Autor Original: YenGirl

ID: 1441036

Los 20 primeros capítulos están ya traducidos pero por algunos motivos tuvo que dejar de traducirlo y, después de hablar con ella y con la autora original, ambas me han dado permiso para continuar con los 10 capitulos que quedan y así dejar acabada la historia.

Por ello, esos 20 capitulos llevarán esta pequeña explicación con los siguientes datos:

Traductora: VaneCaos

ID: 1641450

Y sí, he subido los 20 capítulos a la vez y os preguntaréis, ¿por qué? Simplemente por el hecho de que ya están subidos y no voy a subir los 20 de uno en uno cada semana cuando ya están todos colgados. Es un poco tonto. Los 10 últimos si irán semanales pero estos mejor ponerlos todos a la vez~

Dicho eso, nada más que añadir~

¡Que lo disfrutéis~!

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14. Ven a perdonar conmigo

Kaname permanecía estirado boca abajo en su gran cama, con las piernas abiertas entre las sábanas arrugadas. Aunque ya era de noche, no se había preocupado por abrir las gruesas cortinas que cubrían sus ventanas. Lentamente, se dio la vuelta sobre la espalda y se quedó mirando el techo con un suave suspiro de desesperanza. Habían transcurrido tres noches desde que había mordido a Zero y, sin haber comido nada desde entonces, se sentía apático y letárgico. Sólo se arrastraba fuera de la cama de vez en cuando para disolver una tableta de sangre en agua.

Takuma le había traído una nueva caja de tabletas la noche anterior y Kaname le había ordenado dejarla justo en el lado interior de la puerta antes de abandonar inmediatamente sus habitaciones. Sabía que Takuma detestaba marchase sin haber tenido oportunidad al menos de verle, pero no quería que nadie lo hiciera. No así. No cuando aún se sentía tan deprimido, carcomido por la culpa y desesperado.

Que un purasangre mostrara debilidad o, peor aún, lágrimas, era imperdonable, pero Kaname había sucumbido a ambas aquella noche, después de volver a sus habitaciones dando tumbos, con la chaqueta del uniforme manchada con la sangre de Zero y rajas en las largas mangas, cortesía de los desesperados intentos del prefecto por liberarse. Después de haber llorado en el diván, se había obligado a levantarse para trastabillar hasta el baño, con la necesidad de castigarse a sí mismo sobreponiéndose a su habitual calma razonada y fría. Tenía que hacer algo o creía que acabaría volviéndose loco...

Kaname se había despojado del uniforme estropeado con movimientos bruscos antes de meterse en la ducha; casi había empezado a acuchillarse a sí mismo con las garras mientras estaba en el diván, pero no podía dejar que los nobles olieran su sangre, aunque fuera muy probable que hubieran olido la de Zero. No, era más seguro hacerlo en la intimidad de su propio baño...

Había abierto el grifo de agua fría a toda potencia, dejando que el chorro helado cayera con la fuerza de agujas sobre su cuerpo desnudo mientras se arrodillaba en el frío suelo y empezaba a desgarrarse: los hombros, el pecho, los brazos, los muslos. Una y otra vez, sin cesar, mientras sollozaba silenciosamente... dejando que el chorro le diera punzadas en unas heridas que se cerraban rápidamente y que el agua se llevara tanto su sangre pura como sus lágrimas.

Zero había intentando alejarse de él... Zero le había apuntado con la Bloody Rose... Zero le había gritado... Zero le odiaba y no quería volver a verle.

Kaname permaneció arrodillado durante horas en la ducha, acosado por sus acciones y por la imagen de los ojos arrasados de lágrimas y de dolor de Zero. El purasangre lloró hasta que no le quedaron más lágrimas por derramar antes de salir por fin de la ducha. Para entonces, estaba temblando, helado, y le dolían los brazos por el esfuerzo de desgarrarse continuamente. Pero, a pesar de sus continuos abusos, su piel había sanado y parecía tan perfecta como siempre. No había cicatrices en la pálida superficie que indicaran lo que se había hecho, pero Kaname sabía la verdad. No era perfecto ni impoluto en el interior. Si lo fuera... tembló con fuerza. Si lo fuera habría tenido más autocontrol y no habría forzado a Zero como lo había hecho, mordiéndole el labio y luego acosándolo para hundir sus colmillos de forma tan dolorosamente profunda en aquel hermoso cuello tierno...

Alcanzó la toalla con la mano temblorosa. Ahora no merecía la sangre de nadie, sólo las tabletas... Las tabletas y nada más. Se secó y se puso uno de sus pijamas de seda negra para disolver dos pastillas en un vaso de agua. Por una vez, sus papilas gustativas a penas notaron el regusto amargo. Kaname no tenía ganas de comer nada, así que no lo hizo. No tenía ganas de dormir y no durmió. Durante todas las horas de aquella soledad autoimpuesta, permaneció encogido en la cama, ignorando los insistentes golpecitos de Takuma en su puerta y su voz preocupada, igual que había ignorado la presencia de los demás nobles que percibía al otro lado de la puerta. Kaname se había limitado a perder la vista en la oscuridad, deseando poder retroceder en el tiempo y volver a empezar aquel beso de nuevo.

Habría sido más cuidadoso...

Se habría controlado más...

Habría recordado lo que le había prometido a Zero cuando había visto el miedo en aquellos hermosos y sinceros ojos amatista en la galería de arte. Pero no lo había hecho y, justamente por ello, Zero le odiaba y no quería volver a verle nunca más. Kaname sabía que se estaba portando de forma despreciablemente débil pero, a pesar de decirse que era un idiota, seguía arrastrándose hasta la ventana durante cada cambio de clases para espiar desde detrás de las cortinas y consolarse con la visión de Zero, esperando detrás de las verjas. El prefecto parecía más hundido que de costumbre y no hablaba con nadie. Ni con los nobles que pasaban al lado suyo, ni con las chicas de la Clase Diurna que daban gritos, ni siquiera con Yuuki.

Kaname sabía que su forma de actuar tenía preocupados a los demás habitantes de la Residencia Luna. Podía percibir a Takuma y a los demás nobles pululando fuera de sus habitaciones en cuanto se acababan las clases. Al menos uno o dos permanecían siempre detrás de su puerta, incluso de día, como si estuvieran haciendo turnos para protegerle. Había jugado ociosamente con la idea de decirles que le dejaran a solas, pero sabía que seguirían haciendo lo mismo y había desistido.

Durante la tercera tarde, durante el cambio de clases hacía un par de horas, Kaname vio por fin que Zero se giraba para mirar en su dirección. Aunque sabía que no podía verle espiando desde detrás de las cortinas, el purasangre se quedó sin aliento. Zero parecía tan miserable como él, como si estuviera deseando ver a alguien. En aquel momento, el corazón de Kaname se le atravesó en la garganta mientras aferraba con más fuerza la pesada tela de las cortinas. ¿Podría significar que Zero ya no estaba enfadado con él? ¿Podría significar que estaba dispuesto a escuchar sus disculpas y, quizás, a perdonarle?

Pero el prefecto se había marchado justo después, incluso alejándose de Yuuki, y Kaname cerró los ojos, sumido en la desesperación. ¿Seguramente, Zero debía estar preguntándose por qué se había ausentado de clase durante tres noches seguidas? ¿Seguramente, debía haber deducido que se había encerrado en su habitación, sufriendo por su error? Pero no, el prefecto se había ido y una única lágrima caliente se escapó de uno de los ojos firmemente cerrados de Kaname.

Lo siento tanto, tanto, Zero. Por favor, dame otra oportunidad. Prometo que no la echaré a perder esta vez. Lo prometo...

Pero no había nadie para contestarle. Kaname sacudió levemente la cabeza, sin esperanza alguna, y volvió a la cama, acostándose y cerrando los ojos escocidos de nuevo.

-o-

Un par de horas después, alguien picó a su puerta, pero a penas se movió. Tenía que ser Takuma de nuevo, pensó el purasangre, ausente, sin molestarse en usar sus sentidos algo embotados para confirmar sus suposiciones. Sabía que el noble rubio era persistente, lo cual significaba que se preocupaba por él. Bien, al menos, alguien lo hacía. Tal como esperaba, quien fuera volvió a picar, algo más fuerte esta vez.

-¿Kaname?

Durante un precioso segundo, el purasangre permaneció completamente rígido en la cama. Abrió los ojos de golpe y giró la cabeza hacia la puerta de la habitación, con el corazón acelerado, sabiendo que aquella no era la voz de Takuma. Aquella voz pertenecía a otra persona, la única a la que Kaname quería ver. ¿Pero cómo podía ser?

¿Zero? ¿Estás... estás aquí?

-o-

Zero picó suavemente en la puerta de Kaname, después de haber subido hasta lo alto de las escaleras. El corazón le martilleaba dolorosamente en el pecho mientras las furiosas palabras que le había gritado al purasangre aquella noche retumbaban en su cerebro, pero era demasiado tarde para echarse atrás. Miró a Takuma de reojo, de pie a su lado. El noble rubio asintió, animándole silenciosamente, y Zero inhaló con fuerza antes de volver a picar.

-¿Kaname?

Para ser sinceros, Zero no estaba demasiado seguro de qué respuesta esperaba. Quizás una regia orden impregnada de furia fría para que se marchara y le dejara solo. Quizás iba a experimentar un estallido de poder de purasangre que lo enviaría dando tumbos por las escaleras, o incluso un espeluznante silencio gélido por el modo en que había apuntado a Kaname con su arma. Pero, exactamente tres segundos después, la pesada puerta caoba se abrió de par en par y Kaname en persona apareció en el umbral, con una mano todavía en el picaporte y los ojos marrones abiertos de par en par con expresión de incredulidad.

-Zero, estás aquí...- murmuró Kaname, en trance, sin atreverse a creer del todo lo que sus ojos, oídos y olfato le estaban gritando al mismo tiempo. ¡Zero estaba allí, todavía con el uniforme y plantado justo detrás de su puerta!

Y justo cuando Kaname casi, casi se había convencido de que el cabezota del prefecto nunca volvería a poner un pie allí, ni a hablarle o volverle a verle jamás.

Los ojos de Zero se abrieron de pura conmoción y una punzada de dolor atravesó su corazón martilleante. Los ojos de Kaname brillaban casi enfebrecidos con lo que parecía alivio, pero su rostro estaba pálido y demacrado. Parecía exhausto y sus largos cabellos estaban revueltos, como si acabara de levantarse de la cama. La impresión de dejadez era todavía peor gracias a las arrugas de su pijama de seda negra.

En aquel momento, Zero finalmente entendió una cosa con todas las fibras de su ser. Ya lo había creído antes, pero no con una convicción tan profunda como ahora: la innegable verdad de que Kaname nunca le había tomado el pelo y que todo aquello nunca había sido un juego para el purasangre que tenía delante en aquel momento, con un aspecto desastroso. Esto era real. Lo que había entre ellos era real, al menos para Kaname. Zero tomó aire con una inhalación temblorosa, aliviado casi hasta el punto de las lágrimas. Era un estúpido por no haberse dado cuenta antes...

Kaname parpadeó, dándose cuenta por primera vez de que su aspecto estaba lejos de ser pulcro. Mierda... y se sentía justo así. Después de haber permanecido completamente inmóvil durante las últimas dos horas, el repentino salto de la cama hacia la puerta a velocidad vampírica le había dejado con una sensación de vértigo. Chispas de colores empezaron a bailar delante de sus ojos y sintió que se inclinaba hacia delante. Aquello era otra increíble demostración de debilidad, pero ya no le importaba. No le importaba cuán débil pudiera parecer delante de la única persona a la que dejaría percibir su vulnerabilidad.

-¡Kaname!

Zero dio dos rápidas zancadas dentro de la habitación, extendiendo los brazos para coger al purasangre en un gesto instintivo y fieramente protector, aspirando inconscientemente el olor del otro. Kaname, tembloroso y desequilibrado, tanto física como emocionalmente, se aferró a la única presencia sólida que quedaba en un mundo que giraba hasta el punto del mareo: los brazos fuertes de Zero. Dejó que el suave y querido aroma del prefecto le envolviera como un familiar manto cálido, haciéndole sentir aceptado, protegido y, lo que era más importante, perdonado. Apretó el rostro contra la tela negra que cubría el hombro de Zero, temblando con violencia. No creía que podría volver a notar los brazos de Zero a su alrededor otra vez...

Takuma seguía al lado de la puerta, contemplando la escena. Se había sentido inundado de alivio cuando Kaname había abierto la puerta, pero no podía evitar darse cuenta de lo exhausto que parecía su amigo, y el modo en que miraba a Zero, completamente cautivado. Estaba a punto de pasar a la acción al ver que Kaname se balanceaba hacia delante, pero Zero fue más rápido, y el abrazo que siguió dejó una sensación cálida en el corazón del viceencargado. Zero era la persona idónea para cuidar de Kaname en aquel momento.

Takuma sabía cuándo su presencia no era necesaria ni bienvenida, y nunca se inmiscuiría en la vida privada de Kaname más de lo necesario para ayudarle... pero la Bloody Rose seguía enfundada en el costado de Zero. Takuma había vislumbrado el arma cuando el prefecto había levantado los brazos para atrapar a Kaname y el gesto había abierto su chaqueta desabrochada.

Tras un largo y tembloroso momento, Zero recordó la presencia de Takuma y miró por encima del hombro, registrando la mirada de alivio mezclado con preocupación en los ojos verdes, y se preguntó si el noble era reticente a dejarle con un Kaname visiblemente debilitado. Pero no tendría por qué. El noble debía haberse dado cuenta de que él y Zero eran aliados, ¿no? Los dos estaban de parte de Kaname y sólo querían lo mejor para él.

-No... no tienes por qué preocuparte por Kaname. Yo me ocuparé de él.- susurró Zero, sonrojándose ante sus propias palabras y ante el hecho de que seguía con los brazos enlazados en torno al purasangre, sosteniéndolo.

Takuma sonrió con una pizca de vergüenza y la confianza desplazó la preocupación en su mirada.

-Sé que lo harás.- murmuró antes de darse la vuelta con decisión y bajar las escaleras.

Zero contempló su espalda durante un momento antes de dar un paso al frente, guiando a Kaname de vuelta a su habitación y dándole un empujón a la puerta con el zapato. Cuando se cerró, el purasangre levantó por fin la cabeza del hombro de su compañero.

-¿Era Takuma?- murmuró, sabiendo que debería sentirse mortificado por que uno de los nobles le hubiera visto en aquel estado, pero demasiado aliviado como para que realmente le importara en aquel momento, con los brazos de Zero a su alrededor.

-Ajá.- murmuró Zero-. Estaba preocupado por ti, todos lo están.- aquello parecía dar a entender que él no y cerró los ojos, sintiéndose culpable-. Yo... lo siento, Kaname. No lo sabía, pensé... -se interrumpió, ciñendo más al purasangre en su abrazo.

Pensé que estabas demasiado ocupado como para ni siquiera pensar en mí. Pensé que no te importaba.

Kaname negó rápidamente con la cabeza, avergonzado de que, a pesar de saber que todo el mundo había estado preocupado por el, había seguido escondido en sus habitaciones, autocompadeciéndose. ¿Dónde estaba su orgullo? Se separó de Zero, enderezándose e intentando parecer un poco menos vulnerable.

-Estoy bien.- aseguró al punto.

Zero retiró las manos, metiéndoselas en los bolsillos de los pantalones y frunciendo el ceño ante el súbito cambio de actitud.

-No pareces estar bien.- replicó secamente.

Kaname desvió la mirada.

-Lo estoy.- repitió.

El purasangre parecía decidido a demostrar que no le ocurría nada malo y Zero apretó los labios; así que no era el único cabezota por allí.

-Bien, en ese caso, me voy, ya que tú...

Kaname giró la cabeza al momento y abrió mucho los ojos, alarmado.

-¡No, no te vayas, Zero!- dio un paso rápido hacia delante y luego se llevó la mano a la frente, cerrando los ojos mientras se balanceaba ligeramente.

El prefecto apretó la mandíbula y cerró los puños, resistiendo el impulso de volver a abrazar a aquel tozudo purasangre. En lugar de eso, lo fulminó con la mirada.

-Ichijo dijo que no habías comido nada en tres días.- acusó.

Kaname retiró la mano de la cara y abrió los ojos, irritado y divertido al mismo tiempo.

-Oh, vaya, ¿eso dijo?

Zero asintió en silencio, con la misma expresión severa, y el purasangre suspiró.

-Entonces comeré algo, pero no te vayas, Zero. Todavía no.

El muchacho se lo quedó mirando con los brazos cruzados. Tenía deberes, pero no para entregar al día siguiente e, incluso si así fuera, podían esperar, aquello era mucho más urgente.

-Pues pide que te traigan algo de comer. Ahora.- ordenó, sin preocuparse por cómo le sonara aquello a Kaname.

El purasangre dudó y frunció los labios. Un momento después, se acercó al teléfono que había sobre su escritorio y pidió un desayuno para dos personas, para que se lo sirvieran tan pronto fuera posible. Colgó el teléfono y se giró a tiempo de ver que Zero le miraba con los ojos entrecerrados.

-No tenías que pedir nada para mí, Kaname. Estoy bien.

El purasangre sonrió levemente.

-Sería muy maleducado si comiera yo solo.- señaló en voz calmada mientras se apoyaba contra un lado del escritorio, esperando la respuesta de Zero.

El prefecto no dijo nada y acabaron mirándose el uno al otro, incómodamente conscientes de lo que había sucedido la última vez que habían estado juntos, cuando una promesa rota había acabado en palabras gritadas impulsivamente, sentimientos heridos y la confianza rota. Ambos hablaron a la vez.

-Zero, por favor...

-Kaname, yo...

Los dos se interrumpieron. Tanto Kaname como Zero querían decir algo. Ambos querían decir muchas cosas, y habían pronunciado las palabras incontables veces en sus mentes, pero, ahora que había llegado el momento, aquellas palabras se habían esfumado, dejándoles sin argumentos. Ambos querían hacer ver que aquella noche nunca había ocurrido, pero era algo que ni el purasangre ni el prefecto podrían olvidar.

Quizás Kaname se dio cuenta de que aquella no era la mejor ocasión de sacar el tema porque, al cabo de poco, negó con la cabeza.

-Zero, por favor, quédate un rato conmigo.- pidió.

El prefecto asintió con cautela, aliviado de que alguien rompiera aquel incómodo silencio. Se acercó hacia la mesa de café que había delante del diván y permaneció allí, con las manos de nuevo en los bolsillos, recorriendo la habitación con la mirada y evitando los ojos de Kaname.

El purasangre miró hacia su habitación, dudando entre cambiarse el pijama y abrazar a Zero como deseaba desesperadamente. Pero el prefecto parecía tenso e inseguro... y Kaname tenía la sensación de que ya no tenía derecho a abrazarle. Continuaron en aquel extraño silencio un minuto más antes de que alguien picara suavemente a la puerta.

-Kuran-sama, su desayuno está aquí.- anunció una voz femenina.

Kaname seguía contemplando a Zero y respondió con voz ausente.

-Gracias. Déjelo ahí.

-Sí, Kuran-sama.- el sonido de las suaves pisadas se perdió en la distancia.

Zero parpadeó y desvió la vista de la estantería, aliviado de tener algo que hacer, y caminó rápidamente hacia la puerta.

-Voy a buscar tu desayuno. Será mejor que comas algo antes de que te desmayes otra vez.

-No iba a desmayarme.- insistió Kaname enseguida, pero se sentó en el diván.

Zero abrió la puerta y echó un vistazo al pasillo desierto antes de empujar el carrito que habían dejado fuera. En la parte superior había dos cestitas adornadas con servilletas de lino, dos bandejas tapadas, un recipiente con mantequilla y otro con mermelada de fresa. Una de las cestitas contenía un surtido de pastas recién horneadas y la otra unas cuantas tostadas acabadas de hacer. En el estante inferior del carrito había dos teteras, tazas y bols, así como platos y cubertería de plata envuelta en servilletas blancas.

El joven enarcó una ceja ante la cara porcelana china pero no dijo nada mientras cerraba la puerta y acercaba el carrito a la mesa de café. Empezaba a sentir curiosidad por las bandejas cubiertas y algo de hambre, a pesar de todo, al oler el café de una de las teteras. Retiró la tapa de una de las bandejas sin molestarse en pedir permiso: tortillas humeantes, salchichas y tomates a la parrilla. En la otra bandeja había lonchas de jamón y queso intercaladas y presentadas en un círculo perfecto. Los ojos de Zero se abrieron como platos y la boca se le empezó a hacer agua ante aquella apetitosa visión.

Kaname sonrió débilmente al ver la reacción instintiva del otro y oyó el estómago del prefecto rugir como respuesta.

-Por favor, come conmigo, Zero. Ya sé que esto es un servicio de desayuno pero, si no te importa...- dejo la frase en el aire, vacilante, mientras el otro muchacho lo miraba con la misma expresión.

Era raro comer algo así a la hora de cenar pero, bueno, la verdad es que estaba hambriento.

-Muy bien.- accedió Zero, acercándose a la silla dispuesta al otro lado de la mesita.

Al ver su gesto, Kaname se movió rápidamente hacia un extremo del diván y palmeó el espacio justo al lado suyo en señal de invitación.

-Por favor, siéntate aquí.- pidió con suavidad, viendo que las mejillas de Zero se teñían súbitamente de rosa, dudaba y finalmente asentía.

El prefecto llevó todo lo que había en el carrito a la mesita de té antes de sentarse al lado de Kaname. El silencio incómodo se disipó un tanto cuando ambos empezaron a comer, esforzándose por no tocar al otro, hablando sólo cuando era necesario y limitando su escasa conversación a la comida y a la bebida que tenían delante. Kaname se sorprendió al darse cuenta de que tenía bastante hambre y se sirvió una de las tortillas y una tostada con jamón. Asintió en señal de agradecimiento cuando Zero le sirvió el té y añadió las dos cucharaditas de azúcar, tal como sabía que le gustaba al purasangre, antes de servirse él mismo algo de café.

En menos de media hora, los dos se habían pulido buena parte de la comida. Zero había comido más que Kaname, que se había contentado con una tostada, la tortilla y una pasta rellena de crema. Después de beber una segunda taza de té y de café cada uno, el purasangre se limpió los labios con una servilleta y se recostó en el diván, cuidando de mantener los ojos en el plato.

-Esto ha estado bien.- suspiró.

Zero asintió, girándose finalmente para observarle en silencio.

-¿Te sientes mejor ahora?- preguntó al final.

Kaname alzó la vista, bebiendo de la suave mirada en los ojos del otro, antes de asentir. Físicamente se sentía mejor, aunque seguía estando cansado. Mentalmente, estaba... exhausto.

-Parece que no hayas pegado ojo.- comentó Zero con calma, recorriendo las sombras oscuras bajo los ojos de Kaname, las mejillas ligeramente hundidas y el hecho de que el arrugado pijama de seda no podía ocultar del todo la delgadez de su figura.

Kaname sonrió un poco y se encogió de hombros, sintiéndose más seguro al ver la preocupación asomando a los ojos de Zero y preguntándose si tenía alguna esperanza...

-¿Eso quiere decir que estoy hecho una mierda?- preguntó, con un leve centelleo en los ojos marrones.

Zero asintió solemnemente.

-Ajá.

El purasangre estuvo a punto de poner mala cara, pero se reprimió a tiempo, pasándose los dedos por los largos cabellos. Los mechones ondulados tenían un tacto grasiento y cayó en la cuenta de que no se había lavado el pelo ni se había duchado durante las dos últimas noches. Genial.

-Creo que me voy a dar una ducha primero.- dijo, al tiempo que se levantaba. Cuando Zero le imitó, se giró rápidamente hacia él-. Pero no te vayas todavía.- añadió.

-Es tarde.- comenzó el prefecto, mirando su reloj y parpadeando al darse cuenta de ya eran las nueve y media de la noche.

-No, no lo es. Por favor... no te vayas aún.- volvió a decir el purasangre.

-Está bien, me quedaré un poco más.- masculló Zero, asintió al final-. Venga, dúchate.

Kaname asintió y se dirigió hacia el dormitorio pero se detuvo a medio camino para mirar a Zero por encima del hombro.

-Siéntete como en casa.- invitó antes de desaparecer en su cuarto.

El prefecto dudó por un momento para luego encogerse de hombros; después de todo, era la primera vez que estaba allí... Volvió a poner todas las cosas en el carrito y lo dejó en el pasillo.

Cuando entró en la habitación a oscuras, Kaname ya estaba en el baño, así que se acercó a la gran cama de matrimonio colocada contra la pared más alejada. Incluso con su visión vampírica, estaba demasiado oscuro y encendió la lámpara de la mesita de noche. Luego miró en derredor.

¿Aquellas arrugadas sábanas blancas eran de seda? Zero no pudo evitar menear la cabeza mientras se sentaba al borde de la cama y tocaba la suave tela. ¡Sólo Kaname era capaz de dormir en sábanas de seda! Su delicioso aroma flotaba en toda la habitación, especialmente en la cama. Zero se recostó hacia atrás, apoyándose en los brazos, y respiró el rico olor profundamente, con los ojos cerrados. Ah...

Kaname se dio una ducha rápida con agua caliente y una generosa cantidad de champú y gel, horrorizado al darse cuenta de que le había abierto la puerta a Zero en aquel estado. Pero cuando había oído aquella familiar voz vacilante, ni siquiera percibir la presencia de Takuma le había impedido apresurarse a abrir la puerta, aterrorizado por que Zero pudiera marcharse. No podría soportarlo, no después de lo que había hecho aquella noche y no después de todo por lo que había pasado desde entonces. Estaba decidido a hacer que todo volviera a ir bien entre ellos de nuevo. Tenía que hacerlo... o perdería la cordura.

Después de secarse, se envolvió la cintura con la toalla antes de salir del baño. Zero estaba sentado en la cama deshecha, recostado sobre sus brazos y mirándole directamente... el purasangre se quedó sin aliento. Aquella vez no era un sueño...

Cuando la puerta del lavabo se abrió y Zero se encontró con la sorprendida mirada de Kaname, el color se le subió ligeramente a las mejillas. Se pudo en pie a toda prisa, retirándose hacia la ventana y apoyándose contra las pesadas cortinas antes de cruzar los brazos. Kaname se obligó a caminar hasta su armario para sacar otro pijama negro, pretendiendo ignorar que la mirada de Zero recorría abiertamente sus hombros desnudos, su pecho y sus muslos.

El prefecto frunció el ceño. Cuando Kaname levantó los brazos para ponerse la camisa del pijama, su cuerpo le pareció más delgado de cómo lo recordaba de aquella vez que había resultado herido en la pelea contra los cazadores renegados. Zero había atendido sus heridas, y le parecía que las costillas de Kaname sobresalían algo más ahora. Después de todo, no había comido nada durante los últimos días...

Sintiéndose culpable de nuevo, desvió la vista con rapidez, pero no lo suficiente como para evitar vislumbrar las pálidas nalgas perfectas de Kaname cuando éste se subió los pantalones negros por debajo de la toalla. El purasangre se frotó el pelo húmedo, se peinó los mechones ondulados con los dedos y se acercó a la cama, consciente de las discretas miradas de Zero pero sin devolvérselas.

El ceño del prefecto se volvió más acusado: parecía que Kaname no quería mirarle. ¿Era porque estaba avergonzado de su demostración de debilidad cuando había abierto la puerta? Pero, una vez que Kaname se hubo metido en la cama, tapándose las piernas con las sábanas, lo miró directamente.

-¿Querrías sentarte aquí conmigo?- preguntó en voz baja.

El prefecto parpadeó, sorprendido, pero se encontró separándose de la pared y acercándose a la cama.

-Yo... todavía no me he duchado.- murmuró.

Normalmente, no le habría importado meterse en su propia cama con uniforme y todo, siempre que se hubiera quitado los zapatos, pero... bueno, Kaname se había duchado y él no. El purasangre esbozó una pequeña sonrisa.

-No me importa, pero date una ducha, si quieres.- invitó, gesticulando hacia el baño-. Hay toallas en abundancia y puedes coger cualquier pieza de ropa mía.- añadió con un toque de su habitual gracia cortés.

La boca de Zero se abrió por sí sola y se volvió a cerrar con un pequeño "clac".

-Eh, gracias, pero ya estoy bien así.- murmuró por lo bajo.

Aquello era de locos. Sólo había venido para asegurarse de que Kaname estaba bien y, obviamente, lo estaba. Ya había comido algo y estaría fresco como una rosa en cuanto hubiera recuperado algo de sueño. Inseguro de sí mismo, Zero empezó a alejarse hacia la puerta de la habitación.

-No, tengo que irme.- dijo-. Dejaré que descanses un poco.

Kaname se movió más rápido y, antes de que Zero pudiera dar un paso más, bloqueó su camino.

-No te vayas, Zero.- pidió, con la voz ligeramente sin aliento-. Quédate conmigo.

El muchacho movió la cabeza, sintiendo que no tenía ningún derecho a quedarse allí con Kaname. Ya no...

-Descansaré, dormiré si eso es lo que quieres, pero, por favor, no te vayas ahora.- Kaname habló con rapidez-. Por favor, Zero.- añadió en un susurro al ver que el otro aún vacilaba.

Ambos se miraron en un silencio lleno de palabras... viendo la misma inseguridad en los ojos del otro. Luego, Zero suspiró, bajando la vista y hundiendo un tanto los hombros.

-De acuerdo. Me doy a dar una ducha primero.-murmuró, girándose hacia el baño. Al llegar a la puerta, volvió a girarse y dirigió una mirada severa al purasangre- ¡Pero tú te vuelves a la cama!

Kaname asintió, con una sonrisa de alivio iluminándole el rostro y Zero se encontró devolviéndosela sin querer para luego meterse en el baño, agitado. Antes de que pudiera cerrar la puerta, Kaname volvía a estar junto a él, tendiéndole lo que parecía un pijama de seda de color crema. Estaba claro que era nuevo, porque aún tenía la etiqueta con el precio colgando del cuello de la camisa.

Zero parpadeó, tanto por la velocidad de Kaname como por el pijama, pero el purasangre se encogió de hombros con una sonrisa conciliadora.

-Si lo prefieres negro...- empezó.

El prefecto frunció el ceño, le arrebató el pijama y cerró la puerta en las narices del purasangre.

-o-

Zero se duchó con sentimientos encontrados. Por un lado, le alegraba haber venido a ver a Kaname pero, por otro, no le gustaba la incomodidad que se había instalado entre los dos. El colofón era el sentimiento de culpa que le asaltaba al ver lo exhausto que parecía Kaname. Zero cerró los ojos y apretó la mandíbula con firmeza mientras volvía a escuchar las palabras de Takuma en su mente. En aquel baño, en la misma ducha en la que se encontraba, el purasangre había derramado su sangre aquella noche, castigándose por la promesa que había roto.

Los ojos le escocieron con lágrimas calientes. Lo que había ocurrido aquella noche les había dolido a los dos, no sólo a él, y Zero no quería que eso volviera a suceder. Quería que las cosas volvieran a ser como eran. Quería volver a estar cerca de Kaname, estar con él y cuidarle. . Zero parpadeó, mirando las baldosas mojadas de delante mientras la piel se le ponía de gallina. Sí, eso era lo que quería. Se dio cuenta de que lo deseaba de verdad.

Inhaló con fuerza y soltó el aire, con los ojos cerrados. Después de llegar a aquella conclusión, el corazón pareció aligerársele un poco y acabó de ducharse rápidamente, respirando la familiar fragancia del champú y del gel que estaba usando. Los dos olores se adherían encantadoramente a la piel pálida y el cabello sedoso del purasangre, y se habían convertido en los perfumes favoritos de Zero, justo después del aroma natural de Kaname.

Dos minutos después, el prefecto se abotonó la camisa del pijama, pero volvía a estar nervioso. Frunció el ceño ante su reflejo borroso en el gran espejo sobre la pica. Era la primera vez que llevaba puesto algo tan ridículamente lujoso -solía dormir en camiseta y pantalón corto o con un pijama de algodón- y también espantosamente caro. Se había quedado blanco como el papel al echar una ojeada a la etiqueta con el precio antes de quitarla con mucho cuidado; que Dios le ayudara si le hacía siquiera un leve arañazo a aquella prístina seda cremosa...

Meneó la cabeza, sabiendo que estaba retrasando el momento. Antes de que pudiera cambiar de opinión, se acabó de frotar el pelo húmedo con una toalla, la tiró a la cesta y salió del baño.

Kaname volvía a estar en la cama, acostado de lado con las piernas bajo las sábanas y la cabeza apoyada en una mano, mirando hacia el baño, y su rostro se iluminó cuando vio salir a Zero. El prefecto se sonrojó un tanto al notar la mirada apreciativa del otro recorriendo cada centímetro de su figura, pero el purasangre no podía evitarlo; la visión de Zero recién duchado con el cabello todavía mojado y alborotado, vestido con aquel pijama, le había dejado sin aliento. El suave matiz de la seda de color crema hacía que los ojos suaves del prefecto parecieran aún más luminosos y confería a su pálida piel un matiz opalescente, resaltado por aquel leve sonrojo.

-Siéntate aquí, Zero.- invitó Kaname obsequiosamente con voz suave, dando golpecitos a las sábanas delante de él.

Zero desvió la mirada mientras se acercaba a la cama y se sentaba. Un momento después, metió las piernas debajo de las sábanas y se tumbó mirando hacia Kaname, apoyando la cabeza en su mano derecha, imitando la postura del otro.

En aquel momento, a Kaname le faltaron las palabras. Él, que normalmente se mostraba tan seguro, confiado y elocuente, no tenía ni la menor idea de qué decir. Extrañamente inseguro, volvió a recorrer a Zero con la mirada, manteniéndola durante un momento en el matiz rosáceo de sus mejillas y haciendo que el prefecto volviera a fruncir el ceño. Kaname sonrió brevemente al verlo, pero su sonrisa desapareció al pasar de una mejilla sonrosada hacia la pálida garganta. Como Zero estaba tumbado sobre su costado derecho, el suave cuello de la camisa del pijama se había desplazado, exponiendo las marcas de mordiscos. Todavía no se habían curado, lo cual daba fe de lo profundamente que le había mordido.

El corazón de Kaname volvió a ahogarse en la familiar marea de culpa al verlo. Oh, Dios, ¿realmente había mordido a Zero con tanta fuerza, con tanta brutalidad? Con el corazón en la garganta, alargó instintivamente la mano libre, anhelando rozar suavemente aquel punto en una caricia de disculpa. Al tener los ojos fijos en las heridas gemelas, Kaname no se dio cuenta de la tensión del otro. Cuando los dedos temblorosos del purasangre se acercaron a su cuello, Zero echó la cabeza hacia atrás por instinto, tomando aire con fuerza mientras sus ojos volaban a los de Kaname.

No pretendía retirarse, pero había actuado por impulso, antes de tener tiempo de pensar en lo que le habría parecido a Kaname su reacción. Zero no había pretendido que pareciera que estaba asustado, pero Kaname se quedó de piedra. La comprensión de que el prefecto no quería que le tocara el cuello le dejó totalmente sin habla, con la sensación de un alambre invisible enroscándose en torno a su corazón y Kaname casi jadeó de dolor en voz alta. Todo cuanto podía hacer era contemplar a Zero en silencio, con los ojos marrones muy abiertos y una expresión acosada por el súbito movimiento del otro. El prefecto tragó saliva.

-Lo siento.- murmuró con incomodidad y luego se obligó a volver a acercarse a Kaname.

El purasangre también tragó con dificultad y movió la cabeza mientras retiraba la mano.

-No... no te disculpes, Zero.- dijo con voz ronca-. Es culpa mía, ya lo sé.

Zero se mordió el labio, avergonzado. Ya no quería culpar a Kaname ni quería que éste siguiera culpándose a sí mismo. Lo hecho, hecho estaba y había reaccionado guiado por el instinto, eso era todo.

-Yo... mira, no quiere decir que tú... me des... miedo, Kaname.- dijo, mientras se obligaba a mantener la mirada al purasangre, pero aquel sólo negó.

-Ah, ¿no?- preguntó con tristeza y los ojos brillando con lágrimas reprimidas.

-No, Kaname, de verdad.- protestó Zero con suavidad. Casi alargó la mano hacia el purasangre... casi. Pero no lo hizo.

Kaname no sabía si creerle o no, pero había una sola cosa de la que estaba seguro.

-No quiero que me tengas miedo.- murmuró-. Nunca.

Zero asintió con rapidez y el corazón latiendo arrítmicamente en su pecho. Estaba volviendo a morderse el labio inferior sin darse cuenta y eso hizo que Kaname desviara la vista a su boca.

-¿Aún te duele ahí?- preguntó en voz baja, logrando que Zero volviera a sonrojarse.

Aquella zona seguía algo tierna, pero no quería admitirlo.

-Estoy bien.-aseguró, pero lo hizo bajando la mirada y Kaname supo que estaba mintiendo.

El purasangre suspiró, un sonido leve y desesperanzado. Deseaba tocar y besar a Zero con todas sus fueras, pero parecía que no podría ser. Sin embargo, la mano izquierda del prefecto estaba apoyada en la sábana delante de él y, al cabo de un momento, decidió arriesgarse.

Volvió a alargar la mano derecha, esta vez muy lentamente, y Zero levantó la mirada. En esta ocasión, se mantuvo completamente inmóvil y con la vista fija en la hermosa mano de Kaname mientras alcanzaba la suya, vacilante. Por fin, los largos dedos se cerraron sobre los de Zero, enlazándolos con la familiaridad de antiguos amantes.

La sensación que transmitía aquel gesto era buena... y correcta. Zero exhaló el aire en un suspiro inconsciente. Levantó la mirada y se quedó sin aire ante la tierna mirada en los ojos del purasangre. Con el mismo movimiento lento, Kaname alzó sus manos unidas, llevándoselas a los labios y besando con ternura cada uno de los nudillos de su compañero. Algo aleteó en el estómago de Zero al sentir aquellos labios perfectos adorando su mano de aquella forma y la mano le tembló.

-¿Kaname?- preguntó en voz baja pero sin retirar la mano. La mirada del purasangre y sus gestos habían captado toda su atención.

-Lo siento, Zero.- dijo. Por un momento, sus dedos aferraron los del otro con más fuerza, antes de aflojarlos-. Siento mucho haber roto la otra noche la promesa que te hice.- no tienes ni idea de cómo me sentí después de aquello...

Zero asintió pero no dijo nada. Sus ojos lilas seguían siendo recelosos, pero a Kaname le animó el hecho de que no parecía temer su roce, sino no estaría echado en su cama y dejando que le cogiera de la mano, ¿no? Inhaló profundamente, aún sosteniéndole la mirada.

-Ya sé que no tienes ningún motivo para seguir confiando en mí... pero te prometo que no volveré a morderte a menos que tú me dejes.- dijo.

Era algo muy difícil de decir para Kaname, y sintió que se sonrojaba. La garganta se le cerró dolorosamente, pero quería que Zero supiera cuánto lo sentía y cuán desesperado estaba por arreglar las cosas entre ellos.

Zero esperó. Quería que Kaname le dijera por qué le había mordido; estaba seguro de conocer ya el motivo, pero quería oírlo de sus labios. Pero el purasangre no añadió más y la duda volvió germinar en su mente. ¿Había sido realmente porque quería probar su sangre?

-Bien.- murmuró Kaname al cabo, al ver que el otro seguía en silencio-. Puedes decir algo...- intentó sonreír pero fracasó miserablemente.

Zero respiró con cautela.

-¿Qué tal si me explicas el auténtico motivo por el que me mordiste, Kaname?-preguntó de sopetón, sin alterar la voz-. En el labio y en el cuello.

La mirada de Kaname casi flaqueó al oír aquello, pero inhaló profundamente de nuevo para contestar.

-La primera vez que te corté el labio, fue un accidente.- murmuró.

-Sí, lo sé.- Zero asintió.

Animado por aquella respuesta, Kaname prosiguió.

-La segunda vez, yo... tu sangre es deliciosa, Zero. En cuanto la probé, quise...- hizo una pausa para respirar temblorosamente-. Simplemente, quise más.- acabó con rapidez-. Lo deseaba con tanta fuerza...-añadió antes de guardar silencio. El corazón volvió a darle punzadas al recordar a Zero empujándole y contemplándole horrorizado.

El prefecto siguió con su mutismo y sólo asintió. La garganta de Kaname parecía haberse cerrado y hablar se le hacía difícil, pero se obligó a continuar.

-Entonces...- murmuró, con los ojos doloridos sosteniendo los de Zero-... cuando huiste de mí, yo... yo sentí como si te estuvieras escapando y sólo... yo sólo tenía que traerte de vuelta. Sin importar cómo.

Los ojos empezaron a escocerle y bajó la mirada, parpadeando para intentar reprimir las lágrimas. Todo sonaba tan estúpido ahora, porque el hecho de que Zero hubiera intentado escapar significaba que estaba asustado por lo que Kaname le había hecho. Lógicamente, ir tras él era lo peor que podía haber hecho en aquella situación. Pero era como esperar que un perro no saliera corriendo tras alguien que huyera de él. En aquel momento, el sabor de la sangre cálida y deliciosa de Zero aún estaba grabada en sus agudos sentidos y todos sus instintos vampíricos le gritaban a la vez; ¿cómo podría no haberle perseguido?

-Lo siento, nunca pretendí hacerte daño.- murmuró Kaname de nuevo.

Se sentía patético y miserable, pero no importaba. En aquel momento, habría sido capaz de arrastrarse a cuatro patas si aquello consiguiera que Zero le perdonara. La mano del prefecto volvió a temblar en la suya y Kaname levantó la mirada, sorprendido de ver que los ojos del otro también estaban húmedos.

-Dime, Kaname.- susurró Zero- ¿Por eso me mordiste?

El purasangre asintió, con el corazón dolorosamente encogido en el pecho.

-Sí... porque quería probar a qué sabías, Zero.- contestó con total honestidad-. Siempre sabes tan dulce cuando nos besamos. Sólo quería averiguar a qué sabe tu sangre. Y, una vez que lo hice...- dejó de hablar y negó con la cabeza. Quizás la segunda promesa que le había hecho era tan vana como la primera, porque no confiaba en sí mismo en lo que a la sangre del prefecto respectaba

Zero seguía mirándole con la misma leve conmoción en su mirada y Kaname se preguntó si pensaba que era un motivo demasiado banal.

-A lo mejor no me crees.- murmuró el purasangre-. Pero es la verdad. Te hice daño al morderte, lo sé y lo siento. Perdí el control... pero nunca pretendí causarte dolor, sólo quería probar tu sangre. Eso es todo.

Cuando los dedos de Zero apretaron los suyos, Kaname alzó la cabeza.

-Pensé que habías querido morderme todo este tiempo... y que esto sólo era una farsa para que te creyera.-murmuró Zero, avergonzado de cómo había malinterpretado al purasangre.

Kaname inhaló con fuerza al oírlo y movió rápidamente la cabeza.

-¡No, Zero, no!-protestó-. Nunca pienses eso. Nunca te causaría dolor o vergüenza, nunca te haría sentirte degradado de ningún modo. Zero, por favor, créeme. Me importas demasiado como para hacer algo así.

Los dedos del ex humano apretaron los de Kaname hasta el punto del dolor. Así que él tenía razón y Takuma también. Todo había sido un estúpido malentendido y supo que él también tenía que poner algo de su parte para arreglar las cosas. Respirando hondo, mantuvo su mirada llorosa en la de Kaname, húmeda por igual.

-Yo también quiero disculparme por todo lo que te dije aquella noche.- afirmó en voz baja-. No eres igual que la purasangre que me transformó, Kaname... y... y lo que me dijiste no era mentira.- acabó rápidamente para luego bajar la cabeza, horriblemente avergonzado ahora que Kaname le estaba mirando como si hubiera dicho algo particularmente hermoso cuando no era así. Sólo había dicho la verdad.

Kaname cerró los ojos escocidos durante un breve momento mientras soltaba un profundo suspiro de alivio. Un instante después, retiró la mano de los dedos de Zero y acarició una de sus sonrojadas mejillas con los nudillos.

-Todo está bien.- dijo suavemente con una sonrisa temblorosa.

Zero tomó aire con vacilación, levantando inconscientemente la mano izquierda para posarla sobre la de Kaname.

-Y también siento haberte apuntado con mi pistola.- farfulló, para ver que el purasangre meneaba la cabeza.

-No, me lo merecía.- afirmó, sonriéndole de nuevo.

El sonrojo del prefecto se agudizó y volvió a hundir la cabeza. Respiraba como un fuelle y cada vez más estúpidas lágrimas se agolpaban en sus ojos ¿Cómo demonios había podido creer que aquel gentil purasangre era capaz de tanta crueldad deliberada? Zero parpadeó para intentar disipar las lágrimas, pero una gota solitaria rodó por su mejilla y maldijo en voz baja.

Oyó que Kaname respiraba con sorpresa y luego fue arrastrado de repente en un fuerte abrazo, con el rostro contra el hombro del purasangre. Con un suave sollozo, el prefecto echó los brazos alrededor de la espalda de Kaname, notando la seda suave contra sus palmas y el temblor de su compañero a través de ellas.

¡Oh, Señor, había anhelado tanto aquellos brazos! Zero cerró los ojos, pero las lágrimas siguieron derramándose igualmente. En el mismo instante, notó algo cálido goteando sobre su cabello, resbalando por su oreja y se dio cuenta de que no era el único al que se le caían las lágrimas... así que, a lo mejor, llorar era lo correcto. Kaname parecía haber alcanzado la misma conclusión y se aferraron el uno al otro, con sus pechos subiendo y bajando suavemente mientras las lágrimas silenciosas ayudaban a curar el dolor que aún quedaba tras aquel incidente, llevándose la punzada amarga tanto de sus palabras como de sus acciones y ofreciendo perdón y aceptación a cambio.

Ninguno de los dos supo durante cuanto tiempo permanecieron abrazados, escuchando los suaves sollozos, oliendo las lágrimas y sintiendo los temblores que les recorrían. Cuando finalmente se separaron, les resultó difícil afrontar la mirada enrojecida del otro después de aquella vergonzosa y poco masculina demostración. Zero retrocedió rápidamente hacia su lado de la cama mientras Kaname cogía la caja de tissues de su mesita de noche y la ponía sobre las sábanas entre ambos. Hubo un momento embarazoso mientras los dos se secaban los ojos y se sonaban discretamente la nariz, dejando un montoncito de pañuelos arrugados sobre ambas mesitas.

-Yo... em, será mejor que me marche... de verdad, quiero decir.- farfulló Zero, evitando la mirada de su compañero.

Incluso sin consultar su reloj, sabía que tenía que ser tarde y sacó apresuradamente las piernas por el lado de la cama. Se detuvo al notar una mano en su brazo.

-No Zero. Todavía no, por favor.

Sorprendido, miró por encima del hombro para encontrarse con los ojos aún húmedos de Kaname. El purasangre le sonrió temblorosamente.

-¿Te quedas conmigo esta noche?- preguntó, esperanzado.

Zero lo miró con recelo. Habían comido, se habían disculpado, hecho las paces e incluso se habían comportado como un par de lloricas. ¿Qué más podía querer Kaname?

-¿Para hacer qué?- preguntó en tono de sospecha para luego morderse el labio y gemir para sus adentros al ver que el purasangre parecía animarse ante aquella pregunta.

-Oh, lo que tú quieras, Zero.- replicó con rapidez, con inesperado brillo malicioso en los ojos.

Aquella mirada envió una ráfaga de calor directamente al corazón del prefecto, aunque sus mejillas se colorearon como respuesta. También había echado de menos aquella faceta de Kaname... pero fulminó con la mirada al irreprimible purasangre antes de apresurarse a salir de la cama.

-¡Eh, espera... sólo estaba bromeando!- Kaname protestó entre risas mientras apretaba el brazo del otro, deteniéndole. Zero le dirigió una mirada ceñuda, pero él contraatacó con una sonrisa triunfal, trazando círculos persuasivos con el pulgar en la muñeca del prefecto-. Quédate aquí. Descansa conmigo.- pidió en voz baja-. Eso es todo, lo prometo.

Zero suspiró y sacudió la cabeza, sabiendo que iba a transigir.

-De acuerdo.- murmuró. Para ser sincero, tampoco tenía nada más que hacer en aquel momento, ¿a qué no?

Kaname sonrió de nuevo con ojos brillantes mientras liberaba la muñeca de Zero y volvía a dar palmaditas sobre la cama. Zero reprimió una pequeña sonrisa mientras metía las piernas bajo las sábanas otra vez antes de acostarse con la cabeza en la almohada. Kaname se le acercó al punto, acurrucándose contra el lado derecho de su cuerpo y apoyando la cabeza sobre el hombro del prefecto, ignorando su mirada sorprendida y su exclamación.

Zero no pudo evitar preguntarse si el purasangre estaba actuando de un modo deliberadamente sumiso para compensarle por la agresión de aquella noche, pero prefirió no hacer ningún comentario al respecto. La situación le hacía sentir bien e incluso pasó el brazo derecho sobre los hombros del otro. Con un suspiro de profunda satisfacción, Kaname se giró un poco más en el abrazo, apoyando una mano sobre el pecho del otro joven y la rodilla derecha sobre la pierna del prefecto. La cabeza del purasangre estaba sobre el hombro de Zero más próximo a donde le había mordido pero, en aquel momento, no le importó.

Tras un minuto de dulce silencio, a Zero le empezó a entrar sueño. Comenzaba a pensar que Kaname se había quedado dormido cuando el purasangre habló de repente.

-¿Esto significa que me perdonas?-preguntó con voz suave.

Zeor asintió y luego se dio cuenta de que Kaname no podía ver su gesto.

-Sí.- murmuró.

Kaname levantó la cabeza para mirarle.

-Me alegro mucho.- susurró-. Creí que había destruido toda tu confianza aquella noche.- añadió en un murmullo casi inaudible, con una expresión de dolorosa timidez.

Zero meneó la cabeza, notando el suave temblor que había recorrido el cuerpo de Kaname, y lo atrajo más cerca.

-Temía que no quisieras volver a habar conmigo, que no quisieras que te tocara nunca más.- susurró Kaname, implorando con la mirada que el otro le dijera lo contrario.

Zero acabó por sonrojarse, asegurando que aquello no era cierto, y consiguió que el purasangre volviera a sonreír. Kaname contempló con deleite la timidez de su compañero, deseando besarle... pero seguía sin estar seguro de si podía hacerlo, teniendo en cuenta lo mal que había acabado su último beso. Por el momento, se contentó con apoyar la cabeza en el hombro de Zero. Se sentía envuelto en calidez, contento y adormilado, teniendo en cuenta que no había descansado bien en días. En pocos minutos, se le cerraron los ojos y cayó profundamente dormido, sorprendiendo de nuevo a Zero por el hecho de dormirse confiadamente en sus brazos.

El prefecto bostezó con todas sus fuerzas. Tampoco había dormido bien aquellos días y la cama de Kaname era increíblemente cómoda, con la seda de las sábanas y del pijama lujosamente suaves contra su piel. El calor del cuerpo acurrucado junto a él también era otro factor a tener en cuenta. Enterró el rostro en los fragantes cabellos de Kaname y cerró los ojos.

-o-

Cuando Zero se despertó era casi el alba. Parpadeó adormilado, enfocando el reloj en la mesita de noche, y consiguió distinguir fácilmente las manecillas gracias a su visión vampírica. ¿Las seis? ¡¿De la mañana?!Guau.

En aquel momento se dio cuenta de que estaba abrazando a Kaname por detrás; el purasangre debía haberse dado la vuelta durante la noche, porque ahora sus cuerpos se apretaban estrechamente el uno contra el otro, con las piernas confortablemente liadas. Zero todavía estaba medio dormido y se dio por satisfecho permaneciendo estirado en silencio y enterrando el rostro en el largo cabello de Kaname una vez más mientras dejaba volar sus pensamientos.

Al cabo de un momento, recordó lo dolido que había parecido Kaname cuando había rechazado su contacto hacía un rato y se mordió el labio. No había sido su intención... Entonces se acordó de algo más: ni habían marcas en la pálida piel de Kaname ni se percibía el olor de su sangre en ningún sitio para confirmar que las sospechas de Takuma habían sido ciertas. Pero, ¿y si lo eran? Kaname podría haber perdido una gran cantidad de sangre aquella noche, mucho más que Zero como consecuencia de su mordisco. Claro que era un purasangre con unos poderes de curación y de regeneración incomparables y había tomado muchas tabletas de sangre... pero, ¿y si no eran suficientes? ¿Y si aún necesitaba sangre fresca?

Zero volvió a morderse el labio. Kaname había confiado en él lo suficiente como para dormirse en sus brazos, a pesar de haberle apuntado con la Bloody Rose, y él quería devolverle el gesto. Quería demostrarle que aún confiaba en él, que estaba dispuesto a dejar el pasado atrás y a intentarlo de nuevo...

Justo entonces, Kaname rebulló, distrayendo a Zero de sus pensamientos al ver que el purasangre empezaba a despertarse.

-Eh, ¿has dormido bien?- preguntó Zero con suavidad, levantando la cabeza de la almohada y retirando el brazo de la cintura de Kaname, por si aquel quería levantarse.

Pero el purasangre no parecía tener ningún deseo de moverse todavía. Cogió la mano izquierda de Zero y volvió a colocarla firmemente alrededor de su cintura antes de mirar por encima del hombro izquierdo con una sonrisa adormilada.

-Sí... pero aún estoy un poco cansado.- murmuró y, sin esperar respuesta, volvió a girarse y se acurrucó todavía más contra el pecho de Zero, arrancándole un parpadeo sorprendido.

Kaname se sentía cómodo y calentito, capaz de dormir durante horas así, con los brazos de Zero a su alrededor. Cerró los ojos con un pequeño suspiro satisfecho pero, al cabo de un instante, el ex humano volvió a hablar.

-Kaname, ¿por qué querías beber mi sangre? No soy un noble, sólo un vampiro Nivel D. Mi sangre es... normal.

Zero parecía más curioso que otra cosa, pero sus deducciones seguían doliendo a Kaname, que volvió a mirarlo por encima del hombro. El prefecto estaba apoyado sobre el codo derecho, así que el purasangre miró hacia arriba, frunciendo el ceño.

-Ya te lo dije, tú no eres un "sólo".- respondió, levemente irritado-. Además, tu sangre es verdaderamente deliciosa.- insistió-. Mejor que la de cualquiera que haya probado.

Kaname adoptó una expresión recelosa tras decir aquello, como si pensara que Zero podía sentirse ofendido por la implicación de que había bebido la sangre de otros antes, pero el prefecto se encogió de hombros, sonrojándose ante la cruda sinceridad en los ojos de su compañero.

-¿Entonces... aún necesitas mi sangre?- Zero disparó la pregunta, sorprendido de sí mismo al principio hasta que se dio cuenta de que no debería estarlo, porque había una razón por la cual la había formulado.

El ceño de Kaname se hizo más marcado y se sentó poco a poco, haciendo que el brazo de Zero resbalara de su cintura.

-¿Por qué me lo preguntas?- preguntó, vacilante, manteniendo la mirada fija en el otro.

Zero también se sentó lentamente.

-Sólo quería saberlo.- contraatacó.

Kaname dudó y luego negó con la cabeza. Aquella noche había perdido bastante sangre, pero era un purasangre y, además, había tomado incontables tabletas... se encontraba bien.

-Estoy bien, Zero, no tienes por qué preocuparte.-repuso al final, antes de desviar la mirada.

Su voz había sonado un tanto disuasoria y Zero empezó a fruncir el ceño. Vale, quizás Kaname nonecesitaba sangre para curarse, pero...

-Bien, ¿aún... aún quieres beber mi sangre?- preguntó, y el vampiro moreno giró la cabeza al punto para mirarle con unos ojos marrones muy abiertos.

La expresión del prefecto era de una fiera intensidad, como si Zero creyera que Kaname podría intentar negarlo. ¿Pero cómo podía negar algo tan obvio para los dos?

-Sí, Zero... sí, sigo queriéndolo.- admitió en un susurro mientras los ojos volvían a escocerle. ¿Y de qué le iba a servir confesarlo? Zero nunca se lo permitiría... hasta Dios sabía cuándo.

El prefecto asintió ante aquella respuesta y el corazón empezó a darle saltos. Estaba a punto de comprometerse con algo más pero, aquella vez, lo deseaba.

-Está bien.- murmuró mientras seguía sosteniendo la vulnerable mirada de Kaname-. Si quieres, puedes hacerlo.

Interiormente, Zero se sintió casi... orgulloso... de que a Kaname le gustara su sangre y el brillo húmedo en los ojos marrones empezó a hacer que su corazón latiera con un dulce dolor. Quería hacer algo por Kaname, demostrarle que todo estaba bien entre ellos, que seguía confiando en él. Dormir juntos en la misma cama era una manera, pero no era suficiente. Zero quería... más. A lo mejor aún no estaba preparado para dejar que Kaname volviera a morderle, pero había otra forma de ofrecerle su sangre.

Los labios del purasangre se entreabrieron de sorpresa al ver la repentina resolución iluminando los ojos de Zero. Fue incapaz de apartar la vista cuando el prefecto se llevó la mano izquierda a los labios, dejando que la amplia manga de seda resbalara hasta el codo. Manteniendo los ojos fijos en los de Kaname, Zero dejó que sus colmillos se alargaran y los hundió en la cara interior de su muñeca antes de darle más vueltas, mordiéndose lo bastante profundo como para asegurarse de que las heridas no se cerrarían demasiado rápido. La visión de Zero mordiéndose la muñeca dejó a Kaname completamente sin palabras y el excitante olor de la sangre hizo que el color de sus ojos cambiara inmediatamente, a pesar de sus intentos por controlarlo, y notó que sus colmillos se alargaban. No...

-¿Estás seguro?- preguntó rápidamente, aferrando las sábanas de seda con los largos dedos mientras temblaba.

Zero contuvo un escalofrío al ver aquellos largos colmillos afilados, pero asintió.

-Sí, lo estoy.- afirmó con firmeza, alargando el brazo para ofrecer su muñeca. La sangre brotaba de las dos heridas y empezaba a resbalar por el antebrazo. Zero colocó rápidamente la mano derecha bajo la muñeca izquierda para recoger los regueros-. Confío en ti.

Los ojos de Kaname buscaban los de Zero, vacilantes, pero sus manos temblorosas se alargaron. Sosteniendo la mirada del otro, se llevó la muñeca a los labios y Zero apretó las mandíbulas, obligándose a mantener el brazo laxo. El matiz carmesí de los ojos de Kaname empezaba a difuminarse mientras controlaba su ansia de sangre, dejando las profundidades borgoña amables de nuevo.

-Prometo no usar los colmillos.- murmuró- ¿Me crees?

Zero tragó saliva. Sí, lo hacía. Que Dios le ayudara, pero creía a Kaname. Siempre lo haría.

-Sí, te creo.-murmuró.

Kaname lamió el trazo carmesí de la suave piel de Zero con la misma ternura maravillada en su mirada, saboreando aquel líquido dulce y cálido como si fuera la sustancia más deliciosa del mundo. Luego, cerró los labios sobre las heridas y chupó con suavidad, extrayendo lentamente un sorbo de sangre. Era muy tentador hundir sus doloridos colmillos en aquellas heridas recién creadas para conseguir que brotara más sangre. Pero la resolución de probar ante Zero que era digno de su confianza era más fuerte que aquel impulso y Kaname tuvo mucho cuidado de que no rozar la piel del prefecto con ningún diente, sólo con los labios y la lengua. Un instante después, alzó la mirada.

Zero respiraba suavemente, con las mejillas algo sonrosadas al ver la boca de Kaname adorando su muñeca con aquella ternura. Cuando se dio cuenta de que el purasangre le estaba mirando, también levantó la vista. Kaname percibió la frágil confianza en los suaves ojos de Zero y grabó aquella imagen en su memoria. Eso es lo quería recordar, a Zero mirándole como si fuera alguien especial... no con dolor o miedo.

Kaname tragó el dulce elixir en pequeños sorbos, dejando que el cálido líquido resbalara lentamente por su garganta mientras saboreaba cada gota. Luego besó suavemente cada una de las heridas que cicatrizaban antes de enlazar los dedos de Zero con los suyos de nuevo. Sabía que su saliva también podía ayudar a curar las profundas heridas en el cuello, pero no se atrevió a formular el ofrecimiento. Aquella zona estaba estrictamente fuera de su alcance, pero esperaba que no fuera para siempre. El purasangre sostuvo todo el rato la mirada hipnotizada del prefecto.

-Gracias.- murmuró al final.

Zero tragó saliva con fuerza. Nunca había oído tanta sinceridad y gratitud en aquella palabra tan común y se sintió fieramente orgulloso de su decisión. Fue incapaz de hablar con el nudo que se le había formado en la garganta, por lo que asintió.

Kaname se lamió los labios, limpiándoselos, y se inclinó hacia delante lentamente. Se detuvo, pero Zero se limitó a permanecer muy quieto, así que se acercó un poco más para besar su mejilla con suavidad, haciendo que el joven parpadeara, sorprendido. Por un momento, Zero se preguntó por qué no le había besado en los labios, como antes ¿Quizás porque su último beso había acabado en mordisco? Bajó la mirada, algo incómodo.

-Eh, creo que será mejor que me vaya ahora, dentro de poco será de día.- murmuró.

Zero se separó de Kaname y salió de la cama. Dio la espalda al purasangre mientras se desabotonaba la camisa del pijama y lo arrojaba sobre la silla más cercana antes de volver a ponerse la camisa escolar.¡Maldita sea..! Se dio cuenta de lo que estaba haciendo demasiado tarde como para escapar hacia el baño para cambiarse por completo y rezó porque los faldones de la camisa fueran lo bastante largos como para cubrir las… ah, partes esenciales mientras se quitaba los pantalones del pijama y se ponía los del uniforme a toda velocidad.

El prefecto se abotonó la camisa y luego se quedó quieto. Sus sentidos de cazador le advirtieron de la presencia de dos vampiros justo detrás de la puerta de la habitación: Takuma… y quizás Shiki, pero Zero se encogió de hombros interiormente. Bien, aquello seguía siendo mejor que al grupito de nobles al completo esperando fuera, ¿verdad? Se dio la vuelta e hizo una pausa con cautela. Kaname lo estaba contemplando con la cabeza apoyada de nuevo sobre una mano y la expresión en su rostro hizo que el corazón de Zero diera un vuelco en su pecho.

-¿Todavía te da vergüenza?- preguntó el purasangre con una inesperada sonrisa juguetona-. No tienes nada que esconder, por lo que poco que he podido ver.- añadió en tono burlón.

Zero frunció el ceño y apretó los labios hasta que formaron una fina línea. Eso es lo que pasa cuando te desnudas delante de alguien como Kaname, incluso si lo único que consigue ver es tu trasero… El prefecto decidió que aquel comentario no merecía réplica alguna y se sentó en una silla para ponerse los calcetines y los zapatos.

-Me tengo que ir ya.- anunció brevemente mientras se levantaba.

-Espera.

Zero evitó mirar al purasangre.

-¿Por qué?

Kaname se sentó en la cama, echándose hacia atrás el largo pelo revuelto.

-Acércate aquí primero.- pidió, alargando una mano.

El prefecto lo miró con el entrecejo fruncido en un gesto suspicaz, luego desvió la vista hacia la hermosa mano extendida, pero sus piernas ya estaban acercándole a traición hasta la cama, y dejó que el purasangre volviera a tirar de él.

-De verdad que me tengo que ir.- murmuró, extrañamente reticente a marcharse ahora que Kaname estaba de nuevo a su lado.

El purasangre vio aquella duda en los suaves ojos violetas y su corazón pareció calentarse.

-Lo sé.- aseguró en voz baja, para dudar un momento después-. Takuma está esperando fuera.- añadió.

Zero sólo asintió.

-Ya lo sé. Shiki también.

Los ojos castaños se abrieron un poco más.

-¿Y te sientes cómodo con eso?- preguntó.

Zero se encogió de hombros con incomodidad. Claro que preferiría no encontrarse con nadie, pero tenía la sensación de que ya era demasiado tarde, incluso si Takuma no le había dicho nada a nadie. Además, si quería seguir viéndose con Kaname –y ahora sabía que lo deseaba, más que nunca-, entonces sólo era cuestión de tiempo antes de que todos los nobles lo supieran. Había llegado a la conclusión de aquel era un momento tan bueno como cualquier otro para empezar a acostumbrarse.

-Se darán cuenta tarde o temprano.- repuso, lacónico.

Los ojos de Kaname se abrieron un poco más antes de que sonriera con calidez.

-Sí, eso es verdad.- concedió.

Por un momento, el purasangre se preguntó si debía acompañar a Zero fuera, para hacerle las cosas más fáciles. Los nobles nunca se atreverían a oponérsele directamente… Pero Zero pareció haberle leído el pensamiento y negó con decisión.

-Sigue durmiendo, estaré bien.- aseguró, estirando de su mano, atrapada todavía por la de Kaname.

Su compañero lo soltó a su pesar y Zero se levantó rápidamente de la cama antes de que alguno de los dos cambiara de idea.

-¿Entonces, qué quieres que le diga a Takuma?- preguntó con tono casual mientras se remetía la camisa y se ponía la chaqueta.

Aunque sabía que olía a Kaname, el prefecto no quería parecer demasiado desaliñado, por si acaso el viceencargado llegaba a la conclusión equivocada sobre lo que habían estado haciendo las últimas horas. Recogió su corbata y se hizo un nudo flojo alrededor del cuello de la camisa. Al menos, esta vez sí que había conseguido anudársela bien… siempre que ignorara el hecho de que Kaname seguía mirándole. El purasangre sonrió.

-Dile que estoy bien… y que me encontraré con todos los demás esta tarde, como de costumbre.- Zero le sonrió también y se dio la vuelta para irse-. Nosotros también nos veremos esta tarde.

El prefecto se detuvo y miró por encima del hombre. A pesar de su expresión confiada, los ojos de Kaname aún parecían interrogantes, y asintió.

-Nos vemos. Duerme bien.- respondió.

Kaname sonrió.

-Cuídate, Zero.- murmuró.

El vampiro de pelo plateado volvió a asentir y salió de la habitación, respirando profundamente antes de abrir la puerta exterior. Tal como esperaba, Takuma y Shiki esperaban allí, uno al lado del otro y apoyados contra la barandilla. Ambos se enderezaron cuando vieron salir a Zero, que cerró la puerta detrás de sí.

El prefecto vio que los ojos de Shiki volaban hacia su cuello y luego hacia sus manos, buscando marcas de mordiscos, y cayó en la cuenta de que debían haber olido su sangre hacía un rato. Se sintió sonrojar y su mano derecha se agitó un instante, como si sintiera el impulso de levantar la manga izquierda por encima de la muñeca, pero se obligó a no hacerlo. Devolvió la mirada de Takuma de frente y asintió de forma casi imperceptible. El noble rubio ni siquiera pestañeó, pero también cabeceó. El olor que habían percibido hacía un momento era el mismo de hacía tres noches, y saber que Zero le había dado su sangre a Kaname después de todo lo ocurrido reconfortó a Takuma.

Zero bajó la mirada, extremadamente agradecido de no haberse encontrado con nadie más, pero el alivio le duró poco porque, al instante siguiente, se abrieron dos puertas más a lo largo del pasillo. De una de ellas salieron Aido y Kain y, de la otra, Ruka y Rima. Un segundo después, Seiren también apareció, aunque Zero fue incapaz de decir de dónde había salido exactamente. Contempló al pequeño grupo de nobles de rostro serio, tomando nota de que Aido y Ruka, a los que les había caído mal desde el principio, lo miraban con recelo a pesar de que ninguno de los dos dijo nada. Desvió la mirada de los penetrantes ojos azules de Aido y se concentró en Takuma.

-Kaname está durmiendo ahora.- explicó en voz baja.

Aquel comentario totalmente fuera de lugar golpeó a Zero con la fuerza de un puñetazo en plena cara y su sonrojo aumentó al ver las bocas abiertas en completa conmoción de los nobles que le rodeaban. Mierda, no sólo le habían oído llamar al purasangre por su nombre, sino que aquel breve comentario había sonado como si Kaname y él acabaran de… de… Tragó saliva, pero la expresión de Takuma no cambió un ápice mientras esperaba a que el prefecto acabara de hablar.

-Quiero decir, él, um, ha desayunado un poco y ahora está, eh… descansando.- se corrigió, avergonzado.

Takuma sonrió.

-Lo sé, vi los platos vacíos en el carrito hace un rato.- respondió-. Gracias.

Zero dio un corto cabeceo, obligando a su sonrojo a retroceder. La sonrisa de Takuma era sincera, pero las miradas fijas de los demás en él resultaban enervantes y no veía el momento de poder marcharse de allí. Afortunadamente, el viceencargado le leyó el pensamiento.

-Ven, te acompañaré a fuera.- ofreció mientras daba un paso hacia el prefecto y le cogía el codo levemente, guiándole sutilmente hacia las escaleras.

Zero obedeció, aliviado, y ambos salieron juntos de la Residencia Luna. El prefecto sólo se relajó cuando estuvo fuera de las verjas y hubo dejado atrás el escrutinio de los demás. Takuma pareció notar su alivio y volvió a esbozar una sonrisa.

-Muchas gracias, Zero.- repitió, esta vez con más calidez y menos formalidad-. Me alegro mucho de haberme arriesgado a hablar contigo.

El otro sólo encogió un hombro, sabiendo lo brusco que había sido con el noble.

-No hice gran cosa.- farfulló, pero Takuma siguió sonriendo.

-Sí que lo hiciste, más de lo que crees. Lo importante es que a Kaname le ayudó.- al ver que Zero volvía a parecer incómodo, siguió preguntando- ¿Te dijo si vendría a clase con nosotros esta tarde?

El ex humano asintió, aliviado por el cambio de tema.

-Sí, eso me dijo. Para entonces ya debería estar completamente recuperado. Ahora me tengo que ir.- se giró para marcharse, pero una mano volvió a rozar su brazo y se giró para enfrentarse a Takuma.

El noble volvía a mostrar una expresión solemne.

-Zero, no te… -hizo una pausa, intentando encontrar las palabras adecuadas-… no te… avergüences de esto.- dijo al final-. Lo que sea que tengas con Kaname, es especial, cuídalo. Mientras sólo desees su bien, te prometo mi completo apoyo. Y el de nuestro grupo también.

El prefecto pareció conmovido, pero aún así enarcó una ceja con aire escéptico ante la última frase y Takuma sonrió.

-Confía en mí. Me aseguraré de que todos hagan lo mismo.- prometió con un matiz acerado en la voz.

Zero lo contempló, falto de palabras, sin ver otra cosa que sinceridad en aquellos cálidos ojos verdes. Luego tragó saliva; las palabras de Takuma significaban para él más de lo que había creído.

-Yo… gracias.- contestó al final, con voz más temblorosa de lo que pretendía.

Takuma sonrió e inclinó la cabeza. Antes de que pudiera avergonzarse de sí mismo más todavía, Zero se giró y echó a andar rápidamente hacia sus dormitorios. El sol empezaba a despuntar y parecía que iba a hacer un buen día. Respiró profundamente el aire fresco, caminando más despacio durante un rato. Lo que había entre él y Kaname era muy importante pero, al menos… no estaban solos en aquello. Ya no, y volvió a sentir que su corazón se aligeraba al recordar las palabras de Takuma.

-o-

A penas diez segundos después de que Zero saliera de de las habitaciones de Kaname, las sábanas de la cama del purasangre salieron despedidas y se produjo un movimiento relámpago. En cuestión de segundos, un pijama de seda negro apareció arrebujado sobre la alfombra y desapareció el de color crema que Zero había dejado sobre una silla.

Kaname volvió a acurrucarse de nuevo bajo las sábanas sedosas de su cama, sumiéndose en un sueño sin pesadillas y sonriendo suavemente.