Perdon por la tardanzaa!!! Con este tema de las clases y la falta de inspiración he tardado muchisisimo en escribir este cap... bueno primero que nada cuando comiencen a leer se van a dar una, quizas, no tan grata sorpresa pero no se impacienten! terminen de leer y van a ver que tan malo no es jaja. Bueno, espero que el último esfuerzo por terminarlo haya valido la pena. Los quiero.

Capítulo catorce: recopilación de recuerdos.

¡Dios, que dolor! No sabía muy bien donde me encontraba pero al parecer estaba recostada sobre una cama, mi cabeza dolía como nunca y estaba muy confundida, intenté abrir mis ojos pero al hacerlo una fuerte punzada en el lado izquierdo de mi pobre y magullado cráneo me advirtió que sería mejor no hacerlo. Me quedé tranquila por unos minutos hasta que sentí que alguien entraba a la habitación, al parecer eran dos por el ruido de sus pisadas que se detuvieron repentinamente.

-Cuándo va a despertar doctor?- le preguntaba una voz a la otra que todavía no había hablado, fuera quien fuera la persona que había dicho eso me había sido imposible reconocerla.

-Tranquilo Inuyasha, su estado ha progresado favorablemente, posiblemente despierte en uno o dos días- ¿¿Inuyasha?? ¿Quién era él?

Estaba muy extrañada, que hacía una persona desconocida en mi habitación, al parecer estaba en un hospital, de eso no cabían dudas pero, ¿Dónde estaban mis padres y mis hermanos? Quise abrir mis ojos y preguntarles a aquellas personas pero, me sentía algo mal y preferí seguir fingiendo que estaba dormida.

-Le molesta si me quedo?- preguntó de nuevo aquella vos. ¿Molestarme? ¡Claro que me molestaba! No tenía la más mínima idea de quien era y aquel extraño preguntaba semejante estupidez.

-Claro, no hay problema- acepto el "doctor". Por supuesto, la opinión de la paciente nunca cuenta…

Pude sentir con claridad como alguien se acercaba hasta la cama arrastrando una silla y luego se sentaba junto a mí, una de mis manos que descansaba al costado de mi cuerpo fue tomada con ternura provocándome un respingo, rogaba al cielo que no lo notara.

-Kagome… necesito que despiertes princesa- ¿princesa? Quién se creía para llamarme así y… ¡¿Cómo diablos sabía mi nombre?!

Intenté no moverme a pesar de querer salir corriendo y alejarme de aquel extraño pero, debo confesar que me daba algo de miedo al no conocerlo, después de unos minutos la puerta de entrada fue abierta nuevamente y las voces de una muchacha y un hombre se hicieron escuchar.

-Inuyasha ¿Qué te ha dicho el médico?- preguntó la mujer con nerviosismo.

-Nada… según él, despertará en cualquier momento-

-Sólo es cuestión de esperar- habló el hombre.

¿Y ahora estos quienes eran? ¡Dios, quería a mi familia! Harta de fingir estar sumida en la inconciencia aproveché el momento en el qué se concentraron en su charla para sentarme sobre la cama y mirarlos confundida.

De repente la mujer castaña abrió los ojos enormemente al verme despierta y se abalanzó hacia mí gritando.

-¡¡Kagome!! Dios mío, estas despierta- suspiró con alivio mientras los dos hombres se acercaban a la cama.

Después de un asfixiante abrazo se alejó unos centímetros de mí y observándola detenidamente le pregunté -¿Quién eres tú?- luego mi mirada se posó un el chico morocho de ojos violáceos –A ti tampoco te conozco ¿quién eres?- y por último mis ojos se posaron en un peculiar cabello plateado y unos hermoso ojos dorados que me miraban anonadado –No se quién eres- terminé ante la asombrada y asustada mirada de todos.

-No…- susurró la mujer caminando hacia atrás con una mano sobre la boca.

-Ka-kagome ¿No sabes quién soy?- preguntó con angustia el ambarino.

-La verdad que no- contesté algo cohibida por el fuerte dolor de cabeza, me llevé una mano a la zona dolorida –Duele-

-¿Te sientes bien?- preguntó el morocho.

-Algo, sólo quiero saber donde está mi familia y quiénes son ustedes-

La chica de cabello castaño salió corriendo de la habitación siendo seguida por el de ojos violáceos mientras que el otro muchacho se acercaba a mí con temor.

-No nos recuerdas pero sí a tu familia ¿Cierto?- me preguntó sentándose a mi lado como la vez anterior.

-Así es, ¿mi hermano Koga está por aquí?-

-No, el y Sota se fueron hace unas horas a descansar- me explicó sin mirarme a los ojos.

-¿Sota?- pregunté extrañada -¿Él no estaba en el extranjero?-

-Veo que no te acuerdas…- susurró para sí mismo, justo cuando iba a explicarme el hecho de que mi hermano estuviera en Japón en vez de Estados Unidos un hombre, al parecer el médico, entró con mucha prisa y comenzó a revisar unos aparatos que hacían ruidos extraños y a hacerme preguntas.

-¿Cómo te sientes? ¿Tienes mareos? ¿Dónde te duele?-

-Me siento bien, no tengo mareos, solamente me duele aquí atrás- respondí a las preguntas tocándome la zona que más dolor me causaba.

-Mmm…- murmuró con gesto pensativo –Señorita Higurashi, me temo que ha perdido la memoria- explicó con el casual tono médico.

-¿Perder la memoria? ¿De que habla doctor?- pregunté sin comprender.

-Creo que eso deben explicárselo ellos- dijo mientras los dos jóvenes de antes volvían a entrar seguidos de mis hermanos.

-¡Sota! ¡Koga!- grité feliz de ver a alguien conocido.

-¿Cómo estas Kag?- preguntó uno de mis hermanos mirándome con ¿tristeza?

-Estoy bien Koga, ¿debería no estarlo?- pregunté al ver las tristes miradas de todos los presentes.

-Creo que debo retirarme- carraspeó el doctor abandonando la sala.

-Kag, tenemos algo muy importante que explicar- comenzó diciendo Sota –Pero creo que lo mejor sería si él te lo explica- finalizó mirando al de ojos ámbar.

Inmediatamente mi mirar fue a parar hasta aquel desconocido ser que comenzó a hablar en voz algo baja –Kag… la verdad es que, hace un año tus padres te mandaron a un instituto aquí en Tokio y… bueno ella es tu mejor amiga, Sango- comentó señalando a la mujer castaña –Y el es Miroku, otro de tus amigos- señaló al morocho que me miraba con una sonrisa amable –Y yo soy…- de repente su cara se puso algo roja y bajó la mirada evitando el contacto con la mía.

-El es Inuyasha, tu novio desde hace 3 meses- acotó Sota inesperadamente.

-¿Novio?- pregunté abriendo mis ojos con impresión.

-S-sí- balbuceó él subiendo la mirada lentamente.

-Lamento mucho no acordarme de ti, Inuyasha- susurré con angustia.

¿Sería cierto que había perdido la memoria? La verdad es que no lo sabía pero, me sentía fatal al no poder recordar pero… un momento:

-¿Cómo fue que perdí mi memoria?- pregunté intrigada.

-Larga historia- suspiró Koga sentándose a los pies de la cama.

-Tengo todo el día-

-Bueno… primero que nada no sabíamos que había perdido la memoria ya que estuviste tres días inconciente- explicó Inuyasha.

-¡Tres días! Dios mío, igualmente algo me tuvo que haber pasado-

-Sí, todo empezó el miércoles pasado, llegaste tarde a la clase de química y el profesor Mukotsu te castigó…- comenzó a relatar Sango sentada al lado de Inuyasha y Miroku –El castigo era limpiar todo los utensilios que usáramos al finalizar la clase-

-Que detestable- rezongué.

-Sí, muy detestable- acordó Miroku –El punto fue que al profesor se le dio la magnifica idea de enseñarnos como preparar un somnífero y al acabar la hora todos nos fuimos y tu supuestamente te quedaste a limpiar todo-

-Haa, entonces me dormí por el somnífero-

-En parte sí. Aquella pócima solamente hacia efecto si la olías no si la ingerías. Te encargaste de guardar todos los frascos con aquel líquido y en un descuido se te cayeron al piso haciéndolos añicos- interrumpió Sango.

-Al ser tan descuidada y torpe corriste a buscar algo con qué limpiar y al volver te tropezaste con una silla y caíste sobre todo el somnífero- prosiguió Inuyasha

-Intentaste levantarte y pedir ayuda pero el sueño te venció y te desplomaste en el suelo golpeándote la cabeza contra este- concluyó Koga.

-Y por aquel golpe creemos que has perdido la memoria-

-Ahh, bueno pero… es algo temporal, cierto?- pregunté asustada.

-Esperemos que sí Kag- suspiró Sango –fue muy doloroso darnos cuenta que en un principio no te acordabas de nosotros- comentó con la vista empañada.

Sinceramente, por alguna razón desconocida me sentía fatal, la tristeza de la castaña me destruyó totalmente y deseaba con todo mi ser poder recuperar mi estúpida memoria perdida.

-Lo siento mucho chicos, esto de no recordarlos es horrible- me disculpé sujetándome la cabeza con amabas manos.

-No te preocupes, me encargaré de hacer lo posible para que te acuerdes de nosotros- alentó Inuyasha muy decidido levantándose de su asiento –Ahora si me disculpan, voy por algo de tomar- con esas últimas palabras abandonó la habitación en compañía de Sango y Miroku dejándome sola con mis hermanos.

-Inuyasha es una excelente persona- murmuró Sota en voz baja –Estoy seguro de que él te ayudara a recordar- me dijo con confianza.

-Siendo honesta, yo también espero que logre hacerlo- finalicé recostándome sobre la mullida almohada para descansar un rato, de lo que no tuve en cuenta fue el poderoso sueño que me venció minutos más tarde.

A la mañana siguiente

-Kagome despierta, tenemos una noticia que darte- escuchaba la voz de alguien que me llamaba, pero estaba tan sumida en mi sueño que no reconocía a la persona que hablaba. Me moví un poco molesta por haberme despertado –Kag, ya es hora de que te levantes- ahora un poco más conciente podía apostar que era la voz de Inuyasha.

-Crees que haya vuelto a dormirse como la otra vez?- preguntó Sango en un murmullo.

-Espero que no. No quiero tenerla inconciente por tres días más- respondió el ambarino.

Lentamente fui abriendo los ojos, siendo cegada de inmediato por la luminosidad de la habitación, cuando logré acostumbrarme visualicé a todos los presentes sentando a mí alrededor con una sonrisa gigante en el rostro.

-Les pasa algo?- pregunté algo cohibida por tantas miradas.

-A nosotros no, pero a ti sí- contestó Koga.

-A mí?-

-Hajam, el médico a dicho que te dará el alta esta tarde y tenemos que empezar a hacerte recordar- explicó Inuyasha mirándome con ternura.

El hecho de que poder salir de aquel encierro era genial, y por otro lado, la idea de intentar recuperar mi memoria me gustaba aún más.

-Eso es fantástico- comenté ilusionada –Saben como a qué hora me podré ir?-

-En una hora o dos- me dijo Sango –Y después de eso te llevaré a nuestra habitación en el instituto- agregó con entusiasmo.

-Luego, iremos a mi habitación- finalizó Inuyasha.

-Y a qué vamos?-

-Es una parte del plan para que nos recuerdes- explicó sin entrar en detalles.

Al terminar la charla, nadie dijo nada por unos cuantos minutos, media hora después entró una enfermera a revisar si todo estaba en orden, al estar segura de qué ya podía irme dijo que iría a buscar al doctor para que firmara el alta.

-Bien, parece que podremos irnos antes- suspiró Koga con satisfacción.

-Sí, eso parece- apoyó Sango –Iré a buscar tu bolso- me dijo saliendo de la habitación.

Cinco minutos después entró el hombre de la otra vez, vestido con una bata blanca y unos enormes anteojos que le resbalaban constantemente por el puente de la nariz, cosa que me pareció muy graciosa pero intenté no reírme.

-Bueno, señorita Higurashi, ya puede irse- habló mientras apagaba todos los aparatos que estaban regados por el cuarto, por último se acercó a mí y me sacó con extremo cuidado la aguja intravenosa que llevaba puesta… de más está decir que cerré mis ojos fuertemente para no volver a caerme desmallada. Terminó entregándome un papel, que al parecer era una receta médica –Estas pastillas posiblemente la ayuden a recobrar la memoria, tómese una por día- informó, luego de eso todos los hombres se fueron dejándome con Sango para cambiarme y largarme de aquel horroroso sitio.

-La verdad Kagome, traje lo primero que encontré, tu armario estaba hecho un asco- me reprochó sacando de un bolso azul unos jeans claros y una camisa verde agua.

-No te preocupes Sango, si fuera por salir de aquí me iría con esta misma bata- bufé levantándome con mucho cuidado.

La sensación de estar de pie después de cuatro días acostada era algo incómoda, cuando mis pies hicieron contacto con la fría baldosa me tambaleé hacia un costado siendo atajada por los rápidos brazos de Sango.

-Veo que tendrás que acostumbrarte a caminar- murmuró ayudándome a deshacerme de la maldita bata sin peder el equilibrio, luego me coloqué el sostén y me prendí la camisa con mucho cuidado de no marearme –Bueno, sólo faltan los jeans y podremos irnos- dijo con alivio alcanzándome dicha prenda.

Un vez arreglada nos dirigimos hacia la salida, por miedo a que me cayera Sango me sostenía fuertemente del brazo y caminábamos tan lento que comenzaba a aburrirme, por suerte al salir de la habitación Inuyasha, Miroku y mis hermanos estaban esperándonos en el pasillo.

-Bueno hermanita, Sota y yo nos iremos en su auto y tú irás con los demás, nos veremos después- se despidió Koga depositando un beso sobre mi cabeza –Cuídense- dijo levantando una mano en forma de saludo mientras se perdía en una esquina.

-Nos vamos?- preguntó Miroku jugando impacientemente con las llaves del auto.

-Sí- afirmé agarrándome esta vez del brazo de Inuyasha, de verdad agradecía que Sango se preocupara por mí, pero al ser llevada por ella me hacía sentir como una vieja de ochenta años que no puede caminar por su propia cuenta.

El ambarino se sorprendió al principio al sentir mi agarre pero luego su rostro se suavizó y esbozando una sonrisa cruzó uno de sus brazos por detrás de mi espalda sujetándome de la cintura, me sonrojé ante tal acto pero al comenzar a caminar hacia la calle, aquella reacción pasó totalmente desapercibida.

Salimos del hospital dirigiéndonos hacia lo que debía ser el estacionamiento, Miroku sujetó con más fuerza las llaves que traía en su mano y accionando un pequeño botón pude observar como las luces de un despampanante descapotable rojo parpadeaban, dando a entender que la alarma había sido desactivada, caminamos hacia él e inevitablemente no pude reprimir mi admiración:

-Dios mío! Que hermoso carro, es tuyo Miroku?- pregunté con estrellitas en los ojos.

-Claro que no- terció Sango con el ceño fruncido ya que el morocho estaba a punto de contestar afirmativamente –Es mío, sólo por el hecho de que creas que no sé manejar no te concede el título de dueño de MI auto- le dijo mordazmente.

-Bueno, dejen sus peleas para otro momento- finalizó Inuyasha abriendo la puerta trasera para dejarme pasar y luego sentarse él –No vienen?- preguntó al ver que Miroku y Sango seguían de pie a un lado del carro mirándose fijamente.

-Hmp- murmuró la castaña rodeando la trompa del convertible y sentándose de mala gana en el asiento del acompañante.

Por su parte Miroku se posicionó muy gustoso en el correspondiente sitio del piloto y con una enorme sonrisa puso el auto en marcha saliendo a toda velocidad del estacionamiento.

Minutos más tarde entramos en un predio totalmente desconocido que, según Inuyasha, eran los jardines delanteros del instituto, por unos segundos me quedé asombrada con aquel paisaje pero luego mi vista reparó en un colosal edificio dividido en dos torres.

-Qué es eso?- pregunté con los ojos bien abiertos.

-Eso- señaló Inuyasha –Es la recepción, y aquellas dos- dijo refiriéndose a las torres que se alzaban por detrás –Son los dormitorios-

-Es impresionante- murmuré con fascinación.

-Sí, pero todavía falta que veas todo el interior del instituto- me advirtió Sango mirándome desde el asiento delantero –Es el doble de grande que lo que observas ahora-

Me quedé callada intentando imaginarme el inmenso tamaño que debía tener aquel colegio, Miroku estacionó el convertible cerca de la entrada y caminamos hacia una gran puerta con una inscripción que decía "Instituto Secundario Shikon".

-Ven Kagome, es por aquí- dijo Sango sosteniéndome del antebrazo mientras me arrastraba por un largo pasillo, al final de este había la posibilidad de girar hacia la derecha o izquierda, la castaña se detuvo para mirar a los chicos por unos segundos –Bueno, te avisaré cuando puedas venir a buscar a Kag- le dijo a Inuyasha en forma de despedida para luego dirigirse por el sendero de la derecha.

-Hacia donde vamos?- pregunté totalmente en otro mundo.

-Vamos a la habitación, ahora estamos llegando a la recepción de la torre femenina- me explicó mientras entrábamos en una sala muy bien decorada donde se encontraba una mujer algo entrada en años detrás de un escritorio.

-Ha- contesté observando aquel lugar desconocido, aunque pensándolo bien, yo sí conocía aquel lugar, solamente que no lo recordaba.

-Buenos días señora Kenshin- saludó Sango a la recepcionista.

Aquel nombre resonó en mi cabeza por un par de segundos, me era vagamente familiar y estaba segura que de algún lado lo había escuchado.

-Buenas tarde señorita Sango- respondió mirándola luego, sus ojos giraron hacia mí observándome con naturalidad –Buenos días a ti también señorita Higurashi-

Me quedé anonadada, aquella vieja sí me conocía, al parecer, mi amiga notó mi desconcierto y jalándome otra vez por el brazo comenzamos a caminar hacia un ascensor.

-Si piensas quedarte así como petrificada cada vez que alguien que te conoce te saluda estarás haciéndolo todo la santa tarde- bufó una vez dentro del aparato metálico –El hecho de que tú no te acuerdes de nadie no significa que nadie se acuerde de ti- me recordó cerrando los ojos con calma.

Nos detuvimos en el piso 20, al salir Sango caminó hacia la derecha mientras yo la seguía por detrás, paró en seco frente a la puerta 150, sacó de su bolso lo que deberían ser las llaves de la habitación y seleccionando una del montón me hizo pasar dentro una vez que la hubo abierto.

-Bien, acompáñame- murmuró adentrándose por un corto pasillo, dobló a la izquierda dando paso a un cuarto específicamente grande amueblado con tres camas ocupando la mayoría del espacio con sus respectivos armarios –Tu cama es aquella- señaló la que estaba contra la pared del lado izquierdo –Tengo pensado contarte un par de cosas para ayudar a tu memoria a regresar, cuando hayas terminado de observar todo lo que te resulte desconocido ve a la sala- me comunicó desapareciendo de la estancia.

Me senté en el borde de mi supuesta cama y con mucha curiosidad abrí el cajón de la mesa de noche, en ella encontré algo de dinero (seguramente mío no era), un cuaderno en blanco y una carta, me extrañé al verla allí, sobretodo porque el remitente era "Inuyasha Taisho" y el destinatario era yo. Con el papel en mano comencé a pasearme por la habitación mientras leía lentamente:

Kagome:

Por Dios casi me da un infarto de sólo saber que habías vuelto a tu ciudad, me sentí vacío y lo primero que pensé fue seguirte, sabes que lo hubiera hecho si tu amiga no me lo hubiera impedido, seguí su consejo y te dejé por un tiempo, pero esta necesidad de tener cerca me está matando, Kag te necesito demasiado… necesito que me regales tus sonrisas como antes hacías, necesito escuchar que te ríes de mis tonteras, necesito sentirte a mi lado, en fin… te necesito…

Debo confesar que al terminar de leer aquella escritura mi cabeza estaba hecha un lío, ¿por qué Inuyasha había escrito aquellas cosas? ¿Acaso había habido algún problema entre nosotros? No lo sabía con claridad pero, de algo que estaba francamente segura era querer recordar que había pasado con exactitud. Fui hacia la sala a preguntarle a Sango sobre ello aunque no recibí mucha información:

-Es una larga historia, lo mejor será que el verdadero personaje principal te lo cuente después- me dijo restándole importancia –Ahora si ya has terminado, ven y siéntate. Hay cosas que hablar-

Sin responder me acomodé junto a ella en el sillón esperando el comienzo de la recopilación de recuerdos.

-Cómo ya te habrás dado cuenta, Miroku y yo somos pareja- se notaba que había decidido empezar por las cosas poco importantes para mí.

-Lo sospeché desde un principio- comenté ahora siendo yo la que le restaba importancia.

-Bien, en los primeros días de clases…-

Media hora después

Al final, Sango logró contarme la mayoría de las cosas que necesitaba saber y al cabo de un largo rato creí que ya tenía suficiente.

-Bueno- suspiró levantándose –Voy a llamar a Inuyasha para que pase a recogerte- opinó sacando el móvil de su bolsillo –Inu soy yo, ya puedes venir… sí lo sé… hajam… no hay problema… ella te está esperando… adiós- colgó la llamada y me miró con un sonrisa –El vendrá en unos minutos, no quieres darte un baño?-

-Sí, estaría bien- accedí dirigiéndome al cuarto en busca de ropa limpia.

Al abrir el armario de verdad que me encontré con algo parecido a un desastre causado por una bomba atómica, la mayoría de las prendas estaban desparramadas y sin doblar, parecía que las había metido sin ninguna consideración. Tardé en decidir que ropa me pondría ya que la mayoría estaba o mal doblada o del lado del revés, por último elegí unos pescadores azules y una remera strapless turquesa, hurgué en un cajón buscando algo de ropa interior y saqué un par de toallas de un pequeño placar, me adentré en el cuarto de baño cerrando la puerta con seguro una vez dentro, abrí el grifo de la ducha y mientras el agua tomaba temperatura fui desnudándome lentamente.

Mientras me bañaba estuve pensando en todo lo que sucedía, el hecho de no acordarme de un millón de cosas que supuestamente habían pasado se sentía muy raro, Sango me había comentado de tantos acontecimientos que habían significado algo importante en mi vida y yo sin recordarlos.

Salí de la ducha después de unos diez minutos y me cambié en cinco, al salir hacia la sala divisé una mata de pelo plateado que me daba la espalda, sintió mis pasos lentos acercándose y se dio media vuelta observándome con una sonrisa en el rostro.

-Lista?- preguntó extendiendo una de sus manos hacia mí.

-Sí- susurré sujetándolo con firmeza, luego miré a Sango que nos contemplaba desde el sillón –Volveré en unas horas- le dije como despedida.

Una vez en el pasillo comencé a sentirme algo inquieta, si está bien, pueden decirme que era una tremenda estupidez ya que Inuyasha era mi novio desde unos aproximados tres meses pero, mi conciencia había apretado el botón de restart y para mí, ir de la mano con un hombre al que mucho no conocía me resultaba incómodo, y eso no cambiaría hasta que a mi cerebro se le ocurriera pulsar la maldita tecla de rewind y hacerme recordar.

-Te ocurre algo?- me preguntó en voz baja mientras subíamos al ascensor de la torre masculina después de una silenciosa y casi fúnebre caminata sin dirigirnos la palabra.

-En realidad no, sólo estaba preguntándome si mi memoria algún día regresaría- le expliqué en medio de un prolongado y lastimoso suspiro.

-Espero que si Kag- comentó bostezando -por lo menos me ahorraría explicarte todas las cosas que hemos hecho- agregó con malicia sacándome la lengua.

-Eres ruin- acusé acorralándolo contra una esquina del elevador.

-Que novedad- rió con sarcasmo.

-También eres engreído- volvía insistir acercándome peligrosamente hacia él.

El espacio entre nosotros se acabó considerablemente rápido y en un par de segundos pude sentir de primera mano como gracias al contacto de su cuerpo con el mío la piel se me erizaba por completo, sus manos se movieron rápidamente hacia la parte baja de mi espalda y su nariz rozó lentamente la mía.

-Tienes una idea de cómo extrañaba hacer esto?- preguntó en un gruñido sin dejar de acariciar mi rostro.

-La verdad, no- contesté algo adormecida.

Cerré mis ojos lentamente disfrutando de aquella hermosa sensación, sus labios rozaron los míos con extrema suavidad y luego atrapó mi labio inferior con sus dientes, me apegué más a su cuerpo sosteniéndolo de los hombros para no perderme ningún detalle, aquel era mi primer beso con memoria nueva pero… de repente el odioso aparato metálico se detuvo en seco dando a entender que ya estábamos en el piso indicado.

-Bueno, creo que ya debemos bajarnos- opinó alejándose sin gana alguna.

No contesté y sin decir nada se dio la vuelta caminando por un largo pasillo iluminado muy tenuemente, puede que no lo haya dicho, pero sabía con claridad que esperaba que yo lo siguiera, y así lo hice.

Entramos en una habitación que parecía vacía, pero al cerrar la puerta tras nosotros se escucharon varias pisadas acercándose a la sala.

-Vaya Kagome, que alegría verte de nuevo- dijo en voz muy alta para mi gusto un chico de pelo castaño y ojos marrones.

-Hee, igualmente…- devolví el saludo solamente por cortesía, ya que no tenía la más mínima idea de quien era aquel individuo.

-Hojo, me parece haberte dicho que Kagome tampoco se acordaba de ti- reprochó Inuyasha con tono de disgusto –A perdido la memoria, se ha olvidado de todos, incluyéndote- masculló con enojo.

-Si, si, lo siento Inuyasha- se disculpó (aunque parecía no decirlo en serio) y luego me miró con una tierna y amistosa sonrisa –Perdón por no presentarme Kagome, soy Hojo Murakami, mucho gusto- se presentó haciendo una exagerada reverencia que me causo mucha gracia.

-Si, tú siempre tan payaso- espetó otro hombre de cabellos rubios y unas lagunas azules tremendamente sexys –Hola Kag, soy Ryoma Nakamura- saludó acercándose a mí para rodearme con sus brazos en un cálido abrazo que me dejó algo sorprendida.

-Mucho gusto Ryoma- balbuceé una vez que me hubo soltado.

-Bueno, si la disculpan, mi novia tiene una extensa sesión de recuerdos pendiente- gruñó Inuyasha sujetándome del antebrazo para guiarme de forma algo brusca hacia la que debía ser su habitación.

-No tenías por qué ser tan grosero- espeté algo molesta por su actitud de novio celoso.

-Hmp, ellos se lo buscaron- murmuró recostándose sobre la cama dándome a entender que su mal comportamiento no le importaba en lo más mínimo.

-Ellos no han hecho nada- defendí cruzándome de brazos –Solamente se presentaron ya que por si no te acuerdas, he perdido la memoria, y tú les gruñiste como buen perro guardián-

-Oye, yo solamente estaba defendiendo lo que es mío- atajó mirándome con rabia.

-Lo que es tuyo?- dije sarcástica –Acaso soy una cosa? Una propiedad que puedes tener por que quieres?- escupí muy enfadada.

-Sabes que no fue eso lo que quise decir- masculló dándose cuenta de su error.

-La verdad es que no lo sé, no te conozco lo suficiente como para saberlo- finalicé dando media vuelta dispuesta a salir corriendo de aquel cuarto.

-Espera!- no alcancé a dar dos pasos que ya me veía rodeada por un par de brazos apretándome fuertemente por la cintura –No te vallas- murmuró con la cabeza escondida en mi pelo –Lo siento Kag, fue mi error-

Una dolorosa punzada en el pecho me invadió en aquel momento, me sentía triste y una parte de mí tenía la sensación de estar viviendo aquel momento por segunda vez, sin saber muy bien por qué comencé a llorar muy lentamente, algunos sollozo me provocaron leves espasmos e Inuyasha se dio cuenta al instante.

-Por… por qué lloras?- preguntó totalmente anonadado.

Los sollozos se hicieron cada vez más frecuentes y sonoros, las lágrimas salían sin cesar y no podía controlarlas, cerré mis ojos con mucha fuerza intentando que aquellas gotas salinas cesaran, sentí como aquellos brazos que se aferraban a mi cuerpo me conducían hacia la cama y con mucho cuidado me acostaban en ella, después de eso un ligero vacío se hizo presente cuando su cuerpo tomó distancia del mío, pero luego el otro lado del colchón se hundió y en menos de dos segundos me veía apoyada sobre un cálido pecho.

-Lamento haberte hecho sentir así Kag- se disculpó con amargura.

-N-no e-es tu cu-culpa- hablé entrecortado entre medio de los sollozos –L-la verd-dad no-no s-sé por qu-é m-me sient-to as-sí-

-Kagome, hay algo que te esté molestando y no has querido decírmelo?- preguntó poniéndose serio de repente.

-N-no e-s qu-que m-me mol-leste- intenté explicar.

-Primero cálmate, luego me lo dices- espetó acariciando mi cabello con dulzura.

-S-sí- acepté intentando regular mi respiración.

De verdad debería parecer como una estúpida por estar llorado sin razón pero, tengo que admitir que en aquel momento me embargaba una pena indescriptible, me sentía demasiado tonta e inservible y odiaba el haber perdido la memoria, quería conocer cada cosa de Inuyasha, si era celoso, engreído, enojón, y también saber todas las cosas que habíamos hecho juntos, necesitaba acordarme de él al cien por ciento.

Ya un poco más calmada, me dispuse a hablar –No entiendo muy bien pero… siento… tristeza-

-Y por qué estas triste Kag?-

-No lo sé, me entristece pelear contigo supongo-

-Para serte sincero, nosotros solíamos pelear mucho- suspiró con una media sonrisa.

-En serio?-

-Sí, éramos perro y gato- rió divertido –Aunque la mayoría de las peleas eran por mí culpa- admitió mirándome fijamente ya no tan sonriente –Casi siempre yo era el que te hacía enojar por mis estupideces y terminábamos peleando, al final de todo yo te pedía perdón y todo volvía a la normalidad-

-Debo de haberte querido mucho para haber soportado todo aquello- dije acariciando su pecho despreocupadamente.

-Eso creo… una vez tuvimos una pelea bastante fea- comenzó diciendo… tenía la ligera impresión de qué la recopilación de recuerdos daba inicio –En aquel momento todavía éramos amigos, mis padres creían que estaba de novio y querían conocer a la afortunada… me puse furioso ya que no tenía dicha novia y no sabía como decirles a mis entusiasmados padres que no era cierto, y entonces apareciste tú en escena- dio un largo suspiro, al parecer aquel momento no era muy grato, yo escuchaba con total atención sin perderme ningún detalle –La verdad fue que llegaste en un mal momento y te traté horrible, terminaste llorando y me gritaste que no volveríamos a vernos si eso era lo que yo quería, luego saliste corriendo de la habitación y me dejaste sólo con la ira consumiéndome por dentro al saber que había sido muy injusto contigo y que no debía de haberte dicho tantas cosas que te hirieron-

-Cómo nos arreglamos?-

-Bueno…- vaciló un instante algo incómodo –Fui hasta tu habitación y no me marché hasta que me perdonaste- explicó, aunque daba la impresión de que ni él mismo se creía pero, no veía el motivo por el cual no me digiera la verdad.

-Ahora… no podrías contarme ahora algo más… feliz?-

-Sí claro, una vez…-

Una hora después

Después de una larga charla creí que ya era hora de marcharme, estaba anocheciendo y debía volver a mi habitación, una vez que ambos estuvimos en la puerta listos para despedirnos me sujeto de los hombros atrayéndome hacia él.

-Mañana iré por ti, saldremos a comer, te parece?- preguntó apoyando su frente contra la mía.

-Claro- sonreía tontamente –Nos vemos mañana- saludé depositando un fugaz beso en sus labios.

-Adiós-

Llegué al cuarto unos diez minutos después, Sango estaba sentada en el sillón acompañada de otra mujer de ojos bordós, si mal no recordaba aquella chica debía ser Kagura, mi otra compañera de habitación.

-Kagome, ella es Kagura- nos presentó la castaña.

-Hola Kag- dijo con una voz algo carente de sentimiento.

-Hola- devolví el saludo intentando sonreír pero, el punto era que estaba demasiado cansada, necesitaba algo de comer y una cómoda cama.

-Ya has comido?- preguntó Sango acercándose a la cocina.

-No- respondí siguiéndola –Pienso hacerlo ahora y luego acostarme a dormir- expliqué bostezando.

-Listo entonces, prepararé algo rápido-

Luego de comer me despedí de las chicas y caminé rumbo a la habitación, me coloqué un conjunto de short y blusa verdes que me servirían como piyamas y me metí dentro de las cálidas y suaves sábanas, lentamente fui cayendo en la inconciencia debido al cansancio…

Lloraba sin control, estaba confundida y muy dolida, algo tenía que haber pasado para que mi pecho me ardiera así, los ojos me escocían culpa de las lágrimas y mis brazos temblaban, me encerré en el baño sin echarle el seguro a la puerta, al parecer estaba sola y nadie me molestaría, abrí el grifo del agua fría dejando que la bañera se llenara mientras me desvestía muy lentamente, luego hundí primero uno de mis pies notando que aquella sustancia cristalina estaba helada, me senté sobre la tina tiritando de frío y con mucha calma me fui deslizando hasta abajo quedando sumergida por completo, poco a poco el aire en mis pulmones se iba consumiendo, por algún motivo no tenía ganas de luchar por mi vida, me sentía débil y traicionada, mis músculos perdieron total fuerza y me fui dejando llevar por aquella calma que me abordaba pero, cuando estaba por rendirme finalmente, una voz gritó mi nombre, era la voz de… Inuyasha…

-¡¡Kyaaa!!- grité sentándome rápidamente sobre la cama.

-Kagome! estás bien?- preguntó Sango muy preocupada sentándose a mi lado.

-Sólo fue un sueño- murmuré con el corazón latiéndome despavorido. Aquel sueño me había dejado totalmente desconcertada, sabía bien que no podría haber sido cierto pero, mi subconsciente intentaba hacerme entender que no había motivo por el cual no podría haber pasado tal cosa.

-Que ocurrió Kagome?- volvió a insistir la castaña mientras Kagura también se levantaba de su cama para acercarse hasta la mía.

-Sango yo… casi muero ahogada en la tina cierto?- le pregunté mirándola muy seriamente.

-C-ómo sab-es eso?- cuestionó con los ojos muy abiertos.

-Yo… acabo de soñarlo… Estaba llorando y me metía dentro de la bañera llena de agua helada, estaba por ahogarme cuando escuché la voz de Inuyasha y luego desperté- expliqué siendo incapaz de creer mis propias palabras.

-Bueno… Esa vez Inuyasha y tú tuvieron una discusión horrible-

-Fue por que sus padres querían conocer a su novia?-

-Sí- suspiró algo sorprendida –Pero… el no te lo había dicho no?-

-No, el mintió diciendo que había insistido en pedirme perdón hasta que lo hice-

-Entonces… como es posible que lo hayas soñado?-

-No lo sé, todo es muy extraño… es como si mi cerebro recordara cosas mientras duermo-

-Bueno… eso no lo sabremos con claridad, lo que sí sé es que mañana tienes que hablar con Inuyasha sobre lo que soñaste para que el te lo explique como se debe- dijo en medio de un largo bostezo volviendo a su cama con mucha pereza –Ahora trata de dormir un poco, son las 3 de la mañana-

-Sí- acepté tapándome con las sábanas hasta la nariz.

Puede que Sango tuviera razón, el hecho de que soñara cosas que supuestamente había vivido era inexplicable, aquel dilema me entretuvo en mis cavilaciones sin patas ni cabeza y está más que claro que aquella noche no pude dormir nada en absoluto.

A la mañana siguiente salimos rumbo al aula de biología, mis ojeras prácticamente llegaban por el piso y mi humor estaba algo muy mal, entramos seguidas del resto de la clase y me senté con pesadez en el asiento que, según Kagura, era el mío en aquella asignatura; lo que no me esperaba es que cierto ambarino viniera directamente hacia mí y se sentara en el asiento de al lado.

-Hola Kag, ¿amaneciste bien?- preguntó con una cálida sonrisa.

Mi mente se paralizó por unos instantes, ¿debería decirle lo que había soñado o no?

-Kag, ¿pasa algo?- volvió a insistir moviéndome por los hombros.

-Por que no me dijiste la verdad?- susurré con la mirada perdida.

-Decirte que?-

-La verdad de lo que en realidad pasó-

-Que cosa pasó Kagome, no entiendo-

-Sobre nuestra… pelea- contesté repentinamente mirándolo con firmeza.

Dio un respingo y tragó sonoramente –No se de que hablas- murmuró evitando el contacto de nuestros ojos.

-Por qué no me dijiste que casi muero ahogada?!- dije en tono un poco más alto de lo que debería.

-¡Taisho, Higurashi, AFUERA!- gritó la profesora con cara de sapo a la cual no le sabía el nombre. Mire a aquella vieja con la mejor cara de desprecio que tenía en aquel momento y lanzándole una última daga matadora a Inuyasha salí de la sala con prisa, me senté en una de las paredes del pasillo y apoyé la cabeza sobre esta cerrando mis ojos en un van intento de la furia. Escuché unos pasos acercándose hacia mí y luego como una figura se dejaba caer a mi lado.

-Debería haberte dicho la verdad- murmuró con el rostro aparentemente escondido entre las manos.

-Tu crees?- pregunté cínicamente.

-Bueno ya, perdóname sí, lamento mucho no haberte hecho recordar un momento tan horrible como fue eso- dijo con firmeza.

-Inuyasha era mí recuerdo, si ibas a decirme todo lo que había sucedido no tenías porque obviar detalles-

-Perdóname pero, resultó espantoso entrar en aquel baño y encontrarte sumergida en agua helada con los labios morados y la respiración débil- suspiró con la voz entrecortada.

Me detuve a pensar unos segundos en lo que no había pensado antes, el debía de haber pasado un momento igual de horrible que lo que yo había pasado y, sino hubiera sido gracias a él mi final habría llegado sumergido dentro de una bañera helada.

-Acaso Sango que te ha contado la verdadera historia?- preguntó una vez que mi furia disminuyó.

-No- contesté solamente.

-Y cómo lo supiste?- dijo confundido.

-Bueno yo… yo lo… soñé-

-Lo soñaste?- cuestionó mirándome con la intriga a flor de piel.

-Sí- acepté creyéndome una loca –Anoche soñé que lloraba como un marrano y que me metía dentro de una tina llena de agua helada, me sumergía completamente, poco a poco me quedaba sin aire pero llegabas tú gritando mi nombre- expliqué sin entrar en muchos detalles.

-Valla- dijo sorprendido –Eso es raro-

-Ni que lo digas, creo que estoy paranoica-

-No es eso, resulta extraño el hecho de que recuerdes cosas mientras duermes-

-Sí, eso también es raro- comenté mirando a la pared de enfrente. De pronto, una idea cruzó mi cabeza como un rayo –Inuyasha, acabo de darme cuenta de algo muy importante- dije exaltada.

-Qué cosa?- preguntó él algo confuso.

-Si mi cerebro recuerda cosas mientras estoy dormida la solución es fácil, sólo tengo que dormir. Pero, ya que tú empezaste contándome aquel recuerdo y soñé el final creo que deberíamos repetirlo- expliqué ilusionada de que aquello sí funcionara.

-Parece perfecto, por qué no vamos a tu habitación, tengo algo interesante que seguramente soñarás- aceptó poniéndose de pie.

-Pero, tenemos más horas de clases- informé algo contrariada.

-Dios, si que has cambiado- bufó arrastrándome por el pasillo –Antes hubieras estado de acuerdo sin siquiera preguntarlo- opinó bajando las escaleras rápidamente hacia el primer piso mientras yo lo seguía de atrás intentado que mis piernas no se enredaran entre ellas y volviera a darme un buen porrazo contra el suelo.

Llegamos al edificio femenino y, simulando estar nauseosa y muy mareada logramos convencer a la vieja Kenshin de que nos dejara ir a la habitación, después de eso corrimos por el pasillo hacia la puerta mientras buscaba las llaves dentro de un desastroso bolso.

-Te falta mucho?- preguntó algo enojado por la espera.

-Aguanta un segundo- mascullé intentando desenredar el juego de llaves de una maraña de papeles y cosas que seguramente no servían. Entramos algo ansiosos por empezar aquel experimento y nos dirigimos directamente hacia la habitación, me recosté sobre la cama haciéndome a un lado para que el también pudiera acostarse.

-Bueno, lo que voy a contarte es algo muy triste…- comenzó diciendo con amargura mientras me rodeaba con sus brazos.

-No te preocupes, después de todo es un recuerdo- murmuré cerrando los ojos preparada para escucharlo.

-Bueno… después de que conocieras a mis padres ellos creyeron que yo debía casarme con Kikio…-

-Espera un momento- le interrumpí –Quién es Kikio?-

-Ella era… digamos que mi novia por compromiso cuando te conocí. Mis padres habían arreglado un matrimonio entre ella y yo, hasta que llegaste y me enamoré de ti-

-Pero… cómo es posible que tus padres quisieran casarte con ella si te habías fijado en mí?-

-Pues por que eso era algo que ya estaba decidido desde que Kikio y yo éramos niños, y digamos que a mis padres no les importó mucho que yo amara a otra persona- dijo en un largo suspiro –Pero nos estamos desviando del tema inicial… la cuestión fue que después de que simulaste ser mi novia frente a mis padres siguió existiendo cierto acercamiento entre nosotros, aunque mi compromiso con Kikio no estuviera del todo roto-

-A que te refieres con no del todo?-

-Quiero decir que yo no pensaba casarme pero mis padres seguían creyendo que lo haría. En fin, me obligaron a hacerlo amenazándome con mandarme a un internado, por lo que a tus espaldas comenzaron los preparativos de la boda-

-Eso quiere decir que estas casado?!- pregunté exaltada.

-No tontita, si me dejaras terminar- reprochó acariciándome la mejilla muy suavemente.

-Está bien, continúa-

-Muy bien no se cómo, pero sé que de alguna forma te enteraste que iba a casarme y te enojaste con toda la razón del mundo, no me hablaste por varios días…- mientras él hablaba cierta somnolencia comenzaba a invadir mi cuerpo –…te encerré conmigo en una habitación y no te dejaría ir hasta que hubiéramos hablado pero, te me adelantaste diciéndome que sabías todo lo del matrimonio y que estabas profundamente dolida, siendo el mayor de los estúpidos te contesté que no te debía importar porque solamente éramos amigos, me gritaste que no podía ser tan ciego, que estabas enamorada de mí… luego te fuiste corriendo con lágrimas en los ojos dejándome totalmente…- eso fue lo último que logré escuchar antes de que me rindiera totalmente a un muy profundo sueño…

Corría muy apresurada, las lágrimas empañaban mi vista y no tenía un destino fijo por el cuál correr, de repente llegué hasta una puerta y la empujé con fuerza para abrirla, estaba en el baño de mujeres, la imagen reflejada del espejo era la de una bochornosa chica de cabellos marrones y ojos completamente rojos debido al llanto, aquella desastrosa chica era yo, lágrimas y más lágrimas resbalaban descontroladas por mis mejillas. Me acerqué hacia el lavabo y apoyé mis manos en el, miré fijamente aquella imagen que me devolvía la mirada intensamente, de repente todo mi cuerpo se tensó de rabia y, en un acto desesperado le di un golpe al espejo haciéndolo pedazos, los vidrios de aquel artefacto se despedazaron por completo y sin poder evitarlo cayeron todos sobre mi brazo haciéndome varios cortes. Me alejé por acto reflejo debido al dolor, observé mi ante brazo entre el llanto incesante y me asombré al ver como varios hilos de sangre recorrían mi piel hasta el suelo, muy pronto me sentía mareada, alrededor de mis pies solo podía observar aquel charco rojizo que me daba algo de náuseas, intenté moverme de aquel lugar pero poco a poco mi conciencia se iba desvaneciendo, mis piernas flaquearon y caí sobre mi propio ser, observé la puerta por última vez, si alguien no me encontraba yo podía…

-No!!!- grité despertándome de aquel espantoso sueño, por suerte me encontraba sentada en la cama toda mojada de sudor frío y no en el piso de un baño empapada de… sangre.

-Estás bien princesa?- me preguntó el ambarino con mucha preocupación.

-S-sí- tartamudeé intentando controlar mi agitada respiración.

-Qué fue lo que soñaste?- cuestionó muy intrigado abrazándome con ternura.

-Soñé que estaba llorando, entraba en el baño de mujeres y hacía añicos el espejo cortándome casi todo mi antebrazo, eso no ha pasado de verdad… cierto?- interrogué con la esperanza de que no fuera otro mal recuerdo.

-En realidad… si lo es. Sango te encontró allí al ver que no habías regresado a la clase, te salvaste por los pelos- dijo sintiendo lástima por aquel no grato momento.

-Fue… horrible- suspiré cerrando mis ojos algo más calmada.

-Te entiendo cariño ahora, por qué no vuelves a acostarte y te relajas?- preguntó mientras apoyaba mi cabeza en la almohada y me arrullaba como una nena pequeña.

-Pero… y si vuelvo a tener un sueño tan horripilante como ese?- dije algo asustada.

-No tienes de qué preocuparte. Los malos recuerdos ya terminaron- dijo con tranquilidad acariciando mi mejilla.

-No creo poder dormir justo ahora- rezongué intentando levantarme.

-Vamos Kagome no te hagas la difícil- masculló acostándose a mi lado y envolviéndome con sus brazos –Ahora crees que dormirás?- me susurró en el oído con lentitud.

-Creo que sí- dije muy por lo bajo mientras me concentraba en su cálida respiración. Inuyasha debía de ser algún tipo de somnífero sin receta, menos de dos minutos en sus brazos y ya me había dormido…

Iba muy apurada, tenía algo muy importante pendiente por hacer, dentro de mí algo se removía inquieto y me causaba cierta pena desconocida, caminaba por el pasillo del colegio sin prestar atención a mí alrededor cuando de repente alguien gritó mi nombre:

-Kagome por el amor de Dios detente!- decía a los gritos un hombre que corría hacia mí.

-Qué ocurre Ryoga?- le pregunté algo extrañada.

-Esto… esto es para ti- tartamudeó recuperando el aliento - Inu-yasha me lo dio hace unos días y me había olvidado de entregártelo- explicó tendiéndome un papel doblado por la mitad.

-Valla que tienes poca memoria- le reproché sujetando aquel mensaje.

Cuando mis manos rozaron aquella carta una oleada de desconcierto me invadió por completo, todavía no la había abierto pero había algo en mí que se puso alerta al instante.

"Kag yo… también te amo, perdón por no decirlo antes, me cuesta expresarme, nena… si de verdad me amas y no quieres que me case solo dilo y no lo haré"

…"no quieres que me case solo dilo y no lo haré…"…"y no lo haré"… aquellas palabras resonaron por toda mi cabeza como un interminable eco. De repente sentí rabia, miré con frustración a Ryoga y le espeté histérica:

-Ryoga no sabes lo tonto que eres!... Sabes dónde queda la maldita iglesia?!- pregunté al borde de un colapso nervioso.

-Sssi-

En un instante me vi traslada desde los pasillos del colegio a los cálidos brazos de Inuyasha, me sobresalté al instante por el sólo hecho de haberme despertado, aquel sueño no había terminado por completo, debía saber si había conseguido llegar a tiempo a la iglesia, cerré mis ojos fuertemente intentando volverme a dormir pero cualquier rastro de éste había desaparecido.

-Inu…- llamé por lo bajo para comprobar si estaba despierto.

-Mmm- "respondió" dándome a entender que me escuchaba.

-Llegué a la iglesia a tiempo?- pregunté sin entrar a más detalles, él seguramente sabía de qué estaba hablando.

-Eso fue lo que soñaste?- interrogó abriendo aquellas magníficas orbes doradas.

-No exactamente, soñé que un tal Ryoga me entregaba un mensaje tuyo…-

-El despistado de Ryoga- suspiró con una media sonrisa en el rostro –Supe desde un principio que no tenía que haberle dado aquella nota a él-

-Bueno… vas a contestarme?- dije volviendo al tema inicial.

-Digamos que sí lo hiciste-

-A qué te refieres con eso?-

-Si llegaste a la iglesia pero, cuando me viste parado frente al altar y viste a Kikio tan feliz diste media vuelta y saliste corriendo- explicó revolviendo su cabello con una mano.

-Eso hice?- pregunté anonadada.

-Pues sí, en aquel momento me di cuenta de qué tu no eras capaz de destruir la felicidad de otra persona (en este caso Kikio) por tus propias ambiciones. Y si haciendo eso te afectabas a ti misma mucho no te importaba-

-Siendo sincera, si tuviera que volver a hacerlo… lo haría- confesé sintiéndome bien conmigo misma.

-Lo sé. Por eso fue que en medio de la boda le dije a mi madre que no me casaría con otra mujer que no fueras tú y salí corriendo a buscarte-

-Me encontraste?-

-No- exclamó cortante –Resulta que la muy pícara había planeado irse ese mismo día a Kioto y para cuando yo llegué al instituto Sango me dijo que ya te habías marchado-

-Entonces, fuiste a buscarme a Kioto-

-Sí, pero primero te di algunos días para que pudieras estar sola ya que tenías la idea de que a esas alturas yo ya estaría casado y en la luna de miel-

-Y desde ese entonces tu y yo somos… pareja?-

-Ajam-

4 días después

Aquella mañana supe al despertar que era volvía a ser la misma de antes, me acordaba de absolutamente todo, el día de la convención de autos, aquel bochornoso supuesto viaje al bosque, mi amistad arreglada con Shu, mi primera… ves, recordaba cada detalle de cada hecho y eso era el resultado de mi muy buen ánimo aquel viernes. Con una sonrisa de medio lado me levanté desperezándome como un gato, luego a pasos muy torpes y adormilados me dirigí al baño, me coloqué el uniforme mientras peinaba mí más que enredado cabello, ya en la cocina me preparé algo de jugo y unas tostadas como desayuno y juntos con Sango y Kagura salimos rumbo a la clase de Aritmética. Al entrar me senté, como siempre, en el último asiento del fondo al lado del tan conocido Inuyasha.

-Hola princesa, dormiste bien?- me saludó con un muy buen disimulado beso en los labios.

-Hola Inu, sí, aunque no lo creas… hoy estoy de buen humor- le dije riendo.

-Eso puedo notarlo- murmuró pasando un dedo por mis labios delineando el contorno de mi sonrisa.

La clase comenzó y yo no hacía otra cosa más que aburrirme, aquella materia era condenadamente horrible y muy pesada, preferí hundirme en mis pensamientos y recuerdos antes de prestarle atención a aquellos indescifrables números del demonio, rápidamente un vil pensamiento se cruzó por mi cabeza inquietándome…

-Inuyasha- lo llamé con un ligero codazo en sus costillas.

-Qué quieres?- preguntó sin dejar de mirar hacia el frente.

-Tu cumpleaños es el 30 de septiembre, cierto?-

-Así es- corroboró sonriente.

Con el susto más grande de mi vida giré rápidamente mi cuello hacia el pizarrón para comprobar la fecha… 27 de septiembre… ¡demonios!


Espero que les haya gustado :D!! Hice todo lo posible para que quedara lo mejor que se podía...

Bueno, gracias a todos por los reviews ii de verdad espero que en este capitulo tmb pueda recibir sus opiniones...

Proximo capítulo: De vacaciones ¿otra vez?

jaja medio repetitivo los nombres de los caps pero bueno, es necesario que se llame asi...

besos a todos

flor99