CAPÍTULO 14

Candy Candy y sus personajes no me pertenecen

Los rayos del sol comenzaron a infiltrarse por la ventana del cuarto de un chico inglés. Con algo de pereza y molestia fue abriendo sus ojos pensando por sus adentros lo fácil que era quedarse en cama hasta tarde y descansar del ajetreo que había sido su vida las últimas semanas. Acto seguido a su mente llegó la promesa que le hizo al doctor Johnson el día anterior.

-Ni modo Terry, tienes que levantarte y darte una buena ducha para que se te quite la flojera-se decía a sí mismo.

Si por el hubiera sido, no se levantaba de su cama tan suave y cómoda. Pero también pensó que si se quedaba solo, Karen volvería a sus pensamientos.

-¿Cómo estarás mi amor?-preguntaba el joven sin nadie que estuviera ahí para darle respuesta.

-Karen, si supieras cuánta falta me haces, extraño tanto tu presencia, tu risa, tus ojos, tus besos, el aroma de tu pelo y de tu piel que me vuelven loco. ¿Qué ganamos con estar separados?-decía con pesadez y con suma tristeza.

Volteó a su lado y vio el teléfono, qué sencillo era marcar su número y escuchar su dulce voz. Cogió el teléfono y comenzó a marcarle, pero al instante cortó la llamada.

¿Qué caso tenía hablarle?, se habían prometido que no se hablarían ni buscarían por un tiempo, pero para ser sinceros, el estaba comenzando a hartarse de tal promesa. El la amaba y tenía la certeza que ella también lo amaba, entonces, ¿por qué no estaban juntos? Realmente la respuesta era compleja, el creía que el matrimonio era una relación sólida que implicaba compromiso mutuo, pero para ella no era más que una limitante en su vida.

Con un suspiro dijo:

-Las mujeres a veces son tan complicadas. Si uno no les habla de matrimonio, piensan que las vemos solo como una diversión, pero si les hacemos la propuesta creen que queremos hacer de su vida algo monótona y aburrida. ¡Ya no pensaré más en ello!-dijo enojado y se levantó para ducharse y salir rumbo a la reserva de su amigo Johnson.

Mientras tanto, Albert y Candy estaban dando un pequeño paseo por los senderos para relajarse y tener energías.

-Creo que hoy viene Terry nuevamente, ¿no?-preguntó Candy

-Parece que no perdiste detalle de todo lo que habló ayer-dijo serio Albert

-¿Otra vez Albert?, solo pregunté para conversar contigo porque ya me aburrí de que te pregunto cosas y tú solo me contestas con monosílabos-dijo ella enojada.

Albert la miró como pidiéndole que lo perdonara.

-Perdóname Candy, es que mis pensamientos estaban en otro lado. La verdad es que estoy un poco preocupado-dijo el rubio.

-Y eso, ¿por qué, te pasó algo?-contestó ella ahora con un tono de preocupación.

-No, a mí no me pasa nada. Lo que sucede es que Niara se ha sentido mal estos últimos días. La esposa de George la llevó al médico esta semana para que le hicieran unos estudios, y hoy hablaron diciendo que es urgente que se presente con el médico. Tengo miedo de que algo malo pueda ocurrirle, tú sabes que ella ha sido como una madre para mí. Desde que perdió a su familia ella también me ha tratado como un hijo y la verdad no quiero ni pensar que algo grave le esté sucediendo.

Ambos se sentaron en la poca hierba que había y tomando el rostro del rubio con sus dos manos, Candy pudo notar lo tristes que se veían los ojos de Albert.

-Yo también le tengo mucho cariño a Niara, siempre me ha tratado bien. Quizá se ha sentido mal porque tú sabes que ella no para, si por ella fuera estaría todo el día trabajando. A lo mejor no es nada grave. Pero si algo pasara con ella, ten por seguro que yo voy a estar allí para apoyarte. Recuerda que primero fuimos amigos, y tú un día me dijiste que los amigos se apoyan entre sí cuando hay malos momentos. Por favor, ya no estés tan triste, no me gusta verte así-dijo ella acariciando su mejilla.

El la miró agradecido y solo la abrazó fuertemente para sentirse en paz. Si Candy no hubiera estado con el, el problema lo hubiese hecho sentir peor. Que bueno era estar con ella.

El sonido de un auto los alertó y vieron que el que bajaba de el era Terry.

-Hola, buenos días. ¿Cómo están?-saludó alegremente a los rubios.

-Hola Terry, buenos días. Estamos bien, gracias por preguntar. ¿Y tú qué tal?-respondió Albert tratando de sonreír.

-Pues puede decirse que bien jajaja. ¿Saben dónde está George?

-Está dentro, lo más seguro es que te esté esperando-contestó Candy

-Gracias. Gusto en saludarlos, con permiso-dijo el inglés retirándose.

Terry se reía por dentro. No sabía si era su imaginación o qué, pero parecía que no le simpatizaba mucho a Albert. Quien sabe, a lo mejor eran ideas suyas. Entró silbando donde George y lo encontró hablando por teléfono. Se calló y se alejó un poco para darle privacidad al moreno. Lo único que alcanzó a oír fue a George lamentándose y con el semblante triste.

-Buen día Terry, perdona que te haya hecho esperar

-No te preocupes, ¿está todo bien?

-La verdad no, ¿puedes disculparme unos momentos?, necesito hablar con Albert.

-Claro que sí, aquí te espero.

George salió como rayo a buscar a Albert, pudo ver que venía caminando con Candy de regreso.

-Albert, ¿podemos hablar? Es sobre Niara-dijo George

Candy apretó más fuerte la mano de Albert y le dijo:

-Si me necesitas, voy a estar adentro.

-Si princesa, gracias-dijo volteándola a ver con una débil sonrisa.

-¿Qué pasa George, qué le dijeron a Niara?-preguntó el temiendo la respuesta

-Niara está muy mal Albert, le diagnosticaron cáncer en los huesos-respondió

-¿Qué?, no pensé que fuera tan grave. Pero que tan avanzado es, hay algo que se pueda hacer, no sé, quimioterapia o algo-dijo muy agitado el rubio.

-El cáncer de Niara es terminal Albert, ahorita mismo está internada en el hospital. Me pidió que no te dijera nada pero creo que eso no sería justo para ti que la quieres tanto.

Albert estaba destrozado, ¿por qué precisamente a las personas buenas se las tenía que llevar tan horrible enfermedad? Rápidamente a su mente vinieron todos los hermosos momentos que había pasado con aquella señora negra. El había quedado huérfano muy joven, primero lo cuidó su tía Elroy, pero después ella también murió y quedó solo nuevamente. Por eso cuando la conoció años más tarde, se apegó tanto a ella como si fuera su propia madre. Ella siempre lo había apoyado, ella más que nadie deseaba que Albert fuera feliz, ella tan buena y tan desinteresada.

Ahora lo único que podía hacer, era pasar a su lado esos últimos días que le quedaban a la buena señora.

-George, vamos, debo ir a verla. ¿Me acompañas?

-Por supuesto Albert, eres mi mejor amigo y haría cualquier cosa por ti.

George y Albert entraron de nuevo a la base y vieron que Terry y Candy platicaban de manera amena.

-Terry, lamento decirte que no podré llevarte a hacer el recorrido. Ha surgido un problema de índole personal, ¿te molestaría posponer la salida?

-Claro que no George, no te preocupes por mi. Puedo arreglármelas solo. Espero que el problema pueda resolverse.

-Te lo agradezco Terry, pero... se me acaba de ocurrir una idea. ¿Candy serías tan amable de acompañar a Terry en el recorrido? Estoy seguro de que lo harás muy bien, es que la verdad se me hace grosero de mi parte no poder atender a Terry como se lo prometí. ¿Puedes Candy?

A Albert no le agradó mucho la idea de que su novia pasara varias horas en compañía de un perfecto desconocido, así que sugirió:

-Creo que sería buena idea de que Pandú los acompañara, así el maneja el todoterreno y Candy estaría libre para ir mostrándole todo a Terry. ¿Cómo ven?

George y Candy se voltearon a ver con una ligera sonrisa y por fin ella dijo:

-Tienes razón Albert, es mejor que Pandú venga conmigo para "ayudarme". Dale mis saludos a Niara por favor.

Terry tenía tantos deseos de estallar en carcajadas. ¿Quien rayos creía Albert que era? Por lo visto, Albert no tenía ni una pizca de confianza en el. Pero pensándolo bien, tampoco podía reprocharle su comportamiento, con una novia tan linda como Candy, ¡hasta el mismo se hubiera vuelto loco!

George y Albert salieron rumbo al hospital mientras Candy y Terry esperaban a Pandú.

-Creo que Albert no me soporta ¿verdad?-preguntó divertido el inglés.

-No es eso, lo que pasa es que acaba de recibir una noticia muy triste y eso ha sido devastador para el. Por eso anda muy nervioso.

-Puede ser. ¿No te incomoda darme el recorrido?

-Claro que no. Ese es mi trabajo. Ya lo he hecho muchas veces. Así que no te preocupes, ¡estás en buenas manos!

-Jajajaja, pues eso espero.

-¿Acaso estás dudando de mí?-preguntó ella

-No, solo estoy teniendo un poco de precaución. Mira que no me agradaría nada perderme en plena sabana repleta de animales salvajes.

-Tranquilo, nada de eso pasará, tú relájate y disfruta el paseo.

Pandú llegó y los tres subieron al vehículo. Candy se sentía un poco nerviosa, Terry se había dado cuenta que a Albert no le simpatizaba mucho. Pobre Albert, estaba muy preocupada por el, si no hubiera sido por la "brillante" idea de George, ella estaría acompañándolo en el hospital.

Mientras tanto, George y Albert se dirigían a la habitación donde tenían a Niara. La encontraron durmiendo. La esposa de George se acercó a ellos y les dijo:

-Se sentía mal y le dieron un calmante para que se relajara. Quería que tú estuvieras aquí Albert

-Gracias, creo que lo mejor será es que vayas a descansar un poco Rebeca. Yo me quedaré con ella.

-¿Estás seguro Albert?-preguntó George

-Si, vayan con cuidado. Si necesito cualquier cosa les llamaré, ¿está bien?

-Claro Albert. Entonces nos vamos. Cuídala mucho por favor.

Diez minutos después de que los Johnson se retiraron, la anciana despertó y vio a Albert. Automáticamente al verlo, sonrió y le dijo:

-Mi niño, qué bueno que estás aquí.

Albert no pudo hacerse el fuerte y comenzó a llorar profusamente en el vientre de Niara. La anciana al ver que el sufría también empezó a llorar. Le acarició los rubios cabellos y le dijo en voz baja:

-No llores por favor Albert. Este momento tarde o temprano tenía que llegar. Recuerda que los humanos no somos más que una pequeña flor que nace en la mañana, pero al llegar el calor abrasador del sol, esta se marchita y no queda nada más que el recuerdo de que una flor estuvo allí. Es un ciclo que todos tenemos que afrontar. Sé que estás muy triste, y si tú lo estás, yo también. Por favor, prométeme que no te angustiarás más.

Con lágrimas en sus azules ojos, el respondió:

-Niara, no creas que eso va a ser fácil. Yo te quiero mucho y me duele demasiado ver que estés en esta situación. Aún si tratara de olvidar, el dolor seguirá ahí presente. Pero si tú me lo pides, te prometo que haré todo lo posible porque así sea.

Ella esbozó una sonrisa y dijo:

-Así me gusta. Pero ahora lo que quiero es irme de este horrible lugar. Anda y ve con el doctor y pregúntale cuándo me voy a ir de aquí. Tú sabes que no soporto estar encerrada en el mismo lugar mucho tiempo. Necesito moverme y hacer algo.

-Tú nunca vas a cambiar. Espérame tantito entonces-dijo el rubio abandonando la habitación en busca del médico.

Por fuera Niara parecía estar tranquila, pero en su interior le apenaba mucho la idea de que pronto dejaría este mundo, rogó que todas las personas que la habían cuidado y amado durante su vida fueran felices.

Albert regresó con el doctor y este analizó a Niara. Le dijo que dentro de un par de horas le daría de alta y podría ir a su casa a seguir descansando. Ella escuchó y se alegró de que regresaría a la tranquilidad de su hogar que era lo que más necesitaba.

Habían pasado tres horas desde que Albert se había ido, Candy se preguntaba cómo seguía Niara y cómo estaba el. Estaba tan concentrada en sus pensamientos que no escuchó la pregunta que Terry le había repetido tres veces:

-Candy, entonces ¿cuántas crías de guepardos nacieron este año?

-¡Candy!-volvió a repetir el pelinegro alzando la voz para que la chica pudiera escucharlo.

-Perdóname Terrence, ¿qué me decías?-contestó ella muy avergonzada.

-No tiene importancia. Es curioso ver que estás aquí conmigo físicamente pero tu mente está con Albert, ¿no?

-No te puedo mentir, la verdad es que no puedo concentrarme sabiendo que Albert y Niara la están pasando mal.

-Ya veo, ¿amas mucho a Albert verdad?-preguntó Terry con sus ojos pensativitos clavados en los agrandados de ella.

Sin dejarla contestar, Terry volvió a hablar:

-Albert es un hombre muy afortunado, casi no te conozco y aún así me he dado cuenta de que pareces ser una chica con una personalidad muy sencilla y bondadosa. No sabes lo qué daría para que la mujer que amo aceptara estar conmigo-concluyó el con un dejo de amargura y decepción en su voz.

Candy no dijo nada, solo se limitó a observarlo detenidamente. Terry era un joven muy atractivo, con su piel blanca y ese maravilloso contraste que hacía su cabello negro y también esos ojos tan azules como el mismo mar embravecido. Además de su físico, su forma de ser era extrovertida con gran sentido del humor.

Al ver que Candy solo lo observaba detenidamente, el le preguntó con una pícara sonrisa:

-¿Qué tanto me miras Candy, acaso vez que soy irresistible?

La chica casi cae del vehículo al darse cuenta de que no era nada discreta y un intenso rubor cubrió sus blancas mejillas.

-Jajajaja, no te preocupes Candy, todas las chicas piensan lo mismo-dijo el divertido.

-Hablando en serio, discúlpame por lo que te acabo de decir, creo que no tengo el derecho de contarte esas cosas sobre mí, perdona si te causé incomodidad.

-No es eso, al contrario, agradezco que hayas sentido la suficiente confianza conmigo como para comentármelo, solo que no pensé que estuvieras triste por esa razón, porque parece ser que estás disfrutando del viaje.

-Por eso fue que decidí venir hasta acá. Si me quedaba en Inglaterra, las cosas serían más difíciles. Quise viajar para ver si podía sacarla de mis pensamientos, pero en realidad no ha funcionado. Hoy en la mañana estuve a punto de hablarle solo para escuchar su voz, pero me arrepentí, tengo miedo de que ella vuelva a rechazarme.

-¿Estás seguro de ella haría algo así?

Terry estuvo a punto de contarle todo lo que había pasado con Karen, pero quizá cometería una imprudencia, decidió callarse y le contestó:

-Cambiemos de tema por favor Candy.

-Está bien, no quise molestarte-dijo ella.

-Claro que no Candy, gracias por interesarte, pero soy yo el que no está preparado para contar abiertamente lo que me ha pasado.

Al fin el paseo había concluido y llegaron nuevamente a la base. George salió a recibirlos:

-¿Cómo les fue muchachos?, espero que el paseo haya sido de tu agrado Terry. Si así todavía lo quieres, puedo enseñarte la ciudad para que hagas algunas compras o llevarte a algún buen restaurante para que disfrutes de la gastronomía sudafricana.

-Eres muy amable George, pero ahora lo que quiero es darme un buen baño, estoy completamente lleno de polvo. Y si no te importa, también quiero descansar un poco. Yo te hablo para ponernos de acuerdo, ¿si?

-Cómo gustes hijo. Solo avísame con tiempo.

Candy comenzó a buscar a Albert con la mirada, al no encontrarlo le preguntó a George:

-¿Dónde está Albert, y Niara... cómo está?

-Albert todavía está en el hospital Candy, pero ya casi le dan de alta a Niara. Nosotros nos regresamos y el se quedó con ella. Pero tranquila, no tardan y ambos regresan. Solo estoy esperando la llamada de Albert para que vaya a recogerlos al hospital.

-Está bien, muchas gracias George. Yo también iré a asearme. Cuando te hable Albert avísame por favor, porque quiero ir contigo.

-Si Candy, no te apures, yo te aviso.

-Bueno, gracias por todo Candy, yo paso a retirarme. Hasta pronto-se despidió el inglés.

Media hora después, la rubia y George iban camino al hospital para recoger a Albert y a Niara. Candy no sabía de la verdadera condición de Niara, temía lo peor pues si algo grave pasaba, le iba a costar muchísimo ver a su amado Albert sufrir. Cuando llegaron, vio que Niara iba apoyada del brazo de Albert, George salió para ayudarlo y Candy abrazó a la gentil señora.

-Ahora yo te voy a cuidar Niara, así como cuando tú me cuidaste, ¿recuerdas esa vez que mi pierna se lastimó?

-Claro que lo recuerdo mi niña, estabas muy asustada. Pero no te preocupes, yo puedo cuidarme solita.

-Eso si que no Niara, yo te voy a cuidar mucho y pronto te sentirás mejor, ¿verdad Albert?

-Claro pequeña-dijo el, aunque sabía que lo de Niara no tenía remedio.

Niara ocupó el asiento al lado de George que iba conduciendo, mientras el par de rubios se sentaban en la parte trasera. Candy miró a Albert y este tenía la cara triste. Sabía que algo malo ocurría pero no quiso preguntarle hasta que llegaran. Ahora le tocaba a ella consolarlo y estar con el. El la había ayudado desde su llegada a Sudáfrica, siempre la cuidaba, cuando se lastimó recordó la ternura con la que el la había tratado, la llegada de sus padres y la partida de estos.

Lo tomó de la mano y comenzó a acariciar su rostro. El se volteó a verla y le regaló una tímida sonrisa. Ella nunca lo había conocido triste, esta era la primera vez y vaya que le dolía. Llegaron nuevamente, y tanto Candy y Albert llevaron a Niara a su pequeña casa que estaba cerca de ahí. Entraron y Candy acomodó la cama para que la señora se recostara.

-¿Quieres que abra las ventanas Niara?, hace un poco de calor-preguntó Candy.

-Si por favor, ¿podrías también traerme una jarra con agua?, es que al rato tengo que tomar mis medicamentos.

-Yo voy por ella-dijo Albert.

Cuando todo estuvo listo, Candy y Albert esperaron a que la anciana se durmiera. Le prometieron que regresarían más tarde para ver si necesitaba algo. Al salir, Candy le preguntó a Albert:

-Albert, sé que algo grave está sucediendo, dímelo por favor, no escondas nada de mí.

-Niara tiene cáncer Candy, y lo peor, es que es terminal. No hay nada que pueda hacerse, solo cuidarla y ayudarla para que esté lo más cómoda posible. Hay Candy, estoy muy triste.

Candy lo abrazó y derramó unas lágrimas. Niara sufría, Albert lo hacía y ahora ella también lo haría. Albert nuevamente comenzó a llorar y la rubia lo apretaba más fuerte.

-Tranquilo amor, yo te voy a ayudar, no estás solo, me tienes a mí y también a los Johnson. Solo déjame ayudarte.

-Gracias Candy, que bueno que estás conmigo y tengo la dicha de que me ames tanto como yo a ti. ¿Puedo pedirte un favor?

-Claro que sí, lo qué tu digas.

-Llévame a mi casa por favor, mi vehículo está en el taller mecánico y solo está el de George. ¿Puedes Candy?

-Si Albert, espera que le vaya a avisar a George y ahorita vengo.

Candy pidió a George las llaves y le dijo que llevaría a Albert a su casa. El moreno se las entregó rápidamente y le pidió a Candy que lo cuidara.

La rubia se disponía a manejar cuando Albert le dijo:

-¿Esperas que yo vaya aquí sentadito mientras tú manejas Candy?, eso sí que no.

-Pero pensé que me habías pedido que lo hiciera-contestó confundida.

-Si, pero yo manejaré, además no confío mucho en tus habilidades para conducir jajaja-rió Albert.

-Muy gracioso, no te pongas pesado porque si no, aquí mismo me bajo y no te acompaño-dijo ella cruzándose de brazos y alzando su respingada nariz.

-¿Te atreverías a dejarme solo?

-No me provoques entonces.

-Jajajaja hay Candy, eres única y eres solo mía.

En el camino, Albert le preguntó a Candy sobre su paseo con Terry:

-Espero que te hayas divertido en mi ausencia. ¿Qué hicieron exactamente?

-Tú bien sabes lo que hicimos, además creo que debes de disimular más cuando ves a Terrence.

-¿Por qué lo dices?

-Porque él me preguntó que por qué no te agradaba su presencia.

-En serio, pobre chico. Te prometo que la próxima vez me comportaré mejor, y ¿tú que le dijiste?

-Le dije que no era cierto, que estabas preocupado y por eso tenías esa actitud. Creo que no me creyó pero al menos fingió hacerlo. ¿Por qué no te gusta Terry?

-No es que no me guste, solo que... no sé.

-Me encanta tu respuesta, no lo sabes jajaja.

-Jajajaja, pues es que la verdad no lo sé.

Unos minutos después ambos rubios llegaban a la casa de Albert. Candy estaba a punto de irse cuando el rubio le dijo:

-¿Tan rápido te vas?, pensé que te quedarías un rato.

-¿No quieres que me vaya?-preguntó ella un tanto nerviosa de pensar que estaría sola con Albert en su hogar.

-Tranquila Candy, no te voy a hacer nada. Solo quería comer y estar contigo un rato. Ven, bájate y entra. No temas que no te haré daño.

-Está bien-dijo ella bajándose.

Entraron y Albert le dijo:

-En el refrigerador hay unas verduras, ¿podrías lavarlas y ponerlas a cocer mientras yo me doy un baño rápido?, creo que una ducha fría me ayudará con el calor que siento.

-Si Albert, tú tranquilo. Este...me preguntaba-decía nerviosa Candy.

-¿Qué cosa?

-¿Cómo se cosen las verduras?

-Jajajaja, ¿de verdad no sabes Candy?

-No te rías, no es gracioso.

-Está bien, primero sacas las verduras del refrigerador, luego las lavas bien con agua y jabón, después las cortas en trozos pequeños y las pones en una pequeña olla con poca agua a fuego lento. ¿Te quedó claro?-dijo el riéndose

-Ya Albert, deja de burlarte de mí. Anda, vete a bañar pues y déjame tranquila.

Albert se fue silbando alegremente, debió imaginarse que la pequeña rubia no se llevaba nada bien con la cocina. Al poco tiempo salió y fue a inspeccionar a Candy, la encontró con los ojos pegados en la olla como no queriendo perder de vista lo que ocurría ahí.

-¿Cómo vas Candy?-preguntó el sacándola de su concentración.

Candy no estaba preparada para lo que sus ojos veían. Albert solo vestía su pantalón y estaba sin camisa. Lo miró fijamente y vio que tenía unos pectorales bien formados sin caer en lo grotesco, el vientre lo tenía plano y marcado. Además, una capa de vello rubio cubría su fuerte pecho. Como estaba recargada en la estufa, esta la ayudó a no caerse de la impresión. ¿Cómo se le ocurría a Albert andar así? Debía tener consideración por sus nervios.

Albert la miraba encantado, no perdió detalle de cómo las esmeraldas de Candy viajaron por todo su torso y el estaba más que halagado por la reacción de Candy. Rápidamente Candy se volteó y le dijo:

-Albert, ¿por qué estás así?

-No pensé que te molestaría, por lo que pude ver parece que te gustó verme así-dijo el más que divertido.

-Albert ya deja de jugar conmigo, no me estés provocando. Corre a ponerte algo encima o atente a las consecuencias.

-Mmm, creo que me gustaría ver cuales son las consecuencias.

Candy se acercó a él decidida y lo miró nuevamente. El la tomó de la cintura y la acercó para que ella pudiera sentir su piel desnuda. Comenzó a besarla lenta y pausadamente. Candy estaba muy nerviosa, pero poco a poco los besos de Albert comenzaron a relajarla y sintió el calor del rubio y el aroma tan masculino que emanaba de el. De repente Albert dejó de besarla y vio cómo el agua se había consumido totalmente dejando las verduras recocidas.

El rubio estalló en carcajadas y le dijo:

-Creo que no es prudente dejarte sola en la cocina Candy.

-Tú tienes la culpa, para que vienes con toda la intención de provocarme.

-Jajajaja, no es cierto, yo solo quería ver que pensabas de mí.

-Ya Albert, por qué mejor no me ayudas aquí, pero eso sí, ponte una camisa.

-Cómo usted ordene señoritita.

Para Albert fue gratificante y halagador ver como Candy no escondía el deseo que sentía por el. Era todo lo que necesitaba y más.

Continuará...

Nota: Hola de nuevo queridas amigas, aquí les dejo otro capítulo de esta historia alterna esperando que sea de su agrado. Hice un poquito más largo este porque una chica linda me dijo que lo hiciera. También me pidió hacer una escena algo subida de tono, pero me temo que eso si no voy a poder hacerlo. Como bien saben, este mi primer fic, y todavía tengo que mejorar muchísimo. Y creo que eso de escribir escenas con un toque erótico pues no se me da jajaja, creo que no estoy preparada para eso.

Gracias nuevamente por tomarse el tiempo de leer y dejarme sus comentarios que me son de mucha ayuda, así mismo les reitero que no dejen de hacerlo, todos sus comentarios son bienvenidos. Nos leemos pronto, saludos!

Christy: Hola amiga, me da muchísimo gusto saber que te guste la historia. Ya sabes que eres libre en decirme cualquier cosa, espero que sigas conmigo.

Gina Andrew: Hola Gina, muchas gracias por leer todos los capítulos y hacerme la sugerencia de hacerlos más largos, espero que este haya sido de tú agrado. Para la otra sugerencia que me pediste creo que todavía me falta mucho para ser capaz de escribir algo así jajaja. Ojala continúes conmigo.

Pauli: Hola Pauli, gracias de nuevo por seguir conmigo y dejar tu review. Muchos saludos para ti. Espero que pronto actualices "Cuando menos te lo esperas"

Lore de Brower: Hola Lore, gracias por seguir conmigo y espero que así sea hasta el final. Obvio no iba a poner a Terry con Susana jajaja, siempre pensé que con Karen haría una gran pareja. Gracias por actualizar "Recuérdame"

Roseewxw: Hola amiga, favor que me haces en dejarme un comentario. Gracias por seguir mi historia y dejarme saber que prefieres a Albert (igual que yo jejeje). Muchos saludos.

Arual: Me da gusto saber que te guste la personalidad de Albert aquí en el fic, muchísimas gracias por dejar tu comentario y que bueno que pude arrancarte una sonrisa, espero que sigas conmigo.