepararan para la batalla. Serena se estremeció de miedo. ¿Qué debería hacer? ¿Qué podía hacer?
Seiya le quitó un arco a uno de sus hombres y preparó la flecha. Mientras comprobaba la tensión de la cuerda, vislumbró el rostro ceniciento de Serena.
Con los ojos abiertos de par en par por el pánico, ella contemplaba a su padre, y Seiya pudo ver el amor que sentía por su sire reflejado en sus ojos.
Bajó el arco y miró a Kenji. El hombre sabía que no tenía ninguna oportunidad. Nadie había conseguido jamás apoderarse de Ravenswood, y nadie lo haría.
Pero por amor a su hija, Kenji enfrentaba a sus hombres a una muerte segura.
Su propio padre lo habría arrojado desde las almenas para protegerse contra un ejército. Fujitaka jamás se habría sacrificado para poner a salvo a su hijo.
Seiya levantó el arco de nuevo y apuntó directamente al corazón de Kenji. Podría acabar con aquello de una vez por todas con un único disparo. Kenji era demasiado necio para ocultarse siquiera, y Seiya tenía una vista perfecta de su sobreveste amarilla.
Todo lo que tenía que hacer era dejar que la flecha volara y…
¡Hazlo!
Pudo escuchar la voz de su padre en su cabeza, como cada vez que se enfrentaba a un enemigo.
Dale a un hombre la oportunidad y él se colocará a tus espaldas, con la espada en alto, y te atravesará con ella. Mata siempre antes de que tengan la ocasión de golpear primero.
Seiya tiró de la flecha hacia atrás.
Un disparo y todo acabaría.
Un disparo y ella sería suya para siempre.
Apuntando, Seiya dejó escapar la flecha, y, como pretendía, ésta voló muy lejos de su objetivo.
No podía hacerlo.
Bueno o malo, con o sin razón, Kenji era su padre. Y ella lo amaba.
— "Serena" —le dijo Seiya con tono inexpresivo y el cuerpo en tensión—. "Te doy la oportunidad de elegir. Puedes quedarte conmigo, y yo te protegeré, o puedes regresar con tu padre."
Ella parpadeó, como si no diese crédito a sus palabras.
Seiya se acercó a ella, con el cuerpo entumecido por el miedo a lo que decidiera.
— "Si me dejas ahora, quiero que entiendas que tu padre jamás te permitirá regresar aquí. Te habré perdido para siempre. Pero la elección es tuya. La dejo en tus manos."
Serena no podía creer lo que escuchaban sus oídos mientras contemplaba el rostro inexpresivo de Seiya.
¿La dejaba marchar?
¿Dejaba la elección en sus manos?
En ese momento, se dio cuenta de lo mucho que lo amaba. Había muy pocos hombres, si es que había alguno, que permitiesen a una mujer tener algo que decir a cerca de su vida o su bienestar.
Él era su custodio, y tenía plena soberanía sobre ella. Aun así, dejaba la elección completamente en sus manos.
Ella estiró la mano para acariciar su mejilla. Sintió cómo ésta se contraía bajo su palma mientras él la miraba fijamente con aquellos gélidos ojos azules, aguardando su respuesta.
Odiaba tener que tomar esa decisión, pero sabía que era lo único que podía hacer.
— "Sabes que debo irme con él."
La agonía que vio en sus ojos casi la mata, pero su rostro no mostró emoción alguna.
— "Seiya, escucha…"
Él se hizo a un lado para evitar que lo tocara y se apartó de ella.
— "¡Lárgate!" —gritó.
— "Pero Seiya, escúchame, yo…"
— "Touya" —dijo, alejándose de ella—. "Llévatela de las murallas y escóltala hasta el puente."
— "Sí, milord."
Ella forcejeó para librarse de Touya, que sujetaba su brazo.
— "¡Seiya!" —le gritó, pero él no se detuvo, ni se dio la vuelta.
Touya no aminoró el paso mientras la arrastraba por las escaleras. Desesperada, intentó liberarse, pero fue inútil.
— "Kenji" —escuchó gritar a Seiya—. "Deten tu ataque. Tu hija regresa contigo."
Contra su voluntad, Serena se vio forzada a atravesar la pequeña puerta que se encontraba junto a la puerta principal de Ravenswood.
Se giró para abrir la puerta de nuevo, pero habían echado el cerrojo justo después de echarla fuera.
— "¡Seiya!" —gritó desesperadamente, golpeando con todas sus fuerzas la madera de la puerta hasta que sintió que le dolían los brazos.
Pero era demasiado tarde. Finalmente, él había conseguido expulsarla de su vida.
Serena se dejó caer de rodillas al suelo y lloró junto a la puerta, deseando disponer al menos de cinco minutos para poder explicárselo todo.
— "¡Maldito estúpido testarudo!" —sollozó—. "¿Cómo has podido hacerme esto?"
S&S
— "¿Cómo has podido hacerme esto?" —susurró Seiya mientras observaba a Kenji acercándose a su puerta para recoger a su hija.
El vacío de su pecho se multiplicó por diez al verla montar en su caballo y alejarse.
No miró atrás ni una sola vez.
Seiya se quedó de pie en la muralla hasta que no quedó rastro de ella. Se había ido.
Con el corazón destrozado, se arrancó el estúpido broche que sujetaba su capa y lo apretó con fuerza en el puño. La ira y el dolor hacían pedazos su alma, y echó el brazo hacia atrás para arrojar lejos el objeto.
— "Pensé que tu necesitarías más un recuerdo alegre de la feria que yo."
Aquellas palabras resonaron en su mente.
Apretó aún con más fuerza el broche, clavando el alfiler tan profundamente en la palma que empezó a sangrar.
— "¡Maldita seas!" —juró en voz baja—. "Desearía no haberte conocido jamás."
Le había enseñado a amar cuando él se creía incapaz de hacerlo. Le había dado alas para volar, y en un momento, se las había arrancado de los hombros y lo había enviado de vuelta al infierno.
Sólo que esta vez él conocía el rostro y el nombre del paraíso, y, en comparación, el infierno resultaba infinitamente más doloroso.
Con un nudo en el pecho, giró sobre sus talones y volvió lentamente hacia la torre.
— "Darien" —dijo en cuanto entró en el salón—. "Dile a la doncella de la señora que recoja todas sus cosas y envíalas a Warwick inmediatamente."
—"Sí, milord."
Aflojando el puño, se arrancó el broche de la mano llena de sangre y se lo entregó a Darien.
— "Y encárgate de que también se lleve eso."
Darien frunció el ceño al ver la sangre.
— "Sí, milord" —dijo trémulamente.
Yaten entró en el salón justo detrás de él.
— "¿Seiya?"
— "Déjame en paz."
— "Pero…"
— "¡Déjame en paz!" —gritó, avanzando furioso hacia Yaten.
Yaten apretó la mandíbula con fuerza, se giró e hizo lo que su hermano le ordenaba.
Mientras Seiya volvía a su cuarto, habría jurado que aún podía escuchar el eco de las risas de Serena en las escaleras del torreón. Que aún podía oler el aroma de madreselva de su cabello.
Le dio un puñetazo a la pared, dejando un rastro de sangre procedente de la herida que el broche le había hecho en la palma.
— "Te expulsaré de mis pensamientos" —siseó—. "Será como si nunca hubieras existido."
Pero en el momento en que pronunció las palabras, supo que jamás sería capaz de hacerlo. Ella había conseguido meterse bajo su piel, y nunca volvería a ser el mismo.
¡Hola!
Posición numero setenta y tres, si me lo preguntan, si, se las recomiendo. XD
"Has conmigo lo que quieras"- ¡Lo que daría yo para que me digan eso! Dios!!
Pobre mi amado Seiya… ¿Quién mas se ofrece para consolarlo?
maring: Como veras, acertaste. Era muy lindo para que durara tanto XD. Pobrecitos, ambos. La historia ya está por culminar asique no va a durar tanto el drama. Te veo en el próximo!
sailor lady: ¡Hola! Parece como que Seiya no va a tener ni la menor oportunidad de pedir la mano de Serena. Todo está mal ya que alguien estuvo atacando ambos bandos con el nombre del otro. Evidentemente ni Seiya ni Kenji tiene algo que ver. Solo hay que esperar. Te veo en el próximo.
chikita22bkou: Vos te quejas de tu primera vez con lo que te hiciste en la espalda? Jajaja, yo de solo acordarme de tu foto me duele a mi jajaja. Te veo más tarde en msn!
Katabrecteri: Muchas cometen el mismo error, todas creen que Artemis perdona con facilidad. En eso tiempos el rey era la máxima autoridad y no se podía desobedecer así como así, porque significaba un signo de debilidad. Solo habrá que esperar porque tarde o temprano va a llegar a oídos del rey que Serena ya no es casta. Te veo después en el msn!
Love-Sesshy-kun: Cada vez que leo tu review me agarra un ataque de risa, no caben dudas que todas terminamos cachondas después de leer esto jajaja ¡Necesito un novio que me apague las llamas! Cumplí y estoy actualizando rápido, estoy haciendo bien los deberes XD. Te veo en el siguiente.
princserekou: ¡Hola! Me temo decirte que Artemis no es tan dulce como el que estamos acostumbradas a ver. En esa época el honor y la autoridad no se perdonaban con facilidad; Se llegaba a matar por traición, no tenían mucho en cuenta el amor o los motivos que pudieron haber tenido entonces. Solo hay que esperar para ver qué pasa. Te veo en el siguiente.
veronick: Vero! Mmm, al parecer se complico todo. Parece que están lejos de poder casarse y más ahora que Seiya está furioso, por no decir herido, por Serena. Te veo en el siguiente.
Indo K.: Hay veces que es mejor no decir nada jajaja. Bueno, las cosas se complican. Ya falta muy poco para que termine, solo hay que esperar.
Megami-Magic: No te preocupes, todas somos unas degeneradas acá XD. Falta muy poco para que termine, solo hay que esperar. Te veo en el siguiente!
KagomeHb: Hey! Tenés razón, Artemis no se va a tomar muy bien el asunto de que Serena le haya entregado su virginidad a Seiya, ni decir de Kenji, pero bueno, esa es la trama jajaja. Espero verte en el siguiente capítulo, ya entramos en los momentos culminantes!
Sol. Kaory: Menos mal que seguí tu consejo, les gusto a todas! Pero lo bueno dura poco, parece. Ya en los siguientes capítulos se va a ver como evoluciona todo. Te quiero!
Nova Moebius: Jajaja, yo había avisado que era medio fuerte! Pero como la manga de pervertidas que somos, no seguimos las advertencias XD. Entiendo tus sentimientos encontrados sobre que la historia termine o no, pero te aseguro de que te va a encantar. Es gracias a esta autora que es una genia, te la recomiendo mucho. Te espero en el siguiente capítulo!
odango tsukino: En esta historia todo es al revés. En lugar de ser Serena quien se haga la difícil, es Seiya. Espero que te guste. Te veo en el siguiente capítulo!
Serenalucy: Todas queremos una noche con Seiya! Podríamos proponerle una propuesta indecente jajaja. Espero que te guste este capítulo, te veo en el siguiente!
tSuKi Ai KoU: Hola desaparecida! Que has hecho? Muchísimo tiempo sin tener noticias tuyas! Espero que actualices todas tus historias, sobre todo "Mi amada princesa" yo me inspiré en "Desde que te vi" justamente por esa, creo que ya te lo había dicho. Me alegro que estés de vuelta. Te veo en el siguiente!
drixx: Me encanto tu review! Jajaja. Serena- suertuda, que suerte tuvo. Yo quiero uno así, ¿Dónde se compra uno? ¡¿Por qué solo me encuentro a los idiotas!? Mierda, siempre me toca lo peor jajajaja. Todo se está complicando, pero bueno, habrá que esperar. Pero no mucho porque esto ya casi termina, creo que le faltan como unos tres capitulo y ya está. Te veo en el siguiente.
LOYDA ASTRID: Que no decaigan esos animos! Donde estas que no te puedo encontrar? Estas desaparecida en el que vos no me haría muchas ilusiones con que Artemis perdone a Seiya… pero mejor lo dejo a la imaginación. Yo nunca dije que la historia tuviera final feliz XD. Te espero en el siguiente capitulo!
Musaga KoUsagi: Seiya dio rienda suelta y libero todos sus miedos y preocupaciones, pero, porque siempre hay un pero, eso le va a costar caro. Ya veremos jejeje. Te veo en el siguiente capitulo!
Gracias a todas!
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