N/A: Nada de esto me pertenece. La historia es propiedad de Tyler FZ, quien se tuvo que marchar por motivos personales; antes de marcharse, Tyler compartió el fic conmigo para que yo pudiera continuar publicándolo con su debido consentimiento.
Capítulo 14
El dichoso caso está en punto muerto y no le ve salida. Todo se destapó hace un par de días tras la muerte accidental de un marine. Al parecer se traía algo entre manos con un capitán destinado en el Pentágono pero sin pruebas han sido incapaces de detenerle.
- Daisy, dime que tienes algo nuevo.
- Estoy intentando acceder a su ordenador pero tiene una clave bastante compleja.
- Pues averigua algo pronto.
Ve salir a Natasha del ascensor y vuelve a sentirse culpable por la otra tarde. Verla tan dolida, confesándole que todavía le quiere, viéndola llorar… dudó sobre si estaba haciendo lo correcto.
- ¿Qué haces por aquí?- pregunta sorprendido.
- Tengo algo que podría interesaros sobre el capitán Gregory.
- Soy todo oídos.
- Él junto con un agente dela KGB estaban pasando información delicada a un delegado de la embajada Ruso.
Acepta la carpeta que le tiende con el sello Ruso en portada y lee los documentos.
- ¿Le tienes?
- No. Tiene inmunidad diplomática. Si no presento pruebas contundentes no puedo detenerle.
- Quiero hablar con él- exige devolviéndole la carpeta.
- Ni hablar. No quiero que se asuste con un interrogatorio. En la embajada hay una fiesta, el capitán también está invitado. Es el lugar idóneo para hacer el traspaso de información.
- Estupendo, pues entonces iremos y le pillaremos con las manos en la masa.
- Si os ve podemos dar el caso por perdido.
- No pienso quedarme de brazos cruzados
Se sostienen la mirada durante varios segundos sin que ninguno de los dos quiera dar su brazo a torcer. Bastante es que ponga su vida patas arriba como para que encima le robe trabajo.
- Estoy invitada, no sospechará nada. Es lo mejor.
- Pero supongo que podrás llevar un acompañante. Tu marido, por ejemplo- dice Sharon.
Se gira hacia ella con una mirada fulminante sin saber si tiene ganas de matarla por proponerlo o besarla por haberles solucionado el problema. Según están las cosas lo último que le apetece es hacerse pasar por su marido, aunque lo sea en realidad.
- No creo que sea buena idea.
- Es la única forma de entrar- le recuerda Sam.
Tras lanzarle una mirada de advertencia se lo piensa mejor. Por mucho que le cueste tiene que pensar que solo es trabajo, nada más. Puede hacerlo.
- ¿A qué hora dices que es esa fiesta?
- A las siete empieza, es mejor estar pronto.
- Nos vemos allí entonces.
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Está mucho más nerviosa de lo que debería. Se repite una y otra vez que es trabajo, parte de una misión pero tal como se encuentra parece una quinceañera a punto de tener su primera cita. Ha escogido con cuidado el vestido. Negro largo con una abertura en el lateral que deja bastante a la vista. Se ha dejado el pelo suelto y rizado como a él siempre le ha gustado.
Cuando le ve llegar vestido de esmoquin y con una sonrisa deslumbrante siente que todo se tambalea. Todavía no ha sido capaz de firmar los dichosos papeles de divorcio y siente que nunca tendrá fuerzas para hacerlo.
- Estás preciosa- dice Steve cuando llega a su lado.
- Gracias.
- ¿Vas armada?
- Por supuesto. Sabes muy bien donde está- contesta con una sonrisa llena de picardía.
- Eso me…
La frase muere antes de salir de sus labios. Disimula una sonrisa que surge en sus labios al imaginarse lo que estaba a punto de decir, le conoce demasiado bien.
- Entremos antes de que digas una...
- Burrada- completa él.
Le coge de la mano y siente sus dedos cerrarse entre los suyos. Siempre la cogía con firmeza, confiado. Por una noche disfrutará de nuevo junto a él.
Localiza al agente junto a una esquina de la sala, charlando con varios hombres más con cordialidad, sin nada sospechoso por el momento. Tarda un poco más en localizar al delegado de la embajada hasta que le ficha cerca de la barra del bar.
- Ese es el hombre al que le va a pasar la información- informa a Steve
- Pues no le perderemos de vista.
Una pareja se acerca hasta ellos. Son de mediana edad y rusos sin lugar a dudas. Tras varios saludos de cortesía se presentan como el embajador y su esposa.
- Usted debe ser su esposo, ¿cierto?- pregunta el embajador.
- El mismo. Steve Rogers.
Nota un cosquilleo en su interior cuando Steve la rodea por la cintura. Se ordena controlarse y prestar atención en lo que debe.
- Debe ser complejo vivir con alguien de tan distinta cultura.
- Se hace lo que sea teniendo a una ninja como ella en casa- contesta Steve.
Hacía tanto tiempo que no le escuchaba llamarla así que se sorprende hasta que no puede esconder una pequeña sonrisa.
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-¿Si tú eres el capitán, que soy yo?- estaban desnudos, acababan de hacer el amor y Alek estaba profundamente dormido en la habitación de al lado
-La ninja, mi ninja-le respondió él, con una sonrisa juguetona.
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Tras quedarse solos barre la sala con la mirada en busca de los dos sospechosos. Ambos siguen en lugares distintos y no parecen estar dispuestos a tomar contacto entre ellos. El ruso sale a la pista de baile junto con una mujer vestida de rojo.
- Vamos a bailar, así le tendremos cerca- propone Steve.
Acepta sin muchas ganas y le sigue hasta la pista de baile. En cuanto siente la mano en su cintura y su mirada azulada penetrándola se relaja y se deja llevar. Sigue el ritmo de una vieja balada de Louis Armstrong y recuerda la última vez que bailaron aquella canción. Estaba embarazada y Steve acababa de proponerle que se casaran. Era la mujer más feliz del mundo. Ahora la más desdichada.
- ¿Te acuerdas de cuando bailamos esto?- le escucha decir.
- Empezaba a ser complicado eso de bailar- contesta con una sonrisa cómplice.
- ¿Eras feliz conmigo?
- Mucho.
Su mirada se vuelve más intensa y el ambiente se tensa por segundos hasta que siente sus labios besándola. No sabe cuándo dura, solo siente su sabor, su mano enredada en el pelo.
Cuando se separan necesitados de aire Steve la mira. Primero asustado, después avergonzado.
- Deberíamos centrarnos en esos tipos- murmura antes de separarse.
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La resolución del caso ha sido mucho más sencilla de lo que esperaba. Tras interrogar a los dos hombres has terminado derrumbándose y confesando. Asunto cerrado.
No puede decir lo mismo de lo que ha ocurrido en la pista de baile. Tiene una conversación pendiente con Natasha pero no sabe ni por dónde empezar. La localiza en el baño de mujeres cambiándose el vestido por algo más cómodo como un par de vaqueros y una camiseta holgada. Le sigue pareciendo preciosa de las dos formas.
"Rogers, céntrate" se ordena a sí mismo. Echa el cerrojo de la puerta para que nadie les pueda molestar, se apoya en el lavado y espera que termine de hacerse una coleta con esos rizos en los que hace unas horas enredo sus dedos.
- ¿Te machas ya?- le pregunta.
- Es tarde y estoy cansada. Supongo que tú estarás deseando ir a ver a Alek y Sharon a casa.
- Por supuesto. Nat…
No sabe cómo sacar el tema. Y menos encontrar una explicación a lo que ha sucedido. Lo sabe pero prefiere no expresarlo en palabras o está perdido.
- Esto no tenía que haber ocurrido, Natasha- dice con tono de reprimenda.
- ¿Te recuerdo que has sido tú quién me ha besado?
- Lo siento mucho.
- ¿Por qué lo has hecho?
Lo ha necesitado, no ha podido resistirse más tiempo, ha cedido a las miles de dudas que tiene en su cabeza. Pero si le cuenta eso lo único que conseguirá es complicar más las cosas, ponérselo más difícil a ambos y es lo último que desea. Tiene que pensar en Aleksi, en su bien y un padre confuso no le conviene en absoluto.
- Deberíamos olvidar lo que ha pasado, por el bien de todos.
- ¿Es lo que quieres realmente?
- Sí- responde tras una pausa pensativo.
El silencio entre ambos es tenso, casi se puede tocar con las manos. Ninguno dice nada, solo se miran fijamente y le encantaría saber que está pasando en la mente de su espía.
- De acuerdo. No volveremos a hablar de ello.
- Gracias.
- Solo te pido una cosa. No quiero tener contacto contigo si no es por trabajo o por Alek. Ninguno. Necesito olvidarte y no ayuda nada que me des los papeles del divorcio y a la semana siguiente me beses.
Siente que todo se empieza a descontrolar sin que pueda hacer nada por volver a poner las cosas en su sitio. Comprende su petición, él mismo piensa igual. Pero le duele no poder estar con ella, disfrutaba mucho de su compañía cuando eran compañeros y después pareja. Tras su regreso a veces anhelaba poder recuperar esos momentos. Está claro que eso no va a suceder.
- Es justo- reconoce finalmente.
Se queda mirándola mientras la ve guardar el vestido en una bolsa de deportes y salir del cuarto de baño sin mirar atrás. Y no puede dejar de preguntarse si comete un error al dejarla marchar.
