Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son de Meyer. Si por mí fuera, Jasper aparecería mucho más y con ropa muuuuy Sexy. Sólo Elizabeth y Evan son de mi propiedad.
Pairings: Edward/Bella, Rosalie/Emmett, Alice/Jasper, Esme/Carlisle.
Warning: +17, puede haber leguaje adulto y escenas de sexo.
Summary: Bella y Edward acaban de graduarse. La noche de la fiesta, ambos tienen su primera vez. Pero ninguno de los dos puede imaginarse que esa noche podría cambiar su vida. Edward abandona a Bella, dejándola a su suerte. Seis años después, el destino quiere reencontrarlos.
Capítulo dedicado a: Dasmy
Capítulo 13: Tiempo perdido
"El tiempo no es un gran curador. Es indiferente y superficial. A veces no cura del todo. Y otras veces, cuando parece que sí, la cura no era necesaria." (Ivy Compton Burnett)
"Podemos recuperar el terrero perdido. El tiempo perdido, no."(Napoleón Bonaparte)
"El tiempo es un niño que juega como un niño. Yo soy uno pero contrapuesto a mí mismo soy joven y viejo al mismo tiempo." (Carl Jung)
Edward POV
- Bella – susurré.
Quería que ella me viera, quería pedirle perdón, contarle la verdad y volver a estar junto a ella. Esas voces que había oído, y que me sonaban familiares, no eran más que las voces de Evan y Elizabeth. Y si ellos estaban allí y habían llamado a Alice, como su tía, era porque… Ellos eran mis hijos. Que estúpido había sido al no reconocer las similitudes: el cabello cobrizo de Eli y sus ojos chocolates como los de su madre, su carita tan parecida a la mía cuando tenía su edad; y Eva, con sus ojos que parecía mirar a un espejo porque eran iguales a los míos y mi cabello rebelde, pero con toda la timidez y hermosura que tenía su madre. Ellos eran mis hijos, los que yo había rechazado. Me odié terriblemente por ello.
Bella reaccionó y se acercó a mí con paso firme. No podía leer sus ojos, ella que siempre había sido un libro abierto para mí, ahora ocultaba sus emociones. Sólo veía odio, tanto o más del que yo tenía hacia mí mismo. Se paró muy cerca de mí, tanto que su aroma a fresas me inundaba los sentidos.
- Me alegra tanto verte, Bella – comenté embobado por su belleza.
Quise acariciar su mejilla, para comprobar si su piel seguía siendo tan tersa como la recordaba. Estaba tan cerca de tocarla, que me sorprendió su rechazo. Con un golpe, alejó mi mano. Sus ojos, ya no brillaban estaban opacos, me odiaba y estaba triste. Me sentí aún peor y me dio miedo.
- ¿Te alegra verme? Eres despreciable – siseó venenosamente-. Me dejaste cuando más te necesitabas, vuelve seis años después, ¿y me dices que te alegra verme? – chilló histérica-. ¿Te alegra verme después de haberme abandonado cuando…?
No podía dejar de verla, pero de reojo pude notar que los niños estaban asustados. Más bien Eli sola estaba asustada, Evan me miraba con odio. El pequeño se acercó a Bella y le tiró de la remera. Bella dejó de hablar, en sus ojos noté que casi hablaba de más.
- ¿Le conoces? – preguntó molesto, mirándome ceñudo.
- Si hijito, pero disculpa por haber gritado. Es que el señor Edward y yo nos peleamos hace mucho tiempo y él se fue, sin dejarme decirle nada – le arrulló.
Me llamó la atención como contrastaban sus voces. A mi me hablaba con tanta ira acumulada, mientras que a Evan le contestaba tan amorosamente, como una vez me había hablado a mí. Eli también se acercó a donde estábamos nosotros, ella estaba curiosa, lo veía en su sonrisita y sus ojitos pícaros.
- Pero mami, ¿por qué tiene el mismo apellido que el abuelito Carlisle?
- Porque es el otro hijo del abuelito – dijo Bella.
El otro hijo del abuelito y su padre, completé para mis adentros, aún doliéndome ante la inminente verdad.
- Entonces, ¿es nuestro tío? – preguntó Eli, con una mueca confusa.
Quise reírme ante aquella idea. Si tan sólo supiera que no era su tío, sino algo más. Bella me lanzó una mirada de reojo y no vaciló al contestar fieramente.
- Si, sólo eso. Ahora hijos, vayan con sus tíos que yo tengo que hablar con Edward, ¿si?
Los niños asintieron y se fueron junto a mi hermana, quien me lanzó una mirada de advertencia. Asentí, dándole a entender que la había visto. Quise mirar a Bella, pensando que estaba frente de mí aún, pero ya no estaba allí. Estaba dándome la espalda, cerca del ventanal de la pared final. Estaba de brazos cruzados, clavándose los dedos en las costillas. Quise acercarme a abrazarle, cuando ella rompió el silencio.
- Mira Edward, no quiero saber nada de tu vida. No quiero saber nada de ti ni que te acerques a mis hijos – dijo firme.
¿Sus hijos? También son míos, rugió algo en mi interior.
- Son mis hijos también – bramó otro que no quería ser yo.
Bella se giró violentamente para encararme. Pensar que ese movimiento, años atrás, pudieron haber logrado que ella perdiera su estabilidad. Siempre terminaba en mis brazos, y yo amaba esa sensación. Me miró a los ojos y noté que, prácticamente, salía llamas de sus ojos.
- Ah, claro, ahora son tus hijos. Seis años después cuando ya están criados, cuando ya nacieron sin padre. ¡Ahora llegas y quieres tomar el lugar que tú mismo rechazaste! ¡Tú mismo dijiste que lo nuestro fue un capricho adolescente, que no querías saber nada de ellos ni te importaba si los tenía! ¿Qué te hizo cambiar de parecer, eh? – me gritó.
Tenía las mejillas sonrojadas por el enojo y la respiración irregular. Aquellas palabras me habían herido enormemente, pero era la verdad. La cruel y cruda verdad. Las verdades duelen, había oído una vez. ¡Cuanta razón tenía eso!
- Ni se te ocurra pensar que permitiré que te los lleves, mucho menos que sepan que eres su padre. Nunca te lo perdonaré, Edward. Tú quisiste esto, ahora tú te jodes. Eres un hijo de puta. No me vuelvas a dirigir la palabra – terminó mordaz.
Bella comenzó a caminar en dirección contraria a donde estaba, hacia el baño.
- Eres un estúpido Edward Cullen – me dije a mí mismo.
Me tomé la cabeza entre las manos, intentando no desquiciarme.
Hasta ahora, nunca me había dado cuenta de cuanto dolor había causado. Había sido un huracán en su vida, dando vuelta todo. Cuando me marché, pensé que hacía lo correcto para ella, había decidido por los dos. Había sido el error más grande de mi vida el no querer conocer a mis hijos. Un error del que estaba arrepentido.
Caminé hasta el tocador. Apoyé un brazo contra el marco de la puerta y dejé descansar mi cabeza allí.
- Discúlpame Bella, en serio te pido perdón. Sé que no me perdonarás, pero deberías de entenderme – murmuré, en el tono exacto para que me oyera.
La oí llorar desde adentro y se me encogió el corazón. Intenté abrir la puerta suavemente, pero estaba cerrada con llaves.
Una estúpida pared me separaba del amor de mi vida, de poder consolarla.
Escuché el agua correr y luego que abría la puerta. Levanté un poco la cabeza. Ella estaba cerca de mí, casi tanto o más que cuando me escupió las primeras palabras. Tenía los ojos aún un poco hinchados y las mejillas coloreadas, pero ya no había rastro de lágrimas.
- Permíteme ser su tío al menos, permíteme conocerlos – pedí.
No podía estar seguro de si Bella me perdonaría alguna vez, pero no podía prohibirme pasar tiempo con mis hijos, aunque fingiera ser su tío. No cuando yo ya me lo había hecho a mí mismo durante años. Noté una batalla interna en ella hasta que, finalmente, asintió.
- Nada más que eso – dijo sin dejar lugar a réplicas.
- Lo prometo – contesté sinceramente.
Estaba tan feliz con que hubiera accedido que no me importaba que ellos me llamaran tío en vez de papá.
Bella pasó por mi lado, con paso firme, dejando la estela de su aroma. Inhalé lo más que pude, dándome cuenta de que mi mente nunca lo había recordado bien.
En ese instante caí en la cuenta de que era el cumpleaños de Bella. Subí corriendo hacia mi cuarto, buscando algo que regalarle, puesto que no tenía nada. Busqué desesperado por cada rincón, hasta que di con la caja que había sacado de su casa. Sonreí.
- Juro que haré todo lo posible porque seamos una familia feliz, como siempre tuvo que ser – prometí al viento, a la luna que entraba en mi cuarto.
Cundo bajé ya estaban entados todos en la mesa. El único lugar que quedaba era al final de la mesa, en frente de Eli y Evan. Sonreí ante mi suerte y me senté allí. Esme había preparado pasta, unos ravioles con salsa, lo favorito de Bella.
Comencé a comer casi de forma automática, tenía la vista clavada en mis hijos. Deseaba conocerles.
- ¿Les gusta la pasta? – pregunté.
Evan me miró y pasó de mí, como si no me hubiera oído. En cambio, Eli me miró y sonrió.
- Si, tanto como a mamá, tío Edward.
Sonreí por la forma en que mi hija me trataba. Con respecto a Evan, con él iba a costarme, debería asegurarme de saber todo acerca de él e intentar caerle bien.
Me llevé dos ravioles a la boca, y noté que Eli me miraba curiosa.
- ¿Por qué nunca antes te habíamos visto? – habló en plural, por su hermano y ella.
- Porque estaba estudiando en Italia – contesté con una sonrisa.
- Medico como el abuelito – afirmó ella y yo sonreí, asintiendo-. ¿Queda muy lejos ese lugar?
- Oh, si – contesté riendo-. Hay que viajar mucho tiempo en avión.
- A mi no me gustan los aviones – murmuró Evan, mirando su plato.
Enarqué una ceja, algo había conseguido.
- ¿Qué es lo que más les gusta hacer? – pregunté.
Eli me miró y volvió a sonreír feliz.
- A Evan le encanta leer, como mamá. En cambio, yo toco en mi órgano - sonreí, ella había sacado mi talento-. Mamá dice que es innato, pero ella nunca pudo tocar nada. Tampoco mis tíos, ni mis abuelos – murmuró en voz baja.
¿Bella les habrá dicho que no tienen papá? ¿Les habrá dicho que estaba muerto?
No quise preguntar nada más, la sonrisa de Eli se había desvanecido y Evan me miraba mal por ello. Me encogí en mi asiento, en realidad yo le era repugnante. ¡A mi propio hijo! No podía reclamárselo.
Jugué un buen rato con Eli a la consola de videojuegos, más Evan evitó hacerlo, frustrándome.
La hora de los regalos había llegado. Fueron innumerables cosas, muy a pesar de Bella, incluso parecía enfadada con ello. Cuando le di el mío, su semblante cambió. Parecía tan vulnerable observando las cosas, a punto de llorar.
Me miró y me asintió en forma de agradecimiento. Se levantó de su asiento.
- Creo que hoy me quedaré, si no es problema, Esme – dijo mirando a mi madre, quien negó con la cabeza-. Entonces es tarde, creo que sería mejor que me fuera a acostar – murmuró-. Vamos niños.
- Sí, mamá – dijeron a coro.
Les observé marcharse escaleras arriba, quedándome solo con mi familia. Mis padres se excusaron y se marcharon a dormir.
Estuve mirando hacia el ventanal un buen rato, acomodando mis ideas. Sentí una pequeña mano en mi hombro. Me tomé mi tiempo para fijarme quien era, aunque ya lo sabía.
- Te arrepientes de haberte ido – dijo la voz de mi hermana y asentí.
- Lamento por haberte golpeado cuando viniste la última vez, Ed – comentó mi hermano desde el otro lado, tomando mi hombro-. Es que verla a Bella destruida tanto tiempo, luchando por mantenerse entera por los niños y tú allá, en Italia, disfrutando de no tener responsabilidades, excepto la Universidad – hizo una pausa y suspiró-. Fueron tiempos oscuros para ella, para todos. Y todo se iluminó cuando los niños nacieron el mismísimo día de Navidad, regalándonos su felicidad…
Miré a mi hermano, estaba serio, como si recordar toda esa época fuera demasiado doloroso. Imaginarme todo ello, me hizo sentir lo mismo, me hizo sentir miserable.
- Emmett – le llamó Rose, para sacarlo de su ensimismamiento.
- He sido un completo idiota, siquiera veía lo que ustedes me mandaban, ninguno de sus avances. ¡Fui un vil cobarde! – exclamé histérico tomándome de la cabeza, e incrustando mis dedos en el cuero cabelludo.
- Podrás arreglarlo, Edward. Confío en ti - dijo Alice, con una tenue sonrisa.
Asentí, sin poder decir nada.
- Deberías ir a descansar Edward, te ves realmente mal y se te nota lo nervioso que estás - habló Jasper.
- De acuerdo, hasta mañana.
Me levanté del sillón donde me encontraba y me encaminé hasta el tercer piso, donde estaba mi habitación.
En el segundo, vi dos puertas entornadas, una al lado de la otra. Tuve curiosidad de ver quienes estaban, mamá en mi ausencia, había expandido muchísimo la casa. Metí la cabeza por la primera puerta, y me encontré con un cuarto iluminado por la luz de la luna.
Las paredes eran de un tono celeste pared, con una alfombra azul. Había un armario enorme, una puerta hacia el cuarto de al lado, una repisa repleta de libros y algunos juguetes en el suelo. En la cama, que estaba en medio del cuarto, estaba Evan, durmiendo abrazado a un oso gigante y destapado.
Me acerqué sigilosamente hacia su lado. Le toqué los cabellos, eran sedosos y desordenados. Le di un beso en la frente y le tapé.
Pasé por la puerta que conectaba con el cuarto continuo y, obviamente, era el de Eli. Era similar al de su hermano, pero todo con su toque rosa y, en vez de la biblioteca, había un hermoso órgano eléctrico con un banquito frente a él.
Eli estaba durmiendo tapada y abrazaba fuertemente a un puma. Cuando me acerqué, noté que estaba temblando.
Inconscientemente, me acosté a su lado y la abracé, mientras le acariciaba la cabeza.
- Papá – murmuró suavemente y se largó a llorar-. Mami, ¿porqué no tengo papá? Yo quiero un papá todos mis amigos tienen, menos Evan y yo – susurró en sueños.
Hablaba igual que Bella. Oírla, hizo que se me hiciera un nudo en la garganta. Le besé la frente.
- No tienes un papá porque es un tonto, pero te prometo, Eli, que ya no será así. Me tienes a mí – le dije.
- Gracias.
Seguramente no sabrá quién era, pero tenía una sonrisa formada en su cara. Me levanté suavemente de la cama y salí de su cuarto, sin cerrar totalmente la puerta.
Subí hasta mi piso y vi una puerta al lado de la mía que nunca antes había notado. La abrí despacio y me encontré con que era la habitación de Bella. Ella estaba dormida del lado derecho de la cama doble, como siempre lo había hecho cuando dormíamos juntos, y tenía una mano apoyada en el lado izquierdo, vacío.
- Edward – dijo.
Me congelé en mi lugar, pensando que me había visto, pero no volvió a decir palabra alguna. Me acerqué un poco a ella y le coloqué un mechón de cabello rebelde detrás de su oreja.
- Ojalá me puedas perdonar Bella, te quiero – susurré.
- Yo también – respondió aún dormida.
Sonreí de lado y salí de su cuarto.
Me metí al mío, me cambié y me acosté a dormir. Mientras me quedaba dormido, pensaba en si mañana podría llevar a desayunar a mis hijos y conocerlos un poco más, me hacía mucha ilusión. Además, deseaba romper el muro que Evan había creado para conmigo.
A la mañana siguiente, me desperté temprano me di una ducha y me cambié. Estaba bajando las escaleras del segundo piso cuando oí una melodía salir del cuarto de Eli.
Sin poder evitarlo, giré sobre mis talones y me metí suavemente a su cuarto. Tanto ella como su hermano ya estaban cambiados. Evan estaba acostado sobre la cama de ella, leyendo un libro y Eli lo estaba tocando. Tocaba maravillosamente bien el piano.
Sin querer romper su concentración, cerré la puerta sin hacer ruido y me senté en el suelo, oyéndolos. Cuando terminaron, aplaudí, haciendo que se volvieran rápidamente a mirarme. Eli tenía las mejillas sonrojadas y Evan me miraba con el ceño fruncido.
- Tocas maravillosamente bien, Eli.
- Gracias – dijo más sonrojada aún.
- Y tú lees estupendamente para tener cinco años, Evan – dije mirándole.
Sin saber cómo, Evan relajó su semblante y me sonrió. Tenía una bonita sonrisa, me hacía acordar a la de Bella.
- Gracias… Mamá nos leía desde pequeños y a mí siempre me gustó mucho leer. Eli también lo hace bien, pero prefiere tocar música – contestó.
Había conseguido sacarle información y que me sonriera. Estaba yendo todo bien. En ese momento, recordé mi idea de llevarlos a desayunar.
- ¿Han desayunado? – pregunté y ellos negaron con a cabeza-. ¿Qué les parece si los llevo a desayunar?
- ¿Estas hablando en serio, tío Edward?- cuestionó Eli sonriente y yo asentí.
- Mamá se preocupará si no nos ve – murmuró Evan
- No te preocupes, le escribo que los he llevado a desayunar y listo.
Los niños me miraron y sonrieron. Ambos se pusieron de pie y tomaron unas camperas, mientras que yo garabateaba una nota para Bella.
Bella, he llevado a los niños a desayunar, espero que no te moleste.
Besos, E.
- Listo – dijeron los niños.
- Bien, vamos.
Me acompañaron al garaje y los hice subir a mi auto, en la parte trasera. Cundo entré, Evan miraba todo asombrado.
- ¡WOW! – dijo
- ¿Te gusta?
- ¡Me encanta! El tío Em y el tío Jazz siempre me hablan de autos y a mi me encanta. Esta re bueno este – comentó maravillado.
- Me alegro – contesté riendo.
Conduje hasta el centro del pueblo. Allí había una cafetería a la cual íbamos con Bella a la salida del Instituto, muchas veces se nos unía Alice, otras no.
Bajamos y nos sentamos en una mesa, al lado de la ventana. Enseguida vino una mesera, de unos cuantos años, a tomar nuestro pedido.
- De acuerdo, ¿qué es lo que quiere el padre y sus dos lindos hijos? – preguntó amable.
Los niños la miraron con los ojos abiertos. Parecían tristes y asustados. Me dio pena velos así.
- No soy su padre, soy su tío – aquellas palabras quemaron en mi garganta, pero no podía verlos mal-. ¿Qué es lo que desean?
- Un jugo de naranja y tortitas con chocolate – pidió Eli y la mujer escribió.
- Yo lo mismo que mi hermana, pero con salsa de frambuesa, en vez de chocolate.
- ¿Y para usted? - preguntó escribiendo lo de Evan.
- Un café doble y pan tostado.
La mujer terminó de anotar y, tras un 'ya se los alcazo' y una mirada de disculpa, se marchó. Se creó un silencio un tanto extraño, los niños aún parecían conmocionados.
- ¿Les molestó lo que dijo la mujer? – pregunté.
- No es solo que… – dijo Eli, dejando inconcusa la frase.
Miré a Evan, quien tenía la mirada fija en la mesa.
- Parece que no tenemos papá. Mamá nunca dijo nada acerca de si teníamos o no, nunca se lo preguntamos porque no sabíamos de ello. Nos parecía raro que los tíos tuvieran al abuelito Carlisle para decirle papá y nosotros no, pero no sé… Era común para nosotros…
Se me hizo un nudo en el estómago. Eli y Evan se acababan de abrir conmigo, el idiota que los rechazó. El padre al que ellos creían su tío.
- ¿Pero tío Em y tío Jazz no son lo mismo? ¿Tampoco el abuelito? – quise saber.
Eli negó con la cabeza.
- Son nuestros tíos, como tú y es nuestro abuelo… Tampoco sabemos si son así enserio, o es porque ustedes son conocidos de mamá…
- ¿Por qué nunca le preguntaron a su mamá?
Ambos se encogieron de hombros y yo me sentí frustrado.
- Si mamá no nos lo dijo, es porque no es importante, ¿no? Sino nos hubiera dicho, tampoco nos mintió – dijo Evan luego de un rato.
Asentí. Tal vez yo no era importante para Bella, no lo era lo suficiente.
- Pero contigo es algo raro – dijo Eli, mirándome-. Es raro y lindo estar contigo es…
- Como sentirnos protegidos, completos.
Miré a los niños. Ambos habían bajado la vista.
- Prometo que no me iré, siempre estaré aquí para ustedes. Para todo lo que necesiten, lo juro – dije firme.
Eli y Evan volvieron a mirarme, con un extraño brillo en sus ojos.
- Gracias, tío.
Me quedo callado
Soy como un niño dormido
Que puede despertarse
Con apenas sólo un ruido
Cuando menos te lo esperas
Cuando menos lo imagino
Sé que un día no me aguanto y voy y te miro
Y te lo digo a los gritos
Y te ríes y me tomas por un loco atrevido
Pues no sabes cuanto tiempo en mis sueños has vivido
Ni sospechas cuando te nombré
Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido
Tengo una flor de bolsillo,
Marchita de buscar a una mujer que me quiera
Y reciba su perfume hasta traer la primavera
Y me enseñe lo que no aprendí de la vida
Que brilla más cada día,
Porque estoy tan sólo a un paso de ganarme la alegría
Porque el corazón levanta una tormenta enfurecida
Desde aquel momento en que te vi…
Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido
Este silencio esconde demasiadas palabras
No me detengo, pase lo que pase seguiré
Yo, yo no me doy por vencido
Yo quiero un mundo contigo
Juro que vale la pena esperar, y esperar y esperar un suspiro
Una señal del destino
No me canso, no me rindo, no me doy por vencido(*)
NEW CHAPTER!!!!!!!!
Aparentemente algo a Edward, de a poco, le está saliendo bien... No ponga todas sus fichas en estos capítulos, no todo es eventualmente como piensan. Todo puede fallar ;)
ME agrada, particularmente, este capítulo porque Edward siente realmente lo que él hizo, desde las palabras de Bella hasta la tristeza de sus hijos por no tener papa. Así como lo veo tierno eso de verlos a la noche y prometerles que siempre iba a estar para ellos (Sí claro, como no....) [Cállate sucia y traicionera consciencia ¬,¬]
(*) No me doy por vencido - Luis Fonci
Lamentablemente, sigo con mi laguna de inspiración. No ando pasando un buen momento emocional, así que los únicos que mantienen a flote este fic son ustedes, y sus maravillosos comentarios. Lamento no contestarlos, siempre ando con poco tiempo =S Pero juro que los leo y se los agradezco de TODO corazón!
Fic en general dedicado a Roh, mi mejor amiga. El próximo capi lo dedico a quien dé el primer comentario ;)
Espero que les haya agradado, irá tomando forma con el tiempo, de eso no se preocupen.
Comentarios, críticas, rosas, tomates, todo por el GO!
PD: Hasta los 145 comentarios no actualizo :)
PD2: Aunque sigo con la laguna, esta despacito se va disipando. Ojalá que para el finde ya pueda terminar el capi 19 que hace 1 semana que llevo escribiendo y borrando eternamente. Lamento la tardanza pero pocos ánimos+secundaria MUY pesada= A que no puedo actualizar u.u
