Capitulo XIV

¡Sueños de una noche!

Primera parte.

—¡Ya vamos a llegar!

—¿Nerviosa?

—Un poco.

Ambos estaban juntos en la limousine. InuYasha iba a llegar con Kikyo y Kagome con Sesshoumaru. Pero lo que más le afectaba a la azabache no era la entrada, si no, más bien el baile que iban a hacer frente a todos. Ya habían practicado, Sesshoumaru la había visto con el vestido y ninguno pudo ocultar su embelesamiento frente al otro.

Tal vez pudieron haber unos tropiezos, confusiones, pero lo que no podían negar era el cariño que ambos sentían. Y está noche todo se aclararía.

—¡Señor Sesshoumaru! ¿Quién es la joven que hoy lo acompaña?

—¿Cuál es su nombre señorita?

—¿Qué tienen pensado hacer este año?

—¿Qué piensa de la boda de su hermano con la señorita Ikeda?

Está eran las preguntas de los reporteros que se aglomeraban en la entrada, dejando a todos casi ciegos por el flash, lo único que se dedicaron a hacer fue sonreír –en el caso de Kagome- y en el de parecer sereno –por parte de Sesshoumaru.

—¡Oh querida! ¡Estás preciosa!

—¡Gracias Sra. Izayoi!

Al entrar Sesshoumaru y Kagome, las luces fueron directo hacia ellos. Eran los últimos de la familia Taisho que iban a hacer su entrada. Sesshoumaru gallardo, sereno, frío e imponente; con un traje negro, corbata de lazo y mirada abrasadora. Mientras que a su lado derecho Kagome, dándole un rasgo más imponente y aristocrático. Lucía como nunca, el vestido la hacía lucir elegante, alta, esbelta y curvilínea.

El vestido la abrasaba de una forma donde dejaba ver su espalda blanca, mientras que tapaba sus senos, ajustándose a la cintura y cayendo natural. El cabello en un elegante moño, dejando traviesos rizos volar e iluminando la sala con el rubí de sus labios.

—Todos nos miran —le susurró a su acompañante sonriendo.

—Así es —y tomándola del brazo, caminaron saludando a todos.

***

—¡Kagome! —corrió Sango hasta donde su amiga.

—¿Qué haces? —pregunto sorprendida.

—Vengo acompañando a Miroku.

—Pero, ¿no debería venir Yura?

—¡No! Pronto entenderás todo —Kagome la miró confundida y Sango sonrió radiante. Lucía preciosa con el elegante vestido morado.

La música era tranquila y acompasada, un suave vals. La familia estaba sentada en una mesa, mientras la mayoría de los hijos hablaban con los contratistas, magnates, entre otros empresarios.

—¡Ah! —suspiró Kagome mientras tomaba un sorbo del vino, en las terrazas.

—¿Cansada? —le pregunto una voz ronca mientras le pasaba una mano por la cintura y la atraía a su cuerpo.

—…Sesshoumaru…—susurró—, No, solo estoy esperando que llegue la hora del baile. Su palabra de aliento fue abrazarla con más ímpetu y besarla suavemente la frente.

***

No, no te vayas,
aún quedan palabras,
mil frases del alma,
y entre ellas no estaba el adiós.
Espera, por Dios.

—¡Ahora todos por favor! ¡Presten atención al espectáculo este año! —habló la voz alegre del presentador—. ¡Con el motivo de entretener no solo a la audiencia! ¡Si no a las futuras esposas!

Falta besarte más, acariciarte,
además de promesas
de esas que hay que cumplir.
No te puedes ir.

¡¿Futuras esposas?! —pensaba Kagome, detrás de la oscuridad—. ¿Además de InuYasha? ¿Miroku? ¿Pero y Yura?

—¡Por favor un breve silencio para el espectáculo! —así aplaudieron y el salón se hundió en un silencio total. La canción comenzó a sonar e InuYasha la llevó hasta el centro de la pista. Ambos bailaban girando por todo el lugar.

Él con su mano en el centro de su espalda y casi a su costado, ambos se sonreían.

Rompecabezas sin piezas,
los planes,
los sueños que apenas comiezan;
esto es un error,
nadie más va poner en tu boca su amor,
no como yo.

A medida que avanzaba la canción, los giros iban siendo más largos. Le dio una vuelta y la dejó sola en el medio. Kagome miró de un lado para otro, buscándolo y no lo encontró. Se veía como bailaba moviendo el pomposo vestido. En eso, la luz iluminó a otra persona.

Te amo sin miedo,
te amo cobarde,
te amo sin tiempo,
te amo que arde...
yo sé, te perderé.

Sesshoumaru la saludó con una reverencia y ella igual. Éste la tomo de la mano y bailaron pegados y serios. Con un trato de elegancia, ambos giraban acompasados, parecían volar por la pista. Todos veían en silencio la interpretación, que no necesitaba palabras.

Te amo dormida,
te amo en silencio,
te amo, mi vida;
te amo, lo siento,
y no hay nada que yo pueda hacer.

En eso InuYasha aparece en la pista y los ve. Ahora Kagome sonreía, giraba, sonreía y volvía a girar. En su mirada la chispa de la rabia se encendió y se fue hasta ella.

En cuanto cruces la puerta te voy a perder.

Ambos –Sesshoumaru y Kagome- parecía que iban a desaparecer por un marco y antes de esto, InuYasha corrió y la tomó de la cintura. La giró con fuerza obligándola a bailar con él. La cargó y la elevó por los aires.

No, no te vayas,
aún el café no está listo,
yo sé que no has visto de mí lo mejor.
Espera, por favor.

Cuando tocó el piso Sesshoumaru le cogió la mano con delicadeza y la hizo bailar a su lado. Para acompañar salieron dos bailarinas más, que perseguían a InuYasha y éste a su vez las miraba con interés. Mientras ellas lo entretenían, Kagome bailaba con su otro príncipe.

Falta besarte más, acariciarte,
además de mil cosas
que no son hermosas sin ti.
No te puedes ir.

Cada vez se veía como la alejaban de él. Sesshoumaru acaparaba toda la atención de la azabache. Él también la elevaba por los aires. La hacía rozar el piso con el cabello y la volvía a pegar a su cuerpo.

Rompecabezas sin piezas,
los planes,
los sueños que apenas comiezan;
esto es un error,
nadie más va poner en tu boca su amor,
no como yo.

InuYasha logra separarse del bululú de mujeres y corrió hasta ellos. Con fuerza la tomó de la cintura y la hizo danzar con él.

Te amo sin miedo,
te amo cobarde,
te amo sin tiempo,
te amo que arde...
Lo sé, te perderé.

Sesshoumaru lo miró con cierta indignación y tomó entre sus brazos a la pequeña morocha, así ambos peleaban dando giros y vueltas, por quién se quedaría con la chica.

Te amo dormida
te amo en silencio
te amo, mi vida;
te amo, lo siento,
y no hay nada que yo pueda hacer.

Kagome iba con uno y con el otro, los miraba sin saber por quién decidir. Muy en el fondo se sintió identificada con la interpretación que hacía. Ambos la alaban tratando de quedarse con ella y, no los detenía solo se dejaba llevar, con gracia y mucha soltura. En la última cuando InuYasha la soltó y Sesshoumaru la tomó las mujeres se colocaron alrededor de InuYasha tapándole la visión de Kagome.

En cuanto cruces la puerta te voy a perder.

Así, Kagome sólo tenía ojos para Sesshoumaru. Cuando InuYasha fue hasta ella y la tomó de la mano, estás quedaron extendida mientras se soltaban poco a poco. De esa forma era llevada por Sesshoumaru hasta el final de la pista, dando entender que al final, el ganador había sido él.

Te voy a perder.

—¡Por dios! ¡Ha si maravilloso! —aplaudía Izayoi emocionada. Junto con ella la explosión de aplausos también vino. Todos habían quedado maravillados, al principio todos en silencio, degustando la magia del ambiente. Todo había sido perfecto. Luego todos saludaron y se fueron.

—¡Es cierto! Quedo de maravilla —elogiaban Sango y Kikyo. Al igual el señor InuTaisho había quedado sorprendido por la química que había entre su hijo y Kagome. Estaba seguro de que ella sería la mujer perfecta para Sesshoumaru, aunque éste le llevara diez años.