Agotado por el sueño, herido por las luchas y con una terrible duda en su corazón, Atreus sigue viviendo. Sin embargo, aquel nombre le ha cautivado. ¿Acaso sería el demonio de sus sueños?
¡Aquí está el capítulo 14! Y más pronto de lo que esperaba, la verdad… La lucha ya es inminente, y sabiendo qué han de hacer, nuestros protagonistas se pondrán manos a la obra. ¡Esperemos que su cosmos sea suficiente para obtener la victoria!
Capítulo XIV: Lucha forzada
Espectro de un Cazador
Cecil estaba resuelto a acabar cuanto antes aquella misión del Santuario, no obstante, deseaba volver a escuchar las palabras de Gauvain. Acariciando la Caja de Pandora de su armadura, se decidió a sentarse a sus pies no sin sentir antes cierto nerviosismo. La visión del Ródano le había parecido más que maravillosa por un instante.
-¿Mirabas el paisaje, o mis piernas?- protestó Lyone.
-Cállate y aparta. Me estorbas…-
La dulce chica no había conseguido llamar la atención del plateado en todo aquel día. Algo frustrada, miró a Atreus, que a su vez se observaba en el agua de la orilla. Con su voz algo quebrada, preguntó si deseaba algo.
-Atreus, antes no me contaste quién era Violante.
-Y no pienso hacerlo. No te lo tomes a mal, pero es algo que me pertenece.
Ya eran más de las cinco de la tarde y Gauvain no había llegado. Aunque el estudioso dijera que les esperaría si sellaban a Van Gogh, el líder del grupo había considerado oportuno esperarle.
Entre minuto y minuto la brisa soplaba, las nubes se movían y el sol brillaba con poca o menos intensidad. Afortunadamente, aquellos árboles amenizaban bastante el paisaje provenzano. La imagen era digna de haber sido plasmada por el arte de Van Gogh.
-¡Hola!- La quietud se rompió con el grito de Lyone, que saludó a Gauvain. Los pocos piares de pájaros que se oían callaron por un momento.
-Lo suponía… me esperabais.
Cecil levantó casi de un salto y miró al hombre. Con un gesto algo frío, señaló a Atreus recordándole lo del joven acechado.
-Oh, tú eras el chico que luchó contra el espectro¿no?
-Así es.
-Bueno, aquí estoy, Cecil.- interrumpió antes de que el aprendiz pudiera introducirse.
-¿Ahora qué?
-Hay que sellarle. Es un ser de otro plano conjurado por un demonio: el Cazador de Sueños.
-Para sellarle, hay que proyectar el cosmos y purificar el suyo¿no?- cuestionó la dulce Lyone.
-Pero de vosotros, sólo Orión podría hacerlo. ¿No eres caballero de Orión?
-¡Eso es lo de menos! Sólo mi cosmos puede detenerle. Como imaginaba, todo lo tendré que hacer yo… ¡Demonios!- la frustración del presuncioso joven irritó a Gauvain, que parpadeó suspirando.
-Cecil, nosotros podemos ayudarte.
-¿Para que te pase a ti también lo que le sucedió a Atreus?
-Bueno…- interrumpió el mayor de todos.- ¿y ya sabéis cómo localizarle? Dime joven. ¿Cuándo le encontraste?
-De noche cerrada. Ayer cuando me escapé de nuestra pensión.
El veterano reprimió a Cecil alegando que sin él no podría hacer nada. Un espectro era sólo, en teoría, energía residual, por lo que sólo tenía poder para aparecer en un momento y un lugar. Quizás sólo ante una persona en concreto. El plan sería acudir a los Alyscamps por la noche.
Tras despedirse de su consejero, los caballeros de Atenea decidieron pasar el resto del día en aquel precioso lugar. Al fin y al cabo, resistir al desgaste de la temperatura no sería más que un juego de niños para los aprendices.
Los tres jóvenes se tumbaron a orillas del Ródano en silencio, como esperando a que las arenas del tiempo quedasen paralizadas. Podía ser efecto del terror que suponía enfrentarse a alguien ya muerto. No obstante, todos juntos callaron en el más íntimo y cómodo silencio durante más de una hora.
-Se ha quedado dormida.- susurró Atreus.
-Ayer durmió poco.
-¡Qué linda es!
-…
-Maestro…
-Dime, alumno. ¿Algún problema?- inquirió Cecil sentándose en la hierba. -¿Te pasa algo, o es sólo por molestarme?
-Sí. Es que creo que estás de muy mal humor por algo.
-Ayer te la jugué buena. Eso es todo.
-¿Cómo¿Qué sucede?
-Lyone y yo estuvimos hablando y… pasó algo que me llevó a besarla.
El silencio en Atreus habló por sí solo. Le había molestado, pero siendo su maestro, no pudo evitar suspirar mientras volvía a tumbarse en la hierba.
-Lo siento. Sé que esta chica es especial para ti.
-Da igual.- respondió el chico con lágrimas en los ojos. –Sé que no lo has hecho a posta. Confío en ti aunque me duela.
-No podía ocultártelo. Buscaba el momento pero… no me decidí hasta ahora. ¿No la habías besado tú antes?
-Confieso que no. Nunca he besado a ninguna chica. Lyone tampoco había besado a nadie que yo sepa, así que le has robado su primer beso… creo.
-¿Y ese "creo"? No suenas nada convincente, chico.
-Ya te he contado mi sueño, pero omití algo para que no lo oyera ella. Lyone aparecía en mi sueño.
-¿De veras¿Y qué hacía en un sueño tan horrible?
-Susurraba el nombre de alguien. Se hacía llamar Haland.
-¿Haland¿El hombre de la habitación de los candelabros?
-Sí, y todo era tan real que temía que Lyone se entregase así a alguien. ¡Lo temo! Pero si no me he enfadado contigo es porque lo he considerado mejor. Si yo no soy capaz de besarla es mejor que lo haga alguien conocido a que lo haga alguien como ese Haland.
-…- Cecil intuyó algo que no le gustó nada, pero cambiando de tema, sonrió a su alumno instándole a que le robase un beso a la chica dormida.
Atreus se ruborizó en silencio y no contestó a la provocación de su maestro. Tan sólo pudo reír de forma estúpida, cuanto más parecida a la de una niña que a la propia de alguien de su edad.
-Eso no estaría nada bien.
-Sabes que mi ética es un libro en blanco para estas cosas… te lo he demostrado ya por desgracia.
-No lo veo así. Tú al menos me lo has dicho. Lo único que Lyone ha hecho es mirarte y guardar silencio.
Cecil cogió al chico por la nuca forzándole a acercar sus labios a los de ella. El chico no lo podía ver, pero escuchaba la risa traviesa de su maestro. Luchando contra su enorme fuerza, de la cual no tenía constancia, acabó sucumbiendo a ella. Por fin, y cuando sus labios estuvieron tan cerca que casi se rozaban, Atreus desvió la cara rozándolos con su mejilla. Para entonces, ella susurró algo.
-¡Eh, chico¿Por qué te detienes ahora que casi era tuya?
-Ha… land- volvió a gemir en una voz tan bajita cuyo aire tan sólo notó el aprendiz.
Nada más Atreus lo oyó, levantó bruscamente con los ojos abiertos de par en par. Los brazos le temblaban. ¡O ella lo había oído o…
-¿Qué pasa?- cuestionó Orión extrañado.- ¿Sentiste a ese fantasma o algo parecido?
-No es eso…
Atreus empezó a correr ante los atónitos ojos de su maestro, que no se explicaba nada de lo sucedido. ¿Qué ocurrió? Sin apenas nada qué hacer, sólo pudo observar cómo el chico se iba internando de nuevo en la ciudad rumbo a los tenebrosos Alyscamps.
-¡Mierda¡¡Lyone, arriba!!- gritó enfadado.
-¿Qué sucede¿Me he dormido?
Una familiar cosmoenergía estalló en la necrópolis un par de minutos después. Sin duda era la de el chico. Impresionados ambos, Lyone comprendió lo sucedido y en seguida comenzaron a correr. Cecil arrastraba con una mano su Caja de Pandora, pero cuando comprobó que estaba habiendo respuesta a la agresión explosiva de Atreus no pudo esperar. Incluso en marcha, no le quedó más remedio que coger aquella cadena de plata y tirar.Terreno vedado
El pánico cundía entre todas las personas que habían presenciado la explosión de cosmos de Atreus. La mayoría de ellas huía despavorida. Parecían poseídas por un demonio del miedo. Nadie sabía por qué, pero en mitad de los Alyscamps algo parecido a un espectro usaba algún tipo de magia contra el muchacho que le encaraba.
Dos árboles de un lateral fueron arrancados fruto de una explosión terrible. El aprendiz de caballero fue herido en el brazo y cayó al suelo exhausto. A pesar de todo, levantó. La ira que le movía por dentro era tan grande que no temía nada.
-Tu determinación… ha aumentado.- habló jactanciosa la voz de ultratumba. Como pasó en el enfrentamiento anterior, decenas de sombras atravesaron las tumbas para apoyarle. -¿Ahora no tienes miedo?
-¡Dime por qué estás aquí¿Por qué mataste a los inocentes?
-Yo no mato inocentes. Advierto… Tú oías aquella melodía cuando te advertí también y ahora eres otro objetivo más.
-¿Para quién soy un objetivo¡No eres más que una marioneta!
Van Gogh abrió sus ojos y gritando hizo que las sombras de los condenados apresaran a Atreus. El chico, que fue atado con fuerza, no pudo hacer más que esgrimir su Impulso Celeste para cortar aquellas cadenas sombrías.
El leve azote de su viento, ya dominado casi a la perfección había sido más débil que otras veces. Aunque su poder estaba algo mermado por el cansancio, pudo desatarse.
-Veo que estás resentido. Morirás como los otros y me haré con tu alma…
-¿Para qué quiere un espectro como tú las almas¡¿No deberías buscar ser liberado?!
-¡Dame tu alma¡¡Lanza de Sombras!!
El grueso de las almas que apoyaban al espíritu se aglomeró formando una pronunciada vara que fue lanzada a gran velocidad contra el joven, que sólo fue rozado en la pierna mientras saltaba para esquivar el impacto. Se dio cuenta del error de arrojarse a la derecha.
Con la mano sobre su muslo intentando retener la sangre que caía contra la tierra, profirió un gruñido de frustración. Aquel aprendiz inexperto tenía madera para convertirse en caballero, pero por su cegadora ira no se percataba de la insuficiencia de su propio cosmos.
-Estúpido, las sombras te han vuelto a apresar…
Los condenados le habían rodeado adoptando formas de cuerdas negras que le aferraban al suelo e impedían que moviese sus brazos. El Impulso Celeste que siempre le había salvado estaba ahora neutralizado.
-¿Quién es tu titiritero¿Quién es ese Cazador de Sueños?- exclamó furibundo.
-Yo soy tu titiritero.- Van Gogh parecía expulsar aquellos lucilos que tan propios de las almas eran. Se comentaba que tras la muerte, el alma se descomponía en pequeñas esferas de luz en su viaje al Hades.
-¡Estás atrapado!- reprochó con voz gastada. Deseas ir al Hades pero no puedes. No te dejas ayudar…
Cada vez se hacía más fuerte aquella atadura de las sombras. Atreus no se explicaba cómo un ser de otra dimensión podía provocar efectos como aquellos en el plano terrenal. ¿Tal era el poder del mentado Cazador?
-Se acabó, mocoso… tu alma es mía.
El ectoplasma dejó mostrar retazos de un cosmos extinto, iluminando todo su radio en rojizo. Aquellos hilos de sombra que hacían las veces de cuerda fueron tomando despacio el tono de su aura.
Justo antes de que el sanguino de su cosmos le tocara, una poderosa ráfaga de viento que sorprendió al espíritu por la espalda le atravesó para liberar sesgando y destrozando las sombras de los condenados a su alumno. ¡El Impulso Azul de Cecil le había salvado!
-¡Estúpido mocoso!- gritó exaltado.
Allí estaba el caballero de Orión vistiendo su ropaje de hombreras coronadas por enormes cuernos. Lo estilizado de su armadura le daba un aspecto delicado. Sin embargo Cecil, que con sus ojos inundados en llamas postraba su mirada en Van Gogh, desmentía aquella errónea concepción siendo artífice de una fogosa cosmoenergía.
-Atreus, permite que por esta vez te llame estúpido de todo corazón, porque lo que has hecho no se puede explicar. ¡¿En qué demonios estabas pensando?!- el espectro se giró para contemplar al caballero de Atenea.
-Tú también… has venido.- dijo replicando con molestia.
-¡Silencio, ectoplasma asqueroso!
Lyone, a espaldas del monstruo fue corriendo hacia su compañero temiendo por las heridas anteriores y las más recientes. Con voz trémula le cogió de los hombros y le zarandeó con suavidad.
-¡Dime que estás bien! Cecil me ha pedido que nos ocultemos tras alguna tumba mientras acaba con esto.- Cogiendo ahora la mano del joven, ambos corrieron con torpeza hasta estar a salvo.
-Lyone.
-Me explicó Cecil que saliste corriendo para pelear. ¡Pero si estabas herido!- susurró.
-Yo…- Atreus no sabía como justificar su comportamiento. Ahora que lo pensaba con relativa frialdad, había hecho el ridículo. Por su culpa, Cecil estaba ahí, a punto de combatir sin haber pensado ninguna estrategia.
-No se si eres valiente o inconsciente, pero te recuerdo que no hay forma de atinarle a un espectro con ataques normales y Cecil no ha pensado en nada.
-Lo sé… pero necesitaba saber algo.
Orión saltaba para evitar que los cada vez más certeros ataques de su enemigo le golpeasen. Sabía cómo purificar el corrupto cosmos de ultratumba. Canalizando su energía podría conseguirlo, pero necesitaba tiempo.
-¡Resplandor de Bellatrix!
Centenas y centenas de lucilos multicolor se esparcieron a lo largo y ancho de los alyscamps camuflando el anaranjado del crepúsculo es un paraíso arcoiris. Poco a poco, avanzaron aumentando su velocidad para colisionar con todas las sombras que le perseguían. Múltiples explosiones destrozaban en conjunto la necrópolis sin piedad. Aquel espectáculo, a pesar de bello, estaba costando un precio alto: algo tan antiguo como aquel cementerio estaba siendo destrozado.
Van Gogh se desplazaba eludiendo los retazos del resplandor que amenazaban con golpearle. No tuvo ningún problema en ello, pues aunque hubiera sido alcanzado, no surtirían efecto. Elevando su mano, el espectro detuvo en el aire todas las piedras y la grava resultantes de la destrucción. Con una perversa sonrisa, arqueó su extremidad con violencia.
Cecil no podía creer que toda aquella masa de tierra se aproximase tan rauda. No tuvo tiempo de actuar, siendo derribado sin más consecuencias. Sin embargo, el descuido le valió a su contendiente para ejecutar un salto que le alineó frente al plateado, paralelo al suelo. Tan sólo se escuchó otra explosión más. Una onda expansiva sacudió los cuerpos de los aprendices, cuyos cabellos se agitaron al unísono.
-¡Maestro!- gritó Atreus mientras mordía su antebrazo frustrado. Lyone tenía una mueca desagradable. Parecía comprender la peligrosa situación.
El caballero de Orión estaba en pie, sin saber dónde se ocultaba su enemigo. Con la diestra, se aferraba el brazo izquierdo. No hacía más que gotear aquel líquido rojo al suelo.
-¡Mierda! Estar combatiendo a esta criatura es como pelear con una pared… Sólo sufro yo.- Sin ir al encuentro del cosmos del espíritu, comenzó a acumular energía. Intentaba canalizar el cosmos que supuestamente liberaría el alma hostil. Cecil estaba algo débil. Tardaría algún minuto en llevar su cosmos al máximo.
-¡No puedo!
-¿Qué sucede, caballero¿No eres capaz de canalizar tu cosmos?- El demonio de la otra dimensión elevó los brazos, no conformándose ahora con la tierra. El poder prodigioso que tenía le permitió elevar al aire las cubiertas de las tumbas más próximas.
-¡¡Maestro!!- Atreus no aguantó más. No iba a permitir que nada ni nadie acabase con aquella persona a la que tanto quería. Lyone, horrorizada por la reincidente estupidez de su compañero, le siguió gritando su nombre.
El espectro se distrajo, lo cual aprovechó Orión para pulverizar las piedras talladas con su Impulso azul. El estruendo de toda la materia cayendo dejó a Van Gogh sin saber a cuál de sus enemigos mirar. Sin embargo decantó por la persona que aparentemente era más frágil. Lyone, la dulce criatura de pasado incierto.
