Leia miró incrédula el vacío en el que instantes antes estaba la imponente y ominosa imagen de Darth Vader. Sintió un súbito estallido de furia y maldijo por enésima vez al Señor Oscuro. ¿Cómo demonios se atrevía a desconectar la comunicación… de esa forma y justo en ese momento? Vader nunca había sido un ejemplo de refinamiento y buenos modales, pero, de alguna manera, siempre sabía actuar con un mínimo de compostura cualesquiera que fuesen las circunstancias. Esa salida de tono… Leia tenía la imperiosa sensación de que algo muy serio estaba pasando; algo relacionado con Luke y con ella misma. Y juraría sobre Alderaan y sobre la memoria de sus padres que Vader estaba ocultándole ese algo. Podía percibir tensión, miedo, odio, amor, calidez, esperanza... No sabía de dónde procedía toda aquella oleada de sensaciones, pero subían por su estómago hasta su mente con una fuerza tal que volvió a sentirse de nuevo aturdida y alargó la mano para apoyarse en la pared.

De pronto, una suave calma luminosa pareció envolverla, eliminando sus temores y llenándola de paz. Era un sentimiento muy parecido al que experimentaba cuando Luke estaba cerca, pero, de alguna manera, era también distinto. La joven princesa intentó poner orden en sus caóticos pensamientos. Esa sensación la había acompañado siempre, desde que tenía memoria, pero ahora parecía ser más intensa. Leia nunca había entendido por qué era capaz de sentir así. También sabía que los demás no experimentaban esa "rareza" que ella tanto se empeñó en ocultar desde niña. Sacudió la cabeza, procurando centrarse en lo importante. Vader le había dicho que Luke estaba bien y, aunque en el fondo sabía que era cierto, también sabía que algo muy peligroso acechaba a su más querido amigo. El Señor Oscuro no había querido admitirlo, pero ella sabía que así era. También sabía, por muy alocado que pudiera parecer, que el peligro que rondaba a Luke no era Vader. El joven Jedi llevaba meses en su poder y el Sith lo había mantenido a salvo. ¿Por qué? Esa era la pregunta sin respuesta. Luke era el rebelde más buscado de la galaxia. El único cuya recompensa superaba en cifras al valor de una ciudad de tamaño estándar. Y el único cuya recompensa rezaba "VIVO" en grandes letras color escarlata, en lugar del tradicional "VIVO O MUERTO" que adornaba los carteles de los demás miembros de la Alianza Rebelde. Ése era otro misterio…

Leia sacudió la cabeza. Sólo había una forma de dar respuesta a tantas preguntas. Salió de la sala de comunicaciones y anduvo con paso firme hasta el puesto de control. Enseguida, Mon Mothma alzó su mirada. La joven princesa se detuvo frente a ella. La veterana líder rebelde enarcó una ceja.

- ¿Y bien?

Leia bufó.

- No sé en qué momento se me ocurrió pensar que sería una buena idea contactar con Darth Vader. Ha cortado la conexión sin responder a mis preguntas.

Una levísima sonrisa curvó los labios de Mothma. Miró a Leia a los ojos.

- Sigues preocupada por el comandante Skywalker.

La joven princesa meneó la cabeza, desesperadamente.

- Pensará que estoy loca, pero sé que está ocurriendo algo muy serio. Más bien, sé… que va a ocurrir algo muy serio.

Leia sabía que si ella la tomaba por loca, iba a enloquecer de verdad. Mon Mothma había sido casi como su guía espiritual y política. Con permiso de su amado padre, Bail Organa, ella siempre la había apoyado y jamás la había tratado como una niña… ni siquiera cuando lo era. La mujer apoyó una tranquilizadora mano en su hombro.

- Te creo, Leia. Siempre has tenido esa… intuición y nunca te ha fallado. Lo sé.

La princesa suspiró con mezcla de alivio y dolor.

- Necesito saber la verdad. Tengo que ir a Coruscant. Sé que es una locura, pero tengo que hacerlo. Quiero ver a Luke. Y también quiero hablar cara a cara con Vader. Tenemos pendiente una conversación.- concluyó Leia, con los ojos echando chispas.

- Eres consciente del peligro al que te expones, ¿cierto?

- Completamente. Por eso quiero ir sola.

Mon Mothma parpadeó sorprendida. Leia apretó un puño.

- No quiero que nadie arriesgue su vida por mi culpa.

- No creo que el capitán Solo esté muy de acuerdo con eso…

- Me da igual.- respondió Leia, obstinada.- Iré a Coruscant sola. Tengo algunos contactos en el Submundo que podrían facilitarme la entrada en el planeta. Tan sólo necesito una nave lo suficientemente anónima como para no despertar sospechas en el Centro Imperial.

- Leia, ahora sí que estás diciendo locuras. No puedes ir sola a Coruscant. Juré a tu padre que te protegería y no voy a permitirlo.

La princesa pareció suavizar su testarudez ante la lealtad de su mentora.

- Tengo que hacerlo. Me protegió siempre desde que era niña, pero ya no lo soy.- apoyó una mano en el brazo de la veterana líder rebelde.- Esto es algo que, de alguna forma, sólo yo tengo que hacer. Me mantendré a salvo. Lo juro.

Mon Mothma reprimió un bufido.

- No puedes jurar eso, Leia. Y mucho menos cuando vas a meterte sola en la boca del lobo. – meneó la cabeza desesperada.- Al menos, deja que alguien te acompañe. Seguro que el capitán Solo y su compañero wookie no pondrán reparos en hacerlo. Bueno, sí los pondrán, pero sé que irán contigo pese a todo.

Leia negó con la cabeza.

- Vuelvo a repetir. No quiero que nadie se arriesgue por mí. Y mucho menos Han… y Chewie.

Mon Mothma tomó la mano de Leia, desesperada.

- Al menos deja que informe a Lord Vader de tu propósito. Accedió a mantener la privacidad de vuestra conversación y, contra todo pronóstico, no intentó rastrearla. Tal vez él pueda…- alzó los ojos al cielo.-… No puedo creer que vaya a decir esto pero… tal vez él pueda proporcionarte un medio seguro para llegar a Coruscant.

Leia la fulminó con la mirada.

- Eso jamás. Vader se enterará de mi llegada cuando tenga que darme un par de explicaciones en persona. No antes.

- ¿Por qué no?

- Porque sé que lo impediría.

Mon Mothma miró a la princesa.

- Sí, yo tampoco entiendo absolutamente nada. Por eso tengo que ir.

La veterana líder tragó saliva. Las cosas se estaban precipitando con demasiada velocidad. Contempló a Leia y no pudo evitar pensar que era el vivo retrato de su madre, Padmé. La joven princesa no sabía absolutamente nada y, sin embargo ella… lo sabía todo. No podía dejar marchar a la joven a enfrentarse con su destino de esa forma. Si le ocurriese algo… no se lo perdonaría. Pero por otro lado, sabía que sería inútil retenerla. Leia siempre se salía con la suya del modo que fuese, y cuando tenía el firme propósito de hacer algo, lo hacía aunque la galaxia entera colapsara. Era muy capaz de robar una nave delante de las narices de todos y huir de la base. Mon Mothma cerró un momento los ojos. Volvió a abrirlos un segundo después.

- ¿Haces todo esto por Luke Skywalker? Creía que tu corazón pertenecía al capitán Solo.

Leia parpadeó sorprendida. Mothma sabía que ella y Han… Hizo un esfuerzo titánico por mantener su orgullosa compostura, pero sentía que múltiples emociones la estaban embargando. Jamás había podido hablar de sus sentimientos con nadie, pero con Mon Mothma era distinto.

- Y así es. Mi corazón pertenece a ese sinvergüenza; a veces, a mi pesar.- admitió.- Lo que siento por Luke es… diferente. Otro tipo de cariño. Es distinto y extraordinariamente profundo. No sé cómo explicarlo…

Mon Mothma prefirió guardar silencio. Finalmente suspiró.

- ¿Sabes pilotar una lanzadera imperial?

Leia sonrió.