La fiesta

Aquel sábado por la tarde, las cuatro chicas habían quedado en casa de Tomoyo para prepararse para la fiesta que se celebraba al anochecer. Para Sakura era una soberana tontería y Edama parecía insegura.

No sé porqué os empeñais tanto en arreglaros, estais guapas igual – la chica de ojos verdes observaba como Tomoyo, ya maquillada y vestida con un corsé azul marino y una larga falda oscura, se dedicaba a pintar los ojos de Ritsue.

Creo que Sakura tiene razón – intervino Edama – Total, ningún chico se nos va a acercar ésta noche –

Ante éste comentario, Sakura se echó a reir a carcajadas, seguida de Ritsue, que también se puso a reir, sólo Tomoyo la miraba con perplejidad.

¡Ay Edama! Un poco de sombra de ojos nunca viene mal, y créeme, haré tantas maravillas contigo ¡que tendrás que quitarte a los tíos de encima! – Tomoyo hizo una pausa – A propósito, también necesitaré cuerdas –

¿Cuerdas para qué? – Ritsue abrió los ojos, sorprendida

Para atar a Sakura – dijo la morena tranquilamente – Dudo que se esté quieta mientras la maquillo a ella –

¡Ni se te ocurra! – la castaña se levantó de su rincón

Sak, cállate. Voy a pintarte te guste o no – con la mirada que tenía Tomoyo, Sakura no pudo hacer más que sentarse enfurruñada, lo que hizo sonreir a la primera.

Unas horas más tarde, se reunieron con el novio de Ritsue.

Buenas… Ritsu, estás guapisima – el chico se acercó para darle un beso a su pareja

Gracias – la chica dibujó una sonrisa pícara mientras se alisaba el corto vestido rojo y echaba una fugaz mirada a sus botas militares.

Sus amigas sonrieron y Sakura soltó una risita.

¿Qué pasa Sakura? – la chica de pelo rizado miró a su interlocutora entre divertida y seria, lo que la castaña aprovechó para tardar unos segundos en contestar:

A lo mejor ésta noche ya no lo necesitas – dijo Sakura refiriéncose su atuendo

Ritsue y Kyo se miraron rojos cómo tomates.

¡Sakura! – le gritó – ¡Pues tu no te quedes corta con Yue! – contestó seguidamente para devolverle la jugada

Yue vendrá más tarde, y si va a pasar algo… ¡que pase! – aunque Sakura puso cara de broma, Tomoyo pudo adivinar que estaba muerta de nervios.

Llegaron a casa de Eriol riendo y gastándose bromas, aunque quién les abrió la puerta no hizo la misma cara cuando los vió. La cabellera rubia de Minako apareció y desapareció dejando la puerta abierta.

¡Eriooool! – llamó con su voz cantarina - ¡La basura ha llegado! –

¡Pero será zorr…! –

¡SAKURA! – entre las chicas cogieron a la castaña cómo puedieron y Kyo reaccionó tan deprisa queriendo ponerse delante de ella que casi tropieza

¡Sakura tranquila! – Tomoyo, que estaba más cerca de la chica, le cogió la cara entre sus manos e hizo que la mirara a los ojos – Sak, no vale la pena. Aquí no –

Sakura apartó la vista y se soltó, pero no se movió.

No importa – contuvo su ira y se dijo que aquella noche, la rubia no existiría para ella.

La mansión Hiraguizawa estaba abarrotada y había un montón de gente que no conocían. En su mayoría chicos y chicas que, a su parecer, aparentaban mucha mayor edad. La fiesta parecía haber empezado hacía rato, ya que todo era un completo descontrol: chicos apostando a ver quién aguantaba más bebiendo entorno a una mesa; una pareja besándose descaradamente en un sofá; gente corriendo; música a todo volumen; gente bailando; gente gritando…

Ritsue y Kyo no tardaron en perderse entre la multitud y Tomoyo también desapareció cuando Eriol se acercó a buscarla. Sakura había dejado a Edama en un rincón y se había aventurado a buscar un poco de bebida, pero para cuando regresó, Edama tampoco estaba.

Mierda… ¡Perfecto! – Sakura soltó un bufido mientras buscaba desesperada a la morena con la mirada.

Gracias – dijo una voz a su espalda cogiendo una de sus bebidas. - ¿Qué és? –

Sakura miró al castaño con una ceja levantada y dijo con tranquilidad:

- Cerveza –

La ojiverde sonrió cuando Shaoran casi escupió el contenido que estaba a pocos milímetros de sus labios.

¡Puaj! ¿Y éste? –

Naranjada –

¿Has visto que bien? Mucho mejor. ¿No te han dicho Kinomoto que és malo beber? – dijo el chico cuando intercambió sus vasos

Demasiado, pero no me agarro tanto a la botella cómo tu amiguita Minako –

¡Qué exagerada! Minako no bebe –

Sakura se echó a reír durante un buen rato y no podía parar, Shaoran pensó cuál era el chiste, sin embargo, la chica, sin dejar de reír, lo agarró de la mano y lo arrastró a la cocina.

En ésos momentos, Sakura estaba más preparada que él:

Minako, sentada en una de las encimeras de mármol bebía de una botella de vodka mientras un chico de pie frente a ella le besaba el cuello y le masajeaba lentamente los pechos por encima del vestido.

Shaoran se quedó mudo pero Sakura no pudo evitar que saliera un sonido más bien intencionado de su garganta.

La rubia abrió los ojos y los miró. La botella le resbaló de entre las manos y fue a estrellarse al suelo rompiéndose en mil pedazos; apartó al chico con dificultad mientras caía al suelo e intentó correr hacia el castaño. Desde el suelo levanto la mirada e intentó decir algo, pero no pudo.

Y Sakura ardía: Shaoran la había cogido de la cintura y la estaba besando suave pero salvajemente. Un placentero escalofrío le recorrió la espina dorsal y pasó los brazos por el cuello del chico para corresponderle.

El chico, sorprendido, se olvidó de Minako y, apartándose momentáneamente de Sakura, la cogió de la mano y se la llevó corriendo.

Sakura no sabía exactamente cómo, pero no podía reaccionar, se dejaba llevar arrastrada del chico y tampoco supo después cómo consiguieron subir las escaleras tan rápido.

Se colaron en la primera habitación que encontraron en su camino y, tras la puerta, se desató la pasión. Ella no podía dejar de pensar en Yue pero tampoco podía apartarse de Shaoran, lo deseaba. Con toda su alma.

El chino por su parte, se preguntaba porqué había tardado tanto tiempo en hacer aquello, y se dio cuenta de que llevaba muchísimo tiempo queriéndolo hacer. Con ella.

Edama llevaba un rato esperando a Sakura, que había ido a por algo de beber, cuándo se le acercó un chico con pelo corto teñido de rubio, bastante guapo y de apariencia rebelde.

Perdona, ¿te gustaría bailar conmigo? –

Edama miró hacia atrás, confundida por si había alguien detrás suyo, pero no vió a nadie.

¿Yo? – preguntó todavía más desconcertada señalándose a si misma

Si – el chico sonrió

Bueno… - titubeó. Se dejó llevar por el chico hacia un grupo de gente que había improvisado una pista de baile en el salón.

La chica tenía sus dudas, nunca ningún chico se había acercado a hablar con ella así que no sabía muy bien cómo actuar. Decidió que lo mejor sería ser ella misma pero sin dar demasiada confianza, ya que sabía de sobra lo traicioneros que podían ser algunos adolescentes.

Apenas dieron unos pasos empezó a sonar un ritmo melodioso y lento, por lo que él hizo un ademásn de poner las manos en la cintura de ella.

¿Puedo? –

Si, no importa – aunque para su sorpresa se encontró abrazada a él respirando el aroma de su cuello.

Por cierto, me llamo Takeichi Sujiyama – susurró en su oído – Pero puedes llamarme Take –

Edama – tenía los pelos de gallina y la voz por poco le falló, sintió que las piernas le temblaban y si él no la estuviera sujetando, se hubiera caído.

Me gusta, es bonito –

Edama se sonrojó.

Disculpad que os interrumpa – la pareja se separó y Edama aún se sonrojo más al ver a Tomoyo al lado de Eriol, quién les había hablado – Take, no te aproveches… Edama, ya veo que has conocido a Takeichi.

Si, hace un momento – la morena miró al suelo al ver que Tomoyo le guiñaba un ojo

Bien. No te preocupes, Take es un buen amigo mío. Va al Instituto Tsukuba, ¿te suena? –

Ah, ¡si! – recordaba pasar muchas veces cerca del Tsukuba cuándo era pequeña, siempre le había parecido un edificio grande y siniestro.

Bueno Take, Edama es amiga de Tomoyo – dijo Eriol mirando a la chica que sonreía a su lado

Entonces también es amíga mía – Takeichi miró a Edama sonriendo

Cuidado con él, Edama, los chicos pueden llegar a ser muy "cabrones". Y cuidado tu también Take, cómo se te ocurra hacerle algo a ella… - Tomoyo añadió esto mirando a Edama divertida y a Takeichi muy seria.

No es tan malo Tomoyo – Eriol puso una mano en el hombro de la ojiazul – Hasta puede que sea dulce… -

Antes de que Takeichi pudiera protestar, Edama se echó a reir y el chico rubio se quedó mirándola muy quieto. Eriol sonrió un poco, le susurró algo a Tomoyo y se alejaron en silencio.

Tomoyo – cuándo estuvieron los dos alejados, Eriol se acercó a la oreja de la morena para hablarle – Tengo que hablarte de algo importante –

Bien, dime – aunque Tomoyo quiso aparentar tranquilidad absoluta cómo si el chico le hubiera dicho que hablaran del tiempo, no pudo evitar que se le pusieran los pelos de punta.

Aquí no, hay mucho ruido, ven – Eriol la condujo de vuelta hacia las escaleras, que subieron en silencio y sin mirarse, y le abrió una puerta que estaba al final de un pasillo que se orientaba hacia la izquierda – És mi habitación –

¡Wow! – aunque Tomoyo tenia una habitación más o menos igual de amplia, no pudo evitar pensar que estaba muy bien decorada.

Eriol se sentó en su cama y invitó a Tomoyo a sentarse, aunque no sabía cómo empezar.

Verás… tengo que confesarte algo –

Vaya, ¿no será que ahora prefieres los chicos? – dijo Tomoyo en un intento por hacer desaparecer su nerviosismo

¡NO! – el chico se puso rojo - ¡Me gusta una chica! –

Oh… - a Tomoyo se le paró en seco el corazón durante unos instantes - ¿Y ella lo sabe? –

Aún no, es por eso que te he pedido que vengas, necesito que me ayudes a decírselo –

Ahí fue cuándo Tomoyo perdió toda esperanza. Ella se consideraba observadora, y sabía que Eriol era bastante directo. Si hubiera sido ella, ya se lo habría confesado. Tomoyo pensaba que por la forma que tenía Eriol de tratarla, le gustaba ella; aunque nunca hubiera imaginado que no era así. Supo hacer una media sonrisa bastante creíble.

Pues, depende que cómo sea la chica, no sé si podré ayudarte… -

Bueno ella… es dulce, muy divertida, y se preocupa mucho por los demás –

Bien, entonces supongo que podrías decirle… - desde que Tomoyo conoció a Eriol y empezó a fijarse en él, había fantaseado con las palabras que él le diría cuándo le confesara su amor; en éste momento, supuso que ya no tendrían sentido, y que si Eriol tenía que hacer feliz a alguien, aquellas palabras harían feliz a otra - …podrías decirle que el día en que te fijaste en ella ya no había vuelta atrás… ¿estás muy enamorado? –

Pues… - Eriol se sonrojó, a lo que Tomoyo hizo desesperarse más - … muchísimo, ella és mi vida, cómo por así decirlo –

Bien – mierda, Tomoyo se reprendió a si misma, había contestado demasiado fríamente, rectificó el tono – Pues eso, que tu vida sin ella no está completa, que quieres pasar el resto de tu vida con ella y que harás lo que sea por conseguirla… - estaba a punto de llorar, quería salir de allí corriendo, aunque ya faltaba poco, Eriol iría en busca de la afortunada y ella podría desahogarse a gusto.

¡Gracias Tomoyo! Entonces no hay más que hablar – Eriol respiró profundamente

¡Lárgate ya! Por favor… La chica sentía que las lágrimas se agolpaban en sus ojos, unos segundos más y Eriol la descubriría.

Tomoyo… - un pausa - ¿Querrías ser mi vida? –

¿Qué? – una lágrima resbaló por su mejilla

¡Tomoyo! ¿Por qué lloras? – Eriol abrió los ojos y le tomó de las manos

Qué… ¿Qué has dicho? –

Tu eres mi vida Tomoyo Daidouji, desde aquel día en que te vi por primera vez, llevabas aquel vestido rosa que no te gustaba y que tu madre te había hecho poner, estabas preciosa. Siento no habértelo dicho antes, pero ya no aguantaba más. No llores por favor…- Eriol le pasó un dedo por la mejilla para borrar el rastro que había dejado la gota.

Tomoyo había entrado en un estado de shock en el que rabia y alegría se mezclaban, estaba enfadada consigo misma por haberse hecho todo ése lío, y estaba aún más enfadada con Eriol por hacerla sufrir de aquella manera.

¡Tu eres idiota! – se levantó gritando y Eriol se asustó tanto que se cayó al suelo

¡Tomoyo! –

¡¿Sabes por lo que me has hecho pasar?! -

¿Qué te pasa Tomoyo? –

Ahora si que Tomoyo comenzó a llorar amargamente. ¡Qué mal rato le había hecho pasar el muy imbécil! Se giró hacia él y no pudo evitar gritar.

¿Sabes lo que me has hecho pasar? ¡Pensaba que hablabas de otra! –

Eriol se dio cuenta al instante que había metido la pata hasta el fondo. Cómo no sabía que hacer, hizo lo que nunca se habría esperado, y que, si todo tenía que salir mal a partir de entonces, se llevaría algo bueno: en un instante, cogió a Tomoyo por los hombros y la besó con ansia. Ella, que en un primer momento tenía los ojos abiertos por la sorpresa, los fue cerrando saboreando el beso y empezó a acariciar lentamente el pelo de Eriol. Dejándose llevar, se olvidaron del mundo que los rodeaba y se centraron en lo que habían estado esperando tanto tiempo: estar el uno en brazos del otro.

N.A.: Después de algún tiempo sin escribir nada, básicamente por falta de inspiración y algunos problemas personales, vuelvo a ver si continúo (y acabo) la historia que hasta a mi me engancha cuándo la reviso…

Dudas y comentarios, escribid los que queráis! Saludos.