Traducción autorizada por FanofBellaandEdward
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. La historia pertenece a Melissa, yo traduzco por mero entretenimiento.
Resumen: Draco está enamorado de Harry. Con el fin de ganar su corazón, utiliza un antiguo ritual para conseguir que Harry acabe en Slytherin. La pregunta es, ¿Podrá Harry enamorarse de él?
Los comentarios han sido respondidos por PM. Los que no tienen cuenta, podrán leer las respuestas al final del capítulo.
98 comentarios… buff. ¡Muchas gracias!
Capítulo 14: Partiendo hacia Hogwarts
Los siguientes días fueron frenéticos en Grimmuald Place. Además de la búsqueda de libros, plumas, pergaminos y ropa (sus cosas se habían repartido misteriosamente por la casa), todavía tenían que limpiar un poco, y la señora Weasley insistía que limpiasen tanto como pudieran.
Mientras tanto, Harry tuvo dificultades en llevar su amistad con Draco y con Ron y Hermione. Ron todavía no quería hablar con Draco – lo cual le convenía al rubio, ya que no estaba obligado a hablarle – y Hermione sospechaba de Draco por haber comprado ese polvo Harry no entendía cuál era el problema. Draco había comprado ese polvo de oscuridad instantánea, ¿y qué? No era un crimen hacerlo. Trató de decírselo a ella, pero ella no entraba a razones. No quería creer que Draco hubiese cambiado. Harry había esperado algo por parte de Ron, pero Hermione le había dicho si estaba dispuesto a darle una oportunidad a Draco. Después de todo, ella era la que hablaba sobre la paz en el mundo y el fin de la enemistad entre las cuatro Casas. Esa misma chica estaba negándose a darle una oportunidad a un Slytherin. Eso frustraba a Harry, pues no quería elegir entre ellos tres. La ironía de todo el asunto; era que Draco estaba dispuesto a ser civilizado. Él no los había insultado ni una sola vez desde la primera vez que se vieron en la casa. Harry, siendo honesto, tenía que decir que el rubio estaba siendo mejor amigo que los otros dos.
Tres días antes de partir hacia Hogwarts, el moreno decidió intentar por última vez convencer a Hermione que Draco había cambiado.
Draco estaba hablando con Snape sobre pociones, así que Harry vio su oportunidad.
—Hermione, ¿puedo hablar contigo?—preguntó Harry cuando él la vio en la biblioteca.
Ella alzó la vista del libro que estaba leyendo.
—Claro, Harry.
Harry se sentó al lado de Hermione y se aclaró la garganta.
—Es sobre Draco.
Como era de esperar, ella frunció el ceño.
—Harry, ya hemos hablado sobre eso.
—Sólo escúchame, por favor—le rogó.
Hermione suspiró, pero asintió con la cabeza.
—Sé que hemos tenido diferencia con él antes y no estoy diciendo que estuviera bien. No lo estuvo. Nos insultó y nos hechizó, pero nosotros también hicimos lo mismo. No somos inocentes—dijo Harry, incómodo—. Pero se ha disculpado y…
—No conmigo o con Ron—interrumpió ella.
—Lo sé, pero tampoco le dais la oportunidad de hacerlo—respondió Harry, molesto—. Ni le habláis no le miráis; hacéis como si no existiera. ¿Cómo se supone que va a pedirnos perdón si no lo escucháis, Hermione? Él ha cambiado. ¿Por qué no le das una oportunidad.
—Harry, han pasado muchas cosas como para poder perdonarlo. Lamento decir esto, pero no creo que haya cambiado ni un poco tampoco me fio de él. Dime Harry, ¿qué crees que pasará cuando volvamos a la escuela?—le preguntó impaciente—. Puede que sea amable ahora, pero ¿qué pasará cuando esté de nuevo con sus amigos? Personalmente, creo que hay pocas posibilidades de que aún quiera seguir siendo tu amigo. Es un Slytherin, Harry. No creo que sus razones para que sea tu amigo sean puras.
—¿Qué quieres decir con eso?—pregunto Harry, con los dientes apretados.
—Vamos, Harry, usa tu cerebro—dijo Hermione, molesta. Era famoso y excelente en Defensa contra las Artes Oscuras y era más astuto que Ya-Sabes-Quién. ¿Cómo podría ser tan terco? En realidad, ahora que lo pensaba, su fama y sus habilidades en Defensa, eran lo que hacían de Harry alguien notable. Si quitaba esas dos cosas, sólo sería un niño normal, probablemente ni siquiera valdría la pena conocerlo, pensó. Ella negó con la cabeza, pero ahora no era el momento de pensar en eso—. Eres el famoso Harry Potter, y si es tu amigo, la opinión pública no dirá nada en contra de ellos, Harry, pero creo que utiliza su fama para su beneficio y deberías alejarte de él y centrarte en tus amigos de verdad; Ron y yo—Hermione dijo suavemente y extendió la mano para tocar la de Harry.
De pronto, Harry se puso de pie.
—Gracias por aclararme los motivos de Draco, acerca de mi amistad—dijo fríamente y salió de la biblioteca, dejando aturdida a Hermione.
Harry iba por los pasillos de Grimmuald Place, enfadado y dolido. ¿Tan difícil era de creer que alguien quisiera ser su amigo, sólo por ser él y no porque quería su fama? ¿O era realmente tan antipático? En pocas palabras, Harry se preguntó, porqué su visión se tornó borrosa, antes de darse cuenta de que las lágrimas se habían formado en sus ojos. Enfadado, se limpió las lágrimas, se maldijo por ser tan débil como para llorar. De verdad, ¿qué un chico de dieciséis años llorara porque un amigo le dijera cosas dolorosas? A estas alturas, debería estar acostumbrado a escuchar ese tipo de cosas, ya que había vivido casi quince años con los Dursley. Entonces, ¿por qué le dolía? ¿Por qué se lo había dicho Hermione? ¿O porque tenía miedo de que ella tuviese razón?
Harry casi cayó al suelo cuando chocó con alguien. Dos fuertes brazos se alargaron y lo agarraron de su pecho para evitar su caída.
—Gracias—murmuró Harry cuando estuvo estable.
—Harry, ¿ocurre algo?—preguntó Remus con la voz preocupada.
Harry miró hacia arriba, pero evitó mirarlo a sus ojos ámbar.
—Estoy bien.
—No hace falta ser un legeremante para saber cuando algo te preocupa; tu cara es fácil de leer. Vamos a sentarnos—dijo Remus y abrió una puerta que conducía, casualmente, a la de Sirius. Él no estaba dentro pero Remus entró y condujo a Harry hacia la cama, cerró la puerta, antes de sentarse a su lado.
Harry puso las rodillas sobre su pecho con sus brazos alrededor y con la barbilla apoyada en ellas.
—Dime qué es lo que hizo que te molestara—dijo Remus suavemente.
—No pasa nada—dijo Harry, obstinado.
—Harry, no me mientas. Quiero ayudarte, pero no puedo hacerlo si no me dices que es lo que pasa—dijo Remus pacientemente. No tenía experiencia persuadiendo a la gente, para poder ayudarles. James también había sido difícil, al igual que su hijo ahora. La terquedad y negarse a hablar sobre sus problemas era claramente una característica de la familia Potter.
—Es una tontería—murmuró Harry, con un rubor por la vergüenza en sus mejillas.
—No es una tontería si te molesta. No me reiré no pensar igual que ti. Sólo quiero saber lo que te ha pasado para poder ayudarte—respondió Remus.
Harry suspiró; Remus claro que no se reiría. Genial.
—He tratado de hablar con Hermione sobre Draco—murmuró Harry.
—Ah—Remus se quedó en silencio por un momento. Entonces preguntó: —. ¿Cómo te ha ido?
—No muy bien, traté de convencerla de que le diera la oportunidad de demostrar que ha cambiado. Pero no se la da. Dijo que no se fiaba de él—respondió Harry.
Remus frunció el entrecejo.
—Pero esa no es la razón de que estés molesto.
Harry comenzó a juguetear con sus dedos; con un rubor apareciendo de nuevo.
Una mano se posó sobre las suyas para detenerlo.
—Harry, ¿qué ha dicho Hermione que te hace estar en este estado?—preguntó suavemente Remus.
Harry se mordió el labio y evitó la mirada de Remus.
—Ella dijo que Remus sólo quiere ser mi amigo por mi fada—murmuró finalmente, casi inaudible.
Remus, por primera vez, estaba agradecido de sus sentidos lobunos, ya que sin ellos, no habría sido capaz de escuchar lo que Harry le había dicho. Suspiró.
—No crees que Draco sólo te esté usando por tu fama, ¿verdad?
—No sé, ella es la bruja más lista de nuestro año. Quizás tenga razón sobre él.
Sin pensarlo, Remus abrazó a Harry y lo atrajo hacia sí.
—Ella puede ser la bruja más inteligente, pero eso no quiere decir que lo sepa todo. Créeme cuando te digo que Draco no te está usando. Realmente quiere ser tu amigo.
—¿Cómo puedes estar tan seguir?—preguntó Harry en voz baja.
—Además del hecho de que está prácticamente pegado a ti, y porque nos amenazó con dañarnos severamente si te volvemos a hacer enfadar; he comprobado que es realmente aterrador. Confía en mí. No te está utilizando—dijo Remus y acarició con su mano el pelo rebelde de Harry.
—Entonces, ¿por qué dice esas cosas?
—Tal vez está celosa de que hayas encontrado a otro amigo y tenga miedo de que te alejes de ella y Ron—trató de hacer una explicación.
—Eso es estúpido. Siguen siendo mis amigos. Draco es sólo uno más. ¿Por qué es tan difícil de aceptar?—murmuró.
—No lo sé—suspiró Remus.
Harry bostezó suavemente, el roce de la mano de Remus por su pelo le dio sueño. No estaba acostumbrado a un gesto tan tranquilizador, ya que nunca había tenido a alguien que lo consolase y decidió disfrutar de ella mientras pudiese. Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó sobre el hombro de Remus cuando el sueño se apoderó de él.
Remus miró hacia abajo cuando sintió el peso sobre su hombre y sonrió suavemente. Miró el reloj; eran las 15.10. Decidió dejar a Harry dormir. Con cuidado, se las arregló para que Harry se quedase acostado sobre la cama de Sirius. Se levantó para irse y dejar a Harry dormir en paz, pero fue detenido por una mano. Remus miró, sorprendido.
—No te vayas—murmuró Harry, pero él parecía estar dormido.
Remus dudó, ya que realmente tenía que volver con Sirius para gestionar su plan de clases. El idiota lo había dejado para última hora. Por otra parte, Sirius era un adulto que debía sabe manejar a la perfección lo temas de la materia. Y parecía que Harry lo necesitaba más.
—Está bien, me quedaré—susurró Remus y se acomodó contra el cabeza y volvió a acariciar el pelo de Harry.
Cuando Sirius finalmente los encontró, después de una larga búsqueda (ya que, realmente, no esperaba que su mejor amigo y su ahijado estuviesen en su habitación), vio que Harry dormía y Remus también con la mano en el pelo de Harry.
Sirius no sabía que había ocurrido allí, pero se encogió de hombros. Cerró la puerta y bajó por las escaleras. Lo mejor era dejarlos dormir. Entonces, maldijo, ¿quién le ayudaría con su plan de clases? Suspiró, tendría que esperar hasta que Remus despertase. Después de eso, le preguntaría que le había pasado a Harry.
Dos días después, un estrepitoso caos se produjo en Grimmuald Place. Los baúles de todos estaban colocados el pasillo, junto a las jaulas de las lechuzas. Harry se negó reiteradas veces a meter a sus felinos y a la serpiente en jaulas, ya que lo seguían a todas partes (bueno Ruby y Sapphire le seguían, Garín estaba enroscada alrededor de su cuello), cosa que molestaba a la señora Weasley. Había abierto la boca para regañar a Harry, pero dos agudas miradas de Remus y Sirius la hicieron callar.
El grupo sería acompañado por Tonks, Shacklebolt y Moody. El señor Weasley había conseguido algunos coches (claro está, debido a la influencia de Lucius en el Ministerio). El mayor de los Malfoy los acompañaría hasta la estación también, antes de marcharse a su mansión en Gales.
Cuando en el reloj marcaba las 10.30, llego el momento de partir. Los Weasley, Hermione, Lucius y Tonks se metieron en un coche ampliado y el resto en el segundo, también agrandado.
El ojo mágico de Moody se movía en todas direcciones, peo su ojo normal estaba fijo en los animales que estaban en el regazo de Harry, mirándolos con divertido interés.
Harry miró por la ventana, perdido en sus pensamientos. Se preguntó si Draco querría sentarse con él en el tren o si preferiría sentarse con sus amigos. ¿Por qué debería importarle lo que Draco hiciese? Tenía todo el derecho a hacerlo. Además, había pasado todo el verano con él, era normal que quisiese pasar tiempo con sus amigos, pero…
Se sobresaltó cuando una mano tocó su hombro.
—Harry, ya hemos llegado a la estación—le informó Draco.
—Oh, bien—murmuró y salió del coche.
Todos ellos pusieron sus baúles y jaulas búho en los caddies y se acercaron a la pared que los llevaría a la plataforma nueve y tres cuartos.
Debido a que un león (uno con fuego en su cuerpo) podría llamar demasiado la atención, lo habían cubierto. Estaba escondido entre el baúl de Harry y el moreno lo tapa también con su cuerpo. Sapphire se había sentado en el baúl del rubio y sus azules ojos observaban el alrededor.
—Pasaremos la pared de dos en dos. Ginny, querida, ti primera conmigo y Ron, con tu padre—ordenó la señora Weasley.
—Hermione, conmigo, chica—se rió feliz Tonks—. Después de Ron, entramos.
Hermione sonrió débilmente.
—Harry, vamos tras ellos—sonrió Remus y le puso una mano en el hombro.
Harry asintió con la cabeza y sonrió.
—Eso te deja conmigo, Draco—dijo Sirius.
—No tengo problema alguno con eso—sonrió Draco.
—Me alegra escuchar eso—soltó un bufido Sirius y se cruzó de brazos.
—Sólo quedan diez minutos para que el tren parta, os sugiero que vayamos ya—les informó la profunda voz de Shacklebolt.
El señor Weasley asintió.
—Tienes razón; vamos, chicos.
Uno por uno, cada pequeño grupo desapareció a través de la pared, dejando atrás el mundo muggle.
Tan sólo pasar la barrera, una masculina voz muy familiar, lo llamó.
—¡Draco! ¡Cuánto tiempo sin verte!—un muchacho de tez morena y pelo oscuro sonrió y se acercó al grupo. Sus ojos color chocolate brillaban con picardía.
—Blaise, ¿qué haces aquí? Creía que estabas en la escuela—dijo Draco, sorprendido.
Blaise se encogió de hombros.
—El viejo excéntrico decidió que sería mejor coger el tren para guardar las apariencias. Theo ya está en el tren, sin embargo… está enfadado porque no le encuentra sentido a esto.
—¿Pansy también está aquí?—preguntó Draco, haciendo una mueca. Realmente no quería escuchar el chillido molesto de la chica.
—No. Nuestra alteza real se ha encerrado en su habitación y se ha negado venir—puso los ojos en blanco Blaise.
—Espero que ella se quedé allí—murmuró Draco en voz baja.
—Draco, espero que tengas un buen curso y no bajes tus notas—dijo Lucius y apretó el hombro de Draco levemente. Asintió con la cabeza hacia Blaise—. Tú también, Blaise, ten un buen curso.
Blaise inclinó la cabeza.
—Gracias, señor.
Lucius asintió bruscamente y desapareció.
En ese momento, la atención de Blaise fue a parar a alguien que estaba detrás de Draco y silbó suavemente.
—Dulce Merlín, eso sí que es un chico excitante. Me pregunto quién será—pensó mientras sus ojos recorrían el cuerpo de esa persona—. Eso sí que es un buen culo.
Draco se dio la vuelta para ver de quién estaba tratando Blaise y rápidamente le dio un golpe en las costillas.
—Eh, ¿por qué has hecho eso?—bufó Blaise y se frotó las costillas. Me va a dejar un morado.
—Del que estás hablando es Harry—le informó Draco con una sonrisa forzada.
—De ninguna manera. ¿Harry? ¿Harry Potter?—le preguntó Blaise incrédulo.
Draco asintió.
—Bueno, excelente. Ha cambiado por completo. No me importaría encerrarme con él en un armario. Siempre me he preguntado cómo serán los Gryffindor en la cama—sonrió Blaise pervertido.
—Continúa diciendo eso y sufrirás las consecuencias, Blaise. Aléjate de él, ¿entendido?—dijo Draco entre dientes y sus ojos ardían peligrosamente.
Blaise tragó y levantó las manos en señal de derrota. Sabía que dado no dudaría por un segundo en llevar a cabo su amenaza.
—No sabía que habías puesto sus ojos en él.
—No importa, no te acerques—le advirtió Draco.
—Draco, Sapphire no se ha escapado, ¿verdad?—preguntó Harry, preocupado y se puso a su lado.
—No, todavía está aquí.
Harry miró hacia arriba.
—Ah, hola, Zabinni—dijo con cuidado.
—Hola, Potter—Blaise sonrió—. Así que ahora eres amigo de Draco.
—Sí.
Blaise le dio una palmada en el hombre y se echó a reír.
—No te preocupes. No muerdo. Los amigos de Draco son mis amigos.
Harry se relajó visiblemente.
—De acuerdo.
—Harry, tenemos que ir al compartimento de profesores. ¡Nos vemos en Hogwarts! ¿Vale?—apareció Sirius por detrás y le revolvió el pelo.
—De acuerdo, nos vemos allí—sonrió Harry.
Remus y Sirius agitó la mano y se dirigió a la parte delantera del tren.
Blaise se quedó boquiabierto.
—¿Qué hacen Black y Lupin aquí?
—Nos van a impartir Defensa Contra las Artes Oscuras—le informó sonriendo Harry.
—¿En serio?
Draco asintió.
—Vamos, vayamos a buscar un compartimento libre Harry, ¿te sientas con nosotros?—preguntó Draco y cogió su baúl.
Los ojos de Harry se iluminaron y asintió, aliviado de que Draco quisiera aún quisiera pasar tiempo con él.
—¿No vas a esperar a tus amigos, Potter?—le preguntó Blaise curioso.
—Llámame Harry. Hermione y Ron tienen que haces sus deberes como Prefecto y Prefecta, por lo que no estarán con nosotros por un rato—respondió Harry.
Blaise asintió con la cabeza en comprensión y los tres chicos fueron a la búsqueda de un compartimento vacío. Ellos encontraron uno al final del tren. Después de un breve esfuerzo, todos los baúles estaban en el tren y en la zona de transporte. Sapphire saltó del baúl y se acomodó en la mesa.
Harry se sentó en el asiento junto a la ventana y Draco se sentó al lado del chico de pelo oscuro. Blaise se sentó frente a Harry.
—Ey, Harry, ¿por qué…¿qué diantres es eso?—exclamó de pronto y señaló algo que estaba cerca de la puerta.
Harry y Draco miraron y se echaron a reír al ver una manta de pie allí.
—Lo siento, se me ha olvidado advertirte; tengo una mascota. Es Ruby; una Nemea—explicó Harry.
Ruby se quitó el manto y se acercó a su amo y saltó.. Se detuvo frente a las piernas del moreno y dejó caer la cabeza sobre las rodillas de Harry y ronroneó cuando Harry le rascó detrás de la oreja.
—¿Una mascota? ¿Llamas a eso mascota? ¡Joder! Eso es un león—dijo Blaise, sin poder creer lo que veía.
—Idiota, señalas lo obvio—dijo sarcástico Draco.
—Oh, cállate, tengo derecho a sorprenderme—espetó Blaise, mirando a león con cautela.
—No te preocupes, Ruby no es peligroso—le aseguró Harry y se mordió el labio—. Lo que pasa es que no tengo ni la menor idea de cómo vamos a hacerlo para entrar a Ruby al castillo son que nadie lo viera. No quiero que hagan numerosas preguntas.
—Tienes razón, pero ¿cómo vamos a hacerlo? Sería fácil si Ruby pudiera volverse invisible—pensó Draco y miró fijamente a nada en particular, pensando en el problema.
—Tu deseo se ha hecho realidad, Draco—respondió Blaise desconcertado.
—¿Qué?—preguntó Draco confundido y miró hacia abajo. Su boca se abrió cuando, en lugar de ver a Nemea, estaba mirando las rodillas de Harry y hacia el suelo—¿Ruby sabe huir?
—No, él todavía está aquí…al parecer, sólo se ha hecho invisible—dijo Harry estupefacto.
Entonces, se sorprendieron cuando Ruby apareció de nuevo.
—Bueno, supongo que el problema está resuelto—dijo Harry secamente.
Los tres chicos empezaron a hablar acerca de su verano. Blaise se divirtió cuando le hablaron sobre la destrucción del cuadro de la señora Black, también se rió cuando oyó cuando una bomba había destruido la habitación de Weasley y Granger, y estaba impresionado cuando le dijeron sobre la broma de Snape.
—Tienes mi respeto, Harry—le dijo Blaise—. Nadie se ha atrevido a hacerle una broma a Snape. Me sorprende que sigas vivo.
—Para ser honesto, me sorprendió—se rió Harry.
Poco después, fueron interrumpidos. Oyeron a un grupo de chicas riendo y susurrando.
—Venga, ves a hablar con él.
—De ninguna manera. ¡Estoy muy nerviosa!
—Quita, iré yo a hablar con él—dijo una chica que sonaba arrogante.
Draco levantó una ceja.
La puerta se abrió y mostró a una chica de pelo negro y largo ligeramente rizado, con ojos negros y piel bronceada. Llevaba una falda corta y una camiseta azul.
La chica sonrió.
—Hola, Harry. Soy Romilda Vane.
—Eh, hola—se movió incómodo Harry. Algo de la sonrisa de la chica le ponía nervioso.
Romilda se adentró en el compartimento, ignorando por completo a los otros dos chicos.
—Me preguntaba si desearías unirte con nosotros – es decir, yo y mis amigos – en nuestro compartimento—le preguntó sonriendo y movió sus pestañas mientras jugaba con un mechón entre sus dedos.
—No es por ser condescendiente, pero prefiero quedarme aquí—respondió Harry.
—Oh, pero Harry, seguro que no prefieres quedarte aquí con ellos—frunció la nariz con disgusto—. Son Slytherin.
Los ojos de Harry brillaron con ira.
—No me importa que sean Slytherin; somos amigos ahora—dijo Harry con los dientes apretados.
Romilda se sorprendió ante ese comentario, pero se recuperó rápidamente. Ella se inclinó hacia Harry y colocó sus manos sobre sus rodillas, dándole una visión de su escote.
—Oh, Harry, pensé que te gustaría pasar algún tiempo con nosotros; Ravenclaw. No quise molestarte—ronroneó ella.
Harry abrió la boca para reaccionar, pero fue interrumpido por el grito de Romilda.
—¡Una serpiente1—gritó ella, salió fuera del compartimento y cerró la puerta. Un segundo más tarde, los chicos escucharon a las demás chicas salir corriendo.
Harry miró hacia abajo y vio que Garin se había revelado de debajo de su camisa. Silbaba furiosamente.
—Estúpida muchacha. No se ha dado cuenta de que tenía que irse.
—¿La has mordido?—siseó Harry. Molesta o no, Romilda no merecía ser mordida. Ya que eso le causaría problemas a Harry.
—No, no lo he hecho. Habría sabido horrible—respondió Garin y revisó el compartimento, desapareciendo de nuevo por debajo de la camisa de Harry.
Harry se rió ante la respuesta de Garin.
—Oye, Harry, ¿cuántas mascotas tienes? ¿Es la última o tienes una araña escondida de la manga?—le preguntó con una ceja levantada. Aunque él no lo admitiría, se asustó mucho cuando vio la serpiente.
—No, esa fue la última mascota que le regalamos a Harry—sonrió Draco. Se divirtió con la reproducción de la escena en su mente. Lo defendió ante la chica adecuada. ¿Quién se creía que era, molestando y tratando de convencer a Harry para que se fuera?
—Sí, es Garin; una Akeyra. Es una serpiente hermosa, ¿verdad?—dijo Harry con cariño.
—Eh, sí—murmuró Blaise, por alguna extraña razón, sentía un confuso sentimiento. Honestamente, ¿quién esperaría que el Chico Dorado de Gryffindor tuviese como mascota una serpiente y que estuviese orgulloso de ello? Ciertamente, él no. ¿Qué le había hecho Draco al chico Gryffindor ese verano?
Pasado un rato, se pusieron sus túnicas de la escuela y hablaron sobre las clases.
El tren se detuvo justo a la hora y comenzaron a buscar un carruaje vacío que eran movidos por los Thestrals.
Harry saludó a Hagrid, que se estaba haciendo cargo de los de primer año, y busco a Ron y a Hermione, que no los había visto en el tren. Vio un destelló de pelo rojo brillante, pero cuando alzó la mirada, vio que Ron había cerrado la puerta de su carruaje y se fueron. Sus amigos lo habían dejado allí.
—Gracias, chicos—murmuró entre dientes molesto. ¿Por qué no se lo esperaba?
—¿Harry?
Miró hacia arriba y vio a Draco de pie junto a un carruaje.
—Puedes venir con nosotros si lo deseas—le ofreció Draco.
—Gracias—dijo agradecido Harry.
Cuando Harry entró, vio a Theodore Nott que también se les unía. Draco se sentó al lado de Harry y comenzaron a moverse.
—Bueno, bueno, nunca pensé que llegaría el día en que Harry Potter estaría sentado con nosotros—dijo Nott. Sus ojos oscuros vagaban sobre Harry—. Así que eres el nuevo amigo de Draco, ¿eh?
—Sí, ¿algún problema con eso?—preguntó Harry. Resistiendo la tentación de decirle algo inapropiado. Nott le estaba poniendo nervioso con la mirada.
—Me pregunto cuánto va a durar el nuevo juguete de Draco. ¿Tal vez, una semana?—sonrió Draco.
—Si no cierras tu boca, la cerraré yo de forma permanente—amenazó Draco.
Nott sonrió, no era tan estúpido como para arriesgar su vida.
El resto del viaje transcurrió en un incómodo silencio, incluso Blaise no abrió la boca.
—Llegaron al pasillo de Hogwarts, donde Hermione estaba dando golpes con el pie, la impaciencia reflejada en su rostro.
—Harry, ¿dónde estabas? No te encontré en el tren y no estabas en nuestro vagón—resopló Hermione.
—Estaba sentado con Draco y Blaise—suspiró Harry—. Además, en el momento que os vi subir a un carruaje, ya os estabais alejando.
—Ahora que Harry está aquí, ¿podemos entrar? ¡Me muero de hambre!—se quejó Ron y se frotó el estómago.
—Ronald, ¡deja de quejarte! ¡Ya has comido en el tren! Vamos, Harry, ¡no te puedes perder la ceremonia!—insistió ella.
—Te veré más tarde—susurró al oído de Harry, Draco.
Harry asintió con la cabeza y con un suspiro inaudible, siguió a sus dos amigos hacia la mesa de Gryffindor. Cuando se sentaron, Harry podía oír todo el mundo murmurar acerca de los dos nuevos profesores. Miró hacia delante y vio a Sirius y Remus sentado en el extremo derecho de la mesa. Al ver que él los miraba, sonrió y saludaron con la mano. Harry sonrió y le devolvió el saludo.
—Harry, ¿por qué Sirius Black está sentado con los profesores?—preguntó Neville en silencio, con el rostro perplejo ante la confusión.
—Nos va a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras, junto a Lupin—respondió Harry.
—Lupin, ¿ha vuelto? ¡Eso es genial!—sonrió Dean
—Bueno, va a ser interesante: un ex convicto, enseñándonos Defensa Contra las Artes Oscuras. Creo que será divertido—se rió entre dientes Seamus.
—Va a ser diferente, eso seguro—dijo Hermione concienzuda.
—¿Qué se supone que significa eso?—preguntó molesto Harry.
—Ahora no, Harry, el Sombrero Seleccionador está cantando—respondió Hermione irritada.
Harry trató de concentrarse en el Sombrero Seleccionador, pero estaba fallando miserablemente. Sus pensamientos iban hacia el chico rubio sentado en la mesa de Slytherin, que estaba, en ese momento, escuchando atentamente. Una vez más, Harry se encontró comparando Draco con Ron y Hermione. A lo largo de todo el verano, Draco había sido el que había pasado la mayor parte de su tiempo con Harry. Podía contar sus interacciones con Ron y Hermione con las dos manos, probablemente. Ese era un pensamiento deprimente. Tal vez podrían resucitar su amistad, ahora que estaban en la escuela. Pero de ninguna manera de que haría a un lado a Draco como su amigo. Le gustaba demasiado el rubio Slytherin para eso. Harry resopló por dentro, y si alguien le hubiera dicho hace tres meses que le gustaría un Slytherin, él habría dicho que el a esa persona fuera para un chequeo con Madame Pomfrey.
Un pinchazo doloroso en las costillas le despertó de sus meditaciones.
Harry se frotó la zona dolorida y frunció el ceño.
—¿Por qué has hecho eso?
—Los de primer año ha sido puesto en sus respectivas casas y el profesor Dumbledore está a punto de decir algo. Honestamente, Harry, presta atención—siseó Hermione.
Harry puso los ojos en blanco, y miró hacia la mesa principal.
—Antes de que llenéis vuestros estómagos con esta deliciosa comida, tengo un par de cosas que, por desgracia, he de decir—comenzó Dumbledore, sus ojos azules brillaban locamente—. En primer lugar, el Bosque Prohibido, como su nombre indica, lo está para todos los alumnos. Hago bien en recordaros eso. En segundo lugar, el señor Filch quiere que os diga que ha hecho una lista con todos los objetos que están prohibidos en la escuela, incluyendo los artefactos de los gemelos Weasley. Podrán encontrar el listado en la puerta de su oficina. Después de la fiesta, me gustaría pedir que los alumnos de quinto a séptimo curso se quedaran aquí, debido a un ritual que hay que hacer. La explicación se hará más adelante.
Un excitado murmullo se alzó. Todo el mundo se preguntaba que ritual podría ser y por qué sólo podían participar desde los de quinto a séptimo.
—Tal vez sea algo parecido al Torneo de los Tres Magos—sugirió Seamus,
—Después del desastre de hace dos años, dudo que vuelvan hacer una cosa semejante—interrumpió Hermione—. Además, el director estaba hablando de un ritual, no de un torneo.
Harry recordaba desagradablemente la muerte de Cedric y sacudió la cabeza para librarse de los recuerdos. No quería pensar en eso ahora.
—Silencio, por favor—dio una palmada Dumbledore. Inmediatamente, el Gran Comedor, se quedó de nuevo en silencio—. Me complace anunciar que este año tenemos dos profesores nuevos en Defensa Contra las Artes Oscuras. ¡Démosle la bienvenida al profesor Lupin – que enseñará aquí de nuevo – y al profesor Black!
Remus y Sirius se pusieron de pie e hicieron una reverencia. A los pocos segundos todo estaba en silencio, pero eso cambio cuando Harry comenzó a aplaudir. Viendo que su no oficial "líder" apoyaba a los dos hombres, el resto de la mesa lo secundó y aplaudieron. Fueron seguidos por Ravenclaw y Hufflepuff e incluso aplaudieron los de Slytherin – que siguieron el ejemplo de Draco, su líder –. Aunque, no podía entender por qué Draco mostraba su apoyo, sabía que no debía hacer caso omiso a su ejemplo
—No voy haceros esperar más. ¡Disfrutad de la fiesta!
Después de eso, inmediatamente, todo tipo de comida apareció en las bandejas de oro. Harry se sirvió un poco de puré de patatas y un muslo de pollo. Llenó su copa con zumo de calabaza y frunció el ceño cuando un pequeño frasco apareció junto a su plato. Lo cogió y lo olió. Era su poción nutritiva. Miró hacia la mesa y vio a Snape con la ceja alzada. Suspiró y se bebió el vial.
—Oye, Harry, ¿dónde están tus gafas?—preguntó Neville tímidamente.
—Ya no las necesito. Mi padrino me llevó a una tienda para que corrigieran mi vista—explicó Harry.
Dean frunció el ceño.
—No sabía que tenías un padrino, Harry. ¿Quién es?
—Sirius Black—respondió con cuidado Harry.
Varias bocas se abrieron.
—¡No puede ser! ¿El hombre que nos va a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras el ex convicto; es tu padrino?—exclamó Sirius.
Harry se sonrojó.
Hermione resopló, pero no dijo nada.
Con el tiempo, toda la comida – incluida los postres – y los platos sucios desaparecieron rumbo a la cocina. A los de cuarto año se les ordenó llevar a los de cursos inferiores a sus habitaciones, bajo amenaza de que si iban a alguna otra parte, serían castigados.
Dumbledore se puso de pie y todo el mundo se quedó en silencio,
—Estoy seguro de que todos tenéis curiosidad por saber por qué tenéis que permanece aquí. Os lo explicaré. Como ya sabréis, Voldemort está ganando poder—dijo con gravedad. Un escalofrío recorrió el Gran Comedor—. Puede ser poderoso, pero hay algunas cosas que él no entiende. Una de ellas es la amistad. La amistad es un sentimiento muy poderoso. Al igual que el Sombrero Seleccionador cantaba antes, todos debemos unirnos y enterrar el hacha de guerra. Sé que va a ser un poco difícil, ya que hay algunos… problemas entre las Casas—hizo una pausa y miró a Gryffindor y a Slytherin antes de continuar—, pero hemos encontrado una solución; los cuatro fundadores escribieron un libro de rituales muy útiles. Uno de ellos, cambiará a cuatro estudiantes – uno de cada Casa – a otra para proporcionar una mayor comprensión. Hufflepuff se intercambiará con Ravenclaw y Gryffindor hará lo mismo con Slytherin. Los Fundadores hicieron este ritual para que los estudiantes se vean obligados a ver cómo es otra Casa y poder entenderlos mejor. Para que todos los prejuicios sean eliminados. El cambio durará hasta que haya paz entre las cuatro Casas, pero he de advertiros; no podréis engañar al ritual, ya que él decidirá por su cuenta si la paz es verdadera. Me gustaría que escribierais vuestro nombre en un pergamino y a la Casa a la que pertenecéis. Se recogerán y se pondrán en esta copa. Cuando diga vuestro nombre, os iréis a otra Casa. Decir que no o retirarse no es una opción. Ahora, por favor, haced lo que os he dicho—les indicó Dumbledore.
Así que esto era lo que Dumbledore tenía planeado. Eso explica el por qué no me ha enviado las insignias de capitán. Si el capitán fuese elegido para otra Casa, sería un problema. Probablemente decidirá un capitán cuando el ritual se haya completado, pensó Harry cuando escribió su nombre y el de su Casa en el pergamino que le había prestado Dean.
Mientras los otros estudiantes hacían lo mismo que Harry, Dumbledore activó la Copa de las Casas con el hechizo.
— Ante amicitiam, pacem et Concordiam, dimitte hanc inimicitiam.
—Me pregunto quienes serán los estudiantes que se intercambiarán—musitó emocionada Hermione.
Ron se encogió de hombros.
—¿A quién le importa? Siempre y cuando nosotros no vayamos a Slytherin.
Uno por uno, los trozos de pergamino fueron introducidos en la Copa. Se podía cortar la tensión del ambiente con un cuchillo. Cada estudiante se preguntaba quién sería la persona que cambiaría. La tensión, era especialmente, fuerte entre Gryffindor y Slytherin.
Por último, la Copa brilló y salió un nombre.
—El estudiante de Hufflepuff que irá a Ravenclaw es… el señor Zacharias Smith—anunció Dumbledore.
Smith frunció el ceño, pero se sentó en la mesa de Ravenclaw.
Un segundo nombre salió.
—El estudiante de Ravenclaw que cambiará a Hufflepuff es… la señorita Luna Lovegood—dijo Dumbledore.
Luna sonrió y se fue hacia su nueva casa. Algunos de los estudiantes la miraron con recelo, pero la mayoría sonrió amablemente.
Ahora sólo quedaban Gryffindor y Slytherin. La tensión aumentó.
De la Copa emergió un tercer nombre.
— El estudiante de Slytherin que honrará con su presencia en Gryffindor es… la señorita Pansy Parkinson—sonrió Dumbledore.
—¿Qué? ¡Esto no puede ser!—gritó molesta Pansy. Con los labios temblorosos, miró a su rubio amigo—. Drakey, ¿lo has escuchado?
—Pansy, deja de llamarme así y vete a Gryffindor. Deja de hacer tanto escándalo al respecto—ordenó molesto Draco, pero por dentro bailaba. Gracias a Merlín por quitarme de mi camino, pensó aliviado.
Pansy puso mala cara y resopló, pero fue a la mesa de Gryffindor. Los estudiantes cerca de ella, se apartaron de su camino.
Entonces, por última vez, la Copa de las Casas sacó un nombre más. Draco cruzó los dedos y ocultó su nerviosismo, pero con el rostro esperanzado. Por favor, que sea Harry, por favor, que sea Harry, se declaró repetidas veces en silencio.
—El estudiante de Gryffindor que partirá hacia Slytherin esta noche es…—los ojos de Dumbledore se abrieron y apretó los dientes, pero continuó—, es Harry Potter.
Un silencio hubo en el Gran Comedor. Draco hizo el baile de la victoria, por dentro, claro está.
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